Mi mamá me mima

“Mi mamá me mima”, escrito con tiza en el aula de primer grado. “Mi mamá me ama”. “Mi mamá amasa la masa”. En el principio del lenguaje apareció mamá. ¿Qué es lo primero que dije? M-A-M-Á, en lengua materna. La fascinación del bebé con mamá y sus tetas, las proezas hechas para ser dignos de su mirada, el esfuerzo por complacerla. De más grande, la necesidad de la distancia, del reencuentro.

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Siempre hay mucha tela que cortar con el tema de la madre, con lo determinante que resulta su papel en los primeros siete años de vida y la centralidad que tiene su influencia en los años posteriores.

La relación con la madre constituye un eje central en torno al cual se configura nuestra identidad, nuestra manera de estar en el mundo. En el vínculo con la madre se van delineando los rasgos de nuestra personalidad, nuestras pasiones y miedos.

He decidido escribirle una carta a mi mamá, dividida en dos partes. La primera va dirigida a esa señora, ya algo mayor, llamada Susa que me parió hace cuatro décadas y pico. Ésta es la mamá de carne y hueso. La segunda parte es para la madre idealizada, la que llevo adentro como quimera, con la que dialogo mentalmente, a la que le reprocho todo, con la que me peleo casi a diario. Es la madre que me he tragado, digiriendo algunos trozos e indigestándome con otros. Es también la madre que llevo a terapia y a la que pongo a caldo de vez en cuando.

I

He probado a poner “Querida Susana”, en reconocimiento de tu verdadero nombre pero Susana hay una sola y se apellida Giménez. “Susana” me conduce directamente a pelo rubio platinado y risa falsa. “Susa”, en cambio es una antigua ciudad tunecina, famosa por su elegante Medina. “Susa” me suena más familiar, así te llamaba papá.

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Quisiera hablar brevemente de un par de similitudes entre vos y yo.

La primera y más evidente es que los dos somos ansiosos, aunque lo camuflamos con una supuesta tranquilidad zen. Basta con vernos comer, de pie, entre horas junto a la nevera o mordisqueando los pellejos de los dedos, para pensar que estamos afligidos por algo. ¿Qué es lo que realmente nos pasa? Somos incapaces de simplificar, le buscamos la quinta pata al gato y no podemos pensar en una cosa sin pensar al mismo tiempo la contraria y así sucesivamente hasta perder el hilo que podría sacarnos del tejemaneje mental. Por la boca muere el pez y nosotros somos de hablar mucho. Vamos con nuestra oralidad ansiosa a todas partes, picoteando como las gallinas.

Ambos hemos combatido y combatimos a nuestros dragones interiores. Con el psicoanálisis hemos bregado de lo lindo, asediados por su arsenal interpretativo -don Edipo y toda su tropa-  y las terapias interminables, sin arriar nunca la bandera de la búsqueda.

Hay días en que ignoramos el porqué de nuestra angustia y nuestro humor se vuelve sombrío. Las preguntas existenciales nos martillan la cabeza: ¿existe la alegría sin sombra?, ¿es posible la justicia en el mundo?, ¿hay suficiente música adentro para que nuestra vida baile?, ¿cómo afrontar las pérdidas, los duelos?, ¿somos seres finitos que ansían la infinitud?, ¿por qué nunca es suficiente?, ¿qué sentido tiene todo esto?

Vos y yo formamos parte de la misma familia, la de las personas que nos preguntamos para qué vivimos y quiénes somos. Podríamos debatir si el hecho de que la existencia venga acompañada de un signo de interrogación nos vuelve más sabios que  las personas a las que estas cuestiones ni siquiera las rozan. Por mi parte, entiendo que lo de vivir con preguntas no es para jactarse. Me imagino que vos pensas lo mismo.

Un arma que hemos usado contra la melancolía ha sido el humor, el no tomarnos tan en serio a nosotros mismos.  El poder estar hablando seriamente de un drama familiar -citando de paso a Platón o Kant como si sirviese para algo- y de improviso saltar a hablar de la farándula y sus travesuras. También ciertas dosis de oscuridad risueña que incluye la atracción por la locura y lo escatológico.

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La segunda cosa en común que tenemos es que sabemos escuchar al otro, ejercitar la empatía, ponernos en otros zapatos. Esto que en principio parece tan sencillo no lo es. La ingente cantidad de personas que lo único que hacen es hablar de sí mismas obstinadamente, dan buena cuenta de ello.

Se me ocurren otras similitudes entre nosotros mamá: el amor al queso, al vino tinto, a los viajes, a los monumentos históricos, a los dulces, a la filosofía, a los amigos. Estoy convencido de que todos estos “amores” comunes nos evitaron trágicos desvaríos.

II

Empiezo la segunda parte con algo de gratitud, algo que me has dado que provenía de vos y que podríamos llamar espiritualidad. Me enseñaste que no todo es materia, que hay algo llamado alma, que no se puede ver, ni medir, ni pesar y me enseñaste que también hay algo llamado dios. Hasta aquí, todo iba bien.

Las cosas van ganando peso con la edad y con las mayúsculas. El nombre “DIOS” resulta que designa a un padre poderoso, a una providencia que cuida de cada uno de nosotros y a un Hijo, llamado Jesús, que murió en la cruz a causa de nuestros pecados. Su sacrificio sirvió para salvarnos de la tentación, del diablo o de nosotros mismos, que vienen a ser lo mismo, y traer al mundo un mensaje de amor fraternal. La cosa no queda ahí. Está también el Espíritu Santo que es una lengua de fuego que flota en el aire y que se encargó de que la Virgen María quedara embarazada y pariera al hijo de Dios. Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo son tres y a la vez una misma persona. Hay más. Está la transubstanciación, por el que unas pequeñas obleas blancas, con sabor a cartón llamadas hostias, se convierten en el cuerpo y la sangre de Jesús mediante un rito que practica el cura. Se trata de un momento álgido de la misa. Cuando los feligreses reciben la hostia, el santísimo sacramento, se comen el cuerpo de Cristo. Para más inri, hay otros sacramentos como el de la Penitencia, según el cual se trata de contarle a un cura todo lo que has hecho mal y él en nombre de Dios te perdona, te absuelve de tus faltas y ofensas. Te deja limpio de corazón.

Rarezas aparte, que abundan en todos los credos, los fundamentos de la educación católica, apostólica y romana que me inculcaste, Mamá, niegan el cuerpo, tienen horror al sexo y la culpa lo envuelve todo. Crecer con estos mambos no me dejó indemne, destiné muchas energías para desmantelar toda la parafernalia de reglas y principios.  Me ayudaron Nietzsche, Freud y otros de la misma calaña. Respetar la moral sexual católica, que degrada los placeres sensuales a la categoría de pecado, fue un mal negocio. Incluso cuando quería pasarlo bien, lo pasaba mal. Terminé por tirar la toalla. La última vez que me confesé, el cura indignado me dijo que le parecía muy grave que yo me masturbara al tiempo que mantenía relaciones sexuales sin estar unido en matrimonio.

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Para ir terminando la carta. La gran pequeña diferencia entre nosotros, Mamá, es la fe. Tenés una religión y yo no. Me imagino que cuando la noche es más oscura sentirás el cobijo de la oración y yo algo así como la intemperie fría de la incertidumbre. Vos sos católica, yo agnóstico. Intentamos resolver este conflicto entre los sentimientos y la inteligencia de manera distinta. La necesidad emocional de creer o de no creer, tal vez no sea más que dos formas de un mismo autoengaño deliberado, lleno de ternura.

Un beso ma,

P.d.: “Desechad tristezas y melancolías. La vida es amable, tiene pocos días y tan sólo ahora la hemos de gozar”. F. García Lorca.

Música al comienzo de la vida (I): el canto materno como espacio de emociones compartidas

Hoy te propongo un ejercicio de observación externa. Seguro que a lo largo de tu día encontrarás a alguna madre con su bebé, ya sea caminando por la calle o en algún lugar que visites. Si puedes, observa cómo se relacionan, sin juicio. Puede ser uno de los espectáculos más bellos que existen, lleno de amor. Observa lo que cada uno, madre y bebé, propone, y cómo recoge lo que el otro plantea. Sus miradas, sus voces, sus movimientos. ¿A que parece una danza?

 

La “danza de la vida”

Ya desde su llegada a este mundo, el bebé puede reconocer la cara, la voz y el olor de su madre. Se muestra deseoso de reflejar y provocar expresiones faciales en ella y su padre. Estas manifestaciones tempranas de apertura social de los bebés tienen un significado interpersonal profundo.

La diada madre-bebé convive de forma continua, con alternancia de momentos de conexión o ajuste con otros de discrepancia o desajuste. Se ha definido a esta interacción como una “danza”. No puede evitarse que se produzcan esas rupturas en la armonía, pero lo más importante es el modo en que la madre o el cuidador principal facilita la transición desde un desajuste hacia un nuevo momento de conexión, pues el bebé aprende que es posible superar las situaciones desagradables, y se cultiva la esperanza y el optimismo, y aumenta el sentimiento de autoeficacia. Hay una transformación de afectos negativos en positivos. De este modo, en su camino compartido, la madre y el bebé aprenden a perfeccionar esos pasos de baile hasta conseguir un patrón sincronizado en ritmo y tiempo. Esta alegría compartida constituye un elemento fundamental para la creación de conexiones neuronales en los bebés que permiten el desarrollo de la intersubjetividad humana.

 

 

El canto de la madre al bebé como expresión de amor compartido

En todas las partes del mundo, los adultos, y especialmente las madres, cantan a los bebés con el fin de regular sus emociones. Este canto aumenta la sensación de placer en el bebé, además de reducir su incomodidad y facilitar el sueño. Pero también ayuda a que el niño aprenda a autorregularse en etapas más avanzadas de su desarrollo, y facilita la competencia social. En los países en desarrollo, el bebé suele estar en contacto más continuado con su madre mientras esta realiza sus tareas domésticas, e incluso duerme con ella, de modo que en el momento de cantar, existe también contacto físico y movimiento, es decir, se produce una estimulación a diversos niveles que puede denominarse multimodal. En los países industrializados, el contacto del bebé con la madre es menor, aunque puede ser frecuente la realización de actividades lúdicas en las que se produzca dicha interacción.

Las principales características del canto materno son las siguientes:

  • Las madres emplean con frecuencia el canto para expresar emociones positivas, por lo que el tono de voz que emplean es más amoroso, con mayor riqueza de sonidos armónicos más agudos. Además, las madres tienden a cantar a sus bebés de forma más lenta y emplean vocales largas y glisandos o deslizamientos de voz.

 

  • El rango del canto suele ser bastante agudo, lo que puede deberse a que los bebés prefieren escuchar un canto agudo en una voz femenina, ya sea por su familiaridad con la voz materna o por una mayor precisión en la captación de los tonos agudos. Además, coincide con el rango de voz del bebé.

 

 

Las madres logran mayor expresividad manipulando la letra y la melodía, pero también la dinámica y el tempo en el transcurso de la canción. De este modo, las nanas suenan más relajantes, y las canciones de juego, más alegres. La nana es un tipo de canción infantil destinada a relajar y facilitar que el bebé se duerma. Presenta una estructura simple y repetitiva, así como un contorno melódico suave y descendente, con sucesión de pequeños intervalos en un rango tonal limitado. La canción de juego es una forma musical diseñada para provocar interacciones más alegres o aumentar la emoción y la estimulación durante los cuidados rutinarios.

En función del objetivo de la madre (relajación o estimulación del bebé), alterará ciertos elementos musicales mientras canta. De este modo, las nanas expresarán afecto o ternura, mientras que las canciones de juego llevan sentimientos de alegría. Las madres tienden a refinar su interpretación musical con el fin de adaptarse al estado de ánimo y destrezas del bebé. Estos pueden detectar cambios sutiles en los estímulos musicales y así descifrar las expresiones de la madre.

 

 

¿Cómo ayuda el canto materno a regular emocionalmente al bebé?

El canto materno contiene estructuras secuenciales que facilitan la percepción de emociones. Las nanas y las canciones de juego han evolucionado para convertirse en rituales expresivos de emociones profundas, con beneficios para la madre y el bebé. Las nanas y las canciones de juego modifican el estado anímico del bebé y regulan su excitación, pasos previos para la regulación de los afectos.

 

 

El canto ayuda a coordinar los estados emocionales entre la madre y el bebé, y a establecer un vínculo social. Ambos muestran interacciones comunicativas rítmicas, con un patrón temporal, que se mantienen de forma conjunta. Los elementos musicales proporcionan a madres y bebés las herramientas necesarias para coordinar y expresar sus emociones. Las madres tienden a sonreír más cuando cantan que cuando hablan, lo que origina mayor atención visual de los bebés, y favorece la sensibilidad materna.

Las canciones de juego suelen ser más adecuadas para controlar momentos de malestar del bebé. Su carácter rítmico capta la atención de forma intensa y puede favorecer la distracción. Estas canciones suelen ser estimulantes, y se acompañan de movimientos con la cabeza y los brazos, y balanceo rítmico del bebé. Si este ya conoce la canción, se facilita un entorno de recuperación más seguro que el creado por el habla.

 

Canto materno y estados anímicos de la madre

Con frecuencia, el proceso de adaptación a una nueva maternidad puede conllevar cambios en los estados anímicos de la mujer. Estos estados pueden derivar en una depresión postparto, o en un estado mantenido de ansiedad, que además del propio sufrimiento que conllevan, dificultan el establecimiento de una relación saludable con su bebé. En general, nuestra sociedad tiende a negar esta realidad, e infravalorar todo lo que supone la maternidad en la vida de la mujer.

Desde hace algunos años, se sabe que las madres con depresión postparto interactúan menos con sus bebés, son más inexpresivas, y les cantan menos. Su canto es menos expresivo, menos luminoso, menos vital. Y por tanto, con menos rasgos que ayuden a regular a su bebé. De este modo, se genera un círculo vicioso que tiende a perpetuar la desconexión.

En Bélgica, se llevó a cabo una experiencia en un hospital materno-infantil con madres con depresión, en las que participaban durante varias sesiones grupales junto a sus bebés con dinámicas musicales en las que había un contenido teatral o expresivo importante, siguiendo las pautas de aprendizaje musical del pedagogo musical norteamericano Edwin Gordon. A lo largo del estudio, se comprobó la mejoría en la interacción entre madre y bebé.

 

 

Otros estudios en Estados Unidos y Australia se han enfocado en plantear programas educativos a través de las nanas para madres en general, como medio de promoción de la salud en esta etapa temprana, o como recurso de apoyo para madres con trastornos psiquiátricos. En todos ellos, se demuestra el profundo impacto de las experiencias musicales compartidas con los bebés para la mejora de su interacción y el desarrollo de una mayor conciencia de sus emociones.

 

 

Referencias bibliográficas

 

  • Edwards, J. (ed). (2011). Music Therapy and Parent-Infant Bonding. Oxford: Oxford University Press.
  • Gordon, E. (2013). Music learning theory for newborn and young children. Chicago: GIA Publications.
  • Nicholson, J. M., Berthelsen, D., Abad, V., Williams, K., & Wallace, J. (2008). Impact of music therapy to promote positive parenting and child development. Journal of Health Psychology, 13(2), 226-238.
  • Trehub, S. E. (2001). Musical predispositions in infancy. Annuals of the New York Academy of Sciences, 930, 1–16.
  • Van Puyvelde, M., Rodrigues, H., Loots, G., De Coster, L., Du Ville, K., Matthijs, L., Simcock, D., & Pattyn, N. (2014). Shall we dance? Music as a port of entrance to maternal-infant intersubjectivity in a context of postnatal depression. Infant Mental Health Journal, 35(3), 220-232.

 

Que es primero, la madre o la mujer?

Este título abre una discusión que puede llegar a ser polémica. Situación por la que he atravesado varias veces en conversaciones con mi círculo más íntimo (familia, amigos). Pero también una reflexión que he hecho luego de muchos años como terapeuta.

Una pregunta que me hace revisar mi historia y mis legados familiares:

  • ¿Cómo se vive la maternidad en mi familia?
  • ¿Qué rol tiene la mujer en mi familia?
  • ¿Qué ha pasado cuando alguna de mis primas o tías han intentado romper lo esperado y han hecho cosas distintas?

 

Esto me invita a ver cómo ha vivido la experiencia de la maternidad mis primas, amigas, y personas cercana a mí, y sobre todo como me siento ante eso, que cosas suceden en mí. Pero también pienso, no sólo se trata de cómo mi familia ha construido el rol de la mujer y el ideal de una madre, sino también en que cultura y en que etapa social e histórica hemos crecido, lo que empuja a la familia en general a construir este tipo de “realidades”, a las que “no se cuestionan” sino que se “introyectan o asumen sin oponerse” considerándolas como correctas.

 

Qué difícil es para una mujer cumplir con los roles impuestos por una sociedad más bien patriarcal, donde se espera que sea una mujer trabajadora, independiente, pero además se obliga a ser una madre excepcional, sin errores y sobre todo abnegada al 1000% con relación a la crianza de sus hijos. Una vez escuche “olvídate de ser mujer como por 15 años, el día que quedaste embarazada primero están tus hijos y después tú”, (aclarando que no soy madre, la persona que me lo dijo se lo decía a sí misma) Pero, ¿será realmente así?.

 

MADRES A TIEMPO COMPLETO

 

Este tipo de ideas ha sido reforzado por generaciones. Ciertamente la maternidad es una experiencia maravillosa que cambia la vida, pero porqué debe convertirse en una experiencia aisladora donde solo debe cumplirse un rol 24/7?, en pocas palabras ¿porque anularse como mujer?. En esto, además de la familia, y de la cultura donde se desarrolla se suman los medios de comunicación,los cuales han hecho un trabajo sistemático que encapsular cada día más los roles de género, y perpetúa los estereotipos de lo que es la maternidad. Por ejemplo el siguiente:

Es un pequeño ejemplo de cómo la sociedad en la que vivimos evalúa la maternidad. Es una cosa o la otra, pero las dos juntas quizás no funcionen. ¿Por qué plantear la experiencia de maternidad como un polo opuesto a lo que es ser mujer e individuo?

 

Amor desmedido y desinteresado.

 

Ciertamente la madre es una figura única e irrepetible en la vida de un niño. Cuando el niño nace depende directamente de la madre quien provee lo más importante para sobrevivir, el alimento. Pero también el abrigo y el amor alimentan, razón por la cual el cuidado de una madre los primeros años de la vida de un niño son fundamentales para su crecimiento y la formación de su seguridad psicológica y salud física y emocional.

 

Tener este aspecto claro hace que una madre se comprometa con su responsabilidad en la crianza y entienda que su rol como protectora y formadora es fundamental para el desarrollo de sus hijos. Pero en algunos casos, pareciera que esto conlleva directamente a olvidarse a ellas como mujer.

 

Y en este aspecto la sociedad también tiene responsabilidad. Cuando un niño nace generalmente el regalo de las personas que van de visita van dirigidos al bebe, ¿y que pasa con la mamá?; cuando el niño va creciendo y hablamos con una mujer, lo primero que preguntamos es ¿Cómo están los niños? ¿Cómo va la escuela?. Cuando entablamos una conversación con alguien que sabemos que es madre las primeras preguntas para comenzar una conversación se centran en: los niños. Lo cual sin querer igualmente encaminamos a esa mujer a olvidarse ellas como individuos y nos relacionamos a través del rol que están desarrollando: ser madre.Entre líneas le estamos diciendo, «primero madre, después mujer».

 

Es raro ver que una persona le pregunte, ¿Cómo estás tú? ¿Qué tiempo has tomado para ti?, ¿sigues bailando, o en tu curso de pintura, yoga, deporte? Es decir, asumimos que si es madre, su foco de atención y en lo que está concentrada su vida es en eso mismo: ser mamá. Y la tarea es mucho más asumida cuando la familia es monoparental, es decir cuando la mama es mama y papa a la vez, cuando hay condiciones especiales en sus hijos tanto físicas como psicológicas, entre otras situaciones.

 

Pero qué pasa cuando empezamos a ver que hay madres, que no se desconectan de su esencia de mujer, es decir que no se de olvidan de ellas como individuos y se siguen desarrollando en otras área de interés, donde solo invierten tiempo en ellas (aunque sea solo por un rato) y pueden separarse del rol de madre?

 

 

¿Mujer primero, madre después?

 

Es así antes de ser madre fuiste mujer, pero, ¿cómo vivías la experiencia de ser mujer? Eso es importante ya que a partir de allí podemos partir para revisar como estas viviendo la experiencia de de ser madre, si decides ser lo algún día, o si ya lo eres actualmente.

 

He visto como aquellas madres que dedican tiempo a divertirse o a realizar actividades fuera del hogar son enjuiciadas y reprendidas por una sociedad, que responde a la vivencia patriarcal de lo que es la mujer. Expresiones como estas son comunes:

 

“se escapa cada vez que puede hacer yoga, es que no quiere encargarse de los niños”, “pero como va a empezar a trabajar tan pronto, si los niños están muy pequeños”, “Deja a los niños solos con el papa y ella se va a reunir con sus amigas, que irresponsable”, “no le ofrezcas que no vaya, sino va a aprovechar quedarse en casa y te va a dejar a los niños a ti”

 

Frases como estas las he escuchado en diversas ocasiones en donde realmente es enjuiciado cuando una madre dedica tiempo para ellas y no involucra a sus hijos en esas actividades.

 

Sin embargo, no se escapa de la realidad que algunas mujeres viven la experiencia de la maternidad con apegos más bien evitativos, distantes y poco conectados con sus hijos. Aquellas mujeres que  habiendo decidido ser madres (de manera planificada o no), les cuesta conectarse con los cuidados prioritarios y muestran conductas negligentes como abandonos, distanciamientos o delegación de responsabilidades en terceros.

 

son aquellas mujeres que también están polarizadas, pero en este caso al extremo contrario.

 

 

 

 

LA PALABRA CLAVE: EQUILIBRIO

MADRE Y MUJER A LA VEZ

 

La clave es el equilibrio, saber fusionar ambas sin que una anule a la otra. SI, hablo en plural, ya que todos tenemos diversas facetas dentro de nosotros mismos. de manera que la invitación es a integrar cada unas de nuestras partes para que una no controle ni domine, sino que una parte de nosotros se complemente con la otra.

 

  • Para lograr esto es importante SOLTAR LAS CULPAS!!!!. sentir culpa es una manera de sabotaje a los procesos de crecimientos y de reconocimiento personal, la culpa es la amiga que siempre se queja, la que es negativa y la que frena el avance. Si te dejas acompañar siempre de las culpas, seguirá una parte de tí anulando a la otra.

 

  • Evitar entrar un extremo. Nos se trata de solo ser mujer, ni de solo ser madre, se trata de saber equilibrar ambas en ti.

 

Recuerdo una madre a la que le dije una vez “has hecho un trabajo maravilloso con tus hijos, son adultos ya responsables de sus vidas, sanos, felices e independientes, pero ahora que se fueron de casa, que pasara contigo? a lo que siguió un espacio de silencio y unas lágrimas continuas, ya que era primera vez en su vida que no tenia a nadie a quien cuidar, y no sabia como empezar a atenderse a sí misma.

 

Muchas mujeres pasan 20, 25 y hasta más años de sus vidas siendo madres, y una vez que los hijos se emancipan y se van de casa, no saben qué hacer, ya que no han desarrollado otras facetas de su vidas más que ser madres. Y aquí es donde llegan las complicaciones, ya que suelen desarrollarse patologías como depresiones, ansiedades, o empiezan a generar síntomas físicos porque no saben encontrarse en otra forma que no sea realizando la labor de madre.

 

Razón por la cual es importante recordar, que antes de madre fuiste mujer, y que aunque tus hijos siempre serán tus hijos, en algún momento ellos volaran fuera de casa, por lo que la pregunta es: vas a esperar ese momento para verte a ti al espejo? para reconocerte y para descubrir tus necesidades, sueños y motivaciones?

 

Tus hijos también necesitan verte desarrollándote en diversas áreas de tu vida, lo cual será para ellos fuentes de aprendizajes, de ejemplo y sobre todo de admiración. Esto también fortalecerá el vínculo que se establece entre madre – hijo y ayudara a desarrollar en ellos seguridad por el mundo externo y capacidad de aventurarse a explorar el mundo con confianza.

 

Recuerda que la clave es la integración, el equilibrio entre la posibilidad de ser una buena madre y de reconocerte como mujer, con necesidades y motivaciones, con sueños y con ilusiones.

 

Invito a leer este cuento recopilado por la Autora Pinkola Estes, donde de manera magistral nos ayuda a conectarnos con nuestra esencia más profunda y nos invita a regresar a nuestras raíces y profundidades psicológicas. se llama Piel de Foca y pueden encontrarlo en su libro Mujeres que corren con lobos

 

Ser madre definitivamente es un plus, pero también fortalecerá tu ser realizar las actividades que te gustan y que complementan tu felicidad y equilibrio interno. Realizar un curso recreativo, estudiar, salir con las amigas, etc. Sean cuales fueren tus intereses, no los olvides, reconcíliate con ellos y magistralmente hazte un espacio para ellos, protégelos, porque al proteger esos espacio también estas protegiendo tu salud mental y emocional, lo que traerá consecuencias positivas tanto con la relación con tus hijos, como con el resto de tu vida.

 

 

Monoparentalidad. Cuando 1 hace el trabajo de 2.

 

Hace pocos días atrás, sentada en el bus de regreso a casa escuche la conversación entre dos personas que iban justo delante de mí, (Si, sé que es un gesto de mala educación, pero hablaban muy fuerte), me parecía interesante lo que conversaban. Hablaban de como la experiencia de ser padres era una experiencia maravillosa, casi sublime. Entre risas y buenos recuerdos se desarrolló la conversación, sin embargo en un punto bajaron las risas y recordaron a una amiga, que en la actualidad era lo que se llama “madre soltera”. Hacían énfasis en lo triste y dolorosa que “debía” ser su experiencia. Es decir, ellos intentando ponerse en el zapato de la amiga asumían que la experiencia de criar sola era una de las experiencias más duras que podría atravesar alguien.

 

Luego de esto, me preguntaba, ¿realmente ésta persona lo estará pasando así de mal? ¿Su vida será tan dura y triste como lo piensan ellos?. Y luego quedo pensativa, empiezo a reflexionar en la familia, en cómo nos empeñamos en encuadrar y estereotipar lo que se supone es “bueno o malo”,  y por su puesto la familia no escapa de esta realidad.

 

Así como la sociedad ha cambiado, y todos sabemos que existen elementos que no estaban presentes hace 50 o 80 años atrás, como la tecnología y el impacto de ella sobre nuestras vidas, así mismo se ha visto una evolución y transformación en la familia como institución. Sin embargo, en la actualidad me encuentro en consulta, y no solo en consulta sino en el sistema judicial cuando debe intervenir un Juez o el sistema de protección, que predomina el ideal de la “Familia Tradicional”, aquella conformada por Papa, mamá, hijo.

 

Afortunadamente,  existe un proceso indetenible de amplitud de paradigmas, y se ha avanzado mucho en lo que respecta a entender a la familia como un organismo dinámico y cambiante, de manera tal que el concepto de familia se amplia y se comprende de una manera más integradora y respetuosa pro la experiencia del otro.

 

http://https://www.youtube.com/watch?v=AjnLyQbqcNY

 

Se conocen varios tipos  donde se  «clasifican» las familias, entre ellas podemos nombrar:

 

  • Familia Biparental: conocida como la familia tradicional, Mama, papa, hijo

 

  • Familia de Padres Separados: hijos de padres separados, que viven con uno de ellos, diferenciándose de la familia monoparental, ya que aquí aunque los padres no convivan comparten las responsabilidades y las tareas de la crianza de manera equitativa.

 

  • Familia Adoptiva: son aquellos padres con hijos que han sido adoptados o apadrinados de manera permanente, en esta situación también puede configurarse una familia monoparental.

 

  • Familia sin hijos: es aquella familia conformada solo por la pareja.

 

  • Familia Compuesta o ensamblada: son aquellas formadas por padres separados que se vuelven a establecer en pareja pero donde uno o ambos ya tienen hijos, y donde comienzan a compartir las responsabilidades de crianza.

 

  • Familia Homoparentales: son aquellas familias formadas por parejas con orientación homosexual  con hijos.

 

  • Familia Extensa: son aquellas familias donde participa activamente en la crianza de un niño por parte de distintos familiares, ya sea abuelos, tíos, padrinos, o quizás donde no hay niños pero donde generalmente se comparte la vivienda.

 

Y aquí parafraseo lo dicho al final del vídeo,

«existen muchos tipos de familia, no se trata de buscar un modelo único y perfecto, se trata de poder reconocer a la familia como el lugar del afecto, del cuidado, del respeto, y también de la solidaridad».

 

Y es que ciertamente es así,  el camino por recorrer para ampliar los paradigmas con respecto  a lo que familia se trata es largo, pero si se juntan las voluntades y se respeta la experiencia del otro, de seguro será un camino enriquecedor de transitar.

 

 

Familia Monoparental

Todos conocemos a alguna persona que suele catalogarse “madres o padres solteros”, en su mayoría mujeres, pero actualmente se ve un incremento de hombres que también han asumido la paternidad de manera absoluta, por lo cual aunque son menos en número, no menos en importancia. Finalmente es lo que en la actualidad, para todos los que trabajamos con servicios sociales o médicos catalogaríamos como “Familia Monoparental”.

 

“La familia monoparental se define como  aquellas en las que un progenitor convive con y es responsable en solitario de sus hijos e hijas menores o dependientes.”

 

Para que se pueda entrar en la categoría de monoparentalidad, la persona tiene a cargo los cuidados absolutos de los hijos, es decir es el responsable del cumplimiento de la protección para el desarrollo integral, donde entra la educación, la alimentación y abrigo, los cuidados médicos, la recreación, y todo lo que corresponde a la crianza.

 

 

Hay diversas razones por las cuales una familia puede ser monoparental, principalmente se da luego de separaciones o divorcios donde uno de los padres, se separa y hace abandono del hogar, delegando así todas las responsabilidades de crianza a la otra persona. Es decir, incumple en su rol como padre o madre, y delega en el otro toda la responsabilidad. Esta es una de las principales causas. Sin embargo puede darse también luego de la muerte de unos de los padres.

 

También puede darse el caso de solteros (as) con hijos, en donde la persona simplemente no formó pareja pero no renuncia a la experiencia de la maternidad o paternidad, en este caso se ha visto en incremento aquellas personas que optan por la adopción, por la reproducción asistida.

 

Es importante destacar que la estadística mundial muestra que mayoritariamente son las mujeres quienes lideran las familias monoparentales. Sin embargo, como lo dije anteriormente, los hombres son parte de esta estadística, aunque en menor escala.

 

Sea cual sea el origen, evidentemente la experiencia es individual. No es lo mismo una familia monoparental luego de una separación o procesos de separaciones conflictivas, a una persona que decidió ser madre o padre y asiste a un centro de adopción o de reproducción asistida para lograrlo, es decir, como parte de su proyecto de vida.

 

Papa y Mamá a la vez, uff que difícil…

http://https://www.youtube.com/watch?v=7NvBvP1p_9Y

 

La crianza es una de las tareas más difícil que puede atravesar un ser humano, pero también aquella en donde hay innumerables recompensas.

 

Ciertamente la tarea es complicada, y más cuando las condiciones juegan en contra. Una de las principales dificultades que se establece en una familia monoparental es el factor económico y el factor tiempo. Estamos hablando de hogares donde solo hay una persona encargada de sostener, con un ingreso que debe subsanar los gastos de todos los integrantes del hogar. Razón por la cual el tiempo suele reducirse, ya que estas madres o padres deben extender las estrategias para generar ingresos de manera que puedan cubrir las necesidades básicas del hogar. Esto hace que en muchas ocasiones exista un nivel de estrés muy alto, lo cual puede traer igualmente consecuencias emocionales, sociológicas y físicas.

 

En la consulta, generalmente puede verse madres sobrepasadas emocionalmente, ya que suelen sentirse solas y embotadas de tantas responsabilidades. Igualmente se observa en estos casos, el ingreso prematuro de los hijos en el campo laboral para poder aportar recursos suficientes para sostener el hogar, y en muchos casos para poder continuar con su formación académica.  En cierta forma están en desventaja con el resto de las familias, y esto también se refuerza porque los recursos estatales y gubernamentales generalmente no generan políticas públicas suficientes que garanticen la igualdad de oportunidades para todos los tipos de familia, o beneficios públicos para los padres o madres que requieran de ayudas especiales para sobrellevar la crianza de sus hijos.

 

Cuando se es cabeza de familia en una familia monoparental se debe ser mama y papa a la vez, es decir, se deben cumplir ambas funciones, lo que en psicología básica se llama función materna y función paterna. La función materna se  enfoca en los cuidados, en las acciones de alimentación, abrigo y afecto, y la función paterna se refiere a aquellas acciones de crianza, de establecimiento de límites y de acciones correctivas para desarrollar juicio moral. De manera que una persona que conforma u encabeza una familia monoparental debe cumplir con ambas funciones. De manera que será la figura proveedora pero también la figura de amor y de formación.

 

Papa y Mamá a la vez, una oportunidad inigualable…

Conversando con una madre sobre este tema me comentaba,

 

“Gaby, no hay mejor regalo que me ha dado la vida de dejarme criar sola a mi pequeña, no solo porque la tengo solo para mí, lo cual puede sonar egoísta, sino porque de la manera tradicional mi niña iba a tener más problemas, iba a ser seguramente más infeliz, el que su padre no esté implica no que no tendrá que vernos peleando, en conflicto o sufriendo su indiferencia, aunque ve a su papá un par de veces al mes, la relación entre ellos es mejor

 

Y es así, formar una familia monoparental es una oportunidad única, en síntesis es también formar familia. En experiencias cercanas la formación de familias monoparentales también han sido experiencias de éxito y de fortalecimiento familiar, donde la vinculación que se establece con ese padre o madre es tan fuerte, que permite un desarrollo de ese niño o niña totalmente sano y feliz. La clave: activa todas las redes.

 

Activa las redes

Pertenecer a una familia monoparental no significa estar solos.  

 

Establece estrategias para poder sumar otras personas que puedan apoyar en la crianza de los niños. En este sentido la familia extensa (abuelos, tíos, padrinos, amigos) es un apoyo muy importante, no solo para ese padre o madre, sino para ese niño o niña en crecimiento. Ver articulo ¿somos todos responsables de la crianza de un niño?. y esto no solo sucede con familias monoparentales, también sucede con todos los tipos de familia, y esta asociado generalmente a la demanda de tiempo laboral que deben ejercer los padres para poder cubrir sus necesidades. Sin embargo para una familia monoparental las redes son de real importancia.

 

Los abuelos, son una pieza fundamental. En muchos casos, son un apoyo incondicional y único, donde la madre o padre descansa algunas responsabilidades de crianza, aunque lo importante es no pasar el límite de la delegación absoluta en la formación del niño, para que éste no confunda los roles de cada uno y no se generen conflictos en la crianza del niño. Y sobre todo para que estos abuelos puedan disfrutar de la experiencia de ser abuelos, y no sientan que están repitiendo nuevamente sus paternidades. Para esto recomiendo leer el artículo Padres – hijos- abuelos, el trio la la la

 

Igualmente recurre a todas las opciones de beneficio para familia monoparentales, infórmate sobre todos los beneficios sociales y públicos que hay en favor a las familias monoparentales.  Recurre a las instituciones públicas quienes tienen la obligación de favorecer el desarrollo integral de sus ciudadanos, e infórmate de las que corresponde  a las familias monoparentales para temas de salud, educación, vivienda, entre otros.

 

La familia monoparental es un tipo de familia, como cualquier otro, ayudemos a cambiar el paradigma de “madre soltera” o “padre soltero”. De esta manera fomentaremos la convivencia respetuosa y la integración de todos en sociedad.

 

La resiliencia es fundamental y se desarrolla generalmente en este tipo de familias, ya que evidentemente la crianza es mucho más complicada. Estos madres o padres son ejemplo de lucha y trabajo,  lo cual genera niños igualmente resilientes y preparados para la vida.

 

 

 

¿Por qué las madres mueren en los cuentos infantiles?

Hace unos días Roxana Palacios publicó un post en este mismo portal llamado “Yo vivo por mis hijos” en el que hablaba de la relación que se crea entre el niño y sus padres desde incluso antes de su nacimiento.

Me gustaría resaltar una frase:

“Hay un momento en el que el bebé es realmente todo para la madre, y es necesario que sea así para su supervivencia. Sin embargo, debe haber un corte o límite entre ambos.”

Esta separación efectivamente es vital, y es algo que los cuentos de hadas llevan enseñándonos desde hace miles de años. Quizá nos vendría bien repasar estas viejas historias para rescatar su sabiduría.

El papel de los cuentos

Uno de los primeros artículos que escribí en Psiquentelequia, trataba sobre la función moralizante de los cuentos infantiles.  Desde hace 1.300 años (y con casi total seguridad más), los cuentos de hadas han servido para enseñar a niñas y niños (sobre todo a las primeras) lo que deben hacer y lo que no. Lo que es deseable, y lo que hay que evitar.

Una primera visión por encima, podría hacernos creer que las moralejas de los cuentos iban dirigidas esencialmente a la infancia, pero si nos adentramos un poquito más descubrimos que también los adultos podemos aprender muchas cosas de estas viejas historias.

Disney: el asesino de las madres

La separación de la que habla Roxana tiene su máxima expresión cuando vemos que en una gran cantidad de historias creadas para el consumo infantil, la figura de la madre, del padre (o de ambos) no existe.

Vamos a hacer un breve repaso de la filmografía de Disney para ponernos en situación. He seleccionado las películas más representativas de la casa, cuyos protagonistas son humanos,  y a no ser que se me haya despistado alguna, están presentes todas las archiconocidas princesas Disney:

  • Blancanieves: madre muerta.
  • La Cenicienta: madre muerta.
  • Alicia en el País de las Maravillas: padres ausentes en el cuento (esperemos que estén vivos).
  • Peter Pan: no solo no tiene padres, sino que lidera una pandilla de niños “perdidos”, es decir, huérfanos.
  • La Bella Durmiente: separada de sus padres desde que nada. Suponemos que ella creería que habían muerto.
  • La Sirenita: madre muerta.
  • La Bella y la Bestia: madre muerta.
  • Aladín: de él sabemos poco. La madre de Yasmin por el contrario sí que sabemos que ha fallecido.
  • Pocahontas: madre muerta.
  • Tarzán: ambos padres muertos.
  • Lilo y Stich: ambos padres muertos.
  • Tiana y el Sapo: madre muerta.
  • Enredados: separada de sus padres al nacer.
  • Brave: ¡Increíble! ¡Ambos padres vivos y con buena salud!
  • Frozen: padres muertos.
  • Big Hero: padres muertos.
  • Vaiana: madre y padre con vida.

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De los personajes de la imagen tan solo Mérida y Mulan han crecido sabiendo que su madre está viva, las demás o eran huérfanas o creían serlo. Faltaría añadir casos como la madre de Bambi o la muerte de Mufasa que tantísimo nos hicieron llorar.

¿Es acaso la factoría Disney una vil y perversa empresa que odia a las madres del mundo entero?

Si viajamos atrás en el tiempo podemos hacer otro repaso a la literatura infantil y observar por ejemplo los cuentos recopilados de los Hermanos Grimm:

  • Hansel y Gretel
  • Caperucita Roja
  • La Cenicienta
  • Rapunzel
  • La Bella Durmiente
  • Blancanieves
  • La niña de los Fósforos

Otra vez más la orfandad está presente en la mayoría de las historias.

¿Cuál ha sido el éxito de la literatura infantil más importantes de los últimos tiempos? El mago más famoso de todos, Harry Potter también era huérfano. Huérfanos son también Lucy, Edmun, Susan y Peter, protagonistas de la adaptación de los libros de Lewis Las Crónicas de Narnia. Huérfano era Frodo, héroe del Señor de los Anillos, y así podríamos seguir. ¿Azar? Ni mucho menos. Estas muertes son un símbolo de la transición sana de la infancia a la adolescencia.

La muerte de la inocencia

Cuando somos pequeños, dependemos para sobrevivir de nuestros padres.  Las personas, como mamíferos que somos hemos dependido de nuestras madres para sobrevivir nuestros primeros meses de vida cuando éramos amamantados. Nuestra cultura además ha delegado en las mujeres el cuidado de los bebés y de niños y niñas pequeños. En el reino animal y en el caso de los mamíferos, suele ser la hembra la encargada de enseñar a las crías lo que deben hacer. Por eso en los cuentos la figura de la madre es la peor parada, porque han sido ellas las responsables de cuidar y educar.

En ese periodo de nuestra vida nuestros padres no son solo unos seres que nos proporcionan cuidados externos. Son las persona que se encargan de mostrarnos lo que debemos hacer y lo que no. Interiorizamos las voces de nuestros padres y con ella configuramos nuestra voz interior, nuestro pepito grillo.

Y ojo, que esta voz es necesaria para sobrevivir. Cuando refleja la existencia de peligros reales no distorsionados, es la responsable de que el cachorro de león no se aleje de la leona con la consiguiente probabilidad de ser devorado. Es la responsable de que un niño pequeño busque a su madre cuando está con desconocidos: nos brinda protección.

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Pero llega un momento en nuestro desarrollo vital en el que debemos desprendernos de esa voz. Y es aquí donde aparece la necesidad de dejar huérfanos a los niños en los cuentos infantiles.

En estas historias la muerte de la figura materna, en algunos casos la paterna también, representa la muerte de nuestra madre interior, nuestra guía infantil. Cuando nos adentramos en la adolescencia los esquemas con los que vemos el mundo cambian drásticamente. Ya no es sano quedarse paralizado al amparo de esta voz que te dice “no hagas eso”, “no es seguro”. Es necesario matarla. Así, tal cual.  Si no lo hace, el cachorro del león no aprenderá a cazar y se convertirá en un adulto independiente. Si no lo hacemos y no nos alejamos de esa seguridad infantil nos convertimos en adultos miedosos y fácilmente manipulables.

El nacimiento del héroe

¿Qué ocurre cuando muere la madre, la inocencia, la guía interna o como prefieras llamarlo? Básicamente se da la oportunidad para que nazca el héroe.

Las lobas, tal y como cuenta Clarissa Pinkola en su archifamoso libro  “Mujeres que corren con los lobos”,  son unas buenísimas maestras.

La loba protege a sus cachorros con garras y dientes, pero cuando llega el momento, es ella quién les obliga a enfrentarse al peligro de cara, amenazándoles incluso con gruñidos si no quieren hacerlo. La loba se aleja para que el cachorro lobo crezca, porque sabe que con ella al lado seguirá siendo un cachorro.

 

En muchas historias infantiles la muerte de los padres marca el fin de la infancia y el inicio de las responsabilidades de la vida adulta. Cuando muere  la madre de Bambi, él debe abandonar los juegos de la infancia. Una vez perdida la inocencia y la seguridad de esa voz que le protegía se da de bruces con su padre, quien encarna la transición a la vida real. “No va a volver” le dice, y al protagonista no le queda más remedio que afrontarlo, abandonar la primavera y meterse de lleno en el invierno inhóspito como metáfora de la adolescencia.

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Si los padres de Harry siguieran vivos difícilmente este habría tenido la necesidad de ser valiente, y sin la necesidad de ser valiente difícilmente hubiera hecho todas las cosas maravillosas que hizo. Esta historia en particular se acerca al niño y le dice: “puedes solo”.

Brave, aunque es cierto que tiene padres, debe enfrentarse a su madre para lograr la independencia, es decir, para lograr ser una adulta fuerte e independiente. Y es que la madre de Brave representa el modelo de padres sobreprotectores que no dejan morir esa guía que han interiorizado sus hijos para que creen ellos una propia.

Por lo tanto, esta guía interior que recoge los cuidados y protección de nuestros padres tiene que apagarse para que el adolescente  pueda explorar los peligros que le acechan. Por su puesto que lo hará con miedo, y muy probablemente se lleve algún mordisco, pero es la única manera que tenemos de crecer y convertirnos en protagonistas de nuestras historias.

¿Qué ocurre si no dejamos morir la inocencia?

Si la loba no obliga a la cría a salir al bosque ella sola por mucho miedo que tenga, no aprenderá a cazar, será débil y torpe, y probablemente no sobreviva demasiado.

Si no obligamos a los pequeños a enfrentarse al mundo de cara, tendremos una generación de personas miedosas, con ninguna tolerancia la frustración, dependientes, manipulables… ¿os suena?

Porque ya lo estamos viviendo: por primera vez en EEUU los adultos jóvenes prefieren vivir con sus padres antes que independizarse.; las tasas de depresión aumentan en la población adolescente (que ya es igual a la de la población adulta), estamos regresando a unos niveles de puritanismo que no dejan de sorprenderme,  etc.

Las señales están ahí. De nosotros depende dejar de sobreproteger a la infancia.  Permitir que se equivoquen, que se caigan y se levanten ellos solos, porque pueden hacerlo. Reconocer en las viejas historias de hadas la imperiosa necesidad de dejar espacio.

 

 

Yo vivo por mis hijos

Vivo por mis hijos

La publicación de hoy es más bien una reflexión sobre la dinámica entre padres e hijos, y cómo se juega el deseo entre ellos. Hay una página en Instagram que sigo y me encanta pues es una fuente muy rica de reflexiones. La misma simula el final de una sesión de análisis, donde el analizante habla y el analista le interpreta para luego decir: “Terminamos por hoy.”

Hace unos días leí una publicación acerca del deseo de los padre hacia sus hijos. El analizante dijo: “Yo vivo por mis hijos.” A lo que el analista respondió: “¿La vida de ellos? … Terminamos por hoy.” Tú que tienes hijos, ¿te removió algo esta frase? Y si no los tienes, eres hijo si duda. ¿Te resuena en algo a la relación con tus propios padres?

 

Universo simbólico del bebé

Mundo simbolico

Desde antes de nacer, el bebé se encuentra inmerso en un universo simbólico. El mismo está constituido por el lenguaje como estructura, y los deseos de sus padres con respecto a él. Ya desde antes de nacer, sus padres lo soñaron e imaginaron un futuro que en el mejor de los casos será un propio. Escogen su nombre con mucho cuidado o al azar, pero siempre con componente inconsciente importante. El otro día en consulta le pregunté a sus padre por qué escogieron el nombre. Me contaron que la primera sílaba es la primera del nombre del padre, y la última sílaba es la última del nombre de la madre. “Así tiene algo de los dos, se parece en una cosas a mí y en otras a ella.”, comentan los padres.

En otros casos, será la continuación del futuro truncado de alguno de sus padres. El bebé llegará como un Mesías a cumplir los sueños rotos, los planes inconclusos de sus progenitores. Puede ser a través de alguna actividad que lo defina, y en la cual el padre no pudo realizarse. Pero no se limita a este tipo de situaciones. ¿Qué pasa cuando vive la vida de ellos?

Es fundamental, ante los hijos pensar en qué contexto este niño o esta niña fue concebido. Sus padres quieren para él o para ella un futuro propio como sujetos de su deseo. O más bien, lo toman como un objeto de satisfacción de sus propios deseos.

 

Necesidad y demanda

El deseo es un concepto fundamental del Psicoanálisis para comprender los procesos del sujeto. Puede vincularse en parte con la noción común de deseo, como algo que motiva al sujeto. Lo cierto es que surge en la infancia, y luego se manifiesta en los sueños, las fantasías, la psicopatología de la vida cotidiana, entre otras producciones psíquicas. En Psicoanálisis se distingue el deseo de la necesidad y la demanda.

La necesidad está ligada al instinto de supervivencia de una especie. Mediante la misma, un ser vivo busca un objeto que la pueda satisfacer por completo. Estas circunstancias ocurren primordialmente en el mundo animal, donde hay un objeto que puede colmar esa necesidad. Mientras que en el ser humanos, el instinto pasa por lo psíquico. Lo que nos mueve es la pulsión, un límite entre lo físico y psíquico. La misma no tiene un objeto específico que lo satisfaga.

 

Surgimiento del deseo

Volvamos al tema de los padres en relación con sus hijos. Cuando un bebé llora, la madre interpreta esto como una demanda. Digamos que lo hace por hambre, pero no puede interpretar aún esas sensaciones corporales e identificarlas como la necesidad de comer. En el mejor de los casos, la madre lo satisface pero también lo introduce en el campo del lenguaje. Ella construye una interpretación y le dice a su bebé: “Es hambre, quiere comer.”

Además de alimentarse y satisfacer la necesidad de hambre, el bebé empieza a chupetear. Esto le causa un placer que va más allá de la alimentación misma. Cuando la madre hace lugar a la falta en la satisfacción de esa demanda, el niño entra en la dimensión del deseo. Este es insatisfecho y de allí en adelante el bebé busca revivir esa primera experiencia de satisfacción en la realidad o en la fantasía.

El concepto psicoanalítico de fantasma se refiere a la respuesta que da el sujeto ante la pregunta sobre el deseo del Otro. En las palabras de la madre siempre hay algo incomprensible, y el niño se pregunta: ¿qué quieres? La madre demanda algo que le falta, y el niño se ubicará como ese objeto que la completa. Pero en el fantasma se incorpora la presencia del sujeto en la escena.

 

Niños y niñas «Amo»

niños amo

Hoy en día ocurre un fenómeno particular en relación con la crianza de ciertos hijos. Los padres procuran vivir sus vidas a través de sus hijos. A veces reconocen en ellos un atributo particular que los hace extremadamente especiales. En otros casos, hay un cierto grado de culpa por errores cometidos con respecto a este hijo o a otra figura significativa. En cualquier caso, la madre o el padre hacen de este hijo un objeto y le dan todo. No le permiten tener su propio deseo pues colman cualquier vestigio de falta, incluso antes de que se perciba.

Estos son los niños o niñas amo, y actualmente ya adultos con este funcionamiento. Son personas a quienes no les ha faltado nada, pues sus padres constantemente se desviven por satisfacer cada una de sus necesidades, deseos y hasta caprichos. Los padres hacen lo mejor que pueden con lo que tienen. No son conscientes del daño que causan a sus hijos una vez éstos sean adultos. Principalmente, se sienten merecedores de todos los privilegios sin realizar ningún esfuerzo, y lo que es peor, sin desearlo. Es un rasgo un poco perverso a veces, en el sentido psicoanalítico. Pues es su ley la que vale, por encima del resto.

Vemos infinidad de casos de lo que se conoce comúnmente como “adolescentes tardíos”. En muchas ocasiones, no son más que niños amo, incapaces de esforzarse por nada, porque no tienen un deseo propio por nada. Todavía dependen de sus padres, no sólo económicamente, sino emocionalmente. Estos padres por su afán de que sus hijos cumplan su propio éxito frustrado, han fracasado nuevamente.

adulto inmaduro

 

¿Qué necesita un niño?

Como hemos visto, el deseo del sujeto se configura en relación con el deseo del Otro, quien cumple la función materna. El niño necesita que la madre desee para él un porvenir propio. Si el niño se convierte en su objeto de satisfacción esto es imposible. Por otro lado, si colma al niño con todo lo que cree que el necesita se colma la falta. Entonces, éste será incapaz de desear por sí mismo.

En la consulta privada y en mi trabajo como consejera en un colegio soy testigo de esto a diario. En esta época donde la tecnología es tan importante, nos encontramos con niños que tienen todos los gadgets que se puedan imaginar. Sin embargo, no tienen el tiempo compartido con sus padres, no tienen quien los escuche.

Hay un momento en el que el bebé es realmente todo para la madre, y es necesario que sea así para su supervivencia. Sin embargo, debe haber un corte o límite entre ambos. Generalmente, lo cumple el padre –o quien cumpla esa función. De allí en adelante, se reproducirá esa experiencia toda vez que el sujeto sea se enfrente con un límite a su satisfacción inmediata y/o completa. Esto le permite vincularse con otras personas en el futuro, de un modo no egocéntrico.

amor y limites

De no darse estas condiciones, encontraremos vagos emocionales, personas carentes de un deseo propio. También se ven niños o adultos amos, convencidos de que se merecen el mundo sin mover dedo para conseguirlo. En fin, un niño necesita el amor de sus padres, el deseo de estos de un futuro propio como sujeto, y límites a sus satisfacciones de modo que pueda vivir en sociedad. No vivir para ellos, ni la vida de ellos… sino vivir la vida con ellos.

 

Fuentes:

La sexualidad infantil

A finales del siglo XIX, Sigmund Freud desarrolla al Psicoanálisis como un método para explorar los procesos mentales inconscientes. También como una técnica para tratar las enfermedades mentales. Uno de sus constructos fundamentales es la relevancia de la sexualidad en la constitución del sujeto. En la época victoriana hablar de la sexualidad infantil era casi un pecado. En su obra Tres Ensayos de Teoría Sexual (1905), Freud expone cómo en ese momento la opinión popular asumía la creencia de que lo sexual falta en la infancia. Incluso en la actualidad hay sectores que consideran que la sexualidad sólo se activa en la pubertad, como por arte de magia.

A partir de los trabajos de Freud, se acepta que la sexualidad está presente desde la infancia y se desarrolla hasta la edad adulta. Definitivamente, los (as) niños (as) no experimentan las pulsiones sexuales del modo en que lo hacen los adultos. Es importante conocer las bases de este desarrollo para la comprensión del ser humano y su psiquismo. Aún cuando hoy este tema sigue siendo tabú, muchos de los conceptos freudianos se han insertado en el discurso social. También, han contribuido al surgimiento de otras teorías que han sido fundamentales para comprender este proceso.

sexualidad infantil

En los últimos días en mi país se ha desatado una lucha campal entre dos bandos que apoyan o rechazan un proyecto de ley. El mismo propone la educación sexual en los colegios, entre otras iniciativas vinculadas a la llamada salud sexual y reproductiva. Uno de los aspectos que crea más polémica es “hablar de sexo” con niños en edad escolar primaria. Se han expuesto argumentos válidos a favor y en contra. Igualmente se han divulgado muchos mitos sobre lo que es la sexualidad y cómo se manifiesta en la niñez. Ensayaremos esclarecer algunos conceptos básicos.

 

¿Qué es la sexualidad?

Es muy importante resaltar que en la teoría psicoanalítica, la sexualidad se distingue de la genitalidad. Tomemos como referencia la definición propuesta por Laplanche y Pontalis en su Diccionario de Psicoanálisis:

En la experiencia y en la teoría psicoanalíticas, la palabra sexualidad no designa solamente las actividades y el placer dependientes del funcionamiento del aparato genital, sino toda una serie de excitaciones y de actividades, existentes desde la infancia, que producen un placer que no puede reducirse a la satisfacción de una necesidad fisiológica fundamental (respiración, hambre, función excretora, etc.) y que se encuentran también a titulo de componentes en la forma llamada normal del amor sexual.

La sexualidad se constituye desde la infancia como la búsqueda de un placer que se apuntala en las necesidades fisiológicas pero que las sobrepasa. Freud lo ejemplifica con el chupeteo, y expone los trabajos del pediatra húngaro S. Linder. Cuando un bebé nace, su reflejo de succión existe para que pueda satisfacer la necesidad biológica de alimentarse. Además, se establece un vínculo estrecho con la madre mediante el amamantamiento, el acto de ser alimento. Es un momento idílico entre ambos, en el cuál ella lo mira y acaricia: la primera experiencia de satisfacción.

En un mundo ideal, madre y bebé permanecerían en esta situación siempre. Sin embargo, hay componentes de la realidad que los separan por momentos. Posteriormente, el niño chupetea aún cuando no tiene hambre, buscando una experiencia similar a esa vivencia anterior. Aquellos que hayan tenido bebés o los hayan observado, habrán notado que en muchas ocasiones chupetean mientras duermen. Más adelante, algunos cuidadores primarios captan este fenómeno y le ofrecen al niño un chupete, si es que no ha encontrado su dedo pulgar primero. Esto es una manifestación de la sexualidad en el infante: la búsqueda del placer en su boca aún cuando no tenga hambre.

sexualidad infantil

 

Las zonas erógenas

Durante distintas etapas de la infancia, existen zonas del cuerpo privilegiadas en la búsqueda de ese placer que queda luego de satisfacer las necesidades fisiológicas. Freud las denominó zonas erógenas, pues son fuentes de una tensión que debe calmarse, y a la vez son el objeto o el lugar en el cual se satisface. Como mencionamos el ejemplo de la boca de donde surge el empuje a succionar, y que se colma en sí misma en el chupeteo. En este sentido, la sexualidad en el infante es auto-erótica, pues se satisface en su propio cuerpo.

Como ya mencionamos, el niño no concibe la sexualidad como lo hace un adulto. Tiene sensaciones placenteras en su cuerpo, sobre todo en áreas que por su anatomía están de cierto modo predestinadas. Es en la adolescencia donde despiertan los deseos sexuales propiamente, que van dirigidos hacia un otro. Más adelante, en la vida adulta la sexualidad estará al servicio de la reproducción, y la satisfacción de las pulsiones parciales  formarán parte del acto sexual. Esto se da porque persisten en el sujeto esas formas de satisfacción de su infancia.

 

El desarrollo de la sexualidad

En su obra, Freud propuso una serie de fases (hipotéticas) del desarrollo de la organización sexual. Denominó pregenitales a las organizaciones de la vida sexual en que las zonas genitales todavía no han alcanzado su papel predominante. En su obra explica que:

Normalmente, estas fases de la organización sexual se recorren sin tropiezos, delatadas apenas por algunos indicios. Sólo en casos singulares calificables como patológicos son particularmente activadas y se vuelven notables incluso a una observación grosera.

  • Fase oral: En el primer año de vida la alimentación es la función principal en el desarrollo del infante. Durante el mismo, el placer del bebé está ligado a la cavidad bucal y los labios, que hacen contacto con el pecho de la madre. Como presentamos anteriormente, el chupeteo ejemplifica lo que ocurre en este momento del desarrollo. Consiste en el resto de placer que queda más allá de la nutrición. Se puede observar cómo los bebés se vinculan con su entorno a través de la boca, buscando introducir en ella cualquier objeto que encuentren. El destete constituye un momento crucial en el cual se le despoja al bebé de esta experiencia.

sexualidad infantil

  • Fase anal: Segunda fase del desarrollo sexual que puede ubicarse aproximadamente entre los dos y los tres años. Se caracteriza por la prioridad de la zona erógena anal. Los niños están descubriendo que pueden tener cierto control sobre sus esfínteres. La madre o los cuidadores primarios esperan que el niño tenga conciencia de esta nueva habilidad, al avisar cuando quieren ir al baño. Posteriormente, se espera de ellos que puedan controlar la salida de las heces cada vez más. Es decir, postergar el momento de evacuar hasta que lleguen al baño. Este nuevo poder adquirido de controlar sus heces produce placer. Las heces en sí mismas, son un regalo (simbólico) a los cuidadores primarios quienes promueven su independencia en este aspecto.

control de esfínteres

  • Fase fálica: Fase que se caracteriza por la primacía del interés en los órganos genitales. Los niños en edad pre-escolar sienten curiosidad por descubrir su propio cuerpo. En ocasiones los niños pueden tocar o exhibir sus genitales, sin tener la connotación de un adulto. Además, se preguntan sobre cuestiones propias de la sexualidad como la diferencia entre los niños y las niñas, el origen de la vida, la relación de pareja entre sus padres, etc. Durante esta etapa culmina el Complejo de Edipo (que expondremos en una publicación posterior) y surgen las identificaciones de los niños por las características de los géneros masculino y femenino. Esto se puede observar en juegos de roles y el interés por diversas actividades que socialmente corresponden a un género u otro. Al finalizar esta fase, tienen más conciencia sobre el concepto de privacidad.

fase falica

  • Período de latencia: Período comprendido durante la edad escolar, antes del comienzo de la pubertad, y que representa una etapa de pausa en la evolución de la sexualidad. Según la teoría psicoanalítica, el período de latencia tiene su origen en la declinación del complejo de Edipo. Surgen las identificaciones con los padres y el desarrollo de las sublimaciones. Es por esto que en este periodo los niños se enfocan en llevar a cabo actividades relacionadas con el aprendizaje, ya sea académico o de otras áreas como el deporte y las artes. Generalmente no demuestran mucho interés en las actividades del sexo opuesto, salvo ciertas excepciones.

periodo de latencia

  • Fase genital: Inicia en la pubertad y está determinada por la organización de las pulsiones parciales bajo la primacía de las zonas genitales. Se pasa del autoerotismo del que hablamos en la infancia, hacia el interés sexual por un objeto u otro.

 

Las teorías sexuales infantiles

Los niños son curiosos por naturaleza, desde su nacimiento exploran su entorno y a sí mismos. Estos cuestionamientos varían cualitativamente en los diferentes momentos de su desarrollo. Como ya vimos, los niños pequeños se preguntan sobre aspectos relacionados con la sexualidad. Transmiten dichas cuestiones a sus padres o cuidadores primarios y también crean teorías que los ayudan a interpretarla. Freud propone las siguientes:

  • El enigma de la esfinge: Con respecto a la diferencia de los sexos, surge la primera teoría sexual infantil. Es el supuesto de que todos los seres humanos tienen el mismo órgano genital: el masculino. Posteriormente, ante la presencia de la realidad, se dan cuenta de que no es así. Esto ocurre cuando los niños pequeños comparan sus propios genitales con los de sus padres o algún (a) hermanito (a). De acuerdo con Freud, esta teoría sexual infantil se basa en la creencia de que todas las personas tienen pene, y que a las niñas no les ha crecido todavía.
  • Teorías del nacimiento: Surgen ante la llegada de un (a) hermanito (a), o cualquier embarazo de alguien cercano. La pregunta predominante es: ¿de dónde vienen los niños? Ya que durante el embarazo el vientre de la madre crece, los niños pequeños generalmente tienen la teoría de que el bebé llegó allí por algún proceso asociado con la alimentación. Los padres y cuidadores en distintas culturas buscan responder con fábulas como la cigüeña o similares.
  • Concepción sádica del acto sexual: Sólo en los casos en los que el niño presencia el acto sexual en una edad temprano, lo interpreta como una especie de maltrato o sometimiento. Esto puede ocurrir en situaciones en las que los padres sostienen que el infante no se entera de lo que sucede por no comprender aún lo sexual. Precisamente por no tener esa comprensión y su inmadurez en el desarrollo de la sexualidad, el niño se lo vive como un acto agresivo.

embarazo

Freud apunta que estas teorías sexuales infantiles son un reflejo de la propia constitución sexual del niño. Dan cuenta de una gran comprensión, acorde con su edad, sobre los procesos sexuales. Sin embargo, luego de la primera infancia el niño renuncia a este interés de saber sobre lo sexual, y dirige sus esfuerzos a otros menesteres.

 

El rol de los padres: amor y límites

Esta temática es bastante compleja para los padres. En la actualidad se considera que es apropiado hablar con los hijos acerca de la sexualidad. La cuestión incómoda es determinar las palabras adecuadas y el momento indicado. Sobre todo, porque en nuestro mundo globalizado y tecnológico, la información está al alcance de un click. ¡Padres y madres, tranquilos! La «educación» en el aspecto sexual va más allá de las charlas sobre sexo, aunque no las excluye. A través de los cuidados y la crianza ya están contribuyendo en el desarrollo de las sexualidad de los pequeños. Vamos a abordar dos manifestaciones de este transcurso, para lo cual retomaremos el planteamiento de Freud sobre la meta de la pulsión sexual en los niños:

La meta sexual de la pulsión infantil consiste en suscitar y producir la satisfacción mediante la estimulación apropiada de la zona erógena que, de un modo u otro, se ha escogido.

Sin embargo, vivir en sociedad nos exige a todos renunciar a la satisfacción de ciertas pulsiones. O por lo menos postergar esta satisfacción a un momento más adecuado. Los padres, como representantes de esta sociedad en el hogar, transmiten estas normas a sus hijos. Los niños desde muy temprano se encuentran con estos límites que son impuestos con todo el amor que sus padres pueden ofrecerles. Consisten en la renuncia que deben hacer los infantes a esta satisfacción de la que se han servido por un tiempo.

Ejemplo de estas renuncias son: el destete, el control de los esfínteres, la prohibición de tocar o mostrar sus genitales en público. Las madres, sin saber que esto se relaciona con el desarrollo de la sexualidad, se preguntan: ¿cuándo es el momento propicio? No hay un manual que defina esto con precisión. En la conexión con sus hijos encontrarán la respuesta. Hay un saber en la madre y en la propia fisiología del niño, sobre los momentos más o menos favorables para que se den estos hitos del desarrollo. Su logro promueve la independencia de los niños en el cuidado de su propio cuerpo. Además, apoya un desarrollo sexual y psicológico adecuado, aunque en el momento estos aspectos no parecen estar vinculados.

 

Hablar de sexualidad con los hijos

Otro aspecto que crea incertidumbre en los padres es la curiosidad de los niños sobre estos temas. Y ahora, ¿cómo responder ante las preguntas de mi hijo (a)? Los padres y madres no quieren “meter la pata”. Les aterroriza plantar ideas sobre sexualidad en sus hijos que luego pueden crear más problemas. Sumado a esto, es incómodo hablar de sexo hasta con personas adultas. Pues otra vez, ¡calma! No existe una única respuesta para el bombardeo de preguntas que reciben los padres. Primero hay que mantener la tranquilidad e indagar de dónde surgen esas preguntas. Los padres pueden continuar esta conversación preguntándole a su hijo (a) qué piensan sobre eso. La respuesta que los padres den a sus hijos deben ser honestas y sencillas. No es necesario explicar más de lo que ellos han preguntado.

Padres - Hijos

Desde una edad temprana, los padres pueden inculcar en sus hijos el carácter del cuerpo como algo que se debe cuidar. Además de aspectos de salud en general, esto se refiere también a la comprensión paulatina de que los genitales son órganos privados, que no deben ser exhibidos por los niños. También, en los posible velar porque los pequeños no presencien actos sexuales que como ya hemos visto son interpretados como agresivos.

Más adelante en la pubertad y en la adolescencia, los padres pueden ser más explícitos con respecto a los procesos propios de la sexualidad. Cada familia encontrará la manera de abordar este tema de una forma satisfactoria para todos. La sexualidad es un aspecto fundamental en la constitución de la psique del sujeto. No podemos suponer que en todos los casos este transcurso de dará de forma regular o de acuerdo con lo esperado. Lo fundamental es el amor y los límites que serán el marco para el crecimiento de todo (a) niño (a).

 

Referencias bibliográficas:

  • Freud, Sigmund (1905). Obras Completas (Tomo VII), Tres Ensayos de Teoría Sexual. Amorrortu Editores.
  • Gómez Sánchez, Carlos. Freud y su Obra: Génesis y Constitución de la Teoría Psicoanalítica. Editorial Biblioteca Nueva. Edición 2002.
  • Laplanche, Jean y Jean-Bertrand Pontalis. Diccionario de Psicoanálisis. Paidos. Edición 2007.