La cara oculta de la música y el sonido

Por experiencia propia sé que la música puede resultar beneficiosa para el organismo a no ser que escuches el Fary o King África. Con poco que escarbes en bases de datos científicas, Mozart se convierte en una herramienta eficaz para el tratamiento de trastornos de memoriaAlzheimer1 o para reducir la cantidad de sedante necesaria en pacientes paliativos. (Siendo repelentes, las teclas de un piano o la cuerda frotada de un violín modifica los niveles de somatotropina, disminuye la adrenalina y la interleukina-6 en el organismo2).

Nombres raros y detalles biológicos al margen… ¿cómo es posible que la música pueda tener un impacto medible sobre las adrenalinas y demás «inas»? Solemos explicar los efectos del sonido sobre el organismo señalando con el dedo al sistema nervioso central. El oído traduce los «dos» y los «res» musicales a un lenguaje electroquímico que las neuronas son capaces de entender y, solo cuando sonido y neuronas hablan el mismo idioma, se inicia una reacción biológica en cadena que altera la percepción humana. O al menos eso creía la neurociencia hasta el momento.

Durante mis últimos pinitos en la facultad leí un artículo respondón que le dio una patada en la entrepierna a la explicación convencional que acabamos de ver. Este estudio demostraba de forma simple y elegante, que un sonido es capaz de influir en el comportamiento de un puñado de células secuestradas en una placa de cristal dentro de una incubadora.

 

 

Poniendo al estudio zapatillas de andar por casa vemos que una célula no tiene cerebro ni orejas que sepamos. Por lo tanto, es poco probable que sus oídos transformen la señal acústica en carne de neuronas o que un sistema nervioso inexistente dé lugar a un cambio en la percepción de la célula. Los resultados eran contundentes: la música de Mozart mejora la supervivencia y la multiplicación celular3-4. Es una idea revolucionaria. ¿Por qué? Porque nos hace mirar al sonido como un agente físico, es decir, como una energía capaz de afectar directamente a la vida sin ayuda de ningún sistema nervioso o neurona. Flipé en colores.

 

El comodín de la llamada: Juan Ma Morillo

Al más puro estilo de «Quieres ser millonario», ese programa donde los concursantes debían responder una serie de preguntas y podían llamar a un amigo para que le ayudara a responder a una de ellas, he contactado con Juan Ma Morillo. Juan Ma lleva muchos años trabajando en el ámbito de la terapéutica, la música y el sonido, así que me venía com anillo al dedo. Os dejo aquí su visión del asunto.

Muchas gracias por contar conmigo, David. Efectivamente, casi toda la investigación relativa a efectos beneficiosos de la música implica alguna mediación del sistema nervioso, especialmente a través del sistema límbico estrechamente relacionado con las emociones, o con la corteza prefrontal y nuestra memoria autobiográfica. Todo ello constituye la base de la musicoterapia tal cual se entiende hoy en día como disciplina que busca la mejora de la calidad de vida y de la salud empleando la música o sus elementos (sonido, ritmo, melodía, armonía).

Sin embargo, desde hace ya muchos años se sabe de la importancia del sonido, más allá del fenómeno musical, sobre los sistemas fluidos. En este sentido, los experimentos de cimática son verdaderamente esclarecedores. En este vídeo, podéis conocer más sobre ello.

https://www.youtube.com/watch?v=L5wcfbB79Mo

Y teniendo esto que más del 70% de la composición de los tejidos vivos es agua, cualquier vibración sonora puede tener una gran repercusión en la disposición molecular y en la dinámica celular. Derivada de esta premisa, se ha ido desarrollando una rama de conocimiento que es la terapia vibroacústica, que aplica sonidos de la parte grave del espectro audible (sobre todo, entre 60 y 600 Hz) para conseguir efectos terapéuticos, como la reducción del dolor, la mejora de la osteoporosis o de la función respiratoria.

 

 

Por otro lado, algo aparentemente anecdótico pero que creo que encierra gran sabiduría es la función del ronroneo de los gatos. Experimentando con mi propia voz, con el gemido, con sonidos graves y mantenidos, con lamentos, sobre todo cuando me siento con algún dolor físico, o resfriado, he podido comprobar una mejoría física notable y una recuperación mayor. Esto me hizo pensar en qué sucedía en los gatos. Y, como la vida es sabia, vi publicado en el periódico hace un par de años un artículo sobre el posible efecto terapéutico del ronroneo. Indagué, intenté conseguir alguna fuente más de lo escaso que se sabe sobre ello, y realmente parece que la frecuencia del sonido que habitualmente emplean los gatos ayuda en la cicatrización ósea y la mejoría de síntomas respiratorios. Esto parece traducirse en menor número de complicaciones tras intervenciones veterinarias en los gatos con respecto a los perros, por ejemplo.

Apenas existe base científica sobre el uso de cuencos tibetanos o de cuarzo, o del empleo del canto de armónicos sobre parámetros fisiológicos en el ser humano, pero quienes los han experimentado o practicado, describen sensaciones muy intensas y profundas que conectan con el bienestar. Aunque sabemos muy poco a nivel científico, la experiencia nos indica el gran poder del sonido más allá del componente emocional de la música.

Aplicando la ciencia la día a día

Muchos conocéis mi «obsesión» (podría perfectamente dejar de usar comillas) por acercar la ciencia a la cotidianidad de las personas. Por ello, nos preguntaremos abiertamente: «David…¿y de qué carajo me sirve a mi que el sonido afecte a las células para pagar las facturas, salir de un resfriado o dejar de pelearme con mi suegra?». Vamos al lío.

Las personas somos capaces de generar sonidos por medio de las cuerdas vocales (algo así como una amalgama de pliegues musculares que vibran). Entonces, si las personas producimos sonidos y el sonido influyen en la supervivencia, multiplicación y diferenciación celular… ¡las personas tenemos el potencial de influir no solo sobre nuestras propias células sino también sobre las supervivencia, multiplicación y diferenciación de las células de la vecina del quinto! Aunque pueda parecer una auténtica locura, física y biológicamente es factible.

El pensamiento que se convirtió en sonido

Estamos a punto de descubrir que los sonidos emitidos por nuestras cuerdas vocales están estrechamente relacionados con las cosas que pensamos y sentimos. Desgranemos un par de ideas antes de llegar al fondo del asunto.

 

 

Todas las personas, las que nos caen bien y las que nos caen mal también, tenemos en el hemisferio izquierdo del cerebro un módulo que se conoce como «el intérprete». Este módulo neuronal es el encargado de proponer pensamientos en cada situación de vida, y es el responsable de que nuestro querido cerebro piense con la misma naturalidad que el corazón bombea sangre o los pulmones aire. Vamos al ejemplo.

El intérprete de una persona que esté leyendo este artículo puede llegar a proponer el pensamiento «David está como un cencerro» o «las investigaciones de David son revolucionarias». Al usar el pensamiento «las investigaciones de David son revolucionarias», es decir, al poner la atención sobre él, el cerebro traduce la propuesta en una emoción que el resto de las células del cuerpo son capaces de entender. Se ha producido un cambio, una transformación de energía electroquímica (pensamiento) a energía química (emoción). Las emociones nos empujan a actuar en el 80% de las veces y, cada acción, trae consigo unas consecuencias o resultados.

El resultado puede tomar diversas formas. Desde compartirlo en la red (mensaje  subliminal) hasta decirle a un amigo «esta mañana he leído un artículo increíble». En este segundo caso, la energía acústica que utiliza tu garganta para transmitir el mensaje «esta mañana he leído un artículo increíble» es la misma energía del pensamiento «las investigaciones de David son revolucionarias» manifestada de diferente forma. Acabamos de aplicar el principio de conservación (la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma) al día a día. 

El efecto del miedo y la confianza sobre las células

En resumen: cada palabra que decimos, cada sonido que sale de nuestra boca, está relacionado con las cosas que pensamos y sentimos y, al mismo tiempo, el sonido tiene el potencial de influir sobre el comportamiento de las células.

Aunque todavía nos faltan muchas piezas del puzzle por colocar, ya estamos manos a la obra. En los últimos meses he diseñado una serie de experimentos con el objetivo de estudiar el efecto de sonidos generados a partir de pensamientos de confianza o miedo sobre células vegetales y humanas. Como dijo aquel en el Un, dos, tres: «hasta aquí puedo leer» por el momento.

Si te apetece aportar ideas, participar o acceder a los resultados de mis investigaciones puedes escribirme (daviddelrosario.com@gmail.com), podemos mantener el contacto por redes o coincidir en algunos de los eventos que realizo por España y América.

REFERENCIAS

[1] Cowles, A. y otros (2003). Musical skill in dementia: a violinist presumed to have Alzheimer’s disease learns to play a new song. Neurocase. 9(6):493-503. 
[2] Conrad, C. y otros (2007). Overture for growth hormone: requiem for interleukin-6? Crit Care Med.; 35(12):2709-13.
[3] de Deyne, P. G. y otros (1995). In vitro effects of therapeutic ultrasound on the nucleus of human fibroblasts. Phys Ther. 75(7):629-34. 
[4] Jones, H. y otros (2000). Acoustic energy affects human gingival fibroblast proliferation but leaves protein production unchanged. J Clin Periodontol. 27(11):832-8.

REFERENCIAS DE JUAN MA

Boyd-Brewer C, McCaffrey R (2004). Vibroacoustic sound therapy improves pain management and more. Holist Nurs Pract.,18(3):111-8.
Cook T.F. (1973). The relief of dyspnoea in cats by purring. New Zealand Veterinary Journal, 21, 53-4.
http://www.thepowerhour.org/news4/The_Feline_Purr.htm

Cómo siente el mundo

Los científicos, biomédicos o los neurólogos tenemos miedo de hablar de la mente porque no sabemos por dónde empezar. Para las personas de a pie, las que tenemos que pagar una hipoteca o ir a trabajar, la mente es el conjunto de cosas que percibimos, ya sean pensamientos, emociones o sensaciones corporales, es el espacio que las personas usamos para relacionarnos con los demás y con la vida.

Actualmente la ciencia ve la mente como el resultado de la actividad de las neuronas, como el resultado de un juego cerebral desconocido. Sin embargo, no tenemos pruebas científicas de que la mente esté generada por las neuronas. Sabemos que intervienen, si, pero no tenemos estudios concluyentes que digan que las neuronas son la causa y la mente el efecto. Esto ocurre porque desde neurología seguimos pensando como los científicos de hace 100 años. Empujó una pelota y se mueve. La causa el empujón y el efecto el movimiento de la pelota. Esto no es aplicable a la vida. ¿Por qué? Muy sencillo; porque la vida no es una pelota.

 

 

La mente y el fútbol

Desde hace finales del siglo pasado, las ciencias sociales y la física nos han dado motivos de sobra para ver la mente como un sistema emergente. Continuando con el símil de la pelota, podemos entender la teoría de sistemas emergentes con símil futbolístico. ¿Es posible entender el fútbol prestando atención únicamente a la pelota? ¿Podemos llegar a entender el fuera de juego, la afición o de las reglas del fútbol estudiando únicamente la presión del balón, su composición o sus trayectorias? Probablemente no. Por eso nos resulta tan complicado desde la neurología entender la mente, porque estamos mirando únicamente las neuronas.

El fútbol (la mente) no puede comprenderse mirando únicamente la pelota. ¡No tiene sentido! ¡Es de locos! ¿Cómo vas a entender el fuera de juego teniendo en cuenta únicamente la pelota? Sin los jugadores, sin el terreno de juego, sin la portería, el árbitro, sin el juez de línea no es posible entender el fuera de juego, porque el fuera de juego solo tiene sentido cuando tienes en cuenta a los jugadores, al balón, al campo y al equipo arbitral. Entonces, el fuera de juego es un sistema que emergente de todos estos elementos. Lo mismo ocurre con el fútbol. Es un sistema emergente que incluye a los jugadores, al utillero, a la pelota, al señor que pinta las líneas del terreno de juego, al estadio, a la afición, al presidente y a las reglas del juego.

 

 

Una nueva neurociencia

Aunque muchas personas se sientan solas, estamos rodeados de gente la mayor parte del tiempo; en la calle, en el trabajo, en el super… vivimos en sociedad. Sabemos mucho acerca de cómo funciona el cerebro cuando estamos solos, pero no sabemos nada de lo que ocurre en el cerebro cuando nos relacionamos con otros personas. ¡Y nos pasamos la vida relacionándonos!

 

 

¿Qué ocurre en el cerebro de 10 personas que interactúan entre si? Gracias al avance en el campo de la neuroimagen, hoy por hoy, podemos empezar a hacernos estas preguntas y a buscar respuestas. Es el comienzo de una nueva neurociencia, de una nueva psicología, de una nueva visión de la medicina. Estudiar el organismo desde esta nueva perspectiva nos va a aportar una nueva visión acerca de las enfermedades, una nueva visión acerca del cuerpo humano y, por primera vez, estaremos en disposición real de entender la mente humana. Ahora puedes contribuir a este avance y formar parte de una de las investigaciones más revolucionarias de las últimas décadas de forma anónima y segura.

 

How the world feels: un experimento a nivel mundial

 

 

Solo tendremos posibilidades reales de entender la mente cuando dejemos de mirar hipnotizados a las neuronas y comencemos a incluir todo lo que nos rodea. La mente tiene una parte interna, las células y su comunicación, pero también una parte externa. La mente está en nosotros y entre nosotros, es algo interno y externo al mismo tiempo. Diversos estudios han puesto de manifiesto que cuando dos personas se relacionan, sus cerebros comienzan a funciona de manera diferente a cuando están solos. De hecho, si esas dos personas se hacen tilín, muchos parámetros fisiológicos como la frecuencia cardiaca o respiratoria se sincronizan. ¿Y qué quiere decir esto? Quiere decir que la parte externa de mi mente cambia cuando yo me relaciono contigo y, por lo tanto, mi mente se construye en función de ti.

Siguiendo esta idea, hemos diseñado un experimento (con la colaboración Luis García) para conectar la mente de las personas y hacer una radiografía, un mapa, de lo que el mundo piensa y siente. Bienvenido/a a How the world feels, el estudio que cambiará nuestra forma de ver el mundo y dará mucho que hablar. En 50 segundos te explicamos como formar parte de él. ¡Millones de gracias!

 

 

Adictos al cortoplacismo

Hoy el comprador que tengo dentro ha salido a pasear y se ha dado algún que otro caprichito. El balance ha sido moderado: unos vaqueros, un libro acerca del cerebro (ya van siete este año) y un regalo de cumpleaños. Todos igual de innecesarios. Ahora bien, por menos de 50 euros he comprado una sensación de bienestar con una duración aproximada de diez minutos (cronometrado). ¿Y qué tiene esto de malo?

 

 

Mi sociedad es capitalista. Las modas cambian tan rápido que estar a la ultima sale por un ojo de la cara y el consumo se vuelve ilimitado. Mientras tanto, el marketing juega al Parchís con mis emociones en periódicos, carteles o en Youtube (que decir de la publicidad inteligente de Google). A veces pienso si el entretenimiento existe realmente o tan solo es una estrategia más para secuestrar mi atención y venderme algo. ¿Y que tiene esto de malo?

 

Me encanta no tener que esperar un mes hasta ver el siguiente capítulo de la serie de turno o no tener que amoldarme a los horarios de un programa de radio o televisión. Y que decir de no hacer cola en el centro de salud para pedir cita en el médico o el contactless de las tarjetas de crédito (sobre todo si la compra no supera los 20€). Así es la vida hoy en día. Soy adicto al corto plazo. ¿Y que tiene esto de malo?

¿Que qué tiene de malo? Poder tenerlo todo ya hace que no tengamos tiempo a ver y cambiar el problema: la ignorancia. La ignorancia de un adicto que no se da cuenta de su adicción, la ignorancia de no ver que estamos enganchados al corto plazo, la ignorancia de no admitir que muchas veces rechazamos las cosas por tener que esperar. Lo queremos todo y lo queremos  ya. Por eso no vemos que el tiempo que ahorramos con el cortoplacismo, honestamente, nos sobra. No sabemos qué hacer con él. Terminamos aburridos, invirtiendo ese tiempo en ver un video de Youtube donde saldrán esos anuncios inteligentes que nos invitan a irnos de compras, a buscar diez minutos de bienestar. Y vuelta a empezar. Solo nos queda, para colmo y para terminar, echar la culpa de todo a nuestra sociedad capitalista.

Me gustaría hablar de saborear los momentos o de cómo revertir el corto plazo, pero he de terminar aquí. ¿Por qué? Porque si alargo mucho esta reflexión, probablemente, la adicción al cortoplacismo del lector le lleve a no leer este post y me parece importante que lo haga. Aunque sigamos en la ignorancia, como mínimo, espero que seamos un poco más conscientes.

Conectando con el presente

El presente está de moda. Hablamos del presente, escribimos libros acerca del presente, hacemos películas acerca de vivir el presente… y seguimos sin vivir el presente. Este artículo-reflexión es una «pillada» infraganti a mi mismo fuera del presente y la posterior reconexión.

Hace unas semanas, Yaiza Leal me invitó a colaborar en su proyecto «Mentes curiosas». La propuesta consistía en y grabar una entrevista y, en medio de ella, me pillé tratando de convertir el presente en algo correcto y apropiado, me vi tratando de responder a las preguntas queriendo impactar y gustar. Al darme cuenta, automáticamente dejé de buscar respuestas acertadas. Creemos que si hacemos esto todo será un auténtico desastre, pero es mentira: el presente tiene sus propias respuestas y… ¡son increíbles!

El presente es aquello que pasa desapercibido entre que llevamos los niños al colegio y pensamos que vamos a hacer de cenar, es aquello que pasa desapercibido entre que escuchamos una pregunta y buscamos la mejor forma de contestar.

Puede sonar muy espiritual, pero es ciencia en estado puro. Las personas funcionamos con imágenes mentales constantemente. Imagina que estás en tu primer día de trabajo. Llegas a la oficina y te llueve de golpe un aluvión de información: nombres, lugares, claves, personas, programas… Lo más probable es que lleguemos a casa con la cabeza como un bombo, como si nos hubiera pasado un camión por encima; necesitamos unas semanas de adaptación para acostumbramos al nuevo trabajo. ¿Y en qué cosiste esa adaptación? Adaptarse consiste en crear asociaciones, en conectar imágenes mentales y, para crear imágenes mentales, tenemos que prestar atención a las cosas. “Fulanita se encarga del marketing” o “este software sirve para hacer pedidos”. “Software” es una imagen mental que representa a un programa de ordenador concebido para llevar a cabo una tarea concreta, y a él le asociamos una idea “hacer pedidos”. Aunque también sirva para llevar la contabilidad o para enviar a un cohete a la luna, para nosotros únicamente servirá para hacer pedidos.

 

 

Una vez que nos hemos adaptado, dejamos de ver las cosas como son y de hacer caso a los detalles. Al utilizar imágenes mentales para sustituir la realidad reducimos el consumo energético, y esto es lo que hace que después de dos o tres semanas no lleguemos tan cansados del trabajo a casa. ¡Es increíble! ¡Nos hemos adaptado!… y al mismo tiempo hemos convertido el trabajo en una imagen mental. En este punto es cuando la novedad desaparece.

Lo que ocurre a nivel neuronal es muy interesante. Una vez la adaptación ha tenido lugar, nuestra percepción individual de la realidad deja de construirse con la información que nos llega del exterior y pasa a ser controlada por las imágenes mentales. A partir de ese momento, vivimos desconectados del mundo, y la vida pasa a ser una sucesión de imágenes mentales donde el presente pasa desapercibido. Cada vez que usamos una imagen mental el cerebro discrimina el 99,8% de la realidad. Estamos en el mundo de nuestras ideas. Cuando tomas consciencia de esto, te abres a que el presente hable por ti. ¿Y esto que significa? ¿Empezar a decir frases del Dalay Lama? No. Significa ver las cosas de una forma que nunca antes la habías visto, sin protección, sin imágenes mentales, significa dejar de buscar la mejor respuesta. En resumidas cuentas, vivir el presente significa ser tu mismo.

El presente tiene sus propias respuestas… ¡Y son increíbles! Siempre nos sorprenden porque, como no tratan de impresionar a nadie, son originales, ellas mismas y tienen la capacidad de transformar el mundo que vemos.

Por si a alguien le pica la curiosidad, aquí dejo la entrevista que causó todo el revuelo.

Una nueva visión de la física cuántica

 

Esta semana vamos con un artículo atípico a medio camino entre las matemáticas, la física y la filosofía. Acababa de terminar la charla. Esa tarde-noche descubrimos el fascinante mundo de la memoria humana, de su implicación en nuestra vida y de cómo afectan los recuerdos a la toma de decisiones en el agradable Ateneu de l’Aliança de Lliçà d’Amunt, en Barcelona. Como suele ser habitual, una vez puesto el punto y final, siempre hay gente que se acerca a compartir impresiones o a lanzar preguntas algo más íntimas. Una de esas personas se acercó, me pidió una hoja de papel y escribió el siguiente número: 1.53493738496 × 10^-35 metros. Sin anestesia me preguntó: “¿Te dice algo este número?”.

 

Se trataba de un número muy pequeño, y rápidamente respondí que debía mantener relación con el mundo cuántico. La física ve todo el tiempo tres mundos diferentes dependiendo de la escala en la que ajuste su mirada y, cada uno de estos mundos, se rigen por leyes propias. El mundo microscópico de los átomos está gobernado por la cuántica de Planck, el mundo que vemos los seres humanos es cosa de la física clásica de Newton y, para la escala de los planetas o galaxias, tenemos la relatividad de Einstein. Aquel extraño me dijo “creo que he descubierto algo grande” y me invitó a pasar por su blog sin más.

 

Semanas más tarde, encontré por una mochila ese mismo papel y comencé a curiosear por el blog. Ojeé su trabajo con calma y reflexioné acerca de sus posibles consecuencias. Creemos que el universo se está expandiendo, y eso significa que a cada segundo se está generando nuevo espacio (sí, tu casa antes de leer esta frase tenía menos metros cuadrados que ahora que has terminado de leerla). Usando los cálculos de Francesc, llegué a la conclusión de que a cada segundo un kilómetro se estiraría expandiendo unos fentómetros, aproximadamente 0,000000000000001 m (14 ceros); el tamaño de un protón.

 

Al mismo tiempo, este trabajo sugiere que uno de los principios más conocidos de la física, el principio de incertidumbre de Heisenberg, pende de un hilo puesto que da a entender que la naturaleza redondea los resultados de las cosas (como si fuera una calculadora). Esta visión de un mundo dividido en pequeños trocitos (en ciencia decimos “cuantizado”) es capaz de convertir al mismísimo teorema de Pitágoras en una paradoja. Según mi punto de vista, la propuesta de Francesc nos enseña un mundo cuántico donde el observador crea una realidad cuantizando la materia. En el mundo de Francesc, el universo es infinito hasta que un observador entra en escena. Entonces la naturaleza redondea y da lugar a los pequeños trocitos de materia, y surgen diminutas porciones de espacio, tiempo y energía. Según sus cálculos, el valor de estas pequeñas porciones de espacio, tiempo y energía son diferentes a las que propuso el premio Nobel de Física Mark Planck. ¡Cómo no iba a presentaros el trabajo de Francesc!

 

Le envié un correo con la posibilidad de tomar un café. Pese a tener que esperar unas semanas (acababa de ser padre), ese “café” de cuatro horas llegó. Enseguida me cautivó la valentía de Francesc y las nuevas posibilidades que abre su trabajo, así que me ofrecí a compartir con vosotros su forma de ver el mundo mediante un artículo conjunto. Este es el resultado. Os dejo con Francesc.

 

 

David del Rosario

 

PD: Os invito a que visitéis el blog de Francesc.

 

 

El trabajo de Francesc Feliu

 

 

Si por algún milagro de la naturaleza todos los granos de arroz pesaran lo mismo, ¿verdad que podríamos saber con facilidad la cantidad exacta de granos de arroz que hay en un kilogramo? Bien, ¿Y si ahora os digo que hay teorías en las que se contempla la naturaleza como estos granos de arroz, con la diferencia que en vez de hablar de peso hablamos de longitud, tiempo y energía? Primero me a centrar en la longitud y el tiempo, y posteriormente hablaré de la energía.

 

 

Espacio y tiempo

 

Hay quien defiende que la longitud mínima para cualquier cosa en el universo se llama “longitud de Planck” y lo que tarda la luz en el vacío en recorrer esa longitud es el tiempo de Planck. Lo que ocurre es que los valores actuales conocidos para la longitud de Planck y el tiempo de Planck (a fecha de 01-09-2017) son aproximados.

Teniendo claros estos conceptos, dejadme que os hable de π, ese número que ha gastado más litros de tinta en el mundo que decimales tiene detrás del “3”, y es que aunque la definición de π se ajusta bastante a la relación entre la longitud de una circunferencia y su diámetro, lo cierto es que no hay fracción de números enteros que sea exactamente igual a π. Incluso en fracciones de este tipo:

 

360000000000000000000000000000000000000000/114591559026164641753596309628210340664811

24000000000000000000000000000000000000000000/7639437268410976116906420641880689377654063

 

Aunque esta calculadora piense que son exactamente igual a π

 

(360000000000000000000000000000000000000000/114591559026164641753596309628210340664811)/PI

=

1

 

(360000000000000000000000000000000000000000/114591559026164641753596309628210340664811)

/

(24000000000000000000000000000000000000000000/7639437268410976116906420641880689377654063)

=

1

 

Lo cierto es que la calculadora “cree que el resultado de la fracción es π” pero en realidad no lo es. Si no me creéis podéis repetir las operaciones en esta otra calculadora más precisa.

 

Si dividimos las cosas en trocitos lo más pequeños posible, es decir, cuantizamos la materia, descubriremos que en la naturaleza no hay círculos perfectos, lo que hay son categorías de círculos, siendo el más pequeño de todos de la categoría 22/7 y siendo el más popular de todos (hasta la fecha) de la categoría 157/50 (157/50=3.14 exactamente. Un breve comentario: 22/7 es la primera fracción sin decimales en el numerador y en el denominador el resultado de la cual se parece al número π de forma razonable. Si con esta información intentamos cuadrar el círculo (no con un martillo, sino obteniendo un cuadrado con la misma área que un círculo) nos daremos cuenta que aunque el cuadrado resultante no se puede construir, podemos utilizar la fórmula del área del círculo π*radio^2 cambiando π por la fracción que nos recuerda a π (en nuestro ejemplo 22/7) obteniendo un área para el círculo sin infinitos decimales (22/7)*(3.5^2)=38.5 unidades^2. 

 

A = π*r^2 ; A = (22/7)*(3.5^2) ; A = 38.5 unidades^2.

Si usáramos π en vez de la fracción, el resultado del área tendría SIEMPRE infinitos decimales.

 

Una vez obtenida esta área sin infinitos decimales, bastará con calcular la raíz cuadrada de la misma para saber la longitud de cada uno de los lados de nuestro cuadrado (eso sí, con infinitos decimales).

 

Pues precisamente jugando con los diámetros de ciertas categorías de círculos muy concretas (recordad que el diámetro de un círculo es igual a dos veces su radio) llegué a la conclusión que la longitud de Planck expresada en metros en vez de ser de 1.61624(12)*10^-35 metros (ojo que este paréntesis del número 12 NO multiplica, en realidad a la hora de realizar cálculos el paréntesis no hace nada) debería ser de 1.53493738496*10^-35 metros exactamente, y de ahí he sacado también el valor exacto del tiempo de Planck en segundos, que sería de 5.12*10^-44 segundos en vez de 5.39106(32)*10^−44 segundos.

 

Si os fijáis, (1.53493738496*10^-35)*(1.953125*10^43)=299792458. Es decir, es igual a los metros exactos que se desplaza la luz en el vacío durante un segundo.A raíz de esto me di cuenta de algo, y es que aunque 299792458 metros sí es un valor exacto, 1 metro por separado no lo es… Para darse cuenta de ello basta con observar que el resultado de esta división contiene infinitos decimales 1/299792458=0.00000000333564095198152… Este resultado implicaría que a la velocidad de la luz en el vacío se necesitarían infinitas porciones de segundo cada vez más y más pequeñas para poder recorrer un único metro. Lo cual me llevó a crear un sistema de unidades nuevo que he bautizado con el nombre de “Sistema Plánticko Longitudinal”, en el que la equivalencia exacta con el milímetro es la siguiente: 1 mm_pl = 1.49896229 mm0.5 mm_pl = 0.749481145 mm Si usáramos este sistema nos permitiría a escala macroscópica trabajar con una precisión mucho mayor a la actual de forma más práctica, aunque ciertamente si queremos asegurar el tiro no nos queda otra que trabajar directamente con longitudes de Plank y a posteriori convertir el resultado final a la unidad de medida deseada. Daros cuenta que cualquier cifra exacta que sea equivalente a 299792458 metros, según esta longitud de Planck, tendrá también su valor exacto en la unidad de medida que se use, por ejemplo en yardas quedaría así: 299792458 metros — 327857018.8101487 yardas1.53493738496*10^-35 metros — x yardas x=((1.53493738496*10^-35)*(327857018.8101487))/299792458x=1.678627936307961344*10^-35 yardas (Nota: Es de vital importancia destacar que el resultado en yardas tampoco tiene infinitos decimales). Quiero remarcar lo de cualquier cifra exacta que sea equivalente a 299792458 metros ya que si hacemos algo que permiten las matemáticas que es dar una equivalencia no exacta a 299792458 metros (por ejemplo 299792458/3) la longitud de Planck que nos saldrá tampoco será exacta. De confirmar este descubrimiento podríamos disponer de informaciones tan valiosas como por ejemplo el diámetro exacto de un electrón (y así entender un poco mejor el mundo subatómico).

 

 

Según esta entrada de la Wikipedia, e radio aproximado de un electrón es de

 

2.8179403227(19)*10^-15 metros

Pasamos el valor a milímetros

2.8179403227(19)*10^-12 mm

 

Luego, tomando este valor para la longitud de Planck

1.53493738496*10^-32 mm

(1.53493738493*10^-32)*x=(2.817940322719*10^-12)
x=(2.817940322719*10^-12)/(1.53493738493*10^-32)

x seria el radio del  electrón en longitudes de Planck, pero como lo que queremos saber es el diámetro del electrón, lo vamos a multiplicar por 2.

 

diámetro=2*((2.817940322719*10^-12)/(1.53493738493*10^-32))

diámetro=367173325815829375220.48044732810624148878062338954… longitudes de Planck

 

Cómo las longitudes de Planck son valores discretos (no pueden tener decimales), si aplicamos al resultado el redondeo matemático oportuno obtenemos un valor de 367173325815829375220 longitudes de Planck, es decir, un valor exacto. Si os fijáis, este resultado puede dividirse entre 4 sin obtener cifras decimales. Esto podría facilitar muchísimo entender la naturaleza ondulatoria de un electrón cuando esta se produce.

 

367173325815829375220/4

=

91793331453957343805

 

 

La energía

 

 

Teniendo claros los conceptos de longitud mínima y tiempo mínimo, vamos a hablar de otro pilar fundamental en física: la energía. En física, la energía se puede definir cómo la capacidad para realizar un trabajo. El Sistema Internacional de Unidades mide la energía en Julios, con lo que os voy a poner un par de ejemplos para que os quede la cosa más clara. Con un julio de energía podemos (dependiendo de las circunstancias iniciales):

  • Lanzar una manzana pequeña un metro hacia arriba.
  • Elevar 0,24 °C la temperatura de un gramo de agua.

 

La unidad mínima de energía se conoce cómo constante de Planck (representada por la letra h), y el valor oficial es de h=6.62606957(29)*10^-34 Julios por segundo. Si os fijáis, esta cifra no puede ser multiplicada por un número sin cifras decimales en el que el resultado sea igual a 1. Si la energía está cuantizada  y el valor de la velocidad de la luz en el vacío es un valor exacto (299792458 metros por segundo), o bien la cifra está mal o bien un único Julio no es materializable. Al principio pensé que tal y como ocurre con el metro, un único Julio no era materializable. Sin embargo, a posteriori descubrí que hay este valor en la naturaleza que relaciona energía y tiempo: 1 vatio hora = 3600 Julios. Cuando digo “hay este valor en la naturaleza” me refiero a que independientemente del entorno en el que estemos (más o menos gravedad, más o menos temperatura, etc.) es posible (si se dispone de los medios oportunos) obtener 1 Julio de energía durante un segundo, ya que 1 hora es equivalente a 3600 segundos.

 

Combinando la longitud de Planck, el tiempo de Planck, el vatio hora en Julios y la velocidad de la luz en el vacío, llegué a una conclusión bastante sorprendente. La cantidad mínima de energía en el universo debería ser de 2.048*10^-43 Julios por segundo. Dejando el valor de h en un valor muy superior al mínimo, siendo exactamente de 6.626069573632*10^-34 Julios por segundo, daros cuenta que (2.048*10^-43)*(4.8828125*10^42) = 1. Esto implica que necesitaríamos 4.8828125*10^42 “paquetes mínimos de energía” (por segundo) para poder obtener 1 Julio (por segundo) de energía. También implica que si sólo obtenemos 2.048*10^-43 Julios por segundo (un “paquete mínimo de energía” por cada segundo) deberemos esperar 4.8828125*10^42 segundos para poder “sumar” 1 Julio de energía.

 

 

El principio de incertidumbre de Heiseberg 

 

 

Y ya para terminar el artículo os voy a hablar del principio de incertidumbre de Heisenberg. La clave que para mí resume dicho principio es la siguiente: el principio de incertidumbre de Heisenberg postula que no se puede saber, a la vez y con total precisión, el valor de ciertos objetos observables, como por ejemplo la posición y el momento de una partícula.  Si cómo hemos visto hasta ahora podemos saber la longitud mínima de cualquier cosa en el universo, la energía mínima que puede existir en el universo, y el tiempo mínimo que puede durar algo en el universo, ¿a qué campos queda relegado el principio de incertidumbre de Heisenberg? En otras palabras, si después de medir algo podemos calcular realmente lo que está sucediendo en términos de espacio, tiempo y energía ¿es conveniente seguir teniendo en cuenta dicho principio?

 

Atentados, musulmanes y la regla del PLAC

Los atentados del pasado 17 de agosto en Barcelona hicieron que muchas personas sintiéramos rabia e impotencia. Las cafeterías, los bares y las comidas familiares comenzaron a llenarse de opiniones, comentarios racistas y todo tipo de «fogos» y «fobias» hacia los musulmanes, terroristas o cualquier extranjero que pasara por ahí en ese acalorado momento. Este artículo surge a raíz de esas discusiones privadas que construyen nuestra realidad y ponen sin querer de manifiesto que la mayoría de personas desconocemos el funcionamiento de nuestro organismo el cual, por cierto, nos acompaña a todas partes a todas horas.

¿Pueden las personas o las cosas que nos pasan generar una emoción? ¿Cuál es el origen de las emociones? Gracias a la colaboración de Aïda Massana, este mes el artículo ha tomado la forma de video. En él abordamos estas y otras preguntas. Un video es algo inacabado que se termina con los ojos de la persona que lo mira. ¡Gracias!

 

Recordad siempre la regla del PLAC: una persona, un animal, una video o un lugar no tiene la capacidad de hacernos sentir nada, solo las ideas que hemos asociado a él.

PD: En este artículo, si os apetece, podéis profundizar un poco más en la regla del PLAC.

El nacimiento de youHealth

Si escarbamos en los informes de la Organización Mundial de la Salud con el fin de dar con el origen de las enfermedades que más muertes causan en occidente, nos damos cuenta de que desconocemos la gran mayoría. No sabemos los motivos reales que hacen que el corazón deje de funcionar correctamente, por qué unas personas sufren ICTUS y otras no, lo mismo ocurre con enfermedades de las vías respiratorias como el EPOC, la diabetes, el cáncer o la hipertensión. Este fue el punto de partida de la investigación.

 

Virus

En primer lugar, se me ocurrió analizar el impacto de los virus en este top ten. Encontré casos de infecciones respiratorias y diarreas donde miles de personas habían estado expuestas a la misma cepa de un virus. Los informes señalaban que personas de edad avanzada, al contar con un sistema de defensas más precario, estaban más expuestos a los virus, pero nadie encontraba una explicación lógica y convincente de por qué personas de mediana edad sin antecedentes médicos relevantes expulsaban a estos peculiares visitantes y otras no. Nadie atendía a este grupo de personas a pesar de que las infecciones representan el 33% de las muertes en occidente.

Genes

Impulsado por la falta de respuestas, analicé otros aspectos tradicionalmente importantes como son los hábitos y descubrí que había personas que hacían ejercicio todas las semanas, presentaban un consumo moderado de alcohol, llevaban una dieta equilibrada, y aún así iban a la consulta del médico y morían de cardiopatías. Empecé a descubrir por mi mismo que los hábitos influyen en la salud, pero no la determinan.

El siguiente paso lógico era ponerse delante de los genes, lo que resultó apasionante y rompió todos mis esquemas. Según Science (una de las revistas científicas más influyentes) sólo podemos asegurar que el 5% de las enfermedades cardiovasculares y el 10-30% de los principales tipos de cáncer tienen causa genética. Con cada artículo que leía y en cada aspecto que profundizaba, me daba cuenta de que los genes no eran algo rígido como me habían enseñado en la universidad sino algo moldeable. Además, esto tenía mucho sentido. Al fin y al cabo, si los genes fueran algo rígido no existiría la evolución. Gracias a ellos nos adaptamos al mundo.

El principal mecanismo que hace plástica a la genética es la epigenética. Si los genes son las letras del libro del genoma humano, los signos de puntuación representan la epigenética y cambian la forma en la que se expresa un gen. Esto es muy importante porque un acento o una interrogación puede cambiar por completo el contexto. Todos sabemos que una mama no es lo mismo que una mamá.

Desde un punto de vista práctico, la epigenética representa al conjunto de decisiones que tomamos en las situaciones de vida, es decir, la forma en la vivimos las cosas que ocurren en ella y no tanto la situación en sí misma. Los últimos estudios científicos ponen de manifiesto que el 50% de la felicidad depende de la genética y el otro 50% de cómo nosotros vivamos las situaciones de vida. La agresividad es en un 66% epigenética y la capacidad de aprendizaje depende en un 90% de las decisiones que tomamos a lo largo de la vida.

Aunque hay situaciones en las que la genética gana completamente la partida al ambiente como es el caso de la fibrosis quística o el síndrome de Down, con cada nuevo estudio, el modo en el que vivimos las cosas que ocurren en nuestra vida gana terreno a la genética. Esto no estaba en el guion de ningún genetista, ni del propio Bill Clinton cuando anunció el proyecto Genoma Humano en el 2002 y señaló “una revolución en el diagnóstico, prevención y tratamiento de la mayoría, si no es que de todas, las enfermedades humanas”. Tenía mucha razón. Lo que nadie podía imaginar es que el elemento revolucionario sería la epigenética.

Emociones o mindfulness

Continué la investigación tomándome el tiempo necesario. No quería dejar ningún aspecto en el tintero. Revisé nuevas tendencias y estudios que hablaban de mindfulness o del impacto de las emociones en la salud, y me quedé fascinado con la cantidad de experimentos bien planteados que había al respecto. Aún pesar de todo, de nuevo, encontré personas felices o que practicaban diferentes tipos de meditación que habían fallecido de cáncer o ICTUS, lo que me llevaba de nuevo a la misma conclusión: influye pero no determina.

Después de todo el camino, el cual me mantuvo entretenido a tiempo completo durante dos años, llegué a la conclusión de que con todos los experimentos que había realizado y revisado, solo podía decir que los genes, los hábitos, la meditación o las emociones influyen pero no determinan nuestra salud. Aquí surgió al gran pregunta: ¿por qué enfermamos? Cada uno de los aspectos que había revisado intervienen en mayor o menor medida en la enfermedad, pero ninguno resulto ser un elemento decisivo. Por aquel entonces, todavía ignoraba por completo que estaba a punto de dar un giro a este panorama desalentador.

 

El caso Roseto

Todos los hallazgos que fui encontrando a lo largo de mi investigación se resumen muy bien en el caso Roseto. Roseto continúa siendo una pequeña colonia de emigrantes italianos que se asentó en el estado de Pensilvania en Estados Unidos a finales del siglo pasado, y quedó perfectamente documentado por la ciencia. A pesar de que un equipo completo de médicos y estudiantes de la Facultad de Medicina de la Oklahoma University dirigido por el doctor Steward Wolf estudiaron el caso a fondo (desde 1955 a 1964), no pudieron encontrar argumentos en hábitos, genes, prácticas orientales o emociones, que justificaran porqué la tasa de infartos de corazón de Roseto era un 675% menor que en otras poblaciones que tan solo se encontraban a 3 minutos en coche y presentaban la misma media de mortalidad del país. Comían las mismas grasas, hacían el mismo ejercicio, se peleaban con la misma frecuencia, sentían rabia, fumaban, bebían, respiraban el mismo aire y tenían los mismos trabajos que el resto de la sociedad americana.

 

En 1965 la pequeña sociedad de Roseto se americanizó y la salud de sus habitantes dio un giro inesperado: la tasa de infartos de miocardio se duplicó y fue aumentando en años posteriores hasta alcanzar la media del país. La dieta no cambió sustancialmente, tampoco dejaron de hacer hacer ejercicio ni el consumo de alcohol no se disparó.  Los habitantes de aquellas personas parecían haber cambiado de la noche a la mañana, volviendo a sus organismos más vulnerables.

Roseto no ha sido un caso aislado. Este tipo de experiencias que han podido ser estudiadas por la ciencia moderna han generado desconcierto en muchos profesionales del mundo de la salud, y ofrece una nueva visión para la medicina.

 

El médico interno

Llegó un punto de la investigación en el que resultaba demasiado evidente. Todas las personas tenemos dentro un médico interno con 3.600 millones de años de experiencia que ha resultado victorioso en épicas batallas frente a titánicas epidemias, un médico que ha curado heridas profundas y ayudado al organismo en situaciones extremas. El médico interno mantiene por su propia iniciativa la temperatura corporal a 37º, controla la reproducción celular (para que no haya un crecimiento descontrolado y evitar que nos diagnostiquen un cáncer) y conserva las cantidades de hierro, calcio, glucosa o minerales adecuadas para la vida. ¿Por qué este médico con tanta experiencia un día se le olvida regular nuestra tensión y cuando vamos al médico nos dice que tenemos la tensión por las nubes (hipertensión)?

 

 

Fue entonces cuando me di cuenta de que la enfermedad era mucho más probable cuando este médico interno con millones de años de experiencia se desconecta por algún motivo, y comencé a investigar cuales eran los motivos que hacen que nuestro médico interno se tome unas vacaciones.

 

Desconexión del médico interno: la biología de la supervivencia

Nuestro organismo tiene dos modos de funcionamiento. El primero se da cuando damos un plácido paseo por la orilla del mar, con la cálida brisa del aire en el rostro. En ese contexto, nuestro médico interno se encarga de regenerar nuestra piel, del crecimiento, de nuestro sistema de defensa, y del resto de procesos necesarios para mantenernos sanos, mientras el el corazón trabaja con calma. El organismo se rige por una biología del bienestar.

Sin embargo, cuando vivimos una situación de peligro, nuestra biología cambia por completo y el organismo activa una biología de supervivencia que tiene como principal objetivo alcanzar el éxito en esa situación estrenaste que estamos viviendo. Entre otras cosas, estos mecanismos de supervivencia dejan en un segundo plano a nuestro experimentado médico interno y hace que la probabilidad de enfermar aumente exponencialmente. De algún modo, los organismos de los habitantes de Roseto habían pasado de una biología del bienestar a una biología de la supervivencia, lo que disparó el número de defunciones.

 

De teoría a experiencia

 

El origen de la enfermedad era muy probable que estuviera íntimamente relacionado con la desconexión del médico interno, así que emprendí una aventura que me llevó a sumergirme en gran cantidad de artículos científicos con el fin de recopilar todas las características y herramientas de las que un organismo dispone de manera natural para mejorar la conexión con su médico interno. Empecé a descubrir que poner en práctica estas estrategias pasaba, en mi caso personal, por transformar mi vida. No era suficiente con cambiar aspectos como el ejercicio o la respiración. Cambiar es algo que tiene que ver con los hábitos, con la mente y con la fuerza de voluntad y yo había descubierto que los hábitos influyen pero no son determinantes. Con todo, me di cuenta que era necesario una revolución, una transformación más profunda que tenía lugar lejos de la mente, en el corazón.

Una vez fui aislando las claves del organismo y las principales herramientas, el siguiente paso era compartirlo con el mundo. Leído en un libro, esta investigación tenía el aspecto de una teoría más, capaz de organizar cursos y llenar el intelecto de sus participantes con explicaciones detalladas acerca del organismo o el cerebro. Mirando esto de cerca, me di cuenta de que yo no quería eso. Lo que quería era que las personas pudieran practicarla y vivirla, por lo que me propuse convertir esta investigación en una experiencia y comencé a traducir al lenguaje de las personas de a pie, convirtiendo conceptos complejos en simples pensamientos y emociones.

 

El nacimiento de youHealth

Todo este camino he ido acompañado de personas muy importantes. Una de ellas es Luis Callegari, un profesional de la salud que ha pasado más de 30 años en un consultorio de Madrid, y otra es Michele Lettersten, quien con sus preguntas curiosas ha terminado inspirando esta investigación.

Hace unos años, hablando tranquilamente con Luis a la orilla de un lago en la preselva amazónica peruana, caí en la cuenta de que todas las personas llevamos en el bolsillo un procesador tremendamente potente y programable: el teléfono móvil. Nuestras conversaciones siempre han sido atrevidas, incluso están acostumbradas a rozar la locura, así que me pareció lo más natural del mundo preguntarle: ¿Y si convertimos el teléfono móvil en un entrenador personal que utilice como escenario el día a día de las personas para mejorar su salud? Así nació youHealth.

Diseñé un   para que el organismo pudiera integrar estas herramientas en su ambiente cotidiano que es donde deben de funcionar y dar el cayo. El proceso se basa en aprender primero cómo funcionan estas herramientas, para ponerlas en práctica manteniendo un ambiente que incita a la confianza, la honestidad y la creatividad (CHC).

Una idea rondaba una y otra vez en mi cabeza. La vida de cada persona es diferente, su organismo es único, y estaba convencido de que mis experiencias personales transformadas en consejos generalistas no hacían justicia a la realidad. Entonces diseñé un algoritmo matemático que tuviera en cuenta tanto información subjetiva, las cosas que sentimos y pensamos en el día a día, como objetivas, mediciones por medio de un reloj inteligente de aspectos fisiológicos (ritmo cardiaco, respiratorio, emocional…). El objetivo era poder ofrecer a cada persona una estrategia personalizada que le permitirá convertirse en un elemento activo de su salud. Al hacerlo, la persona llega a la consulta y se remanga junto con el médico para ponerse manos a la obra con su salud, en lugar de pedirle al doctor que le cure.

 

 

A principios de mayo del 2017 youHealth fue presentado al mundo. En esta primera versión hemos desarrollado un entrenamiento que permite a las personas aprender e integrar herramientas y características naturales del organismo para mejorar la conexión con su médico interno, y hemos integrado en la aplicación una serie de mediciones subjetivas que nos permiten hacer propuestas personalizadas a cada individuo.

 

Vivir con la premisa CHC

El proyecto de youHealth ha ilusionado a mucha gente, lo que ha hecho posible concluir la primera parte del proyecto, pero aún queda mucho por hacer. Hemos desarrollado la aplicación solo para dispositivos Apple y hemos obviado las significativas medidas subjetivas, y no por gusto, sino por una cuestión meramente económica.

Paralelamente, toda la estructura institucional de youHealth se ha llevado a cabo con los mismos valores que promueven la aplicación: confianza, honestidad y creatividad (CHC). Es por eso, que la estrategia de difusión y comercialización sigue unas reglas poco usuales. Por ejemplo, youHealth es de descarga gratuita. Entras en AppStore, buscas la aplicación, la instalas en tu teléfono móvil o tablet y realizas el proceso sin coste, sin publicidad y sin interrupciones de ningún tipo. Al llegar al día 30, una vez que has terminado, tienes la posibilidad de colaborar con nuestra investigación. Para aquellos que se animan a hacerlo, hemos reservado el algoritmo personalizado que hemos llamado Autorreceta y preparado alguna sorpresa más.

 

 

Obviamente, esta forma de ver el mundo da un poco de vértigo porque estás dando, dando y dando todo, y solo si a la gente le toca el corazón, entonces recibes. Si no, no recibes nada. La premisa de CHC ha cautivado a todas las personas que forman parte del proyecto incluyendo a inversores (el tiempo dirá si también a las personas). Desde un punto de vista empresarial, muchas personas pueden pensar que la estrategia de youHealth está destinada al fracaso, porque invertimos todo lo que tenemos en investigar y desarrollar, y otros aspectos como el marketing quedan en un segundo plano. Bajo mi humilde punto de vista, hacer una campaña de marketing de miles y miles de euros cuando quedan tantas cosas por hacer e investigar en el mundo es opuesto a la confianza y, a veces, a la honestidad.

Aunque suene repetitivo, me gustaría hacer hincapié en que no prometemos nada, no cobramos por darte nada, simplemente ofrecemos una experiencia gratuita y, si resuenas, entonces colaboras para que podamos continuar investigando acerca de esta nueva visión de ver la salud. Ahora bien, si no puedes colaborar económicamente, no te preocupes. Por el simple hecho de utilizar youHealth ya estás colaborando. Los datos que recoge la aplicación son usados de forma anónima para realizar experimentos científicos que nos permiten conocer mejor al ser humano. Conseguir trasladar el laboratorio a la vida diaria de las personas ha sido todo un reto, además de un sueño personal cumplido.

Sea cual sea el futuro de youHealth nunca será un fracaso, sino una muestra de que la confianza, la honestidad y la creatividad pueden llegar a todos los rincones del planeta.

 

Neurosintaxis

El lenguaje lleva con el ser humano posiblemente 125.000 años (o eso dice Lieberman). Con él hemos enamorado, iniciado guerras, amargado la vida a más de un árbitro o compuesto La Barbacoa. Si quisiéramos cantar esta pegajosa obra de George Dan en todos los idiomas que existen en la faz de la tierra, contabilizaríamos alrededor de 6.000 versiones, 450 de las cuales se localizarían en Nigeria. Vamos que no siempre hablando se entiende la gente.

Lingüística para impacientes (en 100 palabras)


Noam Chomnski ha sido el balón de oro de la lingüística durante treinta años con su teoría “gramática universal”, donde el cerebro viene equipado con una serie de herramientas para organizar el lenguaje (un tema de genes), lo que otorgaba a los niños un “don” para formar frases gramaticalmente correctas.

Actualmente pocos resuenan con Chomnski. Los científicos ven al lenguaje como algo que se adquiere con la práctica, donde el cerebro (una navaja multiusos) va absorbiendo las reglas gramaticales del entorno, asociando ideas y generando categorías. Desde esta perspectiva, un bebé al que nadie habla no desarrollará lenguaje alguno.

¿Hacemos un experimento? La sociología de las palabras

Más que citar un artículo (el cual os tendréis que creer a pies juntillas) propongo un experimento. Programa la cuenta atrás del teléfono móvil a 10 segundos o pídele a alguien cercano que te avise transcurrido el tiempo. El objetivo es enumerar el mayor número posible de ciudades, da igual que hayas tenido tiempo de visitarlas o no, y no te olvides de contabilizarlas (puedes pulsar una tecla por cada una, pedirle a alguien que te las cuente o hacer un palito en la esquina en un papel por cada ciudad). Calcula el número total de ciudades que hayas sido capaz de recitar y guarda el resultado.

A continuación, repite el proceso con la particularidad de que ahora eres completamente libre de decir cualquier palabra que quieras siempre y cuando no sean cosas que estés viendo. Di cosas al azar que te vengan a la mente. ¿Preparados? Cuenta atrás a 10 segundos, palito va palito viene. ¡Tiempo! Haz el recuento.

Si no es mucho pedir, me encantaría que pusieras tus resultados del experimento como comentario al post. Me comprometo a recogerlos y a hacer el primer estudio científico basado en un artículo divulgativo y a publicarlo en mis redes sociales de forma anónima. ¡Gracias!

 

 

Analicemos juntos los resultados. En todos los casos con los que me he encontrado, el número de ciudades supera con creces a la modalidad libre del experimento. ¿Y esto por que? Entendamos lo que ha ocurrido durante el desarrollo del experimento en tu cerebro.

Mientras llevabas a cabo la primera parte, con la intención de buscar una palabra has enviado un WhatsApp al área de Wernicke diciéndole “Hola! q tal estás, I need you”. Entonces el área de Carlos (Karl Wernicke) echa un vistazo por la memoria en busca de ciudades. Aquí entran en juego otras regiones como la corteza visual o el giro angular, pero lo realmente importante es que cuando se ha salido con la suya (tenemos Moscú), el área de Broca se convierte en protagonista y tira de los hilos pertinentes (corteza motora) para que movamos la boca y generar el sonido.

En la segunda parte del estudio el área de Carlos le monta un poyo monumental a la memoria que pa qué (por torpe y lenta). Lo que ocurre es que la memoria está organizada por categorías (ciudades, nombres o discos de Sabina) y como no sabe en cual de ellas buscar se hace un lío tremendo.

Estas últimas líneas son para las mentes perversas y tiquismiquis. Si os preguntáis qué sucedería si una persona sordomuda realizara el mismo experimento usando el lenguaje de signos, ya os anticipo que hay más mentes perversas en el mundo que ya se han probado: su cerebro activa las mismas regiones cerebrales.

 

Neurosintaxis nivel I

 

Durante nuestro paso por el colegio o el instituto, los profesores no sólo intentaron meternos en la cabeza el orden y la relación de las palabras en una oración, sino también la función que cada palabra cumple: sujeto, verbo, complementos… ¿Os suena? Esto era la sintaxis. Lo que en breve descubrimos, es que la sintaxis para nuestro cerebro, llamémosla neurosintaxis, es diferente a la usábamos en las clases de lengua del instituto (que nadie se enfade con su profe después de esto).

La neurosintaxis es un término que me acabo de inventar el cual proporciona una pantalla en alta definición donde podemos ver cómo nuestro cerebro genera la realidad.

Asociando ideas a personas, lugares o cosas

En lugar de intentar explicarlo, te propongo leer detenidamente la siguiente secuencia tres veces I – B – R – N – S – J – D – U – I – L – U – E – Q – E – U. ¿Listo? Ahora cierra los ojos y trata de recordarla. La mayoría de los mortales sucumbimos después de los cinco-seis primeros símbolos. ¡Vaya caco mental!

Ahora repitamos el mismo ejercicio alterando simplemente el orden de las letras: J – E – S – U – L – I – N – D – E – U -B – R – I – Q – U – E. Seguramente no será necesario repetir si quiera la secuencia para poder recordarlo. Lo que ha ocurrido es que a estas letras colocadas de una forma determinada hemos asociado una idea (dantesca por cierto la imagen que viene a mi cabeza del torero Jesulín de Ubique con un sostén).

Nuestra memoria se agudiza cuando asociamos un conjunto de letras una persona, lugar o cosa. Además el comentario que me ha venido a la mente cuando he pensado en el torero pone de manifiesto otra característica crucial de nuestro cerebro: asociamos ideas a personas, lugares o cosas.


La regla de la persona, lugar o cosa (PLC)

Estamos en disposición de entrar a analizar uno de los trucos sintácticos del cerebro más grandes de la humanidad (releyendo esto igual he exagerado un poco. A veces me puede la emoción). Pongamos nuestra atención en la siguiente oración:

 

Aquello que sentimos (ya sea injusticia o rabia) cuando pensamos “Trump es malo” no viene dado por Trump sino por la idea asociada a Trump. Esto es vital para la neurosintaxis porque explica cómo aquello que sentimos viene producido por la idea que tenemos acerca de algo y no por la persona, lugar o cosa acerca de la cual tenemos esa idea. ¿Qué sería de tus enfados si esto fuera cierto? Revolucionario.

Aunque al principio pueda parecernos raro o irritante, esta visión terminará imponiéndose sin remedio por el simple hecho de que es como funciona tu cerebro. Además, por si aún sientes resistencia, si lo que sientes viene dado por Trump (como muchos hemos creído) todas las personas deberíamos sentir lo mismo al pensar en el presidente electo de los Estados Unidos. Sin embargo, hay tantas emociones como personas porque el origen de lo que sientes es siempre una idea y no una persona, lugar o cosa (y cuando se dice siempre quiere decir siempre).

 

Poltergeist

En esta oración, Donald es una especie de semidiós con la capacidad de ponernos rabiosos a miles de kilómetros de distancia. Un Poltergeist vaya. La idea de que el presidente de los Estados Unidos no tiene otra cosa que hacer que dedicarse a hacernos sentir rabia me resulta hasta divertida. ¿En serio? Y si se puede saber, ¿De qué manera exactamente nos pone rabioso Mr. Trump?

Llevemos a cabo una fugar investigación al más puro estilo Iker Jimenez. Por un lado, muy probablemente, el presidente de los Estados Unidos de América ni siquiera sabrá que existimos. Aún así lo responsabilizamos de nuestra rabia (no sólo no nos conoce sino que nunca nos ha dirigido la palabra). ¿Qué es entonces lo que hace que sintamos rabia? La idea omitida “Trump es malo”es la que genera nuestra sensación de rabia (concretamente «es malo»), y lo que solemos hacer es culpar a la PLC (Persona Lugar o Cosa). Al ver esto, aplicamos la regla PLC y tanto el fenómeno paranormal como las cacofonías desaparecen.

 

Complemento circunstancial de deshonestidad

Imaginen la hipotética situación, casi de ciencia ficción, en la que se llevan algo del trabajo (con un paquetito de folios me basta). Pongamos el pause para analizar la oración que nos lleva a cometer el hurto:

Las personas tenemos un detector de honestidad (corteza cingulada anterior) que toca la campana ante una situación de emergencia. Cuando te llevas el paquete de folios a casa estás diciéndole a tu organismo “soy un ser necesitado”. Esa carencia es lo que nuestro cerebro interpreta como real y la idea “soy un ser necesitado” pasa a ser el motor (lo que realmente sientes) activando la señal de alarma con las pertinentes consecuencias sobre la salud (aumento de la tensión arterial, frecuencia respiratoria y cardiaca, envejecimiento celular acelerado o depresión del sistema inmunológico entre otros). Esto es lo que llamo un complemento circunstancial de deshonestidad y, lo más importante, es que lo hacemos sin darnos cuenta.

Si has llegado hasta el final del artículo estás capacitado para responder una simple pregunta: ¿Cuál es tu idea acerca de la neurosintaxis? 

Neuroamor

Estaba pasando unos días en casa de mis padres y la televisión estaba, como de costumbre, encendida. Dentro de la caja tonta un grupo de personas se gritaban (algo insólito e inexplicable en televisión) así que miré a mi alrededor y, como no había nadie, tomé el mando a distancia decidido a poner fin a aquel disparate. Entonces ocurrió algo que hizo que mis pelos no sólo se pusieran de punta sino que salieran disparados de mis capilares, fueran a dar una vuelta por el cuerpo para iniciar un escalofrío, y luego regresaran tan panchos a formar filas. Un experimento espeluznante que trataba de congelar el momento exacto en el que dos personas se enamoran estaba siendo emitido en directo por televisión bajo un nombre en clave: Mujeres y hombres y viceversa. Aquello olía a gesta.

Así fue como decidí que este artículo hablaría de ciencia y amor romántico, al mismo tiempo que trataría de responder las cuatro preguntas que haría mi sobrino. A veces no hay más remedio que entrar en terreno pantanoso, cruzar el campo de batalla, estar al límite del fuera de juego o tener sexo en casa de los suegros, y para ello necesitas toneladas valor (no del chocolate mentes navideñas).

 

La química de “Mujeres y hombres y viceversa”

 

 

Aunque juraría que mi profesora de literatura del instituto escribiría “Mujeres, hombres y viceversa” (tema que dejaremos de la lado), este programa telecinquino ofrecía un tinglado del mismo calibre que el que encontraos en los experimentos científicos. Los participantes en el “estudio” (2 hombres y 2 mujeres de entre 19 y 30 años de edad) reciben pretendientes que acuden en busca del amor. El plató se convierte así en un laboratorio donde los encuentros se producen de lunes a viernes durante 75 minutos y el resto del tiempo continúan con sus vidas sin poder tener contacto alguno fuera del laboratorio. Cualquiera que no siga a rajatabla estas condiciones sería expulsado del experimento (y del programa). Continuando con la analogía, aquellas personas que ven pasar de largo las flechas de Cupido y no encuentran el amor romántico se convertirían en los sujetos de control.

Buscando precedentes en a literatura científica me encontré con dos investigadores de la universidad de Pisa en Roma que llevaron a cabo su “Mujeres, hombres y viceversa” particular, estudiando durante 6 meses a 48 parejas que han encontrado el amor. Un organismo enamorado cambia su bioquímica con la ayuda de cuatro hormonas (palomas mensajeras) que inducen cambios a nivel fisiológico: serotonina, dopamina, cortisol y testosterona.

 

 

La serotonina, hormona de la felicidad, esta relacionada con la calma y el bienestar lo que hace que el amor se equipare a veces con una “droga”. Al mismo tiempo la dopamina controla el centro del placer y regula nuestro comportamiento, la motivación y, por tanto, el deseo de repetir una conducta (es prima hermana de la serotonina). Por otro lado el cortisol se encarga de regular el estrés, mientras que la testosterona administra la energía física y mental, la generosidad, o promueve la protección de los futuros hijos y la sexualidad. Sumando los efectos de cada hormona se construiría la sensación de enamoramiento.

   

El cerebro enamorado

 

 

Puede que os hayáis dado cuenta de las estupideces que hacemos los seres humanos o de lo complicado que resulta hacer “entrar en razón” a alguien cuando está enamorado. Pues bien, este comportamiento tiene una base neurología. El titular sería: “Un cerebro enamorado desconecta la corteza prefrontal”. Éste área (que cubrirías con la palma de la mano si la pusieras sobre la frente) se asocia normalmente al razonamiento y permite que nos anticipemos a las cosas. Una corteza prefrontal enamorada se vuelve un ni-ni, un adolescente perdido que no teme a las consecuencias y presenta un Trastorno Obsesivo Compulsivo hacia su amado. Así que madres, padres, amigos o amigas de todo el mundo, no traten de hacer entrar en razón a ninguna corteza prefrontal enamorada porque están perdiendo el tiempo; su cerebro ha desconectado el razonamiento. Es mucho más fácil morderse el codo que razonar con un cerebro enamorado.

 

4 preguntas difíciles acerca del amor romántico

Después de que probablemente hayan intentado morderse el codo, me gustaría subrayar que hasta ahora nos hemos encargado de las cuestiones “fáciles” (aquellas que la ciencia formula y podemos medir en un experimento con un reactivo o haciendo uso de un dispositivo de neuroimagen). Ahora es el turno de las preguntas difíciles: las que haría mi sobrino de once años acerca del amor romántico. 

Para estar realmente preparados para responder a las preguntas difíciles, tan sólo nos falta saber que el amor romántico presenta 3 etapas diferenciadas donde en cada una de ellas tanto las hormonas implicadas como la actividad cerebral son diferentes. La fórmula del amor romántico sería algo así: 

AMOR  = ENAMORAMIENTO + AMOR PASIONAL + CONSOLIDACIÓN/DISOLUCIÓN

 

 

4. ¿Cuánto dura el enamoramiento?

La función principal del enamoramiento es procrear y aprender. Esta primera etapa del amor romántico sería la que experimentaríamos en nuestro paso por Mujeres, hombres y viceversa (ni imaginármelo quiero) donde una serie de cambios bioquímicos capitaneados por la serotonina, dopamina, el cortisol y la testosterona, y neurológicos (desconexión de la corteza prefrontal) nos llevan a la pasión, al desenfreno, a la búsqueda de intimidad y al compromiso. Estudios longitudinales (que durante años dan seguimiento de los participantes) avisan que los cambios bioquímicos del enamoramiento desaparecen sin dejar rastro transcurridos entre uno y dos años.

 

3. ¿Qué ocurre cuando se acaba el enamoramiento?

Una vez superada la etapa de enamoramiento la configuración neuroquímica de organismo cambia significativamente. Las estrellas de la película pasan a ser la oxitocina y la vasopresina quienes reducen el estrés y aportan la confianza necesaria para consolidar la relación. Nos encontramos en la etapa de amor pasional donde el objetivo es la estabilidad, el equilibrio y la seguridad. Desde un punto de vista neurológico vamos recuperando paulatinamente la conexión con nuestra querida corteza prefrontal y, con ella, el razonamiento.

Que quede claro que “desenamorarse“ no implica pérdida alguna de pasión sexual o romántica. La relación se asienta y el aprendizaje se dispara; se cruzan los límites de la intimidad y se afianza el compromiso (esto se ve genial en el modelo de Sternberg, que pena que las imágenes tengan copyright). Aquí es cuando decimos “tengo una relación”. El periodo medio de amor pasional puede extenderse hasta los cuatro años.

 

2. ¿Tiene el amor pasional fecha de caducidad?

Recapitulemos. Nos enamoramos (durante uno o dos años), consolidamos una relación basada en la pasión y el compromiso (hasta cuatro años), y luego la mayor parte de las personas tenemos la sensación de que la relación se “enfría”. ¿Y esto por qué? Principalmente porque tras cuatro años de relación desaparece cualquier rastro químico o neuronal de amor romántico.

Estudiando las tasas de divorcios varios investigadores han reparado que el 50% de las parejas se rompen poco después de celebrar su cuarto aniversario. Con estos números bajo el brazo el amor romántico parece tener fecha de caducidad.  Los científicos encontrado una excusa biológica, y es que son cuatro años los que necesitamos para que nuestros bebés sean autosuficientes.

La ausencia de algún tipo de química del amor se traduce en una disminución de la pasión e intimidad y la relación pende del hilo del compromiso. La pareja entra en un periodo crítico. En esta tercera etapa la relación puede convertirse en amistad (lo que conoce como «amor vacío») o que ambos sigan “enamorados” como el primer día (algo que bioquímica y neuronalmente no es posible. Entendámoslo como una forma de hablar). Según el investigador norteamericano Art Aron el 70% de las relaciones de se convierten en amistad mientras que el 12,5% de las parejas siguen enamoradas como el primer día.

 

1. ¿Cómo seguir enamorado como el primer día de tu pareja tras haber celebrado las bodas de plata?

 

 

Responder a esta pregunta supondría tener en nuestras manos el Santo Grial de las relaciones o el amor verdadero de las películas de Disney. Cuando los científicos hemos estudiado a las parejas que tras celebrar sus bodas de plata, oro o platino estan tan enamorados como el primer día, nos hemos encontrado a personas que destacan por su generosidad, hombres y mujeres muy sociables que tienden a ver la cara buena de las cosas y disfrutan compartiendo con los demás.

 

Neuroamor

Los seres humanos somos uno de los pocos seres vivos que ponemos patas arriba la casa buscando unas gafas que llevamos puestas, pagamos 6 meses de gimnasio de golpe o nos felicitamos el año hasta el mes de febrero. En este camino del neuroamor me he hecho muchas preguntas y encontrado respuestas. ¿Es posible tener una relación a distancia? ¿Afecta de igual manera una relación a 10.000 km al cerebro y a las hormonas? ¿Es el amor algo realmente universal? ¿Por qué los hombres se enamoran con más facilidad que las mujeres? o ¿Cómo es es que ver películas de amor con tu pareja reduce la tasa de divorcio?

 

 

Compartiré en breve estas y otras tonterías que se me pasan por la cabeza. Aprovechando las fechas me gustaría desearles a todos aquellos que aumentan sus dioptrias leyendo mis artículos (sólo a ellos): ¡Feliz año nuevo!

 

Bibliografía

Zak, P.J., et al., Testosterone Administration Decreases Generosity in the Ultimatum Game. PLOS ONE, 2009. 4(12): p. e8330.

de Boer, A., E.M. van Buel, and G.J. ter Horst, Love is more tha hust a kiss: a neurobiological perspective on love and affection. Neuroscience, 2012. 201: p. 114–124.

Yela, C., Temporal course of the basic components of love throughout relarionships. Psychology in Spain, 1998. 2(1 ): p. 76-86.

Kalmijn, M., Explaining cross-national differences in marriage, cohabitation, and divorce in Europe, 1990–2000. Population Studies, 2007. 61(3): p. 243-263.

Fisher, H., Lust, attraction, and attachment in mammalian reproduction. Hum Nat 1998. 9: p. 23–52.

Rial, A., Repensar el cerebro. Sin fronteras. Cátedra de divulgación científica. 2016, Velencia: Universidad de Valencia.

Mi cerebro se va de botellón

Fui de la generación del botellón para que negarlo. Si al mirar atrás ves un ir y venir de amigos, bancos, parkings, escaleras, parques, playas, de botellas de marca la pava, bolsas de hielo y vasos de plástico; e ahí la prueba.

Al pasar los 30 eso del botellón no está bien visto (ahora lo más apropiado es tomar Gin Tonic), aunque si te criaste en la época del botellón es normal que te den ganas de volver a beber en la calle cuando pides un Gin Tonic (al que quién sabe por qué le ponen kiwi flameado y especias) y te clavan 12 €. Esta situación, basada en hechos reales, me hizo reflexionar y me propuse escribir un artículo al respecto. Este es el resultado.

Con este artículo he quiero responder a algunas de las preguntas acerca del alcohol y el organismo que se han ido acumulando a lo largo de los años como por ejemplo: ¿Cómo afecta el alcohol a mi cerebro? ¿Por qué tenemos resaca? ¿Qué hace que con la edad las resacas sean monstruosas? ¿Cuál es el mejor kit de supervivencia para la resaca? ¿Por qué después de una borrachera épica a base de Martinis no puedo ni olerlo?

 

Resaca: una historia de amor

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Rebuscando entre artículos científicos acerca de los efectos del alcohol en el organismo, lo que menos te esperas es encontrar una apasionante historia de amor. Pero así fue. El alcohol (Romeo) y los receptores de glutamato (Julieta) sienten al encontrarse una atracción tan fuerte que cuando se ven por primera se produce un flechazo, y ambos se funden para siempre en un eterno abrazo. Como consecuencia de ello mis receptores de glutamato quedan inutilizados.

Aquí comienza el culebrón. Cuando el glutamato, quien está comprometido con el receptor de glutamato, se entera de la infidelidad se deprime y mucho. Resulta que el glutamato es importante porque se encarga de excitar las conexiones entre neuronas (las archiconocidas sinapsis), y como el glutamato no hace más que llorar y gastar Clinex, el funcionamiento de mi cerebro se resiente. Como cualquier pareja joven y apasionada, los receptores de glutamato y el alcohol tienen sus lugares favoritos. Les gusta proclamar su amor por el hipocampo (memoria), la amígdala (emociones) y el cuerpo estriado (movimiento y otros menesteres). ¡Esto me pasa por beber! ¿No? En parte sí, pero resulta que ocurre lo mismo cuando me como un buen chuletón (debido a la grasa animal) o media docena Cup Cakes (gracias a la bomba de azúcar).

Mientras tanto, el alcohol se va apoderando de mi cuerpo y lo altera. Uno de los más perjudicados es mi hígado dado que cambia su forma de funcionar (su metabolismo vaya), lo que se traduce en una escasez de azúcar en sangre.  Otro aspecto interesante (para sentirme como si me hubiera pasado un camión por encima) es que el alcohol es diurético y hace que me pase la noche yendo al baño como si no hubiera un mañana. El resultado: deshidratación.

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Al final la historia de amor acaba con un final trágico. En mi cerebro el alcohol entra repartiendo manporros a las neuronas al más puro estilo Bud Spencer. El alcohol es nuerotóxico y hace que un buen puñado de mis neuronas mueran. En una persona sana, las neuronas sólo mueren por un golpe fuerte en la cabeza o debido a tóxicos. Y aquí ni el kiwi, ni las especias, ni San Pancracio pueden hacer nada. De todos modos (mamá no te preocupes) en mi hipocampo nacen unas 700 neuronas cada día (y también en otras partes del cerebro).

¿Qué hace mi organismo con el alcohol? Su estrategia es convertir algo tóxico en algo inofensivo. ¿Cómo? En el hígado hay dos enzimas encargadas de convertir el alcohol (tóxico como el sólo) en un inofensivo acetato. Lo que ocurre es que cuando la concentración de alcohol es muy elevada (como ocurre con el whisky o la ginebra), nuestro hígado tiene más trabajo que el polígrafo de «Salvame» y no da a basto. En este contexto, nace el hijo del alcohol y los receptores de glutamato: la resaca.

 

Dormir la mona

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La mejor forma de eliminar toxinas es durmiendo porque es cuando viene la mujer de la limpieza. Mientras en mi organismo el sistema linfático se encarga de recoger la basura celular, en mi cerebro el tamaño de las células se reduce un 60% y se lanza un chorro de líquido cefalorraquideo para limpiar toxinas (sistema glinfático) que arrastra la porquería hasta el hígado donde finalmente pasan a mejor vida.

Esto es muy lógico. Imagina que los barrenderos salen a limpiar las calles con la manguera a las 9 de la mañana. La ciudad despierta, el tráfico es denso, tardan una hora mas en llegar al lugar. Luego empiezan a mojar a jóvenes que van a la escuela o ejecutivos, reciben quejas, y tardan dos horas más en hacer si trabajo. Esto no es eficiente. Y al organismo le obsesiona la eficiencia. En resumidas cuentas, la noche que decido irme de botellón es para mi cuerpo como para un pueblo sus fiestas patronales, y el hígado es el pringado que le toca hacer turno triple.

 

La resaca y la edad

A los 18 años comienza a confabular nuestra piel para tejer las primeras arrugas (la regeneración no da a basto). A partir de los 30 la tendencia de es a perder músculo y ganar grasa. Celebramos nuestro 40 cumpleaños produciendo menos saliva (nuestra pasta de dientes antibacterias natural) y los dientes se quedan en cueros, o a los 65 la voz cambia el tono debido a que se “aflojan” las tuercas de los tejidos blandos de la laringe. Vamos que con el tiempo en nuestro organismos van cambiando cosas.

 

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Aunque nos preparemos brebajes más caros o sofisticados, los estudios científicos muestran que con la edad tenemos más grasa (y menos líquido) por lo que estamos peor hidratados y nuestro hígado se hace más vago (en concreto la culpa es de las enzimas que se encargan de metabolizar el etanol). Vamos que el alcohol resulta más tóxico porque lo eliminamos peor y nuestros órganos se vuelven más sensibles a la toxicidad, lo que hace que al pasar los 30 el tiempo necesario para recuperarse de una resaca se alarga sin compasión (dos días no te los quita nadie).

 

Kit de supervivencia para la resaca

Dos cosas que te resultarán muy útiles para tus futuras salidas nocturnas. La primera es tener presente las bebidas alcohólicas que más resaca dan. De mayor a menor: coñac, vino tinto o calimocho, ron, whisky, vino blanco, gin tonic, vodka y cerveza. (Sí, estoy de acuerdo que antes de los nombres que le hemos puesto a los volcanes, deberían habernos enseñado esto en el colegio).

Con esto en mente, y una vez elegido el tóxico de la noche, propongo sin más dilación un kit de supervivencia para la resaca:

KIT DE SUPERVIVENCIA PARA LA RESACA


  • Antes y después dela juerga, un buen chute de carbohidratos.
  • Bebe toda el agua que puedas (si es entre copas mejor).
  • Duerme lo máximo posible.
  • Prohibido el café (es diurético y, aunque despierta, terminaría por deshidratar igual que el alcohol… malo).
  • Come fruta (peras, manzana un poco oxidada o naranja).
  • Si como yo has pasado los 30, plantéate tomar un sabroso Ibuprofeno antes o al levantarte.
  • Para la sensación de sentirse minúsculo o de que el mundo es una m**r*a… lo mejor son mimos.

 

También puedes no beber alcohol si no te apetece (en serio, te lo pasarás bien igualmente). 

 

¿Por qué no puedo oler el Martini?

Hace más de quince años me pillé una buena borrachera a base de Martini. Desde entonces, es oler el Martini y…. ¡Buuaahhhhhhgkas! ¿Cómo es posible que el olfato evoque ese recuerdo tan intensamente?

 

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Al servirme un Martini millones de moléculas se desprenden y algunas de ellas llegan a mi epitelio olfativo (en cristiano tejido olfativo). Allí le esperan alrededor de 15-20 millones de neuronas bañadas en moco que están conectadas al bulbo olfativo (como el escaparate de una perfumería). Lo interesante es que milésimas de segundo después, en su camino por el cerebro, la información del olfato relativa al Martini atraviesa las zonas que se encargan de mis emocionessentimientos (corteza insular y amígdala), lo que hace que aquello que huelo se vuelva emotivo y sentimental.

Los olores no son algo físico del alimento sino una experiencia mental. Lo mismo ocurre con todos los sentidos y también con la memoria. Este punto es clave para entender cómo un olor puede generar un estigma en mi memoria, y nada más encontrarse mi epitelio olfativo con moléculas de Martini, mi cerebro hace que sienta un asco que pa qué.

Gracias a Dios estamos genéticamente programados para tener comportamientos como este, así la estupidez que me llevó a tomar 6 vasos de Martini hace más de quince años, y pasar aquella resaca épica, no se volverá a repetir (al menos con Martini). ¡Salud!

 

Referencias

  • Bueno, D., Cerebroflexia: El arte de construir el cerebro. 2016, Barcelona, España: Plataforma editorial.
  • Meier, P. and H.K. Seitz, Age, alcohol metabolism and liver disease. Curr Opin Clin Nutr Metab Care, 2008. 11(1): p. 21-26.
  • Estupinyà, P., El ladrón de cerebros: Compartiendo el conocimiento científico de las mentes más brillantes. 2010, Barcelona, España: Debate.