Sobre la muerte y la inmortalidad

¿Qué ocurre después de la muerte?

La pregunta acerca de qué ocurre después de la muerte, siempre me ha parecido en cierto modo informulable, ya que dentro de mí siento que nadie me puede dar una respuesta y aunque pudiese tenerla ¿qué más dará lo que ocurra tras la muerte si sólo puedo hacerme cargo de lo que ocurre ahora, en vida?

Por esta razón he tendido a sustituir esa pregunta por la de ¿cómo puedo vivir feliz? ¿cómo puedo prepararme para que la muerte no me pille creyéndome incompleta y mortal?

Sin embargo, me doy cuenta de que ambas preguntas son en realidad dos caras de la misma moneda y que ninguna de ellas podrá ser jamás respondida por nadie más que por mí misma. Puedo leer lo que otros han dicho, incluso me puede resultar inspirador, pero la Certeza sólo puedo encontrarla en mí y creo que en realidad es una pregunta falaz puesto que da por sentado que existen la vida y la muerte, ¿pero qué es lo que vive y lo que muere? ¿el cuerpo? ¿mi personalidad? ¿yo? ¿y quién es ese yo?

La historia de Naciketas

Justo la pregunta que encabeza este artículo fue formulada por el joven Naciketas (la c pronunciada ch) a la divinidad de la muerte, Yama. La Muerte confesó que su pregunta era difícil incluso para los dioses e intentó persuadirle de que mejor le pidiese otras cosas: reinados, riquezas, hijos que viviesen largo y tendido, todo tipo de placeres sensuales o lo que quisiera que no fuese saber acerca de la muerte. Pero el joven Naciketas se mantuvo firme en su pregunta y finalmente consiguió una respuesta de Yama.

Esta es una de las historias que se narran en las Upaniṣads, concretamente en la Katha Upaniṣad. La Muerte, complacida por la firmeza del chico, que rechaza todo lo que es perecedero y se mantiene en su pregunta por si la persona sigue viva después de la muerte o no, inicia un diálogo con él acerca de esta cuestión y establece que lo que ocurre después de la muerte tiene que ver con el conocimiento de uno mismo:

«Los medios para alcanzar el otro mundo no son revelados al ignorante que, confundido por la riqueza, se vuelve descuidado. Aquel que piensa “sólo existe este mundo y nada más” cae en mi dominio una y otra vez» (Ka. Up. 1. 2.6)

Conocimiento vs. ignorancia

El ignorante se refiere, en este contexto, a quien por una comprensión errónea de sí mismo y de la realidad se mantiene apegado a lo transitorio. No es una falta de conocimiento, porque el conocimiento siempre está ahí, sino un estado de confusión en el que buscamos que lo impermanente nos proporcione una felicidad permanente y que no nos permite darnos cuenta de que esa felicidad permanente siempre está ahí. Ahora, mientras lees esto, ya estás completo, ya eres perfecto, ya eres feliz.

Pero para abrirse a esta comprensión hay que dejar a un lado el pequeño individuo con el que nos identificamos y sobre todo los pensamientos limitados con los que juzgamos lo que es bueno y lo que es malo. Necesitamos abrirnos a una conciencia mucho más amplia, como la que muestra el joven Naciketas al renunciar espontáneamente a todas las riquezas pasajeras que le ofrece Yama. Él sabe que eso no le va a conducir nunca a lo imperecedero.

Por otro lado, el que vive apegado a lo transitorio, sea material o mental, tiende a hacerlo bajo la posibilidad de que sólo exista este mundo. El pensamiento es sumamente importante porque crea lo que percibimos como realidad. Es a través de nuestro pensamiento limitado que proyectamos un mundo limitado y creemos que es todo lo que hay y que también nosotros somos transitorios. Y lo somos si miramos sólo a nuestro personaje. Aquel que se mantiene en la ignorancia renace una y otra vez, esclavo del sufrimiento y de la alegría, ambos pasajeros, porque la única forma de liberarse de la muerte es comprender que nunca existió, que lo que somos en esencia es eterno.

Lo que Somos no nace ni muere, simplemente es

Lo que Somos no nace ni muere, simplemente ES y el Ser no puede conocerse a través de los límites de la razón, sólo puede conocerse a través de alguien que está establecido en Él y aunque la tradición hace hincapié en la importancia de un maestro tal, creo que cometemos un error cuando nos empeñamos en buscar dicho maestro.

El maestro sólo puede aparecer cuando el alumno está preparado y el alumno está preparado cuando uno está abierto a aprender. ¿Cómo no iba a aparecer entonces un maestro? Si hay una apertura real a aprender, todo alrededor se convierte en maestro porque, en realidad todo y todos están establecidos en el Ser, incluso cuando lo ignoramos.

El sabio (conocedor del Ser) no nace ni muere. No vino de ningún lugar ni nada vino de Él.

Es no-nacido, eterno, imperecedero y antiguo y no muere cuando muere el cuerpo.” (Ka. Up. 1.2.18)

El Ser, siendo más sutil que lo más sutil y más vasto que lo más vasto, se sitúa en el corazón de cada criatura. El que está libre de deseo ve la gloria del Ser a través de la calma de la mente y los sentidos y se libera del dolor.” (Ka. Up. 1.2.20)

La muerte, una ilusión

Yama insiste una y otra vez en el conocimiento del Ser. Ese Conocimiento es el que marca la diferencia de lo que ocurre tras la muerte, porque la muerte, igual que el mundo, es una ilusión cuando uno reconoce ese Ser que reside en el corazón de TODOS los SERES. Lo cual implica a ese político que tanto detesto, al energúmeno que me dio un golpe caminando por la calle, al terrorista, al violador, al ladrón, a cualquiera de los personajes que en nuestra mente se alza como archienemigo.

La muerte es una ilusión cuando uno reconoce el Ser que reside en el corazón de TODOS los SERES, lo cual implica también aquellos que nos parecen adorables: aquel ser al que tanto amo, aquel maestro en mi corazón, aquella persona tan admirable… Cuando podemos reconocer ese Ser que no nace ni muere, ¿qué lugar hay para el sufrimiento? ¿cómo no se iban a convertir todos seres en un espejo de mi propia esencia?

Te invito a hacer una pequeña práctica que consiste en forjar una mirada  que vaya más allá de las formas:

Cada vez que te encuentres delante de alguien que te produzca algún tipo de emoción, trata de ver su personaje. Date cuenta de qué es lo que ese personaje  te provoca y trata de sostener esa sensación, sin querer modificarla y date cuenta de los mensajes que tu mente lanza y de cómo estos mensajes, que son tuyos, te hacen sentir lo que sientes.

Desde esa toma de responsabilidad de lo que sientes puede resultar más fácil darte cuenta del Ser que brilla detrás de su mente-personaje y detrás de tu mente-personaje, una misma Vida, una misma Luz, un mismo SER.

La perfección: Un negocio muy rentable

“Es solo un retoquito en la nariz. Un pequeño aumento de pecho. Un tratamiento con ácido hialurónico. Unos hilos de oro. Un poco de grasa del culo que me van a poner en la cara. Una cámara para respirar oxígeno puro. Es la nueva dieta de moda, solo como ciruelas. Me van a poner un balón en el estómago. Voy a quitarme costillas…” Suma y sigue. Bienvenidos al negocio de la perfección.

Corpore sano in corpore sano

Barbie perfección

La afición a la cirugía plástica en nuestras sociedades crece hasta niveles insospechados, pareja a la obsesión por la comida “sana” y el ejercicio constante.

Una nueva industria con miles de millones de euros facturados cada año. En algunos países es una auténtica epidemia. Está claro que podemos alterar nuestro aspecto físico gracias a los avances de la ciencia, pero ¿Alguien se ha parado a pensar si debemos hacerlo? ¿Cual es el coste psicológico de todo esto? ¿En qué momento deja de ser algo normal para convertirse en una patología?

Los dioses griegos se alimentaban de néctar y ambrosía para ser inmortales y siempre jóvenes. Este arquetipo ha calado en la sociedad. Ahora en vez de néctar se toman batidos de proteínas y en el lugar de la ambrosía un buen zumo détox. “Somos lo que comemos” proclaman los gurús de la alimentación y la vida sana. ¿Somos proteínas? ¿O détox? ¿Tal vez somos un plato de lentejas?

“Ser o no ser” se planteaba Hamlet. Hemos resuelto la cuestión: Somos lo que comemos. La historia de la filosofía se tambalea.

Estos reduccionismos, planteados aquí en tono de guasa, son para mucha gente verdades como puños; dogmas que supuestamente muestran la vía hacia ese concepto tan puñeteramente esquivo: La felicidad, que está ligado, por supuesto, a la idea de perfección.

Por supuesto es necesaria una dieta sana, pero ¿Somos lo que comemos?

Vampiros en Instagram: Perfección en las redes.

Vampiro instagram perfección

Los vampiros, inmortales y eternamente jóvenes, solo se alimentaban de sangre –su zumo détox particular-. Con la llegada de Crepúsculo, True blood, las muñecas Monster High, etc… Los vampiros se han convertido en uno de los arquetipos más importantes del comienzo de este siglo. Moral dudosa, eterna juventud y belleza, inmortalidad y la dosis justa de drama romántico. ¿Qué más podemos pedir? El vampirismo, considerado anteriormente como una maldición, de pronto es algo maravilloso con lo que sueñan los adolescentes, la nueva perfección.

En Instagram vemos muchos vampiros y unos cuantos dioses griegos. Publican su día a día vendiendo sin reparo su intimidad. Los fans desean saber. ¿Qué puedo hacer para ser como él/ella? Legiones de seguidores que ambicionan poseer cuerpos, rostros y vidas como las de sus ídolos. ¿Cuántos K’s me dará el zumo détox?

Un nuevo de mundo regido por dioses de barro. Becerros de oro ante los que rezamos. Y mientras tanto el espejo; el peor enemigo. Inmisericorde, devuelve la imagen de la que deseas huir. ¿Para cuándo un espejo con filtros? Sería un bombazo. Tal vez ya existe.

El futuro: Perfección genética y tecnológica.

ayesha ella perfección

Dismorfia corporal, anorexia, vigorexia, bulimia… No son cosa del futuro. Son problemas muy reales, producto de múltiples factores psicológicos y sociales, pero que florecen en este marco centrado en la imagen.

En las novelas de Ryder Haggard que contaban la historia de “Ella”, Ayesha, la sacerdotisa de Isis, había logrado la inmortalidad a través de una llama sagrada. En el futuro próximo no hará falta el elemento sobrenatural. Ni la maldición de los vampiros, ni la llama de “Ella”, ni el néctar y la ambrosía. Ni siquiera el zumo detox.

Como hablé en mi artículo La humanidad: Entre el mono y el cíborg, el camino que estamos tomando es precisamente el de convertirnos en criaturas conformadas por elementos biológicos genéticamente modificados y alterados por el poder de la tecnología. Este es uno de los objetivos del transhumanismo. ¿Lo veremos? Tal vez. ¿Es un paso deseable para la humanidad? El debate está ahí.

Mientras tanto debemos vivir y, por ahora, La grasa, las arrugas y la muerte forman parte de la vida.

La búsqueda de la piedra filosofal.

Cada día surge una  nueva dieta, un nuevo sistema de ejercicios, un nuevo gurú que promete ayudarte a encontrar la perfección. Algunas personas, insatisfechas, cansadas de los marcos tradicionales de búsqueda del sentido, se lanzan en los brazos de estas corrientes, sufriendo decepción tras decepción. El negocio requiere nuevos adeptos. La ley del dinero es incontestable.

Todos vivimos en la búsqueda y somos susceptibles de caer tentados por los cantos de sirena de una industria tan poderosa como ésta. Sin embargo, si queremos crecer y buscar sin caer en soluciones mágicas, tenemos que aceptar nuestra limitación – lo que Freud llamaba “la castración”-. No hay, al menos en este plano, una perfección, una completa felicidad que alcanzar. Abandonar la omnipotencia infantil es un trabajo muy complicado, máxime en una sociedad que te bombardea con la idea de que “Tú puedes ser lo que quieras ser” y que promociona productos peligrosos y culpabilizantes como  el bestseller “el deseo”.

A veces no podemos ser lo que queremos. A veces – muchas veces- lo que deseas, aunque lo desees de verdad, no te llega. Esta es la dura realidad. Libre de metafísica y New Age. Lo cual no quiere decir que haya que abandonar la lucha o la búsqueda. Como decía Cavafi en su poema “Ítaca”, el viaje es el camino. Ítaca es solo la excusa.

 

Enrique Schiaffino

 

El poema de Constantino Cavafi: «Ítaca», lo podéis leer aquí .

La imagen de Barbie es propiedad de Valerie Everett.

Unamuno: oposición entre razón y vida

Una oposición radical

Una de las tesis principales de Unamuno que recorre Del sentimiento trágico de la vida (1913), y a la que el filósofo bilbaíno dedica especialmente la sección intermedia de dicha obra, es que la razón y el consuelo existencial (la inmortalidad del alma) son incompatibles. Unamuno ataca tanto a los defensores de la inmortalidad del alma, que pretenden hacer pasar su doctrina como racional (pasan injustificadamente del consuelo a la razón), como a los defensores del consuelo racional, que pretenden convencernos de que la razón consuela (pasan injustificadamente de la razón al consuelo).

El consuelo vital no es racional

Los abogados del alma inmortal basan su doctrina en dos pilares conceptuales: dualismo ontológico y concepto de substancia. Sin éstos la inmortalidad del alma es insostenible. Unamuno muestra cómo, haciendo uso de la razón moderna madura, la razón de Hume, esos pilares se destruyen, y con ellos la doctrina de la inmortalidad del alma. Desde la pura razón es imposible defender la inmortalidad del alma.

La razón es monista materialista. El racionalismo es materialista (o idealista; lo mismo da decir que todo es materia o todo idea) y forzosamente monista: para explicar el universo no es necesaria la hipótesis del alma. Sólo los dualismos salvan el problema al diferenciar esencialmente la conciencia individual del resto de fenómenos. Pero que la conciencia individual depende siempre del cuerpo y que cambia con él, y por tanto, se desintegrará con él, es evidente. El alma no es más que la conciencia individual en su integridad y persistencia, que cesa con la muerte del cuerpo.

La razón es fenomenista. A partir de la conciencia de que nuestra identidad persiste (dentro de ciertos limites) a través de los cambios de nuestro cuerpo llegamos a la conclusión de que el alma es sustancia. Pero de esa sustancia, de ese yo puro, no tenemos experiencia, sólo de estados de conciencia concretos. El alma es en realidad una sucesión de estados de conciencia que unificamos. La unidad de la conciencia no es sustancial, sino fenoménica.

La razón es relacional. Lo racional es siempre relacional, formal; necesita una materia irracional. La doctrina escolástica de la sustancialidad del alma es una muestra de ello: en ésta la razón, la lógica, está puesta al servicio de algo irracional, el anhelo de inmortalidad. La escolástica es abogacía y sofistería.

La razón es universalizante; es antivital. La razón es enemiga de la vida. La inteligencia tiende a la muerte. La vida es inestabilidad, individualidad. Y la razón es fijeza, universalidad. En definitiva, según Unamuno, los rasgos de la razón moderna son incompatibles la vida. ¿Y qué es vivir, si no querer vivir, querer seguir viviendo? Para Unamuno -tomando el concepto de Spinoza de conato- ser es querer seguir siendo, vivir es querer seguir viviendo, y por tanto, vivir es anhelo de inmortalidad.

La razón no consuela vitalmente

Por otro lado están los calificados por Unamuno como “racionalistas hipócritas”. Los llamados a sí mismos racionalistas humanistas, que pretenden que desde la pura razón hay motivos para vivir y consuelo para haber nacido, son hipócritas según Unamuno. La cultura humana es inútil si no hay una conciencia que la contemple, y racionalmente es evidente que dejará de haberla tarde o temprano. Unamuno señala diversas actitudes en este grupo.

Para empezar Unamuno destaca a los del odio antiteológico, los del rabioso cientificismo: los materialistas del XIX (Haeckel y compañía), que en el fondo esconden una gran desesperación. Luego están los epicúreos -el placer por el placer- y estoicos -el deber por el deber-; ambos tienen una base común: no pensar en el más allá.

También está los panteístas como Spinoza, que creen en la inmortalidad no individual. Sostener que venimos de Dios y en Dios nos disolvemos es como decir que mi conciencia individual viene de la nada y a la nada volverá. La inmortalidad no individual no consuela. Además el enfoque espinosista es un enfoque intelectualista: ¿de qué sirve definir la felicidad si no eres feliz?. En cuanto a Nietzsche, su doctrina del eterno retorno además de ridícula no consuela porque el individuo no recuerda, y sin memoria no hay continuidad de la individualidad, de la personalidad. Tanto Spinoza como Nietzsche tenían un hambre loca de inmortalidad a juicio de Unamuno.

Por otro lado están los que dicen no necesitar dicha fe: algo impensable para Unamuno; el que ha probado la fe en la inmortalidad no la pierde del todo nunca. Y todos la hemos tenido, pues cuando nacemos no tenemos noción de que nuestra vida tenga un fin; la conciencia de la muerte individual es aprendida. Y por último están los que prefieren no hablar del tema: con ello no se aquieta el pensamiento.

En definitiva, según Unamuno, la razón es desconsoladora. La ciencia (razón) como sustituta de la religión (fe) siempre ha fracasado y fracasará: satisface las necesidades intelectuales, pero contradice las afectivas/volitivas. Además, la razón es escéptica y relativista (disolvente). El triunfo de la razón es disolverse a sí misma. Verdad y necesidad son relativas. La verdad es coherencia. La necesidad absoluta no existe, siempre es condicionada. En conclusión, ni el sentimiento logra hacer del consuelo verdad, ni la razón logra hacer de la verdad consuelo.

Razón y fe: opuestas pero inseparables

Así pues, razón y fe (vida) son dos enemigos irreconciliables, según Unamuno (la vida pide inmortalidad y la razón niega los dos pilares básicos sobre los que se asiente). La inteligencia te hace desaparecer, disolverte en el mundo; la voluntad te lleva a apropiarte del mundo, a hacerlo tuyo. Sin embargo están condenadas a entenderse, pues no puede sostenerse la una sin la otra; mantienen una relación dialéctica. La fe pide ser racionalizada, hacerse comprensible (para ser transmisible para mí y para los otros, tengo que traducir lingüísticamente, racionalmente, mis anhelos), y la razón sólo puede actuar sobre lo irracional, necesita una base sobre lo que partir, sobre la que construir, pues es relacional. La razón es formal; necesita materia, contenido, que es irracional.

De ahí la imposibilidad de optar sólo por una de ellas, y la tensión permanente en toda la historia de la filosofía, que puede verse como una lucha entre ambas. Y en ese equilibrio precario se mantiene y se define el cristianismo: es imposible tanto uno tradición puramente racionalista como puramente fideísta. La postura de Unamuno es aceptar el conflicto como tal, vivir en éste. Esa desesperación puede ser la base de una ética decidida, vigorosa, y de una filosofía. Unamuno no apela ni al lector racionalista ni al sentimentalista puro, quiere que lo lea el hombre con razón y vida. Si no, no podrá seguirle.

Referencias: