Mi primer cartel psicoanalítico

Hace muchos años cuando asistí a uno de los congresos de la Asociación Mundial Psicoanálisis, un grupo de jóvenes me ofrecieron participar en un cartel psicoanalítico. Honestamente, no conocía la metodología ni me interesé mucho en averiguarlo. Había pasado los tres años anteriores en España estudiando Psicoanálisis… ¡en la universidad!

Cuando llegué a Madrid, poco sabía de Lacan y de psicoanálisis en general. En la licenciatura lo habíamos tratado de forma general. Pero algo del inconsciente me llamaba y por recomendación de unos profesores me matriculé en el Máster de Psicoterapia Psicoanalítica. En el máster, leíamos a Freud y también a psicoanalistas que “traducían” a Lacan. Los profesores tenían un método poco tradicional sin duda, pero me explicaron algunos conceptos lacanianos y quedé fascinada.

Luego que regresé a Panamá, me encontré un poco sola en mi interés de seguir estudiando Psicoanálisis, así que lo abandoné. Me dediqué a conocer otra área que era nueva para mí, en mi rol de psicóloga en un colegio. Simultáneamente, empecé a escribir en Psiquentelequia, sobre temas diversos relacionado con psicología, Psicoanálisis, infancia y educación. Fue por este medio que una psicoanalista cartelizante me contactó…

 

Mi primer cartel: el Seminario 1 de Lacan

El cartel se define como un dispositivo de trabajo original, propuesto por Lacan tanto a aquellos que practican el psicoanálisis como a cualquiera que desee estudiarlo. Esta invención de Lacan es una forma de hacer lazo social entre los cartelizantes, fuera de los dogmas de las instituciones.

«Para la ejecución del trabajo [de la Escuela] adoptaremos el principio de una elaboración sostenida en un pequeño grupo. Cada uno de ellos –tenemos un nombre para designar a esos grupos– se compondrá de tres personas al menos, de cinco como mucho, cuatro es la medida justa. Más una, encargada de la selección, de la discusión y del destino que hay que reservar al trabajo de cada cual. Después de un cierto tiempo de funcionamiento, a los elementos de un grupo se les propone que permuten en otro.» – Jacques Lacan

En la creación del cartel cada uno elije un tema o «rasgo» del trabajo. Ya sea la lectura de un seminario, elaboración de un concepto, relación del psicoanálisis con otro campo de estudio, entre otros. Al «rasgo» de cada uno se agrega un tema común que se nombra al cartel. En mi primer cartel el enfoque estaría puesto en el Seminario 1 de Lacan: Los Escritos Técnicos de Freud.

El trabajo efectuado no da lugar a un producto colectivo, sino a uno individual. Se trata para cada uno, en función del momento de su relación al psicoanálisis, de constatar lo que pudo haber sido modificado de su relación con el saber analítico… se construye un saber del sujeto.

 

Mi primer producto

La primera clase del seminario inicia con un comentario que me viene como anillo al dedo:

“El seminario exige colaboración y participación a través de la comunicación efectiva. Se espera que no se use como excusa otras ocupaciones importantes.»

Esto lo leí como un mensaje directo a mí misma, ya que estuve en constante resistencia, por no poder tolerar el “no saber” o no comprender. Pues me hacía falta la presencia de otro colocado en ese lugar, que me ayudara a digerir tantos conceptos.

Lacan expone una pregunta que me he hecho muchas veces: ¿Qué hacemos cuando hacemos Psicoanálisis? Qué mejor lugar para empezar este recorrido que en los escritos técnicos de Freud, que de acuerdo con Lacan, constituyen una etapa del pensamiento de Freud anterior a la elaboración de su teoría estructural en 1920. Aún cuando Freud trabajó en la técnica a lo largo de toda su obra.

 

El momento de la resistencia

Algunos elementos importantes que he podido rescatar son los siguientes:

  1. Para Freud el análisis se trata de la aprehensión de un caso particular. Se trata de la subjetividad del sujeto (valga la redundancia), sus deseos, su relación con su medio, con los otros y con la vida misma. En su planteamiento, se reconoce la relación problemática del sujeto consigo mismo, pues hay un conflicto en relación con el síntoma. Aunque hay una invitación al sujeto a preguntarse por la postura que ha podido asumir el sujeto frente a su síntoma.
  2. La situación analítica es una estructura, y sólo gracias a ella son aislables y separables ciertos fenómenos. Entre ellos el de la transferencia y la resistencia.
  3. En la estructura del análisis hay tres elementos, y no dos como se sugiere en la Psicología del Yo. Toda la experiencia analítica debe organizarse en base a ellos: el analista, el analizante y la palabra.
  4. Lo que cuenta en el análisis es la reconstrucción de los acontecimientos formadores para el sujeto, y no lo que recuerda de ellos, o la llamada reviviscencia afectiva. Tal como lo plantea Lacan: “La reintegración por parte del sujeto de su historia. Esta historia no es el pasado, sino el pasado historizado en el presente”.

 

La resistencia y la transferencia

Una pregunta recurrente en las sesiones del cartel y que aún no me queda clara es: ¿cuál es la relación de la resistencia con la transferencia? De acuerdo con mi lectura del seminario, la resistencia es todo lo que se opone a la continuación del análisis, o que busca interrumpirlo. La misma surge cuando algo del discurso del sujeto se acerca al nódulo reprimido.

La fuerza de la resistencia es inversamente proporcional a la distancia que nos separa de este nódulo. Es decir, que la resistencia es mayor cuando el sujeto se aproxima en su discurso a algo reprimido, que sería lo último, pero que rechaza de plano. Entonces, el sujeto se da cuenta de la presencia del analista. Como comenta Lacan: “Cuando el sujeto se interrumpe es cuando está más cerca de su verdad”.

Según plantea Lacan, es aquí donde surge la transferencia:

“Cuando algo en los elementos del complejo (en su contenido) es susceptible de vincularse con la persona del analista, la transferencia se produce, proporciona la idea siguiente y se manifiesta en forma de resistencia, de una detención de la asociación libre por ejemplo.”

 

Referencias bibliográficas:

  • Lacan, Jaques. El Seminario de Jacques Lacan, Libros 1, Los Escritos Técnicos de Freud. Editorial Paidós, Barcelona, 1981.

 

Fuentes:

 

 

Los discursos y el capitalismo

El psicoanalista francés Jacques Lacan establece que sólo existen cuatro modos de hacer lazo social o discursos. Sin embargo, también estudia el funcionamiento del capitalismo de acuerdo con este planteamiento. Sobre todo sus repercusiones en la estructuración del sujeto y sus vínculos.

lazo social

El concepto de discurso es planteado por Lacan en su Seminario XVII “El Reverso del Psicoanálisis”. El discurso se define como:

El orden que instaura una civilización, un orden del goce que fija los límites y las satisfacciones permitidas o no, incluso las sugeridas a los individuos.

 

Posiciones de los discursos

En cuanto a la estructuración de los discursos, cada uno se organiza en torno a cuatro posiciones. Éstas se separan por una barra que distingue lo consciente de lo inconsciente:

posiciones

En el sector consciente se sitúa el agente deseante, motor del discurso que exige a otro un tipo de trabajo determinado. Mientras que en el plano inconsciente, se ubica la verdad del deseo que mueve al sujeto. Esta verdad queda oculta y aislada respecto a los demás elementos. También se localiza el producto del trabajo realizado por el otro, siendo un plus de goce.

 

Relaciones de los discursos

Entre dichas posiciones se establecen relaciones, que en el esquema son designados con flechas:

Relaciones

El agente deseante exige a otro un trabajo, obteniendo un producto inconsciente o plus de goce. La verdad (inconsciente) que moviliza el deseo del agente, también se dirige al otro que trabaja. Esta verdad no está determinada por ninguno de las demás posiciones y por lo tanto queda aislada.

Esto establece una ruptura entre el goce que cada uno torna posible y la verdad inconsciente. Este hiato imprescindible posibilita las relaciones entre seres humanos. Propicia un cuestionamiento, un “tiempo de comprender” lo que ocurre entre el agente deseante y el plus de goce que se produce. Siendo que esta verdad es desconocida, nunca podrá satisfacerse el deseo del cual es fuente. La barrera que divide lo consiente de lo inconsciente equivale a la castración (simbólica), y la imposibilidad de encontrarse con el goce perdido.

 

Elementos de los discursos

Las posiciones mencionadas son ocupadas por cuatro elementos que determinan las propiedades de cada discurso, y que circulan en las posiciones a medida que éstos varían:

  • El significante amo (S1) es un significante sin sentido, que insiste en la repetición puesto que conlleva un goce que no se puede representar.
  • El significante del saber (S2) viene del Otro y es aquel que da sentido al significante amo (S1).
  • El sujeto barrado ($) es el sujeto constituido que lleva su propia falta de satisfacción. Se basa en la imposibilidad de recuperar el objeto perdido y el goce inicial. Conlleva el estar condenado a encontrar satisfacciones parciales, el sujeto del deseo.
  • El objeto a (a) es el objeto de goce que se ha perdido y que causa el deseo. Es equiparable al objeto de la pulsión freudiano: el pecho caído, las heces que se desprenden. Así como la mirada y la voz, objetos agregados por Lacan como aquellos de la pulsión escópica e invocante respectivamente.

 

Discurso del Amo

Discurso del Amo

Se basa en la dialéctica del Amo y el Esclavo de Hegel. Según la cual, dos seres auto-conscientes libran una lucha a muerte antes de que uno esclavice al otro. El amo constituye el agente deseante que reclama a los esclavos un trabajo. Dicho trabajo se relaciona con un saber hacer del cual el amo carece. El producto de dicho trabajo es un plus de satisfacción, u objeto a. Finalmente, la verdad del amo es que está dividido y no es omnipotente como aparenta ser.

El filósofo psicoanalista Slavoj Zizek en “Los Cuatro Discursos de Jacques Lacan”, propone que este discurso representa la monarquía absoluta, ante cuya vacilación pueden desplegarse dos resultados: el discurso de la histérica y el discurso del Universitario.

 

Discurso de la Técnica

Discurso de la Técnica

Lacan propone el discurso de la técnica, como derivación del discurso del amo. Se le llama discurso aunque en realidad no establezca lazo social, pues sólo cuenta con tres elementos. Las posiciones de agente deseante, otro-trabajo y producto se ubican igual que en el discurso del amo. Sin embargo, falta la posición de verdad, lo que crea un circuito continuo.

El amo en este caso es la ciencia -cuyo discurso expondremos más adelante- que provee conocimientos técnicos. Pero también produce gadgets u objetos tecnológicos que repercuten en nuevamente en el amo.

 

Discurso de la Histérica

Discurso de la Histérica

Podría decirse que es el discurso que promueve el surgimiento del Psicoanálisis. Sigmund Freud, en su trabajo con pacientes histéricas, desarrolla el método de la asociación libre para el desciframiento del sentido inconsciente. En este discurso, el agente deseante es un sujeto barrado, que está en falta y vive insatisfecho en la satisfacción de su deseo.

Por otra parte, el otro representado por el significante amo, detenta un supuesto saber sobre el sufrimiento del sujeto. Es precisamente el desciframiento de este saber del inconsciente el trabajo que este sujeto barrado le exige al amo. Sin embargo, siempre queda oculto el goce o la satisfacción en el síntoma de la histeria que se repite a pesar del sufrimiento que ocasiona.

 

Discurso de la Ciencia

Discurso de la Ciencia

El llamado discurso de la ciencia deriva del discurso de la histérica. Tampoco establece vínculo social y cuenta con sólo tres posiciones, faltando únicamente la posición de la verdad. El sujeto de la ciencia está en falta de conocimiento, por lo que exige al amo una producción de saber desenfrenada. El único límite son las leyes de la comunidad científica.

 

Discurso del Universitario

Discurso del Universitario

En este discurso, el nivel superior “S2 –> a” puede representar al conocimiento académico-universitario. En este discurso se pone en marcha un saber que busca normalizar el goce. Es así como surgen los lugares de enclaustramiento del saber: las universidades. El producto es un sujeto que acepta este sometimiento, que se refiere a la normalización de su goce. La estadística constituye un movimiento civilizador del goce propio y singular. La verdad es un amo que se esconde, difícil de localizar y por tanto un poderoso estratega.

Comúnmente, se limita este discurso al ámbito universitario y a la exigencia de trabajo del cuerpo académico hacia los estudiantes. Sin embargo, Zizek alega que no hay una ligazón imperativa. Principalmente, porque se refiere a cualquier movimiento social que busca domar el goce.

 

Discurso del Analista

Discurso del Analista

Este discurso representa el tipo de vínculo que se establece a través del Psicoanálisis. El agente deseante es el psicoanalista, quien se muestra ambiguo ante su paciente. Esto promueve la confrontación del sujeto en terapia con la verdad de su propio deseo inconsciente. El producto obtenido es la caída del significante amo, es decir del significante con el cual el sujeto se ha identificado, que le gobierna y que no lo representan.

