Agradecimiento a mis cuarenta

 

Velas

 

Hoy cumplo 40 años, entro en lo que en Psicología del Desarrollo llaman la adultez. Atrás queda la infancia, la adolescencia y la juventud, tres etapas pasadas y una nueva por descubrir.

Ayer recapacitaba sobre ello y lo primero que me ha venido es una necesidad de agradecimiento. Y como si fuera un vendaval, en mi mente han comenzado a aparecer una serie de personas, espacios, lugares, palabras, momentos, a modo de fotograma, en distintos colores, ráfagas muy fugaces, destellos de amarillo, marrón, verde….  como si al tomar conciencia de que se acerca mi cumpleaños, de quién soy, el automático de la memoria me ha empezado a lanzar mensajes y recuerdos. 

Agradecimiento, esa es la palabra, y mientras la escribo, se me saltan las lágrimas, me sale el llanto y se me hace un nudo en la garganta. En este momento, aquí y ahora, agradecer es lo que necesito en mi vida.

Sentada en mi escritorio, el rincón de la casa que considero mi espacio, rodeada de libros, taza de té, fotos, desorden, pies descalzos, primavera que llega, la noche que todo lo calma, me siento más yo, me siento en mi lugar de escucha.

Agradecimiento a este espacio que me acoge, que me da sentido y calor, a todos los libros que leí completos, a los que dejé a medias porque no entendí, porque no me engancharon y a los que tanto me gustaron, prometí volver a leer y nunca lo hice. Gracias por crearme mundos a los que he escapado, por hacerme sonreír cuando estaba depre y por darme páginas y páginas de entendimiento en mi búsqueda.

Y porque el mundo está lleno de polaridades, agradezco también a esos escritos que quemé en una hoguera, encima de la tierra que los vio nacer y que me dieron libertad para volver a empezar, para escribir nuevos renglones y dibujar nuevos escenarios de mi vida.

 

 

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Gracias a mi familia. Mujeres y hombres del campo, trabajadores de la tierra, luchadores en un mundo de escasez, de guerra y de hambruna. Sé que os debo una mirada lenta, conoceros, saber de vuestras vidas, fechas, reconocerme como parte de vosotros; saber quién hay bajo los filtros de las pocas fotos amarillentas que conservo en los álbumes familiares.

Gracias Papa, por enseñarme a querer la tierra, las plantas por mostrarme que las cosas sencillas, son sencillas, y no necesitan de más adornos, están bien así y a que los árboles hay que hablarles desde el corazón y tocarle las hojas y acariciarlos para que den fruto.

A Mamá porque me gustaba y me gusta verte cantarina, por tu alegría, por decir lo que piensas sin que la lengua te pese, por la espontaneidad y la creatividad para montar de un pantalón viejo un delantal. A los dos, por quererme, por darme la vida, la vida que tengo, la vida que soy.

A los bizcochos de manzana de tía Bibi, por tu ternura, porque te llevo en mi corazón, porque estás conmigo en muchos momentos de mi vida. A mis amigos con los que crecí y sigo creciendo. A los que ya no son mis amigos por entender que en la vida, los caminos se cruzan y a veces se separan. A mis amores, desamores, novios, parejas, ex parejas, princesas y príncipes que pasaron por mi vida y yo por la de ellos, porque aprendí a distinguir entre amor, pasión, deseo, ternura, cariño, celos, infidelidad, amistad con roce, sin roce y todo a la vez mezclado. Un sinfín de emociones que hoy me hacen vivir el amor con mayor libertad y conciencia.

A los viajes que he podido hacer, que he disfrutado, a los países que se me han quedado grabados en la piel y a la gente con la que he compartido. Gracias México, Chile con vosotros renací unas cuantas vidas, me quitasteis las arrugas. Nani, Miguel, Vanesa, Cintia, Fausto, Santiago, Cintia, Gisela, Ingeniosos… a la Cordillera, con mayúscula por tu fuerza, tu grandeza, porque eres el gran santuario de altura, a Nestor por tu manera de vivir en libertad, a Juan, Trekking Club por enseñarme que no hace falta buscar fuera, que todo está dentro y que la montaña es un lugar sagrado donde los dioses nos saludan al caminar, y la senda, un laberinto donde hay que seguir con confianza, intuición y amor

A mi familia de gestálticos, satianos y exploradores, por quererme como soy, por hacerme crecer, porque sois muy bonitos. Juan Shambhala, Marien, Sonia, Rocio, Rafa, Sonia 8 bicicletas, sois todo corazón y melón.

Al cielo que miro, a los balcones con flores, a Alberto por crecer juntos, por tu escucha, por cuidarme, a Vanesa porque ser mamá es la sangre en tus venas… y qué se yo de eso, Ernesto por tu confianza infinita, a Tango, a los Joses, María, Regina, Diego…

A Estrella, mi estrella, con la que hablo, la que me escucha, la que me ve, con la que me dejo ser. A Claudio, Maribel, Olga, María, Gerardo …

 

A mis maestros, a cada uno de vosotros, que me habéis ayudado a ser quien soy, a cumplir mis 40…tanto, tanto… gracias a la vida. 

 

 

 

 

 

¡Quiero mi zanahoria!

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¿Cuál es tu zanahoria?

 

Es un nuevo coche, un ascenso en el trabajo, tener una vida perfecta, conseguir pareja, o tal vez es, encontrar la felicidad, viajar a la Antártida o terminar una prueba ironman. ¿Qué sueños, proyectos y deseos tienes?

Muchos de nosotros, entre los cuales me incluyo, tenemos idealizaciones, motores en nuestra vida que nos impulsan para avanzar, saltar situaciones y superarnos. Incluso dentro de las técnica del Coaching trabajamos con un lenguaje orientado a objetivos, acompañamos para conseguir lo que quieras y alcanzar tus sueños, transformándolos en en visión mediante la acción.

Posiblemente si te paras a pensar, encuentres a tu alrededor, un campo lleno de zanahorias que te gustaría conseguir. Hoy quiero pararme a reflexionar sobre si esa zanahoria que tanto ansiamos, es ecológica o por el contrario lleva demasiados pesticidas dañinos para nuestro cuerpo y mente.

Me estoy refiriendo en concreto a que en muchas ocasiones, ese ideal que imaginamos, es un introyecto adquirido de nuestros padres, aquello que ellos no pudieron alcanzar y nosotros como hijos debemos esforzarnos para conseguir, está movilizado por la culpa, por los ideales de la sociedad, por la empresa en la que trabajo o por tantos otros factores.

Es un ideal bastante tirano, que nos mueve hacia la acción, hacia el hacer y nos separa del contacto con nuestro ser. Como apunta Reyes en su libro El origen de la infelicidad:

 

«La zanahoria es la trampa que desea el conejo, pero que en realidad es su perdición» . (Reyes, 2015).

 

Su perdición porque una vez conseguida, nuestra mente vuelve a concentrarse en otro ideal casi inmediatamente (Reyes, 2015). Por tanto, nos requiere un esfuerzo continuo.

En ciertos caracteres, (psicopáticos, eneatipos 6 y 3 del Eneagrama), esta tendencia al esfuerzo se acentúa aún más. Son muy esforzados, no encuentran su sitio en el trabajo, en la familia, en la vida y todo se convierte en un esfuerzo para conseguirlo. Les cuesta rendirse y reconocer sus propios límites. Hay una mirada hacia el futuro desde el miedo al fracaso y desde el qué van a pensar de mi. Si me rindo, habré fracasado, no puedo doblegarme ahora, no puedo doblar mis rodillas, van a ver mi debilidad.

