Atentados, musulmanes y la regla del PLAC

Los atentados del pasado 17 de agosto en Barcelona hicieron que muchas personas sintiéramos rabia e impotencia. Las cafeterías, los bares y las comidas familiares comenzaron a llenarse de opiniones, comentarios racistas y todo tipo de «fogos» y «fobias» hacia los musulmanes, terroristas o cualquier extranjero que pasara por ahí en ese acalorado momento. Este artículo surge a raíz de esas discusiones privadas que construyen nuestra realidad y ponen sin querer de manifiesto que la mayoría de personas desconocemos el funcionamiento de nuestro organismo el cual, por cierto, nos acompaña a todas partes a todas horas.

¿Pueden las personas o las cosas que nos pasan generar una emoción? ¿Cuál es el origen de las emociones? Gracias a la colaboración de Aïda Massana, este mes el artículo ha tomado la forma de video. En él abordamos estas y otras preguntas. Un video es algo inacabado que se termina con los ojos de la persona que lo mira. ¡Gracias!

 

Recordad siempre la regla del PLAC: una persona, un animal, una video o un lugar no tiene la capacidad de hacernos sentir nada, solo las ideas que hemos asociado a él.

PD: En este artículo, si os apetece, podéis profundizar un poco más en la regla del PLAC.

Karma, libertad y poder de elección

En el yoga hablamos constantemente del karma, el concepto hindú que hace referencia al destino, la ley de causalidad que gobierna nuestras vidas. A pesar de no existir prueba de su existencia, en demasiadas ocasiones lo consideramos como un hecho sin ni siquiera cuestionarnos qué es en realidad.

Karma es un concepto tan común en el Oriente y una especie de axioma para la cultura del yoga. En el yoga buscamos samadhi, el estado de conciencia que subyace a la liberación de las cadenas del sufrimiento kármico. Todos esperamos liberarnos del sufrimiento, pero ¿en qué medida realmente entendemos el karma?

Se dice que el Karma es la ley universal de causa y efecto. El origen de la ignorancia y la esclavitud. El punto seminal de nuestra misma existencia. ¿Hasta dónde llega este determinismo?

Estoy en este lugar en particular debido a una elección. El estado de mi cuerpo, por ejemplo, depende de una decisión consciente, quiero sentirme bien así que decido hacer asanas y comer saludablemente. Pero no siempre actuamos de este modo…si no no tendríamos nunca resaca. Ayer bebiste más de la cuenta, hoy te toca afrontar las consecuencias.

La causalidad es un hecho, pero ¿hasta dónde podemos permitirnos el lujo de estirar esta idea mientras mantenemos intacta su lógica y su practicidad?

Los textos yóguicos describen el contenido de nuestra mente como la causa de nuestra esclavitud y angustia. El Yoga dice que samskaras (impresiones de eventos pasados) y vasanas (deseos insaciables) contaminan la mente y nos impiden experimentar la verdad de nuestra libertad.

La ciencia moderna ha demostrado recientemente que la actividad mental influye en la estructura de nuestro cerebro. La calidad de nuestros pensamientos se transmite a todas las partes del cuerpo a través de señales químicas y produce conexiones específicas entre nuestras células nerviosas. La meditación diaria hace más gruesa la materia gris, mientras que el miedo mata a las neuronas. Cada tipo de entrenamiento seriamente mantenido crea nuevas vías neuronales, mientras que la falta de repetición de cierta información debilita las conexiones sinápticas, llevando al olvido.

¿Qué tiene esto que ver con el karma? El karma se puede definir como el poder de elección. Nuestra condición futura depende de nuestras opciones actuales. Yo elijo salir de fiesta o quedarme en casa y meditar.

Además de las consecuencias obvias de estas decisiones, cada elección repetida refuerza en el cerebro una conexión específica y compleja entre las neuronas. Todas las demás posibles relaciones neuronales se debilitan y olvidan lentamente. Cada vez que nos enfrentamos a la misma situación en el futuro también traerá un rango más limitado de la libertad. Nuestros pensamientos predominantes forman nuestros cerebros.

El karma está en nuestro cerebro

Desde esta perspectiva, claramente, el karma no es un guardián que proteja las puertas del cielo cual gorila de discoteca. No es un Dios feroz en los cielos contando nuestros pecados. Está en nuestro cerebro. Lo que aprendimos, lo que repetimos, lo que elegimos en el pasado nos hace más propensos a tomar el mismo camino, a «ver la misma solución», a vagar en la misma gama de patrones mentales.

