Fábrica de sueños

Entre las muchas posibilidades que tenemos de definir a los seres humanos, está la opción de reconocernos como una fábrica andante de sueños. Ese espejo maravilloso y deformante de la realidad y de nosotros mismos, que en ocasiones resulta más revelador que la poderosa conciencia. Y es que en los sueños, siendo nosotros mismos podemos a la vez ser otros, integrar nuestra sombra. Dormidos, con la guardia baja, el otro yo se apodera sigilosamente de los controles y desactiva las alarmas. Convertidos en marioneta, los sueños nos llevan a su vida secreta. A ese reino que es de todos y en el que se nos permite volar, mutar en criaturas fantásticas, desatar por completo los instintos, trascender el tiempo y el espacio.

Lo soñado

El sueño no nos niega nada. En los brazos de Morfeo, volví a besar a Micaela durante el sexto grado de primaria, recorrí Anatolia montado en un canguro (no era Anatolia ni tampoco exactamente un canguro), escapé por poco de un linchamiento, participé en una orgía, me convertí en rinoceronte, fui director de una orquesta sin instrumentos, visité un universo distante, me convertí en número, se me cayó la cabeza al suelo y cuando me agaché a recogerla no había suelo sino una lengua gigante de vaca. Una anciana, peinada de amapola, gritó mi nombre: ¡Diógenes, la cena está servida!. Hablé con objetos inanimados. Deslicé el dedo por las arrugas de una cara invisible. Vi cigarrillos y un vaso con agua turbia. Un reptil dentro de una caja de zapatos. En el cadalso, con las últimas luces de la tarde, y habiendo perdido toda esperanza, llegó la dispensa especial de aquel rey extranjero. Y todas estas peripecias sin salir de la cama.

Marco privilegiado de la imaginación, en los sueños redimimos lo perdido, le pillamos el truco a la vida, respondemos preguntas imposibles, abolimos la lógica. Luego nos despertamos con un fragmento clarificador entre las manos o bien con el desasosiego de no haber podido retener nada. Los caprichos de la memoria cuando juega al escondite.

Los sueños se tejen con el hilo del eterno retorno. Volvemos a esa escena recurrente: se nos caen los dientes, estamos desnudos ante un auditorio, contemplamos un desierto infinito, se nos muere un ser querido.

Los sueños nos colocan ante los arquetipos. Revelan estados interiores de nuestra psique. Nos reparan por dentro y nos preparan para ese otro sueño, el eterno.

En la selva malaya está el pueblo de los Senoi cuya primera actividad por la mañana es reunirse para relatar los sueños, que a continuación son interpretados y comentados por los ancianos. Éstos son los encargados de evaluar si se ha actuado de manera correcta en el sueño y, en su caso, aconsejan lo que se debería hacer. Así es como los Senoi obtienen de los sueños un conjunto de guías que se va transmitiendo de generación en generación.

El lugar que ocupan los sueños en la cultura occidental contemporánea es considerablemente más reducido y estrecho. A diferencia de varios pueblos antiguos, como los griegos o los romanos, que les asignaban cualidades adivinatorias -bastaría con mencionar aquí las profecías que contenían los sueños de Julio César- o incluso pedagógicas, en nuestra época no hay pruebas tangibles de que les hayamos otorgado esos roles. No obstante, sería injusto ignorar la relevancia que tiene el empleo de la palabra sueño para designar aquello que anhelamos, despreciar el valor de los descubrimientos que el psicoanálisis alcanzó o ningunear la infinidad de veces que el séptimo arte se encargó de ellos.

Sueño + psicoanálisis + cine

Uno de los ejes sobre los que gira el psicoanálisis es su método de investigación para evidenciar el significado inconsciente de los sueños. De hecho, Freud sostenía que éstos eran la vía regia hacia el inconsciente.

El contenido manifiesto del sueño se presenta como un mensaje en código o un puzzle cuyas piezas están desordenadas, por lo que es usual que su sentido se asocie con lo absurdo en la medida en que desafía el sentido común y parece escapar de una mera comprensión intelectual.

A través del simbolismo que se extrae de los sueños, observamos como el deseo dispara imágenes que deberán ser descifradas pero que vienen esencialmente cargadas de material sexual. El psicoanalista busca ayudar al paciente a que tome conciencia y reviva de un modo no traumático cierto tipo de experiencias pasadas: lo reprimido. Fomentando la libre narración -sin resistencias- de los sueños van saliendo a flote cuestiones sumergidas dentro del paciente. De esta manera, no es la lógica de la razón la que explica la actividad del sujeto sino aspectos irracionales de su psiquis. Capítulo aparte merecerían las aportaciones de Carl Jung al tema de  los sueños. Éstos no sólo compensan y equilibran la actividad de la vigilia, sino que dialogan y sirven de puente con los procesos arquetípicos del inconsciente.

Otro canal privilegiado por el que circuló la savia de los sueños fue el cine, al que dedicaremos la última parte de estas líneas.

Un cohete lanzado desde la tierra, aterriza en el ojo derecho de la luna y allí descienden seis astronautas muy particulares. El parisino Georges Méliès convirtió, a finales del siglo XIX, una caja de madera en un proyector de sueños y nos ofreció las primeras imágenes en movimiento de un Viaje a la luna. Para este pionero del cine y del género fantástico las películas tenían el poder de capturar los sueños. A partir de él, muchos creadores han parido obras en las que el sueño juega un papel primordial.

En 1920, Salvador Dalí y Luis Buñuel, subvencionados por los príncipes de Polignac se lanzaron a unir al cine con el  surrealismo. La premisa fijada para las películas Un perro andaluz y La edad de oro, fue la de trabajar exclusivamente con material proveniente de los sueños. Ya en Hollywood, diez años más tarde, Dalí volvió al terreno onírico con Alfred Hitchcock en Recuerda: columnas que se licuaban, árboles que se tensan, espirales hipnóticos, relojes desinflados. El artista de los bigotes de gato siempre creyó en la imaginación que encendían sus sueños. Los tenía por fuente de los misterios, algunos de los que todavía esconden sus pinturas.

Varios de los directores clásicos del siglo XX incluyeron a los sueños en en algunas de sus mejores películas.

En un minúsculo cine-club de Buenos Aires, recuerdo haber visto en la adolescencia Cuando huye el día (traducida como Fresas Salvajes en España) de Ingmar Bergman. En una escena que me ha quedado clavada en la retina, el protagonista –un tal doctor Isak Borg- sueña con su muerte que aparece representada por un reloj sin agujas.

Todo el cine del ruso Andrei Tarkovski no es otra cosa que la búsqueda de lo que se aleja de la lógica objetiva y que nos habla del significado de la vida a través del sueño.

Sueños de Akira Kurosawa se divide en ocho segmentos, a cual más poético, que se corresponden con ocho sueños reales del propio director japonés.

La última película de Stanley Kubrick, de marcado corte psicológico, bucea en lo onírico ya desde el propio título, Ojos bien cerrados, y bajo ningún concepto facilita al espectador los criterios que le permitirían discernir entre la realidad y lo que sólo tiene lugar en la mente de la pareja protagonista.

Woody Allen, por su parte, no ha cesado de representar los estados mentales que se suscitan en la visualización de los sueños. Toda la filmografía del neoyorquino está preñada de escenas en que las que algún personaje le relata a su psicoanalista un sueño recurrente.

Ciñéndome a los últimos años y a la temática de los sueños que nos ocupa termino con los siguientes cuatro títulos: Mulholland Drive (2001) de David Lynch; La ciencia del sueño (2006) de Michel Gondry; La cueva de los sueños olvidados (2010) de Werner Herzog. Un documental en el que el director alemán penetra en la Cueva de Chauvet, situada en el sur de Francia y donde se hallan pinturas rupestres de hace más de 32.000 años, para intentar aproximarse a los sueños que inspiraron al primer artista de la historia. Por último y como si se tratase de algo sólo posible en sueños, el protagonista de Holy Motors (de Leos Carax, 2012) es un hombre con múltiples personalidades: la de asesino, mendigo, ejecutivo, monstruo y padre de familia.

Algunas notas sobre el amor

La ciudad de Kioto fascina pues en ella convergen la majestuosidad y la simpleza. Kiyomizu-dera es quizás uno de esos sitios que se mantienen en pie para transmitir toda esa espiritualidad que agoniza entre tantos turistas. Dentro de este complejo de templos budistas, se encuentra el santuario Jishu, dedicado a Okuninushino-Mikoto, un dios del amor y los «buenos matrimonios». Como es de esperar, consiste en uno de los destinos predilectos de parejas, y de mujeres jóvenes en busca del amor.

Piedras del Amor

El mismo posee dos «piedras del amor», situadas a 6 metros una de la otra, distancia que los visitantes deben vencer con los ojos vendados. El éxito en esta tarea, es un presagio de que el peregrino encontrará el amor. Es posible ser guiado por alguien, lo cual predice que la persona necesitará de un intermediario para convenir con su enamorado.

La sabiduría oriental nos muestra simplemente cómo el ser humano se moviliza en el ámbito del amor: con los ojos vendados. Hay quienes no temen y aceptan la incertidumbre, transitando este trayecto confiados en que llegarán a la otra piedra sin mayores dificultades y por sí mismos. Otros, desconfían y se sienten perdidos. Con suerte han tenido la guía de otro, quien porta ese saber sobre el amor del que ellos carecen. Este apoyo varía desde lo espiritual hasta los expertos en la materia que abundan hoy en día, terapeutas y autores de libros de auto-ayuda. Nos referimos al amor de pareja.

 

El amor es…

Una definición única del amor es imposible. Ya filósofos, psicólogos y pensadores en general se han esforzado por completar esta difícil tarea. Desde el Psicoanálisis, también se estudia el amor y sus vicisitudes, pues en la consulta terapéutica todas, o la gran mayoría, de las historias terminan hablando de amor. Sigmund Freud lo investiga a lo largo de toda su obra, analizando sus mecanismos desde diferentes ángulos. Como mencionamos en el post anterior sobre la Realidad virtual: un nuevo malestar, se evidencia el amor como una posibilidad para sobrellevar las dificultades de la vida.

El concepto de narcisismo también desempeña un papel destacado. Este se refiere a la operación psíquica de tomar al propio cuerpo como objeto de satisfacción y también como objeto de amor. Podría entenderse como el amor por uno mismo. Respeto de esto, Freud afirma que:

«El que ama se hace humilde. Aquellos que aman, por decirlo de alguna manera, renuncian a una parte de su narcisismo.»

Ser humilde no es sinónimo de humillarse. Más bien, implica ceder en ocasiones a los propios deseos, en pro del ser amado y/o de la relación. También se hace humilde ante la duda que entraña el encuentro con un otro distinto a uno mismo. Otro que también transita el camino del amor a ciegas frente a su propio inconsciente.

Posteriormente, Jacques Lacan propone una fórmula que intenta abarcar gran parte de la esencia del amor en el sujeto, cuando dice:

 «Amar es dar lo que no se tiene a quien no es.»

Esta concepción implica que un sujeto reconozca que no está completo, sino en falta. Esto en Psicoanálisis, se refiere a un sujeto dividido, pues gran parte de sus contenidos psíquicos son inconscientes, es decir, desconocidos incluso para él mismo. No se refiere a la falta de tener, una objeto o un atributo, ni involucra una connotación negativa del ser humano. Por el contrario, esta falta en ser se refiere a la noción de que no somos perfectos ni completos, y es precisamente esto lo que nos impulsa a desear. El deseo es uno de los factores que actúan como motor para el establecimiento de relaciones con otros; es lo que motiva al ser humano a relacionarse y moverse en el mundo. Como explica Jacques-Alain Miller:

… no es dar lo que se posee, bienes, regalos, es dar algo que no se posee, es reconocer su falta y darla al otro, reconocer que se necesita al otro.

El amor, según Lacan, se da dos dimensiones: en el plano imaginario, está el enamoramiento. Ese momento inicial que consiste en el flechazo, donde el otro es un producto de nuestra idealización, y posee todas las cualidades que siempre soñamos. En el plano real, se ubica el amor que no busca reciprocidad, y que no engaña, pues la persona conoce los defectos del otro y aún así le ama. Como bien lo dice Slavoj Zizek:

«Amar significa que uno acepta a la otra persona con todos sus fracasos, estupideces, puntos feos, y a pesar de eso, ve perfección en la imperfección misma.»

 

El amor en tiempos líquidos

Los hombres y mujeres de este siglo, no soportan el peso que conlleva mantener una relación sólida y duradera. Salvo algunas excepciones, sienten miedo, por creer que la misma se convertirá en una carga y atentará contra sus mayores tesoros: su libertad e individualidad. Por otro lado, presentan la incertidumbre ante la posibilidad de ser ellos mismos un desecho, en una sociedad donde predomina lo novedoso. El sujeto entonces se reinventa compulsivamente, no por el deseo genuino de mejorar o hacer algo que le produzca satisfacciones, sino por el mandato a ser innovador, por el simple hecho de no quedarse atrás.

La tendencia actual hacia el ideal de completud y omnipotencia, alimenta la fantasía de que estando empoderados tendremos todo, también en el amor. Con la ayuda de las redes sociales esto se magnifica, iniciando un ciclo de envidia por el éxito aparente del otro, y una obsesión por mostrarse cada vez más perfecto. Nada más lejos de la realidad. Como explica Miller, aquellos que creen estar completos solos o quieren estarlo, no saben amar. Pueden despertar el amor en otros, más no han experimentado por sí mismos los riesgos y las delicias del amor.

amor liquido

En su libro Amor Líquido, Zygmunt Bauman plantea que el individuo escoge las conexiones en contraste con las relaciones. Éstas ocurren dentro de una red, en la cual las acciones de conectarse y desconectarse son simultáneas. Las encuentros son de fácil acceso y salida, ya que pueden cortarse en cuanto empiezan a ser insoportables. Uno siempre puede oprimir la techa de “delete”. Se puede pasar a la próxima conexión al mejor estilo de la serie de MTV “Next”. Si el candidato no cumple con los requisitos mínimos, tenemos la opción y el derecho de pasar al siguiente. Las estructuras que salvaguardaban el compromiso en la pareja flaquean, o se vuelven simples contratos que pueden disolverse con tan sólo una firma. Los matrimonios se convierten en un negocio dirigido por los “wedding planners”, y  los divorcios están a la orden del día.

 

El (des) encuentro entre los sexos

En las últimas décadas, el movimiento feminista ha impulsado una campaña agresiva en pro de la reivindicación de la mujer en relación con el hombre, promoviendo la igualdad de derechos y oportunidades. Si bien la biología y la genética aportan elementos fundamentales en la constitución de lo que es ser hombre y mujer, los estereotipos socioculturales sobre la feminidad y masculinidad están en un proceso importante de transformación. Los hombres, son invitados a feminizarse, al permitirse experimentar sus emociones y expresarlas abiertamente. Mientras que las mujeres, cuentan con el derecho y la responsabilidad de igualarse al hombre, mostrando actitudes más agresivas y hasta viriles. Esta mutación social y psíquica, busca encontrar un balance entre los sexos, y conlleva muchas satisfacciones para ambos. También impacta el modo en que se desarrollan las relaciones.

Algo que sigue vigente es el desencuentro entre los sexos. Incluso en la cultura popular se tiene la noción de que el hombre y la mujer son de planetas distintos, los primeros de Martes y ellas de Venus. En el plano inconsciente, esto implica que mujer y hombre gozan de modos distintos. Lacan lo expone en su fórmula:

«No hay relación sexual.»

amor princesa y sapo

Zizek lo ejemplifica en su análisis de un anuncio de cerveza. Primero, está el cuento de hadas de la princesa y el sapo. Es conocido que ella lo besa y éste se transmuta en su príncipe soñado. Pero el cuento no termina allí, pues el joven la mira con ojos de deseo y también la besa, ante lo cual ella se convierte en una botella de cerveza, que el príncipe empuña triunfante entre sus manos.

Del lado de la mujer, sucede que a través del amor una rana puede convertirse en el objeto de su amor; del lado del hombre, en cambio, la mujer quedará reducida a un objeto parcial, el objeto de deseo. La relación entre los sexos es asimétrica, en la cual cada uno porta su propia fantasía. Como se plantea en esta metáfora, la mujer fantasea con la rana que gracias a su amor se transforma en Príncipe Encantador. Mientras que el hombre en principio reduce a la mujer a un objeto, el cual desea obtener, pero una que lo logra esto se vuelve deseo de otra cosa.

 

Avatares del amor contemporáneo

Cada caso en el amor es particular, y no es posible agotar todos los ejemplos en un sólo post. Curiosamente, la queja de muchas mujeres hoy es que “no hay más hombres, y si los hay no son para mí.” En estos casos, ponen al Hombre en el lugar de lo que les falta. Entonces, cuando aparece uno, les brillan los ojos ya que es una oportunidad única. Se aferran a él como si fuera un salvavidas en pleno naufragio. No se trata aquí de una experiencia de amor, sino de un estrago. El hombre por su parte, comprueba que es necesitado, mas no amado y literalmente huye. Una vez más se comprueba la teoría de que no hay más hombres, la tragedia femenina por excelencia. Pero si una mujer puede mover al hombre de ese lugar, notará extrañada como él deja de escapar.

Por su parte, los hombres también se movilizan cuando aman. Sobre todo en los casos en los cuales no están seguros de su virilidad, se dejan intimidad por la posibilidad de verse algo ridículos. Una de las respuesta es huir, como vimos anteriormente. Pueden presentar también, como dice Miller, retornos de su orgullo y mostrarse agresivos o indiferentes frente a su objeto de amor. Por ello, también puede desear a mujeres que no aman, para reencontrar algo de la posición masculina de la que se han despojado frente a aquella a la que sí aman. Es lo que Freud llamó la escisión del amor y del deseo en el hombre, mediante la cual tiene dos mujeres, la santa y la prostituta. Cada vez más, constatamos este fenómenos también en las mujeres.

amor

En fin, no existe un guión anticipado entre un hombre y una mujer. Como es el caso del espermatozoide que está destinado a encontrarse con el óvulo. Hoy compartimos la ilusión de que el amar es una destreza o un arte, que se puede aprender con la experiencia. La ciencia nos empuja a creer que el amor se puede medir estadísticamente, y que ciertas variables son indicadores del éxito o el fracaso en esta tarea. La conquista del amor se ha constituido en un logro más de nuestra lista, y la presión por conseguirlo nos lleva precisamente a aquello que va en su contra: la posesión, el poder, la fusión y el desencanto. Los amantes constatarán que esta sabiduría sobre el amor siempre nos llega a posteriori. Como bien dice Bauman:

“El amor no encuentra su sentido en el ansia de cosas ya hechas, completas y terminadas, sino en el impulso a participar en la construcción de esas cosas.”

 

Referencias bibliográficas:

  • Bauman, Zygmunt. Amor Líquido, Fondo de Cultura Económica. México D.F. Edición 2007.
  • Freud, Sigmund (1912). Obras Completas. Sobre la más Generalizada Degradación de la Vida Amorosa (Contribuciones a la Psicología del Amor). Amorrortu Editores. Buenos Aires, Argentina.

Fuentes:

Oniria: el mundo de los sueños I

Sueños, miedos, pesadillas y represión de la angustia

Los sueños tienen en ocasiones tal intensidad que son capaces de invadir nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra conciencia con impresiones turbadoras. Esto pasa cuando los sueños presentan escenas tan vívidas que nos dejan secuelas emocionales muy potentes durante todo el día e incluso no los olvidamos a lo largo de toda nuestra vida. Podemos despertarnos deprimidos, contentos, enfadados, sorprendidos, y esto es un fiel reflejo de nuestros pensamientos más profundos que muestran nuestra personalidad y el modo en que experimentamos el mundo.

El miedo es un fuerte inhibidor de conductas, pero en otras ocasiones es un potente aliciente que empuja a la acción. A veces las reacciones se producen de forma instintiva, transformándose en impulsivas e irreflexivas, pareciendo entonces su expresión más una descarga que una acción premeditada. Cuando el miedo es irracional y no es atendido de forma consciente, puede ser dañino tanto para uno mismo como para los demás. Es una manera de salir rápidamente de una situación que nos mantiene incómodos y paralizados, pero se puede convertir en actos dolorosos. Sin embargo, si se observa con consciencia, permite obtener una salida positiva y esta nueva posición aporta una visión diferente, más amplia.

Las pesadillas, muy relacionadas con el miedo, son exteriorizaciones de sentimientos angustiosos y de desazón, y son vividos con tanta intensidad y las imágenes son tan amenazadoras que el sujeto suele despertarse en mitad del sueño. A los pocos minutos de despertar, estos sentimientos desaparecen, pero en otras ocasiones inundan nuestra mente a lo largo del día. Muchas de nuestras pesadillas representan rasgos o aspectos de nuestra personalidad que no nos gustan, además de situaciones, experiencias, sentimientos o pensamientos más profundos. Sus mensajes suelen tener significados muy valiosos, ya que traen a la conciencia información desagradable que se muestra en forma de aviso o alerta para que el sujeto atienda a dicha llamada de atención.

pesadilla

Normalmente suelen aparecen en momentos de encrucijadas existenciales donde el sujeto está inmerso en numerosos cambios profundos y de algún modo se resiste a ellos; en situaciones en las que se tienen problemas importantes con los parientes o las parejas; cuando perdemos a un ser querido; en situaciones en que negamos miedos en nuestras relaciones personales; o cuando tenemos que abandonar a personas cuya ausencia nos parece insoportable; etc. Las pesadillas muestran esta información de manera encubierta, exteriorizando contenidos más o menos inconscientes.

Nuestro inconsciente tiene numerosos conocimientos que es capaz de reprimir o de expresar de diversas maneras. La represión es un mecanismo automático que tiene como función suprimir la angustia del sujeto, pues cuando éste no es capaz de afrontar una situación angustiosa, recurre a este mecanismo que le permite tranquilizarse momentáneamente, ahorrando así energía que de otro modo alimentaría la fuerza de su miedo.

De ahí que en muchas ocasiones los sueños expresen estos contenidos reprimidos aunque lo hagan de forma críptica y encubierta. Los sueños son medios de información importante sobre lo que pasa dentro de nosotros, y esta «censura´´ es posible descifrarla desde uno mismo. Pero aunque no podamos recordar los sueños o no sepamos descifrar qué es lo que nos quieren decir, el mero hecho de soñar ya es útil, pues a través de ellos podemos expresar emociones, experiencias, melancolías, anhelos, etc, que están presentes en nuestra existencia, en el aquí y ahora.

Yo sueño, ¿y tú?

Los sueños, en los cuales no siempre interviene la atención consciente, son uno de los principales elementos que aportan gran cantidad de información a los seres humanos sobre sí mismos. Toda información que se presenta en ellos, es traída al presente, reflejando lo que la memoria procesa in situ.

En los sueños se proyectan nuestros conflictos, miedos, alegrías y asuntos pendientes, en fin, nuestra personalidad en su totalidad y por ello es interesante conocer cuáles son los mecanismos oníricos que nos permiten vernos en otra dimensión y que nos facilitan información sobre nuestras realidades existenciales. Si observamos los mensajes de los sueños, nos observamos a nosotros mismos.

sueños

Las últimas investigaciones nos muestran que la función principal de los sueños es fijar en la memoria la información que hemos ido recibiendo a lo largo del día. Según las experiencias que tengamos en los momentos de vigilia, así fijará dicha información nuestro cerebro durante la noche, y en ocasiones nos brindará la maravillosa experiencia de enviar esta información a nuestra conciencia más dormida en forma de historia o acontecimiento onírico. Si nuestra experiencia durante el día no ha sido especialmente buena, no es de extrañar que durante la noche podamos tener una pesadilla. Y esto sucede así periódicamente, por lo que nuestra pesadilla puede reflejar experiencias o miedos del pasado que quedaron fijados en la memoria mucho tiempo atrás, trayéndolo al presente y entumeciéndonos del mismo modo.

En la fase MOR, nuestras neuronas se encargan de fijar la información que hemos procesado durante nuestra experiencia en el día, de ahí que podamos reconocer que los sueños son funcionalmente importantes para la adquisición de conocimiento. Dicha función aparece durante el primer año de vida y un dato curioso es que el niño desde que nace tiende a soñar un 70-80% del tiempo en que duerme, el cual va reduciéndose al finalizar el primer año hasta llegar a un 10- 15% en la edad adulta. Pues bien, durante este primer año de vida del hijo, la madre sueña hasta un 60-70% del tiempo que duerme, y algunos científicos (Descamps et al.) afirman que esto ocurre porque la madre acompaña a su hijo en esta función de aprendizaje, construcción y terminación del sistema nervioso. Es decir, cuando el niño necesita menos tiempo de maduración del sistema nervioso y por tanto menos tiempo de producir sueño, la madre también lo disminuye, dándose lugar de forma inconsciente y biológica una intensa intercomunicación entre ambos.

Es un acompañamiento maravilloso, en donde trabajan juntos cerebro con cerebro, pero la pregunta que surge es ¿esto trasciende más allá de la adolescencia y la adultez? Aun está por descubrir.