En lo que he podido ir explorando en mi propio carácter y en el de personas a las que he acompañado en sesiones de coaching y terapia, detrás de este esfuerzo tan intenso hay un tirano, un policía al que le cuesta doblegarse, y sobre todo, una gran desconexión con su ser real. Dificultad para abrir el corazón y mucho apoyo en el exterior, en cuestiones que nada tienen que ver con él o ella. Una obligación por hacer todo bien de cara a la galería.

 

¿Qué puede ayudarnos para conectar con nuestro equilibrio?

 

Fundamentalmente, contactar con nosotros mismos desde la ternura, desde el amor y la aceptación de nuestros límites. Mirarnos al espejo y tener la valentía de ver nuestra vulnerabilidad. Trabajar la espontaneidad como una manera de decir lo que pensamos, sin medias tintas, y sin ocultarnos bajo nuestro caparazón de frialdad.

Recoger las proyecciones que lanzamos, culpabilizando a otros y bajar el tono de la culpa que sentimos dentro de nosotros mismos. Responsabilizarnos de lo que queremos y de lo que somos.

 

Una zanahoria ecológica

 

Por ello creo que es importante que  recordemos que cualquier objetivo que queramos marcarnos en nuestra vida sea real, alcanzable, medible y en mi opinión, por encima de todo, que sea ecológico. Es decir, que lo que queremos alcanzar está en sintonía y equilibrio con nuestro SER y con nuestro entorno. Que hagamos el planteamiento desde el cuidado y amor.

 

Y qué hay de nuestra felicidad

 

Reyes, plantea en su libro algunas ideas:

 

«Podemos aprender a vivir sin zanahoria, con la libertad de aquel que no la necesita o perseguir la zanahoria sin que nuestra felicidad dependa de ello». (Reyes, 2015).

 

Que nuestra felicidad no dependa de factores como tener una casa más grande, una profesión de mayor prestigio, una pareja más perfecta, ser más alto o más delgada, etc. Dejar de proyectar a un futuro incierto y volver a confiar, con una mirada en lo único que tenemos, el presente.

 

Bibliografía:

Adorna Castro, R. (2015). El origen de la infelicidad. Bilbao. Desclée De Brouwer.

Albert Gutiérrez J.J. (2014). Ternura y Agresividad. Barcelona. La Llave.

 

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Adolescentes: El vínculo educativo y el vínculo terapéutico

El vínculo. Tendiendo puentes

En los más de quince años que llevo dedicándome a la intervención con adolescentes, tanto en situaciones de exclusión y riesgo como en situaciones y contextos más “normalizados”, he tenido la oportunidad de trabajar con equipos directivos y docentes de varios centros educativos de educación primaria y secundaria. Los/as profesores/as en estos últimos años, muestran motivación por conocer y poner en práctica las metodologías más innovadoras, más integrativas y multidisciplinares para avanzar y conseguir mejores resultados en su labor diaria. En este sentido, me invitaron a coordinar varias acciones formativas para estos equipos, de cara a poder mejorar su trabajo, y, por ende, los resultados de sus alumnos/as.

En estas sesiones, se planteaban diversas líneas de acción, para poder llegar a elaborar la figura del profesor/a ideal entre todos/as, partiendo siempre de sus propias experiencias como alumnos/as y de las características que se consideran necesarias para ejercer como profesor/a. A través del debate y partiendo de su “sí mismo/a”, se pusieron en juego multitud de dudas, de carencias y de potencialidades, que sentían que nunca habían llevado a cabo por miedo a que el resto del equipo no entendiera o juzgara. Al fin y al cabo, en el ámbito educativo y formal, suele ser más sencillo seguir la corriente del equipo, la idiosincrasia del centro, que discutir sobre estrategias o aportar cambios metodológicos a lo ya establecido.

En la primera sesión, siempre se elabora una lluvia de ideas donde el equipo debe plantear qué facilitadores encuentran en su intervención en el aula, de cara a compartir y a entender que no todos/as parten con las mismas ideas sobre qué herramientas se pueden o deben utilizar con los/as menores con el objetivo de facilitar los procesos de los/as mismos/as. Durante una hora, el equipo habla de “metodologías participativas”, de “normas y límites”, de “sanciones y castigos”, de la preocupación del aumento de situaciones de acoso o bullying en el centro. Pero expresan también no tener las herramientas adecuadas para abordar estos aspectos que escapan de su tarea diaria: impartir contenidos académicos.

Como profesional, me entristece ver cómo en ocasiones, todo se reduce a no disponer de los conocimientos adecuados para poder llegar a las situaciones más complicadas. Por ejemplo, una profesora de secundaria expresaba en una de estas sesiones que ella detectaba multitud de casos de comportamientos disruptivos, pero que no se sentía con la seguridad ni las competencias para poder intervenir en estas situaciones de manera segura. Es decir: si no siento que dispongo de los conocimientos teóricos necesarios, no intervengo en lo que se escape de lo meramente académico. Esto me dio que pensar. ¿En la intervención con menores, con personas, todo se reduce a lo académico? ¿A lo teórico? Somos capaces de poner en marcha las metodologías de trabajo más alternativas y modernas, pero no somos capaces de conversar con un chaval/a que te está pidiendo ayuda sin palabras? ¿Somos capaces de ver más allá de lo que a simple vista se nos muestra?

 

Ir más allá

En un momento de la sesión, quise compartir mi herramienta maestra. La que llevo utilizando desde el primer día que me vi sentada en una sala con un chaval de 12 años que acababa de pelearse con un compañero durante una actividad. Ese día, lo teórico no servía, o al menos, así lo sentí yo. No valía jugar a recordarle que las peleas no estaban permitidas en el centro, ni que lo que acababa de pasar era algo muy negativo, que tendría consecuencias. Supongo, que mirándole entendí que eso ya lo sabía. Que quizás era cuestión de ir más allá de lo que había pasado hacía un rato en la pista deportiva. El chico, estaba sentado frente a mí, con los brazos cruzados, con la mirada fija en la mesa. La mandíbula apretada, respiraba agitado. Recuerdo que empaticé con él, con lo que estaba sintiendo al menos exteriormente, porque no sabía que pasaba por su cabeza (Punto primero: somos humanos, somos profesionales, pero no leemos la mente del chaval. Todo lo que piense, estará basado en nuestros filtros, nuestros prejuicios y nuestra experiencia vital. Contando con que somos la figura adulta, la autoridad y la referencia, ¿a qué tenderemos? Simple: a dar lecciones de moral).

Así que, se me ocurrió preguntarle ¿cómo te sientes ahora?. Este momento es un quiebre. El chaval está esperando, como adultos que somos, que la primera pregunta sea para saber qué ha ocurrido (porque los/as adultos/as solemos centrarnos en el hecho en sí) o para echarle una reprimenda, ya que si está ahí él solo sentado, es porque hemos decidido que  ha sido el culpable de la pelea. Cuando le preguntamos a un adolescente que cómo se siente, le hacemos conectar con su parte menos racional, más instintiva. La adolescencia se caracteriza por la necesidad de demostrar lo que nos creemos que somos, aunque seamos exactamente lo contrario. Por eso, si echamos la vista atrás, somos capaces de recordar nuestros “mensajes tipo”; esos que repetíamos hasta llegar a creérnoslos. Si le preguntamos cómo se siente, abrimos la puerta para que, durante al menos esos minutos, deje al personaje de lado y hable su self real.

 

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Miedo a ser, miedo a estar, miedo a sostener

Cuando cuento esta experiencia en las sesiones formativas con los equipos docentes, la gran mayoría de asistentes me miran con expresión de no entender nada. ¿Acaso no resolviste el conflicto? ¿Qué hiciste para que el chaval pidiera perdón al otro?. Siguen en la teoría, en sentir que lo más importante es el resultado, como si los humanos tuviésemos una serie de teclas cuya combinación diera uno u otro resultado (esto es algo que los/as profesores/as comparten con los/as padres y madres. La necesidad de que exista un manual básico de actuación con el que conseguir manejar mágicamente a sus alumnos/as o hijos/as, sin tener que sufrir por ello como madre/padre/maestro. Entra en juego un factor muy importante en la relación adulto-menor, tanto en el contexto escolar como en el familiar y social: el miedo. Miedo a marcar normas y que nos dejen de querer (esto lo habré escuchado más de veinte veces en sesiones con madres y padres); miedo a darme cuenta de que somos los/as responsables del conflicto que acaba de explotar; miedo a darme cuenta de que no sé hacerlo, y de que tampoco pido ayuda para aprender a hacerlo de otra forma. Miedo al fracaso, en definidas cuentas. Que, casualmente, es el que sentimos absolutamente todos los seres humanos. Hasta el chico que está sentado en la silla frente a mí, tiene miedo a fracasar, a que no le quieran, a no saber hacerlo bien.

El vínculo. Esa es la “herramienta mágica”. Los/as docentes vuelven a abrir los ojos, como si hubiéramos descubierto la piedra filosofal. ¿El vínculo? ¿Cómo es eso?. Pensemos en nuestra adolescencia – les digo- Pensemos en alguna figura adulta que se convirtiera en nuestro referente. ¿Por qué consiguió ese lugar? ¿Qué hacía de especial para que fuera un/a referente para nosotros/as? “Tenía un profesor de biología, que, todas las mañanas, antes de comenzar la clase, nos preguntaba cómo estábamos. Si queríamos, nos invitaba a contar algo emocionante o positivo que nos hubiera ocurrido en los días en los que no nos habíamos visto”. Este tipo de recuerdo, se repitió en la mayoría de los/as profesores/as que participaban en la sesión. “Sentía que el profesor se preocupaba por mí”, “Nos hacía ver que le importábamos”, “Llamaba a mi madre para felicitarle por mi comportamiento”. En resumen: sentían que “eran” y que “estaban”. Para un/a adolescente, esa es una de las necesidades más acuciantes. De esta manera, se ponen los cimientos para poder forjar el vínculo necesario que nos permita abordar otros aspectos necesarios en su ámbito personal, social, escolar y familiar.

Encontramos una primera definición en el diccionario María Moliner. En su primera acepción, define el vínculo como “algo que une una persona o cosa a otra. En lenguaje corriente actual sólo se aplica a cosas inmateriales: vínculos espirituales, de sangre, de parentesco, históricos, raciales”. En su segunda acepción nos muestra que sería “lazo, ligadura”. Esta definición nos introduce en la naturaleza inmaterial e invisible de este concepto.

El modo en que nos relacionamos con otros está influido por factores como nuestra experiencia vital, los acontecimientos positivos y negativos, las formas de apego primarias, las creencias,  la mirada que depositamos en el otro, los intereses que nos mueven al relacionarnos, la calidad comunicacional, los mensajes que emitimos, el modo de recibir la información del exterior, el manejo del poder, las cargas socioafectivas que nos acompañan en nuestra trayectoria de vida y las cuales depositamos en los otros, el grado de diferenciación que logramos experimentar o no con los otros. Y todo ello envuelto en un mapa cultural, histórico y social que genera sus propias estructuras de pensamiento y acción en el contexto donde nos movemos los humanos.

El vínculo, por tanto, se podría definir como la “síntesis de la interacción entre dos personas quienes, a través de sus mecanismos de relación ponen en juego su propia historia de vida y sus experiencias”. Esa es la principal barrera con la que me encuentro en el trabajo con docentes. Un/a profesor/a, no está formado para mostrarse tal y como es ante su alumnado. Está formado para transmitir una serie de contenidos académicos, facilitar que el clima en el aula sea el adecuado para que el alumnado pueda aprender estos contenidos, centrando todos sus esfuerzos en la meta, y no en los procesos. El vínculo, se caracteriza precisamente por ser un proceso, vivo, flexible, lleno de altibajos, idas, venidas, y vueltas a la casilla de inicio. Pero, la experiencia me dice, que es la base de cualquier proceso con un/a adolescente, ya sea educativo o terapéutico. Es necesario invertir tiempo y consciencia en el proceso del vínculo, que al fin y al cabo, consiste en tender puentes para que ambos/as componentes de la relación, consigan verse, reconocerse y acompañarse desde el SER. Yo defino el vínculo como el proceso de ser y estar al servicio del otro/a, como algo bidireccional. Si centramos nuestra atención en el proceso, en la construcción del vínculo, la relación se vuelve más auténtica. Se instala en el “aquí y ahora” de una forma natural, comprendida y necesaria.

El vínculo no es solo la herramienta más facilitadora a nivel educativo, sino también en mi experiencia a nivel terapéutico. Desde el enfoque Gestalt, el vínculo  es el elemento principal en la creación de la relación terapéutica. Esto es algo que traspaso al equipo de docentes en las sesiones de formación. “Lo que cura es el vínculo” (Irvin Yalom), sería la esencia que explique el por qué es tan importante enfocarse en el vínculo como la llave que abre la posibilidad de iniciar cualquier proceso, educativo, personal y/o terapéutico. Por eso, es imposible hablar de técnicas y herramientas concretas para la intervención con menores en particular. Porque no sabemos qué es lo que puede funcionar o no hasta que no nos encontremos frente a frente con el/la otro/a, y podamos saber cómo viene, cómo se siente.

Por eso, lo único en lo que podemos centrar nuestra atención es en la construcción del vínculo, permitiéndonos a nosotros/as mismos/as y al otro/a simplemente ser. Si el/la adolescente decide pasarse la mitad de la sesión en silencio, ya está diciéndonos algo. ¿Por qué no dejarle ser en el silencio? ¿Por qué necesitamos sentir que controlamos algo tan incontrolable como la esencia humana?. En contra de lo que se piensa, los/as adolescentes necesitan sentir este vínculo con su profesor/a, educador/a o terapeuta. Esta opción es la que nos lleva a poder marcar normas y límites que sean entendibles y sin que se generen reacciones negativas. Podremos ser capaces de utilizar otra mirada que vaya más allá del conflicto o del pasado.  Es la que nos permitirá sostener al otro, sin irnos al discurso o a las normas morales que se espera de la autoridad. Si se les deja ser, se muestran tal y como son. Si se muestran tal y como son, nos obligan a mostrarnos así a nosotros/as. Y quizás, eso es lo que más miedo nos da.

El vínculo deberá estar formado por diversas variables, que van desde la entrega del profesional al proceso, su capacidad de estar en el presente en contacto con el otro/a, realmente interesado en él/ella, poniendo en marcha todos los recursos de los que dispone, ofreciendo apoyo, seguridad, curiosidad, deseo y motivación para avanzar. Y nuestro papel, será hacer que el/la joven se sienta con la confianza de poder ser y hacer, mientras nosotros/as iremos viendo qué es aquello que le puede estar haciendo daño o le impide poder relacionarse de manera positiva ya sea con sus amigos, en el centro educativo o con su familia. Cuanto más confianza y seguridad sienta el/la menor en los momentos de intervención, más confianza y seguridad sentirá en los otros ámbitos que rodean su vida. Aprenderá a percibir a la figura adulta de una forma más sana y equilibrada, como alguien que ya ha pasado por donde él/ella está ahora. Sólo a través de esta primera puerta, podremos acompañarles a seguir avanzando a la siguiente etapa de manera confiada, y siendo ellos/as los/as protagonistas.


Fotografía: Matheus Ferrero

Os cuento mi historia: Fritz Perls, el padre de la gestalt y un niño terrible

 

A estas alturas y después de tanto tiempo, las personas que mejor me conocen se han sentido orgullosas de mi en numerosas ocasiones, pero en otras muchas se han podido avergonzar por mi actitud. Sé que no soy perfecto, aunque lo he deseado siempre y a veces incluso lo he creído fervientemente. Dependiendo del periodo de mi vida que os relate, seguramente penséis que soy un genio inspirado o más bien la reencarnación del mismo diablo.

Como todo ser humano, tengo de todo y lo mejor que puedo hacer es responsabilizarme de quien soy. Reconozco en mí que me he llegado a mostrar egoísta, narcisista, orgulloso, avaro, incluso colérico y paranoico; además me considero un ser »perverso polimorfo» en el plano sexual; un seductor insaciable aunque no sea muy agraciado físicamente, pero me compenso con ser algo cómico, exhibicionista y voyeur. Me he entregado a drogas como el LSD y otras variantes psicodélicas, además de que fumo tres paquetes de Camel a diario. No he sido un hijo ejemplar, como marido tampoco llegué a «dar la talla» y como padre he dejado mucho que desear. Si bien, en el plano profesional la gente me admira, pero yo me siento un psicoanalista mediocre y no muy buen escritor. Es más, muchos de los textos que hoy en día leéis, han sido escritos por colegas y allegados que considero lo hacen mejor que yo (como mi querida Lore o A. Levitsky).

 

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Los que ven virtudes en mí, me han devuelto cosas tan intensas como que tengo buen sentido de observación, así como una buena intuición y una cultura amplia. Yo solo sé, que lo que sé ha sido por pura curiosidad y ganas de superación constantes. Soy bastante creativo y vital y no abandono el sentido de autocrítica, aunque a veces me cueste aceptar ciertos neuroticismos propios. Pero lo que si rescato como eje principal en mi trato con los pacientes es que siempre me he abrazado alrededor del problema existencial de cada uno de ellos. Me he considerado un artista haciendo esto, y como buen artista ya sabemos todos que no somos muy puritanos y quizá lleguemos a ser algo raros. Aunque esto de mí siempre me gustó.

Podría resumir mi vida como una experiencia siempre agitada, en lo que respecta a mis sentimientos y resentimientos así como mi comportamiento, relaciones sociales y desplazamientos geográficos. Me considero un judío errante y algo desorganizado con mis documentos y textos.

Bueno, después de esta introducción, voy a pasar a relataros mi itinerario de vida, el cual puedo calificar como bastante tormentoso y que me llevó a ser un personaje fuera de lo común:

 

ALEMANIA

• En 1893: Un 8 de julio vine al mundo después de un parto complicado en donde tuvieron que emplear fórceps para sacarme de dentro de mi madre. Nací en un ghetto judío a los alrededores de Berlín. Cuando yo llegué, ya habían dos hermanas mayores esperándome y unos padres un poco sombríos.

 

Mi padre Nathan, era negociante de vinos y después se hizo corredor de comercio lo cual le obligaba a desplazarse con frecuencia y era evidente que iba acumulando las infidelidades. Siempre fue encantador y seductor, irresistible para las mujeres, pero también era colérico, violento y orgulloso (rasgos que perfectamente puedo encontrar en mi mismo). Era militante de la francmasonería y soñaba con convertirse en un gran maestro de su logia.

 

Mi madre Amalia, era una judía practicante que provenía de buena cuna y que respetaba las tradiciones kasher y el shabbat. Le apasionaba el teatro y la opera (pasiones que yo heredaría para mantenerlas toda la vida).

 

Mis padres vivían en un clima de conflicto permanente, en donde frecuentaba el odio, las disputas e incluso los golpes.

 

Mi hermana mayor Else, era ciega, lo cual siempre ha hecho que mi madre la sobreprotegiera. Reconozco que siempre esto me ha provocado unos celos terribles y me hacia ponerme agresivo con ellas. Ni si quiera lloré cuando supe que ambas perecieron en el campo de concentración.

 

Y mi segunda hermana Grete, siempre fue muy marimacho. Vivió durante casi diez años conmigo y mi mujer en Nueva York sirviéndonos en nuestra casa.

 

Con el paso del tiempo fui desarrollando un odio profundo contra mi padre ya que siempre me trató como un «tarugo de mierda que estaba destinado a acabar mal».  Dudaba hasta de si era mi padre realmente y deje de tratarme con él hasta tal punto que ni acudí a su entierro. Ahora después de tanto conocimiento se que siempre me he mostrado hostil ante las figuras paternas, por eso nunca termine de llevarme bien con Freud (aquí ya tenéis el por qué).

 

• Hacia 1903: a la edad de 10 años comencé a revelare. En el colegio me volví bastante insoportable y me negaba a aprenderme las lecciones y a hacer los ejercicios. Tanto era así que comencé a falsificar mis notas y molestaba a las mujeres de mí alrededor (me escondía bajo sus faldas). Mi madre me pegaba con frecuencia con un látigo o con una paleta de madera, y acabé rompiendo ambas cosas, rebelándome contra ella. Llegué incluso a lanzarle objetos cada vez que trataba de pegarme.

 

• En 1906: con 13 años me expulsaron de la escuela por mala conducta y me fui con mi nuevo compañero, el cual me inició en el tema de la masturbación e incluso me facilitó el encuentro con una prostituta. Tras esto mi padre decidió meterme a trabajar en una boutique de dulces y de ahí decidí por mi cuenta inscribirme de nuevo en los estudios en un colegio liberal en donde se interesaban mas por los alumnos que por las materias. En este nuevo colegio pude desarrollar mi gusto por el teatro, lo cual me duró toda la vida y hoy en día podemos encontrar reflejado en la terapia gestáltica.

 

Durante mi adolescencia seguí formándome en teatro y realice más tarde mis estudios en medicina en Berlín. Durante toda mi vida, mi gran sueño era convertirme en director de teatro aunque siempre me consideré un mal actor. Y no fue hasta los 75 años, que pude encontrar mi propio estilo.

 

• En 1914: al comenzar la guerra, me eximieron del servicio militar porque tenía una malformación cardiaca. Esto condujo a que me mandaran al servicio auxiliar y a los 22 años entré en la Cruz Roja como voluntario.

• En 1916: me enviaron durante 9 meses a la guerra de las trincheras en el frente en Bélgica. Esto me hizo experimentar situaciones especialmente traumatizantes ya que veía a mis propios compañeros exterminando a golpes a los soldados enemigos. Por mi condición de judío, me persiguieron y me llevaron a los puestos más peligrosos, y me vi expuesto a gas venenoso además de que me hirieron con una granada, lo cual me hizo acabar hospitalizado. Esto me produjo numerosas secuelas y manifestaba signos claros de despersonalización e indiferencia total al entorno que me rodeaba.

• En 1920: a los 27 años y tras la guerra, pude obtener mí doctorado en medicina concretamente en neuropsiquiatría. Pero a pesar de mi carrera, seguí teniendo especial interés en el teatro y por ello frecuentaba los cafés izquierdistas de la contracultura. Fue en estos lugares donde conocí al gran Salomon Friedlaender (filosofo expresionista) que me inspiró significativamente. Es en esta época cuando desarrollo el concepto de «vacío fértil».

 

• De octubre de 1923 a abril de 1924: viajé a Nueva York con la intención de obtener el título equivalente en medicina pero me encontré con una competencia muy grande entre los profesionales, además de problemas con el idioma y regresé bastante frustrado y sin ningún resultado.

• En 1925: aun con 32 años seguía en la casa de mi madre viviendo. Cada vez me iba tornando más inseguro de mi mismo y me veía feo, débil, encorvado y despreciado por mi padre. De la guerra me quedó una secuela crónica físicamente y tenía grandes dudas sobre mi potencia sexual además de que estaba obsesionado con la masturbación.

En esta turbulenta época de mi vida conozco a Lucy, una mujer casada que me sedujo en muy poco tiempo. Con ella comencé a descubrir los placeres de las diferentes caras de la sexualidad (tríos, exhibicionismo, homosexualidad, etc). Esto me permitió transgredir todos los tabúes, lo cual me provocaba un placer especial.

 

• En 1926: siento la necesidad de entender todas las emociones que estas experiencias me brindaban (excitación frente a culpa) y decidí comenzar un psicoanálisis con Karen Horney, la cual me recomienda que me aleje de Lucy y que cambie de ciudad de residencia. Así me mudé a Francfort donde comienzo a trabajar como medico asistente de Goldstein. Allí conozco a Lore Posner con la que empecé un noviazgo de más de tres años.

 

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• En 1927: en Francfort continuo un segundo análisis con Clara Happel durante un año. Tras esto me mudé a Viena y comencé mi andadura como psicoanalista. Al siguiente año decidí regresar a Berlín para seguir trabajando de psicoanalista y también comienzo un tercer análisis con Eugen Harnick. En esta ocasión estuve unos 18 meses de análisis, cinco veces a la semana. Pero decidí interrumpir la terapia cuando Lore y yo nos comprometimos en matrimonio.

 

• En 1929: nos casamos a pesar de estar su familia en contra. Para aquel entonces yo tenía 36 años y ella 24. Al siguiente año comencé un cuarto y último análisis con el que yo consideraba el mejor de todos, Wilhelm Reich. Esta fue la terapia que mas me ayudó y la que me inspiró principalmente en la génesis de la terapia Gestalt.

 

• En 1931: nace mi primera hija Renate, lo cual me tranquilizó puesto que creía que era estéril. Esto me enorgulleció y me mantuvo unido a mi familia durante los primeros cuatro años. Pero cuando nació mi segundo hijo, Steve, comencé a descuidar a toda la familia hasta los últimos días de mi vida. Mientras tanto tenia numerosos pacientes en consulta, pero tras la toma de poder de los nazis, tuve que huir de Alemania.

 

• En 1933: debido a la persecución de los judíos, emigré a Holanda dejándolo todo atrás. Al ver que no conseguía el permiso de trabajo en Amsterdam, acepté una propuesta laboral en Sudáfrica que me llegó a través de Ernest Jones (amigo y biógrafo de Freud).

SUDÁFRICA

• En 1934: durante las tres semanas de viaje en barco, estuve practicando mi inglés para perfeccionarlo. Más adelante nos instalamos en Johannesburgo donde fundamos el Instituto Sudafricano de Psicoanálisis. Allí tuvimos numeroso clientes tanto Lore como yo y pudimos mantener una buena calidad de vida. Aun en esta época me regía por las normas ortodoxas del psicoanálisis, haciendo terapias cinco veces a la semana, durante 50 minutos y sin ningún contacto visual o físico con el paciente. Pero con el paso del tiempo me fui dando cuenta de que me estaba convirtiendo en un «cadáver calculador´´ como el resto de los analistas que conocía.

• En 1936: tiene lugar el Congreso Internacional de Psicoanálisis de Praga al que acudía con especial dedicación y en el cual me lleve tres grandes decepciones que me marcaron para toda la vida:

 

Estuve preparando mi trabajo sobre las «Resistencias orales´´ como investigación complementaria a los trabajos de Freud y la bienvenida que recibí de él fue muy traumatizante para mí. No prestó atención a mi obra y esto provocó mi ruptura definitiva con su escuela. A pesar de mi rechazo hacia esta persona, nunca saqué su fantasma de mi vida.

Por otro lado, me volví a encontrar con Reich (el cual fue mi psicoanalista durante más de dos años) y ni si quiera me reconoció ni se interesó por mi vida. Y por último, la fría acogida que me dieron el grupo de psicoanalistas de aquel entonces en relación a mi investigación sobre la influencia de la oralidad en los primeros años de vida, fue el choque final.

 

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• En 1940: Terminé mi primer libro «El yo, el hambre y la agresividad´´ que escribí en colaboración con mi esposa (ella redactó incluso algunos capítulos) y a la que le dediqué un agradecimiento en el prefacio en la primera edición. Prefacio que después decidí retirar en ediciones posteriores porque exigí la paternidad total de la obra. La consideraba más mía que suya. Tras sacar mi obra a la luz, me exigieron que renunciara a ser miembro de la Asociación Psicoanalítica Internacional, pero me negué, puesto que aunque no compartiera los principios ortodoxos, el psicoanálisis era mi primera escuela.

• En 1942: inicia la Segunda Guerra Mundial, y decidí alistarme en la armada en Sudáfrica como médico oficial de psiquiatría (durante 4 años). Pasaba poco por casa y mis aventuras sexuales aumentaban crecientemente. Empecé a perder el interés por mi familia y cada vez les pegaba más y me enfadaba por cualquier cosa (comencé a reproducir el comportamiento de mi padre).

NUEVA YORK

• En el verano de 1946: con 53 años decidí dejarlo todo de nuevo. Abandoné a mi familia, mi lujosa casa en Sudáfrica y mis pacientes, en busca de nuevas experiencias. Cuando llegué a Nueva York, recordé lo poco que me gustaba la competencia profesional que allí había, además de que no me recibieron con los brazos abiertos los psicoanalistas ortodoxos que me tachaban de desviado. Es cierto que siempre fui sucio y desordenado, y que coqueteaba abiertamente incluso hasta con mis clientes. Pero esto no impidió que encontrara apoyo en Karen Horney, Eric Fromm y Clara Thompson (ex alumna de Ferenczi) para reconstruir una nueva clientela rápidamente. Un año después mi familia se unió a mí en la nueva residencia.

 

En aquel entonces seguía empleando el diván en mis sesiones de terapia, pero poco a poco me fui interesando más por las terapias de grupo, y comencé a plantearme que la mayoría de terapeutas debían darse cuenta de que la terapia individual y de larga duración ya estaba obsoleta.

 

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• En 1950-51: constituimos el Grupo de los Siete y publico Gestalt Therapy el primer libro de Terapia Gestalt que dio inicio a esta nueva práctica.

• En 1952: creo junto a mi mujer el primer Instituto de Gestalt en Nueva York y en el 54 el de Cleveland. Poco a poco le fui cediendo la dirección de estos centros a Laura mientras peregrinaba por todos los EEUU proclamando mi nueva teoría. Trabajaba con grupos abiertos y talleres de demostración, codeándome con numerosos terapeutas y recogiendo buenas ideas y técnicas a lo largo del camino: la toma de conciencia de Charlotte Selver, el psicodrama de Moreno o la cientología de Ron Hubbard.

 

Aun no había ideado la famosa técnica de la «silla vacía´´ y me seguía manteniendo en una terapia más verbal en búsqueda de la toma de conciencia de lo experimentado en el pasado. Me centraba en el contacto directo y genuino con el paciente en el presente, trabajando identificaciones con los elementos de los sueños y eliminando proyecciones toxicas que interrumpían el proceso. Mis compañeros de NY y Cleveland comenzaron a criticar mi manera de proceder en terapia, lo cual hizo que les fuera cediendo progresivamente la dirección de ambos institutos.

FLORIDA

• En 1956: comencé a estar desalentado y cansado de mi relación con Laura y de viajar tanto. Tenía problemas de corazón y deseaba retirarme para irme a vivir a las playas de Miami. Al llegar allí me encontré solo y deprimido. Nadie me conocía y me mudé a un pequeño departamento en el que apenas entraba la luz. Hacía grupos de trabajo con pocas personas en el salón de mi casa y comía todos los días en un restaurante judío cercano. No tenía amigos y por primera vez en mi vida renuncié a cualquier actividad sexual por miedo a padecer de un infarto de miocardio.

• En diciembre de 1957: se me apareció como un milagro una clienta, Marty Fromm, con la que comencé un intenso romance. Ella tenía 32 años y estaba infelizmente casada. Entró en tratamiento conmigo porque afirmaba que nunca hacia el amor con su marido y que padecía de frigidez. Retomamos juntos el gusto por la vida y se convirtió en la mujer más importante de mi vida. La inicié en todos los placeres del sexo y llevábamos a cabo todas las fantasías más osadas.

 

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Más adelante empecé a experimentar con el LSD en busca de experiencias nuevas y cada tres días «viajaba´´ hacia otros mundos bajo los efectos de estas drogas psicodélicas. Pero un día estallé en una paranoia cónica latente. La droga me aportaba una «conciencia cósmica´´ lo cual me hizo pensar que definitivamente estaba loco. Marty no soportó más mis delirios y celos patológicos y me abandonó por un amante mucho más joven que yo.

VIAJES

• En 1959-60: comienzo un nuevo periodo errático. Vuelvo en varias ocasiones a California y Los Ángeles y ando vagabundeando por las calles como un drogadicto sin rumbo fijo. Pero Jim Simkin (uno de los primeros pacientes que tuve en Nueva York) me llegó a convencer de que dejara la droga.

• En 1962-63: con 70 años ya, decidí hacer un viaje alrededor del mundo durante 18 meses. Estuve un tiempo en Israel, en un pueblo «beatniks´´ de jóvenes artistas que lo único que hacían era no hacer nada y sentirse orgullosos de ello. Me inicié con la pintura y cuando me aburrí de estar allí me fui a Japón para quedarme un par de meses en un monasterio zen. El zen me atraía por tratarse de una religión sin dios, pero me decepcioné al ver que cada mañana se postraban ante un gran Buda para invocarlo. Sentí que mi búsqueda de la iluminación fue un completo fracaso. De este modo deduje que tanto el budismo zen como el psicoanálisis generaban psicoanalistas y monjes, lo cual me hizo enterrarlos en sus lápidas en lo más profundo de mi basurero.

 

ESALEN

• En diciembre de 1963: junto con Michael Murphy dimos forma a Esalen, una propiedad en Big Sur, California, en donde comenzamos a hacer conferencias con artistas y escritores de renombre como Aldous Huxley o Paul Tillich. Pero en este lugar no se hacía más que beber, fumar y llevar a cabo experiencias con drogas y homosexualidad, lo cual me hizo reaccionar y querer darle una nueva cara a este lugar.

• En abril de 1964: comencé con talleres de demostración y programas de formación en Gestalt, pero no tuvo mucho éxito desde el principio (solo 4-5 participantes en los primeros talleres).

• En 1965: con 72 años, ya estaba muy fatigado y con problemas de corazón. Tuve que acudir a una fisioterapeuta muy buena que consiguió corregirme los problemas de espalda, lo cual me hizo ganar algunos años de vida.

 

Dos años más tarde mis talleres seguían siendo poco exitosos (12 alumnos máximo) por lo que construimos una residencia circular de madera en lo alto de un acantilado para poder realizar los talleres allí. Tenía una gran sala cubierta por una alfombra gruesa no muy agradable, puesto que estaba inundada de colillas y quemada, en una atmosfera continua de humo.

 

 

• En 1968: se produce el gran movimiento de los estudiantes y los hippies californianos que reclamaban el vivir en libertad, la liberación de tabúes, el placer del cuerpo, el derecho a la desnudez, etc. Es entonces cuando la sociedad estaba preparada para acoger el mensaje de la psicología humanista y de la Gestalt.

 

Ya tenía 75 años y mi fotografía comenzó a aparecer en los grandes seminarios americanos. Incluso llegué a salir en la portada de Life proclamado como «el rey de los hippies´´.

Es a partir de este momento cuando en cada seminario que daba, se amontonaba la gente para recibir mis presentaciones. Enumeraba a varios voluntarios por orden y los hacía sentarse en la silla caliente con una silla vacía a su lado. Trabajaba los problemas existenciales de las personas a través de sus sueños y experiencias y los problemas parecías desaparecer por arte de magia. Me filmaron y grabaron y numerosos especialistas de todas partes venían a Esalen a ver mis demostraciones: Eric Berne, Alexander Lowen, Gregory Bateson, etc.

 

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Pero a pesar de todo esto, yo seguía sintiendo unos celos tremendos por los éxitos de mis colegas y quería ser el único Maestro en la psicología. De hecho, soñaba con montar un Kibboutz de Gestalt en donde se pudiera vivir la Gestalt en comunidad durante las 24 horas. El cometido era ya no solo superar la terapia individual, sino también la grupal, haciendo de la Gestalt un modo de vida.

COWICHAN (CANADÁ)

 

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• En junio de 1969: adquirí un viejo motel de pescadores a la orilla del lago Cowichan en la isla de Vancouver. Una treintena de discípulos se trasladaron conmigo a esta nueva residencia. Allí impuse mi ley: nada de niños ni perros, no quería nada ni nadie que nos pudiera perturbar. Fuimos para allá para vivir en comunidad realizando trabajos colectivos, terapias y formaciones. Es entonces cuando viví verdaderamente feliz, dándome cuenta de que estaba en paz y que ya no necesitaba pelearme con otros.

• En marzo de 1970: tras regresar de un viaje de ocio por Europa, decidí dirigir algunos talleres en Chicago y es ahí donde fallecí por causa de un infarto. Además, la autopsia reveló que padecía un cáncer de páncreas.

 

En el discurso fúnebre, Paul Goodman me criticó abiertamente aludiendo que siempre estuve traicionando a la Gestalt tradicional con mis aventuras a lo largo de Norte América. Esto provocó que más adelante, Abraham Levitsky organizara una segunda ceremonia con el fin de reparar mi imagen.

En fin, esta ha sido mi vida, y aunque algunos lo quieran o no, a pesar de no haber sido el único teórico de esta nueva corriente, si que he sido el mayor portavoz de ella y su principal creador. He sido muy criticado por Gestaltistas contemporáneos, pero no se puede negar que he dejado un fuerte legado con sello personal. Hoy en día, los EEUU considera la Gestalt como uno de los métodos de terapia y desarrollo personal más innovadores al otro lado del Atlántico.

 

REFERENCIA BILIOGRAFICA

  • Ginger S., Ginger A. 1993. La Gestalt: una terapia de contacto. 2a ed. México, Manual Moderno.

¿Eres auténtico? Ideas claves de la gestalt de F. Perls

Hay muchas «ideas clave» en la terapia Gestalt. Hoy he querido recoger algunas de sus frases que aunque no estés familiarizado con su obra, creo que te pueden hacer reflexionar. Su teoría básicamente está encaminada a hacernos responsables de nuestra vida, de nuestras creencias, y lograr trascenderlas.

Pararnos, y sentir lo que somos en cada instante.

Ser auténticos.

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Preceptos de la Gestalt

Estos son algunos preceptos preceptos clave de la terapia Gestalt. A mí siempre me han resonado mucho. No hace falta que seas psicólogo o que seas un profesional de la salud, para que estas ideas formen parte de tu vida. Si las haces tuyas, tendrás una vida más «consciente» y una apertura de mente mayor.

 

 1- Vive ahora, es decir, preocúpate del presente más que del pasado o el futuro.

2- Vive aquí, es decir, relaciónate más con lo presente que con lo ausente. Deja de imaginar: experimenta lo real.

3- Abandona los pensamientos innecesarios; más bien siente y observa.

4- Prefiere expresar antes que manipular, explicar, justificar o juzgar.

5- Entrégate al desagrado y al dolor tal como al placer; no restrinjas tu percatarte.

6- No aceptes ningún otro debería o tendría más que el tuyo propio.

7- Responsabilízate plenamente de tus acciones, sentimientos y pensamientos.

8- Acepta ser como eres.

 

Ser auténtico

Es fácil decirle a alguien «abandona los pensamientos innecesarios»… ¿Pero sabemos cuáles son los pensamientos innecesarios? ¿Sabemos qué es lo que los impide ser auténticos? ¿Ser nosotros mismos?

La dificultad estiba en poder «ver» esas creencias, que aunque no seamos conscientes de ellas, están actuando en nuestra vida. Y para eso muchas veces necesitamos a un terapeuta o un buen amigo que nos escuche atentamente, con plena presencia, para ir soltándolas una a una. Alguien que te escuche, y ante una incongruencia en nuestro discurso, nos pregunte… ¿te has dado cuenta de lo que has dicho? Normalmente de esa forma podemos ir tomando consciencia de que  muchas veces «hablamos» ideas que no son nuestras. Y que ni siquiera creemos en lo que estamos diciendo. Ante una pregunta así, podemos parar, y probablemente diremos… «¡Dios mío… pero si eso es lo que me decía mi madre cada vez que yo hacía X o Y…!».

Muchos teorías espirituales dicen que estas «creencias» que actúan desde el inconsciente en nuestra vida son «programas» que instalaron en nuestra mente durante la infancia, y que siguen activas en nosotros. Estos «programas» son cualquier cosa que escuchamos de niños, a las personas de «autoridad» y que «hicimos nuestras». Y sin darnos cuenta, actuamos según esas ideas que se quedaron grabadas en nuestra mente.

Es probable que ahora mismo estés pensando que tú ya eres auténtico, que ya «cortaste el cordón» con tus padres y familiares, que ya haces lo que quieres, cuando quieres y cómo quieres… Pero siento darte esta mala noticia. Probablemente, aunque creas que lo has hecho, no lo has hecho en absoluto. De hecho, me temo que puede llevarnos toda una vida deshacernos de todas las ideas que  no son nuestras pero a las que seguimos rindiendo pleitesía.

 

Hacernos responsables y adultos

Actualmente pensamos que hacernos responsables es independizarnos, pagar nuestras facturas, formar nuestra familia y una largo etcétera de cosas que hacen los «adultos». Pero según la terapia Gestalt eso está bastante lejos de hacerte adulto. Puedes tener cincuenta años, ser directivo de una gran empresa y tener cinco hijos, y seguir actuando de forma «irresponsable». Seguir siendo un Ser «no auténtico».

Ser adulto es ser plenamente responsable de nuestros actos, pensamientos, creencias, limitaciones, neurosis… y actuar en consecuencia.  Ser «consciente» de todo ello. Podemos actuar como niños en un momento dado, pero tenemos que ser consciente de lo que estamos haciendo. Y ser consciente de que eso que estamos haciendo no es lo más adecuando ni para nosotros ni para las personas que nos rodean.

Ser adulto y auténtico generalmente entraña la necesidad de mostrarse vulnerable. Algo que a los adultos neuróticos de hoy en día nos resulta aterrador. Pero difícilmente conseguiremos ser auténticos sin habernos dado el permiso para hacernos antes vulnerables. Para mostrarnos tal cual somos, desnudos, sin importarnos lo que nadie pueda decir de nosotros. Una vez que nosotros mismos dejamos de juzgar a los demás, no nos afectarán sus juicios.

 

El insight

Hace unos días estaba hablando con un amigo y fui consciente de varias creencias que había heredado de mi madre sobre el amor y la amistad. Yo las creía totalmente superadas, pero me di cuenta de que no era así. Es más, como si estuviera  en una de esas experiencias cercanas a la muerte, vi ante mi una película de todas las veces que había actuando según esas creencias. Y no puede evitar un «¡Mierda! ¡Pero cómo es posible que esto siga actuando en mi vida!»…

Así que reflexioné mucho sobre dichas ideas. Y me permití a mí misma el ser totalmente vulnerable y hablar con algunas personas a las que probablemente había hecho daño actuando como lo había hecho.

Y ahí es cuando te das cuenta de que cuando sí que eres auténtico, cuando sí que actúas sólo bajo tus propias ideas y creencias, el Universo te devuelve paz. Y tu encuentras la paz en ti mismo.

¿El problema? Que ser auténtico implica estar en alerta todo el tiempo. Estar presente, en tu centro, escaneando tus pensamientos, tus reacciones, tus juicios. Saber cuándo actúas bajo tus ideas, o estás «comprando» el amor, la aprobación o la aceptación de los demás.

¡Suerte!

 

Ideas clave de Perls que nos harán reflexionar

El desarrollo y crecimiento personal

“No encontrarán ningún animal -excepto el animal doméstico, ya infectado por la humanidad- ninguna planta que se impida el propio crecimiento.”

“Cada vez que rechazas el contestar una pregunta, ayudas a la otra persona a usar sus propios recursos.»

“La mayoría de los hombres modernos vive en un «trance verbal». No ven ni escuchan, y el despertar toma bastante tiempo.”

“Miedo a la muerte significa miedo de la vida.”

“Crecer significa «ser solo» (al-one).”

“Hay dos grandes mentiras: «yo quiero» y «yo trato».”

La responsabilidad

“Hay dos grandes mentiras: «yo quiero» y «yo trato».”

«Intentar es mentir. Lo intentaré quiere decir que no tienes intención seria de hacerlo. Si de veras piensas hacerlo, di: «lo haré»; y si no, di: » no lo haré». Hay que hablar claro para pensar claro y obrar claro»

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Nuestro Ser y nuestras percepciones

“El organismo lo sabe todo. Nosotros sabemos muy poco. La intuición es la inteligencia del organismo.”

“Sé como tú eres, de manera que puedas ver quién eres y cómo eres. Deja por unos momentos lo que debes hacer y descubre lo que realmente haces.  Arriesga un poco si puedes. Siente tus propios sentimientos. Di tus propias palabras. Piensa tus propios pensamientos. Sé tu propio ser. Descubre. Deja que el plan para ti surja dentro de ti.»

“Al no vivenciar necesidades e impulsos, la auto-regulación organísmica se deteriora, necesitando confiar en regulaciones moralistas.”

«Abandona tu mente y dedícate a tus sentidos»

«La percepción per se -en sí y por sí- puede ser curativa»

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Los «deberías»

“Amigo, no seas perfeccionista. El perfeccionismo es una maldición y un esfuerzo. Es perfecto si te dejas estar y ser”

“Acercadeismo y deberías: 100.000 órdenes, mas ninguna consideración sobre el aguante que esta persona efectivamente tiene para acatarlas. Y más aún, la mayoría de la gente cree que este «tú debes hacer esto, tú debes cambiar, tú debes, etc,…», es una fórmula mágica que va a dar algún resultado.”

Los otros

“La conciencia es subjetiva. Nos percatamos de nosotros por medio de nuestro cuerpo y de nuestras emociones. Nos percatamos del mundo por los sentidos. No puedo percibir tu conciencia. Conozco sólo tu conducta observable y lo que estés dispuesto a compartir.”

“Si tienes dificultad en comunicarte con alguna persona, busca en los RESENTIMIENTOS. Encontrar aquello con lo que estás resentido y EXPRESARLO y hacer que tus exigencias sean explícitas.”

«Si uno se siente incómodo con alguien puede estar seguro que no hay una comunicación verdadera. Tan pronto como uno expresa genuinamente desaparece toda la incomodidad.» 

«El contacto es la apreciación de las diferencias». Puedo estar contigo únicamente si estoy seguro de que tú eres «no-yo». Lo contrario es la confluencia (fluir con).”

El «aquí» y «ahora»

«La angustia es la brecha entre el «ahora» y el «después».»

«Estar presente ahora consiste en unir nuestra atención y nuestra conciencia».

La terapia Gestalt

“El terapeuta busca constantemente las formas de estar en contacto con el «cómo» de los sucesos que ocurren en el presente. Atiende el flujo de la conciencia del paciente.”

“La meta de la terapia es asegurarnos que el paciente llegue a conocer cuando se experimenta a sí mismo, cuando percibe su mundo y cuando hace uso de su intelecto.»

«En la terapia, estamos involucrados críticamente con el proceso intelectual (ZIM o zona intermedia) como la forma de existencia que imposibilita que nos experimentemos nosotros mismos y evita que veamos y oigamos el mundo».

«El paciente descubre cómo usa la cabeza para bloquear la experiencia y la percepción».

“El método básico es por medio de la conciencia continua. Se pide al paciente que exprese, alternadamente, en voz alta, la conciencia que tenga de sí mismo y el mundo. Interrúmpasele cuando incluya sus pensamientos…”

“Al trabajar con el medio continuo de la percepción, el cliente comienza a experimentar lo que significa «dejar que las cosas ocurran».

“Cuando el paciente haya aprendido a compartir su percepción de su propio cuerpo y de sus emociones, tal como fluyen, hágase que deliberadamente añada su fantasía. Ejemplo: «Veo tu cuerpo…ME IMAGINO QUE ESTÁS… Yo me siento…»

“Al principio, antes que el paciente haya tenido una conciencia clara de sí mismo, dice que «ve» tristeza, que «siente» fracaso, que «sabe» que alguien lo va a culpar. Presenta como un hecho establecido las diversas variedades de lo que imagina.”

«Al comenzar la terapia «Más del 90% de lo que ocurre es proyección».»Confía siempre en la Gestalt que surge», «con el tiempo algo surgirá».»No empujes el río; fluye por sí mismo». «El flujo interno de los acontecimientos es el estado humano natural». Cada uno de nosotros, en cualquier momento, estamos «interminados o no resueltos emocionalmente», y la naturaleza del flujo emocional es permitir que se transforme en conciencia lo no terminado.»

“Cuando el paciente no indica percepción de lo que a nosotros nos parece un fenómeno evidente y claro, podemos hacer algo mejor que esperar: podemos compartir nuestra percepción. Lo que interesa es percibir al paciente con suficiente claridad para saber si permite el proceso de su propio flujo o si se detiene a sí mismo.”

“Vigílese el retraimiento del paciente, para descubrir qué es lo que evita. Si se siente incapaz de enfrentarse a lo que ocurre en torno suyo en el momento presente, puede pedirle que cierre los ojos y se aleje a fantasear, como quiera. Cuando regresa, se compara el lugar al que ha ido en su fantasía, con la situación aquí y ahora.”

 

 

Fotografía:

Las capas de la neurosis según la terapia gestalt

Aunque realmente es difícil “dividir” en niveles algo tan “abstracto” como la neurosis, los humanos tenemos la tendencia a clasificarlo todo, y de un gran constructo como este, hacer piezas más pequeñas y asimilables en nuestra mente limitada.

Fritz Perls, en varias de sus publicaciones, hizo una estructuración de la neurosis en cinco etapas o estratos. Todas las personas somos neuróticas, así que asumiendo que eres una persona, estarás en alguno de estos niveles, o lo más probable, en todos ellos a la vez ?

 

Primera capa de la neurosis: Los clichés

Según palabras del propio Fritz, la primera capa es la de los clichés. Al encontrarnos con alguien, intercambiamos clichés: “Buenos días”, apretón de manos y todas las señas sin significado propias de un encuentro casual.”

 

Segunda capa de la neurosis: Juegos y roles

Detrás de estos clichés, está la segunda capa, la capa donde jugamos y representamos roles: “la persona muy importante, el matón, el bebé llorón, la niña encantadora, el niño bueno… cualesquiera que sean los roles que queremos representar. Son los estratos superficiales, sociales, los estratos del como si… 

Actuamos como si fuéramos importantes, como si fuéramos tontos, como si fuéramos alumnos, como si fuéramos damas, como si fuéramos prostitutas, etc. Las actitudes “como si” nos exigen siempre estar a la altura de un concepto o fantasía creada por nosotros o por los demás, ya se trate de una maldición o de un ideal. Lo que ustedes llaman un ideal es para mí una maldición: un intento de apartarse de uno mismo. Su resultado es que la persona neurótica reduce su vivir para sí misma de tal manera que pueda realizarse: en lugar de ello, quiere vivir para ser un concepto, para la realización de ese concepto… No queremos ser nosotros mismos; no queremos ser lo que somos, sino alguna otra cosa, y el fundamento existencial de este ser otra cosa es la experiencia de la insatisfacción… Viene luego la religión… debemos ser hermosos y maravillosos… Se considera todo como si  no debiera existir tal como es… No se nos permite sentirnos cómodos con nosotros mismos, de modo que enajenamos esas desdeñadas cualidades y creamos los agujeros, los huecos, la nada donde algo debería haber: y allí donde falta algo erigimos ese objeto falso. Nos conducimos como si poseyéramos realmente esa cualidad exigida por la sociedad y que a la postre se convierte en una exigencia. A esto denomino… estrato falso, estrato que comprende estos roles, los juegos del opresor y el oprimido, los juegos del control.”

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Tercera capa de la neurosis: Impasse

“Si trabajamos y atravesamos esta etapa de jugar roles, si quitamos los roles, ¿qué vivenciamos entonces? Vivenciamos la antiexistencia, vivenciamos la nada, la vaciedad. Esto es el impasse, la sensación de estar atascado y perdido. El impasse está marcado por una actitud fóbica: la evitación. Somos fóbicos, evitamos el sufrimiento, especialmente el sufrimiento de la frustración. Estamos mal acostumbrados y no queremos atravesar la puerta del infierno del sufrimiento: permanecemos inmaduros, continuamos manipulando el mundo en vez de sufrir los dolores del crecimiento. Ésta es la eterna historia.”

 

Cuarta capa de la neurosis: Implosiva / explosiva

La capa detrás del impasse no deja de ser muy interesante: “la capa de la muerte o implosiva. Esta cuarta etapa aparece como la muerte o como el temor a la muerta… nos encogemos, nos contraemos y comprimimos, en una palabra: implotamos. Una vez que logramos un contacto verdadero con lo muerto de este estrato implosivo, entonces ocurre alto también muy interesante…Esta implosión se convierte en una explosión. La capa de la muerte retorna a la vida, y esta explosión es el nexo con lo auténtico de la persona, que es capaz de vivenciar y expresar sus emociones. Hay cuatro tipos fundamentales de explosión desde la capa de la muerte:”

  1. La explosión de pena genuina en el caso de que se haya sufrido una pérdida importante o una muerte que no haya sido asimilada
  2. La explosión hacia el orgasmo en personas bloqueadas sexualmente
  3. La explosión hacia al ira
  4. La explosión hacia la alegría, la risa.

Estas explosiones conectan a la persona con la personalidad auténtica, con el verdadero “yo mismo”.

“En cada momento de la terapia tenemos que atravesar este estrato implosivo para llegar al sí mismo auténtico… Le explosión es el último estrato neurótico y tiene lugar cuando atravesamos el estrato implosivo. A mi entender, esta progresión es necesaria para ser auténtico”.

 

Quinta capa de la neurosis: Autenticidad

Y aquí ya no hay neurosis. Somos auténticos… Y para que poder llegar a esta quinta etapa, a ser una persona “sana”, lo más importante que hemos de hacer es capaces de atravesar el impasse.

“Cuando no se atraviesa el impasse, cuando se rechaza la experiencia de vacío, éste queda estéril, no surge nada nuevo. Pero si se atraviesa el vacío, si a través de la explosión el individuo se conecta con su personalidad auténtica, sin rechazar lo que hay ni aferrarse a ello, el vacío se vuelve fértil, la respuesta a la situación será orgánica y creativa.”

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Fuente: “Gestalt: Terapia de autenticidad”, de Pedro de Casso