El almacenamiento emocional en el sistema límbico de nuestro cerebro determina las reacciones instintivas a los acontecimientos presentes; Los yoguis hablan de samskaras, las impresiones que dan forma a nuestras mentes y crean esclavitud. Estas impresiones, todos los deseos, el contenido de la mente o la estructura del cerebro crean un destino para nosotros.

¿Cuánto somos conscientes de todas las opciones disponibles para nosotros? ¿Cuántos nos atrevemos a tomar otro camino o incluso a investigar alternativas diferentes? ¿Cuánto de elástico es nuestro cerebro?.

La mayoría de la personas consideran los atascos de tráfico como situaciones muy estresantes. Mientras que el estrés está destinado a protegernos, un atasco de tráfico no es exactamente el equivalente a una agresión que amenaza la vida. La preocupación no va a cambiar el color del semáforo.

Es obvio que el estrés se origina principalmente en la mente y, sin embargo, ¿cuánto control tenemos para detenerlo? ¿Qué pasa si llego tarde, qué pasa si se va, qué pasa si la tienda está cerrando, y si mi jefe me necesita? Todos los «qué pasa si» son producciones de muchos recuerdos almacenados de sufrimiento o proyecciones de una mente intranquila.

¿Cuánta libertad tenemos para escoger entre una sonrisa o un ceño fruncido cuando los coches no se mueven y ya llegamos tarde? Siempre nos queda la opción de disfrutar de un breve descanso. Poner música, disfrutar de la comodidad de nuestro asiento, o incluso de la presencia de la persona que nos acompaña. Las alternativas están ahí. ¿Las tomaremos? ¿Llegaremos sonrientes o cabreados a nuestro destino?.

En yoga los vasanas y los samskaras son «quemados» por el poder de la práctica. Meditación, kriyas (técnicas de purificación), karma yoga y técnicas específicas de kundalini. A través de su práctica los grados de claridad mental y la libertad se elevan y uno puede finalmente hacer la elección de descansar en su verdadero Ser.

Tal vez no es científicamente preciso referirse al destino y la predeterminación. Sin embargo, el poder de nuestras opciones predominantes en el presente claramente moldea el futuro y esto es un hecho científico. También es la psicología en la ciencia la que demuestra la expresividad profunda de metáforas y símbolos. Las vías neuronales sinápticas son difíciles de entender, pero la palabra karma las describe también.

El yoga, las leyendas, el folclore, las creencias comunes y la neurociencia hablan en términos diferentes sobre el poder de nuestras opciones actuales. Lo que está más allá de este tiempo presente podría no ser tan fácil de probar o negar, pero el yogui práctico no necesita mirar en sus acciones más allá de ahora para cambiar el karma futuro.

 

Traficando con las emociones

¿Qué es una emoción?

Las emociones son energías que necesitas expresarse. Y eso es lo que debemos hacer con ellas. Sentirlas, y expresaras siempre que sea posible. Hay veces que podremos expresarlas de forma saludable, y otras veces, por ejemplo, si nos encontramos en un lugar donde no sea fácil, podemos «posponer» su expresión, y esperar a estar en un lugar más seguro.

Cuando se reprimen de forma crónica, se imprimen en el inconsciente y pueden hacernos mucho daño.

 

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Otro elemento importante a tener en cuenta es que además de ser «humanos», y por lo tanto, ser seres inteligentes, también somos animales. Somos mamíferos. Somos «bichos». Y esto es algo que olvidamos con mucha frecuencia. En tanto que animales, no podemos elegir las emociones que sentimos.

No podemos decidir qué nos conviene sentir y que es mejor no sentir. Simplemente sentimos, y no tenemos ningún control sobre ello. Una vez se presenta una sensación o una emoción en nuestro cuerpo, sólo nos queda expresarlo de la mejor manera posible.

Y aquí viene el problema. Cuando éramos niños, pudo ocurrir cualquiera de estas dos cosas. O nos permitieron expresar ciertas emociones, o nos lo prohibieron. Y a menos que hayamos hecho un profundo trabajo personal, repetiremos ese patrón. Si se nos permitió expresar la rabia, ahora podremos expresar esta emoción. Si se nos prohibió expresarla, ahora la reprimiremos.

 

Santa flexibilidad

Cuanto más «derecho» se nos dio de niños, como individuo o como familia, para acceder a las diferentes emociones, más habremos desarrollado la capacidad de adaptación, flexibilidad y evolución. Ya que habremos podido integrar la libertad de «sentir» y expresar, y no habremos tenido que reprimir nada.

Haciendo uso de esta libertad, habremos aprendido a sentir esa emoción. A reconocerla y a acogerla como una realidad y un recurso útil. Una vez reconocida y acogida, sólo queda encontrar el canal más aceptable para expresarla de forma constructiva para la persona y para el entorno.

 

Terrible represión

Cuanto más grande sea el número de emociones prohibidas, más privados nos encontraremos de la cantidad de información que se esconde tras la emoción. Y por ende, más probable será el bloqueo de dicha emoción.

Como hemos dicho, una emoción es energía constructiva para el individuo. Es un recurso muy útil. Del mismo modo, emoción reprimida, es energía constructiva bloqueada. Un rechazo firme y repetitivo de una emoción sólo consigue aumentar la intensidad del eventual bloqueo.

La emoción reprimida se puede comparar al agua de un río que se encuentra con una barrara. De alguna forma, el agua consigue seguir su curso, ella misma buscará la manera. Y eso mismo nos ocurre a nosotros, ese río de emociones que llevamos dentro de nosotros sigue su camino a nuestras espaldas (en nuestro inconsciente), y tomará formas insospechadas que podrán sorprendernos y cogernos desprevenidos.

Si aprendemos a observamos, así podríamos explicar muchos comportamientos impacientes o accesos de rabia inexplicables.

 

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«Te lo prohibo»

Estas «prohibiciones» pueden producirse en toda la familia, en un individuo o en varios. De esta forma, es frecuente que en una familia haya una única persona a la que se le permite la expresión de una emoción que queda prohibida para todos los demás. Esta persona se convertirá en la válvula de escape para todos los miembros del grupo. Y llevará sobre sus espaldas el peso del bloqueo emotivo de toda su familia.

De esta forma, toda prohibición de tipo emocional se convierte en una obstáculo que debe salvarse y cada cual, aún sin buscarlo, encontrará un canal de expresión diferente, que a menudo es paradójicamente el opuesto. Así buscamos espontáneamente las respuestas posibles que nos ofrece el código aceptado de nuestra familia, revisando aquellos que sí se nos está permitido expresar.

 

Tráfico de emociones

Eric Verne denomina este proceso «tráfico de emociones». Él estudio que era posible predecir el canal más probable que una expresión prohibida puede escoger para expresarse.

Algunas de estas expresiones, según Jean Monbourquette:

 

– La prohibición de la tristeza, de la pena o del sufrimiento se transforma generalmente en falso consuelo hacia los demás, en agresividad, en hiperactividad y en somatización.

– La prohibición de la ira se convierte en tristeza y sentimiento de culpabilidad que puede hacerse permanente.

– La prohibición de la culpabilidad suele convertirse en una tendencia a acusar compulsivamente a los demás.

– La prohibición de la alegría y la risa provoca culpabilidad y autocastigo repetitivo.

– La prohibición de la debilidad y la depresión crea aires de grandeza y complejo de superioridad.

– La prohibición de la fuerza engendra la tendencia a mostrarse débil y dependiente, a sentirse triste y a somatizar los problemas.

 

Este tipo de respuestas que aparecen en presencia de las necesidades emocionales, es menos satisfactorio para la persona que la expresión libre de la emoción reprimida. Además, esta forma de proceder conduce a la reproducción constante de la fórmula de reemplazo.

Por otra parte, la repetición constante de un tipo de emoción incomprensible en una persona, nos permite deducir la presencia de esa serie de emociones reprimidas.

A nivel familiar, la adopción de una característica excesivamente mostrada por toda una familia significará que ambos padres comparten esa emoción «prohibida». Es el ejemplo de una familia que siempre parece feliz, y a los que nunca hemos visto enojados o tristes. O que siempre están quejándose o malhumorados.

Si esto no ocurre, y los padres son divergentes en relación a la expresión de una misma emoción, los hijos bascularán de una forma de expresión a otra según el contexto, y generalmente de forma inconsciente.

 

Oponerse al tráfico de emociones

Para oponerse al tráfico de emociones, los adultos debemos permitirnos los medios para defender nuestros derechos y expresar cada una de nuestras emociones.

En lo que respecta a los niños, la transmisión del derecho a vivir sus emociones se transmite a través de los adultos que tienen responsabilidad sobre ellos. El niño, una vez adulto, tiene que inventariar de algún modo lo que ha vivido y aprendido de los responsables de su educación.

Es su responsabilidad efectuar los cambios necesarios para su evolución, que tendrá un efecto directo sobre sus propios hijos. Un adulto que ha aprendido a expresar libremente sus emociones será un padre que le transmita esa misma libertada a sus hijos.

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Fuentes:

  • Psicogenealogía. Daris y Lise Langlois. Ediciones Obelisco. 2 edición del 2014.

Fotos:

 

La vida ¿es sueño?

Entre la realidad y el sueño

Cada día de nuestras vidas, cada noche cuando dormimos, experimentamos un estado de conciencia en el que proyectamos a través de nuestra mente un universo nuevo. Se trata del universo onírico, el mundo de los sueños. A veces soñamos parajes y situaciones que nos hacen sentir muy a gusto y si el despertador nos encuentra en ese agradable momento es fácil que pensemos “¡ay! Un poquito más. No quiero perderme lo que seguía, ¡estaba tan a gusto!”.

Otras veces ocurre justo lo contrario, nos despertamos de una pesadilla y al abrir los ojos con sobresalto nos decimos “¡uff, menos mal que sólo era un sueño!”, y aún necesitamos beber un poco de agua o hacer unas respiraciones antes de volvernos a dormir. En ocasiones los sueños nos parecen tan reales que al despertar no estamos seguros de si fue sólo un sueño o si ha ocurrido en realidad. Y aquí llega la gran cuestión ¿cuál de las dos realidades es la real?, ¿qué es lo que distingue la vida “real” del sueño?

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Procesando nuestras vivencias

En tanto que los sueños nos ayudan a procesar asuntos inconclusos que han quedado registrados en nuestro subconsciente, forman parte de la vida “real”, es decir, desde un punto de vista global el mundo de los sueños forma parte de la vida “real”. Ahora bien, es el sueño en sí aquello que decimos que no es real. Por ejemplo, sueño que veo a un amigo que hace mucho tiempo que no he visto, hablamos y nos comunicamos unos mensajes. Al despedirnos nos damos un sentido abrazo.

Diríamos que lo real es el hecho de haber soñado y los motivos que tal vez me hayan llevado a soñar esto: justo hace un par de días vi a alguien que me recordó a este amigo y estuve pensando en él. Lo que no es real es el encuentro con este amigo, ya que sólo ha ocurrido en una proyección interna de mi mente. En cualquier caso el elemento más importante que nos marcar la línea que divide la realidad de los sueños es el despertar. Solamente al despertar puedo estar segura de que lo anterior fue un sueño.

La vida es sueño

En la España del s. XVII Calderón de la Barca reflejaba en su obra, La vida es sueño, la idea de la vida como un sueño del cual sólo despertamos en el momento de la muerte. El monólogo más famoso de esta obra dice:

“(…) Sueña el rey que es rey, y vive

con este engaño mandando,

disponiendo y gobernando;

y este aplauso, que recibe

prestado, en el viento escribe

y en cenizas le convierte

la muerte ¡desdicha fuerte!:

¿que hay quien intenta reinar

viendo que ha de despertar

en el sueño de la muerte?

Sueña el rico en su riqueza,

que más cuidados le ofrece;

sueña el pobre que padece

su miseria y su pobreza (…)

¿Qué es la vida?, un frenesí.

¿Qué es la vida? una ilusión,

una sombra, una ficción,

y el mayor bien es pequeño:

que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son.”

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En la tradición hindú el advaita vedanta también plantea la misma cuestión pero con una pequeña y gran variación: ¿y si la vida fuese como un sueño?. Ese “como” marca una gran diferencia. El advaita vedanta no pretende afirmar que la vida que vivimos es en sí misma un sueño completamente irreal, sino que nuestra percepción de la vida es como un sueño del cual podemos despertar. Es decir, podemos despertar a otra forma de percepción de la realidad y con ello descubrir un nuevo mundo.

A diferencia de la idea de que la vida es un sueño del cual despertamos en el momento de la muerte, como exponía Calderón de la Barca, aquí no es necesario morir en el sentido literal de la palabra para poder despertar.  Lo que sí es necesario es morir al ego y a sus formas de percepción e identificación. No se trata de algo mágico, en el sentido de que uno vaya a percibir un mundo de luces y colores, sino de abrirnos a conocer el mundo de otra manera tan distinta que nuestra antigua percepción nos parezca un sueño.

¿Qué ves y cómo lo ves?

¿Has hecho alguna vez algún juego de percepción en el que tienes que descubrir una figura “escondida” en la globalidad de la imagen?

Al principio la imagen general aparece como como si fueran manchas o bien sólo puedes detectar una forma concreta y no ves la alternativa. Tú te esmeras en buscar qué otra percepción se puede tener de la imagen. ¿Te ha ocurrido que no había manera de dar con la solución hasta que alguien te la ha indicado? ¿Y no ocurre entonces que cuando por fin ves la solución ya no puedes dejar de verla? Por mucho que quieras volver a la percepción anterior no puedes dejar de ver la imagen concreta que por fin detectaste e incluso ni te explicas cómo es que te costó tanto verlo.

Pues bien, con la percepción del mundo y de la “realidad” ocurre lo mismo. Una vez descubrimos otra forma de realidad y la integramos, ver el mundo de la forma limitada que lo veíamos antes nos parece un sinsentido, nuestra percepción anterior fue como un sueño.

En otros casos ni si quiera la percepción a través de los sentido cambia, pero sabemos que en realidad las cosas son de otra manera. Seguimos viendo el sol salir por el este y ponerse por el oeste y en cambio, sabemos que el sol ni sale ni se pone y que es la tierra la que al girar a su alrededor dando la sensación de que sale por un lado y se esconde por otro. Veamos el ejemplo con unas figuras:

¿Cuál de los dos te parece más largo?

 

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Pues son iguales. ¡Mira!

 

El conocimiento que todo lo cambia

Nosotros vivimos la vida como en un sueño: a veces gozando de los placeres y momentos agradables, otras veces sintiendo dolor y miedo. Tanto una cosa como la otra dependen de nuestra proyección mental, de nuestra forma de conocernos, conocer el mundo y relacionarnos con él. El CONOCIMIENTO en este sentido LO CAMBIA TODO. Igual que al despertar de un sueño nos damos cuenta de que sólo fue un sueño, al despertar a una nueva forma de comprensión nos damos cuenta de que la vida que estábamos viviendo era lo mismo que un sueño.

 

¿En qué consiste el conocimiento del que hablamos?

Consiste en darnos cuenta de lo pasajero de todo lo que nos rodea así como de nuestro cuerpo, nuestros pensamientos, emociones… Darnos cuenta de que términos como “yo” y “mío” están vacíos, son sólo nombres. Todo aquello con lo que me identifico y a lo que llamo “yo” habitualmente es efímero y cambiante.

Este es mi sueño: nací en el mes de octubre y pesé muy poco. En el lugar donde debiera estar mi paladar había un agujero, así que en el hospital me apartaron varios días de mi madre para poder hacerme un seguimiento médico. Fui una niña inquieta y a la vez dulce y amable. Era servicial, siempre dispuesta a contentar a los demás. Delgadita, pequeña, morena y fuerte….

Podría seguir con el sueño que podría ser completamente distinto y haber soñado que nací en un mes de julio, con gran tamaño y peso y que enseguida mi madre me pudo tener entre sus brazos mientras yo me cogía a su pecho. Podría haber soñado que fui una niña tranquila y parada.

A veces sueño que me ocurre algo maravilloso y me siento contenta y satisfecha, otras veces sueño que estoy triste porque algo me ha dolido, o que me siento enfadada.

Conocer es ante todo CONCIENCIA, DARSE CUENTA, OBSERVAR. ¿Has tenido alguna vez un sueño consciente? Se llama sueños conscientes a aquellos en los que dentro del propio sueño uno se da cuenta de que está soñando y elige cómo vivir su sueño.

El DESPERTAR

¿Y si ocurriese lo mismo con nuestra vida? En el momento en que puedo darme cuenta de que estoy soñando algo dejo de ser esclava de mis sueños.

Del mismo modo, en el momento en que me doy cuenta de que yo no soy todos los juicios, pensamientos y emociones pasajeros que me atribuyo, puedo entonces observar lo que queda, la plenitud del Ser, Eso es lo que soy. No soy lo cambiante y pasajero con lo que siempre me identificaba, esa vida mía era como un sueño.

Darse cuenta de que la vida es como un sueño nos permite vivirla sin apego, observando todo lo que va y viene, todo lo que aparece y desaparece mientras Algo mucho mayor en nosotros es consciente de estar soñando. Entonces podemos movernos con plena libertad en el sueño de nuestra vida, igual que una araña se mueve libremente por la tela que ella misma ha tejido.