El poder de la incertidumbre, ¿nos aleja o nos acerca a la felicidad?

Si te tomas un par de segundos para reflexionar acerca de que deseas para ser feliz, es bastante probable que aparezcan ante ti una o varias opciones que nada tengan que ver con la incertidumbre. Casi con total seguridad el contenido de tu respuesta guarda relación con uno de los tres elementos que Gigliola Cinquetti destacaba en su famosa canción “salud, dinero y amor”. Si es así, es totalmente lógico ya que ¿quién no desea gozar de buena salud, tener suficiente sustento económico para vivir tranquilamente y/o amar y sentirse amado? En definitiva, ¿quién no desea ser feliz?

 

Desde hace un tiempo en el entorno social en el que vivimos ha surgido un movimiento muy claro hacia la obtención de la felicidad. Ya no nos conformamos con sobrevivir como hacían nuestros antepasados, ahora queremos vivir, y además vivir disfrutando en todo momento.

 

felicidad

 

Tan importante es esto para nosotros que la publicidad se hace eco de ello. Antes, para vender un producto las campañas publicitarias se centraban en destacar sus características de funcionamiento, sabor, precio, etc. Ahora, sin embargo, nos venden la idea de que con ese producto seremos un poco más felices y así alcanzaremos nuestro objetivo vital.

 

Este movimiento social hacia la obtención de la felicidad nos impulsa a no conformarnos y a querer mejorar en todos los ámbitos de nuestra vida, lo cual es maravilloso. Sin embargo, en la otra cara de la misma moneda encontramos conceptos menos apetecibles como el peso de la incertidumbre y el miedo al sufrimiento.

 

ATREVERSE A CAMBIAR, MIEDO A SUFRIR

A menudo el cambio necesario hasta obtener aquello que deseamos supone un reto. A su vez, ese reto conlleva afrontar la incertidumbre y una serie de situaciones novedosas que se salen de nuestra zona de confort. Éstas ponen en jaque nuestros recursos lo cual nos incomoda y nos asusta. Es lógico y natural que no queramos sufrir. Estamos biológicamente preparados, al igual que el resto de seres vivos del planeta, para sobrevivir y para evitar todo aquello que nos haga daño. Sin embargo, el problema surge cuando este mecanismo de protección se sobreactiva y se generaliza a distintas situaciones llegando a convertirse en un miedo angustioso que nos paraliza y nos incapacita.

 

miedo a la incertidumbre

 

Encontramos ejemplos del miedo a la incertidumbre a nuestro alrededor constantemente: la persona que se mantiene en una relación sentimental que no le es satisfactoria por miedo a “no encontrar algo mejor”; la persona que renuncia a una oportunidad laboral por miedo a “lo que se pueda enfrentar” o los padres que sobreprotegen a su hijo coartando sus intentos de exploración por miedo a que “le pase algo malo”. En todos estos casos se produce un choque frontal entre el deseo de realizar el cambio y el miedo a sufrir o a que ese cambio no entrañe los beneficios que se deseaban obtener. Llega el gran Y SI…

 

SALIR DE LA ZONA DE CONFORT, MIEDO A LA INCERTIDUMBRE

Salir de nuestra zona de confort no es sencillo, tal y como muestra el refranero español con ejemplos como estos “Mejor malo conocido que bueno por conocer” o “Virgencita, virgencita que me quede como estoy”. Existe una creencia arraigada de que el cambio es peligroso, de que todo aquello que salga de nuestra zona de confort deber ser evitado. Hay un mensaje oculto y generalizado de que la vida tiene que ser fácil, sencilla y que eso será lo que nos haga ser más felices. Sin embargo, esto que en principio puede parecer una gran verdad, no es sino una trampa en la que caemos sin darnos cuenta.

 

La vida no es sencilla, ni plana, ni previsible por mucho que intentemos que lo sea, anticipando y controlando nuestra conducta, la de los demás y/o el ambiente. La vida es ilusión y decepción, risa y llanto, ganancia y pérdida, placer y dolor, vida y muerte. La vida está compuesta de estos y muchos otros elementos que hacen que la vida sea lo que es y que no podemos negar ni escapar de ellos por mucho que lo deseemos. Es precisamente cuando intentamos huir de estas partes negativas de la vida cuando caemos en la trampa que nos lleva a la angustia anticipatoria del “y si..”, alejándonos cada vez más de la anhelada felicidad. Y es aquí donde somos conscientes de la gran paradoja, muchas veces sufrimos por querer evitar el sufrimiento.

 

Puede que esta idea resulte una obviedad para algunas personas y un absurdo para otras, sin embargo supone más de lo que parece a simple vista. Dentro de esta idea, encontramos dos ideas poderosas que la sustentan y alimentan. Por un lado, aparece el miedo a la incertidumbre del que hablábamos más arriba. Este miedo que se activa cuando nos enfrentamos a algo que nos es desconocido y no podemos anticipar con seguridad lo que puede ocurrir. Es natural, que ante situaciones novedosas sintamos una activación física y mental. Este mecanismo nos prepara y nos mantiene alerta para desplegar todas las herramientas necesarias y hacer frente a la situación novedosa.

 

CREENCIAS DAÑINAS E IRRACIONALES

La complicación aparece cuando a ese mecanismo natural se le azuza con otras dos poderosas creencias. Por un lado, la idea de que la situación novedosa será en si misma dañina y, por otro lado, la idea de que la persona no cuenta con los mecanismos necesarios para hacerle frente. La unión de ambas ideas generan un sentimiento de miedo intenso. Este miedo lleva a la persona a evitar dicha situación, lo cual alimenta el sentimiento de incapacidad, haciéndole sentir cada vez más vulnerable e indefensa.

 

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Cuántas más veces se de este proceso, peor concepto tendrá la persona de si misma y de sus capacidades, ya que al evitar la situación temida no tendrá la oportunidad de experimentarse a si misma como una persona capaz. Además, el mantenimiento de estas ideas durante un tiempo prolongado puede provocar, entre otras consecuencias: baja autoestima, ansiedad, angustia, frustración, retraimiento, aburrimiento y depresión.

 

De esta forma vemos que evitar aquello que nos asusta o nos incomoda no nos acerca a la felicidad, sino que nos aleja de ella. Y quizás por ello, no nos llena más que temporalmente, el sucedáneo de felicidad que nos venden embotellada. Porque ser feliz implica sentirse libre y con miedo no hay libertad.

 

UNA OPORTUNIDAD PARA SER FELIZ

Si no nos atrevemos a salir de nuestra zona de confort no podremos ejercitar nuestros músculos emocionales y nos quedaremos atrofiados y con la sensación cada vez más profunda de que somos incapaces de hacerlo. La incertidumbre no es un castigo, es una oportunidad. Una oportunidad para sacar nuestros recursos sociales, físicos, cognitivos y emocionales. Es una oportunidad de crecimiento que nos ayuda a conocernos más y mejor y es, además, el camino real hacia la auto realización y la satisfacción personal.

 

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Fuentes: