Mi primer cartel psicoanalítico

Hace muchos años cuando asistí a uno de los congresos de la Asociación Mundial Psicoanálisis, un grupo de jóvenes me ofrecieron participar en un cartel psicoanalítico. Honestamente, no conocía la metodología ni me interesé mucho en averiguarlo. Había pasado los tres años anteriores en España estudiando Psicoanálisis… ¡en la universidad!

Cuando llegué a Madrid, poco sabía de Lacan y de psicoanálisis en general. En la licenciatura lo habíamos tratado de forma general. Pero algo del inconsciente me llamaba y por recomendación de unos profesores me matriculé en el Máster de Psicoterapia Psicoanalítica. En el máster, leíamos a Freud y también a psicoanalistas que “traducían” a Lacan. Los profesores tenían un método poco tradicional sin duda, pero me explicaron algunos conceptos lacanianos y quedé fascinada.

Luego que regresé a Panamá, me encontré un poco sola en mi interés de seguir estudiando Psicoanálisis, así que lo abandoné. Me dediqué a conocer otra área que era nueva para mí, en mi rol de psicóloga en un colegio. Simultáneamente, empecé a escribir en Psiquentelequia, sobre temas diversos relacionado con psicología, Psicoanálisis, infancia y educación. Fue por este medio que una psicoanalista cartelizante me contactó…

 

Mi primer cartel: el Seminario 1 de Lacan

El cartel se define como un dispositivo de trabajo original, propuesto por Lacan tanto a aquellos que practican el psicoanálisis como a cualquiera que desee estudiarlo. Esta invención de Lacan es una forma de hacer lazo social entre los cartelizantes, fuera de los dogmas de las instituciones.

«Para la ejecución del trabajo [de la Escuela] adoptaremos el principio de una elaboración sostenida en un pequeño grupo. Cada uno de ellos –tenemos un nombre para designar a esos grupos– se compondrá de tres personas al menos, de cinco como mucho, cuatro es la medida justa. Más una, encargada de la selección, de la discusión y del destino que hay que reservar al trabajo de cada cual. Después de un cierto tiempo de funcionamiento, a los elementos de un grupo se les propone que permuten en otro.» – Jacques Lacan

En la creación del cartel cada uno elije un tema o «rasgo» del trabajo. Ya sea la lectura de un seminario, elaboración de un concepto, relación del psicoanálisis con otro campo de estudio, entre otros. Al «rasgo» de cada uno se agrega un tema común que se nombra al cartel. En mi primer cartel el enfoque estaría puesto en el Seminario 1 de Lacan: Los Escritos Técnicos de Freud.

El trabajo efectuado no da lugar a un producto colectivo, sino a uno individual. Se trata para cada uno, en función del momento de su relación al psicoanálisis, de constatar lo que pudo haber sido modificado de su relación con el saber analítico… se construye un saber del sujeto.

 

Mi primer producto

La primera clase del seminario inicia con un comentario que me viene como anillo al dedo:

“El seminario exige colaboración y participación a través de la comunicación efectiva. Se espera que no se use como excusa otras ocupaciones importantes.»

Esto lo leí como un mensaje directo a mí misma, ya que estuve en constante resistencia, por no poder tolerar el “no saber” o no comprender. Pues me hacía falta la presencia de otro colocado en ese lugar, que me ayudara a digerir tantos conceptos.

Lacan expone una pregunta que me he hecho muchas veces: ¿Qué hacemos cuando hacemos Psicoanálisis? Qué mejor lugar para empezar este recorrido que en los escritos técnicos de Freud, que de acuerdo con Lacan, constituyen una etapa del pensamiento de Freud anterior a la elaboración de su teoría estructural en 1920. Aún cuando Freud trabajó en la técnica a lo largo de toda su obra.

 

El momento de la resistencia

Algunos elementos importantes que he podido rescatar son los siguientes:

  1. Para Freud el análisis se trata de la aprehensión de un caso particular. Se trata de la subjetividad del sujeto (valga la redundancia), sus deseos, su relación con su medio, con los otros y con la vida misma. En su planteamiento, se reconoce la relación problemática del sujeto consigo mismo, pues hay un conflicto en relación con el síntoma. Aunque hay una invitación al sujeto a preguntarse por la postura que ha podido asumir el sujeto frente a su síntoma.
  2. La situación analítica es una estructura, y sólo gracias a ella son aislables y separables ciertos fenómenos. Entre ellos el de la transferencia y la resistencia.
  3. En la estructura del análisis hay tres elementos, y no dos como se sugiere en la Psicología del Yo. Toda la experiencia analítica debe organizarse en base a ellos: el analista, el analizante y la palabra.
  4. Lo que cuenta en el análisis es la reconstrucción de los acontecimientos formadores para el sujeto, y no lo que recuerda de ellos, o la llamada reviviscencia afectiva. Tal como lo plantea Lacan: “La reintegración por parte del sujeto de su historia. Esta historia no es el pasado, sino el pasado historizado en el presente”.

 

La resistencia y la transferencia

Una pregunta recurrente en las sesiones del cartel y que aún no me queda clara es: ¿cuál es la relación de la resistencia con la transferencia? De acuerdo con mi lectura del seminario, la resistencia es todo lo que se opone a la continuación del análisis, o que busca interrumpirlo. La misma surge cuando algo del discurso del sujeto se acerca al nódulo reprimido.

La fuerza de la resistencia es inversamente proporcional a la distancia que nos separa de este nódulo. Es decir, que la resistencia es mayor cuando el sujeto se aproxima en su discurso a algo reprimido, que sería lo último, pero que rechaza de plano. Entonces, el sujeto se da cuenta de la presencia del analista. Como comenta Lacan: “Cuando el sujeto se interrumpe es cuando está más cerca de su verdad”.

Según plantea Lacan, es aquí donde surge la transferencia:

“Cuando algo en los elementos del complejo (en su contenido) es susceptible de vincularse con la persona del analista, la transferencia se produce, proporciona la idea siguiente y se manifiesta en forma de resistencia, de una detención de la asociación libre por ejemplo.”

 

Referencias bibliográficas:

  • Lacan, Jaques. El Seminario de Jacques Lacan, Libros 1, Los Escritos Técnicos de Freud. Editorial Paidós, Barcelona, 1981.

 

Fuentes:

 

 

En defensa del Psicoanálisis

Escribo este artículo como una respuesta (la primera) a las durísimas y despiadadas críticas que se vienen lanzando últimamente contra el psicoanálisis desde medios muy diversos.

En concreto, me animo a hacerlo a raíz de una pseudoentrevista -que en realidad es un refrito de un artículo anterior- realizada a un psicólogo conductista que aparentemente cree poder alcanzar fama y reconocimiento convirtiéndose en una especie de Ayatola fanático que lanza fatwas con un lenguaje inspirado en Sálvame *Deluxe*.

Este señor es la musa de mi defensa pero no lo citaré ni pondré vínculo a su artículo ni a la “entrevista”. No le voy a hacer el favor. Tampoco es necesario ya que en realidad las objeciones que plantea tampoco son suyas sino que las toma del libro de Frederick Crews  “Freud: The Making of an Illusion”. Son, por otra parte, las críticas habituales sazonadas, en este caso, con un estilo chabacano.

«Freud era cocainómano, misógino, homófobo o un impostor en general.»

Sigmund Freud (1856-1939) es una figura que sigue generando airadísimas controversias. Muchas de las críticas al psicoanálisis se centran en desacreditar personalmente a Freud. Se podría simplemente descartar todas estas críticas como una falacia ad hominem puesto que el hecho de que Freud fuera una mala persona no invalidaría su teoría de ninguna manera. Sin embargo, me interesa detenerme en alguna de las objeciones que se hacen en su contra porque me parecen bastante sospechosas.

Antes de nada, paremos a pensar en lo que le exigimos a Freud. Un médico judío nacido en el Imperio Austrohúngaro que vivió las dos Guerras Mundiales. ¿Queremos que sea postmoderno, feminista de tercera ola, proLGTBIQA+ o animalista? No olvidemos que, considerando la época en la que Freud vivió, algo como la Carta a la madre de un hijo homosexual era una heroicidad.

Continuemos. Para empezar se acusa a Freud de cocainómano, cosa que es cierta. Freud fue durante un periodo importante de su vida adicto a la cocaína, droga que comenzó a consumir como un experimento por su posible potencial terapéutico. Estamos hablando de un momento en el que el conocimiento de las drogas y sus efectos sobre el cerebro y la conducta está todavía en pañales, sin embargo, a Freud se le juzga como una especie de “vicioso” que se “inventa” el psicoanálisis para poder pagarse su adicción. Es de una simpleza que asusta y redunda en una imagen estigmatizada de las personas drogodependientes como incapaces de hacer nada bueno. ¡Sorpresa! Ha habido personas adictas que han creado obras fudamentales para el arte y el pensamiento a pesar de su adicción. Una persona es más que sus adicciones y Freud era mucho más que la cocaína, la cual por cierto terminó dejando con el tiempo.

Respecto a la homofobia ya he mencionado la carta a la madre de un homosexual. Este fue un tema complejo dentro de los primeros años de la Asociación Psicoanalítica y finalmente se optó, tras la muerte de Freud por una posición restrictiva y claramente homófoba sobre todo con el traslado de poder a EEUU y el contagio de su tradicional puritanismo. No está, sin embargo, el conductismo libre de pecado en lo que concierne a la homofobia. De hecho, la terapia de conversión que TODAVÍA se practica en sitios tan extraños como Madrid (y lo digo porque me consta) es de tipo cognitivo conductual principalmente (también hay una supuesta coach enajenada por ahí a la que tampoco voy a dar publicidad).

Por otra parte decir que Freud era misógino cuando admitió desde el principio a mujeres como psicoanalistas y defendió la existencia de una sexualidad femenina que debía poder expresarse es, de nuevo, no saber poner al personaje dentro de su contexto histórico. Evidentemente Freud no podía ser une feministe no binarie del siglo XXI, pero su legado fue liberador en la época en la que se formuló, también para las mujeres. Y si se le critica por el tratamiento que dio a la histeria – hablar- ¿Qué pensaremos de los tratamientos anteriores que incluían torturas y sadismo? Naturalmente si se piensa que Freud es el “inventor” de la histeria además de desconocer la historia de la psicología se ignorará el avance que supuso el psicoanálisis para estas pacientes (que sufrían por cierto -y entre otras cosas- de lo que ahora llamaríamos trastorno disociativo y/o trastorno de conversión. Lo digo por aquellos que dicen que la histeria no existía, Persia existió aunque ahora se llame Irán).

Por supuesto Freud es un personaje que tuvo conductas muy criticables. Algunos de sus casos clínicos fueron espectaculares fracasos, robó ideas a colegas sin citarlos debidamente (famoso el caso de Sabina Spilrein o el de Fliess) y sostuvo algunos posicionamientos que a la luz de la contemporaneidad merecen ser cuestionados, revisados o incluso completamente desechados.

Sin embargo, ninguno de esos argumentos invalida el conjunto de la teoría psicoanalítica. Entre otras cosas porque no existe UNA única teoría psicoanalítica. Esto es FUNDAMENTAL y ninguno de los críticos del psicoanálisis parece querer enterarse. Tal vez porque enterarse de esto supone ponerse a estudiar a cientos de autores y perspectivas. Es mucho trabajo. Mucho mejor desacreditemos a Freud y a la técnica psicoanalítica clásica.

El psicoanálisis no es una teoría cristalizada en la muerte de Freud. Las obras completas de su fundador no son una Biblia inmutable que no haya sido desarrollada y cuestionada mil veces desde dentro del psicoanálisis. El psicoanálisis (o la psicoterapia psicoanalítica) actualmente es un paraguas que engloba a multitud de escuelas y perspectivas diferentes.

Puedo entender que la idea de que la mente no sea una calculadora y de que haya diferentes enfoques para mismos problemas sea algo que perturbe a los “discípulos de Skinner”, pero ¡hey! hay vida más allá de las ratitas.

Continuará…

La pulsión en el Psicoanálisis

Para comprender la pulsión en el Psicoanálisis es imperativo aclarar que la sexualidad. En la teoría Psicoanalítica, ésta incluye pero no se limita a la genitalidad. Más bien se refiere a la serie de excitaciones y actividades que producen un placer irreductible a la satisfacción de las necesidades fisiológicas.

Es pertinente hacer la distinción entre necesidad y deseo. La necesidad es la exigencia de un órgano cuya satisfacción se cumple realmente con un objeto concreto y no en la fantasía. Por ejemplo, la sensación fisiológica del hambre que se sacia con el alimento. Luego el deseo, es una expresión de la pulsión sexual que nace de una zona erógena del cuerpo. El mismo se satisface sólo parcialmente con un fantasma cuyo objeto es el cuerpo de otro igualmente deseante. El deseo en Psicoanálisis siempre es sexual, y tiene como condición la prohibición del incesto, y la falta asumida con la castración.

 

La pulsión

A lo largo de su obra, Freud sostiene dos planteamientos con respecto a las pulsiones. Estas teorías pulsionales son complementarias y una no descarta la vigencia de la anterior. En su artículo “Pulsiones y Destinos Pulsionales” (1915), Freud define la pulsión como:

Un concepto fronterizo entre lo psíquico y lo somático, como un representante psíquico de los estímulos procedentes del interior del cuerpo, que arriban al alma, y como una magnitud de la exigencia de trabajo impuesta a lo anímico a consecuencia de su conexión con lo somático.

Esto implica que lo somático imprime una exigencia de trabajo en el aparato psíquico.

pulsión

 

Componentes de la pulsión

Ya anteriormente, en sus “Tres Ensayos sobre una Teoría Sexual” (1905) define los componentes de la pulsión como:

  • Fuente (quelle), es el órgano en el que se produce la excitación sexual y donde brota la pulsión. Se denomina zona erógena, siendo orificios del cuerpo básicos para la supervivencia y donde se apoya la sexualidad. En diferentes momentos del desarrollo psicosexual, cada una de estas zonas tendrá una prevalencia sobre las demás. La pulsión satisfecha será entonces parcial. Sólo con el paso del tiempo se agruparán en organizaciones libidinales.
  • Fuerza (drang), es el factor cuantitativo (económico) de la pulsión. Supone la insistencia y el empuje como una exigencia de trabajo.
  • Meta (ziel), que siempre es la satisfacción, es decir, la supresión del estado de estimulación de la zona erógena. Las pulsiones pueden ser inhibidas o desviadas en su fin. En el primer caso, se hace un alto en la satisfacción. Por ejemplo, el cariño hacia los amigos. En el segundo caso, se da el mecanismo de la sublimación. Mediante el cual la pulsión es canalizada para actividades socialmente valoradas.
  • Objeto (objekt), es aquello en lo cual o por medio de lo cual la pulsión puede alcanzar la satisfacción parcial. Freud plantea que el objeto “es lo más variable de la pulsión”. De modo que no está enlazado a ella originariamente. No obstante, no todas las cosas son susceptibles de ser un objeto para un determinado individuo. Sino sólo aquellas condicionadas por su propia historia.

 

Primera Teoría Pulsional

pulsión de vida

La primera teoría pulsional fue expuesta en 1910 en su artículo “La Perturbación Psicógena de la Visión”. La misma consiste en la oposición entre las pulsiones de auto-conservación y sexuales. Las pulsiones de auto-conservación, tienen como fin la conservación del individuo y el yo. Mientras que las pulsiones sexuales, están puestas al servicio de la sexualidad y la consecución del placer sexual. Podría decirse que existe en el psiquismo una oposición entre necesidad y deseo, o como Freud bien lo dijo, entre hambre y amor.

Las pulsiones en cuanto tal, son pulsiones sexuales, pues están orientadas a la consecución de un placer. Éste no siempre está ligado a la satisfacción de la necesidad orgánica, que concierne a las pulsiones de auto-conservación. De acuerdo con Freud en este período de su obra, la vida psíquica está regida por el Principio del Placer. Según el cual, el aparato psíquico tiende a buscar el placer y evitar el displacer. Entiéndase este último como un estado de tensión que puede manar del interior del propio cuerpo o surgir por estímulos externos.

Si bien las pulsiones sexuales se apuntalan en aquellas de auto-conservación. Se diferencian de ellas pues hay un plus de placer, un resto que queda una vez satisfecha la necesidad. El chupeteo ejemplifica este fenómeno, pues el lactante succiona incluso después de haber satisfecho su necesidad de comer. Dicho esto, no hay un objeto predeterminado biológicamente para la satisfacción de las pulsiones.

 

Las pulsiones parciales

desarrollo de pulsión

Las pulsiones (sexuales) se satisfacen localmente en una determinada zona erógena, por lo cual se consideran pulsiones parciales. Este placer de órgano, va ligado a representaciones fantasmáticas, que expresan no las necesidades vitales sino los deseos inconscientes. Como se ha expuesto, Freud consideraba que las pulsiones se apuntalan o apoyan en las funciones vitales, es decir, en las pulsiones yoicas (de auto-conservación). Luego secundariamente se tornan independientes.

Freud propone que el desarrollo de la libido sigue una serie de fases, cada una marcada por una nueva organización de la sexualidad. En cada una de estas etapa, se da la primacía de una zona erógena, y un modo particular de relación con el objeto. De forma muy general, as fases del desarrollo psicosexual según Freud son:

  • La fase oral comprende el primer año de vida, y tiene como zona erógena la boca. De modo que, apoyada en las necesidades de nutrición, el bebé encuentra un plus de satisfacción en la succión, lo que constituye la pulsión oral.
  • Seguida está la fase anal, ocurre entre los dos y cuatro años, coincidiendo con el proceso de control de esfínteres. La zona erógena predominante es anal, y se vincula con el placer del par de retención y evacuación de las heces.
  • Finalmente, la fase fálica entre el quinto y sexto año de vida, se caracteriza por la unificación de las pulsiones en la primacía de los órganos genitales.

En ese momento, ni el niño ni la niña han descubierto la diferencia anatómica de los sexos, por lo que para ambos los seres humanos poseen el falo o están castrados. Esta etapa concluye con el Complejo de Edipo, concepto que hemos explorado en un artículo El Complejo de Edipo y las Estructuras Psíquicas.

 

Introducción del Narcisismo

narcisismo y pulsión

El término narcisismo fue acuñado por Freud por primera vez para referirse a la elección homosexual de objeto. Poco después, en el caso Schreber lo considera como una fase de la evolución sexual entre el autoerotismo y la elección de objeto. No obstante, el concepto es desarrollado por Freud en su obra Introducción del Narcisismo en 1914.

Todo el desarrollo de esta metáfora del funcionamiento psíquico se basa en el mito de Narciso:

Éste era un joven de gran hermosura, quien suscitaba el amor de incontables doncellas y ninfas, Un día, Narciso se acerca a una fuente de agua clara para beber. Pero queda fascinado ante la belleza de su propio rostro reflejado. Trató de acercarse pero se hundió y muere.

Ya Paul Nacke en 1899 define al narcisismo como la descripción clínica de un individuo que da a su propio cuerpo un trato parecido al que daría al cuerpo de un objeto sexual. Freud agrega que rasgos aislados de dicha conducta aparecen en muchas personas aquejadas de otras perturbaciones. Lo que le lleva a proponer que una parte de la libido, definida como narcisista se sitúa en el desarrollo sexual regular del ser humano.

El aporte a las teorías de las pulsiones, consiste en el giro cualitativo en la oposición entre pulsión yoica y pulsión sexual. El yo también es susceptible de convertirse en un objeto de la pulsión, también se encuentra sexualizado. De esta manera, la libido yoica es aquella que inviste al yo, mientras la libido objetal inviste los objetos. Mientras más gasta una, más se empobrece la otra. Un ejemplo de la libido volcada al propio yo son las fantasías del fin del mundo del paranoico. Mientras que el paradigma de la libido invistiendo el objeto es el enamoramiento.

 

Segunda Teoría Pulsional

El estudio de la libido narcisista es el preámbulo para el desarrollo de la segunda teoría pulsional. La cual fue propuesta por Freud en 1920 en su obra Más Allá del Principio del Placer. El nuevo dualismo pulsional se basa en el par de la pulsión de vida por un lado, y la pulsión de muerte por el otro. Este nuevo planteamiento surge del estudio clínico de la compulsión a la repetición. Este es un fenómeno que forma parte de muchos cuadros neuróticos y que contradice el principio del placer.

En el desarrollo, se producen escisiones del yo, cuando ciertas pulsiones parciales se vuelven incompatibles en su meta. Las mismas quedan relegadas al inconsciente por acción del mecanismo de la represión. De esta manera no pueden encontrar la satisfacción. En este caso, donde la satisfacción es indirecta, no contradice el principio del placer. El displacer causado por el malestar neurótico es sólo para el yo.

 

Más allá del Principio del Placer

pulsión de muerte

Freud expone la pulsión de muerte en dos situaciones de la vida anímica. La primera de ellas es la neurosis traumática, en la cual una tensión irrumpe en el psiquismo con una intensidad tan fuerte que desborda su capacidad de defensa. Por ejemplo: accidentes, guerras o cualquier tipo de situación traumática. Después de la Primera Guerra Mundial eran muchas las personas afectadas. Se observaba que en la vigilia el tema se tocaba con naturalidad, o simplemente no se trataba. Mientras que muchos de estos sujetos tenían sueños recurrentes que reconducían a la circunstancia traumática. En estos casos, los sueños no cumplen la función de realización de deseos inconscientes, pues despiertan el terror de la situación temida.

Sumado a esto, Freud observa el juego infantil de uno de sus nietos de año y medio de edad. El Fort-Da consiste en lanzar un objeto pequeño a un rincón de la habitación, o debajo de la cama. Al mismo tiempo, el niño producía un sonido, cuyo significado era fort o fuera. En otras ocasiones, repetía el juego con un carretel de madera, que tenía una cuerda con la que lo lanzaba y lo hacía volver emitiendo la palabra da o aquí. Después de observarlo durante un tiempo, Freud concluyó que el pequeño repetía un escenario que no es agradable para él: la partida de la madre. Empero, ahora el niño tomaba papel activo, en una vivencia donde fue pasivo. Aunque sea revivir una experiencia dolorosa, va conectada a la ganancia de un placer de otra índole.

 

 

Pulsión de Vida vs Pulsión de Muerte

La pulsión de vida entonces incluye tanto las pulsiones sexuales como las yoicas de la primera teoría pulsional. Es cualquier tendencia libidinal hacia la ligadura del aspecto económico del quantum de afecto a una representación psíquica. Por medio de este mecanismo, se dirige a la conservación de la vida, y a generar una mayor ligadura de la energía libidinal con las representaciones.

En «Más Allá del Principio del Placer» (1920), Freud comenta sobre la pulsión de muerte:

La pulsión de muerte en cambio “trabaja muda dentro del ser vivo en la obra de su disolución”.

Si no está de algún modo ligada a la pulsión de vida se nos escapa. Su propensión es contraria a la pulsión de vida, pues es lo más pulsional, y menos ligado a representaciones del psiquismo humano. De hecho, busca romper la conexión entre la pulsión de vida y la representación, volviendo a la pura cantidad. De acuerdo con el planteamiento freudiano, estas pulsiones se encuentran en condición de mezcla o desmezcla. , y nunca pueden distinguirse independientes una de otra.

 

Referencias bibliográficas:

  • FREUD, Sigmund (1905). Obras Completas. Tres Ensayos sobre una Teoria Sexual. Amorrortu Editores. Buenos Aires, Argentina.
    • Introducción del Narcisismo (1914)
    • Pulsiones y Destinos Pulsionales (1915)
    • Más Allá del Principio del Placer (1920)

Los discursos y el capitalismo

El psicoanalista francés Jacques Lacan establece que sólo existen cuatro modos de hacer lazo social o discursos. Sin embargo, también estudia el funcionamiento del capitalismo de acuerdo con este planteamiento. Sobre todo sus repercusiones en la estructuración del sujeto y sus vínculos.

lazo social

El concepto de discurso es planteado por Lacan en su Seminario XVII “El Reverso del Psicoanálisis”. El discurso se define como:

El orden que instaura una civilización, un orden del goce que fija los límites y las satisfacciones permitidas o no, incluso las sugeridas a los individuos.

 

Posiciones de los discursos

En cuanto a la estructuración de los discursos, cada uno se organiza en torno a cuatro posiciones. Éstas se separan por una barra que distingue lo consciente de lo inconsciente:

posiciones

En el sector consciente se sitúa el agente deseante, motor del discurso que exige a otro un tipo de trabajo determinado. Mientras que en el plano inconsciente, se ubica la verdad del deseo que mueve al sujeto. Esta verdad queda oculta y aislada respecto a los demás elementos. También se localiza el producto del trabajo realizado por el otro, siendo un plus de goce.

 

Relaciones de los discursos

Entre dichas posiciones se establecen relaciones, que en el esquema son designados con flechas:

Relaciones

El agente deseante exige a otro un trabajo, obteniendo un producto inconsciente o plus de goce. La verdad (inconsciente) que moviliza el deseo del agente, también se dirige al otro que trabaja. Esta verdad no está determinada por ninguno de las demás posiciones y por lo tanto queda aislada.

Esto establece una ruptura entre el goce que cada uno torna posible y la verdad inconsciente. Este hiato imprescindible posibilita las relaciones entre seres humanos. Propicia un cuestionamiento, un “tiempo de comprender” lo que ocurre entre el agente deseante y el plus de goce que se produce. Siendo que esta verdad es desconocida, nunca podrá satisfacerse el deseo del cual es fuente. La barrera que divide lo consiente de lo inconsciente equivale a la castración (simbólica), y la imposibilidad de encontrarse con el goce perdido.

 

Elementos de los discursos

Las posiciones mencionadas son ocupadas por cuatro elementos que determinan las propiedades de cada discurso, y que circulan en las posiciones a medida que éstos varían:

  • El significante amo (S1) es un significante sin sentido, que insiste en la repetición puesto que conlleva un goce que no se puede representar.
  • El significante del saber (S2) viene del Otro y es aquel que da sentido al significante amo (S1).
  • El sujeto barrado ($) es el sujeto constituido que lleva su propia falta de satisfacción. Se basa en la imposibilidad de recuperar el objeto perdido y el goce inicial. Conlleva el estar condenado a encontrar satisfacciones parciales, el sujeto del deseo.
  • El objeto a (a) es el objeto de goce que se ha perdido y que causa el deseo. Es equiparable al objeto de la pulsión freudiano: el pecho caído, las heces que se desprenden. Así como la mirada y la voz, objetos agregados por Lacan como aquellos de la pulsión escópica e invocante respectivamente.

 

Discurso del Amo

Discurso del Amo

Se basa en la dialéctica del Amo y el Esclavo de Hegel. Según la cual, dos seres auto-conscientes libran una lucha a muerte antes de que uno esclavice al otro. El amo constituye el agente deseante que reclama a los esclavos un trabajo. Dicho trabajo se relaciona con un saber hacer del cual el amo carece. El producto de dicho trabajo es un plus de satisfacción, u objeto a. Finalmente, la verdad del amo es que está dividido y no es omnipotente como aparenta ser.

El filósofo psicoanalista Slavoj Zizek en “Los Cuatro Discursos de Jacques Lacan”, propone que este discurso representa la monarquía absoluta, ante cuya vacilación pueden desplegarse dos resultados: el discurso de la histérica y el discurso del Universitario.

 

Discurso de la Técnica

Discurso de la Técnica

Lacan propone el discurso de la técnica, como derivación del discurso del amo. Se le llama discurso aunque en realidad no establezca lazo social, pues sólo cuenta con tres elementos. Las posiciones de agente deseante, otro-trabajo y producto se ubican igual que en el discurso del amo. Sin embargo, falta la posición de verdad, lo que crea un circuito continuo.

El amo en este caso es la ciencia -cuyo discurso expondremos más adelante- que provee conocimientos técnicos. Pero también produce gadgets u objetos tecnológicos que repercuten en nuevamente en el amo.

 

Discurso de la Histérica

Discurso de la Histérica

Podría decirse que es el discurso que promueve el surgimiento del Psicoanálisis. Sigmund Freud, en su trabajo con pacientes histéricas, desarrolla el método de la asociación libre para el desciframiento del sentido inconsciente. En este discurso, el agente deseante es un sujeto barrado, que está en falta y vive insatisfecho en la satisfacción de su deseo.

Por otra parte, el otro representado por el significante amo, detenta un supuesto saber sobre el sufrimiento del sujeto. Es precisamente el desciframiento de este saber del inconsciente el trabajo que este sujeto barrado le exige al amo. Sin embargo, siempre queda oculto el goce o la satisfacción en el síntoma de la histeria que se repite a pesar del sufrimiento que ocasiona.

 

Discurso de la Ciencia

Discurso de la Ciencia

El llamado discurso de la ciencia deriva del discurso de la histérica. Tampoco establece vínculo social y cuenta con sólo tres posiciones, faltando únicamente la posición de la verdad. El sujeto de la ciencia está en falta de conocimiento, por lo que exige al amo una producción de saber desenfrenada. El único límite son las leyes de la comunidad científica.

 

Discurso del Universitario

Discurso del Universitario

En este discurso, el nivel superior “S2 –> a” puede representar al conocimiento académico-universitario. En este discurso se pone en marcha un saber que busca normalizar el goce. Es así como surgen los lugares de enclaustramiento del saber: las universidades. El producto es un sujeto que acepta este sometimiento, que se refiere a la normalización de su goce. La estadística constituye un movimiento civilizador del goce propio y singular. La verdad es un amo que se esconde, difícil de localizar y por tanto un poderoso estratega.

Comúnmente, se limita este discurso al ámbito universitario y a la exigencia de trabajo del cuerpo académico hacia los estudiantes. Sin embargo, Zizek alega que no hay una ligazón imperativa. Principalmente, porque se refiere a cualquier movimiento social que busca domar el goce.

 

Discurso del Analista

Discurso del Analista

Este discurso representa el tipo de vínculo que se establece a través del Psicoanálisis. El agente deseante es el psicoanalista, quien se muestra ambiguo ante su paciente. Esto promueve la confrontación del sujeto en terapia con la verdad de su propio deseo inconsciente. El producto obtenido es la caída del significante amo, es decir del significante con el cual el sujeto se ha identificado, que le gobierna y que no lo representan.

El saber en el lugar de la verdad se refiere al analista colocado como sujeto supuesto saber del sufrimiento del otro. Simultáneamente, representa signos de saber obtenido por el analizante acerca de la verdad de su posición subjetiva. Esta verdad emergente en análisis, nunca es producto de la reflexión consciente. Es un saber supuesto y enigmático que se sitúa desde la ignorancia.

 

Reflexión sobre los discursos

Luego de recorrer los discursos, nos preguntamos qué caracteriza los vínculos que éstos permiten. Lacan establece que si bien puede parecer obvio, la relación entre los elementos superiores es “imposible”. Lo que ocurre entre el amo y el esclavo, el saber-universitario y el estudiante, y la histérica y el amo es un puro intercambio, mas no un lazo social.

Siguiendo esta línea, el punto de inserción de los discursos es el goce, es decir el modo de satisfacción. Por tanto, el lazo social se establece entre hablantes que comparten la misma modalidad de goce. El discurso del analista establece una variante, ya que los analistas no comparten su goce. Su labor deriva precisamente una pérdida de éste.

 

Discurso Capitalista

De acuerdo con las fórmulas propuestas por Lacan, el capitalismo no es un discurso en sí mismo pues no establece vínculos sociales. En un principio, los elementos del mismo se ubican en las mismas posiciones que el discurso del amo. Sin embargo, ocurren dos movimientos en los cuales varían los elementos y las relaciones entre los mismos.

Primer movimiento

Capitalismo 1

El primer movimiento se basa en un cambio en la relación de la posición de producto, que en este caso es el objeto de goce a. Para explicar ese proceso, Lacan retoma el concepto de plusvalía de Marx. Según el mismo, en el régimen de propiedad privada de los medios de producción del capitalismo existe una parte del trabajo no se paga.

Es decir, para Marx el trabajo humano genera valor, y una parte de éste no es remunerada. Su idea se basa en que este objeto a (de goce a) producido puede ser restituido al sujeto y se puede contabilizar. Así, el sujeto puede hacerse cargo de su goce, por lo tanto cada sujeto es su propio amo. El producto en lugar de regresar al amo, como en el caso del discurso del amo, se dirige al sujeto.

 

Segundo movimiento

Capitalismo 2

El segundo movimiento, consiste en la inversión del lugar amo (S1) y el sujeto barrado (S). Sin embargo, las relaciones permanecen igual que en el primer movimiento. La diferencia radica en que el amo se esconde como en el discurso del universitario. Al ser menos localizable se vuelve más poderoso, invisible e inatacable. A su vez, se esconde bajo el semblante del sujeto barrado insatisfecho y demandante. El saber estará marcado por la ciencia para producir un plus de gozar atado a las técnicas derivadas del consumo. Estos objetos de consumo a su vez mandan sobre el sujeto, quien se ve explotado por estos productos.

 

Propietario versus proletario
plus de goce

El capitalista es el propietario de los medios de producción, dígase los recursos y el capital. Éste busca maximizar el beneficio propio por acumulación y producción de estos recursos. Entretanto, el proletario sólo posee su cuerpo para vender su trabajo al propietario, obteniendo a cambio un salario. La porción de este trabajo que no es pagada es de la que se apropia este sistema para engrosar su capital.

De esta manera, la plusvalía se constituye como el objeto causa de deseo tanto del propietario como de proletario. Siendo la causa de la economía, no es algo de lo que se pueda apropiar para gozar. Por un lado, el proletario no goza de ella pues le es sustraída, a su vez que es explotado por los productos. Y por otro lado, el propietario tampoco goza de ella. Puesto que se revierte en capital que engrosa el ya existente, sustrayéndose del goce.

 

El objeto a como causa de deseo

Para profundizar en el ya mencionado objeto a es pertinente distinguirlo en sus dos vertientes. Como causa de deseo, es un objeto que originariamente se ha perdido. Se articula con la concepción de la falta, aquella que designa un vacío en el sujeto.

En este sentido, Zizek expone que el capitalismo aborda a los individuos como consumidores. Se constituyen en sujetos deseantes pero no de cualquier cosa, sino “deseantes de desear”. Entonces la producción incesante de este objeto faltante o gadget sustentan la exigencia insaciable. Éstos son mercantiles y basados en el dinero, lo cual anula cualquier otro valor. Inclusive el de aquello que antaño se pensaba producto de la sublimación, como la cultura, el arte, etc.

 

El objeto a como objeto de la pulsión

Por otro lado, lo consideramos como objeto de la pulsión, como Zizek lo explica:

El movimiento de la pulsión no está conducido por la búsqueda ‘imposible’ del objeto perdido, sino por el empuje a representar directamente la propia pérdida.

Dicho esto, mientras que el deseo está basado en la falta constitutiva, la pulsión circula alrededor de un agujero. La pulsión inherente al capitalismo es la “compulsión impersonal” del movimiento circular que le hace auto-reproducirse.

Por último Zizek propone que esta pulsión no pertenece a nadie en particular. Hecho patente en la circulación del dinero como capital que se convierte en un fin en sí mismo. Tal como lo plantea Zizek, en el constante movimiento de renovación:

La circulación del capital no tiene límites.

 

El ciclo capitalista

Ciclo capitalista

La peculiaridad del capitalismo que lo excluye como discurso, es su propiedad de circuito cerrado. No inscribe lazo alguno entre los partenaires humanos, pues establece la relación de cada sujeto con la plusvalía. El acceso a la verdad del goce (o satisfacción) ahora es construido y directo. Surge entonces un ciclo infinito: producir para consumir y consumir para sostener la producción.

Es la paradoja de nuestro tiempo, ya que en la mayoría de los casos, la intimidad en estos vínculos brilla por su ausencia. Parece evidente que hay un incremento de la soledad, los dramas sociales y el sufrimiento psicológico. Estamos solos en relación al otro semejante, y al mismo tiempo estamos constantemente expuesto al gran Otro.

El discurso capitalista se ha coronado como el (pseudo) discurso por excelencia. Lleva al sujeto a confundir sus objetos, con los gadgets (objetos de consumo), que actúan como termómetro de su estado de bienestar. Este modus operandi actual cuenta con contingencias en el funcionamiento del sujeto y las relaciones que este establece.

 

Bibliografía:

  • LACAN, Jacques (1992). El Seminario XVII: El Reverso del Psicoanálisis. Editorial Paidós. Buenos Aires Argentina.
  • MARUGÁN, Jorge (2011). Los Discursos de Lacan. Trabajo presentado en el Máster de Psicoterapia Psicoanalítica de la Universidad Complutense de Madrid, España.
  • SOLER, Colette (2011). Incidencias Políticas del Psicoanálisis. Ediciones S&P. Barcelona, España.

Enlaces:

  • MARUGÁN, Jorge (s.f.). Los Cuatro o Cinco Discursos y la Crisis del Lazo Social. Psicoanálisis en el Sur (Nº7). Extraído el 14 de Diciembre de 2011 desde http://www.psicoanalisisenelsur.org/num7_articulo4.htm
  • ZIZEK, Slavoj (2006). Jacques Lacan’s Four Discourses. Lacan dot com. Extraído el 30 de Septiembre de 2011 desde http://www.lacan.com/essays/?page_id=303

El Complejo de Edipo y las estructuras psíquicas

Complejo de Edipo

En Psicoanálisis, el concepto del Complejo de Edipo da cuenta de la constitución del aparato psíquico y sus estructuras. Esta concepción freudiana fue acuñada por primera vez en 1910 y se baja en el Mito de Edipo. Se refiere al deseo inconsciente de mantener una relación incestuosa con el progenitor del sexo opuesto. Deseo que va acompañado de hostilidad hacia el progenitor del mismo sexo.

Jacques Lacan en su retorno teórico a Sigmund Freud, lo describe como una estructura cuaternaria. Sus elementos -hijo, madre y padre- se organizan en función de la circulación del falo. Éste no debe confundirse con el órgano genital masculino, pues para el Psicoanálisis lo que prima es su representación. Además, plantea que se desarrolla en tres tiempos: complejo materno, complejo de castración y elección de objeto.

 

Primer Momento: Complejo Materno

complejo materno

En el primer tiempo del Complejo de Edipo, el vínculo entre la madre y el bebé promueve la idea de unidad fálica. Ambos se complementan, pues son cada uno el falo del otro, es decir, colman su deseo mutuamente. El bebé nace inmerso en el universo simbólico donde se inserta. El mismo está formado por el lenguaje y por lo que sus padres desean para él.

La madre atiende las necesidades de su hijo y calma sus angustias. En algunas ocasiones, también se ausenta lo cual es experimentado por el niño como una pérdida del amor antes entregado. Esta alternancia entre presencia y ausencia, enfrenta al niño con la arbitrariedad y lo enigmático del deseo materno. Para descifrarlo, debe obtener la respuesta a la pregunta: ¿che vous? También entra en la dialéctica del ser. Es decir, se identifica como el objeto que satisface el deseo de su madre colmando su falta.

Por otra parte, el bebé experimenta todo en sensaciones corporales. Estas sensaciones se apuntalan con la satisfacción de sus necesidades. Cuando la madre alimenta al bebé, queda un plus de satisfacción que el bebé satisface en su propio cuerpo. Un ejemplo del autoerotismo oral es el chupeteo. Ya no se satisface una necesidad de comer, sino el placer de succionar. Las zonas erógenas entonces constituyen órganos privilegiados. Ellos son los orificios del cuerpo: la boca, el ano, los genitales.

 

Segundo Momento: Complejo de Castración

complejo de castracion

En el Complejo de Edipo, el concepto psicoanalítico de castración no se considera la mutilación real de los órganos genitales. Este concepto psicoanalítico es inconsciente y siempre una amenaza, que tiene consecuencias distintas en el varón y la niña. Tampoco se limita a ser una experiencia evolutiva, pues se ve renovada a lo largo de la vida.

Hasta este momento, tanto el niño como la niña habían sostenido la premisa universal, según la cual todos tienen pene. Ésta va acompañada de la ilusión de omnipotencia, que más tarde deberá remitir ante la aceptación de los límites. Más adelante el desarrollo es distinto para el varón y la niña.

Complejo de castración en el varón

La primera condición para que surja el complejo de castración en el varón son las amenazas verbales. Las mismas que procuran: prohibir sus prácticas autoeróticas, y establecer un corte en el vínculo exclusivo con la madre. Generalmente, estas advertencias son proferidas por alguna mujer.

La segunda condición necesaria es la visión de la falta de pene en la zona genital femenina. Así, comienza a representarse la pérdida de su propio pene como posible, pues hay personas que no lo tienen. Sólo entonces, surge la angustia de castración que es completamente inconsciente. En el varón esta angustia dará salida a la resolución del Edipo.

Complejo de castración en la niña

En el caso de la niña, la visión del pene la obliga a admitir que ella no lo posee. Entonces interpreta de forma inmediata que “fue castrada” y lo vive como un infortunio individual. De este modo, la niña no experimenta la angustia del varón ante algo que podría ocurrir. Más bien, alberga el deseo de tener lo que vio y de lo que fue desposeída. Posteriormente, cuando descubre que las mujeres y la madre han tenido la misma suerte, resurge el resentimiento hacia ésta por no haberle otorgado el atributo fálico.

El padre como agente de la castración

Como se muestra, lo esencial de la experiencia de la castración es el reconocimiento de la diferencia anatómica de los sexos. Hasta ese momento, reinaba la fantasía de omnipotencia. En adelante podrá aceptar que el universo está conformado por hombres y mujeres, y que el cuerpo tiene límites. Para el niño, el sentimiento resultante es la angustia de castración, ante la posibilidad de una herida narcisista. Mientras que en la niña, la herida narcisista ya ha sido consumada, y el resultado es el dolor de la castración.

Este trayecto es posible por la entrada de un tercero, el padre quien funge como agente de la castración. Es introducido a través del discurso de la madre, quien abandona para el niño su apariencia de madre fálica y se torno en castrada o en falta. El hijo no satisface plenamente a la madre, cuyo falo ahora es representado por la función paterna. Resurge entonces la pregunta: ¿che vous?, cuya respuesta es nuevamente el falo. Pero ahora lo es en su dimensión simbólica.

 

Tercer Momento: Elección de Objeto

elección de objeto

La castración simbólica recién instaurada unifica la ley y el deseo. Es lo que designa al Complejo de Edipo como una metáfora. Ésta tiene una función estructurante, pues convierte al niño en un sujeto deseante. El superyó es la estructura psíquica que surge a posteriori del Complejo de Edipo. También emerge como consecuencia de las identificaciones secundarias con las figuras parentales, principalmente el padre, permitiendo la entrada en la cultura.

Elección de objeto en el varón

Con referencia a la resolución de Edipo, el varón acepta la ley de prohibición de incesto y elige resguardar su narcisismo. Entra directamente en el Complejo de Edipo porque desea a la madre, y sale cuando desea a otra mujer que no sea ésta. Esta crisis que atraviesa el niño es estructurante, pues a partir de ella asume su falta y sus límites, así como afirma su identidad sexual masculina.

Elección de objeto en la niña

Según Freud, la niña puede adoptar tres salidas distintas y decisivas para su feminidad.

  • La primera reacción es alarmarse tanto ante la falta, que se niega a entrar en la rivalidad con el varón y se aleja de toda sexualidad en general.
  • La segunda salida posible se exhibe como un complejo de masculinidad, sostenido por el fantasma de ser un hombre a pesar de la castración que deniega. No necesariamente pero en algunos casos, su elección de objeto podría ser homosexual.
  • La tercera reacción es el reconocimiento inmediato y definitivo de la castración, por lo que cambia el partenaire amado: la madre cede su lugar al padre.

Por esto, el complejo de castración es la entrada de la niña en el Complejo de Edipo y su relación con el padre, a quien desea darle un hijo. Para Freud la resolución del Complejo de Edipo femenino es ser madre, mientras que Lacan argumenta que el deseo de la mujer no se agota en tener un hijo.

 

Estructuras Psíquicas

Dependiendo de la resolución del Complejo de Edipo, surge una determinada estructura psíquica. Ante el complejo de castración, hay tres mecanismos posibles: la forclusión (del Nombre-del-Padre), la renegación y la represión.

Psicosis

Para que surja esta estructura, se da una falla en la capacidad de la función materna. Sobre todo en la capacidad de dar significantes al bebé sobre las tensiones que éste experimenta como angustia. Además, se presenta como una madre fálica, colmada en su deseo por su bebé. El bebé, permanece en la dialéctica del ser, identificado con el falo. Por otra parte, la madre no introduce en su discurso al padre, por lo que la función paterna está ausente. El bebé queda sometido al capricho de la ley materna, que no muestra límite en la satisfacción del goce.

La forclusión del Nombre-del-Padre es la respuesta característica. El significante se rechaza y expulsa fuera del universo simbólico del individuo. Éste significante no está integrado en el inconsciente y retorna en forma alucinatoria en lo real. Es decir, la alucinación, consiste en la percepción de la vivencia de satisfacción como si proviniera del mundo exterior. Esto es un mecanismo normal del bebé para satisfacerse en ausencia de la madre pero es abandonado posteriormente por otros mecanismos. No ocurre lo mismo en la psicosis.

psicosis

 

Perversión

En esta estructura el punto de anclaje se da durante el complejo de castración. Específicamente en referencia con la diferencia de los sexos. El padre no representa una ley que limite el goce entre la madre y el hijo, sino que aparece como un padre rival. Por el lado materno, se instaura el fantasma de la madre fálica que alienta al niño a colocarse en el lugar de su objeto de goce.

El mecanismo propio de la perversión es la renegación de la castración, rehusando toda posibilidad de simbolización de la falta en el Otro. Una verdad del deseo de la madre es encontrada y repudiada. Así, se produce un movimiento intra-sistémico con una escisión del yo en dos funcionamientos que no se influyen mutuamente. Uno que sabe de la falta en la madre, y el otro que reniega de ella.

Siendo esto así, el individuo perverso tiene su propia ley que se basa en la certeza del goce, tanto propio como del otro. El mismo ha sido objeto de goce para otros. De esta forma, ni él ni el otro son sujetos, sino objetos de pulsión y rebajados a la condición de la cosa.

perversion

 

Neurosis

Es la salida del Edipo expuesta en el tercer momento del mismo, que varía para la niña y el varón. La madre reconoce la palabra del padre como la única susceptible de movilizar su deseo. Surge el mecanismo de la represión como el proceso que instaura la Ley. El sujeto neurótico relega de su conciencia los deseos incestuosos. Entonces, queda dividido por el inconsciente. Éste se constituye como lugar autónomo que se constituye fuera de la conciencia.

El sujeto neurótico se maneja en la dialéctica del tener, y reconoce que existe un atributo fálico que se puede poseer o no. Obedeciendo a la cualidad subsecuente, el sujeto tendrá una estructura de neurosis obsesiva o histeria.

En la neurosis obsesiva, la madre toma al niño como complemento de satisfacción de su deseo, y él se siente demasiado amado por ella. El niño es necesariamente objeto de una seducción pasiva, y se siente parte activa de u goce privilegiado con la madre. Entonces, una vez instaurada la represión primaria, se identifica como el que tiene el falo. El psicoanalista Joel Dör los describe como “nostálgicos del ser”, ya que en la entrada del padre, él es cautivo de la satisfacción suplencia con la madre, experiencia que añora.

Por otro lado, el sujeto histérico se identifica como no teniendo el falo, y se siente injustamente privado de él. Las histéricas son también descritas por Dör como “militantes del tener”, puesto que interroga sin descanso la atribución fálica. Se identifica con quien responde a la pregunta de cómo desear cuando se está privado de aquello a lo que se tiene derecho.

 

Referencias bibliográficas:

Fuentes:

La histeria en la mujer versus la feminidad

Hace unos días, navegando en el Instagram, me encuentro con un post que me hizo reflexionar sobre la histeria en la mujer versus la feminidad. En el mismo se citaba a la excéntrica cantante Madonna. La joven bloggera exaltaba en su publicación la capacidad de hacer la diferencia: “LA REVOLUCION EMPIEZA AHORA”, afirma en mayúscula cerrada. Curiosamente, la imagen que acompaña este pensamiento motivador es ella misma mostrando su trasero: ¡la revolución de las nalgas será! “Qué tiempos más felices para los adolescentes varones”, pensé.

Cada vez es más fácil tener acceso a la pornografía, y no precisamente protagonizada por actrices porno. Son mujeres de carne y hueso quienes cada vez más se desnudan en sus cuentas de redes sociales. Lo más curioso de todo, es que dichas imágenes seductoras y explícitas se acompañan de: pasajes bíblicos, pensamientos motivadores, frases filosóficas, etc. El panorama para la mujer en el plano de la experiencia y expresión de la sexualidad ha dado un giro drástico en el último siglo. Existe una diferencia abismal entre la “revolución de las nalgas” que vemos hoy en día, y la doble moral que caracterizaba la época victoriana.

mujer histeria

 

Histeria versus feminidad

A finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX, Sigmund Freud estudiaba y ofrecía tratamiento a las pacientes con histeria. Sujetos, en su mayoría mujeres que sufrían de síntomas físicos, como diversos tipos de parálisis, que no podían explicarse por medio de la biología. Esto abrió el camino para el surgimiento del Psicoanálisis como disciplina y el estudio de diversos fenómenos psíquicos/sociales. Pero con respecto a la mujer, Freud decía:

La gran cuestión… que no he sido capaz de responder, a pesar de mis 30 años de estudio del alma femenina es: ¿Qué quieren las mujeres?”

El deseo de la mujer se presenta como enigmático, múltiple y disperso. En la cultura popular, incluso se hacen bromas con respecto a esto: nadie sabe lo que quieren las mujeres, ni ellas mismas.

Unos años después en la década de los 70s, el psicoanalista francés Jacques Lacan se dedica al estudio psicoanalítico de las mujeres. En dichas formulaciones, Lacan distingue entre la histeria y la feminidad, hasta llega a oponerlas. Como decía uno de mis profesores de la maestría:

Toda mujer es histérica (en su estructura psíquica), pero no toda histérica es mujer.

En esta línea, Lacan plantea que en la histeria hay una pregunta perenne por qué es ser mujer. Lo cual es esencialmente diferente a volverse una mujer, o serlo.

 

La histeria como estructura psíquica

Tomaremos como referencia el trabajo del psicoanalista Joël Dor, en su obra “Estructuras Clínicas y Psicoanálisis” para definir una estructura y los rasgos primordiales:

La especificidad de la estructura (psíquica) de un sujeto se caracteriza por un perfil determinado de la economía de su deseo, regida por una trayectoria estereotipada, o rasgos estructurales… y que se distinguen de los síntomas.

Las estructuras se constituyen como una salida al Complejo de Edipo, y la relación del sujeto con la función paterna, como instauradora de la Ley y como aquello que colma el deseo de la madre. La estructura surge en el pasaje del ser el falo (lo que completa el deseo materno), a no serlo sino tener un atributo fálico que satisface parcialmente dicho deseo. Es decir, se interrumpe ese momento en el cual el hijo o la hija son todo lo que colma a la madre, para dar paso a otra realidad. No hay nada que colme por completo a nadie. Sin embargo, hay alguien que cumple la función paterna y que cuenta que un atributo fálico que satisface de cierta forma a la madre.

 

Rasgos estructurales en la histeria

Histeria Mujer

Toda la dinámica del deseo en la histeria, ya sea en el hombre como en la mujer, se juega en torno al hecho de haber sido despojado (a) injustamente del atributo fálico. Por esto, en la histeria un rasgo estructural es la alienación subjetiva del histérico en su relación con el deseo del Otro. Lo que busca contantemente es ser el objeto causa de deseo del Otro. De allí, surgen una serie de identificaciones con el objeto ideal del Otro. La constante en la histeria es convertirse en aquel objeto que despierte el deseo del Otro.

Sumado a esto, el sujeto histérico se vive constantemente como no habiendo sido suficientemente amado por el Otro. Se inviste a sí mismo como un objeto incompleto con respecto al objeto fálico. Con respecto a su propio deseo, procura de forma inconsciente que el mismo permanezca insatisfecho. Además, intenta incansablemente reivindicarse al emular este objeto ideal que no ha sido jamás.

El narcisismo en la histeria es particular, pues se relaciona con la dimensión del dado para ver. El sujeto de la histeria se ofrece a la mirada del Otro como encarnación del objeto ideas de su deseo. En ocasiones, se vale de otras personas para lograr ese “brillo”. Por medio de un desplazamiento, se muestra a través de otros que ha colocado en una posición privilegiada como modelos.

 

Mujeres histéricas y su relación con el sexo

mujer histeria perfecta

He tomado el mismo subtítulo utilizado por Dor, pues me parece justo para explicar fenómenos actuales como el expuesto en los primeros párrafos de este escrito. Una serie de aspectos sintomáticos se hacen más evidentes con el auge de las redes sociales. Se abre más la brecha entre la mujer histérica y su relación con la femineidad.

La mujer histérica mantiene un afán de perfección, que se experimenta como una exigencia constante que la atormenta. Para ella lo bello y lo femenino van de la mano. Sin embargo, la preocupación persecutoria por lo bello en ocasiones viene a suplantar a lo femenino hasta borrarlo. Este fenómeno se evidencia cada vez más, potenciado por los desarrollos tecnológicos en las ramas de la estética y la cirugía plástica.

En el fondo lo que hay es una convicción permanente de imperfección. La mujer histérica se vuelve su propio juez tiránico, pues nada será jamás lo suficientemente bello para neutralizar la huella de sus imperfecciones. En cuando a su cuerpo, lo expresa en sus frases favoritas: “mi cuerpo debería ser así”, “sólo debo arreglarme esto o lo otro”, “no soy lo bastante bonita”, etc. Todo lo que encuentre en su camino es bueno para servir de máscara, y atraer la mirada del otro.

Pero así como cuestiona insaciablemente su belleza física, lo hace con su inteligencia y espíritu. Pero se encuentran con una barrera, es difícil aparentar el intelecto. Por lo que toman un discurso prestado, y vuelve a hacer “como si” supiera más de lo que realmente sabe. En los casos más grotescos, vemos las redes sociales inundadas de mujeres histéricas que se muestran “como si” fueran perfectas. Cuerpos esculturales productos de las cirugías plásticas y retocador por el Photoshop, siempre acompañadas de una frase intelectual sacada de Google. Esto es sólo un pantallazo del modo como se conducen en la vida.

 

Identificación de la histérica con la mujer

mujer histeria identificación

Sobre las mujeres Lacan plantea que La Mujer no existe, ya que sólo existen las mujeres de una en una. Ante esta paradoja, el psicoanalista francés Eric Laurent es cuestionado en una entrevista. Le preguntan: ¿Y el hombre sí que existe? A lo que él responde:

El hombre tiene un falo, que es exterior; es patente y obvio y con él puede convertir con facilidad su placer en categoría. Por eso, lo que quiere el hombre se puede producir en masa y por eso hay una industria del sexo, pero sólo está pensada en masculino. Sólo para ellos.

Sin embargo, para la mujer histérica pareciera que sí existe una mujer. Y es aquella con la que busca identificarse pues responde a la pregunta: ¿qué es una mujer? Lacan plantea que en la histeria se responde a esta pregunta por medio de una identificación viril. Como ya vimos, identificándose como aquella que posee el atributo fálico. En esa transacción, cede la posición femenina a otra mujer que para ella encarna el enigma de la feminidad. Mientras que ella se vuelve una maestra de la seducción infinita.

Freud ya lo había señalado en el caso Dora, que estaba avasallada por los encantos de la Sra. K. En la histeria siempre veremos una suerte de homosexualidad. La misma se vincula más al proceso de identificación con una mujer que toma como modelo, que a la elección del objeto amoroso. La histérica procura ser como ella, pensar como ella, vivir como ella, incluso tener los mismos hombres que ella… ¿Han escuchado el término “frenemies”, o “amigas y rivales”?

 

La elección del objeto masculino en la histeria

mujer histeria hombre

Otros rasgo estructural en la histeria que marca la elección de objeto, y todas las elecciones en general, es la indecisión permanente. Puede relacionarse con cosas comunes o un compañero amoroso, la histérica nunca quedará satisfecha con su elección. El objeto elegido continúa sujeto a las dudas, porque siempre es mejor el objeto que no se eligió.

Ya Freud llamo la atención sobre este punto al exponer que el histérico deseaba sobre todo que su deseo permaneciera insatisfecho. La lógica psíquica funciona de esta manera: para mantener su deseo, la histérica se esfuerza por no darle jamás un objeto que la satisfaga. En el caso de la elección de una pareja amorosa, se afanará por no encontrar nunca un hombre a la altura de su máscara de perfección.

Las histéricas generalmente se deciden por un compañero inaccesible. Puede ser potenciado por un aspecto de realidad, como una pareja que viaja por largos periodos de tiempo. Otra salida que encuentra es escoger un compañero amoroso ya comprometido. Al final del día suele sentirse tan desolada pues de todos los posibles compañeros masculino, el único que le interesa es el imposible.

En la histeria se coloca a este otro en el lugar de Amo, pero un amo que jamás ocupará el lugar que ella le asigna en sus fantasías. Siendo un hombre inaccesible o extraño, rápidamente se vuelve decepcionante, o en un objeto más de su insatisfacción. Como bien decía Lacan:

El histérico necesita un amo sobre el cual pueda reinar.

 

Menos histérica más mujer

HISTERIA MUJER

La temática de las mujeres para el Psicoanálisis es bastante extensa y no será tocada en este escrito. Volviendo a la llamada “Revolución de las Nalgas” que se observa cada vez más en las redes sociales. Debemos hacer una distinción, puesto que no se trata de mujeres en el sentido de expresar un deseo de libertad. Más bien se observan manifestaciones de una estructura histérica marcada por un búsqueda exagerada de despertar el deseo en el Otro. Hoy el Internet y los seguidores se han convertido en un Otro bastante exigente y cruel. Mientras más le dan las histéricas más le piden, más les da, más enseña pero siempre tratando de enmarcarlo con algún pensamiento positivo.

El universo de las estructuras psíquicas y de la histeria es extenso, y no se agota en un simple post. Aunque no trataremos la orientación terapéutica de la histeria, en la clínica estos fenómenos son más dramáticos, y menos graciosos. Las pacientes llegan a consulta con un sufrimiento real que buscan suprimir. Como mencionábamos anteriormente, toda mujer es histérica en su estructura, pero no toda histérica es mujer en el sentido de reconocer su falta. Deben caer las identificaciones que buscan satisfacer el deseo en el Otro, y surgir otras que promuevan el propio deseo. Entonces la histérica será cada vez menos insatisfecha y podrá ser más mujer.

 

Referencias Bibliográficas:

  • Dor, Joël. Estructuras Clínicas y Psicoanálisis. Amorrortu Editores. Edición 2006.
  • Philippe, Julien. Psicosis, Perversión y Neurosis. Amorrortu Editores. Edición 2002.

Fuentes:

La clínica psicoanalítica hoy

clínica psicoanalítica
En nuestra cultura occidental, el fin de cada año trae consigo una serie de reflexiones sobre lo que quedó atrás, y resoluciones para los próximos doce meses. Uno de los principales logros que he cosechado este 2016, ha sido iniciar con mi práctica clínica psicoanalítica privada. ¡Por fin! Para mí un sueño hecho realidad, el principio de un largo camino que me espera en esta rama tan hermosa e interesante de la psicología: la clínica.

Me gustaría culminar el año con algunas reflexiones sobre la clínica psicoanalítica en la actualidad. El enfoque que se mantiene a lo largo del escrito es lo que el psicoanalista Jorge Alemán denomina como una anti-nostalgia. Tomando en consideración la sociedad actual, no hay por parte del Psicoanálisis una añoranza a las figuras del padre y el amo del orden simbólico; ni tampoco un intento por restablecerlos. Lo que tenemos es lo que hay, y la práctica analítica busca indagar de qué se vale para continuar, para promover el surgimiento del sujeto del deseo y el establecimiento del lazo social.

 

Táctica, estrategia y política

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En nuestros días, ¿qué aporta la clínica psicoanalítica? ¿Hacia dónde apuntan su política, estrategia y táctica? Estos son conceptos que el psicoanalista francés Jacques Lacan anuda y que comprenden el quehacer de la práctica clínica en Psicoanálisis. La táctica, en término generales, es un método empleado con el fin de obtener un objetivo. Lacan coloca la interpretación a nivel de la táctica del Psicoanálisis. Ya que la misma depende de la asociación libre del paciente, y del carácter imprevisto de su decir. Para interpretar, hay que estar atento al equívoco en el decir del paciente, de manera que el analista pueda decir algo que tenga efectos en lo real. Del mismo modo que la emergencia del inconsciente en el discurso del paciente tiene un efecto de sorpresa, la interpretación sorprende tanto al analizante como al analista. No existe una interpretación pre-fabricada.

Por su parte, la estrategia es un conjunto de acciones planificadas sistemáticamente en el tiempo que se llevan a cabo para lograr un fin determinado. La posición del analista en la transferencia es su estrategia. El analista colocado en posición de sujeto supuesto saber del sufrimiento inconsciente del analizante, que luego debe caer. Dependerá siempre del lugar que le dé el analizante, pero siempre está presente la exigencia de un encuentro. También se da el supuesto de que el analista sabe sobre el sufrimiento del sujeto.

Finalmente, la política es la autoridad que interviene para regular el modo de dirigir un asunto o conducirse en él. Lacan aquí ubica el deseo del analista, un deseo que afirma debe ser una “x”. Los pacientes acuden a consulta por un malestar que lo hace sufrir, pero en su mayoría no está del todo decidido a mover las aguas, o remover aquello que le produce dolor. Prefiere mantener su status quo, lo cual se manifiesta en las distintas formas de resistencia al tratamiento. Como explica el psicoanalista Bruce Fink en su libro Introducción a la Clínica del Psicoanálisis Lacaniano:

Si hay un deseo que sirve como fuerza impulsora de la terapia, es el deseo del analista, no del paciente… El analista debe mantener su posición de deseo de que el paciente hable, sueñe, fantasee, asocie e interprete… Es un deseo enigmático que no le dice al paciente lo que el analista desea que diga o haga.

 

El impacto del discurso capitalista

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Los efectos del discurso capitalista en la clínica se evidencian en el afán por la clasificación y las curas tipo. Ante un ser humano, el profesional se remite a clasificar los síntomas en un cuadro diagnóstico, para luego prescribir un tratamiento específico para todas las personas que padecen de “lo mismo”. Dichos sujetos, ahora son llamados clientes por algunas corrientes psicológicas, como si la relación psicólogo-paciente fuera una transacción comercial. El individuo toca la puerta del análisis como quien va a un establecimiento comercial con el fin de adquirir un producto, por el que va a pagar.

De modo que exige al analista y su dispositivo lo que el devenir capitalista le ha enseñado: hay un saber científico -en este caso psicológico- cuyo trabajo devengará un producto para gozar. Entonces exige que el analista esté a la altura del mercado: unas pautas sobre cómo mejorar, algo eficaz y rápido… si puede ser online mejor. De manera que llega con una exigencia de saber del especialista, que reemplaza la demanda de amor.

 

El discurso del analista

La respuesta del discurso del analista es colocarse en el lugar de semblante del objeto de goce. Sin embargo el saber no es el que exige el sujeto, sino un saber supuesto que es inconsciente. El analista exige al analizante un trabajo con el fin de hacer caer esas identificaciones de los significantes amo que no representan al sujeto. Según explica B. Fink:

El fin del análisis consiste en separarse del Otro, y permitirle al sujeto andar su camino sin todas las inhibiciones e influencias que provienen de los otros concretos que rodean al sujeto o los valores y juicios del Otro internalizado.

El sujeto no se encuentra divido en el llamado sintomático. Es decir, el problema está en otras personas, en el trabajo, o incluso en sí mismo pero en aspectos superficiales. En fin, no encuentra su lugar, pero definitivamente la raíz no está en su queja manifiesta, sino en lo que se repite fuera de su control. Al estilo del padre del Psicoanálisis, Sigmund Freud en su intervención en el caso de Dora, el analista cuestiona:

¿Qué tiene que ver usted en todo esto?

 

La rectificación subjetiva

clínica psicoanalítica

En las entrevistas preliminares, procurar lo que Lacan llama la rectificación subjetiva, que involucra una inversión dialéctica que posibilita la emergencia del sujeto como vacío, como pregunta. El sujeto que consulta debe interrogarse sobre lo que le ocurre, y tener un entendimiento de que está de algún modo implicado en su queja o demanda. Esta rectificación subjetiva es a la vez un efecto de la interpretación, puesto que admite redirección cuando la asociación libre se torna pura palabrería. El síntoma de paciente comunica algo de su problemática, tiene algo que decir pues es un sujeto supuesto saber. Sobre éste actúa la interpretación, como un decir que tiene efectos.

El psicoanalista argentino Jorge Alemán cita a Lacan en la «Tercera en Roma» (1973), donde éste presenta un enigma:

Si el Psicoanálisis tiene éxito y cura a la humanidad de los síntomas, el Psicoanálisis fracasa… Éste va a existir en la medida en que esté del lado del síntoma… Veremos si la ciencia y la técnica curan a la humanidad del Psicoanálisis.

 

El factor sorpresa en la terapia

Dentro del dispositivo psicoanalítico no existe un universal, ni para la verdad ni para la interpretación. Cada sujeto que llega a consulta es respetado en su particularidad, a pesar de la creciente tendencia a la estandarización. La eficacia de la interpretación va de la mano de la sorpresa, que está del lado del analizante y también del analista. Por efectos de la interpretación se produce una falla en la repetición infinita que se ha perpetuado en el analizante. Allí mismo, surge el inconsciente que produce extrañas formaciones como los sueños, los lapsus y demás actos fallidos. Los síntomas también pueden sorprender sobre todo cuando irrumpen en la vida del sujeto. Sin embargo, estos síntomas también tienen un carácter de fijeza en el tiempo. Para el psicoanalista Graciela Brodsky comenta:

La sorpresa proviene de la interpretación: responder como conviene en el momento justo y saber concluir a tiempo.

Por su parte, Freud prefería la sorpresa del analista como lo menciona en “Análisis Profano” (1973):

Obtenemos los mejores resultados terapéuticos en aquellos casos en los que actuamos como si no persiguiésemos fin ninguno determinado, dejándonos sorprender por cada nueva orientación y actuando libremente sin prejuicio alguno.

Actualmente por la falta de tiempo, por la incapacidad de la espera, nadie tiene interés en sorprenderse. Vivimos en una civilización contraria a todo aquello que sea incalculable e imprevisible. El entramado del discurso capitalista no admite rupturas. Actualmente la urgencia se lleva por delante la transferencia. Sin embargo, el sujeto en análisis debe apostar por una relación en la cual no tendrá ninguna garantía. Esto va en contra de la exigencia actual del mercado, según la cual el producto no puede perderse. Siguiendo al psicoanalista Gustavo Dessal:

La transferencia queda saturada de ruido y sentido, carece del silencio para escuchar la ‘otra’ voz.

 

El sujeto supuesto saber

clínica psicoanalítica

El psicoanalista francés Jacques-Alain Miller esboza tres formas del sujeto supuesto saber. El primero, es aquel que viene a la consulta, lo que llama el analizante en esperanza. El análisis es un ejercicio de olvido de lo que sabe, y el analizante procura hacer como si no supiera. Esta ignorancia es la condición, que de acuerdo con Miller, se requiere para que el sujeto supuesto saber pueda instalarse en la sesión analítica. El analizante habla de lo primero que se le ocurre aunque parezca tonto o loco. Ésta es la base de la asociación libre que permite el desarrollo de la transferencia.

El segundo supuesto saber entonces es el analista mismo. Por esto, el analizante le confía su sufrimiento, ya que es supuesto saber interpretar. De este modo, como ya se mencionó antes, el analizante accede al régimen del «yo no sé lo que digo”. Esto implica la posición del inconsciente como un descifrable. El sujeto sufre de algo de lo que no tiene idea, por lo que acude a consulta con un profesional que sabe de este sufrimiento. Con respecto al tercer sujeto supuesto saber Miller expresa:

En el interior de lo que digo claramente, otra cosa quiere decirse en la oscuridad, cifrada.

Esto que el inconsciente interpreta, que está cifrado, es la transferencia. Debe realizarse en el análisis un arduo trabajo por parte del analizante para ir descubriendo eso oscuro que le hace sufrir.

Visto lo anterior, Miller ubica el primero como el sujeto supuesta saber en lo imaginario, el segundo en lo simbólico y el tercero en lo real. Juntos forman la estructura de la sesión analítica. Entonces Miller puntualiza lo siguiente:

El sujeto supuesto saber, es el nombre del inconsciente en tanto que transferencial. No hay primero el inconsciente y luego la transferencia. La posición misma del inconsciente, su posición operatoria, se sostienen en la transferencia como transferencia de saber.

 

Comentario final

Hoy esto se ve amenazado por el semblante de saber absoluto de la ciencia, que es numérico y donde se desdibuja el sujeto para inscribir una cifra. Lacan se pregunta si es el amor aquello que puede fundar el lazo social. Pero no el amor narcisista que busca la media naranja que le otorgue una suerte de completud imaginaria. Es el amor que deja patente la imposibilidad implícita en la no-relación entre los sexos. Consiste en amar desde el lugar donde se experimenta esta imposibilidad, y el modo de vivirla, siendo la transferencia uno de sus modos.

Hoy por hoy, mantenerse en el norte del Psicoanálisis es un reto, para mí lo ha sido. He tenido muchas veces la tentación de desviarme, de etiquetar, de buscar la solución más fácil o el camino más corto. He dudado a veces de la eficacia del tratamiento analítico y pensado si es mejor ofrecer una cura light. Es gracias al propio análisis y la supervisión que vuelvo a concentrarme en la teoría y la práctica que elegí. Pues es la que me llama como persona, con la que me identifico, y la herramienta por medio de la cual puedo hacer mi trabajo con los pacientes. En estos tiempos, es aquella que para mí respeta al sujeto en toda su individualidad y complejidad.

Referencias bibliográficas:

  • Alemán, Jorge (2011). El Goce y el Objeto. Trabajo presentado en el Máster de Psicoterapia Psicoanalítica de la Universidad Complutense de Madrid, España.
  • Fink, Bruce (2007). Introducción Clínica al Psicoanálisis Lacaniano. Editorial Gedisa. Barcelona, España.

Fuentes:

El feminismo ante Freud

El feminismo ante Freud

No es ningún misterio que el psicoanálisis y el feminismo han sufrido grandes desencuentros a lo largo de su historia. Entre algunos de esos calurosos debates se han tratado el entendimiento de la sexualidad, la identidad y feminidad. En esta entrada vamos a tocar algunos de los puntos principales en los que el feminismo más ha aportado luz al psicoanálisis freudiano y cómo éste ha nutrido al movimiento con las aportaciones sobre el inconsciente.

La sexualidad de la mujer, oscura e impenetrable

En los primeros escritos de Freud, las mujeres eran reducidas a casos de histeria y se entendía la naturaleza de la misma como oscura. Así, en “Tres ensayos de teoría sexual” Freud plantea las razones por las que la sexualidad de la mujer es oscura e impenetrable: por una parte, la atrofia cultural y por otra, la naturaleza insincera de la mujer. Seguramente, esta segunda razón nos haya al menos sorprendido y es que esta afirmación se fundamenta en dos ideas principales:

– La primera basada en los primeros estudios anatómicos de hombres y mujeres (Siglo XVIII) que se convirtieron en un gran fundamento de discriminación social. Debido a las características anatómicas, los hombres eran definidos como legibles y transparentes, mientras que las mujeres se consideraban extranjeras, incomprensibles. Este lenguaje facilitó juicios hacia las mujeres como la insinceridad, su carácter más natural (animal) con respecto al hombre por ser procreadora y por tanto, la necesidad de responsabilizarse del hogar mientras el hombre se dedica al ámbito público, político y cultural. Así, en “El malestar en la cultura” Freud define a las mujeres como las representantes y encargadas de los intereses familiares, mientras que el mundo de la cultura se convierte en un ámbito masculino.

– Freud, entusiasmado por estos estudios, plantea su teoría tomando como referente al hombre y a partir de ahí, creando paralelismos entre hombres y mujeres. En su teoría refuerza la idea de la mujer insincera desde el concepto de castración. Según Freud la niña entiende la castración como algo consumado, mientras que el niño teme que se dé y este es el motivo por el que se genera un superyó, gracias al cual abandona el complejo de Edipo. Para la niña no hay motivo para superar el complejo de Edipo, por lo que puede permanecer en esta etapa indefinidamente siendo el superyó débil.

La visión de Freud sobre feminidad

Freud establece la diferencia entre hombres y mujeres por la existencia o falta de falo.

La mujer es definida por la carencia del falo, siendo el sustituto del falo un hijo, convirtiéndose ella en madre. Lacan clarifica que la mujer busca al hijo no por el anhelo de ser madre sino en su búsqueda del falo, no entendido como pene sino como deseo. Por tanto, se trata de una búsqueda de lo perdido. Este será uno de los principios de la teoría de Freud que ha sido más rechazado y cuestionado por el feminismo debido al reforzamiento y mantenimiento de una concepción falocéntrica de la cultura.

En “La investigación sexual infantil” Freud explica que cuando los niños y niñas son conscientes de la posesión de diferentes genitales, en el niño se produce el menosprecio y rechazo hacia el otro sexo ya que percibe los genitales de la niña como mutilados, apareciendo así la amenaza de castración. En cambio, en la niña aparece la envidia de pene y surge el deseo de ser un hombre ya que considera el pene como superior a su propio órgano que se encuentra escondido. De este hecho se produce en la niña:

Complejo de masculinidad que es la esperanza de poseer el pene, logrando obtener la misma fuerza de poder que el hombre.

Desmentida que ante la negación de la castración, la niña se comporta como un hombre.

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Parece evidente en todos los casos que según Freud, la feminidad conlleva al reconocimiento de la inferioridad del órgano y de la mujer con respecto al hombre.

Pero la envidia de pene, según Freud tiene otro tipo de consecuencias como un empeoramiento en la relación con la madre (la niña responsabiliza a la madre de no tener pene y la madre reprime la masturbación clitoridea, generando una herida narcisista donde se crea un sentimiento de inferioridad y provocando un sentimiento de menosprecio y celos).

Así, a través de la represión que ejerce la figura materna, la feminidad surge en la mujer cuando su placer clitorideo se desplaza al vaginal.

Freud además plantea ciertas peculiaridades de la feminidad como la necesidad por ser amada, el ensalzamiento de los atributos atractivos como compensación de su inferioridad sexual y la aparición de la vergüenza y pudor como una intención de esconder la defectuosidad de sus genitales.

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La obra de Freud y su teoría sobre la sexualidad femenina se vio inspirada y reforzada por el antropólogo Felix Bryk y su obra. Felix Brik fue conocido por sus estudios de tribus africanas en las que se practicaban la ablación del clítoris. En su obra explicó que las mutilaciones impuestas a las mujeres africanas tenía como fin el facilitar el desplazamiento orgásmico de la zona clitoridea a la vaginal. Además explicó que la intención de estas tribus no era suprimir el placer femenino, sino encauzarlo para obtener fines reproductivos.

Estos escritos sobre los que se apoyaba la teoría de Freud, entusiasmaron a Marie Bonaparte (princesa de Grecia y Dinamarca, escritora y psicoanalista) que consideró estas mutilaciones físicas lo análogo a la represión que produce la madre a la niña en la cultura europea. Como dato curioso, Marie Bonaparte se operó hasta en tres ocasiones para acercar el clítoris a la vagina pero no encontró mejora en su satisfacción sexual, por lo que la teoría freudiana sufrió una gran bofetada ya que se constató que el desplazamiento de la sensibilidad del clítoris a la vagina se fundamenta por la cultura y no por la anatomía, aunque resultó ser un buen intento.

El debate sobre la identidad en el feminismo

El feminismo es un movimiento de resistencia de las mujeres a aceptar los roles, situaciones sociopolíticas e ideológicas que se fundamentan en la jerarquía de sexos basada en un enfoque naturalista. Una de las tareas que han llevado a cabo prácticamente desde la Revolución Francesa hasta hoy, ha sido cuestionar los roles y estereotipos de cada sexo, interrogando la identidad de hombres y mujeres y exponiéndolos a transformaciones.

Si bien es cierto que los años 60 fueron caracterizados por el crecimiento del movimiento feminista, los años 80 han sido cruciales por las discusiones sobre identidad que se compaginaron con el auge del concepto género. Este concepto permite la construcción y transformación de identidades que hasta ese momento estaban determinados por atributos biológicos, de manera que la diferencia justificaba la subordinación. Este concepto ahora tan común, supuso el impulso de políticas públicas con perspectiva de género, entrando las mujeres a formar parte explícitamente de las políticas estatales y de los planes de desarrollo local, nacional y macroeconómico.

El feminismo permanece actualmente en el debate de la identidad ya que dentro del movimiento existen diferentes vertientes que difieren en su percepción de la identidad, aunque comparten su cuestionamiento de la cultura falocéntrica.

El feminismo de la diferencia plantea que hay una esencia común a todas las mujeres y que esta esencia conforma la identidad de las mismas. Esta esencia a su vez se conforma por una serie de valores femeninos intrínsecos y milenarios. Con esta vertiente se revalora a la mujer a través de los atributos asignados desde lo social, pero modifica el lenguaje, reescribiendo su historia sin los prejuicios masculinos. Algunos ejemplos son la transformación de atributos como la pasividad que se redefine como el amor por la paz o la emotividad que se determina como una mayor capacidad de expresión de sentimientos.

El feminismo de la igualdad rechaza este tipo de identidad porque pese a ser depurado del lenguaje de dominancia masculina, sigue cayendo en la identificación como proyección del otro, complementando la identificación masculina. Así, esta vertiente reivindica en la mujer la existencia de atributos históricamente pertenecientes al mundo de lo masculino. Sin embargo a esta vertiente se le ha criticado que aumenta los ideales del mundo femenino, aumentando exigencias y creando ambivalencias en las mujeres que deciden negar otras partes de su self.

La dicotomía existente en el feminismo diferencia- igualdad ha creado muchas discrepancias entre sus miembros, perdiendo el rumbo del debate. Son muchas las personas que consideran que las vertientes no son excluyentes, porque ambas ofrecen una visión rica de la población femenina heterogénea. Así, plantean que la identidad no es estática, sino que se modifica con la historia y el propio desarrollo de la persona, por lo que la identidad es una construcción en el aquí y en el ahora. Así concluyen que al movimiento le falta empatizar con las dificultades que afectan a las mujeres cuando deciden diferenciarse del modelo materno, para así facilitar la liberación de las mujeres. En relación con esta idea, Marcela Lagarde plantea que una de las problemáticas existentes en el feminismo es que las feministas no se reconocen en las otras ya que en sus relaciones interpersonales se proyecta la relación madre- hija, por lo que propone la sororidad en donde la otra ya no es madre sino hermana.

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Sin embargo, ambas vertientes muestran una postura muy clara hacia la teoría de Freud y algunas de sus críticas más consolidadas y que han movilizado a analistas a revisar la teoría son las siguientes:

– El feminismo rechaza el concepto freudiano de envidia de pene y en la concepción de la feminidad como el cambio de la zona libidinal del clítoris a la vagina, ya que concibe a las mujeres bajo su función de reproducción.

– El feminismo cuestiona la envidia de pene y sugiere el fenómeno de la envidia por dar vida de los hombres. Posteriormente, dejando atrás estos conceptos, se plantean el terror que pueden sentir los hombres ante el hecho de poder dar la vida y el poder de los genitales femeninos. En concreto, en este punto ha sido muy importante la visión de Betty Friedan que añade que las mujeres no tienen envidia de pene sino que reclaman mejoras sociales y lo que sí envidian es el estatus del hombre en la sociedad. Otra aportación es la de Liliana García que apoya la idea de que la lucha feminista es la negación de la falta y del complejo de masculinidad, siendo una queja por la falta y en la no aceptación de la castración. Así afirma que se trata de una batalla fálica.

Camino hacia nuevas identidades: feministas y analistas debaten

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El psicoanálisis más ortodoxo no se ha silenciado al respecto y ha dado su interpretación sobre el movimiento feminista; el psicoanálisis no sólo entiende el feminismo como una expresión de la negación de la falta, sino también como un movimiento histérico que demasiado cegado por la explicación culturalista, no entiende el mundo de la psique y el funcionamiento del inconsciente. Así, teniendo únicamente en cuenta la discriminación histórica y social, se busca la causa de discriminación y su propia identidad.

Por otro lado, en el psicoanálisis se han dado posturas más conciliadoras, en donde se ha dado un reconocimiento de muchas de las críticas que las feministas han ofrecido a la teoría de Freud. Un claro ejemplo es Karen Horney, psicoanalista feminista que siendo una de las pioneras del movimiento culturalista, estima que tanto el desarrollo normal como patológico y la identidad femenina tiene su origen en la cultura. Horney rechaza la teoría freudiana y frente a la envidia de pene y el complejo de castración, defiende la identificación de la hija con la madre y la envidia del hombre por la maternidad. Asimismo, Horney ha sido una gran defensora del desarrollo de la feminidad como fruto de factores innatos y la relación entre madre- hija, entendiendo los sentimientos de inferioridad de las mujeres como resultado de la cultura y no por biología; así, son los factores socio-culturales los que evitan que la mujer se expanda y se desarrolle con libertad tanto en el ámbito personal como sexual.

Más allá del feminismo y el psicoanálisis, parece que los significados sociales de género se transmiten constantemente a través de la relación, por lo que las identificaciones no sólo corresponden con el complejo de Edipo y sus consecuencias. Son los propios padres y madres quienes favorecen la huella de estas representaciones tanto conscientes como inconscientes. La forma de transmitir estas representaciones, es a través de:

– Expectativas y deseos

– La relación que crean con la hija

– La relación de la propia pareja que resulta un aprendizaje en donde la niña no sólo incorpora la identificación de la figura materna, sino la de una relación, en donde se interioriza la relación que la madre tiene con el padre.

En todo caso, el debate sigue abierto ya que actualmente se ha abandonado una posición de proteccionismo ante la figura del genio Freud, para buscar una respuesta ante la identidad femenina más actualizada y acorde con las necesidades reales de las mujeres de nuestro tiempo, en una doctrina en la que ya no sólo se cuenta con la participación de los hombres.

El impacto de la tecnología en la imagen del cuerpo

Esta publicación está inscrita dentro de una serie en la cual se tratan fenómenos propios del siglo XXI: “Un nuevo malestar: la realidad virtual” y “El goce de mirar y hacerse-mirar”. Para introducir el contexto del vínculo del sujeto con su cuerpo, se tomará como referente la ponencia de la psicoanalista francesa Marie-Hélène Brousse sobre Cuerpos Lacanianos (2010). Según Brousse, el gran aporte de Lacan con respecto a la imagen fue la delimitación de la misma como teniendo un poder en lo real. Es decir, como algo que es eficaz y tiene consecuencias en lo real. Brousse retoma el ejemplo que utiliza Lacan basado en la etología sobre la reproducción sexual de las palomas. De acuerdo con estos estudios, para que los órganos sexuales de estas aves se reproduzcan, es necesaria la percepción de la imagen de otra paloma en un momento crítico de su desarrollo. Por su parte, en el desarrollo infantil, se observa como la concepción del cuerpo se construye a partir de la relación del niño con su imagen en el espejo.

 

El Estadio del Espejo

Imagen del Cuerpo

Durante las primeras etapas del desarrollo, predomina en el bebé lo que Lacan llama la fantasía del cuerpo fragmentado. Según la misma, el bebé no experimenta su cuerpo como un todo unificado, sino como partes aisladas. Lo podemos observar cuando el infante encuentra sus piecitos y los introduce en su boca, como un objeto de satisfacción de su pulsión oral. Igualmente se evidencia toda vez que el bebé se extrañe ante su imagen en el espejo, y traté de tocarla como si fuera otra persona.

El Estadio del Espejo es un concepto propuesto por Lacan que consiste en el paso de la experiencia del cuerpo fragmentado del bebé recién nacido, al reconocimiento e identificación de la imagen de su propio cuerpo en el espejo. La madre en su discurso le indica “éste eres tú”, creando paulatinamente en el niño la imagen de sí mismo.

Esta experiencia ocurre en tres tiempos:

  • Primero el bebé experimenta una confusión entre sí mismo y el otro. Como si percibiera la imagen de su cuerpo como la de un ser real al que intenta acercarse o atrapar. Esto domina la dialéctica del comportamiento con sus semejantes.
  • Luego, puede distinguir la imagen del otro de la realidad del otro. Descubre que el otro del espejo no es un ser real sino una imagen, por lo que ya no intenta atraparla.
  • Surge la convicción de que la imagen del espejo es la suya. Al reconocerse, el niño reúne el cuerpo fragmentado en una totalidad unificada, que constituye la representación del propio cuerpo. El reconocimiento de su imagen en el espejo, constata la conquista de su identidad.

Si el niño no atraviesa satisfactoriamente este estadio, se hace una barrera protectora, donde fallan la simbolización del cuerpo y las identificaciones primarias. Siendo que la unidad de la imagen corporal no está lograda, si algo de esta imagen o del entorno se altera, surge la angustia del ser, experimentada como angustia de muerte o angustia de fragmentación.

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Del cuerpo fragmentado a la imagen del cuerpo

Volviendo a la ponencia de M.H. Brousse, en un principio el niño experimenta sensaciones orgánicas múltiples sin unidad, lo que Lacan denominó cuerpo fragmentado. La unidad posterior del cuerpo no viene de estas sensaciones, sino de la imagen encontrada en el espejo (o en el otro primordial). Con el logro de la imagen unificada del cuerpo, en la psique se establece una suerte de velo que cubre al cuerpo fragmentado. Brousse lo conceptualiza de la siguiente forma:

Imagen del cuerpo

La barra representa al velo, que deja al cuerpo fragmentado en el inconsciente. Cuando esta barra falla, se dan fenómenos característicos de la psicosis. En dicha estructura psíquica, se evidencia como el cuerpo está fragmentado. Por esto, la auto-mutilación es posible, ya que son sólo partes que pueden desprenderse sin más.imagen del cuerpo

En sujetos neuróticos, ocurren fenómenos que evidencian la angustia ante la caída de este velo. M.H. Brousse pondrá dos ejemplos que ilustran muy bien este aspecto. El primero, muy cotidiano, se trata del cabello. Éste es una parte de la imagen exaltada y con un alto valor fálico en todas las culturas, aunque sea de maneras distintas. ¿Qué ocurre cuando vemos hebras desprendidas del cuero cabelludo en el lavamanos o la bañera? Fuera de la imagen unificada produce una sensación repulsiva.

El segundo ejemplo, se basa en el film “Salvando al Soldado Ryan”. Se enfoca en la escena donde un soldado es lanzado al suelo producto de una explosión. Al ver a su lado su propio brazo desprendido de su cuerpo, entonces grita. Esto evidencia como algo de la imagen del cuerpo cortado produce terror. Lo mismo ocurre con las voces y la mirada, que nos son familiares siempre que parezcan provenir de una boca o unos ojos humanos.

 

Los efectos de la ciencia en la imagen del cuerpo

En la actualidad, el desarrollo de los discursos de la ciencia y la tecnología, han impactado el modo en el sujeto experimenta la imagen de su cuerpo. En ocasiones produciendo la experiencia del cuerpo fragmentado característica de etapas más tempranas del desarrollo. ¿Qué fenómenos actuales dan cuenta de estos procesos?

1) El cuerpo visto desde dentro:

Como se expuso en el post sobre la mirada: El goce de mirar y hacerse-mirar, la imagen del cuerpo ahora está separada de la percepción visual humana. Un ejemplo claro son las ecografías, que constituyen las primeras imágenes del bebé antes de nacer. Del mismo modo, con el uso de los ultrasonidos, los médicos pueden ver a través de la piel. En la actualidad, somos capaces de ver elementos que no existen en la experiencia perceptiva posible para el ojo humano. Aunque el sujeto esté detrás, son imágenes imposibles de ver sin las máquinas.

2) El cuerpo como objeto científico:

El discurso de la ciencia ha alterado la vivencia de cuerpo fragmentado, que ahora no está velado sino expuesto. La ciencia ha despojado al cuerpo de la imagen que lo recubría. Ahora, se ha constituido en su objeto de estudio, e incluso un objeto de comercio que se puede comprar o intercambiar. Es lo que ocurre con los trasplantes de órganos, su donación e incluso su tráfico.

3) La ideal y falsa imagen del cuerpo:

Del mismo modo, la imagen del cuerpo es un aspecto importante del yo ideal. Hay sujetos para los cuales la imagen de su cuerpo no corresponde con este ideal. En la actualidad, la cirugía plástica estética está disponible para tratar de cerrar esta brecha en la realidad. En algunos casos, se busca un ideal de belleza, en otro incluso un cambio de sexo. Lo cierto es que el abuso de esta práctica crea perplejidad en el observador.imagen del cuerpo

4) Los gadgets como extensión del cuerpo:

La realidad virtual y la tecnología de teléfonos celulares permiten por un lado una suerte de conexión entre la máquina y el cuerpo, al igual que el lente de las cámaras fotográficas con el ojo. La ciencia hace posible superar otra barrera, el objeto está presente en su ausencia. Del mismo modo que el ojo humano no tiene la capacidad de ver a través de la piel, físicamente es imposible estar simultáneamente en dos sitios. La ciencia y la técnica lo han hecho posible, siempre que se tenga la máquina. El consumo de las mismas se torna vital.

5) El cuerpo virtual:

El cuerpo en las redes sociales cumple algunos rasgos de los otros fenómenos mencionados. Primero, la ausencia del cuerpo real en el establecimiento de los vínculos interpersonales. Dos o más sujetos pueden relacionarse sin estar en el mismo lugar físico, por medio de los aparatos electrónicos y el internet.

Por otro lado, es posible hacer una “cirugía virtual” de uno mismo, al plasmar en las redes rasgos ideales para el sujeto, que pueden o no corresponder con la realidad. En el plano de la imagen, el uso de filtros, aplicaciones, y programas como Photoshop, permiten alterar esa imagen y mostrar a sus “amigos” o “seguidores” una cara más hermosa según con los estándares de belleza de cada quien.

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Comentario final

En muchos casos, el modo en que la tecnología impacta la imagen del cuerpo es beneficiosa para el sujeto, proporcionando oportunidades sobre todo el en ámbito de la salud. En otros casos, la tecnología se constituye en un medio a través del cual es sujeto manifiesta alguna dificultad con respecto a la imagen de su cuerpo, en relación consigo mismo y con su yo ideal. El grado en que estos cambios en la tecnología y la ciencia tengan un impacto o no en el sujeto depende de factores que se relacionan con la resolución de procesos psíquicos complejos en la infancia y el desarrollo posterior.

 

 

Referencias bibliográficas:

Fuentes:

El goce de mirar y hacerse-mirar

Lo más característico de la vida moderna no era su crueldad ni su inseguridad, sino sencillamente su vaciedad, su absoluta falta de contenido.

– George Orwell (1949)

 

En el mundo globalizado del Siglo XXI, el sujeto puede aparentemente relacionarse con más personas, incluso de otras latitudes del mundo. Paradójicamente, hay un incremento de la soledad, los dramas sociales y el sufrimiento psicológico. El discurso capitalista se ha coronado como sistema económico y social por excelencia en los países llamados occidentales. Estamos solos en relación al otro semejante, y al mismo tiempo estamos constantemente expuestos al gran Otro: el sistema. Esto lleva al sujeto a confundir sus objetos (de amor) con los gadgets (objetos de consumo), que actúan como termómetro de su estado de bienestar.

 

La sociedad Orwelliana

En 1949 George Orwell publica su obra “1984”, en la cual presenta una sociedad ficticia indeseable en sí misma. Pretende la felicidad mientras que oprime a sus ciudadanos y los condena al sufrimiento. Escasas décadas después, se encuentran paralelismos con lo que ocurre en la actualidad. Vivimos en un mundo en el cual se manipula la información y se practica la vigilancia masiva.

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Uno de los protagonistas de esta obra literaria es llamado sarcásticamente el Gran Hermano. Éste tiene un carácter omnipresente y lo observa todo. Además, aparece constantemente en la trama a través de las tele-pantallas, en la enérgica propaganda de «El Partido». Su existencia es enigmática, pues nadie lo ha conocido ni se sabe su verdadero nombre. ¿Será el Gran Hermano una persona real o una invención propagandística para infundir respeto y temor en la población?

Si bien Orwell se basó en los sistemas totalitarios y de valores colectivistas, algunos rasgos de este fenómeno se evidencian en la actualidad. En nuestra cultura dominada por el capitalismo, estamos vigilados constantemente. Estamos a merced del Gran Hermano.

 

La mirada y la pulsión escópica

El psicoanalista francés Jacques Lacan estudia la temática de la mirada en su seminario “Los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis”. En éste discute el libro “Lo visible e invisible” del filósofo Marleu-Ponty. Lacan distingue la pulsión escópica, centrada en la mirada subjetivante, de la función fisiológica de ver. Por definición, ver es la acción y el resultado de captar el mundo por medio de la vista. Mientras que mirar, consiste en fijarse en un detalle particular de aquello que estamos viendo.

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Durante el desarrollo del sujeto, la madre mira a su bebé, y le va introduciendo la imagen de su propio cuerpo como algo unificado. Este bebé se va convirtiendo en un sujeto, pues hay alguien que dirige hacia él una mirada amorosa. Entonces en el niño va surgiendo un deseo de ser mirado, y posteriormente de mirar él mismo.

Al igual que todo los aspectos pulsionales del ser humano, esta mirada debe tener un límite. Es angustiante para el pequeño ser mirado todo el tiempo. Es por esto que los niños disfrutan el juego del escondite. En el mismo, el niño se oculta de la mirada del otro, y a la vez desea que el otro lo busque. El goce que se pierde al no poder mirar o ser mirado todo el tiempo, se recupera a través del juego.

 

La mirada de la ciencia

Gérard Wajcman (2011) en su libro “El Ojo Absoluto” introduce la noción de que somos mirados permanentemente. Esto se constata ante la infinidad de cámaras de vigilancia que hoy son parte del entorno natural del hombre citadino. El deseo de mirar, propio de la naturaleza humana, ahora parece ser potenciado por la ciencia y la tecnología. Éstas implantan la creencia y la promesa de que tarde o temprano absolutamente todo es posible. Dentro de estas posibilidades, entra el ver-todo que se impone como un mandato, desnaturalizando el deseo previo. Igualmente, funciones que antes estaban separadas, deben condesarse y formar un solo objeto. Entonces desaparece el corte entre ver y ser visto, entre el sujeto y el objeto.

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Wajcman propone la Transparencia como un fenómeno actual. La ciencia y la técnica han sobrepasado los límites del cuerpo, pues ahora puede verse a través de la piel. El único intermediario es la pantalla, ya sea la del monitor o el televisor. Incluso el bebé ya no es sólo anticipado por la palabra, sino por “sus primeras fotografías” tomadas cuando aún habitada la comodidad del vientre materno.

Hoy en día, todos los objetos tecnológicos tienen un ojo integrado, con una gran capacidad de memoria para almacenar todas las imágenes producidas. Entonces tomamos fotos frenéticamente, en lugar de mirar. Se mirará siempre más tarde, imágenes que son almacenadas en carpetas de la memoria. Cada una tiene su minuto de gloria para luego ser sustituida por los millones que le siguen. Wajcman titula una de las secciones de su libro: “Ver Todo, Perdérselo Todo”, ya que hay demasiadas fotos y no bastantes ojos para verlas.

Esto se constituye en una amenaza a lo íntimo, ya que el lugar donde el sujeto puede sustraerse de la mirada del Otro le es arrebatado. La tendencia actual a la transparencia es opuesta al derecho del sujeto a ocultar su verdad inconsciente, de la que él mismo tampoco sabe nada. ¿Por qué? La mirada omnipresente del sistema sobre nuestras formas de satisfacción le proporciona información importante. De este modo, el mercado sabe cómo anticiparse y colmar todos nuestros deseos. A través de Internet se pueden conocer los intereses intelectuales, sociales y hasta sexuales; que luego son ofrecidos como objetos plus de goce. Actualmente no se crea una invento para satisfacer una necesidad, mas bien se crea la necesidad de dicho invento.

 

Lo público y lo privado

El psicoanalista francés Jacques-Alain Miller expresa:

Hoy no sólo tengo derecho a gozar a mi manera, sino también a decírselo a todo el mundo. Hay un plus de goce que no está velado, sino que se exhibe de todas las maneras posibles. La sociedad ha dado un giro para pasar de la intimidad de los goces privados de la Viena Victoriana de Freud, a la exposición pública de todos los modos potenciales de gozar.

La influencia del Psicoanálisis pasa por la idea actual de que si algo anda mal, es absolutamente necesario hablar, y por qué no, publicar. Las pacientes histéricas de Freud vivían en la época de la represión y el secreto de la doble moral. Freud liberó la palabra cuando descubrió las pulsiones y los deseos inconscientes. No se imaginó que el sujeto un siglo después estaría vociferando sus goces y desgracias, exhibiendo sus secretos más íntimos. Consecuentemente encontramos las estanterías repletas de libros de auto-ayuda basados en la vida de personas comunes que obtuvieron los logros que la sociedad les impone como deseables. Todo el mundo tiene una historia que contar. Esta es la era de los talk shows, cada uno protagonista de su propio espectáculo.

 

La realidad como espectáculo

El paso de lo público a lo privado, no sólo implica el empuje actual a decirlo todo. No basta sólo con palabras huecas, pues además se hace imperativo hacerlo visible en imágenes. La sociedad del show business nos pone a disposición el goce de la pulsión escópica. El sujeto cae y consiente esta dinámica, por lo que se muestra más que dispuesto a exhibirse.

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Siguiendo a Wajcman, para esconder algo es preciso reconocerse en él. De modo que sólo es posible exhibir sin pudor cuando el sujeto no se reconoce exactamente en lo que muestra. En este sentido, el exhibicionismo apunta a algo del desapego y liberación respecto de sí mismo. Es decir, que la mirada a la que se expone no apunta a él como sujeto, no está implicado y no es responsable de lo que se ve de él. Así es como los actores que representan un personaje toman distancia de sí mismos.

En este contexto surgen y se popularizan los reality shows, en los cuales suponemos ser testigos de la real cotidianidad de sus protagonistas. Podemos identificar tres tipos de reality shows:

  • Primero tenemos los Top Shows, en los cuales sus participantes cuentan con un talento que enmascara el verdadero propósito de mostrarse: canto, baile, cocina, modelaje, etc.
  • Segundo se ubican los New Celebrities Shows, teniendo como prototipo “Keeping Up with the Kardashians». Éstos se basan en la vida de un grupo reducido de personas que cuentan con un estatus de vida excéntrico y lujoso, cuyo único talento es seguir siendo famosos.
  • Por último, se encuentran los Truman Shows, basados en la película que lleva el mismo nombre. Sus participantes cuentan con una carencia emocional importante. Esto les hace exponerse a una situación de encerramiento con extraños, y ser sujetos del escrutinio colectivo. Quedan a merced de los medios de comunicación, que tienen acceso a las reacciones de público, y manipulan las condiciones de la casa-jaula para obtener mayor rating.

Citando a la psicoanalista Diana Wolodarsky en su artículo Reality Show:

El Reality puede inscribirse como un nuevo gadget de la época: un objeto más de consumo ofrecido en el mercado para saturar el vacío de existir… el sujeto paga el precio de ser reducido a la condición de objeto, como un producto más del consumo del mercado.

 

El ideal de fama injustificada

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En el Siglo XXI, programas de televisión como Big Brother son populares tanto en países desarrollados, como en los llamados peyorativamente tercermundistas. La pobreza económica no es el factor determinante, sino el empobrecimiento de la experiencia. Lo importante es atraer las miradas, puesto que la sensación de no ser mirado acarrea una irremediable falta en ser. Hay una consigna: “Me miras, luego soy. Soy mientras me miras.”

Otro factor importante a considerar es la caída de los ideales. Diariamente, incluso en las redes sociales, los sujetos-objetos de la mirada buscan fervientemente un estatus de celebridad. La particularidad y lo que le distingue de generaciones anteriores, es que dicha insignia surge ante la ausencia de un talento o saber extraordinario. Más bien se basa en la realización de las actividades cotidianas, lo cual genera admiración en sus espectadores y deseo de imitarlos.

Woody Allen plasma este fenómeno en su película “A Roma con Amor”. El personaje Leopoldo Pisanello es un tipo terriblemente aburrido, quien una mañana se convierte en el hombre más famoso de Italia. Es constantemente acosado por lo paparazzi, empieza a disfrutar de los privilegios de su fama. Un buen día, el foco de atención se desplaza a una nuevo famoso desconocido, Aldo Romano. Entonces, el pobre Leopoldo ignorado trata desesperadamente de mantener su nivel de fama. Realiza actos que llegan al extremo de desnudarse en la calle: toca fondo.

Esta reflexión sarcástica de Allen, nos muestra el precio a pagar por la fama injustificada. Actualmente, las redes sociales y los reality shows, entre otros fenómenos, alimentan esta sed de ser mirados y mirar. Llegan los sujetos a borrarse con el único fin de hacerse visibles para alguien, hay espectadores anónimos y disponibles. «Ser mirado» depende del otro que mira, mientras que «hacerse-mirar» está del lado del sujeto, quien se exhibe buscando ser notado, admirado y hasta envidiado.

De este modo, seguiremos siendo bombardeados con los detalles más irrelevantes de lo que le ocurre a estas personas en sus vidas vacías. Continuará la producción y desecho incesantes de famosos injustificados. Los espectadores seguirán de cerca el show del momento, ilusionados o decepcionados. Y esto será así, mientras el mercado encuentre un beneficio económico y/o social. Tal como culmina Wajcman en su libro:

Cada quien es susceptible hoy de ser el gran reportero de todas las tragedias del mundo, desde las más grandes hasta las más minúsculas.

 

Referencias bibliográficas:

  • Miller, Jaques-Alain; Laurent, Eric. (2005). El Otro que No Existe y sus Comités de Ética. Editorial Paidós. Buenos Aires, Argentina.
  • Nasio, Juan David (2011). La Mirada en Psicoanálisis. Editorial Gedisa. Barcelona, España.
  • Wajcman, Gérard (2011). El Ojo Absoluto. Ediciones Manantial. Buenos Aires, Argentina.

Fuentes: