Elección de pareja: ¿somos libres de la herencia familiar en la repetición de patrones dolorosos?

Desde mi humilde experiencia, y gracias al trabajo personal que he estado haciendo en los últimos años, puedo ver de forma cristalina que las elecciones de pareja que he hecho nunca han sido aleatorias. Podemos decir que el azar o el destino están implicados en las personas con las que nos hemos cruzado durante los años, pero la verdad es que los fenómenos de atracción y de apego tiene una explicación mucho menos romántica. Algo que ya pudimos ver con el artículo de nuestro compañero Hugo.

 

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La triste realidad es que no somos tan libres como pensamos, y que las elecciones que hacemos vienen determinadas por la herencia psicológica que llevamos con nosotros, ya que esperamos encontrar a alguien que sea compatible con lo que cada miembro de la pareja ha heredado durante generaciones.

Si nos fijamos bien en cualquier pareja de nuestro entorno, veremos que hay características que se parecen, y otras que se complementan. Pensemos por ejemplo en una pareja en la que ambas personas tienen un gran sentido de la responsabilidad, tienen un carácter fuerte y mucha determinación. En estos valores, que ambos han heredado de sus sistemas de origen, se reconocen.

Por otro lado, ella es divertida y se ríe continuamente. Mientras que él es una persona seria. En este caso dichas características no encuentran una homóloga en la pareja. Sino que se complementan. Y son los rasgos que generarán atracción entre las dos personas.

 

Lo que nos atrae de la pareja

Según la psicología sistémica y la psicogenealogía, lo primero que nos interesa de una pareja, al conocerla, es encontrar esa mínima base de características parecidas para podernos entender con el otro. En el ejemplo anterior sería el sentido de la responsabilidad, el carácter fuerte y la determinación.

Estos puntos en común funcionan como facilitadores de la relación, pero realmente no tienen mucho que enseñarnos porque ya los llevamos en nuestra propia herencia. Garantizan la compatibilidad a un nivel básico, pero no aportan nada nuevo. Son importantes para la colaboración de la pareja, pero no resultan atrayentes.

Lo que nos atraer verdaderamente de la otra persona son esas características que no tenemos nosotros. Lo que carecemos pero nos gustaría tener. Es la búsqueda de lo que nos complementa, porque nos falta. En el ejemplo anterior, él se va atraído por la alegría de ella, porque él no la tiene. Al igual que ella se ve atraída por la seriedad y la compasión de él, ya que se ve incapaz de asumir situaciones que requieran dichas actitudes.

Así, la pareja aspira a ser un todo completo. Como si cada uno de sus miembros hubiese firmado un poder, cada uno de ellos puede vivir lo que se le ha prohibido vivir en su familia de origen a través del otro. Este complementariedad crea una admiración profunda entre ellos, una atracción que conduce a la pasión.

La pareja se construye sobre el compromiso de que cada uno suplirá las carencias del otro para ser una pareja completa y feliz. Aunque no es oro todo lo que reluce. Con el tiempo, lo que al principio resultaba atrayente se convierte en un fastidio, porque obliga a cada miembro de la pareja a encasillarse en una especialización de la que no puede huir. Y porque generará una relación de dependencia. Con los años, este «fastidio» se puede hacer que la pareja vegete, muera o madure.

 

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Espejos que  no queremos mirar

Aunque esto es lo más común, en ocasiones puede ocurrir lo contrario. Si en tu sistema de origen la prohibición de expresar una emoción o un comportamiento fue muy fuerte, sólo con verla en otra persona nos generará mucho rechazo. Y bajo ningún concepto querremos vivirla a través del otro. En vez de admiración, sentiremos envidia consciente o inconsciente hacia la característica que la otra persona puede expresar y que nosotros no podemos desarrollar.

Entonces, la atracción se convierte en repulsión o atracción conflictiva. Esta atracción nos moviliza a un combate hacia la persona que posee la «atracción prohibida» en nuestro código. Fenómeno que tiene el nombre de polarización.

Esta polarización es la que explica las antipatías entre las personas. La gente que nos cae peor son las que más pueden enseñarnos sobre nosotros mismos. Lo que sentimos hacia alguien que nos resulta antipático puede enseñarnos lo que tenemos reprimido en el fondo de nuestro corazón, ya que no nos damos permiso para sentirlo.

Los fenómenos de procuración (poder que una persona da a otra para que ejecute algo en su nombre) y de polarización son posibles gracias a la proyección que hacemos en la otra persona de aquellas partes menos desarrolladas de nosotros mismos. La proyección es inevitable ya que nos permite exteriorizar las tensiones que estos déficits nos crean.

 

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Elección de pareja

Las prohibiciones, derechos y prohibiciones que hemos interiorizado de nuestra familia de origen, así como las carencias que hemos vivido en nuestra vida producto del entorno, explican cierto número de criterios que tenemos en cuenta a la hora de escoger una pareja.

Toda esta herencia jugará un papel fundamental en nuestra elecciones. Por ejemplo, una mujer que tuvo un padre que vibraba con la libertad, la locura y la originalidad, no elegirá esas características en su pareja, porque pudieron ser las razones de haber vivido muchas carencias económicas durante la infancia. Así, preferirá valores como la estabilidad y la seguridad material.

Estas características, que serán muy valoradas por dicha mujer, no serán las que despierten su pasión. Además, ella deberá buscar otras vías para poder expresar la libertad, la locura y la originalidad que ha heredado y forman parte de ella.

De la misma manera él, que creció en un entorno acomodado, no buscará esas características en su mujer. Ya que él necesita el complemento que le permita vivir esa locura y originalidad que tuvo prohibido en su infancia.

 

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Desarrollo del potencial

El potencial de crecimiento de cada uno de los miembros de la pareja es una fuerza con la que hemos nacido y que nos es propia. Esa fuerza, bien canalizada, nos lleva a la autorealización. Aunque a algunas trayectorias vitales son más propias que otras para ese desarrollo, en cuanto que contienen los estímulos y recursos necesarios para que crezca. Además, estos recursos deben combinarse con las capacidades y la motivación de la persona para que se de una eclosión completa.

La herencia con la que hemos de vivir una vez que abandonamos nuestra familia de origen tiene todos los componentes innatos y adquiridos de este potencial. Donde las capacidades y la motivación del individuo no se han podido desarrollar, se creará, como en el caso de las emociones, un canal de derivación que compense las carencias. Esa pérdida de parte del potencial no explotada quedará en suspenso y la forma en que se exprese influirá en las relaciones de pareja.

La parte de renuncia y l aparte de realización del potencial marcarán la trayectoria persona, de pareja y familiar.

 

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El éxito

Cuando nos unimos a otra persona desarrollamos, consciente o inconscientemente un proyecto común en relación al éxito. Por muy evidente que nos parezca que todo el mundo quiera llegar a tener éxito, conseguirlo o no depende de muchos más elementos que el simple hecho de desearlo o de tener una voluntad consciente para ello.

Crecemos en base a un «código legal» que rige la vida familiar, registrando muchos datos contradictorios, contenidos en ese código, relativos al tema del éxito.

Según Vincent de Gaulejac: «Los padres quieren que sus hijo tenga éxito y consiga un estatus más prestigioso que ellos; pero al mismo tiempo, no desean que sea demasiado diferente a ellos mismos, que no se convierta en un ser extraño y que no sienta la necesidad de renegar de sus orígenes. Quieren que sea otro siendo el mismo, con lo que implantan una contradicción entre lo idéntico y lo diferente en la construcción de la identidad del hijo».

Por ejemplo, una pareja puede tener diferentes conceptos del éxito. Ella, pudo vivir en una familia en la que se le inculcó que tener éxito es sospechoso, y más aún cuando uno se hace rico. Por consiguiente, los ricos corren el riesgo de ser rechazados por el mero hecho de serlo. Por su parte, él pudo aprender que el éxito sólo se consigue a través de una feroz competición en la que se excluyen los afectos. Por consiguiente, por mucho que esta pareja desee tener éxito, difícilmente lo tendrán nunca…

El potencial conyugal sólo podrá fraguarse un camino si se llega a un compromiso entre los deseos de cada uno, las condiciones para alcanzar los objetivos y las prohibiciones. Y teniendo en cuanta que los dos últimos elementos los hemos aprendido de forma inconsciente en el seno familiar, tendremos que hacer un trabajo profundo para sacarlos a la luz, en primer lugar, y decidir si en nuestra vida tienen algún sentido.

 

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Fuentes:

  • Psicogenealogía. Daris y Lise Langlois. Ediciones Obelisco. 2 edición del 2014.

Fotos:

 

Reintegrando lo bueno que hay en nosotros mismos (y estamos proyecto hacia fuera)

Hace unos meses empecé a leer “Un curso de milagros”. Cada día leo unas páginas, y cada día encuentro algo que me hace entender un poco mejor lo que ya se está integrando dentro de  mí.

Cuando te explican qué son las proyecciones, y cómo nuestra realidad es una “constante proyección”, generalmente lo entendemos a nivel cognitivo. Pero raras veces cala en nosotros de verdad. Como con la mayoría de “comprensiones” importantes en nuestra vida, tiene que ser vivido. Tiene que ser comprendido a nivel mental, emocional y corporal.

Y cuando pasa esto,  llega un momento en el que empiezas a “ver” en proyecciones. Todo es una proyección, tu mismo eres una proyección de otros, y los otros son tus propias proyecciones. Y esto es mágico, ya que tenemos el maestro siempre ante nuestros ojos. Si quieres saber quién eres, cómo eres, y qué tienes que integrar… sólo has de observar lo que sucede ante ti. Hasta las cosas inanimadas son buenos maestros. Párate, baja las revoluciones de tu pensamiento, y diviértete viendo la película de tu vida.

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La proyección en “Un curso de milagros”

Básicamente nos dice que cuando no encontramos con alguien… “tal como lo consideres a él, así te consideras a ti mismo. Tal como pienses en él, así pensarás de ti mismo. Nunca te olvides de esto, pues en tus semejantes, o bien te encuentras a ti mismo, o bien te pierdes a ti mismo”. Cada encuentro es una oportunidad para salvarnos, para integrar algo dentro de nosotros.

El único objetivo que realmente hay en nuestra vida es conocernos a nosotros mismos. No hay nada más que buscar. Todo el mundo está buscándose a sí mismo y buscando el poder que cree haber perdido. El problema con que nos encontramos es que no es posible “encontrarnos” a nosotros mismos, si no es a través de otros. Nuestro ego nos miente tan bien, nos mentimos tan bien a nosotros mismos, que nuestro referente solo no es posible para conocer nuestra realidad.

“Siempre que estás con alguien, tienes una oportunidad más para encontrar tu poder. Tu poder están en él porque son tuyos. El ego trata de encontrarlos únicamente en ti porque no sabe dónde buscar”.

En Gestalt también se hacen muchos ejercicios de proyección para conocerse a uno mismo. Y contrario a lo que pudiera parecer, nos cuesta más ver los elementos positivos que proyectamos en otros y creemos que nosotros no tenemos, que los elementos negativos.

 

Reapropiarse de todo lo bueno que hay en nosotros, pero que no vemos

Si alguien te cae mal, provoca tu enfado o te “chirría”, está claro que ahí hay algo que está resonando en ti. Hay un elemento “negativo” que no queremos ver en nosotros mismos y estamos proyectando en el otro. En los últimos meses he tenido muchas “comprensiones” de este estilo, y generalmente no me cuesta nada asumir estos descubrimientos, como mi deslealtad a mi misma, el miedo, la vergüenza, la culpa, la ira… Y tantos otros.

Pero es algo muy distinto asumir que nos hemos “separado” de nuestros atributos “positivos”. Que hemos renegado de nuestra ternura, la confianza, la coherencia, la dulzura, la seguridad… Estos “descubrimientos” suelen venir acompañados de amargura y tristeza. Porque nos hace conscientes de las cosas a las que tuvimos que renunciar, probablemente en nuestra infancia, para poder sobrevivir.

Y son mucho más difíciles de identificar. Es fácil ver cuando una persona nos “chirría”, y preguntarnos: “¿Qué hay de mi misma en esta persona?”. Tratar de ver las partes positivas alienadas es complejo, porque no hay nada que nos chirría, y generalmente tenemos que atravesar tabúes que no todo el mundo está dispuesto a ver.

Generalmente estas alienaciones las vamos a identificar cuando nos enamoramos. Y no hablo de una relación estable, de nuestro novio/a o marido/mujer. Me refiero a los enamoramientos que se presentan en nuestra vida diaria, que pueden durar minutos, y que no tienen nada que ver con nuestra pareja o nuestra vida “romántica”. Por eso, si queremos ver estas proyecciones, tenemos que aceptar primero que nos enamoramos cada día, de muchas personas, al margen de nuestra pareja.

Todos hemos vivido el encontrarnos con alguien y sentir un flechazo. Y sentir verdadero amor o atracción hacia esa persona. Que puede ser un compañero de trabajo o el camarero de un bar. Sentimos un flechazo, una verdadera atracción. Lo que generalmente solemos hacer es desviar corriendo la mirada, apartar la vista y hacer como que no ha pasado nada. No nos gusta que algo nos desestabilice, y reaccionamos tratando de devolver la calma a nuestro organismo.

El truco aquí es no hacerlo. Aguantar un poco más de lo que estaríamos dispuestos, para ver a dónde nos lleva esa conexión, y luego preguntarle a nuestro corazón, como ya comenté en otro post. La pregunta aquí sería: “¿Qué he escondido, a qué he renunciado o qué me han quitado, que me está mostrando esta persona?“. Aunque no os lo creáis, en seguida van apareciendo las palabras en tu mente. Es inmediato.

No hace falta que lo hagáis en el momento, lo podéis hacer más tarde. Os tumbáis en un lugar cómodo, y os relajáis. Pensáis en esa persona, os concentráis en ella, y os hacéis la pregunta. Lo podéis hacer también con personas del pasado.

Seguro que la respuesta os sorprenderá. Y ya os advierto que enfrentarte a todas esas cosas “buenas” que estamos proyectando en otros, porque pensamos que no están en nosotros, es doloroso. Pero es el único camino para poder volver a apropiarse de ellas.

Por eso me gusta tanto la biodanza, porque se dan cientos de oportunidades para verte a ti mismo en el otro. En cada clase unos te despiertan la rabia, otros la dulzura, otros la pasión… Y no significa que te tengas que pelear con ellos, o tengas que tener sexo con un compañero. La “magia” de desvanece al terminar la clase. Pero durante el encuentro con el compañero, vives intensamente todas esas emociones y sensaciones en tu cuerpo. Si tuviera que describir qué es para mi la biodanza, diría que es el integrador más potente que hay. Todo lo que no eres capaz vivenciar en el día a día, lo integras en la biodanza.

“Biodanza más que una terapia es La Ceremonia del encuentro humano.” Ronaldo Toro

Ilustración: https://www.youtube.com/watch?v=hdXNlXm51AI