¿Respetamos nuestros límites?

 

Te propongo un pequeño ejercicio de honestidad con uno mismo. Si lo deseas, cierra los ojos tras cada una de estas preguntas, respira profundo, y deja que surja alguna respuesta, sin forzar. ¿Alguna vez te has sentido invadido/a ante la acción de otra persona? ¿Crees que alguna vez has podido invadir el espacio vital de otro? ¿Sueles sentir que no sabes poner límites ante los demás? ¿Alguna vez has sentido que personas significativas en tu vida no hacen aquello que consideras que sería lo mejor?

 

La intersubjetividad como marco para comprender nuestra interacción con los demás

 

Es algo fascinante observar cómo se va formando en el ser humano el sentido del yo, la identidad propia, desde los primeros años de vida. Y si nos paramos a reflexionar, solo puede existir un “yo” porque también hay un “otro”. Desde los años setenta del siglo pasado, muchas investigaciones acerca del desarrollo infantil han confirmado que estamos programados desde el nacimiento para interactuar con los otros, partiendo del reconocimiento y la imitación, con el fin de facilitar un proceso de comunicación que nos sitúa ante el mundo. Así, un recién nacido puede imitar, aún de forma rudimentaria, las expresiones faciales que ve en un adulto. Son las primeras muestras de intersubjetividad.

El término intersubjetividad tiene gran significado en el ámbito del desarrollo psicológico infantil y en psicoterapia, especialmente de tipo psicoanalítico. Se refiere a la interacción entre dos subjetividades, es decir, la intersección entre dos mentes, dos formas de observar e interpretar el mundo. En esa interacción, ambas mentes también se transforman. Diversos autores, entre los que destacan Trevarthen o Stern, han investigado profundamente sobre ello y han aportado visiones realmente ricas, derivadas de la observación de las interacciones entre bebés y sus madres. Y coinciden en que es a través de los vínculos que se crean intersubjetivamente como se modela la experiencia subjetiva que vivimos en nuestro interior.

 

 

¿Respetamos los límites de nuestros niños?

 

Hace algo más de un año, tuve una experiencia reveladora. Me encontraba realizando la formación de Educador de Masaje Infantil, y una de mis compañeras acudió con su bebé de tres meses al curso, de modo que pudiera seguir manteniendo su presencia y continuar su lactancia materna cuando lo demandara. Casualidad o no, se sentaron a mi lado, y el bebé comenzó a observarme. Siempre he sentido una gran afinidad por los niños, y en cuanto me di cuenta, me giré hacia él, le miré, sonreí, le hablé y extendí mis manos. Su reacción fue de rechazo. Me sorprendí, pues habitualmente suelo conectar con los bebés de forma rápida, pero el episodio se produjo varias veces a lo largo del día, y me di cuenta del gran maestro que tenía delante.

Comencé a tomar conciencia de mi mirada, de mi postura corporal, de mi intención profunda. Me di cuenta que quería llevarlo a mi terreno, seguramente alimentar mi ego confirmando mi creencia de la buena conexión con los niños, pero a costa de mostrarme invasivo. Y recibí una gran cura de humildad. Probablemente, él sólo estaba explorando, y respetando distancias, miradas, gestos, hubiera preferido que fuera interactuando de modo muy progresivo. Ni siquiera le había pedido permiso. Di por hecho que quería interactuar. Y ahí tomé conciencia de que estamos programados desde que nacemos para sentir nuestro propio espacio y hacer ver a los demás que necesitamos que lo respeten. No somos objetos.

Durante dicha formación, una parte importante es mostrar a los padres que deben compartir con los bebés que les gustaría hacerles un masaje y pedir permiso a los mismos antes de iniciarlo. Es algo que chocaba a los padres, pues los adultos pensamos que los bebés no nos van a entender. Pero lo que solemos pasar por alto es que comunicamos más de forma no verbal que a través de nuestras palabras. Una  mirada que dice “te veo y te respeto”, una pregunta con esa entonación interrogativa que pueden comprender perfectamente, un acercamiento desde el respeto al cuerpo del otro y no desde la manipulación como si fuera un objeto, son parámetros que todo bebé capta perfectamente y siente si está siendo respetado o bien si la invasión es algo habitual en el trato que recibe. Teniendo todo esto en cuenta y extendiéndolo a los niños que han formado o forman parte de nuestra vida, ¿crees que has podido mostrarte invasivo en algún momento?

 

 

¿Cómo aprendemos a reconocer al otro como sujeto, y no como objeto?

 

Leyendo el libro “El apego en psicoterapia”, de David Wallin, el cual recomiendo, el autor menciona el trabajo de la psicoterapeuta Jessica Benjamin como clave para comprender cómo se desarrolla el reconocimiento mutuo de los sujetos. Para ella, dicho reconocimiento implica que el encuentro entre dos mentes permite darse cuenta de lo que uno siente, de lo que siente el otro aunque no coincida con lo propio, y de que es posible compartir esos sentimientos sin el temor a perderse uno mismo o sin la necesidad de imponerse al otro. Podemos vivir al otro como sujeto cuando reconocemos que existe fuera de nuestra mente. Pero cuando entendemos al otro únicamente dentro de nuestro mundo de representaciones y significados, realmente lo estamos viendo como objeto, lo estamos “cosificando”.

Llegados aquí, podemos hacernos la gran pregunta. Aquellas personas que siento como más importantes o significativas en mi vida, ¿lo son porque reconozco su individualidad y soy capaz de interactuar de forma abierta compartiendo desde lo más profundo de mi ser, o bien son importantes por el papel o rol que les he atribuido en el mundo de representaciones de los seres que me rodean?

Tomar conciencia de ello supuso darme cuenta en mi proceso personal de que tendía en gran medida a “cosificar” a los demás y, por ello, también me resultaba más fácil reconocer este hecho en la forma de actuar de los demás, es decir, fui consciente de que es muy habitual que nos movamos, consciente o inconscientemente, utilizando a los demás para cumplir un rol dentro de nuestro esquema de vida.

Todo lo expuesto conecta, directa o indirectamente, con conceptos como agresividad, dominación, sumisión o asertividad. Y es algo que el niño aprende de forma muy temprana gracias a la interacción. Benjamin, citada por Wallin, explica que el niño pasa por un proceso que transforma su visión del otro como objeto a reconocerlo como sujeto. Pasado el primer año de vida, cada vez son más frecuentes los episodios de expresión del enfado o de conductas invasivas en el niño que ponen a prueba al adulto que ejerce de cuidador principal. Si el adulto “sobrevive a la destrucción” permaneciendo junto al niño, sin retirarse ni reprimiendo lo que sucede, sino acompañándolo, se producirá en el mundo interior del niño esa transformación que permite ver al otro como sujeto. De este modo, comprende que las diferencias de criterio no son una barrera para compartir experiencias, y que el vínculo permite varias visiones de la realidad sin que sea necesaria la dominación o la sumisión.

 

Y en nuestro día a día, ¿reconocemos al otro?

 

He expuesto varios ejemplos relativos a cómo los niños interactúan y van desarrollando su propia identidad. Pero, como adultos, ¿tendemos a reconocer a los otros como sujetos?

Hace algunas semanas, descubrí por internet un artículo con un vídeo que hablaba sobre las violaciones en el entorno de la pareja. Lo primero que pensé, más allá de las cuestiones de género que siempre afloran en estas situaciones, es si esto no es una de las expresiones más extremas de invasión del otro, de su “cosificación”, que suele ser más frecuente en los hombres, dada la desconexión emocional con nosotros mismos y nuestra menor capacidad empática, seguramente derivada de la presión social, cultural y educativa.

 

https://www.youtube.com/watch?v=4IXk2u8bzCM

 

Si hacemos un barrido por nuestras formas de relacionarnos, ¿solemos pedir permiso a nuestros seres más queridos para iniciar una conversación, para compartir un abrazo, para hacer una caricia, incluso para compartir nuestra opinión sobre algo que le afecta? Si no sentimos de niños que se contara con nosotros y aprendimos que la invasión es lo normal, ¿cómo no vamos a repetir patrones si no hacemos una profunda toma de conciencia? Nuestros patrones de agresividad y sumisión están bien nutridos. ¿Sería posible permitirnos sentir lo que nos dice nuestro interior (esas sensaciones corporales, esos juicios, etc) ante las diferencias o diversidades que nos plantea el otro, sin creer que debemos renunciar o imponer?

 

Referencias bibliográficas

  • Stern, D. (1999). Diario de un bebé. Barcelona: Paidós.
  • Wallin, D. (2012). El apego en psicoterapia. Bilbao: Desclée de Brouwer.

 

Cuando la familia abraza, pero muy fuerte.

¿En algún momento has tenido la sensación que tu familia se preocupa más de la cuenta, o que en algunas oportunidades (quizás más de lo que te gustaría) te has convertido en padre de tus hermanos, o en madre de tus sobrinos, o que tus problemas son tema de  conversación de todos tus familiares, lo cuales están haciendo un esfuerzo inmenso por solucionarlos, casi sin escuchar tu voz? Si es así, puede que tu familia responda a una dinámica de tipo aglutinada o amalgamada.

 

 

Para poder profundizar en el término es necesario poder entender términos generales en lo que familia se refiere.  Tomando en consideración la Teoría Sistémica Familiar, hay diferentes autores que han logrado caracterizar a la familia.

 

CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LA FAMILIA COMO SISTEMA

Salvador Minuchin, hace referencia que la familia es el principal espacio de contención y de interrelación del ser humano, es el principal responsable de la formación de una persona, la cual se va a nutrir de los recursos que en la familia se desarrolle y con las que va a interactuar posteriormente con agentes externos, como la cultura, la época, y la sociedad en la que viva. Minuchin igualmente explica que la familia es un sistema dinámico y abierto, siempre en transformación,  esto quiere decir que la importancia no radica en las individualidades, sino en la interrelación que cada uno de los integrantes va a tener entre sí, nutriendo así el sistema. Es decir, la familia es el resultados de las interacciones entre sus miembros, donde uno va a influir en todos y todos va a influir en uno.

La teoría Sistémica Familiar desarrolla un concepto fundamental, que marca una diferencia con las teorías existentes hasta la época. Observa los fenómenos y los problemas en la familia NO como una consecuencia lineal, donde hay una causa – efecto, sino más bien, marca su enfoque en la circularidad, es decir donde la causa puede pasar a ser una consecuencia, y viceversa, y donde esto puede variar a lo largo del proceso. De manera que se evalúan las dificultades como  deficiencias en las relaciones entre los miembros de la familia, y no en los individuos en sí. Esto se convierte en un hito a lo largo del desarrollo de la teoría y se profundiza en las relaciones familiares recíprocas y retroalimentadas unas con otras, las que van a marcar las dinámicas y las personalidades familiares.

Aparecen entonces términos importantes para la organización de los sistemas familiares como por ejemplo:

 

  • JERARQUÍAS O SUB – SISTEMAS

Son sub – grupos que van a formar la estructura de una familia. Minuchin hace relación de 3 sub – sistemas principales:

  1. Sub – sistema Conyugal: es el primer sub – sistema de una familia, está conformada por la pareja. Su relación se basa en una vinculación adulta. Debe ser una relación simétrica, es decir una relación entre iguales.
  2. Sub – sistema parental. se refiere a los adultos pero en su rol de padres. Es decir en la relación padres – hijos. La relación entre padres e hijos debería caracterizarse por la complementariedad, es decir una relación de desigualdad, donde los padres tienen mayor poder y están jerárquicamente por encima de los hijos.
  3. Sub – sistema fraternal: se refiere a la relación entre hermanos. Este sub sistema se caracteriza también por ser una relación entre iguales, por lo cual es una relación simétrica.

 

  • LÍMITES:

Término desarrollado con profundidad por nuestra compañera de blog  en su artículo Límites y necesidades relacionales fundamentales para el bienestar emocional. Los límites son reglas (implícitas o explicitas) de participación, es decir es la manera de regular las relaciones. Existen diversos tipos de límites.

  1. Límites claros: se refiere a un tipo de interrelación donde están bien definidos los roles en cada sub sistema. Se respetan los espacios y las funciones de  cada uno dentro de la cotidianidad familiar.
  2. Limites difusos: en una familia con límites difusos entre sí, se caracterizará por una confusión de roles entre los sub sistemas, donde se priorizará el sentido del grupo por encima de la individualidad. Es un tipo de relación que se caracteriza en muchos aspectos por dinámicas invasivas y donde el colectivo y los legados familiares empujan la lealtad y la convivencia en comunidad.
  3. Limites rígidos: se caracteriza por ser límites como dice la palabra, poco flexibles. La dinámica hace que los miembros entre sí interactúen con mucha distancia, tendiendo a priorizar la individualidad por encima del colectivo. Generalmente forma miembros desligados o aislados del grupo familiar.

  • FRONTERAS:

Se refiere principalmente a la dinámica que una sistema familiar tiene con agentes externos, como otros sistemas familiares, la comunidad, entre otros.

  1. Fronteras abiertas y flexibles: es aquel sistema familiar que permite la interacción con agentes externos, alimentándose del ambiente y de las relaciones fuera del grupo familiar. No observa la salida de un miembro como una amenaza a la lealtad familiar, por el contrario se nutre y se transforma añadiendo nuevos códigos y valores.  Por ejemplo cuando los hijos pueden traer amigos a casa, cuando los padres se relacionan con los padres de los amigos de sus hijos y participan de grupos en la escuela y la comunidad.
  2. Fronteras cerradas y rígidas: la dinámica en familias con fronteras cerradas es de tipo poco permeable  observa la participación de agentes externos a la dinámica familiar como amenazantes, tiene un cierto punto paranoico, la salida de un miembro a otro tipo de interacciones genera conflictos, y es observado como una deslealtad al grupo familiar. Ejemplo de ello, los celos de una madre o padre  hacia la pareja de su hijo (a) y hacia su grupo familiar.

 

  • FUERZAS

Stierling en el año 1974 genera una teoría para poder describir la cohesión familiar. Este autor refería que hay tipos de fuerzas que marcarán las relaciones:

  1. Fuerzas Centrípetas:  son familias que se caracterizan por fomentar una participación activa de los miembros dentro del grupo familiar, intentando siempre la permanencia de un individuo dentro del grupo, la fuerza es hacia adentro, evitando así la salida o la expulsión de uno de los integrantes.
  2. Fuerzas Centrífugas: Fuerzas que empujan a los integrantes fuera del sistema familiar, permiten la salida y promueven la participación de los miembros fuera del sistema familiar. Ejemplo de esto, cuando la familia apoya y promueve la salida de un hijo a otra cuidad o país por asuntos escolares.

Stierling se enfoca en la idea de que ninguna de las fuerzas es disfuncional en sí, sin embargo puede convertirse en destructivas si la intensidad de una fuerza controla a la otra. Es decir, que la clave, indicaba, está en integrar ambas fuerzas y dejarlas actuar equilibradamente en la cotidianidad, ya que ambas pueden proteger y a la vez estimular un grupo familiar.

 


Igualmente existen dos tipos de fuerzas más que están enfocadas en la posición frente al cambio

 

  1. La homéostasis: es la tendencia ala familia a mantenerse como están a fin de no generar cambios, aunque se encuentren en una situación de estrés y tensión. La homéostasis es la resistencia al cambio.
  2. La Morfogénesis: es la fuerza que facilita los cambios, muestra resiliencia ante las crisis y permite que los procesos de cambios construyan y ayuden al fortalecimiento de la familia. En terapia familiar, se ayuda a canalizar adecuadamente esta fuerza a fin de potenciar los cambios en los vínculos y en las relaciones, para generar dinámicas más sanas y constructivas.

 

Conociendo ya estas características conversemos un poco de un tipo de familia: la familia aglutinada.

 

LA FAMILIA AGLUTINADA

http://https://www.youtube.com/watch?v=HHcDQUoi-tY

Esta genial película se llama Little Miss Sunshine (Pequeña Miss Sunshine )  es una comedia dramática, se estrenó en el 2007, muestra la convivencia de una familia en un viaje, la dinámica que se observa es de tipo aglutinada, y para algunas personas, de tipo disfuncional.

Esta pequeña escena de la película, muestra la esencia de lo que se trata al término aglutinado. Primero, basados en las posición de los participantes, el director juega con una presentación donde todos están apiñados literalmente en una mesa, compartiendo un momento del día: el desayuno. Este momento es algo simple y rutinario para cualquier familia, pero en esta escena se pudo apreciar como una decisión tan simple como escoger comer helado o no, genera una serie de conflictos, tensiones  y diferencias entre los participantes, y como la persona que debe decidir debe primeramente escuchar el plenario para poder tomar una decisión, es decir todos participan.

La familia aglutinada es un tipo de dinámica que se basa primeramente por:

  • Jerarquías poco definidas.
  • Límites difusos.
  • Fronteras generalmente cerradas.
  • Fuerzas centrípetas dominan.
  • Tendencia a la homéostasis.

 

Cuando se habla de familia aglutinada, la característica principal que viene a la mente es todos para uno y uno para todos. A pesar que la familia siempre va a intentar fortalecer la cohesión, en muchas ocasiones este tipo de familias cuando atraviesan crisis ya sea vitales o no (las esperadas por la vida como la adolescencia o la salida de los hijos del hogar), suelen enfrentar mucha tensión y suelen aparecer conflictos que son difíciles de manejar por los miembros, ya que sienten que todo lo que genera malestar puede distanciar o amenazar la cohesión familiar.

 

Las familias aglutinadas igualmente se caracterizan por tener rituales y ceremonias familiares que son importantes, y donde se espera la participación de todos. Lo cual refuerza la idea de la identidad grupal, y fortalece el vínculo entre los miembros. Sin embargo la falta de participación en dichos rituales o ceremonias familiares suele percibirse como una deslealtad o falta de respeto al legado familiar, un ejemplo de eso: faltar al cumpleaños de un familiar. Igualmente se observa dificultad por mantenerse al margen de los conflictos o discusiones, si discuten 2 se mete 3,4,5, o 10, si están todos presentes todos opinarán y participaran en la discusión.

 

Igualmente se puede puntualizar en la participación de los miembros con agentes externos al grupo familiar. Aunque no se niegue la participación con otros sistemas, siempre se va a esperar que se priorice a la familia, y principalmente que se defienda los legados familiares, lo cual va a perpetuar el grupo como un todo.

 

Es difícil diferenciarse de la familia de origen. Se puede observar procesos muy dolorosos y a veces patológicos en la separación entre los miembros de la familia. El hijo sufre de una gran ansiedad por tener que salir de casa, se le hace muy difícil la independizaciónde sus padres o cuidadores, y suele postergar esta decisión. O en su defecto aparece un síntoma, ya sea una enfermedad o una situación inesperada. Esto puede generar crisis y problemas con sus parejas y amigos, y sobre todo cuando sus parejas no han presentado estas dificultades con sus propias familias de origen. Existe una vinculación familiar muy intensa y una dificultad para la autonomía personal.

 

La palabra clave en estas familias es: Lealtad, y sobre todo, dificultad para decir NO.

 

Sin embargo no todo es negativo en este tipo de dinámicas, las familias aglutinadas suelen reaccionar de manera rápida y eficiente ante la convalecencia de un miembro de la familia. En caso de enfermedades o accidentes, este tipo de familia suele agruparse, apoyar y contener  hasta lograr superar la situación. Van a defender a muerte a un familiar que fue herido emocional, psicológica o físicamente por otra persona. Es decir se cuida a la manada, porque se considera a cada uno de los miembros vitales para el legado familiar.

 

 

 

RECONOCER, INTEGRAR Y SUPERAR

  • Reconocer que venimos de una familia, que nos formó y que gracias a ella somos quienes somos el día de hoy, con nuestros defectos y virtudes, nuestras familias fueron nuestros principales pilares para nuestra vida en sociedad. Es por eso que la idea de este artículo no es enjuiciar o defender la teoría de que toda familia aglutinada es disfuncional. Al contrario, la idea es reconocer las fortalezas y virtudes que tienen este tipo de familias, rescatarlas y potenciarlas, sin embargo igualmente es una oportunidad para darnos cuenta de que a veces lo que nos parecía normal, no necesariamente favorece el bienestar emocional y psicológico de una persona.

La cohesión familiar es necesaria para superar dificultades, pero también se necesita de la suficiente flexibilidad para actuar. La familia no puede estar aislada, por lo que se hace importante contar con una red de apoyo para poder acudir en caso de necesidad.

  • Rescata de tu familia las fortalezas, todos esos recursos que te permiten en la actualidad enfrentar las dificultades de la vida. sin embargo si algo de lo que a tu familia pertenece no te hace bien o te produce malestar, encárgate. La mejor manera de superar e integrar es encargarse. La idea no es evitar los conflictos, al contrario, la idea es utilizarlos a favor, aprender de ello y  que eso se convierta en un espacio de crecimiento para ti.

Y si crees que hacerlo por ti mismo es difícil, ya lo has intentado y no has logrado diferenciarte, independizarte y se ha hecho cuesta arriba el proceso: Busca apoyo, comienza un proceso personal con un terapeuta. No tengas miedo en poder conversar sobre esto con un especialista. Quien mejor que un Psicólogo para liberarte de esas culpas, de  ese dolor, y de  ese peso que conlleva generar cambios en la vida.

Los terapeutas familiares están capacitados para canalizar junto a todos los miembros de la familia las dificultades y las crisis que atraviesan. Será un participante externo a la convivencia familiar, lo que generara un punto de parcialidad a los conflictos. Será un punto de fuga para las tensiones y además potenciará lo que se dijo anteriormente, la morfogénesis, lo cual facilitara la posición frente al camio y potenciará la posibilidad de fortalecerse de las crisis y de las adversidades.

  • Igualmente un terapeuta te ayudará a prender a poner límites. Sí, sé que es muy difícil saber decir «no«. A veces genera culpas, otras veces genera conflictos, a veces te sientes como el malo de la película, o es considerado en casos más extremos como una traición. Esto descrito anteriormente parece una película cómico-dramática, pero la experiencia nos ha revelado, que cuando se empiezan a generar cambios en las relaciones, pueden levantarse resistencias que dificulten el proceso de cambio (homéostasis).  Pero este es un paso muy importante en el proceso terapéutico cuando estamos trabajando las relaciones con nuestras familias de origen y sobre todo cuando queremos y entendemos que marcar límites puede ayudarnos a oxigenar las relaciones y a posicionarnos de una manera más sana y respetuosa con nosotros mismos y con el otro.

Finalmente la palabra clave a la que invito es a amar  fluyendo, sin controlar, ni ser controlados. El amor genuino se basa en el respeto por si mismo y por el otro. Amar sin forzar, y amar aceptando. Aceptar a nuestras familias no es permitir. Es solo aceptar las diferencias, respetar las historias, y sobre todo es agradecer, pero continuando nuestros caminos.

Si, es ahora el momento!

«Tener un lugar a donde ir se llama hogar, tener personas a quien amar se llama familia, tener ambas se llama bendición»

Papa Francisco.

 

 

 

 

Límites y necesidades relacionales fundamentales para el bienestar emocional

¿Qué es un límite?

 

Según la RAE el límite es definido como línea real o imaginaria que separa dos terrenos, dos países, dos territorios.”

¡Qué fácil resulta observar los límites físicos que nos rodean!. Desde los límites naturales como ríos, cadenas montañosas u océanos, hasta los construidos por el hombre. El aprendizaje del concepto del límite es un proceso complejo que se inicia desde la infancia. Aprendemos rápidamente que existen límites cuando, por ejemplo, queremos salir de la cuna y no podemos hacerlo solos, cuando descubrimos que hay ciertas zonas de la casa en las que no se nos permite entrar por ser “zona de mayores” o cuando al llegar a un cruce nos paramos en seco y observamos a ambos lados antes de atravesar el umbral entre la segura acera y la peligrosa carretera. Y así, poco a poco, vamos elaborando un conocimiento del mundo que nos rodea. Primero desde lo físico, que es más fácilmente observable, para pasar poco a poco a lo relacional. Y aquí es donde la cosa empieza a complicarse…

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Mientras que es sencillo saber cuando se puede cruzar la acera o entrar en una tienda, en el primer caso una señal luminosa nos lo indica y en el segundo un cartel en el que se lee claramente “abierto”, no resulta nada fácil discernir dónde está el límite entre lo que yo quiero/necesito y lo que el otro quiere/necesita. Estos límites intangibles resultan más complicados de detectar y manejar a no ser que se cuente con las gafas adecuadas.

 

Tipos de límites familiares

 limites

 

Cada persona aprende a relacionarse con los demás en función de lo que haya observado en su ambiente cercano y cotidiano, normalmente el ambiente familiar. Cada familia se relaciona de forma diferente en función de los patrones que hayan “mamado” a su vez de sus respectivas familias de origen. Dichos patrones se heredan de forma inconsciente, y se van transmitiendo de una generación a la siguiente.

 

Existen 3 tipos de límites dentro de las relaciones interpersonales. En este artículo vamos a centrar la atención en los tipos de límites existentes dentro de las relaciones familiares.

  • El límite claro es el limite saludable. En las familias con este tipo de límites existe un equilibrio entre las necesidades de sus miembros a nivel individual y colectivo. Esto supone que se respetan las jerarquías entre los subsistemas familiares, estableciéndose el nivel parental sobre el filial sin descuidar por ello la comunicación y el contacto entre los distintos miembros de la familia. En estas familias hay espacio tanto para lo personal como para lo grupal, manteniéndose los roles bien diferenciados. limite sano

 

  • El límite difuso o permeable es aquel en el que no existen diferencias entre las necesidades de los miembros de la familia y en el que las jerarquías entre los subsistemas no se respetan. Este tipo de límites genera familias aglutinadas en las que no hay autonomía, por tanto las necesidades individuales se reprimen o descuentan por el supuesto bien del grupo. Esto genera estrés emocional por perder la propia individualidad, pudiendo llevar a la separación interna del individuo de su familia como estrategia para encontrar el tan ansiado espacio propio.

limite poroso

 

  • El límite rígido o no permeable es aquel que no permite el contacto íntimo entre los miembros del sistema familiar, generando así familias desligadas. En este tipo de familias existe mucha autonomía pero falta intimidad entre sus miembros y preocupación los unos por los otros. Experimentar este tipo de relación puede provocar sentimientos de abandono o de indefensión. Personas que procedan de este tipo de familias pueden caer en relaciones fusionadas en las que se sientan importantes como forma de compensar el déficit vivido en la infancia o huir de la intimidad en las relaciones.

limite rigido

 

Por tanto, podemos decir que tanto en los límites difusos como en los rígidos no existe una verdadera intimidad ni un verdadero y profundo conocimiento de la persona que tenemos enfrente. Al faltar este reconocimiento de la idiosincrasia personal falta también una de las necesidades relacionales básicas más importantes, la necesidad de validación.

 

Necesidades relacionales básicas

 necesidades

 

Según el Doctor en Psicología y padre de la Psicoterapia Integrativa Richard Erskine, todas las personas tenemos al menos 8 necesidades relacionales que necesitamos se satisfagan en nuestras relaciones significativas. Este proceso no puede subscribirse únicamente al período infantil, ya que atraviesa todo el desarrollo evolutivo de la persona hasta llegar a la vejez. Desde esta perspectiva terapéutica, la relación es el eje sobre el que se sustenta todo lo demás. Nacemos en relación y vivimos y nos desarrollamos en relación y es, a través de la mirada que el otro nos devuelve sobre nosotros mismos (padres, abuelos, hermanos, amigos, parejas…) cómo vamos construyendo el propio autoconcepto.

 

Las 8 necesidades relacionales son las siguientes:

  • La necesidad de seguridad supone sentir que las vulnerabilidades física y emocionales están protegidas, saber que no seremos humillados por ser cómo somos.
  • La necesidad de validación implica sentir que nuestras emociones y necesidades son importantes y legitimas. Esta necesidad se cubre cuando sentimos que somos reconocidos e importantes para el otro en la relación.
  • La necesidad de depender de una persona estable, fiable y protectora que nos ofrezca orientación.
  • La necesidad de hacer impacto en el otro. Esta necesidad consiste en sentir que lo que hacemos, decimos y/o sentimos tiene impacto e importa a otra persona. Sentir que atraemos la atención del otro y que podemos influir en él.
  • La necesidad de autodefinición supone conocer y comunicar nuestra propia singularidad recibiendo por ello el reconocimiento del otro.
  • La necesidad de confirmar la experiencia personal. Para ello es necesario recibir por pate del otro la confirmación de que ha experimentado una vivencia similar ya que así reafirmamos y valoramos la propia experiencia.
  • La necesidad de que el otro tome la iniciativa. De esta forma sentimos que somos importantes para la otra persona y que estamos inmersos en una relación significativa para ambas partes.
  • La necesidad de expresar amor como parte de las relaciones significativas y saludables.

 

Siendo todas estas necesidades importantes para adquirir un desarrollo psicológico y emocional óptimo, me gustaría retomar la necesidad de validación por su importancia para el bienestar emocional.

Sentir en la infancia que somos vistos por el otro, más allá de las expectativas que éste tenga sobre nosotros o de lo que se supone que debemos ser o cómo debemos actuar, es una experiencia altamente protectora. Sabernos reconocidos por ser quienes somos y validados en nuestra forma de pensar y sentir en el seno familiar nos da el permiso para aceptarnos a nosotros mismos. Al aceptarnos disminuye la crítica interna negativa y mejoran los niveles de autoestima y de seguridad personal.

Esta vivencia positiva de uno mismo en relación se queda fijada más allá de los huesos y acompaña a la persona a lo largo de todo su recorrido vital, influyendo positivamente en las futuras relaciones que establezca. Al sentirse validada la persona se siente querida, apreciada y respetada. Esta vivencia le ayuda a desarrollar unos límites saludables con los demás. Unos limites que sean lo suficientemente porosos como para poder sentir intimidad con otra persona y desarrollar un sentido de pertenencia satisfactorio, al tiempo que tengan la consistencia necesaria para mantener su individualidad y sus necesidades intactas.

 

 

 

Fuentes:

Referencias bibliográficas:

  • Erskine, Richard G., Presencia Terapéutica y Patrones Relacionales: Conceptos y Práctica de la Psicoterapia Integrativa, Ediciones Karnac. 2016.

Pareja equilibrada: juntos pero no revueltos

Sentirse bien individualmente y al mismo tiempo sentirse bien en pareja es una de las grandes metas de una relación. Crecer a nivel personal y hacerlo a la vez al lado de la persona a la que queremos, es una búsqueda ansiada. Y es por ello que uno de los aspectos más importantes -y a la vez más difíciles- a la hora de «negociar» nuestras relacionales es encontrar el equilibrio entre los límites del espacio individual y el de la pareja.

pareja ranas

Según diversas investigaciones recogidas sobre conflictos en la pareja (Will,1978) el principio de deslinde, entendiendo éste como aquel que regula los límites dentro y  fuera de una relación:

«Es uno de los elementos clave a la hora de predecir el éxito en la pareja, ya que los límites internos regulan el continuo dependencia/independencia entre ambos miembros y los límites externos marcan la distancia entre la propia pareja y el mundo exterior (amigos, hijos, trabajo, familias de origen, etc.).»

La propia dinámica interna a la hora de abordar los conflictos,  la «mochila» individual que cada uno aporta a la relación sobre el modelo de amor que tengamos -heredado mayoritariamente del contexto socio familiar- y la capacidad de gestionar estos límites, – que la mayoría de las veces son asumidos como reglas implícitas pero no hablados a priori-, van a influir en la configuración de diferentes tipologías de pareja según el grado de flexibilidad del deslinde: la simbiótica, la desligada y la interdependiente.

Modelos de pareja y dificultades asociadas

La simbiosis: unid@s por el cordón umbilical

Al inicio de una relación de pareja, en la etapa de enamoramiento, suele darse de forma habitual la fusión natural entre sus miembros y el aislamiento «del mundo exterior». Es una sensación casi primitiva, necesaria y psico fisiológica, que conlleva un estado de placer, -casi de Nirvanay que favorece, en un primer momento, la unión y el conocimiento de ambos.

Sin embargo, si con el paso del tiempo ese modelo no se abre y se flexibiliza, puede dar lugar a lo que conocemos como ideal de «la media naranja» o  la «fusión cósmica», en la que ambos sienten de manera idílica que uno forma parte del otro, como un dos en uno,  compartiendo juntos tanto el tiempo necesario para el espacio personal como el común de pareja.

Si bien en este modelo la pareja lo vive con armonía y completitud- a pesar de la evidente renuncia a la libertad personal y social de ambos- las dificultades pueden aparecer cuando las circunstancias propias de la vida obliguen a que la estructura de la relación cambie (nacimiento de hijos, enfermedad, distancia por cambio de trabajo, crisis personales, etc.) y uno de los dos -o ambos- no consiga aceptar el necesario proceso de separación e individuación del otro, frustrándose con arduos intentos de seguir en el modelo idílico anterior.

pareja ranas

Dentro de este modelo, también se incluirían las relaciones embudo o aquellas en las que de forma complementaria un miembro queda ´engullido´ en la definición del otro. A modo de ejemplo tenemos las relaciones propias de la herencia patriarcal (‘señora de’, ‘mujer de’) donde los límites del espacio personal han quedado atrapados en el embudo de la relación, o uno de los dos ha quedado invisibilizado bajo el poder y la identidad del otro. En estos casos, los sentimientos de confusión, de sentirse fragamentado/a y de codependencia son grandes predictores de la mayoría de las crisis en la relación. Dificultades que se dejan ver tanto a la hora de romper la pareja y comenzar a «reconstruirse» y empoderarse de manera independiente como a la hora de restablecer la dinámica interna de la relación a fin de que ambos puedan encontar su propio «su sentido de sí mismo» sin necesidad del otro.

El desligamiento: ¿pareja o (des)conocidos?

Este modelo es propio de las parejas que, o bien por experiencias pasadas o bien por modelado (familiar, socio cultural), poseen un creciente miedo a la pérdida de identidad, a la renuncia del espacio personal y al desarrollo de la intimidad. Esto da lugar en muchas ocasiones a establecer límites extremadamente abiertos o flexibles respecto del exterior, para así asegurarse una sensación de pseudo-seguridad y pseudo-control afectivo pero que al mismo tiempo va limitando la convivencia amorosa en común, convirtiéndose cada vez más en compañeros conocidos que en pareja.

En este tipo de relaciones, si con el tiempo la estructura se enquista y se polariza, la falta de comunicación y de contacto íntimo -que incluye confianza, apoyo, conexión nutricional y apego– puede dar lugar a un mayor distanciamiento, exceso de espacios individuales y la consiguiente ruptura. En otros casos, se introduce la triangulación de un tercero en la pareja (un hijo/a, trabajo, una infidelidad) que mantiene a «salvo» la relación pero manteniendo la lejanía emocional entre ambos.

La interdependencia: entre la seguridad afectiva y la libertad personal

Son aquellas parejas que previo trabajo de auto conocimiento intenso y una puesta en marcha de un modelo propio y flexible, consiguen una danza equilibrada entre el espacio personal, el espacio exclusivo de la relación y el común con el exterior. La conexión se produce por el placer de compartir y crecer juntos sin miedo a la pérdida de identidad individual. Al mismo tiempo que el crecimiento individual y social retroalimenta y potencia la relación de pareja.

pareja

Si bien es el modelo con mayor predicción de éxito en estabilidad y satisfacción a largo plazo, su mayor dificultad reside en la exigencia de una mayor capacidad de adaptación, en un ejercicio de autocrítica y automotivación y en el cuidado diario y recíproco de los aspectos más valiosos de la relación.

Un modelo a medida

El cómo diseñar y vivir en un modelo que mantenga el equilibrio entre los límites internos y externos de una relación, dependerá siempre de cada pareja y de su proceso personal: de su historia de vida, de su modelo familiar, de su propias expectativas, etc. No existe un manual de instrucciones tipo IKEA donde el modelo estándar esté creado de antemano y pueda hacerse un copy&paste, pero sí existen unas condiciones a priori que favorecen su aprendizaje y potencian su éxito.

 

Referencias bibliográficas: