¡Quiero mi zanahoria!

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¿Cuál es tu zanahoria?

 

Es un nuevo coche, un ascenso en el trabajo, tener una vida perfecta, conseguir pareja, o tal vez es, encontrar la felicidad, viajar a la Antártida o terminar una prueba ironman. ¿Qué sueños, proyectos y deseos tienes?

Muchos de nosotros, entre los cuales me incluyo, tenemos idealizaciones, motores en nuestra vida que nos impulsan para avanzar, saltar situaciones y superarnos. Incluso dentro de las técnica del Coaching trabajamos con un lenguaje orientado a objetivos, acompañamos para conseguir lo que quieras y alcanzar tus sueños, transformándolos en en visión mediante la acción.

Posiblemente si te paras a pensar, encuentres a tu alrededor, un campo lleno de zanahorias que te gustaría conseguir. Hoy quiero pararme a reflexionar sobre si esa zanahoria que tanto ansiamos, es ecológica o por el contrario lleva demasiados pesticidas dañinos para nuestro cuerpo y mente.

Me estoy refiriendo en concreto a que en muchas ocasiones, ese ideal que imaginamos, es un introyecto adquirido de nuestros padres, aquello que ellos no pudieron alcanzar y nosotros como hijos debemos esforzarnos para conseguir, está movilizado por la culpa, por los ideales de la sociedad, por la empresa en la que trabajo o por tantos otros factores.

Es un ideal bastante tirano, que nos mueve hacia la acción, hacia el hacer y nos separa del contacto con nuestro ser. Como apunta Reyes en su libro El origen de la infelicidad:

 

«La zanahoria es la trampa que desea el conejo, pero que en realidad es su perdición» . (Reyes, 2015).

 

Su perdición porque una vez conseguida, nuestra mente vuelve a concentrarse en otro ideal casi inmediatamente (Reyes, 2015). Por tanto, nos requiere un esfuerzo continuo.

En ciertos caracteres, (psicopáticos, eneatipos 6 y 3 del Eneagrama), esta tendencia al esfuerzo se acentúa aún más. Son muy esforzados, no encuentran su sitio en el trabajo, en la familia, en la vida y todo se convierte en un esfuerzo para conseguirlo. Les cuesta rendirse y reconocer sus propios límites. Hay una mirada hacia el futuro desde el miedo al fracaso y desde el qué van a pensar de mi. Si me rindo, habré fracasado, no puedo doblegarme ahora, no puedo doblar mis rodillas, van a ver mi debilidad.

En lo que he podido ir explorando en mi propio carácter y en el de personas a las que he acompañado en sesiones de coaching y terapia, detrás de este esfuerzo tan intenso hay un tirano, un policía al que le cuesta doblegarse, y sobre todo, una gran desconexión con su ser real. Dificultad para abrir el corazón y mucho apoyo en el exterior, en cuestiones que nada tienen que ver con él o ella. Una obligación por hacer todo bien de cara a la galería.

 

¿Qué puede ayudarnos para conectar con nuestro equilibrio?

 

Fundamentalmente, contactar con nosotros mismos desde la ternura, desde el amor y la aceptación de nuestros límites. Mirarnos al espejo y tener la valentía de ver nuestra vulnerabilidad. Trabajar la espontaneidad como una manera de decir lo que pensamos, sin medias tintas, y sin ocultarnos bajo nuestro caparazón de frialdad.

Recoger las proyecciones que lanzamos, culpabilizando a otros y bajar el tono de la culpa que sentimos dentro de nosotros mismos. Responsabilizarnos de lo que queremos y de lo que somos.

 

Una zanahoria ecológica

 

Por ello creo que es importante que  recordemos que cualquier objetivo que queramos marcarnos en nuestra vida sea real, alcanzable, medible y en mi opinión, por encima de todo, que sea ecológico. Es decir, que lo que queremos alcanzar está en sintonía y equilibrio con nuestro SER y con nuestro entorno. Que hagamos el planteamiento desde el cuidado y amor.

 

Y qué hay de nuestra felicidad

 

Reyes, plantea en su libro algunas ideas:

 

«Podemos aprender a vivir sin zanahoria, con la libertad de aquel que no la necesita o perseguir la zanahoria sin que nuestra felicidad dependa de ello». (Reyes, 2015).

 

Que nuestra felicidad no dependa de factores como tener una casa más grande, una profesión de mayor prestigio, una pareja más perfecta, ser más alto o más delgada, etc. Dejar de proyectar a un futuro incierto y volver a confiar, con una mirada en lo único que tenemos, el presente.

 

Bibliografía:

Adorna Castro, R. (2015). El origen de la infelicidad. Bilbao. Desclée De Brouwer.

Albert Gutiérrez J.J. (2014). Ternura y Agresividad. Barcelona. La Llave.

 

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Pareja equilibrada: juntos pero no revueltos

Sentirse bien individualmente y al mismo tiempo sentirse bien en pareja es una de las grandes metas de una relación. Crecer a nivel personal y hacerlo a la vez al lado de la persona a la que queremos, es una búsqueda ansiada. Y es por ello que uno de los aspectos más importantes -y a la vez más difíciles- a la hora de «negociar» nuestras relacionales es encontrar el equilibrio entre los límites del espacio individual y el de la pareja.

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Según diversas investigaciones recogidas sobre conflictos en la pareja (Will,1978) el principio de deslinde, entendiendo éste como aquel que regula los límites dentro y  fuera de una relación:

«Es uno de los elementos clave a la hora de predecir el éxito en la pareja, ya que los límites internos regulan el continuo dependencia/independencia entre ambos miembros y los límites externos marcan la distancia entre la propia pareja y el mundo exterior (amigos, hijos, trabajo, familias de origen, etc.).»

La propia dinámica interna a la hora de abordar los conflictos,  la «mochila» individual que cada uno aporta a la relación sobre el modelo de amor que tengamos -heredado mayoritariamente del contexto socio familiar- y la capacidad de gestionar estos límites, – que la mayoría de las veces son asumidos como reglas implícitas pero no hablados a priori-, van a influir en la configuración de diferentes tipologías de pareja según el grado de flexibilidad del deslinde: la simbiótica, la desligada y la interdependiente.

Modelos de pareja y dificultades asociadas

La simbiosis: unid@s por el cordón umbilical

Al inicio de una relación de pareja, en la etapa de enamoramiento, suele darse de forma habitual la fusión natural entre sus miembros y el aislamiento «del mundo exterior». Es una sensación casi primitiva, necesaria y psico fisiológica, que conlleva un estado de placer, -casi de Nirvanay que favorece, en un primer momento, la unión y el conocimiento de ambos.

Sin embargo, si con el paso del tiempo ese modelo no se abre y se flexibiliza, puede dar lugar a lo que conocemos como ideal de «la media naranja» o  la «fusión cósmica», en la que ambos sienten de manera idílica que uno forma parte del otro, como un dos en uno,  compartiendo juntos tanto el tiempo necesario para el espacio personal como el común de pareja.

Si bien en este modelo la pareja lo vive con armonía y completitud- a pesar de la evidente renuncia a la libertad personal y social de ambos- las dificultades pueden aparecer cuando las circunstancias propias de la vida obliguen a que la estructura de la relación cambie (nacimiento de hijos, enfermedad, distancia por cambio de trabajo, crisis personales, etc.) y uno de los dos -o ambos- no consiga aceptar el necesario proceso de separación e individuación del otro, frustrándose con arduos intentos de seguir en el modelo idílico anterior.

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Dentro de este modelo, también se incluirían las relaciones embudo o aquellas en las que de forma complementaria un miembro queda ´engullido´ en la definición del otro. A modo de ejemplo tenemos las relaciones propias de la herencia patriarcal (‘señora de’, ‘mujer de’) donde los límites del espacio personal han quedado atrapados en el embudo de la relación, o uno de los dos ha quedado invisibilizado bajo el poder y la identidad del otro. En estos casos, los sentimientos de confusión, de sentirse fragamentado/a y de codependencia son grandes predictores de la mayoría de las crisis en la relación. Dificultades que se dejan ver tanto a la hora de romper la pareja y comenzar a «reconstruirse» y empoderarse de manera independiente como a la hora de restablecer la dinámica interna de la relación a fin de que ambos puedan encontar su propio «su sentido de sí mismo» sin necesidad del otro.

El desligamiento: ¿pareja o (des)conocidos?

Este modelo es propio de las parejas que, o bien por experiencias pasadas o bien por modelado (familiar, socio cultural), poseen un creciente miedo a la pérdida de identidad, a la renuncia del espacio personal y al desarrollo de la intimidad. Esto da lugar en muchas ocasiones a establecer límites extremadamente abiertos o flexibles respecto del exterior, para así asegurarse una sensación de pseudo-seguridad y pseudo-control afectivo pero que al mismo tiempo va limitando la convivencia amorosa en común, convirtiéndose cada vez más en compañeros conocidos que en pareja.

En este tipo de relaciones, si con el tiempo la estructura se enquista y se polariza, la falta de comunicación y de contacto íntimo -que incluye confianza, apoyo, conexión nutricional y apego– puede dar lugar a un mayor distanciamiento, exceso de espacios individuales y la consiguiente ruptura. En otros casos, se introduce la triangulación de un tercero en la pareja (un hijo/a, trabajo, una infidelidad) que mantiene a «salvo» la relación pero manteniendo la lejanía emocional entre ambos.

La interdependencia: entre la seguridad afectiva y la libertad personal

Son aquellas parejas que previo trabajo de auto conocimiento intenso y una puesta en marcha de un modelo propio y flexible, consiguen una danza equilibrada entre el espacio personal, el espacio exclusivo de la relación y el común con el exterior. La conexión se produce por el placer de compartir y crecer juntos sin miedo a la pérdida de identidad individual. Al mismo tiempo que el crecimiento individual y social retroalimenta y potencia la relación de pareja.

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Si bien es el modelo con mayor predicción de éxito en estabilidad y satisfacción a largo plazo, su mayor dificultad reside en la exigencia de una mayor capacidad de adaptación, en un ejercicio de autocrítica y automotivación y en el cuidado diario y recíproco de los aspectos más valiosos de la relación.

Un modelo a medida

El cómo diseñar y vivir en un modelo que mantenga el equilibrio entre los límites internos y externos de una relación, dependerá siempre de cada pareja y de su proceso personal: de su historia de vida, de su modelo familiar, de su propias expectativas, etc. No existe un manual de instrucciones tipo IKEA donde el modelo estándar esté creado de antemano y pueda hacerse un copy&paste, pero sí existen unas condiciones a priori que favorecen su aprendizaje y potencian su éxito.

 

Referencias bibliográficas: