Lenguaje, pensamiento y cultura ¿Debemos decir “niñas y niños”?

Querida lectora, si por algún casual resultara que has sido (o eres) estudiante de psicología, te habrás topado más o menos a mitad de tus estudios con una “maravillosa” asignatura llamada “Psicología del Lenguaje”. Uno de los temas recurrentes de la misma se centra en estudiar la relación entre lenguaje y pensamiento. Como el dilema del huevo y la gallina se preguntan ¿Qué existe  primero, lenguaje o pensamiento? Seré sincera y admitiré que no recuerdo ya gran parte de lo “estudiado” pero hace un mes más o menos a raíz de una película, volvió a mi mente la pregunta ¿condiciona nuestro lenguaje la manera en que pensamos?

Porque si al fin y al cabo vivimos en una sociedad en el que el pensamiento guía nuestras decisiones (amigas psicoanalistas permitidme la licencia de esa afirmación) creo yo que estaría bien conocer si existen trampas o limitaciones en cómo pensamos.

Más concretamente vengo pensando últimamente sobre si el lenguaje de nuestra amada lengua es sexista o no, porque si así fuera, y resultara que el lenguaje influye en el pensamiento, ¿estaré boicoteando a mis pobres neuronas cuando hago uso de ese lenguaje?

Poniéndonos en antecedentes: la película.

Comencemos por el principio. La película de la que hablaba es “La llegada” (prometo que no haré demasiados spoilers). En ella Amy Adams interpreta a una brillante lingüista que por el bien de la humanidad tiene que encontrar un modo de comunicarse con unos alienígenas recién aterrizados.  Según avanza la película queda claro que los extraterrestres tienen un modo muy peculiar de pensar, y su modo de entender el tiempo (de manera circular) está íntimamente relacionado con su lenguaje, también circular. Es decir, para los extraterrestres su manera de hablar y de comunicarse está íntimamente relacionada con su manera de pensar y de entender la realidad y viceversa.

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Amy Adams La llegada

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Claro está que hablamos de una película (y de ficción además) pero en un momento dado ella menciona una teoría que de ciencia ficción no tiene nada: la hipótesis de Sapir-Whorf.

Lenguaje y cultura

Antropólogos y lingüistas han estudiado está relación entre lenguaje, pensamiento y cultura, y se postulan dos hipótesis que tratan de encontrar una respuesta:

  • Hipótesis de Sapir-Whorf: esta hipótesis mantiene que la lengua de las personas influye en su pensamiento. Personas que hablan distintas lenguas experimentan distintos mundos de pensamiento. En su versión más “fuerte” (totalmente abandonada hoy en día) la lengua de una persona determinaría por completo la forma en la que conceptualiza la realidad. La hipótesis whorfiana débil es la que cuenta con mayor evidencia. Viene a decir que la lengua de un hablante tiene cierta influencia en cómo este analiza y recuerda la realidad. En igualdad de condiciones, ante un mismo suceso personas parlantes de diversas lenguas enfocan las situaciones de manera distinta.
  • Desde el construccionismo social por el contrario se defiende que el contexto de una persona y su situación social moldearán los contenidos de su lengua.

Se han realizado numerosos estudios intentando demostrar la validez de una frente a la otra, y como suele ocurrir, los resultados sugieren que ambas tienen cierta razón.

Niños y niñas. Lectores y lectoras.

A lo mejor te ha ocurrido que has leído el primer párrafo de este post y te ha resultado extraño que comience con un “querida lectora”.

Para poder abarcar a todos los que estén leyendo estas palabras podría haber escrito  “lectoras y lectores” pero caeríamos en una duplicación que atentaría contra una de las características que hacen de nuestro idioma un gran recurso: la economía del lenguaje. Cuantas menos palabras usemos para construir una oración, mejor que mejor. Así que caemos en utilizar el sustantivo en masculino “lector”. Pero al fin y al cabo,   por estadística pura y dura probablemente el 50% de las personas que lean este post serán mujeres así que si quiero dirigirme al total de los lectores, ¿por qué no decir lectoras?

¿A lo mejor hay alguna regla gramatical que explique por qué utilizar el sustantivo masculino cuando nos referimos a ambos sexos? Sí y no. La Real Academia Española lo explica aquí.

“El uso genérico del masculino se basa en su condición de término no marcado en la oposición masculino/femenino. Por ello, es incorrecto emplear el femenino para aludir conjuntamente a ambos sexos, con independencia del número de individuos de cada sexo que formen parte del conjunto. Así, los alumnos es la única forma correcta de referirse a un grupo mixto, aunque el número de alumnas sea superior al de alumnos varones”.

En resumen, podrías estar dirigiéndote a un grupo en el que hubiera 30 niñas y un solo niño, y gramaticalmente lo correcto sería decir “niños”. Pensando sobre el tema me ha venido a la memoria un recuerdo de algo que viví hace algunos años. Estudiaba magisterio en la universidad y en clase éramos unas 60 chicas y ¡un solo chico! Una profesora nos llamó la atención dirigiéndose al grupo con un “chicas” para después pedir disculpas al susodicho por haberle metido en el saco.

El lenguaje cómo reflejo social

¿Y en España qué ocurre? En España, desde 1713 existe un organismo llamado la Real Academia Española que  tiene como misión principal: “velar por que los cambios que experimente la lengua española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico”. Cada cierto tiempo los académicos elaboran una nueva versión del diccionario, la última en 2014.

Cuando se iba a proceder a dicha revisión, se hicieron algunos grupos de trabajo uno de ellos encargado de realizar un análisis para comprobar si efectivamente el diccionario era machista o no.

Aunque parezca sorprendente, hasta hace poco más de dos años se encontraban definiciones como las siguientes, que por fortuna desaparecieron:

  • Femenino: débil, endeble.
  • Huérfano: dicho de una persona de menor edad: a quien se le han muerto el padre y la madre o uno de los dos, especialmente el padre.

Aun así, la RAE recibió muchas críticas. Se negaron a eliminar definiciones tan sexistas como:

  • Sexo débil. Conjunto de las mujeres.
  • Sexo feo. Conjunto de los hombres.

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Cuando le preguntaron al respecto a Pedro Álvarez (silla Q del organismo) dijo.

 “Se trata de que el Diccionario sea mejor, no menos machista, sino de que lo que diga sea verdad. Lo que no se puede pretender es cambiar la realidad a través del Diccionario. Si la sociedad es machista, el Diccionario la reflejará. Cuando cambia la sociedad, cambia el Diccionario”.

El académico se posiciona pues por la segunda de las teorías que mencionaba: el lenguaje refleja lo que ocurre en la calle. Mala noticia niños y niñas, según la RAE España es un país machista.

Esta es la postura que toman muchas personas y alegan que la lengua no es un instrumento que pueda y deba ser modificado al antojo de ciertos colectivos, en este caso las feministas. La lengua es un bien tan preciado que debería mantenerse al margen.

Sin embargo la lengua puede ser un instrumento realmente útil en según qué circunstancias:

Lenguaje gay en Indonesia

El idioma nacional de Indonesia recibe el nombre de “bahasa”. Muchos varones homosexuales en Indonesia hablan bahasa gay o “lengua gay”. Aunque Indonesia es el cuarto país más grande del mundo, y además  su población está repartida en aproximadamente 6.000 islas, el bahasa gay se habla prácticamente en todo el país. Tiene un vocabulario distinto en el que se ridiculizan algunas palabras relacionadas con el mundo político, se juega modificando palabras mediante prefijos, etc.

Indonesia es un estado muy (pero que muy) homófobo, donde por ejemplo el verano pasado fueron detenidos dos hombres por subir a Facebook una foto en la que aparecían sin camiseta acusados de compartir contenido pornográfico. Un país donde el gobierto pidió a Whatsapp que eliminara algunos emoticonos que consideraba aberrantes.

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manifestación Indonesia

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El bahasa gay, tal y como señaló Tom Boellstorff (profesor del departamento de antropología de la Universidad de California) es  utilizado como una herramienta por un colectivo que es menospreciado, atacado y discriminado continuamente. Una herramienta que les ayuda a sobrevivir en una situación tan complicada, favoreciendo la cohesión del grupo y permitiéndoles mofarse de aquellos que les oprimen.

Poco les preocupará a los indonesios estar mancillando la estructura y los contenidos de su idioma, para ellos luchar por sus derechos está por encima.

Conclusión

Más allá de cómo interfiere el lenguaje que usamos en cómo pensamos, no cabe duda de que el lenguaje es una manifestación de la cultura que contiene creencias y saberes compartidos por  todos sus hablantes. Es a través del lenguaje que empezamos a construir nuestro conocimiento del entorno, así que me parece un tema sobre el que deberíamos por lo menos, reflexionar.

Igual que me parece lógico que hace años, cuando las mujeres vivían (generalmente) apartadas de la vida pública, se empleara el género masculino para designar la totalidad, me parece lógico que hoy en día intentemos generar oraciones inclusivas en las que nos veamos reflejados ambos sexos, o por lo menos abandonar aquellos usos del lenguaje que son marcadamente sexistas.