El saber en el lugar de la verdad se refiere al analista colocado como sujeto supuesto saber del sufrimiento del otro. Simultáneamente, representa signos de saber obtenido por el analizante acerca de la verdad de su posición subjetiva. Esta verdad emergente en análisis, nunca es producto de la reflexión consciente. Es un saber supuesto y enigmático que se sitúa desde la ignorancia.

 

Reflexión sobre los discursos

Luego de recorrer los discursos, nos preguntamos qué caracteriza los vínculos que éstos permiten. Lacan establece que si bien puede parecer obvio, la relación entre los elementos superiores es “imposible”. Lo que ocurre entre el amo y el esclavo, el saber-universitario y el estudiante, y la histérica y el amo es un puro intercambio, mas no un lazo social.

Siguiendo esta línea, el punto de inserción de los discursos es el goce, es decir el modo de satisfacción. Por tanto, el lazo social se establece entre hablantes que comparten la misma modalidad de goce. El discurso del analista establece una variante, ya que los analistas no comparten su goce. Su labor deriva precisamente una pérdida de éste.

 

Discurso Capitalista

De acuerdo con las fórmulas propuestas por Lacan, el capitalismo no es un discurso en sí mismo pues no establece vínculos sociales. En un principio, los elementos del mismo se ubican en las mismas posiciones que el discurso del amo. Sin embargo, ocurren dos movimientos en los cuales varían los elementos y las relaciones entre los mismos.

Primer movimiento

Capitalismo 1

El primer movimiento se basa en un cambio en la relación de la posición de producto, que en este caso es el objeto de goce a. Para explicar ese proceso, Lacan retoma el concepto de plusvalía de Marx. Según el mismo, en el régimen de propiedad privada de los medios de producción del capitalismo existe una parte del trabajo no se paga.

Es decir, para Marx el trabajo humano genera valor, y una parte de éste no es remunerada. Su idea se basa en que este objeto a (de goce a) producido puede ser restituido al sujeto y se puede contabilizar. Así, el sujeto puede hacerse cargo de su goce, por lo tanto cada sujeto es su propio amo. El producto en lugar de regresar al amo, como en el caso del discurso del amo, se dirige al sujeto.

 

Segundo movimiento

Capitalismo 2

El segundo movimiento, consiste en la inversión del lugar amo (S1) y el sujeto barrado (S). Sin embargo, las relaciones permanecen igual que en el primer movimiento. La diferencia radica en que el amo se esconde como en el discurso del universitario. Al ser menos localizable se vuelve más poderoso, invisible e inatacable. A su vez, se esconde bajo el semblante del sujeto barrado insatisfecho y demandante. El saber estará marcado por la ciencia para producir un plus de gozar atado a las técnicas derivadas del consumo. Estos objetos de consumo a su vez mandan sobre el sujeto, quien se ve explotado por estos productos.

 

Propietario versus proletario
plus de goce

El capitalista es el propietario de los medios de producción, dígase los recursos y el capital. Éste busca maximizar el beneficio propio por acumulación y producción de estos recursos. Entretanto, el proletario sólo posee su cuerpo para vender su trabajo al propietario, obteniendo a cambio un salario. La porción de este trabajo que no es pagada es de la que se apropia este sistema para engrosar su capital.

De esta manera, la plusvalía se constituye como el objeto causa de deseo tanto del propietario como de proletario. Siendo la causa de la economía, no es algo de lo que se pueda apropiar para gozar. Por un lado, el proletario no goza de ella pues le es sustraída, a su vez que es explotado por los productos. Y por otro lado, el propietario tampoco goza de ella. Puesto que se revierte en capital que engrosa el ya existente, sustrayéndose del goce.

 

El objeto a como causa de deseo

Para profundizar en el ya mencionado objeto a es pertinente distinguirlo en sus dos vertientes. Como causa de deseo, es un objeto que originariamente se ha perdido. Se articula con la concepción de la falta, aquella que designa un vacío en el sujeto.

En este sentido, Zizek expone que el capitalismo aborda a los individuos como consumidores. Se constituyen en sujetos deseantes pero no de cualquier cosa, sino “deseantes de desear”. Entonces la producción incesante de este objeto faltante o gadget sustentan la exigencia insaciable. Éstos son mercantiles y basados en el dinero, lo cual anula cualquier otro valor. Inclusive el de aquello que antaño se pensaba producto de la sublimación, como la cultura, el arte, etc.

 

El objeto a como objeto de la pulsión

Por otro lado, lo consideramos como objeto de la pulsión, como Zizek lo explica:

El movimiento de la pulsión no está conducido por la búsqueda ‘imposible’ del objeto perdido, sino por el empuje a representar directamente la propia pérdida.

Dicho esto, mientras que el deseo está basado en la falta constitutiva, la pulsión circula alrededor de un agujero. La pulsión inherente al capitalismo es la “compulsión impersonal” del movimiento circular que le hace auto-reproducirse.

Por último Zizek propone que esta pulsión no pertenece a nadie en particular. Hecho patente en la circulación del dinero como capital que se convierte en un fin en sí mismo. Tal como lo plantea Zizek, en el constante movimiento de renovación:

La circulación del capital no tiene límites.

 

El ciclo capitalista

Ciclo capitalista

La peculiaridad del capitalismo que lo excluye como discurso, es su propiedad de circuito cerrado. No inscribe lazo alguno entre los partenaires humanos, pues establece la relación de cada sujeto con la plusvalía. El acceso a la verdad del goce (o satisfacción) ahora es construido y directo. Surge entonces un ciclo infinito: producir para consumir y consumir para sostener la producción.

Es la paradoja de nuestro tiempo, ya que en la mayoría de los casos, la intimidad en estos vínculos brilla por su ausencia. Parece evidente que hay un incremento de la soledad, los dramas sociales y el sufrimiento psicológico. Estamos solos en relación al otro semejante, y al mismo tiempo estamos constantemente expuesto al gran Otro.

El discurso capitalista se ha coronado como el (pseudo) discurso por excelencia. Lleva al sujeto a confundir sus objetos, con los gadgets (objetos de consumo), que actúan como termómetro de su estado de bienestar. Este modus operandi actual cuenta con contingencias en el funcionamiento del sujeto y las relaciones que este establece.

 

Bibliografía:

  • LACAN, Jacques (1992). El Seminario XVII: El Reverso del Psicoanálisis. Editorial Paidós. Buenos Aires Argentina.
  • MARUGÁN, Jorge (2011). Los Discursos de Lacan. Trabajo presentado en el Máster de Psicoterapia Psicoanalítica de la Universidad Complutense de Madrid, España.
  • SOLER, Colette (2011). Incidencias Políticas del Psicoanálisis. Ediciones S&P. Barcelona, España.

Enlaces:

  • MARUGÁN, Jorge (s.f.). Los Cuatro o Cinco Discursos y la Crisis del Lazo Social. Psicoanálisis en el Sur (Nº7). Extraído el 14 de Diciembre de 2011 desde http://www.psicoanalisisenelsur.org/num7_articulo4.htm
  • ZIZEK, Slavoj (2006). Jacques Lacan’s Four Discourses. Lacan dot com. Extraído el 30 de Septiembre de 2011 desde http://www.lacan.com/essays/?page_id=303

El Complejo de Edipo y las estructuras psíquicas

Complejo de Edipo

En Psicoanálisis, el concepto del Complejo de Edipo da cuenta de la constitución del aparato psíquico y sus estructuras. Esta concepción freudiana fue acuñada por primera vez en 1910 y se baja en el Mito de Edipo. Se refiere al deseo inconsciente de mantener una relación incestuosa con el progenitor del sexo opuesto. Deseo que va acompañado de hostilidad hacia el progenitor del mismo sexo.

Jacques Lacan en su retorno teórico a Sigmund Freud, lo describe como una estructura cuaternaria. Sus elementos -hijo, madre y padre- se organizan en función de la circulación del falo. Éste no debe confundirse con el órgano genital masculino, pues para el Psicoanálisis lo que prima es su representación. Además, plantea que se desarrolla en tres tiempos: complejo materno, complejo de castración y elección de objeto.

 

Primer Momento: Complejo Materno

complejo materno

En el primer tiempo del Complejo de Edipo, el vínculo entre la madre y el bebé promueve la idea de unidad fálica. Ambos se complementan, pues son cada uno el falo del otro, es decir, colman su deseo mutuamente. El bebé nace inmerso en el universo simbólico donde se inserta. El mismo está formado por el lenguaje y por lo que sus padres desean para él.

La madre atiende las necesidades de su hijo y calma sus angustias. En algunas ocasiones, también se ausenta lo cual es experimentado por el niño como una pérdida del amor antes entregado. Esta alternancia entre presencia y ausencia, enfrenta al niño con la arbitrariedad y lo enigmático del deseo materno. Para descifrarlo, debe obtener la respuesta a la pregunta: ¿che vous? También entra en la dialéctica del ser. Es decir, se identifica como el objeto que satisface el deseo de su madre colmando su falta.

Por otra parte, el bebé experimenta todo en sensaciones corporales. Estas sensaciones se apuntalan con la satisfacción de sus necesidades. Cuando la madre alimenta al bebé, queda un plus de satisfacción que el bebé satisface en su propio cuerpo. Un ejemplo del autoerotismo oral es el chupeteo. Ya no se satisface una necesidad de comer, sino el placer de succionar. Las zonas erógenas entonces constituyen órganos privilegiados. Ellos son los orificios del cuerpo: la boca, el ano, los genitales.

 

Segundo Momento: Complejo de Castración

complejo de castracion

En el Complejo de Edipo, el concepto psicoanalítico de castración no se considera la mutilación real de los órganos genitales. Este concepto psicoanalítico es inconsciente y siempre una amenaza, que tiene consecuencias distintas en el varón y la niña. Tampoco se limita a ser una experiencia evolutiva, pues se ve renovada a lo largo de la vida.

Hasta este momento, tanto el niño como la niña habían sostenido la premisa universal, según la cual todos tienen pene. Ésta va acompañada de la ilusión de omnipotencia, que más tarde deberá remitir ante la aceptación de los límites. Más adelante el desarrollo es distinto para el varón y la niña.

Complejo de castración en el varón

La primera condición para que surja el complejo de castración en el varón son las amenazas verbales. Las mismas que procuran: prohibir sus prácticas autoeróticas, y establecer un corte en el vínculo exclusivo con la madre. Generalmente, estas advertencias son proferidas por alguna mujer.

La segunda condición necesaria es la visión de la falta de pene en la zona genital femenina. Así, comienza a representarse la pérdida de su propio pene como posible, pues hay personas que no lo tienen. Sólo entonces, surge la angustia de castración que es completamente inconsciente. En el varón esta angustia dará salida a la resolución del Edipo.

Complejo de castración en la niña

En el caso de la niña, la visión del pene la obliga a admitir que ella no lo posee. Entonces interpreta de forma inmediata que “fue castrada” y lo vive como un infortunio individual. De este modo, la niña no experimenta la angustia del varón ante algo que podría ocurrir. Más bien, alberga el deseo de tener lo que vio y de lo que fue desposeída. Posteriormente, cuando descubre que las mujeres y la madre han tenido la misma suerte, resurge el resentimiento hacia ésta por no haberle otorgado el atributo fálico.

El padre como agente de la castración

Como se muestra, lo esencial de la experiencia de la castración es el reconocimiento de la diferencia anatómica de los sexos. Hasta ese momento, reinaba la fantasía de omnipotencia. En adelante podrá aceptar que el universo está conformado por hombres y mujeres, y que el cuerpo tiene límites. Para el niño, el sentimiento resultante es la angustia de castración, ante la posibilidad de una herida narcisista. Mientras que en la niña, la herida narcisista ya ha sido consumada, y el resultado es el dolor de la castración.

Este trayecto es posible por la entrada de un tercero, el padre quien funge como agente de la castración. Es introducido a través del discurso de la madre, quien abandona para el niño su apariencia de madre fálica y se torno en castrada o en falta. El hijo no satisface plenamente a la madre, cuyo falo ahora es representado por la función paterna. Resurge entonces la pregunta: ¿che vous?, cuya respuesta es nuevamente el falo. Pero ahora lo es en su dimensión simbólica.

 

Tercer Momento: Elección de Objeto

elección de objeto

La castración simbólica recién instaurada unifica la ley y el deseo. Es lo que designa al Complejo de Edipo como una metáfora. Ésta tiene una función estructurante, pues convierte al niño en un sujeto deseante. El superyó es la estructura psíquica que surge a posteriori del Complejo de Edipo. También emerge como consecuencia de las identificaciones secundarias con las figuras parentales, principalmente el padre, permitiendo la entrada en la cultura.

Elección de objeto en el varón

Con referencia a la resolución de Edipo, el varón acepta la ley de prohibición de incesto y elige resguardar su narcisismo. Entra directamente en el Complejo de Edipo porque desea a la madre, y sale cuando desea a otra mujer que no sea ésta. Esta crisis que atraviesa el niño es estructurante, pues a partir de ella asume su falta y sus límites, así como afirma su identidad sexual masculina.

Elección de objeto en la niña

Según Freud, la niña puede adoptar tres salidas distintas y decisivas para su feminidad.

  • La primera reacción es alarmarse tanto ante la falta, que se niega a entrar en la rivalidad con el varón y se aleja de toda sexualidad en general.
  • La segunda salida posible se exhibe como un complejo de masculinidad, sostenido por el fantasma de ser un hombre a pesar de la castración que deniega. No necesariamente pero en algunos casos, su elección de objeto podría ser homosexual.
  • La tercera reacción es el reconocimiento inmediato y definitivo de la castración, por lo que cambia el partenaire amado: la madre cede su lugar al padre.

Por esto, el complejo de castración es la entrada de la niña en el Complejo de Edipo y su relación con el padre, a quien desea darle un hijo. Para Freud la resolución del Complejo de Edipo femenino es ser madre, mientras que Lacan argumenta que el deseo de la mujer no se agota en tener un hijo.

 

Estructuras Psíquicas

Dependiendo de la resolución del Complejo de Edipo, surge una determinada estructura psíquica. Ante el complejo de castración, hay tres mecanismos posibles: la forclusión (del Nombre-del-Padre), la renegación y la represión.

Psicosis

Para que surja esta estructura, se da una falla en la capacidad de la función materna. Sobre todo en la capacidad de dar significantes al bebé sobre las tensiones que éste experimenta como angustia. Además, se presenta como una madre fálica, colmada en su deseo por su bebé. El bebé, permanece en la dialéctica del ser, identificado con el falo. Por otra parte, la madre no introduce en su discurso al padre, por lo que la función paterna está ausente. El bebé queda sometido al capricho de la ley materna, que no muestra límite en la satisfacción del goce.

La forclusión del Nombre-del-Padre es la respuesta característica. El significante se rechaza y expulsa fuera del universo simbólico del individuo. Éste significante no está integrado en el inconsciente y retorna en forma alucinatoria en lo real. Es decir, la alucinación, consiste en la percepción de la vivencia de satisfacción como si proviniera del mundo exterior. Esto es un mecanismo normal del bebé para satisfacerse en ausencia de la madre pero es abandonado posteriormente por otros mecanismos. No ocurre lo mismo en la psicosis.

psicosis

 

Perversión

En esta estructura el punto de anclaje se da durante el complejo de castración. Específicamente en referencia con la diferencia de los sexos. El padre no representa una ley que limite el goce entre la madre y el hijo, sino que aparece como un padre rival. Por el lado materno, se instaura el fantasma de la madre fálica que alienta al niño a colocarse en el lugar de su objeto de goce.

El mecanismo propio de la perversión es la renegación de la castración, rehusando toda posibilidad de simbolización de la falta en el Otro. Una verdad del deseo de la madre es encontrada y repudiada. Así, se produce un movimiento intra-sistémico con una escisión del yo en dos funcionamientos que no se influyen mutuamente. Uno que sabe de la falta en la madre, y el otro que reniega de ella.

Siendo esto así, el individuo perverso tiene su propia ley que se basa en la certeza del goce, tanto propio como del otro. El mismo ha sido objeto de goce para otros. De esta forma, ni él ni el otro son sujetos, sino objetos de pulsión y rebajados a la condición de la cosa.

perversion

 

Neurosis

Es la salida del Edipo expuesta en el tercer momento del mismo, que varía para la niña y el varón. La madre reconoce la palabra del padre como la única susceptible de movilizar su deseo. Surge el mecanismo de la represión como el proceso que instaura la Ley. El sujeto neurótico relega de su conciencia los deseos incestuosos. Entonces, queda dividido por el inconsciente. Éste se constituye como lugar autónomo que se constituye fuera de la conciencia.

El sujeto neurótico se maneja en la dialéctica del tener, y reconoce que existe un atributo fálico que se puede poseer o no. Obedeciendo a la cualidad subsecuente, el sujeto tendrá una estructura de neurosis obsesiva o histeria.

En la neurosis obsesiva, la madre toma al niño como complemento de satisfacción de su deseo, y él se siente demasiado amado por ella. El niño es necesariamente objeto de una seducción pasiva, y se siente parte activa de u goce privilegiado con la madre. Entonces, una vez instaurada la represión primaria, se identifica como el que tiene el falo. El psicoanalista Joel Dör los describe como “nostálgicos del ser”, ya que en la entrada del padre, él es cautivo de la satisfacción suplencia con la madre, experiencia que añora.

Por otro lado, el sujeto histérico se identifica como no teniendo el falo, y se siente injustamente privado de él. Las histéricas son también descritas por Dör como “militantes del tener”, puesto que interroga sin descanso la atribución fálica. Se identifica con quien responde a la pregunta de cómo desear cuando se está privado de aquello a lo que se tiene derecho.

 

Referencias bibliográficas:

Fuentes:

La histeria en la mujer versus la feminidad

Hace unos días, navegando en el Instagram, me encuentro con un post que me hizo reflexionar sobre la histeria en la mujer versus la feminidad. En el mismo se citaba a la excéntrica cantante Madonna. La joven bloggera exaltaba en su publicación la capacidad de hacer la diferencia: “LA REVOLUCION EMPIEZA AHORA”, afirma en mayúscula cerrada. Curiosamente, la imagen que acompaña este pensamiento motivador es ella misma mostrando su trasero: ¡la revolución de las nalgas será! “Qué tiempos más felices para los adolescentes varones”, pensé.

Cada vez es más fácil tener acceso a la pornografía, y no precisamente protagonizada por actrices porno. Son mujeres de carne y hueso quienes cada vez más se desnudan en sus cuentas de redes sociales. Lo más curioso de todo, es que dichas imágenes seductoras y explícitas se acompañan de: pasajes bíblicos, pensamientos motivadores, frases filosóficas, etc. El panorama para la mujer en el plano de la experiencia y expresión de la sexualidad ha dado un giro drástico en el último siglo. Existe una diferencia abismal entre la “revolución de las nalgas” que vemos hoy en día, y la doble moral que caracterizaba la época victoriana.

mujer histeria

 

Histeria versus feminidad

A finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX, Sigmund Freud estudiaba y ofrecía tratamiento a las pacientes con histeria. Sujetos, en su mayoría mujeres que sufrían de síntomas físicos, como diversos tipos de parálisis, que no podían explicarse por medio de la biología. Esto abrió el camino para el surgimiento del Psicoanálisis como disciplina y el estudio de diversos fenómenos psíquicos/sociales. Pero con respecto a la mujer, Freud decía:

La gran cuestión… que no he sido capaz de responder, a pesar de mis 30 años de estudio del alma femenina es: ¿Qué quieren las mujeres?”

El deseo de la mujer se presenta como enigmático, múltiple y disperso. En la cultura popular, incluso se hacen bromas con respecto a esto: nadie sabe lo que quieren las mujeres, ni ellas mismas.

Unos años después en la década de los 70s, el psicoanalista francés Jacques Lacan se dedica al estudio psicoanalítico de las mujeres. En dichas formulaciones, Lacan distingue entre la histeria y la feminidad, hasta llega a oponerlas. Como decía uno de mis profesores de la maestría:

Toda mujer es histérica (en su estructura psíquica), pero no toda histérica es mujer.

En esta línea, Lacan plantea que en la histeria hay una pregunta perenne por qué es ser mujer. Lo cual es esencialmente diferente a volverse una mujer, o serlo.

 

La histeria como estructura psíquica

Tomaremos como referencia el trabajo del psicoanalista Joël Dor, en su obra “Estructuras Clínicas y Psicoanálisis” para definir una estructura y los rasgos primordiales:

La especificidad de la estructura (psíquica) de un sujeto se caracteriza por un perfil determinado de la economía de su deseo, regida por una trayectoria estereotipada, o rasgos estructurales… y que se distinguen de los síntomas.

Las estructuras se constituyen como una salida al Complejo de Edipo, y la relación del sujeto con la función paterna, como instauradora de la Ley y como aquello que colma el deseo de la madre. La estructura surge en el pasaje del ser el falo (lo que completa el deseo materno), a no serlo sino tener un atributo fálico que satisface parcialmente dicho deseo. Es decir, se interrumpe ese momento en el cual el hijo o la hija son todo lo que colma a la madre, para dar paso a otra realidad. No hay nada que colme por completo a nadie. Sin embargo, hay alguien que cumple la función paterna y que cuenta que un atributo fálico que satisface de cierta forma a la madre.

 

Rasgos estructurales en la histeria

Histeria Mujer

Toda la dinámica del deseo en la histeria, ya sea en el hombre como en la mujer, se juega en torno al hecho de haber sido despojado (a) injustamente del atributo fálico. Por esto, en la histeria un rasgo estructural es la alienación subjetiva del histérico en su relación con el deseo del Otro. Lo que busca contantemente es ser el objeto causa de deseo del Otro. De allí, surgen una serie de identificaciones con el objeto ideal del Otro. La constante en la histeria es convertirse en aquel objeto que despierte el deseo del Otro.

Sumado a esto, el sujeto histérico se vive constantemente como no habiendo sido suficientemente amado por el Otro. Se inviste a sí mismo como un objeto incompleto con respecto al objeto fálico. Con respecto a su propio deseo, procura de forma inconsciente que el mismo permanezca insatisfecho. Además, intenta incansablemente reivindicarse al emular este objeto ideal que no ha sido jamás.

El narcisismo en la histeria es particular, pues se relaciona con la dimensión del dado para ver. El sujeto de la histeria se ofrece a la mirada del Otro como encarnación del objeto ideas de su deseo. En ocasiones, se vale de otras personas para lograr ese “brillo”. Por medio de un desplazamiento, se muestra a través de otros que ha colocado en una posición privilegiada como modelos.

 

Mujeres histéricas y su relación con el sexo

mujer histeria perfecta

He tomado el mismo subtítulo utilizado por Dor, pues me parece justo para explicar fenómenos actuales como el expuesto en los primeros párrafos de este escrito. Una serie de aspectos sintomáticos se hacen más evidentes con el auge de las redes sociales. Se abre más la brecha entre la mujer histérica y su relación con la femineidad.

La mujer histérica mantiene un afán de perfección, que se experimenta como una exigencia constante que la atormenta. Para ella lo bello y lo femenino van de la mano. Sin embargo, la preocupación persecutoria por lo bello en ocasiones viene a suplantar a lo femenino hasta borrarlo. Este fenómeno se evidencia cada vez más, potenciado por los desarrollos tecnológicos en las ramas de la estética y la cirugía plástica.

En el fondo lo que hay es una convicción permanente de imperfección. La mujer histérica se vuelve su propio juez tiránico, pues nada será jamás lo suficientemente bello para neutralizar la huella de sus imperfecciones. En cuando a su cuerpo, lo expresa en sus frases favoritas: “mi cuerpo debería ser así”, “sólo debo arreglarme esto o lo otro”, “no soy lo bastante bonita”, etc. Todo lo que encuentre en su camino es bueno para servir de máscara, y atraer la mirada del otro.

Pero así como cuestiona insaciablemente su belleza física, lo hace con su inteligencia y espíritu. Pero se encuentran con una barrera, es difícil aparentar el intelecto. Por lo que toman un discurso prestado, y vuelve a hacer “como si” supiera más de lo que realmente sabe. En los casos más grotescos, vemos las redes sociales inundadas de mujeres histéricas que se muestran “como si” fueran perfectas. Cuerpos esculturales productos de las cirugías plásticas y retocador por el Photoshop, siempre acompañadas de una frase intelectual sacada de Google. Esto es sólo un pantallazo del modo como se conducen en la vida.

 

Identificación de la histérica con la mujer

mujer histeria identificación

Sobre las mujeres Lacan plantea que La Mujer no existe, ya que sólo existen las mujeres de una en una. Ante esta paradoja, el psicoanalista francés Eric Laurent es cuestionado en una entrevista. Le preguntan: ¿Y el hombre sí que existe? A lo que él responde:

El hombre tiene un falo, que es exterior; es patente y obvio y con él puede convertir con facilidad su placer en categoría. Por eso, lo que quiere el hombre se puede producir en masa y por eso hay una industria del sexo, pero sólo está pensada en masculino. Sólo para ellos.

Sin embargo, para la mujer histérica pareciera que sí existe una mujer. Y es aquella con la que busca identificarse pues responde a la pregunta: ¿qué es una mujer? Lacan plantea que en la histeria se responde a esta pregunta por medio de una identificación viril. Como ya vimos, identificándose como aquella que posee el atributo fálico. En esa transacción, cede la posición femenina a otra mujer que para ella encarna el enigma de la feminidad. Mientras que ella se vuelve una maestra de la seducción infinita.

Freud ya lo había señalado en el caso Dora, que estaba avasallada por los encantos de la Sra. K. En la histeria siempre veremos una suerte de homosexualidad. La misma se vincula más al proceso de identificación con una mujer que toma como modelo, que a la elección del objeto amoroso. La histérica procura ser como ella, pensar como ella, vivir como ella, incluso tener los mismos hombres que ella… ¿Han escuchado el término “frenemies”, o “amigas y rivales”?

 

La elección del objeto masculino en la histeria

mujer histeria hombre

Otros rasgo estructural en la histeria que marca la elección de objeto, y todas las elecciones en general, es la indecisión permanente. Puede relacionarse con cosas comunes o un compañero amoroso, la histérica nunca quedará satisfecha con su elección. El objeto elegido continúa sujeto a las dudas, porque siempre es mejor el objeto que no se eligió.

Ya Freud llamo la atención sobre este punto al exponer que el histérico deseaba sobre todo que su deseo permaneciera insatisfecho. La lógica psíquica funciona de esta manera: para mantener su deseo, la histérica se esfuerza por no darle jamás un objeto que la satisfaga. En el caso de la elección de una pareja amorosa, se afanará por no encontrar nunca un hombre a la altura de su máscara de perfección.

Las histéricas generalmente se deciden por un compañero inaccesible. Puede ser potenciado por un aspecto de realidad, como una pareja que viaja por largos periodos de tiempo. Otra salida que encuentra es escoger un compañero amoroso ya comprometido. Al final del día suele sentirse tan desolada pues de todos los posibles compañeros masculino, el único que le interesa es el imposible.

En la histeria se coloca a este otro en el lugar de Amo, pero un amo que jamás ocupará el lugar que ella le asigna en sus fantasías. Siendo un hombre inaccesible o extraño, rápidamente se vuelve decepcionante, o en un objeto más de su insatisfacción. Como bien decía Lacan:

El histérico necesita un amo sobre el cual pueda reinar.

 

Menos histérica más mujer

HISTERIA MUJER

La temática de las mujeres para el Psicoanálisis es bastante extensa y no será tocada en este escrito. Volviendo a la llamada “Revolución de las Nalgas” que se observa cada vez más en las redes sociales. Debemos hacer una distinción, puesto que no se trata de mujeres en el sentido de expresar un deseo de libertad. Más bien se observan manifestaciones de una estructura histérica marcada por un búsqueda exagerada de despertar el deseo en el Otro. Hoy el Internet y los seguidores se han convertido en un Otro bastante exigente y cruel. Mientras más le dan las histéricas más le piden, más les da, más enseña pero siempre tratando de enmarcarlo con algún pensamiento positivo.

El universo de las estructuras psíquicas y de la histeria es extenso, y no se agota en un simple post. Aunque no trataremos la orientación terapéutica de la histeria, en la clínica estos fenómenos son más dramáticos, y menos graciosos. Las pacientes llegan a consulta con un sufrimiento real que buscan suprimir. Como mencionábamos anteriormente, toda mujer es histérica en su estructura, pero no toda histérica es mujer en el sentido de reconocer su falta. Deben caer las identificaciones que buscan satisfacer el deseo en el Otro, y surgir otras que promuevan el propio deseo. Entonces la histérica será cada vez menos insatisfecha y podrá ser más mujer.

 

Referencias Bibliográficas:

  • Dor, Joël. Estructuras Clínicas y Psicoanálisis. Amorrortu Editores. Edición 2006.
  • Philippe, Julien. Psicosis, Perversión y Neurosis. Amorrortu Editores. Edición 2002.

Fuentes:

La clínica psicoanalítica hoy

clínica psicoanalítica
En nuestra cultura occidental, el fin de cada año trae consigo una serie de reflexiones sobre lo que quedó atrás, y resoluciones para los próximos doce meses. Uno de los principales logros que he cosechado este 2016, ha sido iniciar con mi práctica clínica psicoanalítica privada. ¡Por fin! Para mí un sueño hecho realidad, el principio de un largo camino que me espera en esta rama tan hermosa e interesante de la psicología: la clínica.

Me gustaría culminar el año con algunas reflexiones sobre la clínica psicoanalítica en la actualidad. El enfoque que se mantiene a lo largo del escrito es lo que el psicoanalista Jorge Alemán denomina como una anti-nostalgia. Tomando en consideración la sociedad actual, no hay por parte del Psicoanálisis una añoranza a las figuras del padre y el amo del orden simbólico; ni tampoco un intento por restablecerlos. Lo que tenemos es lo que hay, y la práctica analítica busca indagar de qué se vale para continuar, para promover el surgimiento del sujeto del deseo y el establecimiento del lazo social.

 

Táctica, estrategia y política

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En nuestros días, ¿qué aporta la clínica psicoanalítica? ¿Hacia dónde apuntan su política, estrategia y táctica? Estos son conceptos que el psicoanalista francés Jacques Lacan anuda y que comprenden el quehacer de la práctica clínica en Psicoanálisis. La táctica, en término generales, es un método empleado con el fin de obtener un objetivo. Lacan coloca la interpretación a nivel de la táctica del Psicoanálisis. Ya que la misma depende de la asociación libre del paciente, y del carácter imprevisto de su decir. Para interpretar, hay que estar atento al equívoco en el decir del paciente, de manera que el analista pueda decir algo que tenga efectos en lo real. Del mismo modo que la emergencia del inconsciente en el discurso del paciente tiene un efecto de sorpresa, la interpretación sorprende tanto al analizante como al analista. No existe una interpretación pre-fabricada.

Por su parte, la estrategia es un conjunto de acciones planificadas sistemáticamente en el tiempo que se llevan a cabo para lograr un fin determinado. La posición del analista en la transferencia es su estrategia. El analista colocado en posición de sujeto supuesto saber del sufrimiento inconsciente del analizante, que luego debe caer. Dependerá siempre del lugar que le dé el analizante, pero siempre está presente la exigencia de un encuentro. También se da el supuesto de que el analista sabe sobre el sufrimiento del sujeto.

Finalmente, la política es la autoridad que interviene para regular el modo de dirigir un asunto o conducirse en él. Lacan aquí ubica el deseo del analista, un deseo que afirma debe ser una “x”. Los pacientes acuden a consulta por un malestar que lo hace sufrir, pero en su mayoría no está del todo decidido a mover las aguas, o remover aquello que le produce dolor. Prefiere mantener su status quo, lo cual se manifiesta en las distintas formas de resistencia al tratamiento. Como explica el psicoanalista Bruce Fink en su libro Introducción a la Clínica del Psicoanálisis Lacaniano:

Si hay un deseo que sirve como fuerza impulsora de la terapia, es el deseo del analista, no del paciente… El analista debe mantener su posición de deseo de que el paciente hable, sueñe, fantasee, asocie e interprete… Es un deseo enigmático que no le dice al paciente lo que el analista desea que diga o haga.

 

El impacto del discurso capitalista

clínica psicoanalítica

Los efectos del discurso capitalista en la clínica se evidencian en el afán por la clasificación y las curas tipo. Ante un ser humano, el profesional se remite a clasificar los síntomas en un cuadro diagnóstico, para luego prescribir un tratamiento específico para todas las personas que padecen de “lo mismo”. Dichos sujetos, ahora son llamados clientes por algunas corrientes psicológicas, como si la relación psicólogo-paciente fuera una transacción comercial. El individuo toca la puerta del análisis como quien va a un establecimiento comercial con el fin de adquirir un producto, por el que va a pagar.

De modo que exige al analista y su dispositivo lo que el devenir capitalista le ha enseñado: hay un saber científico -en este caso psicológico- cuyo trabajo devengará un producto para gozar. Entonces exige que el analista esté a la altura del mercado: unas pautas sobre cómo mejorar, algo eficaz y rápido… si puede ser online mejor. De manera que llega con una exigencia de saber del especialista, que reemplaza la demanda de amor.

 

El discurso del analista

La respuesta del discurso del analista es colocarse en el lugar de semblante del objeto de goce. Sin embargo el saber no es el que exige el sujeto, sino un saber supuesto que es inconsciente. El analista exige al analizante un trabajo con el fin de hacer caer esas identificaciones de los significantes amo que no representan al sujeto. Según explica B. Fink:

El fin del análisis consiste en separarse del Otro, y permitirle al sujeto andar su camino sin todas las inhibiciones e influencias que provienen de los otros concretos que rodean al sujeto o los valores y juicios del Otro internalizado.

El sujeto no se encuentra divido en el llamado sintomático. Es decir, el problema está en otras personas, en el trabajo, o incluso en sí mismo pero en aspectos superficiales. En fin, no encuentra su lugar, pero definitivamente la raíz no está en su queja manifiesta, sino en lo que se repite fuera de su control. Al estilo del padre del Psicoanálisis, Sigmund Freud en su intervención en el caso de Dora, el analista cuestiona:

¿Qué tiene que ver usted en todo esto?

 

La rectificación subjetiva

clínica psicoanalítica

En las entrevistas preliminares, procurar lo que Lacan llama la rectificación subjetiva, que involucra una inversión dialéctica que posibilita la emergencia del sujeto como vacío, como pregunta. El sujeto que consulta debe interrogarse sobre lo que le ocurre, y tener un entendimiento de que está de algún modo implicado en su queja o demanda. Esta rectificación subjetiva es a la vez un efecto de la interpretación, puesto que admite redirección cuando la asociación libre se torna pura palabrería. El síntoma de paciente comunica algo de su problemática, tiene algo que decir pues es un sujeto supuesto saber. Sobre éste actúa la interpretación, como un decir que tiene efectos.

El psicoanalista argentino Jorge Alemán cita a Lacan en la «Tercera en Roma» (1973), donde éste presenta un enigma:

Si el Psicoanálisis tiene éxito y cura a la humanidad de los síntomas, el Psicoanálisis fracasa… Éste va a existir en la medida en que esté del lado del síntoma… Veremos si la ciencia y la técnica curan a la humanidad del Psicoanálisis.

 

El factor sorpresa en la terapia

Dentro del dispositivo psicoanalítico no existe un universal, ni para la verdad ni para la interpretación. Cada sujeto que llega a consulta es respetado en su particularidad, a pesar de la creciente tendencia a la estandarización. La eficacia de la interpretación va de la mano de la sorpresa, que está del lado del analizante y también del analista. Por efectos de la interpretación se produce una falla en la repetición infinita que se ha perpetuado en el analizante. Allí mismo, surge el inconsciente que produce extrañas formaciones como los sueños, los lapsus y demás actos fallidos. Los síntomas también pueden sorprender sobre todo cuando irrumpen en la vida del sujeto. Sin embargo, estos síntomas también tienen un carácter de fijeza en el tiempo. Para el psicoanalista Graciela Brodsky comenta:

La sorpresa proviene de la interpretación: responder como conviene en el momento justo y saber concluir a tiempo.

Por su parte, Freud prefería la sorpresa del analista como lo menciona en “Análisis Profano” (1973):

Obtenemos los mejores resultados terapéuticos en aquellos casos en los que actuamos como si no persiguiésemos fin ninguno determinado, dejándonos sorprender por cada nueva orientación y actuando libremente sin prejuicio alguno.

Actualmente por la falta de tiempo, por la incapacidad de la espera, nadie tiene interés en sorprenderse. Vivimos en una civilización contraria a todo aquello que sea incalculable e imprevisible. El entramado del discurso capitalista no admite rupturas. Actualmente la urgencia se lleva por delante la transferencia. Sin embargo, el sujeto en análisis debe apostar por una relación en la cual no tendrá ninguna garantía. Esto va en contra de la exigencia actual del mercado, según la cual el producto no puede perderse. Siguiendo al psicoanalista Gustavo Dessal:

La transferencia queda saturada de ruido y sentido, carece del silencio para escuchar la ‘otra’ voz.

 

El sujeto supuesto saber

clínica psicoanalítica

El psicoanalista francés Jacques-Alain Miller esboza tres formas del sujeto supuesto saber. El primero, es aquel que viene a la consulta, lo que llama el analizante en esperanza. El análisis es un ejercicio de olvido de lo que sabe, y el analizante procura hacer como si no supiera. Esta ignorancia es la condición, que de acuerdo con Miller, se requiere para que el sujeto supuesto saber pueda instalarse en la sesión analítica. El analizante habla de lo primero que se le ocurre aunque parezca tonto o loco. Ésta es la base de la asociación libre que permite el desarrollo de la transferencia.

El segundo supuesto saber entonces es el analista mismo. Por esto, el analizante le confía su sufrimiento, ya que es supuesto saber interpretar. De este modo, como ya se mencionó antes, el analizante accede al régimen del «yo no sé lo que digo”. Esto implica la posición del inconsciente como un descifrable. El sujeto sufre de algo de lo que no tiene idea, por lo que acude a consulta con un profesional que sabe de este sufrimiento. Con respecto al tercer sujeto supuesto saber Miller expresa:

En el interior de lo que digo claramente, otra cosa quiere decirse en la oscuridad, cifrada.

Esto que el inconsciente interpreta, que está cifrado, es la transferencia. Debe realizarse en el análisis un arduo trabajo por parte del analizante para ir descubriendo eso oscuro que le hace sufrir.

Visto lo anterior, Miller ubica el primero como el sujeto supuesta saber en lo imaginario, el segundo en lo simbólico y el tercero en lo real. Juntos forman la estructura de la sesión analítica. Entonces Miller puntualiza lo siguiente:

El sujeto supuesto saber, es el nombre del inconsciente en tanto que transferencial. No hay primero el inconsciente y luego la transferencia. La posición misma del inconsciente, su posición operatoria, se sostienen en la transferencia como transferencia de saber.

 

Comentario final

Hoy esto se ve amenazado por el semblante de saber absoluto de la ciencia, que es numérico y donde se desdibuja el sujeto para inscribir una cifra. Lacan se pregunta si es el amor aquello que puede fundar el lazo social. Pero no el amor narcisista que busca la media naranja que le otorgue una suerte de completud imaginaria. Es el amor que deja patente la imposibilidad implícita en la no-relación entre los sexos. Consiste en amar desde el lugar donde se experimenta esta imposibilidad, y el modo de vivirla, siendo la transferencia uno de sus modos.

Hoy por hoy, mantenerse en el norte del Psicoanálisis es un reto, para mí lo ha sido. He tenido muchas veces la tentación de desviarme, de etiquetar, de buscar la solución más fácil o el camino más corto. He dudado a veces de la eficacia del tratamiento analítico y pensado si es mejor ofrecer una cura light. Es gracias al propio análisis y la supervisión que vuelvo a concentrarme en la teoría y la práctica que elegí. Pues es la que me llama como persona, con la que me identifico, y la herramienta por medio de la cual puedo hacer mi trabajo con los pacientes. En estos tiempos, es aquella que para mí respeta al sujeto en toda su individualidad y complejidad.

Referencias bibliográficas:

  • Alemán, Jorge (2011). El Goce y el Objeto. Trabajo presentado en el Máster de Psicoterapia Psicoanalítica de la Universidad Complutense de Madrid, España.
  • Fink, Bruce (2007). Introducción Clínica al Psicoanálisis Lacaniano. Editorial Gedisa. Barcelona, España.

Fuentes:

El impacto de la tecnología en la imagen del cuerpo

Esta publicación está inscrita dentro de una serie en la cual se tratan fenómenos propios del siglo XXI: “Un nuevo malestar: la realidad virtual” y “El goce de mirar y hacerse-mirar”. Para introducir el contexto del vínculo del sujeto con su cuerpo, se tomará como referente la ponencia de la psicoanalista francesa Marie-Hélène Brousse sobre Cuerpos Lacanianos (2010). Según Brousse, el gran aporte de Lacan con respecto a la imagen fue la delimitación de la misma como teniendo un poder en lo real. Es decir, como algo que es eficaz y tiene consecuencias en lo real. Brousse retoma el ejemplo que utiliza Lacan basado en la etología sobre la reproducción sexual de las palomas. De acuerdo con estos estudios, para que los órganos sexuales de estas aves se reproduzcan, es necesaria la percepción de la imagen de otra paloma en un momento crítico de su desarrollo. Por su parte, en el desarrollo infantil, se observa como la concepción del cuerpo se construye a partir de la relación del niño con su imagen en el espejo.

 

El Estadio del Espejo

Imagen del Cuerpo

Durante las primeras etapas del desarrollo, predomina en el bebé lo que Lacan llama la fantasía del cuerpo fragmentado. Según la misma, el bebé no experimenta su cuerpo como un todo unificado, sino como partes aisladas. Lo podemos observar cuando el infante encuentra sus piecitos y los introduce en su boca, como un objeto de satisfacción de su pulsión oral. Igualmente se evidencia toda vez que el bebé se extrañe ante su imagen en el espejo, y traté de tocarla como si fuera otra persona.

El Estadio del Espejo es un concepto propuesto por Lacan que consiste en el paso de la experiencia del cuerpo fragmentado del bebé recién nacido, al reconocimiento e identificación de la imagen de su propio cuerpo en el espejo. La madre en su discurso le indica “éste eres tú”, creando paulatinamente en el niño la imagen de sí mismo.

Esta experiencia ocurre en tres tiempos:

  • Primero el bebé experimenta una confusión entre sí mismo y el otro. Como si percibiera la imagen de su cuerpo como la de un ser real al que intenta acercarse o atrapar. Esto domina la dialéctica del comportamiento con sus semejantes.
  • Luego, puede distinguir la imagen del otro de la realidad del otro. Descubre que el otro del espejo no es un ser real sino una imagen, por lo que ya no intenta atraparla.
  • Surge la convicción de que la imagen del espejo es la suya. Al reconocerse, el niño reúne el cuerpo fragmentado en una totalidad unificada, que constituye la representación del propio cuerpo. El reconocimiento de su imagen en el espejo, constata la conquista de su identidad.

Si el niño no atraviesa satisfactoriamente este estadio, se hace una barrera protectora, donde fallan la simbolización del cuerpo y las identificaciones primarias. Siendo que la unidad de la imagen corporal no está lograda, si algo de esta imagen o del entorno se altera, surge la angustia del ser, experimentada como angustia de muerte o angustia de fragmentación.

imagen del cuerpo

 

Del cuerpo fragmentado a la imagen del cuerpo

Volviendo a la ponencia de M.H. Brousse, en un principio el niño experimenta sensaciones orgánicas múltiples sin unidad, lo que Lacan denominó cuerpo fragmentado. La unidad posterior del cuerpo no viene de estas sensaciones, sino de la imagen encontrada en el espejo (o en el otro primordial). Con el logro de la imagen unificada del cuerpo, en la psique se establece una suerte de velo que cubre al cuerpo fragmentado. Brousse lo conceptualiza de la siguiente forma:

Imagen del cuerpo

La barra representa al velo, que deja al cuerpo fragmentado en el inconsciente. Cuando esta barra falla, se dan fenómenos característicos de la psicosis. En dicha estructura psíquica, se evidencia como el cuerpo está fragmentado. Por esto, la auto-mutilación es posible, ya que son sólo partes que pueden desprenderse sin más.imagen del cuerpo

En sujetos neuróticos, ocurren fenómenos que evidencian la angustia ante la caída de este velo. M.H. Brousse pondrá dos ejemplos que ilustran muy bien este aspecto. El primero, muy cotidiano, se trata del cabello. Éste es una parte de la imagen exaltada y con un alto valor fálico en todas las culturas, aunque sea de maneras distintas. ¿Qué ocurre cuando vemos hebras desprendidas del cuero cabelludo en el lavamanos o la bañera? Fuera de la imagen unificada produce una sensación repulsiva.

El segundo ejemplo, se basa en el film “Salvando al Soldado Ryan”. Se enfoca en la escena donde un soldado es lanzado al suelo producto de una explosión. Al ver a su lado su propio brazo desprendido de su cuerpo, entonces grita. Esto evidencia como algo de la imagen del cuerpo cortado produce terror. Lo mismo ocurre con las voces y la mirada, que nos son familiares siempre que parezcan provenir de una boca o unos ojos humanos.

 

Los efectos de la ciencia en la imagen del cuerpo

En la actualidad, el desarrollo de los discursos de la ciencia y la tecnología, han impactado el modo en el sujeto experimenta la imagen de su cuerpo. En ocasiones produciendo la experiencia del cuerpo fragmentado característica de etapas más tempranas del desarrollo. ¿Qué fenómenos actuales dan cuenta de estos procesos?

1) El cuerpo visto desde dentro:

Como se expuso en el post sobre la mirada: El goce de mirar y hacerse-mirar, la imagen del cuerpo ahora está separada de la percepción visual humana. Un ejemplo claro son las ecografías, que constituyen las primeras imágenes del bebé antes de nacer. Del mismo modo, con el uso de los ultrasonidos, los médicos pueden ver a través de la piel. En la actualidad, somos capaces de ver elementos que no existen en la experiencia perceptiva posible para el ojo humano. Aunque el sujeto esté detrás, son imágenes imposibles de ver sin las máquinas.

2) El cuerpo como objeto científico:

El discurso de la ciencia ha alterado la vivencia de cuerpo fragmentado, que ahora no está velado sino expuesto. La ciencia ha despojado al cuerpo de la imagen que lo recubría. Ahora, se ha constituido en su objeto de estudio, e incluso un objeto de comercio que se puede comprar o intercambiar. Es lo que ocurre con los trasplantes de órganos, su donación e incluso su tráfico.

3) La ideal y falsa imagen del cuerpo:

Del mismo modo, la imagen del cuerpo es un aspecto importante del yo ideal. Hay sujetos para los cuales la imagen de su cuerpo no corresponde con este ideal. En la actualidad, la cirugía plástica estética está disponible para tratar de cerrar esta brecha en la realidad. En algunos casos, se busca un ideal de belleza, en otro incluso un cambio de sexo. Lo cierto es que el abuso de esta práctica crea perplejidad en el observador.imagen del cuerpo

4) Los gadgets como extensión del cuerpo:

La realidad virtual y la tecnología de teléfonos celulares permiten por un lado una suerte de conexión entre la máquina y el cuerpo, al igual que el lente de las cámaras fotográficas con el ojo. La ciencia hace posible superar otra barrera, el objeto está presente en su ausencia. Del mismo modo que el ojo humano no tiene la capacidad de ver a través de la piel, físicamente es imposible estar simultáneamente en dos sitios. La ciencia y la técnica lo han hecho posible, siempre que se tenga la máquina. El consumo de las mismas se torna vital.

5) El cuerpo virtual:

El cuerpo en las redes sociales cumple algunos rasgos de los otros fenómenos mencionados. Primero, la ausencia del cuerpo real en el establecimiento de los vínculos interpersonales. Dos o más sujetos pueden relacionarse sin estar en el mismo lugar físico, por medio de los aparatos electrónicos y el internet.

Por otro lado, es posible hacer una “cirugía virtual” de uno mismo, al plasmar en las redes rasgos ideales para el sujeto, que pueden o no corresponder con la realidad. En el plano de la imagen, el uso de filtros, aplicaciones, y programas como Photoshop, permiten alterar esa imagen y mostrar a sus “amigos” o “seguidores” una cara más hermosa según con los estándares de belleza de cada quien.

imagen del cuerpo

 

Comentario final

En muchos casos, el modo en que la tecnología impacta la imagen del cuerpo es beneficiosa para el sujeto, proporcionando oportunidades sobre todo el en ámbito de la salud. En otros casos, la tecnología se constituye en un medio a través del cual es sujeto manifiesta alguna dificultad con respecto a la imagen de su cuerpo, en relación consigo mismo y con su yo ideal. El grado en que estos cambios en la tecnología y la ciencia tengan un impacto o no en el sujeto depende de factores que se relacionan con la resolución de procesos psíquicos complejos en la infancia y el desarrollo posterior.

 

 

Referencias bibliográficas:

Fuentes:

El goce de mirar y hacerse-mirar

Lo más característico de la vida moderna no era su crueldad ni su inseguridad, sino sencillamente su vaciedad, su absoluta falta de contenido.

– George Orwell (1949)

 

En el mundo globalizado del Siglo XXI, el sujeto puede aparentemente relacionarse con más personas, incluso de otras latitudes del mundo. Paradójicamente, hay un incremento de la soledad, los dramas sociales y el sufrimiento psicológico. El discurso capitalista se ha coronado como sistema económico y social por excelencia en los países llamados occidentales. Estamos solos en relación al otro semejante, y al mismo tiempo estamos constantemente expuestos al gran Otro: el sistema. Esto lleva al sujeto a confundir sus objetos (de amor) con los gadgets (objetos de consumo), que actúan como termómetro de su estado de bienestar.

 

La sociedad Orwelliana

En 1949 George Orwell publica su obra “1984”, en la cual presenta una sociedad ficticia indeseable en sí misma. Pretende la felicidad mientras que oprime a sus ciudadanos y los condena al sufrimiento. Escasas décadas después, se encuentran paralelismos con lo que ocurre en la actualidad. Vivimos en un mundo en el cual se manipula la información y se practica la vigilancia masiva.

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Uno de los protagonistas de esta obra literaria es llamado sarcásticamente el Gran Hermano. Éste tiene un carácter omnipresente y lo observa todo. Además, aparece constantemente en la trama a través de las tele-pantallas, en la enérgica propaganda de «El Partido». Su existencia es enigmática, pues nadie lo ha conocido ni se sabe su verdadero nombre. ¿Será el Gran Hermano una persona real o una invención propagandística para infundir respeto y temor en la población?

Si bien Orwell se basó en los sistemas totalitarios y de valores colectivistas, algunos rasgos de este fenómeno se evidencian en la actualidad. En nuestra cultura dominada por el capitalismo, estamos vigilados constantemente. Estamos a merced del Gran Hermano.

 

La mirada y la pulsión escópica

El psicoanalista francés Jacques Lacan estudia la temática de la mirada en su seminario “Los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis”. En éste discute el libro “Lo visible e invisible” del filósofo Marleu-Ponty. Lacan distingue la pulsión escópica, centrada en la mirada subjetivante, de la función fisiológica de ver. Por definición, ver es la acción y el resultado de captar el mundo por medio de la vista. Mientras que mirar, consiste en fijarse en un detalle particular de aquello que estamos viendo.

pulsion escopica

Durante el desarrollo del sujeto, la madre mira a su bebé, y le va introduciendo la imagen de su propio cuerpo como algo unificado. Este bebé se va convirtiendo en un sujeto, pues hay alguien que dirige hacia él una mirada amorosa. Entonces en el niño va surgiendo un deseo de ser mirado, y posteriormente de mirar él mismo.

Al igual que todo los aspectos pulsionales del ser humano, esta mirada debe tener un límite. Es angustiante para el pequeño ser mirado todo el tiempo. Es por esto que los niños disfrutan el juego del escondite. En el mismo, el niño se oculta de la mirada del otro, y a la vez desea que el otro lo busque. El goce que se pierde al no poder mirar o ser mirado todo el tiempo, se recupera a través del juego.

 

La mirada de la ciencia

Gérard Wajcman (2011) en su libro “El Ojo Absoluto” introduce la noción de que somos mirados permanentemente. Esto se constata ante la infinidad de cámaras de vigilancia que hoy son parte del entorno natural del hombre citadino. El deseo de mirar, propio de la naturaleza humana, ahora parece ser potenciado por la ciencia y la tecnología. Éstas implantan la creencia y la promesa de que tarde o temprano absolutamente todo es posible. Dentro de estas posibilidades, entra el ver-todo que se impone como un mandato, desnaturalizando el deseo previo. Igualmente, funciones que antes estaban separadas, deben condesarse y formar un solo objeto. Entonces desaparece el corte entre ver y ser visto, entre el sujeto y el objeto.

ojo absoluto

Wajcman propone la Transparencia como un fenómeno actual. La ciencia y la técnica han sobrepasado los límites del cuerpo, pues ahora puede verse a través de la piel. El único intermediario es la pantalla, ya sea la del monitor o el televisor. Incluso el bebé ya no es sólo anticipado por la palabra, sino por “sus primeras fotografías” tomadas cuando aún habitada la comodidad del vientre materno.

Hoy en día, todos los objetos tecnológicos tienen un ojo integrado, con una gran capacidad de memoria para almacenar todas las imágenes producidas. Entonces tomamos fotos frenéticamente, en lugar de mirar. Se mirará siempre más tarde, imágenes que son almacenadas en carpetas de la memoria. Cada una tiene su minuto de gloria para luego ser sustituida por los millones que le siguen. Wajcman titula una de las secciones de su libro: “Ver Todo, Perdérselo Todo”, ya que hay demasiadas fotos y no bastantes ojos para verlas.

Esto se constituye en una amenaza a lo íntimo, ya que el lugar donde el sujeto puede sustraerse de la mirada del Otro le es arrebatado. La tendencia actual a la transparencia es opuesta al derecho del sujeto a ocultar su verdad inconsciente, de la que él mismo tampoco sabe nada. ¿Por qué? La mirada omnipresente del sistema sobre nuestras formas de satisfacción le proporciona información importante. De este modo, el mercado sabe cómo anticiparse y colmar todos nuestros deseos. A través de Internet se pueden conocer los intereses intelectuales, sociales y hasta sexuales; que luego son ofrecidos como objetos plus de goce. Actualmente no se crea una invento para satisfacer una necesidad, mas bien se crea la necesidad de dicho invento.

 

Lo público y lo privado

El psicoanalista francés Jacques-Alain Miller expresa:

Hoy no sólo tengo derecho a gozar a mi manera, sino también a decírselo a todo el mundo. Hay un plus de goce que no está velado, sino que se exhibe de todas las maneras posibles. La sociedad ha dado un giro para pasar de la intimidad de los goces privados de la Viena Victoriana de Freud, a la exposición pública de todos los modos potenciales de gozar.

La influencia del Psicoanálisis pasa por la idea actual de que si algo anda mal, es absolutamente necesario hablar, y por qué no, publicar. Las pacientes histéricas de Freud vivían en la época de la represión y el secreto de la doble moral. Freud liberó la palabra cuando descubrió las pulsiones y los deseos inconscientes. No se imaginó que el sujeto un siglo después estaría vociferando sus goces y desgracias, exhibiendo sus secretos más íntimos. Consecuentemente encontramos las estanterías repletas de libros de auto-ayuda basados en la vida de personas comunes que obtuvieron los logros que la sociedad les impone como deseables. Todo el mundo tiene una historia que contar. Esta es la era de los talk shows, cada uno protagonista de su propio espectáculo.

 

La realidad como espectáculo

El paso de lo público a lo privado, no sólo implica el empuje actual a decirlo todo. No basta sólo con palabras huecas, pues además se hace imperativo hacerlo visible en imágenes. La sociedad del show business nos pone a disposición el goce de la pulsión escópica. El sujeto cae y consiente esta dinámica, por lo que se muestra más que dispuesto a exhibirse.

truman show

Siguiendo a Wajcman, para esconder algo es preciso reconocerse en él. De modo que sólo es posible exhibir sin pudor cuando el sujeto no se reconoce exactamente en lo que muestra. En este sentido, el exhibicionismo apunta a algo del desapego y liberación respecto de sí mismo. Es decir, que la mirada a la que se expone no apunta a él como sujeto, no está implicado y no es responsable de lo que se ve de él. Así es como los actores que representan un personaje toman distancia de sí mismos.

En este contexto surgen y se popularizan los reality shows, en los cuales suponemos ser testigos de la real cotidianidad de sus protagonistas. Podemos identificar tres tipos de reality shows:

  • Primero tenemos los Top Shows, en los cuales sus participantes cuentan con un talento que enmascara el verdadero propósito de mostrarse: canto, baile, cocina, modelaje, etc.
  • Segundo se ubican los New Celebrities Shows, teniendo como prototipo “Keeping Up with the Kardashians». Éstos se basan en la vida de un grupo reducido de personas que cuentan con un estatus de vida excéntrico y lujoso, cuyo único talento es seguir siendo famosos.
  • Por último, se encuentran los Truman Shows, basados en la película que lleva el mismo nombre. Sus participantes cuentan con una carencia emocional importante. Esto les hace exponerse a una situación de encerramiento con extraños, y ser sujetos del escrutinio colectivo. Quedan a merced de los medios de comunicación, que tienen acceso a las reacciones de público, y manipulan las condiciones de la casa-jaula para obtener mayor rating.

Citando a la psicoanalista Diana Wolodarsky en su artículo Reality Show:

El Reality puede inscribirse como un nuevo gadget de la época: un objeto más de consumo ofrecido en el mercado para saturar el vacío de existir… el sujeto paga el precio de ser reducido a la condición de objeto, como un producto más del consumo del mercado.

 

El ideal de fama injustificada

Leopoldo Pisanello 2

En el Siglo XXI, programas de televisión como Big Brother son populares tanto en países desarrollados, como en los llamados peyorativamente tercermundistas. La pobreza económica no es el factor determinante, sino el empobrecimiento de la experiencia. Lo importante es atraer las miradas, puesto que la sensación de no ser mirado acarrea una irremediable falta en ser. Hay una consigna: “Me miras, luego soy. Soy mientras me miras.”

Otro factor importante a considerar es la caída de los ideales. Diariamente, incluso en las redes sociales, los sujetos-objetos de la mirada buscan fervientemente un estatus de celebridad. La particularidad y lo que le distingue de generaciones anteriores, es que dicha insignia surge ante la ausencia de un talento o saber extraordinario. Más bien se basa en la realización de las actividades cotidianas, lo cual genera admiración en sus espectadores y deseo de imitarlos.

Woody Allen plasma este fenómeno en su película “A Roma con Amor”. El personaje Leopoldo Pisanello es un tipo terriblemente aburrido, quien una mañana se convierte en el hombre más famoso de Italia. Es constantemente acosado por lo paparazzi, empieza a disfrutar de los privilegios de su fama. Un buen día, el foco de atención se desplaza a una nuevo famoso desconocido, Aldo Romano. Entonces, el pobre Leopoldo ignorado trata desesperadamente de mantener su nivel de fama. Realiza actos que llegan al extremo de desnudarse en la calle: toca fondo.

Esta reflexión sarcástica de Allen, nos muestra el precio a pagar por la fama injustificada. Actualmente, las redes sociales y los reality shows, entre otros fenómenos, alimentan esta sed de ser mirados y mirar. Llegan los sujetos a borrarse con el único fin de hacerse visibles para alguien, hay espectadores anónimos y disponibles. «Ser mirado» depende del otro que mira, mientras que «hacerse-mirar» está del lado del sujeto, quien se exhibe buscando ser notado, admirado y hasta envidiado.

De este modo, seguiremos siendo bombardeados con los detalles más irrelevantes de lo que le ocurre a estas personas en sus vidas vacías. Continuará la producción y desecho incesantes de famosos injustificados. Los espectadores seguirán de cerca el show del momento, ilusionados o decepcionados. Y esto será así, mientras el mercado encuentre un beneficio económico y/o social. Tal como culmina Wajcman en su libro:

Cada quien es susceptible hoy de ser el gran reportero de todas las tragedias del mundo, desde las más grandes hasta las más minúsculas.

 

Referencias bibliográficas:

  • Miller, Jaques-Alain; Laurent, Eric. (2005). El Otro que No Existe y sus Comités de Ética. Editorial Paidós. Buenos Aires, Argentina.
  • Nasio, Juan David (2011). La Mirada en Psicoanálisis. Editorial Gedisa. Barcelona, España.
  • Wajcman, Gérard (2011). El Ojo Absoluto. Ediciones Manantial. Buenos Aires, Argentina.

Fuentes:

El sujeto en la depresión

Históricamente, términos propios de la psiquiatría, la psicología y el psicoanálisis se han convertido en parte de la jerga común. En algunas ocasiones toman un sentido peyorativo, por lo que es necesario buscar eufemismos. En otros casos como en la depresión, los vocablos se normalizan y se confunden con aspectos de la vida cotidiana. “Estoy deprimido” es una frase que usamos indistintamente para describir estados de tristeza, pero no son sinónimos. Entonces, ¿qué es la depresión y cómo se manifiesta hoy en día?

Depresion

 

Una depresión para todos

En la actualidad, el trastorno depresivo es una de las afecciones con más incidencia. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es la principal causa de discapacidad y afecta a 350 millones de personas en el mundo. Este aumento se asocia con diversos factores, entre ellos los avances en la ciencia y el sistema capitalista.

La depresión como diagnóstico atañe a la psiquiatría y la psicología, disciplinas que toman como referencia los manuales de clasificación de las enfermedades mentales. En ellos se enumeran los síntomas observables que deben cumplirse a modo de checklist. El DSM-V (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, Quinta Edición) presenta los Trastornos Depresivos como aquellos que se caracterizan por la presencia de tristeza, vacío, o afecto irritable, acompañado por cambios somáticos y cognitivos que afectan significativamente la capacidad de funcionar del individuo.

De acuerdo con este enfoque universalista de la depresión, el sujeto queda reducido a una serie de signos que tienen en común el estado de ánimo decaído. Los diferentes trastornos que conforman esta categoría en el manual se distinguen únicamente en la duración y timing de los síntomas. Incluso, se han metido en la misma bolsa otras condiciones como el nuevo Trastorno Dismórfico Premenstrual, ¡aunque usted no lo crea! Al seguir esta línea corremos el riesgo de perder de vista al sujeto, su historia particular y su sufrimiento.

 

El mandato a gozar

consumismo

La cultura se fundamenta en la renuncia que cada sujeto hace de sus propias pulsiones, lo que Freud llama “ceder al deseo”. Sin embargo, en nuestra época del consumo, se nos presenta el fenómeno opuesto: un empuje a satisfacer nuestras pulsiones sin control alguno. Podemos tener todo lo que queremos sin demora. La psicoanalista Graciela Sobral plantea en su artículo La Depresión Actual, que hay una decadencia de los simbólico: la palabra, los ideales, la ley y la autoridad. Entonces, estos ideales nos vienen en forma de una exigencia insaciable, y medible en términos de éxito y fracaso. Desde esta perspectiva, la depresión puede pensarse como el reverso de este mandato que no se puede satisfacer. El sujeto se deprime pues no está a la altura de las expectativas de la sociedad.

Para el Psicoanálisis, lo que mueve al sujeto está ubicado en el orden del deseo. Jacques Lacan plantea la depresión como una “cobardía moral”. Sabemos que el sujeto con depresión no es en absoluto un cobarde, Lacan utiliza esta frase para ejemplificar que dicho sujeto no puede sostener su deseo, ni conducir su propia vida como quiere. En la depresión hay un impasse en aquello que causa el deseo en un sujeto. Siguiendo con los planteamientos de Sobral:

“Cuando se desea se encuentra un camino para realizar el deseo que no pasa por la exigencia, en el deseo se trata de un trabajo del propio sujeto que encuentra cierta satisfacción en su realización… que no se parece a la satisfacción directa del objeto del consumo.”

El capitalismo nos impone la ilusión de que los objetos pueden colmar nuestra falta, y de que son completamente accesibles en el mercado. Entonces el superyó actual nos exige consumir infinitamente, trabajar para consumir es su ciclo. El sujeto deprimido es aquel que renuncia por completo a esta carrera, y entonces ya no quiere nada. Esto se manifiesta en una pérdida de interés en toda actividad que antes le producía placer.

 

La industria farmacéutica

Otro factor importante es el avance de la psicofarmacología, como disciplina científica y sector empresarial. El uso de antidepresivos ha aumentado de forma significativamente en las últimas tres décadas. Actualmente, son utilizados para tratar otras afecciones como dificultades para dormir, ansiedad, etc. Esto implica que el estado anímico del sujeto y su sufrimiento dependen enteramente de la cantidad de una sustancia u otra a nivel neurológico.

prozacLa prescripción de este tipo de productos es necesario en algunos casos. Sobre todo en aquellos en los cuales está en riesgo la vida de la persona. Más adelante veremos cómo esta prescripción debe estar acompañada de una terapia que apunte también al sujeto, más allá de la cantidad de serotonina y otras sustancias en el cerebro. El problema surge cuando el antidepresivo se presenta como la panacea, o como la única respuesta para un sujeto deprimido. Entonces, el remedio es peor que la enfermedad. El uso de estas sustancias va en la línea de no querer saber sobre el sufrimiento particular de cada individuo. No hace falta hablar nada pues tomándose una píldora resolvemos el problema.

 

¿Qué hacer frente al sujeto deprimido?

Es importante agregar algunos comentarios sobre las respuestas comunes frente a un sujeto que se muestra deprimido. Principalmente porque Internet está colmado de notas del tipo: “5 cosas para superar la depresión”. En la sociedad que valora la apariencia de felicidad absoluta, tendemos a pensar que una persona en estado depresivo puede cambiar si mejora su actitud. Entonces optamos por animar al sujeto y aconsejarle a ver la vida con una luz más positiva. Esto es contraproducente, pues es más del mismo mandato del Otro a gozar, al que el sujeto deprimido ha renunciado rotundamente.

El desgano presente en la depresión es un enigma para quienes le rodean. Entonces, puede que veamos lo que le ocurre desde nuestra propia perspectiva sin mirar la particularidad de su padecimiento o queja. También podemos sentir culpa o responsabilizarnos por la situación. Esto conlleva a la noción de que podemos hacer algo, ayudarle directamente. Lo cierto es que todos tenemos nuestros límites, y ciertos problemas hay que ponerlos en manos de un profesional idóneo.

depresiva

 

Lo particular de uno

Para el Psicoanálisis, la depresión no se concibe como una entidad clínica sino que se ubica dentro de la estructura psíquica del sujeto: neurosis, perversión o psicosis. El psicoanalista debe interrogarse más allá de lo que el sujeto señala en primera instancia. Lacan también propone la “verificación del afecto” en el análisis, pues los afectos sobre algo siempre se refieren a otra cosa.

La elaboración de Sigmund Freud sobre la depresión distingue tres estados clínicamente distintos. Primero está el sentimiento normal de tristeza, que tiene su modelo en el proceso de duelo. El trabajo del duelo se refiere a la operación psíquica que realiza un sujeto ante la pérdida de un objeto de amor o un ideal. El objeto perdido se conserva en lo psíquico, y el sujeto paulatinamente se separa de él para dirigir su vida a otras cosas.

Además, la depresión puede encontrarse como un síntoma en la neurosis o como una queja del sujeto neurótico. Éste puede perder su brillo o valor frente a su otro significativo, cuando: (1) falla su estrategia para ser el objeto del deseo del otro, en el caso de la histeria; o (2) no puede satisfacer las demandas que cree que le hace el otro, en la obsesión. En ambos casos, el sujeto se desprecia a sí mismo y atraviesa por un momento depresivo. Hay en las neurosis otras posibilidades que varían en cada sujeto.

Por último, la depresión en la psicosis se presenta como melancolía, y está regulada por el régimen del narcisismo. En este caso, se dirige al yo del sujeto todos los reproches y el desprecio que corresponden a un objeto perdido con el cual mantenía una relación conflictiva. Otro caso de depresión en la psicosis puede presentarse en el curso de la esquizofrenia.

Como ya mencionamos, hay casos en los que es útil la medicación. Pero es fundamental algún tipo de acercamiento que haga referencia al sujeto. La propuesta del Psicoanálisis apunta a la producción de un estado nuevo, en el cual el individuo pueda enfrentar el dolor de una forma más digna. Culminamos con el planteamiento de Graciela Sobral que resume el trabajo terapéutico de la depresión:

“Cuando el sujeto puede pasar de la queja inicial a la interrogación en relación a lo que queda de su lado, en cuanto a lo que le toca vivir y a la conexión que eso tiene con su propia historia, la vivencia subjetiva cambia. El afecto depresivo comienza a diluirse y en su lugar aparecen otras cosas, más verdaderas: preguntas, dudas, tristeza, rabia, una interrogación sobre la vida y el malestar que es, en definitiva, lo único que permite una rectificación subjetiva, un cambio”.

 

 

Referencias bibliográficas:

  • Freud, Sigmund (1915). Obras Completas. Duelo y Melancolía. Amorrortu Editores. Buenos Aires, Argentina.
  • Laplanche, Jean y Jean-Bertrand Pontalis. Diccionario de Psicoanálisis. Paidos. Buenos Aires, Argentina. Edición 2007.

Fuentes:

Algunas notas sobre el amor

La ciudad de Kioto fascina pues en ella convergen la majestuosidad y la simpleza. Kiyomizu-dera es quizás uno de esos sitios que se mantienen en pie para transmitir toda esa espiritualidad que agoniza entre tantos turistas. Dentro de este complejo de templos budistas, se encuentra el santuario Jishu, dedicado a Okuninushino-Mikoto, un dios del amor y los «buenos matrimonios». Como es de esperar, consiste en uno de los destinos predilectos de parejas, y de mujeres jóvenes en busca del amor.

Piedras del Amor

El mismo posee dos «piedras del amor», situadas a 6 metros una de la otra, distancia que los visitantes deben vencer con los ojos vendados. El éxito en esta tarea, es un presagio de que el peregrino encontrará el amor. Es posible ser guiado por alguien, lo cual predice que la persona necesitará de un intermediario para convenir con su enamorado.

La sabiduría oriental nos muestra simplemente cómo el ser humano se moviliza en el ámbito del amor: con los ojos vendados. Hay quienes no temen y aceptan la incertidumbre, transitando este trayecto confiados en que llegarán a la otra piedra sin mayores dificultades y por sí mismos. Otros, desconfían y se sienten perdidos. Con suerte han tenido la guía de otro, quien porta ese saber sobre el amor del que ellos carecen. Este apoyo varía desde lo espiritual hasta los expertos en la materia que abundan hoy en día, terapeutas y autores de libros de auto-ayuda. Nos referimos al amor de pareja.

 

El amor es…

Una definición única del amor es imposible. Ya filósofos, psicólogos y pensadores en general se han esforzado por completar esta difícil tarea. Desde el Psicoanálisis, también se estudia el amor y sus vicisitudes, pues en la consulta terapéutica todas, o la gran mayoría, de las historias terminan hablando de amor. Sigmund Freud lo investiga a lo largo de toda su obra, analizando sus mecanismos desde diferentes ángulos. Como mencionamos en el post anterior sobre la Realidad virtual: un nuevo malestar, se evidencia el amor como una posibilidad para sobrellevar las dificultades de la vida.

El concepto de narcisismo también desempeña un papel destacado. Este se refiere a la operación psíquica de tomar al propio cuerpo como objeto de satisfacción y también como objeto de amor. Podría entenderse como el amor por uno mismo. Respeto de esto, Freud afirma que:

«El que ama se hace humilde. Aquellos que aman, por decirlo de alguna manera, renuncian a una parte de su narcisismo.»

Ser humilde no es sinónimo de humillarse. Más bien, implica ceder en ocasiones a los propios deseos, en pro del ser amado y/o de la relación. También se hace humilde ante la duda que entraña el encuentro con un otro distinto a uno mismo. Otro que también transita el camino del amor a ciegas frente a su propio inconsciente.

Posteriormente, Jacques Lacan propone una fórmula que intenta abarcar gran parte de la esencia del amor en el sujeto, cuando dice:

 «Amar es dar lo que no se tiene a quien no es.»

Esta concepción implica que un sujeto reconozca que no está completo, sino en falta. Esto en Psicoanálisis, se refiere a un sujeto dividido, pues gran parte de sus contenidos psíquicos son inconscientes, es decir, desconocidos incluso para él mismo. No se refiere a la falta de tener, una objeto o un atributo, ni involucra una connotación negativa del ser humano. Por el contrario, esta falta en ser se refiere a la noción de que no somos perfectos ni completos, y es precisamente esto lo que nos impulsa a desear. El deseo es uno de los factores que actúan como motor para el establecimiento de relaciones con otros; es lo que motiva al ser humano a relacionarse y moverse en el mundo. Como explica Jacques-Alain Miller:

… no es dar lo que se posee, bienes, regalos, es dar algo que no se posee, es reconocer su falta y darla al otro, reconocer que se necesita al otro.

El amor, según Lacan, se da dos dimensiones: en el plano imaginario, está el enamoramiento. Ese momento inicial que consiste en el flechazo, donde el otro es un producto de nuestra idealización, y posee todas las cualidades que siempre soñamos. En el plano real, se ubica el amor que no busca reciprocidad, y que no engaña, pues la persona conoce los defectos del otro y aún así le ama. Como bien lo dice Slavoj Zizek:

«Amar significa que uno acepta a la otra persona con todos sus fracasos, estupideces, puntos feos, y a pesar de eso, ve perfección en la imperfección misma.»

 

El amor en tiempos líquidos

Los hombres y mujeres de este siglo, no soportan el peso que conlleva mantener una relación sólida y duradera. Salvo algunas excepciones, sienten miedo, por creer que la misma se convertirá en una carga y atentará contra sus mayores tesoros: su libertad e individualidad. Por otro lado, presentan la incertidumbre ante la posibilidad de ser ellos mismos un desecho, en una sociedad donde predomina lo novedoso. El sujeto entonces se reinventa compulsivamente, no por el deseo genuino de mejorar o hacer algo que le produzca satisfacciones, sino por el mandato a ser innovador, por el simple hecho de no quedarse atrás.

La tendencia actual hacia el ideal de completud y omnipotencia, alimenta la fantasía de que estando empoderados tendremos todo, también en el amor. Con la ayuda de las redes sociales esto se magnifica, iniciando un ciclo de envidia por el éxito aparente del otro, y una obsesión por mostrarse cada vez más perfecto. Nada más lejos de la realidad. Como explica Miller, aquellos que creen estar completos solos o quieren estarlo, no saben amar. Pueden despertar el amor en otros, más no han experimentado por sí mismos los riesgos y las delicias del amor.

amor liquido

En su libro Amor Líquido, Zygmunt Bauman plantea que el individuo escoge las conexiones en contraste con las relaciones. Éstas ocurren dentro de una red, en la cual las acciones de conectarse y desconectarse son simultáneas. Las encuentros son de fácil acceso y salida, ya que pueden cortarse en cuanto empiezan a ser insoportables. Uno siempre puede oprimir la techa de “delete”. Se puede pasar a la próxima conexión al mejor estilo de la serie de MTV “Next”. Si el candidato no cumple con los requisitos mínimos, tenemos la opción y el derecho de pasar al siguiente. Las estructuras que salvaguardaban el compromiso en la pareja flaquean, o se vuelven simples contratos que pueden disolverse con tan sólo una firma. Los matrimonios se convierten en un negocio dirigido por los “wedding planners”, y  los divorcios están a la orden del día.

 

El (des) encuentro entre los sexos

En las últimas décadas, el movimiento feminista ha impulsado una campaña agresiva en pro de la reivindicación de la mujer en relación con el hombre, promoviendo la igualdad de derechos y oportunidades. Si bien la biología y la genética aportan elementos fundamentales en la constitución de lo que es ser hombre y mujer, los estereotipos socioculturales sobre la feminidad y masculinidad están en un proceso importante de transformación. Los hombres, son invitados a feminizarse, al permitirse experimentar sus emociones y expresarlas abiertamente. Mientras que las mujeres, cuentan con el derecho y la responsabilidad de igualarse al hombre, mostrando actitudes más agresivas y hasta viriles. Esta mutación social y psíquica, busca encontrar un balance entre los sexos, y conlleva muchas satisfacciones para ambos. También impacta el modo en que se desarrollan las relaciones.

Algo que sigue vigente es el desencuentro entre los sexos. Incluso en la cultura popular se tiene la noción de que el hombre y la mujer son de planetas distintos, los primeros de Martes y ellas de Venus. En el plano inconsciente, esto implica que mujer y hombre gozan de modos distintos. Lacan lo expone en su fórmula:

«No hay relación sexual.»

amor princesa y sapo

Zizek lo ejemplifica en su análisis de un anuncio de cerveza. Primero, está el cuento de hadas de la princesa y el sapo. Es conocido que ella lo besa y éste se transmuta en su príncipe soñado. Pero el cuento no termina allí, pues el joven la mira con ojos de deseo y también la besa, ante lo cual ella se convierte en una botella de cerveza, que el príncipe empuña triunfante entre sus manos.

Del lado de la mujer, sucede que a través del amor una rana puede convertirse en el objeto de su amor; del lado del hombre, en cambio, la mujer quedará reducida a un objeto parcial, el objeto de deseo. La relación entre los sexos es asimétrica, en la cual cada uno porta su propia fantasía. Como se plantea en esta metáfora, la mujer fantasea con la rana que gracias a su amor se transforma en Príncipe Encantador. Mientras que el hombre en principio reduce a la mujer a un objeto, el cual desea obtener, pero una que lo logra esto se vuelve deseo de otra cosa.

 

Avatares del amor contemporáneo

Cada caso en el amor es particular, y no es posible agotar todos los ejemplos en un sólo post. Curiosamente, la queja de muchas mujeres hoy es que “no hay más hombres, y si los hay no son para mí.” En estos casos, ponen al Hombre en el lugar de lo que les falta. Entonces, cuando aparece uno, les brillan los ojos ya que es una oportunidad única. Se aferran a él como si fuera un salvavidas en pleno naufragio. No se trata aquí de una experiencia de amor, sino de un estrago. El hombre por su parte, comprueba que es necesitado, mas no amado y literalmente huye. Una vez más se comprueba la teoría de que no hay más hombres, la tragedia femenina por excelencia. Pero si una mujer puede mover al hombre de ese lugar, notará extrañada como él deja de escapar.

Por su parte, los hombres también se movilizan cuando aman. Sobre todo en los casos en los cuales no están seguros de su virilidad, se dejan intimidad por la posibilidad de verse algo ridículos. Una de las respuesta es huir, como vimos anteriormente. Pueden presentar también, como dice Miller, retornos de su orgullo y mostrarse agresivos o indiferentes frente a su objeto de amor. Por ello, también puede desear a mujeres que no aman, para reencontrar algo de la posición masculina de la que se han despojado frente a aquella a la que sí aman. Es lo que Freud llamó la escisión del amor y del deseo en el hombre, mediante la cual tiene dos mujeres, la santa y la prostituta. Cada vez más, constatamos este fenómenos también en las mujeres.

amor

En fin, no existe un guión anticipado entre un hombre y una mujer. Como es el caso del espermatozoide que está destinado a encontrarse con el óvulo. Hoy compartimos la ilusión de que el amar es una destreza o un arte, que se puede aprender con la experiencia. La ciencia nos empuja a creer que el amor se puede medir estadísticamente, y que ciertas variables son indicadores del éxito o el fracaso en esta tarea. La conquista del amor se ha constituido en un logro más de nuestra lista, y la presión por conseguirlo nos lleva precisamente a aquello que va en su contra: la posesión, el poder, la fusión y el desencanto. Los amantes constatarán que esta sabiduría sobre el amor siempre nos llega a posteriori. Como bien dice Bauman:

“El amor no encuentra su sentido en el ansia de cosas ya hechas, completas y terminadas, sino en el impulso a participar en la construcción de esas cosas.”

 

Referencias bibliográficas:

  • Bauman, Zygmunt. Amor Líquido, Fondo de Cultura Económica. México D.F. Edición 2007.
  • Freud, Sigmund (1912). Obras Completas. Sobre la más Generalizada Degradación de la Vida Amorosa (Contribuciones a la Psicología del Amor). Amorrortu Editores. Buenos Aires, Argentina.

Fuentes:

Un nuevo malestar: la realidad virtual

«Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época.»
Jacques Lacan, Escritos 1 (1953)

El presente siglo se caracteriza por el desarrollo vertiginoso de una serie de fenómenos y procesos económicos, sociales, científicos y tecnológicos que permiten al ser humano vencer antiguas restricciones, primordialmente en el tiempo y el espacio. Surge y se impone la idea generalizada del mundo como una aldea global, habitada por los auto-denominados “ciudadanos del mundo”, donde los límites, tanto físicos como psíquicos, están en peligro de extinción. En el marco de estos avatares, surgen las redes sociales como una alternativa al establecimiento y mantenimiento de vínculos en un escenario virtual. Éstas han tenido un auge de dimensiones oceánicas, convirtiéndose en una parte fundamental de la vida de muchos individuos de la última década. Incluso ya pude afirmarse que toda una generación está creciendo en la época de las redes: Facebook, Twitter, Instagram, Snapchat, por mencionar algunas. ¿Cómo se articula en ellas el sujeto y su malestar?

realidad virtual

El malestar en la cultura

En su obra “El Malestar en la Cultura” (1930), Freud propone que

«… los seres humanos emprenden en común el intento de crearse un seguro de vida y una protección contra el sufrimiento por medio de una transformación delirante de la realidad efectiva.»

No es necesario más que el sentido común para darse cuenta que la vida está llena de dolores, desengaños, desilusiones y tareas indisolubles. Freud esboza que existen calmantes para soportarla, como las poderosas distracciones que brindan la ciencia, las satisfacciones del arte en sus diferentes formas o la embriaguez producto de las drogas. Todas estas son soluciones externas de las cuales el sujeto se apropia.

Sin embargo, el individuo también cuenta con diversas defensas psíquicas contra este sufrimiento. Primero, puede intervenir –o por lo menos intentarlo- sobre las pulsiones, mediante prácticas como aquellas provenientes de la sabiduría oriental o el yoga, que por una relación especial con el propio cuerpo resultan en una reducción de las posibilidades de goce. El segundo propuesto, es la sublimación, que da a la pulsión una salida que produce placer a través de la realización de un trabajo psíquico o intelectual. Estas actividades son socialmente reconocidas, como sucede con las diferentes prácticas artísticas, profesionales, hobbies, etc. La tercera defensa consiste en recrear y satisfacer en la fantasía aquellos deseos inalcanzables en la realidad, o aquellas situaciones insoportables. Una cuarta, no considerada una defensa, es el amor, pues al dirigirse a un objeto se obtiene la dicha anhelada a través del vínculo de sentimiento con ellos. Y por último, disfrutar de las formas y los gestos humanos mediante el goce de la belleza. Todo esto como consecuencia de lo irrealizable de la felicidad absoluta, ya que sólo es posible acercarse a ella en determinados momentos de la vida.

La realidad virtual

realidad virtual

En la sociedad actual estas soluciones psicológicas se ven facilitadas o entorpecidas por el giro tecnológico, científico y económico que promete al hombre obtener esta satisfacción plena que siempre le ha sido negada. Además, ofrece objetos susceptibles de crear y mantener la ilusión de esta promesa de felicidad plena. La realidad virtual, es por excelencia, la propuesta delirante de las ciencias informáticas, y que la sociedad ha acogido como natural y propia. Se basa en el empleo de computadoras y otros dispositivos para producir una apariencia de realidad que permita al usuario tener la sensación de estar presente en ella. La virtualidad radica en la generación de entornos de interacción que superan la necesidad de compartir el tiempo y el espacio. El uso más frecuente se vale de la conexión a Internet, a través de la cual es posible navegar e interactuar en tiempo real con distintas personas en espacios que sólo cobran existencia dentro de esta plataforma. El sujeto se desplaza en el ciberespacio, en el cual no es sólo un espectador, sino que surge en él la sensación de inmersión.

Para el Psicoanálisis, la realidad facticia no es percibida en su estado natural, pues está condicionada por la búsqueda del objeto del deseo, es decir, un objeto perdido que el sujeto buscará eternamente reencontrar. De acuerdo con Freud, en la pérdida de la realidad en los sujetos de estructura psíquica neurótica, se sustituye un escenario indeseado por las fantasías. Con la salvedad de que éstos dos dominios se mantienen separados y diferenciados por la acción del principio de realidad. Un individuo neurótico puede fantasear con aquello que desea, manteniendo la consciencia de que todo aquello no es parte de la realidad compartida con el resto de las personas, son contenidos de su mente. Siguiendo esta línea, un sujeto neurótico se aproxima a las redes sociales y es capaz de discernir que las mismas están plagadas de elementos que no concuerdan con la realidad.

El sujeto en las redes

realidad virtual

En los sujetos de estructura psíquica psicótica, la relación del sujeto con el entorno es distinta. Durante los meses que realicé la práctica profesional en un Centro para Rehabilitación Psicosocial en Madrid, observé el modo en que algunos usuarios se aproximaban a la tecnología, según su propio funcionamiento psíquico. Pedro era usuario del centro desde hacía unos años, dada su estructura psicótica había recibido atención en el circuito de Salud Mental. En ese momento, tomaba medicamentos, acudía a tutorías con psicólogos del centro, y participaba en diversos grupos de apoyo. Una de estas actividades grupales eran las clases de informática, donde les enseñaban entre otras cosas el uso del Internet y de las redes sociales. Luego de estas reuniones, Pedro se notaba angustiado, pues el hecho de establecer una cuenta en Facebook se asociaba con ideas paranoides. Comentaba haber creado su cuenta con un nombre ficticio, por temor a que sus amigos del colegio supieran que “es un loco”. Había hecho simultáneamente una cuenta con su verdadero nombre sin añadir fotografías. Estas ideas tenían una raíz en su estructura, pues es cualitativamente similar al modo en que se acomoda su psiquismo. La realidad puede llegar a confundirse con la virtualidad, y ya no están tan claros sus límites.

Partimos de la base de que las redes sociales son un medio a través del cual el sujeto encontraría una vía de exposición de lo que ya se presenta en su estructura psíquica: neurosis, perversión o psicosis. Lo interesante de esto es que el ser humano de las redes, cada vez más se conduce como un psicótico en su relación con las mismas, confundiendo lo que ocurre en ellas con aspectos que obviamente no concuerdan con lo real. Lo que debía ser una solución se ha transformado en otra manifestación del malestar que aqueja al sujeto del Siglo XXI. Una de las tantas salidas que propuso el sistema para brindar la sensación de obtener esa satisfacción absoluta e inmediata de las necesidades y deseos, paradójicamente se vuelve contra el sujeto y lo angustia, como vimos en el caso de Pedro. Reconocemos que las redes tienen beneficios innumerables, mas no podemos negar el precio a pagar por ellas, y contamos con numerosos casos que lo ejemplifican, lo escuchamos en la consulta terapéutica a diario. Existen otros fenómenos que también dan cuenta del andar del ser humano actual, como lo son la compulsión por lo nuevo, el culto a la imagen, la vuelta de lo privado a lo público, la mirada omnipresente, de los cuales trataremos en publicaciones posteriores.

En el vídeo que veremos a continuación se ejemplifica las situaciones que puede atravesar un sujeto hoy en día, y cómo lo manifiesta en el Facebook:

Finalmente, en una entrevista realizada en 2008 al filósofo esloveno Slavoj Zizek, en la presentación de su libro “The Puppet and the Dwarf”, éste apunta que hay cierto acuerdo sobre determinadas cosas que ocurren en la actualidad. Para esbozar este asunto propone una paradoja, con respecto a la apariencia de hedonismo predominante. La solución que propone el sistema es que se puede tener todo, bajo condición que se encuentre carenciado de su sustancia. Por ejemplo, tomemos más café pero descafeinado, comamos dulces con edulcorantes (sin azúcar), el sexo con protección, y así una larga lista. Lo virtual y las redes sociales ilustran este fenómeno, puesto que representan una realidad que no es más que ficción. Además, está plagada de conexiones donde escasean los vínculos como tal, tan frágiles que pueden desconectarse con sólo un click. En fin, todo un nuevo mundo por descubrir, un nuevo malestar.


Referencias bibliográficas:

Fuentes: