Respuestas que no están en Google

Pregúntale a Google

Muchas personas nos hemos acostumbrado a buscar en Google cualquier duda que tenemos respecto al uso de un término, a cómo sucedió exactamente algo, dónde podemos encontrar un determinado producto, qué conocimientos nos puede ampliar acerca de un tema…

Si quieres saber algo, pregúntale a Google: cursos, restaurantes, obras de teatro, libros, enciclopedias, artículos divulgativos, artículos de regalo, artículos para el hogar…Buscamos respuestas en Google.

Qué fácil es hoy en día encontrar información, por lo menos en cantidad, la calidad ya es otro tema.

¿Qué pasa cuando Google no tiene respuesta?

Sin embargo, hay preguntas para las que Google no tiene respuesta. Cuando me pregunto qué hacer en este momento de la vida, qué sentido tiene la forma en la que estoy viviendo, cómo manejar una situación, si estaré actuando de forma acertada…Me siento tentada a preguntarle a Google. Quisiera teclear lo que siento, darle al enter y que apareciese una respuesta transformadora.

respuestas

Pero no hay respuestas y mucho menos respuestas transformadoras. Google no puede responder a estas preguntas, a lo sumo podemos echar una tirada de cartas del tarot online, pero tampoco esas respuestas serán la respuesta, a menos que ésta la sintamos nacer del corazón.

Y ese es el quid de la cuestión. Cuando Google no tiene respuesta, no nos queda otra que mirar hacia dentro.

Mirar hacia dentro no es cerrar los ojos

Mirar hacia dentro no significa perder de vista el mundo alrededor, ni dejar de apreciar y tener en cuenta cómo el otro nos puede hacer de espejo y darnos pistas importantes sobre nosotros mismos.

Mirar hacia dentro es la capacidad de ver al otro y verme a mí misma, con el otro, en el otro y en mí.

Ahora bien, ocurre a menudo, o al menos esa es mi experiencia, que me pierdo en el otro, me voy con el otro y con lo otro sin mantener un pie en mí misma.

Huir de una misma

Internet, entre otros grandes inventos del s.XXI, tira hacia lo externo, lo superficial. La gran cantidad de información y datos en los que podemos sumergirnos, nos sacan de nuestro centro dispersando fácilmente nuestra atención de una lugar para otro.

huir de una misma

Si parece que nunca fue fácil mirar hacia dentro, las nuevas tecnologías todavía lo dificultan más.

Por supuesto, hay que reconocer la aportación que suponen y el buen uso que se pueden hacer de ellas, pero eso no quita que su acción en nosotros tienda a llevarnos hacia fuera. Y es tan fácil huir de una misma. Incluso diría que a veces es tentador, ya que no siempre se siente una preparada para sostener aquello con lo que se puede encontrar.

Nos encanta la seguridad

Son muchos los mecanismos para huir de una mirada profunda y honesta hacia uno mismo. A lo largo de la historia las religiones, doctrinas e ideologías de distinta índole han servido a este respecto.

Tampoco entonces había respuestas y de ahí que encontrar un dogma o una ideología a la que aferrarse parece que ha sido siempre una vía fácil y aparentemente tranquilizadora. Nos encanta la sensación de seguridad, aunque esté construida sobre un precipicio y la Vida, en constante cambio y transformación, no sabe nada de seguridad.

En aras de la sensación de estabilidad, somos capaces de agarrarnos a un clavo ardiendo, buscando respuestas a las que aferrarnos y que nos den esa seguridad que tanto anhelamos.

Queremos fórmulas. Que nos aseguren que si hacemos esto y aquello obtendremos lo que deseamos y no siempre estamos dispuestos a cuestionar el sentido de lo que deseamos, ni la precariedad de las respuestas a las grandes preguntas de la vida.

De hecho, me atrevería a decir que esa es una de las causas inmediatas de la proliferación de terapias, cursos y charlas para atraer la abundancia, para ser positivos, para tomar las riendas de nuestra vida, etc. ¿No ando buscando que alguien desde fuera me de la llave? ¿Y si no hay llave? ¿Y si la llave está dentro? ¿Y si resulta que esa llave abre otras puertas que no son las que yo pensaba?

En el ojo del huracán

Pero no hay respuestas que desde fuera nos puedan proporcionar ninguna tranquilidad. Toda tranquilidad que proceda de algo que hemos asimilado desde la superficie va a ser sólo aparente.

La verdadera tranquilidad es aquella que procede de la capacidad de situarnos en el ojo del huracán. Aunque todo alrededor se transforme constantemente, hay en lo más profundo de nosotros una forma de estar que es testigo de todo lo que va y viene, el ojo del huracán inmóvil en el centro de toda la vorágine.

ojo del huracán

Lo más curioso es que desde ese lugar ya no se buscan respuestas sino que se viven esas respuestas, se es la respuesta y las preguntas siguen latiendo como horizonte de comprensión del Misterio de la Vida.

Soy

Situados en el ojo del huracán, en el centro del corazón nítido, se abraza el Misterio como tal, sin intentar responderlo, y sin embargo, y esta es la paradoja del Misterio, al abrazarlo, el Misterio se disuelve en un grito de dicha : “¡Soy!”.

Google puede satisfacer nuestra curiosidad o darnos información sobre el mundo, pero nunca nos desvelará el corazón de este mundo, su secreto, porque este secreto sólo puede des-cubrirse en el corazón.

¿Cambio o transformación?

Ausentes

El otro día investigando por internet algunos de los trabajos de David del Rosario, me encontré con un cortometraje dirigido por él que me llamó mucho la atención. Este es el corto, titulado Ausentes – El árbol del compromiso:

Lo que más me llamó la atención acerca del corto es la capacidad de desdibujar la línea mental con la que nos hemos separado del “otro”. Un texto de los Veda, que tiene por los menos unos 2.500 años (¡se dice rápido!) comienza explicando la siguiente historia:

“Al comienzo este mundo era como un solo cuerpo con forma de persona. Miró alrededor y sólo se vio a sí mismo. Lo primero que dijo fue: “¡Este soy yo!” Y de ahí el nombre de “yo” (…)

Este primer ser sintió miedo, ya que cuando uno está solo siente miedo. Entonces pensó: “¿De qué puedo tener miedo si no hay nadie más que yo?” Y así el miedo desapareció, porque ¿de qué iba a tener miedo? A fin de cuentas, uno tiene miedo de otro.” (Bṛhadāraṇyaka Upaniṣad, 1.4.1-2)

La creencia de que el otro es distinto a nosotros, o que nosotros somos distintos del otro, alimenta el miedo y el miedo nos hace creer que necesitamos protegernos. La forma de protegernos es endurecer nuestros corazones y para conseguirlo nos cubrimos de capas y máscaras que escondan nuestra “vulnerabilidad”, la última capa bajo la cual se esconde lo que en realidad SOMOS.

Existe un mecanismo recurrente, que sirve al propósito de enmascarar nuestra verdadera esencia y que consiste en proyectar en el otro lo que no podemos soportar en nosotros mismos. Por ejemplo, gracias a que juzgo al otro como delincuente yo puedo definirme como persona virtuosa y honrada. Cualquier atisbo de mezquindad o debilidad es así volcada sobre el otro. Sólo el otro es un estafador, un ladrón, un violador, un maltratador, un asesino, un terrorista. Yo nunca soy nada de todo eso.

Fortalecer nuestro ego a través del otro

Fortalecer nuestro ego a través del otro

¿Qué ocurre si miro hacia dentro?

Cuando miro hacia dentro me doy cuenta de que todas esas etiquetas: “estafador, ladrón, violador, etc.” las inventé yo. Necesité crear esas etiquetas para poder situar al otro en las antípodas de mí. Pero es que ni lo que yo creo que soy, ni lo que creo que el otro es, ninguna de las dos cosas constituye la realidad.

Cuando miro hacia dentro me doy cuenta que la realidad que veo fuera la proyecto yo a través de las etiquetas que le pongo. Un ejemplo clásico del advaita vedānta cuenta que:

Una persona va por un camino y de repente ve una serpiente. En milésimas de segundo su cerebro ha procesado el peligro que implica una serpiente y ha paralizado todo su cuerpo. Está quieta y el corazón se le ha disparado, le va a mil por hora. Observa atentamente aquella serpiente y no está siquiera segura de si se mueve o no, así que armándose de valor se acerca un poquito y se da cuenta de que la serpiente no se mueve. Esto le anima a avanzar un poco más más para acabar dándose cuenta de que se trataba de una cuerda y no de una serpiente. Todo fue una confusión.

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Algo parecido ocurre con el mundo que percibimos a nuestro alrededor, fruto de nuestros confusos juicios.

Hoy conozco a una persona y la necesidad de protegerme me lleva a ponerle un montón de etiquetas. Al cabo de un par de días cuando la vuelvo a encontrar ya no la veo de una forma nueva, sino que me relaciono con ella en función de las etiquetas que le he puesto y que si es necesario variaré ligeramente hasta que se acomoden a lo que quiero ver. El caso es que no nos relacionamos directamente con la realidad sino con lo que pensamos acerca de ella.

Cuando etiquetamos a alguien como criminal ¿dónde está el límite que nos separa de esa etiqueta? Tal como muestra el corto, todos podemos vivir circunstancias que nos conviertan en criminales.

Todos somos criminales en potencia, mientras sigamos creyendo que la etiqueta “criminal” tiene realidad alguna. Es decir, mientras nos sigamos negando a mirar la esencia última de esa persona, que es exactamente la misma que habita en mí.

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La misma Vida expresada a través de distintos cuerpo, distintas personalidades, distintas circunstancias. Somos nosotros los que a esa expresión concreta de la Vida la llamamos “delincuente” o “criminal” y de esta forma seguimos protegiendo nuestro ego, bondadoso y virtuoso.

La Vida no sabe de delincuentes y virtuosos, no sabe nada de buenos y malos. La Vida sólo busca continuar expresándose bajo la forma que le demos. Es el dilema del héroe y el villano. Quien para muchos es un héroe, como por ejemplo Robin Hood, para otros es un ladrón. Algunos ven en el rey una garantía para la libertad mientras que otros ven en él un símbolo de represión.

Creo que el corto refleja de una forma muy bonita como la línea entre los que están fuera y dentro de la cárcel es muy fina. Y a mí me gusta pensar que la línea entre “yo” y “otro” también es una línea muy fina que se disipa cuando dejo de identificarme con el cuerpo, los pensamiento y las emociones (en constante cambio) y puedo ver la Vida que todo lo habita.

¿Por qué el título del post Cambio o Transformación?

Pues bien, además del aspecto mencionado anteriormente, lo que me ha llevado realmente a escribir este post es la distinción que se hace entre el cambio y la transformación.

El mensaje viene a decirnos que el cambio es algo que ocurre sólo a nivel mental y a través de una fuerza de voluntad determinante, que me recuerda, personalmente la idea de sacrificio. Mientras que la transformación es algo que ocurre instantáneamente, “un chispazo que te alcanza y que tiene que ver con el corazón”, dice el chico.
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Y para mí está ahí el meollo de toda la cuestión. Nos pasamos la vida intentando cambiar el mundo y todo lo que nos rodea, cuando nos damos cuenta, si es que nos damos cuenta, de que no podemos cambiar al otro entonces intentamos cambiar nosotros. Bueno, tal vez desde pequeños ya nos esforzamos por cambiar en nosotros todo aquello que vemos que es rechazado o que no encaja “ahí fuera”. En cualquier caso, obviamos que el mundo, y “nosotros” con él, está constantemente cambiando, a pesar de nosotros y de la cantidad ingente de energía que invertimos en hacer algo para cambiar lo que sea.

El protagonista del corto dice “yo no cambié sino que me transformé”, indicando que algo algo tocó su corazón, que antes había estado recubierto de piedra y le dio una nueva forma a todo. Trans-formar es ir más allá (trans-) de la forma, es abandonar algo obsoleto para abrirse a la novedad.

¿Y cuál es esa novedad?

Esa novedad, y para mí esto es lo maravilloso, es descubrir que nunca fue nada de todo lo que se había dicho a sí mismo, le habían dicho y había creído que era.Ni tampoco los demás eran lo que él había querido creer que eran.

La transformación es distinta al cambio porque en realidad no es un cambio sino un des-cubrimiento (dejar de cubrir lo que eres). La transformación tienen que ver con re-concerse (volverse a conocer) y si tiene que ver con el corazón es porque se trata de un acto de Amor y el Amor no pretende nada, simplemente se Entrega.

Es un acto de Amor lo que toca el corazón del protagonista y es darse cuenta del Amor que habita en él lo que lo transforma.

¿Y cómo conseguir transformarme?

Simplemente, siendo lo que ya soy.

El corazón: un cerebro con conciencia cuántica

¿Por qué el corazón es el primer órgano que se forma en un feto? ¿Cómo es posible que cuando tenemos recuerdos repentinos de algo doloroso sentimos un pinchazo en el corazón? ¿Por qué el corazón puede vivir sin cerebro pero el cerebro no puede vivir sin corazón? ¿Qué es eso de tener una corazanada?

Desde hace siglos, y más a raíz de la influencia en Occidente del dualismo cartesiano , se ha sobrevalorado la idea del cerebro como el «gobernante» que dirige y coordina el resto de órganos del cuerpo. Mientras al corazón se le ha dado un papel secundario, incluso en muchos casos peyorativo, por se el «causante» del mal de amores y pulsiones «irracionales».

A pesar de ello, en muchas culturas milenarias así como en el inconsciente colectivo (y también en el refranero) la metáfora del corazón como una fuente de sabiduría ha estado y está hoy vigente.

Pues bien, gracias a los cada vez más veloces avances en el campo de la Neurocardiología, se ha demostrado que el corazón no sólo no es una simple «bomba» mecánica, sino que además tiene un sistema nervioso intrínsico (SNI) altamente complejo compuesto por más de 40.000 neruronas e interneuronas cuyo circuito permite cualificarlo y calificarlo como un cerebro.

Lo más interesante de esto es que esas interneuronas altamente sensitivas que se comunican entre sí , son capaces de sentir, percibir, aprender, memorizar y tomar decisiones con independencia del cerebro.  De ahí cobra sentido la intuitiva frase de Blaise Pascal:

«El corazón tiene razones que la razón no entiende.»

 

corazón roto

corazón roto

 

Comunicación Cerebro cabeza- Cerebro Corazón

¿Y cómo se produce la comunicación entre ambos? Según expone la autora del libro «Maestro del corazón» Annie Marquier, matemática y experta en el tema , afirma que esta comunicación se llevaría a cabo en cuatro niveles:

  • Comunicación neurológica mediante la transmisión de impulsos nerviosos. El corazón envía más información al cerebro de la que recibe, es el único órgano del cuerpo con esa propiedad, y puede inhibir o activar determinadas partes del cerebro según las circunstancias. Esto puede influir definitivamente en nuestra percepción de la realidad y por tanto en nuestras reacciones y respuestas.
  • Información bioquímica mediante hormonas y neurotransmisores. Es el corazón el que produce la hormona ANF,»la hormona del equilibrio u homeostasis». Es decir, es la que inhibe la producción de la hormona del estrés y la encargada de producir y liberar la oxitocina (la hormona del amor).
  • Comunicación biofísica mediante ondas de presión. Parece ser que a través del ritmo cardiaco y sus variaciones, el corazón envía mensajes al cerebro y al resto de las células del cuerpo. Esta variabilidad de la frencuencia es lo que se conoce como coherencia cardiaca y está directamente relacionado con las emociones positivas (aumento de la armonía rítmica y del equilibrio del SNA) y también con las emociones negativas (desorden,  incoherencia en el rimo cardiaco y desequilibrio del SNA).
  • La comunicación energética: el campo electromagnético del corazón es el más potente de todos los órganos del cuerpo, 5.000 veces más intenso que el del cerebro. Y se ha observado que cambia en función del estado emocional. Cuando tenemos miedo, frustración o estrés se vuelve caótico. Cuando te sientes en paz o sientes amor la frecuencia cardiaca se armoniaza y la vibración aumenta también. Además esa info-energía contenida en nuestro corazón no sólo es enviada al cerebro y al resto de las células del cuerpo, sino que se expande por nuestra ratio alrededor del cuerpo -hasta 4 metros-, siendo esa información recibida, interpretada y sincronizada con los campos electromagnéticos de los organismos cercanos.
conexión corazón

conexión corazón

En esta línea el Instituto HeartMath  afirma que el corazón late en un campo electromagnético más grande producido en el cuerpo , los latidos pueden llegar hasta otros corazones y entablar una especie de comunicación. Investigadores de este Instituto afirman:

«La mayoría de la gente piensa en la comunicación social únicamente en términos de señales manifiestas expresadas a través del lenguaje, la voz, gestos, expresiones faciales y movimientos corporales. Sin embargo, ahora existe evidencia de que existe un sutil pero influyente sistema electromagnético o sistema de comunicación “energético” y la hipótesis de que probablemente este campo contribuya a la atracción o repulsión “magnética” entre individuos».

En torno a esto hay además nuevos datos que sugieren que el campo electromagnético del corazón está directamente relacionado con la percepción intuitiva, a través de un acoplamiento con un campo energético de información en sintonía con el campo cuántico, que muestra que el corazón recibe información antes que el cerebro, incluso antes de que el evento suceda.

De ahí la razón de usar frases como tengo una corazonada o escucha a tu corazón.

Comunicación no local y memoria celular

Una cosa a saber sobre el campo electromagnético es que se ha demostrado científicamente que cada órgano y célula de su cuerpo generan un campo de energía.

Puesto que el corazón genera el campo electromagnético más fuerte, la información almacenada en su campo electromagnético afecta a cada órgano y célula de su cuerpo.

El ya fallecido neurópsicólogo Paul Pearsall, investigador  pionero en el estudio sobre los receptores de trasplantes cardíacos que reciben los recuerdos de su donante, afirmaba al respecto:

«las células tienen memoria y el corazón carga una información electromagnética (info energía) que nos conecta con los demás seres humanos y con el mundo que nos rodea. «

De cierta manera, su teoría explica por qué muchos transplantados empiezan a manifestar trazos de la personalidad del donante como cambios en los gustos, recuerdos con personas que no conoce o atracción inusual hacia actividades que nunca antes les habían interesado o incluso habían detestado.

Según Pearsall,

«no a todas las personas que son trasplantadas les ocurre este fenómeno, ya que como una radio sintoniza una emisora determinada, la sensibilidad del cuerpo del receptor ha de ser igualmente alta y coherente con  la del donante».

Las células del corazón son las únicas células rítmicas. Ellas pulsan incluso cuando están fuera del cuerpo, y cuando son colocadas cerca de otras células del corazón, se comunican entre sí y entran juntas en un latido rítmico

Cada célula de nuestro cuerpo vibra, nuestras células se comunican entre ellas mediante impulsos débiles de 75-80 mV. Esa info energía lleva lo que se conoce como memoria celular y en la que cada célula tendría la información y memoria de todo nuestro organismo.

La memoria  celular implicaría pues la impronta que produce cada vivencia en cada uno de los niveles del ser: material, -como en los músculos o las moléculas-; energético, -como el patrón de vibración neuronal-; informacional -como el significado ya prensizaje del recuerdo de aquella experiencia-; y de conciencia -al extraer el sentido profundo y conectarlo con la globalidad-. Si esto fuese cierto, la afirmación de Candace Pert sobre que la mente no reside en el cerebro, sino que existe en todo el cuerpo, tendría sentido.

Bruce Lipton, biólogo celular y autor del libro «La Biología de la creencias», afirma que las células no sólo se comunican a través de intercambio bioquímico, sino que poseen receptores capaces de captar información del contenida en el vacío cuántico en forma de radiación electromagnética. Algo parecido a lo que hacemos cuando nos conectarnos a Internet, bajamos y compartimos información.

Aunque aún queda mucho que investigar sobre este campo, algunas personas ya nos cuestionamos el hecho de que si  somos capaces de conectarnos vía Wireless a través de nuestros aparatos electrónicos ¿por qué no íbamos a poder hacerlo con nuestro propio organismos y entre otros?

Corazón como vía directa a la expansión de la consciencia

Cuando nos referimos a como el campo energético del corazón  puede conectar con la información más sutil sobre objetos y eventos remotos en el espacio tiempo nos referimos a lo que Kart Pribam  llamó dominio espectral: una forma de energía potencial que envuelve al espacio y al tiempo y que formaría la base para nuestra conciencia y comprensión de “el todo.”

Así pues la comunicación energética a través del campo del corazón facilitaría  el desarrollo de una expansión de nuestra conciencia en relación con nuestro mundo social.

Tomás Álvaro, neurocardiólogo y experto en sistema inmunológico nos recomienda prestar atención de manaera intencionada al corazón :

«céntrate en tu corazón a la hora de dar un abrazo, de mirar a los ojos o de superar una difícil situación. La práctica de la meditación o la conciencia intencional de un estado emocional positivo, como puede ser el agradecimiento  y la compasión, aumentará y armonizará tu coherencia cardiaca hacia tus centros cognitivos y emocionales cerebrales ayudando así  a tu sistema inmunológico.«

La danza entre el cerebro cabeza y el cerebro del corazón refleja la la sinfonía y sincronización de los campos energéticos y el vínculo entre los individuos.

corazon canal conciencia

corazon canal conciencia

Quizá es de ahí que en las tradiciones filosóficas y religiones antiguas se haya afirmado que el Amor es la llave para la unificación y respuesta de la humanidad, ya que ésta emoción se recibe y se emite principalmente desde el corazón.

Puede entonces que la reflexión a todo esto sea llegar a experimentar el Amor del corazón no como una emoción aislada y efímera a nivel individual, sino como un verdadero Estado de Consciencia Inteligente, colectivo y eterno.

 

Referencias bibliográficas :

  • Lipton, Bruce H. La biología de la creencia: la liberación del poder de la conciencia, la materia y los milagros. La Esfera de los Libros, 2007
  • Marquier, Annie Maestro del corazón, Luciérnaga, 2010

Fuentes:

  • http://www.quo.es/salud/el-corazon-tiene-memoria
  • http://pranamanasyoga.es/ la-conciencia-del-corazon
  • www.heartmath.org

Crecimiento físico, mental y emocional ¡Comienza el viaje!

Una inquietud que tienen muchas personas que empiezan a hacer este camino de desarrollo personal es la preocupación de cómo, cuándo y hacia dónde encaminarse. Al principio, lo normal es que nadie lo tengamos claro. Vives tu vida más o menos «anestesiado», y un día la crisis existencial se abre paso. Y a partir de ahí no sabemos qué hacer. Es importante saber cómo es el proceso del crecimiento, tanto físico, como mental o emocional.

En la vida «crecemos físicamente» de forma automática mientras alimentemos correctamente nuestro cuerpo. No somos conscientes de este fenómeno. Y lo mismo ocurre con nuestro «crecimiento mental», para el cual deberíamos haber recibido una  enseñanza básica, pero ninguno lo hemos hecho… El «crecimiento emocional», que normalmente se ralentiza en torno a los siete años, no recibe una atención verdadera a medida que nos adentramos en la edad adulta (y tampoco lo hace en ninguna otra etapa de nuestra vida).

Lo bueno es que los seres humanos somos notablemente adaptables en nuestra relación con el mundo físico, pero por desgracia, nos hemos ido empequeñeciendo poco a poco en términos emocionales. Lo que nos ha permitido sobrevivir, pero desgraciadamente, no de la mejor manera posible. El turbulento estado de la realidad actual es una muestra fehaciente de que el mundo es el patio de recreo de unos absolutos inmaduros emocionales.

crecimiento

 

¿Presencia física o mental?

La presencia física es una experiencia que tiene lugar cuando aprendemos a fijar la conciencia en el cuerpo físico. La mayoría de las personas cree que ocupamos este cuerpo, pero no es así. Pensar acerca del pasado o del futuro significa que tenemos que entrar en la esfera de lo mental.

La esfera mental no está confinada a la ubicación de nuestro cuerpo físico, sino que se extiende tan lejos como seamos capaces de pensar. Si pensamos en un amigo que se encuentra en otro país, o regresamos en la memoria a la última vez que estuvimos con él, quizás supongamos que seguimos aún dentro de nuestro cuerpo físico, pero no es así. Estamos allí donde nuestro punto de atención se ha proyectado. O como diría un yogui, la energía está donde está la atención.

Decididamente no estamos presentes físicamente. Quizá esté ocurriendo algo justo delante de nuestros ojos y puede que no seamos conscientes de ello, simplemente porque estamos perdidos en nuestros propios pensamientos. La presencia física sólo tiene lugar cuando entramos conscientemente en la conciencia del instante presente.

 

Cuerpo físico

El cuerpo físico, si bien refleja sintomáticamente nuestras experiencias pasadas y nuestras proyecciones futuras, está siempre presente al cinto por ciento. Está ciento por ciento presente en su funcionamiento, dado que el corazón sólo late en el ahora. Cuando experimentamos la presencia física, podemos sentir nuestro propio latido cardíaco.

Normalmente, como no sea que os pase como a mí, que prácticamente siempre siento mi corazón, lo más cerca que la gente está de esta experiencia es por defecto: cuando estamos a punto de tener un accidente o cuando alguien nos da un susto. En los instantes que siguen a una situación así, la conciencia entra plenamente en el cuerpo, y somos capaces de sentir el bombeo de la sangre a través de las venas y los latidos del corazón en el pecho. Sin embargo, cuando nos pasamos la vida en esa esfera mental que llamamos tiempo, ni siquiera somos conscientes de que tenemos un corazón, y mucho menos somos capaces de escucharlo o sentirlo.

 

Claridad mental

El paso del «crecimiento» consiste en fijar nuestra conciencia en el cuerpo físico. Después habrá que alcanzar una determinada claridad mental y un manifiesto equilibrio emocional.

 

Crecimiento emocional

La consecución del equilibrio emocional, obteniendo primero la presencia física y luego la claridad mental, es el sendero que da paso efectivamente al crecimiento emocional.

Puede que sea uno de los logros más difíciles de conseguir en este mundo. Porque la necesidad de crecer emocionalmente rara vez encuentra apoyo, y mucho menos comprensión, en las personas que nos rodean. No es un viaje en el que nos vayamos a sentir bien al principio. Y será más arduo cuánto más dormidos estemos emocionalmente.

Este viaje lo que pretende es que sintamos «de verdad». Y sentir «de verdad» puede suponer en un principio la experiencia de que estamos emocionales reprimidos, como con el miedo, la ira o la tristeza.

Para hacer este viaje debemos comprometernos en el empeño de nuestro crecimiento personal por encima y más allá de que podamos comprender la razón por la cual esto es tan importante y necesario. La comprensión mental rara vez forma parte de la integración emocional. Y como en cualquier viaje a lo desconocido, sólo podremos ver dónde hemos estado y por qué determinadas circunstancias se han desarrollado como se han desarrollado cuando lleguemos a algún punto culminante y podamos pararnos a reflexionar.

¡Comienza el viaje!

 

Fuente: El proceso de la presencia
Foto: Steve Carter