Mudanzas (III)

Debe haber por ahí, seguro que hay, un estudio de Harvard o un artículo de la revista Saber vivir afirmando que las mudanzas son perjudiciales para la salud. Como los cigarrillos o el dióxido de carbono. Las mudanzas generan un nivel disparado de estrés porque somos animales de costumbres y posesión territorial. Una vez que hemos logrado armar la guarida sólo una mudanza nos sacará de ella.

2018

La última mudanza estuvo precedida por una batería de dificultades. Luego de ocho años en Sebastián Elcano, había llegado el momento de marcharse. No era parte del plan, no era lo deseado. That´s life.

El dueño del piso, embriagado con burbujas inmobiliarias, nos había anunciado un súbito aumento del precio. A partir de enero del 2019, pasaríamos a pagar unos 1.300 o 1.400 euros mensuales. Oigo la voz de mi casero: “con vosotros estoy perdiendo dinero…dejo de ingresar una suma importante cada mes…si publicase la oferta del piso por internet no duraría más que unos minutos”. Por teléfono intenté explicarle mi situación: el paro, la niña en la escuela primaria, mi mujer que es autónoma. Fue en vano, él también tenía sus problemas y los míos, antes o después, se resolverían. «Para algo eres joven -dijo- tienes tiempo para levantarte e incluso para triunfar. Alguien como tú, con esa preparación, es capaz de superar cualquier bache».

En ese momento, lo último que quería escuchar eran monsergas pequeño burguesas de un avaro aprendiz del coaching.

Una preocupación giraba sobre mi cabeza, a dónde carajo nos iríamos a vivir.

El centro de Madrid, atiborrado de alquileres turísticos y con los precios por las nubes, echaba a vecinos como nosotros a mansalva. Los programas periodísticos hablaban de desahucios, de fondos de inversión que compran bloques de edificios en Lavapiés como si fueran caramelos, de procesos gentrificación y doctrinas del shock. Distintas plataformas de afectados se reunían todos los jueves ante el Congreso de los Diputados para reclamar.

Sin posibilidades de acceder a un crédito hipotecario, estábamos abocados a una mudanza hacia el extrarradio. A quince o veinte kilómetros al sur de Madrid, los alquileres pueden bajar hasta un cuarenta por ciento pero uno, eso sentía yo, está lejos de todo. Se trataba de quemar las naves y empezar de nuevo.

Estaba la opción de convertirnos en neo rurales, pero yo sabía que entre las cabras y el monte no duraría ni dos telediarios. Adiós a las librerías, al ruido constante, a sentir bajo la suela del zapato como late la bestia.

Donde yo crecí, donde siempre he vivido, hubo y hay tiendas de libros abiertas todo el día, teatros, cines, peatonales sucias, monumentos cagados por las palomas, tipos raros que deambulan por la calle, locos que hablan solos. Estas escenas han adornado desde joven mis fantasías: los beatniks, el cabaret político, las crónicas de vidas marginales, los grafitis, la cultura rock. Un caldo así sólo puede revolverse en la olla urbana y la sola perspectiva de irme a vivir a una de esas pseudo ciudades dormitorio, rodeadas de autopistas y centros comerciales, me ponía los pelos de punta.

Como dice mi amigo Juan Ignacio, a propósito de lo que oyó una vez de una colega de trabajo congoleña, problemas de blancos.

Cruzar el río

Al cabo de dos años desde la muerte de mi viejo, pude hacerme con unos dineros que no quería apresurarme en gastar. Estaría bien destinarlos a una vivienda. Eso pensaba. La experiencia de estar desempleado, de trabajar por chirolas y de no ver luz en un túnel personal se estaba alargando, había hecho estragos en mi estado de ánimo. La lectura de la trilogía Vernon Subutex, parida por la letal Virginie Despentes, aumentaba mi pesimismo. Al igual que el protagonista de la novela, yo también veía el riesgo de hundirme en la precariedad.

Mi mujer tenía unos ahorros, mis suegros nos podían echar una mano económica, ¿podíamos permitirnos soñar con un lugar propio? ¿Dejar atrás la sangría de los alquileres? ¿Mudarnos, quizá, de manera definitiva?

La búsqueda de un piso decente en la zona cercana al cole de mi hija fue tarea de Laura. Ella me imploraba que me sentase a su lado para mirar las fotos publicadas en internet y yo me escaqueaba todo lo que podía. Su deseo, imperturbable, aún en la desesperanza, contrastaba con mi pereza y mi apelación al pensamiento mágico: Si tiene que aparecer, aparecerá; pero si no es el momento, no es.

Recuerdo que en las caminatas por Arganzuela iba siempre con la mirada hacia arriba esperando encontrar una señal que confirmara mi intuición. La fantasía era dar con un cartel de puño y letra del propietario, con apuros por vender, y sin tener que lidiar con inmobiliarias.

Poco a poco nuestras aspiraciones de vivir en la margen derecha del Manzanares fueron dando paso a la lúcida y necesaria decisión de cruzar el río.

Una serie de eventos inesperados nos condujeron al encuentro de una ex participante del Gran Hermano, devenida en agente inmobiliaria, una pareja de personas mayores sin ganas de rizar el rizo y nuestra amiga, gran arquitecta, diseñadora, napolitana, Simona. Éstos fueron los engranajes de la historia y habría muchas formas de contar cómo fue que terminamos comprando el piso en el que ahora vivimos y qué significó atravesar los mil y un avatares propios de una reforma integral.

Voy a ahorrarles las partes más truculentas del asunto, para centrarme en tres momentos y principios que resumen la odisea.

Momentos, actos, principios

Primer acto

Despertarme en mitad de la noche, meses antes de la mudanza, para atender las ansiedades del momento. Revisar la lata en la que íbamos guardando el dinero para comprar el apartamento. Contar los billetes cada día y anotar las sumas en un pequeño cuaderno forrado de color violeta. Anotaciones en bolígrafo (azul o negro) separadas en tres columnas. Sueños recurrentes con asaltos, incendios, terremotos. Una día llegaron a ser tantos los billetes sobre la cama que aquello parecía la peli Casino de Scorsese.

Primer Principio

El dinero es energía y como tal se acumula, se dispersa, se desperdicia, fluye, se estanca, se disuelve, se desintegraSe gasta, se agota.

Segundo acto

Simona supervisando la obra. Simona como directora de orquesta. Simona intentando explicarle al jefe de obra -machista recalcitrante- la diferencia que hay entre una pared recta y una torcida. Simona con una cinta métrica en la mano y un nivel en la otra. Simona sonriendo ante la adversidad. Simona metida en una trinchera con el barro hasta la cintura. Simona entregándonos la llave cuando la pesadilla terminó. Simona y su estandarte: Per aspera ad astra A través del esfuerzo, el triunfo»).

Segundo Principio

Al igual que las mudanzas, las obras de reforma son perjudiciales para la salud. Se sabe cuándo empiezan, jamás cuándo acaban. Como casi todas las galaxias, más allá de nuestra Vía Láctea, el presupuesto de una obra está siempre en expansión.Nos percatemos o no de ello.

Tercer Acto

Mis amigos gestaltistas Antonio y Fede cargando cajas de cartón en las que van mis libros. Unas, dos, treinta cajas pesadas. Tuvieron en sus manos mi único tesoro. Germán, otro amigo generoso, bajando una nevera seis pisos por escalera. Es el amigo habilidoso, montando lámparas, armando muebles, cantando un tango. Abel, amigo alado,con un destornillador en la mano no hay trasto del Ikea que se le resista. Su sola presencia fue un bálsamo, como cuando pasa un ángel y se hace el silencio. Cada día durante la mudanza, que se prolongó horas semanas noches, he pensado en las cosas, las poseídas, las compradas, las tiradas, las regaladas, las mudadas, las elegidas, las desechadas. También he pensado, sentido, a los amigos.Incluso a los que no estuvieron.

Tercer Principio

Las mudanzas ponen a prueba el carácter, la resistencia de las parejas, la solidez de las amistades. El acontecimiento de semejante cambio es siempre un jaleo, pero también es enseñanza: mejor andar por la vida ligero de equipaje.

Barrio de Comillas

Comillas, Carabanchel Bajo, a diez minutos del Puente de Toledo, es un barrio popular y tranquilo.

A un lado de mi nueva calle, las persianas bajas de Sastrería Pajares; la floristería Iris; tejidos y estores Pina; Lotería y Apuestas del Estado; Bar Los Pedroches; un cartel luminoso amarillo-verde con letras rojas del supermercado Ahorra Más. La basura rebalsa los contenedores de vidrio, cartón y plástico. En la esquina, una construcción de los ’80 de tres pisos con un cartel que pone Edificio Pili, al lado una fachada más antigua con balcones en los que se cuelga ropa puesta a secar; la ferretería Flosan; la escuela de pintura Stefan; la panadería Lola; el salón de belleza del Senor Wang, así sin “ñ”. Enfrente, la cafetería Bar Loly, en la que se escucha bachata a todas horas; la cafetería Belmy en la que no hay música; la peluquería dominicana Dando la Nota, anunciada en caracteres fluorescentes que bailan sobre unas corcheas y una clave de sol. En un cartel escrito con faltas de ortografía, adherido a la vidriera, se anuncia la venta de pelo humano y productos latinos.

En otras de las esquinas, el bar Jumess con el chino Andrés detrás de la barra y los parroquianos de siempre: una pareja madura que bebe gin tonics; tres marroquíes que se turnan en la máquina traga monedas, un par de ¿peruanos, ecuatorianos? con ropa deportiva. A veces están los hijos pequeños de Andrés haciendo la tarea o prendidos a una Tablet.  Aquí es donde veo los partidos del Barça, donde festejo con el puño cerrado, pero sin gritar, los goles de Messi.

Un mulato, con camiseta sin mangas y gorra de béisbol roja, está parado en la esquina. Melena afro, buena musculatura, dos collares de oro, reloj, anillos y pendientes haciendo juego. Pasa un coche deportivo lentamente, retumban los bajos de un regetón. El conductor y el de la esquina se ponen a charlar sin prisa alguna, ajenos a los coches que empiezan a formar fila detrás. Después de un par de minutos, intercambian un saludo y un gesto rápido con las manos. El de la esquina, guarda el dinero en el bolsillo delantero de su pantalón. El otro hace sonar el claxon a modo de despedida.

No tengo con quien intercambiar opiniones sobre el barrio, pero me gustaría conversar con el gigante negro que pide monedas en la puerta del supermercado. Se parece a Thelonious Monk, o mejor dicho al pianista después de haberse zampado a Miles Davis con su trompeta y todo. En su enorme mano el móvil parece un pastillero. Una vez le escuché hablar en su lengua natal, una catarata de sonidos dulces repleta de vocales. Se me ha metido en la cabeza que es originario de Gabón o de Zambia.

Durante los fines de semana, las calles circundantes al parque de Comillas se vacían como si entrasen en letargo. El parque, un terreno del tamaño de unos cuantos campos de fútbol, está rodeado de talleres mecánicos. Hacia el norte, más allá de un restaurante de comida china clausurado, los gitanos tienen el control del área. Al sur, después de una casa que fue convertida en una iglesia evangélica y un solar vacío pegado al bar Las Toledanas, los dominicanos son los que mandan.

A decir verdad, en todo el barrio los mismos rasgos: las viejas casas mezcladas con las más recientes, el olor a pollo frito y ajo, los trabajadores que a partir de las siete salen hacia sus coches mal aparcados sobre la acera, las chicas jóvenes que esperan los autobuses en las esquinas para llegar hasta el colegio.

Mudanzas (II)

Debe haber por ahí, seguro que hay, un estudio de Harvard o un artículo de la revista Saber vivir afirmando que las mudanzas son perjudiciales para la salud. Como los cigarrillos o el dióxido de carbono. Las mudanzas generan un nivel disparado de estrés porque somos animales de costumbres y posesión territorial. Una vez que hemos logrado armar la guarida sólo una mudanza nos sacará de ella.

Plaza de Tirso de Molina, 18, 3º B. El apartamento era minúsculo, dos ambientes en menos de 50 metros cuadrados, muy luminoso gracias a dos grandes ventanales que miraban hacia Lavapiés. Con Laura le teníamos cariño porque allí había vivido una pareja muy querida de amigos argentinos, excelentes anfitriones, que se habían vuelto a Mar del Plata. Algún tiempo atrás, en el pequeño salón de Tirso habíamos bailado, disfrutado de las paellas de Fran, de las mesas primorosas que armaba Agustina. Entre esas cuatro paredes nos habíamos emborrachado, reído hasta doblarnos con las ocurrencias de Arturo en dúo inigualable con Nora. Nuestros días de vino y rosas, de noviazgo con la que luego sería mi esposa, ya no iban a resucitar. Ni falta que hacía. Empezaba otra etapa, el tiempo de rodaje con la flamante familia que habíamos formado. La vuelta a Tirso fue con nuestra nena y sus revoltosos diez meses de vida. Recomendados ante el dueño del piso por Agus y Fran, los trámites del nuevo contrato de alquiler se resolvieron en un santiamén.

El edificio, sobre la misma plaza de Tirso de Molina, hacía esquina con la calle del Doctor Cortezo y estaba a escasos metros de la casa de Joaquín Sabina en calle Relatores. Se trataba de uno de los rincones más pintorescos del Madrid viejo y como había dicho nuestro ilustre vecino de la canción se concentraban allí más bares que en toda Noruega.

A un lado de la plaza, la entrada al metro de la línea Uno donde se reunían los renegados, punkies, algunos nómades alcohólicos y camellos magrebíes que ofrecían hachís a turistas desprevenidos dispuestos a pagar la “china” o “bellota” a veinte euros. Un timo en toda regla, aunque insignificante para los bolsillos de los guiris en busca de un subidón.

Por aquel entonces, trabajaba en mi tesis doctoral como un poseso y me dopaba con litros y litros de mate. Fumaba como un carretero. Sólo me faltaban las anfetaminas. Mientras tecleaba desesperadamente, mi hija gateaba y había descubierto lo divertido que era sacar mis libros de la estantería y revolearlos por el suelo. Una vez puestos en su lugar, volvía a empezar. La constancia de ella, contrastaba con mi falta de disciplina para avanzar con el culo en la silla.

Ronda de Atocha

Permanencia y desfiguración de los lugares marcan el ritmo de la vida en las ciudades. El dédalo de estrechas callejuelas, paralelas o perpendiculares a la plaza, con nombres hermosos como calle de la Cabeza, del Mesón de Paredes, de la Magdalena, de Juanelo, de la Colegiata, era muy concurrido los fines de semana. Los que subían del Rastro se confundían con el tropel de los aún excedidos por la noche. Ese ambiente algo sombrío, canallesco y bohemio ya no existe, ha cedido en el presente al pandémico efecto del parque temático.

Los corazones de las ciudades españolas, con Barcelona y Madrid al frente, son ahora góndolas de un gran centro comercial al aire libre: todo limpio, renovado y accesible al consumidor. Sin misterio por descubrir, Tirso de Molina se ha convertido en un no-lugar, o lo que es lo mismo en un lugar idéntico a cualquier otro, con bistrós que sirven brunchs, pizzas o burritos. Con pizarras de moda que ofrecen zumos détox y macchiatos for take away.

Del año y pico transcurrido antes de la nueva mudanza, piruetas de la memoria, he retenido dos momentos del invierno. Una gozosa noche-madrugada de fin de año mirando con mi chica, completamente vestidos dentro de la cama, los Soprano en plan maratónico y una tarde en que vi como la nieve, esa broma climatológica, se iba depositando a cámara lenta en las superficies del exterior. A intervalos casi regulares, todo se tiñó por una fina lámina de mármol de Carrara. Nunca más volví a ver caer la nieve de esa manera en los Madriles. Saqué varias fotos desde mi ventana.

Tirso bajo la nieve

Yendo cada vez más hacia el sur

Ronda de Atocha, 8, último piso. Donde termina la arbolada calle Argumosa, uno se encuentra con una tostadora gigante de color bermellón que es la ampliación del Museo de Arte Contemporáneo Reina Sofía. Esta construcción moderna, diseñada por el arquitecto francés Jean Nouvel, dominaba las vistas que teníamos desde nuestra nueva terraza. Allí, después de las siete de la tarde, veíamos el sol esconderse por detrás de los tejados antiguos y las cúpulas de dos iglesias barrocas que parecían flotar sobre la ropa puesta a secar de una corrala.

Un repaso de los dos años que vivimos en aquel ático se funden en una única imagen, la del deslumbramiento que nos producía, a Laura y a mí, ver crecer a nuestra hija. Lo más vivo que ha quedado es la materia de la cotidianeidad, la alegría de los cumpleaños y las fiestas pero también las horas sin sobresaltos, las que discurrieron siendo contemporáneos del que era nuestro presente.

Mudanzas II

De Lavapiés una nueva mudanza nos llevó más hacia el sur, a la zona de Embajadores, muy cerca de lo que en tiempos remotos se conocía como el barrio de las Injurias. Nombre perfectamente literario para una zona delimitada entre el actual Paseo de las Acacias y el de Yeserías, no lejos de Pirámides ni del Vicente Calderón, estadio del Atlético de Madrid.

Hacia el sur y el este de la Puerta de Toledo, el paisaje se ha modificado brutalmente si lo comparamos con las fotografías de comienzos del siglo XX que abundan en los bares de tapas.

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En los edificios y urbanizaciones del presente -muchas de ellas con sus jardines y perímetros de seguridad privada- no quedan ni rastros de lo que a finales del siglo XIX fue un barrio pobre de mala fama y luego una zona industrial. Hay que ver lo que ha cambiado esta ciudad con el vaciado industrial, seguido por los efectos de la política de tierra arrasada aplicada en el Centro, y alrededores, para borrar toda huella de lo que fue. Cierto es que mientras vivimos no reconocemos los escenarios que tiempo después echaremos en falta y que las ciudades nunca dejan de transformarse.

Hoy añoro la Glorieta de Embajadores, a pesar de que cuando llegamos al número tres de Sebastián Elcano, 6º B, aquella calle era el epicentro de los politoxicómanos. Pululaban a todas horas del día y de la noche en búsqueda de su cunda. Por una tarifa fija de cinco euros por pasajero, coches destartalados ofrecían un recorrido hasta el mayor mercado de la droga en Europa: el poblado de Cañada Real. A unos 15 km de distancia por la carretera de Valencia. El rostro del heroinómano era fácilmente reconocible: ausencia de dientes, aspecto cadavérico, piel ruinosa plagada de pequeñas contusiones, ojos hinchados, acuosos, a punto de salir de sus órbitas. Pasaba junto a ellos todos los días, cuando llevaba o traía a mi hija del colegio. Jamás me dirigieron la palabra, ni siquiera me pidieron dinero. Siempre tuve la sensación de que no me veían, de que no tenían registro de nadie. Andaban absolutamente descuajeringados, como los muertos vivientes de la peli de George Romero.

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El lapso de tiempo que transcurría entre la llegada del yonqui a la Glorieta de Embajadores y el momento en que la cundaestaba preparada para partir con sus tripulantes era de tensa espera. Desde mi balcón veía en constante loop la escena: tipos fumando colillas recogidas del suelo, bebiendo cerveza o comiendo bollos robados del supermercado de la esquina.

Tirso II

En el barrio no era todo desesperación y un tropel de zombies. También podían verse las venas llenas de savia inmigrante. Niños, niñas de diferentes colores y etnias correteando por parques como el del Casino de la Reina o el del Campillo del Mundo Nuevo. Paquistaníes, magrebíes, indios, bengalíes, malayos, colombianos, ecuatorianos, filipinos, europeos del este y subsaharianos de multitud de países conviviendo en relativa armonía. Con los chinos, un pulmón incansable de trabajo. Tiendas que abren entre las diez de la mañana y la medianoche de forma ininterrumpida, en las que trabajan todos los miembros de la familia. Comen, estudian, miran la tablet, todo detrás del mostrador. Amables y eficaces en el trato con los clientes. A los que tenían su local a pocos metros de mi portal, jamás les vi de mal humor o con un mal gesto. Yo fantaseaba mucho con la idea de preguntarles qué esperan de la vida, cuáles son sus sueños, sus miedos. Conocí a Han, a su padre Yan Jin y a su madre Zhang Hui Fei. Escribieron un día sus nombres en un papel, me vendieron cigarrillos sueltos durante los 8 años que vivimos en Embajadores. Jamás respondieron a ninguna de mis interrogaciones. Sólo sonreían, al mismo tiempo que asentían de forma mecánica.

CONTINUARÁ…

¿Prescindimos del alma en el s. XXI?

Cabe la posibilidad de que el día de mañana podamos prescindir del concepto de alma. La idea de una entidad espiritual ha acompañado toda la vida al ser humano, pero muchos son los que se plantean desde hace un tiempo que podemos comenzar a despedirnos de ella.

Es bien sabido que el concepto de «alma´´ ha contenido numerosos significados, siendo uno de ellos la esencia de aquello que mantiene nuestro cuerpo con vida. Entre otras cosas, el hecho de creer en la existencia del alma, ayuda a millones de personas a perder el miedo a la muerte, ya que a través de ella pueden abordar temas que trascienden más allá de la existencia terrenal.

  <<El alma es inmortal y migra pasando de una forma de vida a otra>> 

                                                         (Pitágoras de Samos, filósofo y místico, 570-510 a.C.)

Repasando la idea de alma

A pesar de la transformación que ha ido sufriendo este concepto a lo largo de la historia, está claro que nunca ha desaparecido ni de nuestro lenguaje cotidiano ni de nuestras mentes.  Normalmente solemos tener expresiones como: «no había ni un alma en la fiesta´´ o «salió corriendo como alma que lleva el diablo´´y aún hoy por hoy hay personas que conciben el alma teñida de connotaciones fastasmagóricas y esotéricas, haciendo de esta entidad un «algo´´ que pertenece al más allá.

Sin embargo, en los avances científicos dentro del campo de la psicología, vemos que todas aquellas hipótesis ambiguas que pudieran contener sentidos espirituales, han ido desapareciendo progresivamente. El objetivo ha sido siempre la constatación empírica que ha ido sustituyendo la «ciencia del alma´´ (como en ocasiones se ha denominado a la psicología) por la «ciencia sin alma´´ o ciencia empírica.

La reminiscencia de las tradiciones antiguas que consideraban el alma como parte esencial de la existencia humana, se sigue manteniendo en nuestro imaginario colectivo. El ser humano está necesitado de una instancia duradera que le confiera cierta identidad, y muchas veces esto se nos escapa de la realidad material en la que vivimos sumergidos. Tanto es así que hasta conferimos a animales, plantas u objetos un núcleo espiritual que los mantiene con vida y que les es esencial para su propia existencia.

 

 

Este hecho descansa sobre la creencia de que nuestros «estados mentales´´ pueden continuar después de la muerte, conformando así el concepto de alma. De este modo le conferimos dicha capacidad espiritual a casi todos los seres vivos u objetos que nos generan apego.

 

¿Como vemos el alma?

Dentro de las diferentes representaciones del alma que han existido en épocas y culturas pasadas, la que mas ha predominado ha sido considerarla como una esencia inmortal que define el concepto del sí mismo. Cuando afirmamos que «alguien no tiene alma´´, normalmente hacemos referencia a aspectos de su personalidad o forma de ser/actuar. 

Por otro lado también solemos darle ciertas características espaciales a este concepto, siendo capaz incluso de cambiar su forma o apariencia,  de separarse del cuerpo o localizarse en el espacio. Esto es bastante paradójico teniendo en cuenta su naturaleza no corpórea.

 

Experiencia extracorpórea

 

Claramente se trata de un intento de cosificar algo que ni si quiera es un objeto y lo hacemos con la intención de hablar de estados mentales que no podemos comprender o afrontar si no es con metáforas o sentido figurado. 

A pesar de tratarse de un error categorial que aparenta carecer de toda lógica posible, las personas no solemos tener problemas para aceptarlo. Es entonces cuando surgen numerosas cuestiones sobre cómo puede influir el alma en nuestro cuerpo. Ya Descartes hablaba de la ubicación del alma en la epífisis, lugar físico que permitía conectarse con el cuerpo. 

Pero como contraposición, sobre todo para aquellos más escépticos, encontramos el dualismo intuitivo con el que nos hemos criado a lo largo de toda nuestra vida. Desde pequeños aprendemos a diferenciar los estados mentales de lo material, ya que muchas de las cosas que pasan por nuestra mente no se encuentran reflejadas en la realidad. Esto dificulta la concepción del alma como parte influyente en el cuerpo, pues se trata de materias distintas y la mente racional no puede percibir el alma en ninguna parte.

 

Concepto metafórico

 

Sin embargo, si seguimos cuestionándonos, ¿qué es lo que hace que mi cerebro actúe por si mismo? parece difícil encontrar una clara respuesta. Podemos rescatar  la idea del Primer motor inmóvil de Aristóteles, ¿pero dónde se encuentra? Parece ser que nadie lo ha visto… y hasta ahora nuestro cerebro no aparenta poseer ninguna instancia autónoma que determine sus decisiones conscientes y comportamientos. ¿Entonces cabría aquí la posibilidad de incluir el alma dentro de la fórmula? Algunos piensan que si, otros no tanto (si a la ciencia nos remitimos).

Si creemos o no, es subjetivo

En muchas ocasiones hemos podido escuchar la expresión «ha vendido su alma al diablo´´ y lo que podemos deducir de ella es el significado subjetivo de que alguien ha faltado a sus principios por un beneficio mayor. 

Son algunos los estudios que revelan que la creencia o concepción del alma atañe al modo en cómo pensamos sobre nosotros mismos y los demás. Es decir, parece que el alma puede servir como un refugio para nuestro autoconcepto y percepción del mundo. 

Por otro lado, el alma nos permite perder el miedo a la muerte, porque si nos paramos a pensar en qué será de nosotros cuando «pasemos al otro mundo´´ seguramente nos podamos imaginar o vagando por la penumbra de la noche, en el limbo o siguiendo una brillante luz. De algún modo nos imaginamos desde fuera y esto refleja nuestra necesidad de compensar de algún modo la idea de la propia inexistencia. 

 

Ascensión del alma después de la muerte

 

Nuestro cerebro automáticamente se disocia de la idea de muerte, ya que si estuviésemos pensando en nuestro ultimo día durante todos los días, no seríamos capaces de vivir tranquilos. Y cuando se nos ocurre pensar en la muerte, nos contamos la «historia´´ heredada culturalmente, de nuestra permanencia en algún otro lugar inmaterial. Imaginarnos cómo es estar muerto, excede nuestra capacidad representacional. Es evidente que nuestra mente retrocede ante la posibilidad de no existir.

A todo esto cabe añadirle que somos capaces de aceptar que hace cien años no existíamos. Pero no aceptamos con mucho gusto la idea de no existir dentro de cien años. Este podría ser uno de entre los varios motivos que nos facilitan la creencia de poseer un alma que además de persistir en el mas allá, nos mantiene vivos en el presente. 

«SI EL ALMA ES INMORTAL, NUNCA DESAPARECERÉ…´´

Objeción científica 

Desde la ciencia podemos encontrar cada vez más explicaciones de sucesos próximos a la muerte o experiencias como el dejà-vu, que descartan por completo el concepto de alma o del mas allá. Como consecuencia, dentro de este terreno va avanzando  la comprensión de la mente desde fenómenos basados en leyes naturales.

Incluso en el campo de la filosofía encontramos especialistas que afirman que en este siglo no tiene por qué haber problemas para despedirnos de la idea clásica de un alma inmortal. Parece que la neurociencia cognitiva ayuda en esta idea, puesto que dilucida con precisión el modo en el que el cerebro lleva a cabo sus funciones mentales. 

 

 <<He diseccionado muchos cadáveres y nunca he hallado un alma>>

                                                                (Rudolf Virchow, médico, 1821-1902)

 

Evidentemente este avance repercute en el modo en el que percibimos nuestros procesos mentales y la idea de que pueda existir un mas allá va siendo difícil de argumentar con «tanta facilidad».

En sus inicios, se consideraba al alma como una entidad superior a la consciencia, comprendiendo un principio vital para la vida. Sin embargo con el paso de los siglos, hemos ido obteniendo mas información sobre el funcionamiento fisiológico del cuerpo y de la mente, por lo que se ha ido desechando este constructo como medio de explicación de las funciones vitales. Hoy en día empleamos el concepto de alma como sinónimo de psique, lo cual la destierra de toda connotación extrasensorial. Esto demuestra que el concepto seguirá transformándose con el paso del tiempo. 

Entonces nos surge la cuestión de si estos avances implican que el alma vaya quedando cada vez más encapsulada en el ámbito de la fe… Algunos profesionales afirman que el alma inmortal hoy ya solo es un concepto teológico, pero a pesar de ello sigue habiendo personas que se aferran a ella porque les hace sentir mejor o porque les aporta unidad personal y cierto auroconcepto de sí mismas. 

Cierto o no, la creencia en el alma no podemos fundamentarla con argumentos concluyentes, lo que hace que algunos se refuercen en ideas como que ya estamos inmersos en un proceso en el cual nos estamos deshaciendo de la creencia en el alma y en el mas allá. La ciencia aboga por sustituir viejos enfoques por otros nuevos que se presentan mas explicativos y empíricos. De este modo, el avance se determina eliminando los supuestos errores de hipótesis aparentemente obsoletas. 

Como conclusión 

Podremos decir que los concepto de alma, cerebro y consciencia han ido cambiando sus sentidos y significados a lo largo de la historia. Pasando por funciones religiosas, metafísicas, culturales y científicas, se han ido adaptando a los tiempos de guerras, tratados y descubrimientos científicos. 

Todo esto refleja que este proceso todavía no ha llegado a su fin. Nuestra comprensión se ve comprometida y seguirá evolucionando en función de los avances científicos, clínicos y filosóficos.

El feminismo ante Freud

El feminismo ante Freud

No es ningún misterio que el psicoanálisis y el feminismo han sufrido grandes desencuentros a lo largo de su historia. Entre algunos de esos calurosos debates se han tratado el entendimiento de la sexualidad, la identidad y feminidad. En esta entrada vamos a tocar algunos de los puntos principales en los que el feminismo más ha aportado luz al psicoanálisis freudiano y cómo éste ha nutrido al movimiento con las aportaciones sobre el inconsciente.

La sexualidad de la mujer, oscura e impenetrable

En los primeros escritos de Freud, las mujeres eran reducidas a casos de histeria y se entendía la naturaleza de la misma como oscura. Así, en “Tres ensayos de teoría sexual” Freud plantea las razones por las que la sexualidad de la mujer es oscura e impenetrable: por una parte, la atrofia cultural y por otra, la naturaleza insincera de la mujer. Seguramente, esta segunda razón nos haya al menos sorprendido y es que esta afirmación se fundamenta en dos ideas principales:

– La primera basada en los primeros estudios anatómicos de hombres y mujeres (Siglo XVIII) que se convirtieron en un gran fundamento de discriminación social. Debido a las características anatómicas, los hombres eran definidos como legibles y transparentes, mientras que las mujeres se consideraban extranjeras, incomprensibles. Este lenguaje facilitó juicios hacia las mujeres como la insinceridad, su carácter más natural (animal) con respecto al hombre por ser procreadora y por tanto, la necesidad de responsabilizarse del hogar mientras el hombre se dedica al ámbito público, político y cultural. Así, en “El malestar en la cultura” Freud define a las mujeres como las representantes y encargadas de los intereses familiares, mientras que el mundo de la cultura se convierte en un ámbito masculino.

– Freud, entusiasmado por estos estudios, plantea su teoría tomando como referente al hombre y a partir de ahí, creando paralelismos entre hombres y mujeres. En su teoría refuerza la idea de la mujer insincera desde el concepto de castración. Según Freud la niña entiende la castración como algo consumado, mientras que el niño teme que se dé y este es el motivo por el que se genera un superyó, gracias al cual abandona el complejo de Edipo. Para la niña no hay motivo para superar el complejo de Edipo, por lo que puede permanecer en esta etapa indefinidamente siendo el superyó débil.

La visión de Freud sobre feminidad

Freud establece la diferencia entre hombres y mujeres por la existencia o falta de falo.

La mujer es definida por la carencia del falo, siendo el sustituto del falo un hijo, convirtiéndose ella en madre. Lacan clarifica que la mujer busca al hijo no por el anhelo de ser madre sino en su búsqueda del falo, no entendido como pene sino como deseo. Por tanto, se trata de una búsqueda de lo perdido. Este será uno de los principios de la teoría de Freud que ha sido más rechazado y cuestionado por el feminismo debido al reforzamiento y mantenimiento de una concepción falocéntrica de la cultura.

En “La investigación sexual infantil” Freud explica que cuando los niños y niñas son conscientes de la posesión de diferentes genitales, en el niño se produce el menosprecio y rechazo hacia el otro sexo ya que percibe los genitales de la niña como mutilados, apareciendo así la amenaza de castración. En cambio, en la niña aparece la envidia de pene y surge el deseo de ser un hombre ya que considera el pene como superior a su propio órgano que se encuentra escondido. De este hecho se produce en la niña:

Complejo de masculinidad que es la esperanza de poseer el pene, logrando obtener la misma fuerza de poder que el hombre.

Desmentida que ante la negación de la castración, la niña se comporta como un hombre.

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Parece evidente en todos los casos que según Freud, la feminidad conlleva al reconocimiento de la inferioridad del órgano y de la mujer con respecto al hombre.

Pero la envidia de pene, según Freud tiene otro tipo de consecuencias como un empeoramiento en la relación con la madre (la niña responsabiliza a la madre de no tener pene y la madre reprime la masturbación clitoridea, generando una herida narcisista donde se crea un sentimiento de inferioridad y provocando un sentimiento de menosprecio y celos).

Así, a través de la represión que ejerce la figura materna, la feminidad surge en la mujer cuando su placer clitorideo se desplaza al vaginal.

Freud además plantea ciertas peculiaridades de la feminidad como la necesidad por ser amada, el ensalzamiento de los atributos atractivos como compensación de su inferioridad sexual y la aparición de la vergüenza y pudor como una intención de esconder la defectuosidad de sus genitales.

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La obra de Freud y su teoría sobre la sexualidad femenina se vio inspirada y reforzada por el antropólogo Felix Bryk y su obra. Felix Brik fue conocido por sus estudios de tribus africanas en las que se practicaban la ablación del clítoris. En su obra explicó que las mutilaciones impuestas a las mujeres africanas tenía como fin el facilitar el desplazamiento orgásmico de la zona clitoridea a la vaginal. Además explicó que la intención de estas tribus no era suprimir el placer femenino, sino encauzarlo para obtener fines reproductivos.

Estos escritos sobre los que se apoyaba la teoría de Freud, entusiasmaron a Marie Bonaparte (princesa de Grecia y Dinamarca, escritora y psicoanalista) que consideró estas mutilaciones físicas lo análogo a la represión que produce la madre a la niña en la cultura europea. Como dato curioso, Marie Bonaparte se operó hasta en tres ocasiones para acercar el clítoris a la vagina pero no encontró mejora en su satisfacción sexual, por lo que la teoría freudiana sufrió una gran bofetada ya que se constató que el desplazamiento de la sensibilidad del clítoris a la vagina se fundamenta por la cultura y no por la anatomía, aunque resultó ser un buen intento.

El debate sobre la identidad en el feminismo

El feminismo es un movimiento de resistencia de las mujeres a aceptar los roles, situaciones sociopolíticas e ideológicas que se fundamentan en la jerarquía de sexos basada en un enfoque naturalista. Una de las tareas que han llevado a cabo prácticamente desde la Revolución Francesa hasta hoy, ha sido cuestionar los roles y estereotipos de cada sexo, interrogando la identidad de hombres y mujeres y exponiéndolos a transformaciones.

Si bien es cierto que los años 60 fueron caracterizados por el crecimiento del movimiento feminista, los años 80 han sido cruciales por las discusiones sobre identidad que se compaginaron con el auge del concepto género. Este concepto permite la construcción y transformación de identidades que hasta ese momento estaban determinados por atributos biológicos, de manera que la diferencia justificaba la subordinación. Este concepto ahora tan común, supuso el impulso de políticas públicas con perspectiva de género, entrando las mujeres a formar parte explícitamente de las políticas estatales y de los planes de desarrollo local, nacional y macroeconómico.

El feminismo permanece actualmente en el debate de la identidad ya que dentro del movimiento existen diferentes vertientes que difieren en su percepción de la identidad, aunque comparten su cuestionamiento de la cultura falocéntrica.

El feminismo de la diferencia plantea que hay una esencia común a todas las mujeres y que esta esencia conforma la identidad de las mismas. Esta esencia a su vez se conforma por una serie de valores femeninos intrínsecos y milenarios. Con esta vertiente se revalora a la mujer a través de los atributos asignados desde lo social, pero modifica el lenguaje, reescribiendo su historia sin los prejuicios masculinos. Algunos ejemplos son la transformación de atributos como la pasividad que se redefine como el amor por la paz o la emotividad que se determina como una mayor capacidad de expresión de sentimientos.

El feminismo de la igualdad rechaza este tipo de identidad porque pese a ser depurado del lenguaje de dominancia masculina, sigue cayendo en la identificación como proyección del otro, complementando la identificación masculina. Así, esta vertiente reivindica en la mujer la existencia de atributos históricamente pertenecientes al mundo de lo masculino. Sin embargo a esta vertiente se le ha criticado que aumenta los ideales del mundo femenino, aumentando exigencias y creando ambivalencias en las mujeres que deciden negar otras partes de su self.

La dicotomía existente en el feminismo diferencia- igualdad ha creado muchas discrepancias entre sus miembros, perdiendo el rumbo del debate. Son muchas las personas que consideran que las vertientes no son excluyentes, porque ambas ofrecen una visión rica de la población femenina heterogénea. Así, plantean que la identidad no es estática, sino que se modifica con la historia y el propio desarrollo de la persona, por lo que la identidad es una construcción en el aquí y en el ahora. Así concluyen que al movimiento le falta empatizar con las dificultades que afectan a las mujeres cuando deciden diferenciarse del modelo materno, para así facilitar la liberación de las mujeres. En relación con esta idea, Marcela Lagarde plantea que una de las problemáticas existentes en el feminismo es que las feministas no se reconocen en las otras ya que en sus relaciones interpersonales se proyecta la relación madre- hija, por lo que propone la sororidad en donde la otra ya no es madre sino hermana.

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Sin embargo, ambas vertientes muestran una postura muy clara hacia la teoría de Freud y algunas de sus críticas más consolidadas y que han movilizado a analistas a revisar la teoría son las siguientes:

– El feminismo rechaza el concepto freudiano de envidia de pene y en la concepción de la feminidad como el cambio de la zona libidinal del clítoris a la vagina, ya que concibe a las mujeres bajo su función de reproducción.

– El feminismo cuestiona la envidia de pene y sugiere el fenómeno de la envidia por dar vida de los hombres. Posteriormente, dejando atrás estos conceptos, se plantean el terror que pueden sentir los hombres ante el hecho de poder dar la vida y el poder de los genitales femeninos. En concreto, en este punto ha sido muy importante la visión de Betty Friedan que añade que las mujeres no tienen envidia de pene sino que reclaman mejoras sociales y lo que sí envidian es el estatus del hombre en la sociedad. Otra aportación es la de Liliana García que apoya la idea de que la lucha feminista es la negación de la falta y del complejo de masculinidad, siendo una queja por la falta y en la no aceptación de la castración. Así afirma que se trata de una batalla fálica.

Camino hacia nuevas identidades: feministas y analistas debaten

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El psicoanálisis más ortodoxo no se ha silenciado al respecto y ha dado su interpretación sobre el movimiento feminista; el psicoanálisis no sólo entiende el feminismo como una expresión de la negación de la falta, sino también como un movimiento histérico que demasiado cegado por la explicación culturalista, no entiende el mundo de la psique y el funcionamiento del inconsciente. Así, teniendo únicamente en cuenta la discriminación histórica y social, se busca la causa de discriminación y su propia identidad.

Por otro lado, en el psicoanálisis se han dado posturas más conciliadoras, en donde se ha dado un reconocimiento de muchas de las críticas que las feministas han ofrecido a la teoría de Freud. Un claro ejemplo es Karen Horney, psicoanalista feminista que siendo una de las pioneras del movimiento culturalista, estima que tanto el desarrollo normal como patológico y la identidad femenina tiene su origen en la cultura. Horney rechaza la teoría freudiana y frente a la envidia de pene y el complejo de castración, defiende la identificación de la hija con la madre y la envidia del hombre por la maternidad. Asimismo, Horney ha sido una gran defensora del desarrollo de la feminidad como fruto de factores innatos y la relación entre madre- hija, entendiendo los sentimientos de inferioridad de las mujeres como resultado de la cultura y no por biología; así, son los factores socio-culturales los que evitan que la mujer se expanda y se desarrolle con libertad tanto en el ámbito personal como sexual.

Más allá del feminismo y el psicoanálisis, parece que los significados sociales de género se transmiten constantemente a través de la relación, por lo que las identificaciones no sólo corresponden con el complejo de Edipo y sus consecuencias. Son los propios padres y madres quienes favorecen la huella de estas representaciones tanto conscientes como inconscientes. La forma de transmitir estas representaciones, es a través de:

– Expectativas y deseos

– La relación que crean con la hija

– La relación de la propia pareja que resulta un aprendizaje en donde la niña no sólo incorpora la identificación de la figura materna, sino la de una relación, en donde se interioriza la relación que la madre tiene con el padre.

En todo caso, el debate sigue abierto ya que actualmente se ha abandonado una posición de proteccionismo ante la figura del genio Freud, para buscar una respuesta ante la identidad femenina más actualizada y acorde con las necesidades reales de las mujeres de nuestro tiempo, en una doctrina en la que ya no sólo se cuenta con la participación de los hombres.