El debate de la duplicación de palabras pare refeirse a ambos sexos seguirá abierto, y por desgracia nos seguirá «chirriando» cuando lo escuchemos. Pero el simple hecho de que se abra el debate ya me parece significativo. Una oportunidad para dar voz en un debate abierto a aquell@s que no han tenido voz hasta hace muy poco.

Afirmar que el lenguaje permanece inalterado hasta que un grupo de catedráticos deciden editar una nueva versión del Diccionario me resulta tan absurdo como  afirmar que nuestro pensamiento no cambia continuamente. Los adolescentes de hoy en día tienen un modo de asomarse al mundo y de analizar sus distintas partes que difiere mucho del pensamiento de sus abuelos.

Yo por mi parte empezaré a utilizar el femenino cuando me dirija a un grupo en el que vea que la mayoría somos mujeres, y si hay algún hombre en el grupo que se sienta ofendido… ofendido se quedará.

Referencias Bibliográficas:

  • González Labra, M.J. Psicología del Pensamiento. Sanz y Torres. Edición 2012.
  • Miller, Barbara Diane. Antropología Cultural. Pearson. Edición 2011.

El feminismo ante Freud

El feminismo ante Freud

No es ningún misterio que el psicoanálisis y el feminismo han sufrido grandes desencuentros a lo largo de su historia. Entre algunos de esos calurosos debates se han tratado el entendimiento de la sexualidad, la identidad y feminidad. En esta entrada vamos a tocar algunos de los puntos principales en los que el feminismo más ha aportado luz al psicoanálisis freudiano y cómo éste ha nutrido al movimiento con las aportaciones sobre el inconsciente.

La sexualidad de la mujer, oscura e impenetrable

En los primeros escritos de Freud, las mujeres eran reducidas a casos de histeria y se entendía la naturaleza de la misma como oscura. Así, en “Tres ensayos de teoría sexual” Freud plantea las razones por las que la sexualidad de la mujer es oscura e impenetrable: por una parte, la atrofia cultural y por otra, la naturaleza insincera de la mujer. Seguramente, esta segunda razón nos haya al menos sorprendido y es que esta afirmación se fundamenta en dos ideas principales:

– La primera basada en los primeros estudios anatómicos de hombres y mujeres (Siglo XVIII) que se convirtieron en un gran fundamento de discriminación social. Debido a las características anatómicas, los hombres eran definidos como legibles y transparentes, mientras que las mujeres se consideraban extranjeras, incomprensibles. Este lenguaje facilitó juicios hacia las mujeres como la insinceridad, su carácter más natural (animal) con respecto al hombre por ser procreadora y por tanto, la necesidad de responsabilizarse del hogar mientras el hombre se dedica al ámbito público, político y cultural. Así, en “El malestar en la cultura” Freud define a las mujeres como las representantes y encargadas de los intereses familiares, mientras que el mundo de la cultura se convierte en un ámbito masculino.

– Freud, entusiasmado por estos estudios, plantea su teoría tomando como referente al hombre y a partir de ahí, creando paralelismos entre hombres y mujeres. En su teoría refuerza la idea de la mujer insincera desde el concepto de castración. Según Freud la niña entiende la castración como algo consumado, mientras que el niño teme que se dé y este es el motivo por el que se genera un superyó, gracias al cual abandona el complejo de Edipo. Para la niña no hay motivo para superar el complejo de Edipo, por lo que puede permanecer en esta etapa indefinidamente siendo el superyó débil.

La visión de Freud sobre feminidad

Freud establece la diferencia entre hombres y mujeres por la existencia o falta de falo.

La mujer es definida por la carencia del falo, siendo el sustituto del falo un hijo, convirtiéndose ella en madre. Lacan clarifica que la mujer busca al hijo no por el anhelo de ser madre sino en su búsqueda del falo, no entendido como pene sino como deseo. Por tanto, se trata de una búsqueda de lo perdido. Este será uno de los principios de la teoría de Freud que ha sido más rechazado y cuestionado por el feminismo debido al reforzamiento y mantenimiento de una concepción falocéntrica de la cultura.

En “La investigación sexual infantil” Freud explica que cuando los niños y niñas son conscientes de la posesión de diferentes genitales, en el niño se produce el menosprecio y rechazo hacia el otro sexo ya que percibe los genitales de la niña como mutilados, apareciendo así la amenaza de castración. En cambio, en la niña aparece la envidia de pene y surge el deseo de ser un hombre ya que considera el pene como superior a su propio órgano que se encuentra escondido. De este hecho se produce en la niña:

Complejo de masculinidad que es la esperanza de poseer el pene, logrando obtener la misma fuerza de poder que el hombre.

Desmentida que ante la negación de la castración, la niña se comporta como un hombre.

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Parece evidente en todos los casos que según Freud, la feminidad conlleva al reconocimiento de la inferioridad del órgano y de la mujer con respecto al hombre.

Pero la envidia de pene, según Freud tiene otro tipo de consecuencias como un empeoramiento en la relación con la madre (la niña responsabiliza a la madre de no tener pene y la madre reprime la masturbación clitoridea, generando una herida narcisista donde se crea un sentimiento de inferioridad y provocando un sentimiento de menosprecio y celos).

Así, a través de la represión que ejerce la figura materna, la feminidad surge en la mujer cuando su placer clitorideo se desplaza al vaginal.

Freud además plantea ciertas peculiaridades de la feminidad como la necesidad por ser amada, el ensalzamiento de los atributos atractivos como compensación de su inferioridad sexual y la aparición de la vergüenza y pudor como una intención de esconder la defectuosidad de sus genitales.

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La obra de Freud y su teoría sobre la sexualidad femenina se vio inspirada y reforzada por el antropólogo Felix Bryk y su obra. Felix Brik fue conocido por sus estudios de tribus africanas en las que se practicaban la ablación del clítoris. En su obra explicó que las mutilaciones impuestas a las mujeres africanas tenía como fin el facilitar el desplazamiento orgásmico de la zona clitoridea a la vaginal. Además explicó que la intención de estas tribus no era suprimir el placer femenino, sino encauzarlo para obtener fines reproductivos.

Estos escritos sobre los que se apoyaba la teoría de Freud, entusiasmaron a Marie Bonaparte (princesa de Grecia y Dinamarca, escritora y psicoanalista) que consideró estas mutilaciones físicas lo análogo a la represión que produce la madre a la niña en la cultura europea. Como dato curioso, Marie Bonaparte se operó hasta en tres ocasiones para acercar el clítoris a la vagina pero no encontró mejora en su satisfacción sexual, por lo que la teoría freudiana sufrió una gran bofetada ya que se constató que el desplazamiento de la sensibilidad del clítoris a la vagina se fundamenta por la cultura y no por la anatomía, aunque resultó ser un buen intento.

El debate sobre la identidad en el feminismo

El feminismo es un movimiento de resistencia de las mujeres a aceptar los roles, situaciones sociopolíticas e ideológicas que se fundamentan en la jerarquía de sexos basada en un enfoque naturalista. Una de las tareas que han llevado a cabo prácticamente desde la Revolución Francesa hasta hoy, ha sido cuestionar los roles y estereotipos de cada sexo, interrogando la identidad de hombres y mujeres y exponiéndolos a transformaciones.

Si bien es cierto que los años 60 fueron caracterizados por el crecimiento del movimiento feminista, los años 80 han sido cruciales por las discusiones sobre identidad que se compaginaron con el auge del concepto género. Este concepto permite la construcción y transformación de identidades que hasta ese momento estaban determinados por atributos biológicos, de manera que la diferencia justificaba la subordinación. Este concepto ahora tan común, supuso el impulso de políticas públicas con perspectiva de género, entrando las mujeres a formar parte explícitamente de las políticas estatales y de los planes de desarrollo local, nacional y macroeconómico.

El feminismo permanece actualmente en el debate de la identidad ya que dentro del movimiento existen diferentes vertientes que difieren en su percepción de la identidad, aunque comparten su cuestionamiento de la cultura falocéntrica.

El feminismo de la diferencia plantea que hay una esencia común a todas las mujeres y que esta esencia conforma la identidad de las mismas. Esta esencia a su vez se conforma por una serie de valores femeninos intrínsecos y milenarios. Con esta vertiente se revalora a la mujer a través de los atributos asignados desde lo social, pero modifica el lenguaje, reescribiendo su historia sin los prejuicios masculinos. Algunos ejemplos son la transformación de atributos como la pasividad que se redefine como el amor por la paz o la emotividad que se determina como una mayor capacidad de expresión de sentimientos.

El feminismo de la igualdad rechaza este tipo de identidad porque pese a ser depurado del lenguaje de dominancia masculina, sigue cayendo en la identificación como proyección del otro, complementando la identificación masculina. Así, esta vertiente reivindica en la mujer la existencia de atributos históricamente pertenecientes al mundo de lo masculino. Sin embargo a esta vertiente se le ha criticado que aumenta los ideales del mundo femenino, aumentando exigencias y creando ambivalencias en las mujeres que deciden negar otras partes de su self.

La dicotomía existente en el feminismo diferencia- igualdad ha creado muchas discrepancias entre sus miembros, perdiendo el rumbo del debate. Son muchas las personas que consideran que las vertientes no son excluyentes, porque ambas ofrecen una visión rica de la población femenina heterogénea. Así, plantean que la identidad no es estática, sino que se modifica con la historia y el propio desarrollo de la persona, por lo que la identidad es una construcción en el aquí y en el ahora. Así concluyen que al movimiento le falta empatizar con las dificultades que afectan a las mujeres cuando deciden diferenciarse del modelo materno, para así facilitar la liberación de las mujeres. En relación con esta idea, Marcela Lagarde plantea que una de las problemáticas existentes en el feminismo es que las feministas no se reconocen en las otras ya que en sus relaciones interpersonales se proyecta la relación madre- hija, por lo que propone la sororidad en donde la otra ya no es madre sino hermana.

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Sin embargo, ambas vertientes muestran una postura muy clara hacia la teoría de Freud y algunas de sus críticas más consolidadas y que han movilizado a analistas a revisar la teoría son las siguientes:

– El feminismo rechaza el concepto freudiano de envidia de pene y en la concepción de la feminidad como el cambio de la zona libidinal del clítoris a la vagina, ya que concibe a las mujeres bajo su función de reproducción.

– El feminismo cuestiona la envidia de pene y sugiere el fenómeno de la envidia por dar vida de los hombres. Posteriormente, dejando atrás estos conceptos, se plantean el terror que pueden sentir los hombres ante el hecho de poder dar la vida y el poder de los genitales femeninos. En concreto, en este punto ha sido muy importante la visión de Betty Friedan que añade que las mujeres no tienen envidia de pene sino que reclaman mejoras sociales y lo que sí envidian es el estatus del hombre en la sociedad. Otra aportación es la de Liliana García que apoya la idea de que la lucha feminista es la negación de la falta y del complejo de masculinidad, siendo una queja por la falta y en la no aceptación de la castración. Así afirma que se trata de una batalla fálica.

Camino hacia nuevas identidades: feministas y analistas debaten

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El psicoanálisis más ortodoxo no se ha silenciado al respecto y ha dado su interpretación sobre el movimiento feminista; el psicoanálisis no sólo entiende el feminismo como una expresión de la negación de la falta, sino también como un movimiento histérico que demasiado cegado por la explicación culturalista, no entiende el mundo de la psique y el funcionamiento del inconsciente. Así, teniendo únicamente en cuenta la discriminación histórica y social, se busca la causa de discriminación y su propia identidad.

Por otro lado, en el psicoanálisis se han dado posturas más conciliadoras, en donde se ha dado un reconocimiento de muchas de las críticas que las feministas han ofrecido a la teoría de Freud. Un claro ejemplo es Karen Horney, psicoanalista feminista que siendo una de las pioneras del movimiento culturalista, estima que tanto el desarrollo normal como patológico y la identidad femenina tiene su origen en la cultura. Horney rechaza la teoría freudiana y frente a la envidia de pene y el complejo de castración, defiende la identificación de la hija con la madre y la envidia del hombre por la maternidad. Asimismo, Horney ha sido una gran defensora del desarrollo de la feminidad como fruto de factores innatos y la relación entre madre- hija, entendiendo los sentimientos de inferioridad de las mujeres como resultado de la cultura y no por biología; así, son los factores socio-culturales los que evitan que la mujer se expanda y se desarrolle con libertad tanto en el ámbito personal como sexual.

Más allá del feminismo y el psicoanálisis, parece que los significados sociales de género se transmiten constantemente a través de la relación, por lo que las identificaciones no sólo corresponden con el complejo de Edipo y sus consecuencias. Son los propios padres y madres quienes favorecen la huella de estas representaciones tanto conscientes como inconscientes. La forma de transmitir estas representaciones, es a través de:

– Expectativas y deseos

– La relación que crean con la hija

– La relación de la propia pareja que resulta un aprendizaje en donde la niña no sólo incorpora la identificación de la figura materna, sino la de una relación, en donde se interioriza la relación que la madre tiene con el padre.

En todo caso, el debate sigue abierto ya que actualmente se ha abandonado una posición de proteccionismo ante la figura del genio Freud, para buscar una respuesta ante la identidad femenina más actualizada y acorde con las necesidades reales de las mujeres de nuestro tiempo, en una doctrina en la que ya no sólo se cuenta con la participación de los hombres.