Padres, hijos y abuelos: El trío Lalala

Ya sabemos el dicho ese de «tres son multitud» y el de «donde hay patrón, no manda marinero». Y es que con la llegada del primer bebé, cuando los padres se convierten en abuelos… la ilusión y la tensión toman el timón a partes iguales.

Hay que tener en cuenta que con el nacimiento de un/a hij@, no sólo aparecen los roles parentales, si no que «nacen» también los roles de los abuelos y las abuelas. Y ante este nuevo estatus, lo que antes servía, ahora no. Hay que desmontar y volver a construir. Como los playmobil.

Con la llegada de la tercera descendencia, en realidad, toda la estirpe se vuelve un poco loca, siendo el bebé el centro de todos los miedos inconscientes y deseos escondidos en ambas generaciones. Así pues, la avidez de infancia puede, si no se toman medidas, crear tensiones y amplios desacuerdos.

Contextualizando el terreno

Teniendo en cuenta la diversidad, -porque excepciones siempre las hubo y las habrá-, por lo general en España gozamos de un tejido familiar muy rico y de unas relaciones intergeneracionales que son más cercanas y cálidas que en otros países europeos. Esto tiene muchas ventajas como, por ejemplo, la fuerte red de apoyo informal que existe entre los miembros de las familias, que supone,- todo hay que decirlo- una descarga de peso ante la deficiente conciliación laboral/familiar de este país. Por otro lado, también la rica tradición de costumbres, recuerdos e historias que se transmiten de abuelos a nietos, enriquece la identidad de las propias raíces.

 

tradiciones

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Sin embargo, esta situación tiene también su parte negativa, porque esta cercanía en la que los límites son a veces difusos cuando no hay un bebé por medio, tiende a querer mantenerse en status quo cuando los hijos pasan a ser padres y los padres, abuelos. La nueva familia creada con el bebé      ( lo que llamamos familia nuclear) necesita tener muy claro que es un nuevo sistema con un núcleo independiente, con sus fronteras propias y emancipado de las familias de origen, ambos miembros respectivamente.

De no ser así, el equilibrio homeostático anterior puede verse afectado. Así lo expresa el mediador familiar Ignacio Tornel:

«hay riesgos asociados a este fuerte tejido de familia extensa. La nueva familia creada debe partir con la premisa previa de que si no se mantiene el equilibrio de los lindes, el terreno está abonado para el conflicto».

Las cosas claras y cada uno en su lugar

Uno de los grandes desafíos a la hora de fortalecer el nuevo núcleo familiar es establecer una jerarquía adecuada, donde los roles y las expectativas de todos los miembros estén  «en su sitio«.

Minuchin (1986), reconocido terapeuta familiar de la corriente sistémica, señaló que los miembros de una familia se relacionan de acuerdo a ciertas reglas que constituyen la estructura familiar.

En cada estructua familiar se pueden observar lo que él denominó límites, definidos como:

» reglas que definen quiénes participan y de qué manera lo hacen en la familia y que tienen la función de proteger la diferenciación del sistema» (Minuchin, 1986)

Éstos se clasificarían, según el autor en a) claros, todos saben lo que se debe hacer y qué se puede esperar. Propio de las familias funcionales b) difusos, donde las reglas no son claras ni firmes, sino ambivalentes y permiten muchas intromisiones e invasiones, con confusión de roles. Propio de las familias aglutinadas o dependientes y c) rígidos, con unas reglas demasiado tajantes que no permiten la entrada ni salida de miembros en el núcleo familiar. Propio de las familias desligadas.

Los límites son muy importantes para un funcionamiento familiar adecuado, principalmente en los periodos de cambios vitales, como es el nacimiento de un bebé.

De este modo, los nuevos padres pueden desarrollar sus funciones sin intromisiones ni invasiones en su función pero a su vez, permiten también el enrequicimiento que nace del contacto frecuente con otros subsistemas, como es el caso de los abuelos.

 

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Cada etapa requiere de nuevas reglas de interacción familiar, tanto al interior como al exterior del sistema familiar. Sin embargo, hay familias que pueden permanecer atoradas en una etapa, a pesar de que el sistema familiar requiere de una transformación ante nuevas situaciones y establecer los límites claros, flexibles y funcionales.

Por ejemplo, si los límites en una familia con un nuevo bebé, son claros y respetados, los padres como equipo tendrán una autonomía consensuada para decidir o elegir lo que ellos como responsables de la educación del bebé deseen, sin que los abuelos (tanto de una parte como de la otra) intenten entrometerse queriendo convertirse en pseudopadres, y al mismo tiempo, manteniendo buenas relaciones interpersonales con ellos, permitiendo el derecho propio de disfrutar de la alegría del abuelo/a.

Las tres abuelas

Los abuelos pueden representar verdaderos desafíos para los padres primerizos, pero lo cierto es que su relación con los nietos es de vital importancia, siendo con frecuencia, los momentos que se pasan con los abuelos, bonitos recuerdos de la niñez que merece la pena seguir conservando. Por no nombrar el hecho que tener a los abuelos cerca en familias en las que ambos padres trabajan, es un recurso muy útil.

Sin embargo, en otras ocasiones, la presencia de un abuelo o abuela intrusivo /a o controlador/a, puede dar lugar a verdaderos quebraderos de cabeza.

Helene Deutsch, importante psicoanalista, describió en su obra, tres tipos de abuela:

Por lado las que continúan su maternidad a través de sus nietos, que son sentidos como los más pequeños de sus hijos. Estos le ofrecen una extensión de su maternidad bajo nuevas circunstancias y con nuevas posibilidades, lo que puede provocar luchas internas con la madre biológica del bebé, al inducir de manera inconsciente una intromisión excesiva de la abuela en la tarea educativa de los padres.

El segundo tipo es el de la abuela que acepta su estado como un don que le llega, mediante la identificación con su hija o su nuera, lo que pude abrir paso a una rivalidad latente por la atención del hijo.

El tercer tipo es el llamado abuela por excelencia, aquella que se siente más libre que en cualquier otra fase de la vida, y quizá enfrenta la vida con la misma tranquilidad que un niño pequeño. Se ha liberado de sus propias miedos y deseos inconscientes. Representa tan sólo un peligro para los esfuerzos pedagógicos de la madre, ya que mima a los niños, pero sus mimos son un acto de sabiduría y bondad.

 

Esto es, los padres tienen que hacer malabares entre ser autoritarios y ser amigos pero los abuelos puede enfocarse sólo en ser «amigos» y empaparse de la alegría de sus nietos sin el estrés que supone sentir que se están equivocando en su educación.
Concentrarse en aclarar estos puntos clave y limitar los roles, muchas veces permite a los padres ayudar a reducir la intrusión de los abuelos sin heridas ni sentimientos de culpabilidad. Y reducir, al mismo tiempo, la sobrecarga de algunos abuelos ante las demandas excesivas de los padres en el cuidado de los nietos.

Mantener el equilibrio padres/abuelos

Hay que tener una cosa clara: los abuelos pueden aportar, pero los padres tienen la última palabra.

La participación excesiva de los suegros o abuelos en la crianza de los niños para algunas parejas puede resulta molesta. De igual forma, muchos abuelos se sienten rezagados de la vida familiar al no contar con el apoyo de la nuera o del yerno a la hora de aportar sus conocimientos en el bienestar de los nietos.

De acuerdo con la psicóloga Annie de Acevedo:

«los padres de la pareja se involucran en la crianza de los pequeños porque cuentan con más experiencia que sus hijos y, por consiguiente, creen que lo hacen por su bien, para prevenir de un peligro.»

En la mayoría de los casos es así, pero es importante, no obstante, ante los sentimientos de falta de autonomía o invasión en la toma de decisiones de la pareja, replantear las funciones y expectativas de todos los miembros de la familia para encontrar un nuevo equilibrio.

Hay que hacerles entender de una manera asertiva, firme pero amable, que los abuelos ya criaron y educaron de la mejor manera que supieron y pudieron hacerlo a sus hijos. Unos con más acierto y otros con menos. Del mismo que ahora los nuevos padres tienen que hacer con sus hijos: educarles lo mejor que saben y pueden (con sus aciertos y sus errores).

Según Marcela Ariza, directora del Instituto de la Familia, las funciones principales de los abuelos serían las siguientes:

  • Dar consejo, principalmente si se lo piden y asumiendo que un consejo no es una orden ni tiene porqué ser llevado a cabo.
  • Transmitir valores familiares, recuerdos y tradiciones.
  • Ser un compañero de juegos, hasta donde el estado de salud lo permita.
  • Ser un modelo de envejecimiento y ocupaciones.
  • Ayudar en momentos puntuales, como divorcio, enfermedad, cuidado puntual de los nietos para las salidas de los padres como pareja.

Reflexión

La meta es tratar de hacer posible para que el bebé pueda disfrutar del mayor tiempo de calidad con sus abuelos, sin que ésto suponga un conflicto para la educación del mismo. Así pues, los problemas entre los abuelos/padres necesitan ser apartados del camino y tratados por los adultos con diligencia para que no sea el nieto el que sufra las consecuencias por exceso o por defecto.

Los abuelos, -con sus más o sus menos-, están para jugar, consentir, mimar, volver a ser niños con sus nietos y dar una mano a los padres. Son los encargados de transmitir las tradiciones, costumbres, anécdotas, recuerdos e historias de generaciones propias de esa familia en particular.

En la medida de lo posible, no les privemos de este derecho a los nietos.

 

Fuentes:

Minuchin, S. Técnicas de terapia familiar. Paidós. 2007

Satir, Virginia. Nuevas relaciones humanas en el núcleo familiar. Ed. Pax Mexico. 2015

Referencias:

Pereira, E. en https://dreduardopereiraastudillo.wordpress.com/2011/06/14/relacion-suegra-nuera-y-el-rol-de-la-abuela/  Psicopatología femenina

Bello, D. en http://www.abcdelbebe.com/etapa/nino/12-a-24-meses/comportamiento/consejos-para-evitar-conflictos-con-los-abuelos-en-la-crianza  ABC del Bebé

Llenando el nido que quedó vacío: La emancipación de los hijos

Los modelos de familia han sufrido transformaciones a lo largo de la historia, evolucionando y adaptándose al estilo de vida social de cada época. Así como en nuestra historia reciente vemos por ejemplo que en el siglo XIX y comienzos del siglo XX la configuración más común era la familia multigeneracional, que explica la presencia de varias generaciones conviviendo en el mismo lugar y  generalmente compartiendo la misma actividad económica, ya que usualmente las personas vivían en campos, su primera actividad económica era la agrícola familiar. Estos  modelos familiares se definirían hoy en día con dinámicas “aglutinadas”, en lo que se profundizará más adelante.

Esta modalidad de familia se fue transformando, individualizando y en la actualidad predomina la familia nuclear, conformada básicamente por la díada padres – hijos; por lo que se puede concluir que el modelo social de familia ha buscado más bien la individualización y parcelación, fenómeno que se puede ver más frecuentemente en occidente.

 

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En la actualidad la parentalidad está enfocada en el desarrollo de vínculos afectivos más fuertes, ya que se privilegia  la participación de ambos padres y otros actores  familiares que apunten al desarrollo de un apego seguro en el niño, que facilite el desarrollo y expresión emocional, por lo que afortunadamente (por lo menos en la mayoría de los países occidentales) los roles de género tradicionales de unos 50 años atrás, ha cambiado, gracias a la lucha y a la conquista de espacios de personas y grupos que ayudaron a facilitar la visualización de una parentalidad más nutritiva e igualitaria, mostrando la importancia y el impacto de ambas figuras parentales en la crianza, lo que generara experiencias más liberadoras tanto para padres como  para hijos.

 

 

Los ciclos vitales de la familia

Dentro de la familia se esperan que surjan ciertas crisis que son esperadas para poder evolucionar y pasar al “siguiente nivel”, estas crisis  van a moldean el carácter de la misma y va a permitir el crecimiento de los miembros de un grupo familiar, o por el contrario el estancamiento en una etapa, lo que patologizaría el desarrollo familiar.

Tenemos las crisis normativas o esperadas  y las crisis circunstanciales o inesperadas,  esto igualmente se le llama Ciclo Vital.

Crisis normativas: son aquellas crisis esperables en el ciclo de la vida. Algunos  por ejemplo son determinados por las diversas etapas biológicas, otros por condicionamientos de la sociedad. Por ejemplo: luego del nacimiento de un hijo, podemos observar una crisis (y entiéndase como cambio)   cuando ya éste debe incorporarse a un sistema de estudio formal. Igualmente por ejemplo los padres que pasan de su edad productiva a la jubilación.

Crisis no normativas: se puede define como  eventos inesperados o accidentales en la vida de un individuo o familia, por ejemplo la separación de la pareja, la muerte de algún familiar, mudanzas, entre otros. Se observa como una amenaza a la supervivencia familiar y requiere de la activación de mayores recursos para su superación.

Salvador Minuchin (1986) indica que la familia se desarrolla en el transcurso de cuatro etapas principalmente a lo largo de las cuales el sistema familiar sufre variaciones; los períodos de desarrollo pueden provocar transformaciones al sistema, un salto a una etapa nueva y más compleja:

  • Formación de la pareja.
  • La pareja con hijos pequeños.
  • La familia con hijos en edad escolar y/o adolescentes.
  • La familia con hijos adultos.

Minuchin también señaló que cada etapa requiere de nuevas reglas de interacción familiar, tanto al interior como al exterior del sistema. Sin embargo, hay familias que pueden permanecer en una etapa, a pesar de que el sistema familiar requiere de una transformación ante nuevas situaciones. Igualmente explicaba sea cual sean las características de la familia (ya sea de padres divorciados, de familia monoparentales, de familia con niños en diferentes etapas de ciclo vital, ejemplo hijo lactante e adolescente al mismo tiempo) si llegase a existir el estancamiento en alguna etapa del ciclo vital puede llevar a la disfuncionalidad familiar y manifestaciones sintomáticas.

 

 El arte de saber volar

Como ya hemos visto, dentro de la familia se espera la aparición de diversas etapas, que van a facilitar el crecimiento de la misma. Una de las etapas más difíciles dentro de una familia es cuando los hijos se marchan de casa. Dependiendo de la cultura esta etapa llega antes o después. Por ejemplo es bien sabido que en la cultura de Estados Unidos la emancipación se espera ya cumplido los 18 años. Se puede observar igualmente que en las culturas como Latinoamérica o España, esta salida de casa es un poco más tardía.

Pero entonces, ¿que hace que un proceso de emancipación sea realmente exitoso sin que ponga en riesgo la estabilidad familiar?

Primeramente hay que entender el proceso de emancipación como eso, un proceso, lo que quiere decir que son un conjunto de eventos sucesivos que generan un hecho en específico. Es decir, que una persona no se levanta un día con ganas de independizarse y emancipar, sino que hay una serie de eventos anteriores que prepararon el terreno  para que pudiese tomarse la decisión.

Este proceso idealmente debe estar preparado por los padres, quienes son el primer modelo que un hijo toma como referencia para afrontar la vida. Igualmente hay ciertos factores que  participan en la salida definitiva de un hijo de casa, como lo es la posibilidad del sostenimiento económico por sus propios medios.  En la actualidad vemos adultos aun conviviendo con sus padres, no por un tema de dificultad para separase, sino por la imposibilidad de costearse una vida de manera independiente.

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A este proceso participan características propias de las familias que favorecen o no la salida saludable de un integrante al mundo exterior de manera independiente:

Los padres, o las personas encargadas de la crianza del niño, tienen que promover el desarrollo de la independencia y la seguridad en sí mismo con actividades adaptadas para la edad que vayan moldeando el apego y generen la individualización de este niño. Estas primeras “practicas” van a generar una autonomía plena y sana que favorecerán la futura participación como adulto son en la sociedad. Para esto recomiendo leer el artículo Aprendiendo a ser padres: La Autonomía y la Responsabilidad. 

Algunas condiciones de las familias van a determinar la salida temprana o tardía de los hijos. En este sentido la Psicología Sistémica plantea varias características que se explican a continuación:

Minuchin establece un término que facilita la visualización de las características de interacción.  Introduce el término de Límites, lo cual define como el sistema de reglas que van a regir la dinámica de una familia. Junto con las fronteras familiares, los cuales permiten o no la permeabilidad de participantes o sistemas externos al sistema familiar a través de la  exposición e interacción.

  • Los límites claros, los se representan como un conjunto de reglas que permiten la adaptación ideal de un sistema familiar. Los miembros de la familia respetan espacios y conocen las funciones, roles de cada uno. De tal manera que vemos padres ejerciendo de padres y respetando el espacio de sus hijos y viceversa. Las fronteras de estas familias igualmente están abiertos lo que permite la interacción con otros sistemas familiares nutriéndose de ellos.

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  • Los límites difusos, son aquellos que pertenecen a un sistema de reglas difíciles de establecer,  se pueden observar en las familias aglutinadas, aquellas donde los miembros confunden los roles, traspasan espacios correspondientes a otros miembros, existe un exagerado sentido de pertenencia; ausencia o pérdida de autonomía personal; poca diferenciación entre subsistemas; el sufrimiento de un miembro se convierte en el sufrimiento de toda la familia.  Generalmente estas familias suelen tener fronteras cerradas o semi cerradas, lo cual establece que la influencia externa es observada como una amenaza. En este tipo de familias en algunas ocasiones la diferenciación o proceso de independencia es evaluado como una traición al grupo familiar y suele dificultar la salida (física y mentalmente) de los miembros de la misma.

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  • Los límites rígidos generalmente son representados por familias desligadas se caracterizan por miembros con pocas cosas en común. Se observa un exagerado sentido de independencia; ausencia de sentimientos de fidelidad y pertenencia; no piden ayuda cuando la necesitan; generalmente el sufrimiento de un miembro no es registrado por el resto.
  • Existe otra característica que puede dificultar la emancipación defini
    tiva de un hijo de su familia de origen y es la triangulación. Minuchin igualmente lo define como la inclusión de un tercero con la finalidad de desfocalizar generalmente el conflicto real. En otras ocasiones es llamado igualmente Chivo expiatorio. Tenemos por ejemplo, y en el caso de la independencia y diferenciación, la fusión de una madre con un hijo, con la finalidad de que no salga de casa para no confrontar los diversos conflictos de pareja presentes en el sistema conyugal, o para n contactar con su propia individualidad desde la soledad. La parentalización de un hijo también se observa como una triangulación , como se explica en el articulo Parentalización: cuando un Niño se convierte en Padre.

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En cualquiera de los  casos, tanto en familias aglutinadas como en familias desligadas, o en aquellas donde exista alguna triangulación, el proceso de diferenciación o independencia con la familia de origen se presenta con mayor dificultad, lo que hace que la experiencia de la independencia este matizada con emociones negativas como la culpa, el enojo o la tristeza, o en otras manifestaciones esta experiencia se viven con somatizaciones importantes que requieren de atención por parte de la persona que intenta emancipar, o por algún miembro de la familia.

 

El nido vacío

 

http://https://www.youtube.com/watch?v=Bq4iRAbV9hk

 

Aunque el hijo emancipe, la conexión entre ambos es un espacio que no se va a alterar por la distancia, sino que va a ser un espacio de reconstrucción de la relación. Es como volver a ser padres e hijos, pero parados desde el amor y el respeto por el espacio y la vida del otro.

La emancipación de los hijos es una emancipación igualmente de los padres. Es así que preparar la emancipación ayudara a soportar el dolor de la separación. Preparar el camino de la independencia aunque se viva bajo el mismo techo va a favorecer el éxito de la salida definitiva de este hijo. Un hijo que observa a padres autónomos confía en su propia autonomía.

Participar de la emancipación de los hijos es mostrarle igualmente la consecuencia de las decisiones que se tomen. Es participar como un orientador del camino, mas no como un permanente salvador de éste.  Generar la verdadera autonomía promueve una verdadera libertad entre ambos lo que garantizará una nueva relación basada en el respeto por la individualidad del otro, pero también apostando por el amor genuino entre un padre y un hijo.

Aunque es una experiencia difícil de afrontar, cuando los hijos marchan de casa, generalmente hay un vacío y un silencio inusual, que puede generar angustia y tristeza en los padres o en las personas que cuidaron a estos hijos. Sin embargo es una oportunidad única para volver a contactar con el espacio de individualización postergado durante la crianza. Recordando que se fue primero mujer o hombre antes de ser padre o madre, la emancipación de los hijos es una invitación a reconectarse con todas aquellas actividades o esferas de la vida que quedaron postergada por la llegad de los hijos. Vivir el duelo de la partida como un proceso natural de la vida, facilitará la vinculación en esta nueva relación y permitirá una reconstrucción sólida y permanente de la relación.

El título de este artículo va dirigido a una invitación: Fluir. Como el cauce de un río, que sigue su curso a pesar de conseguir rocas y troncos en el camino, la fuerza el agua siempre hará que el río continúe, así es la vida. Aunque nos resistamos con todas las fuerzas, la vida sigue su ciclo. Es una decisión personal el seguir luchando en contra de las fuerzas naturales, o más bien fluir con la fuerza y aprovecharla a vuestro favor.

Llenar el nido que queda vacío es una oportunidad para volver a empezar. Es un espacio único de reconstruir una relación también contigo mismo, de llenar esos espacios que hoy quedan libres con aquellos “pendientes”. Aquellas actividades, gustos, entretenciones. Si estas en pareja, a volver a verle desde el reencuentro, a volver a contactar a aquellas amistades olvidadas, a realizar aquellos  viajes apuntados en la ilusión, aquellos libros que no se habían podido leer, aquellas películas que no se habían podido ver, aquellos paseos que no se habían podido dar, aquellas artes que no se habían podido aprender, aquellos platillos que no habían podido comer. Volver a empezar aunque cause dolor, pero con la certeza de saber que tu trabajo como madre o padre fue hecho desde el corazón y ahora es un regalo para ti la oportunidad de conectarte plenamente  contigo mismo y con tu libertad.

 

http://https://www.youtube.com/watch?v=Jufn0qZK2C0