Por qué no encuentras las llaves del coche

El sonido de las olas del mar se mezcla con las notas de un ukelele. Estás en una playa paradisiaca a punto de pedir una piña colada y, de repente, caes en la cuenta de que es septiembre (ya no estás de vacaciones) y no has oído el despertador. Das un salto de la cama, te vistes con lo primero que pillas, vas al baño a lavarte rápidamente la cara (los dientes tendrán que esperar) y comienzas a buscar por todos lados las llaves del coche. ¿Os suena? A las llaves del coche parece no interesarles lo más mínimo que lleguemos tarde. Después de abrir la puerta del congelador y registrar las siete mochilas que utilicé la semana pasada, las llaves aparecen en el bolsillo del un pantalón.

«La memoria utiliza constantemente el olvido para recordar. De este artículo, mañana habrás olvidado el 80% y dentro de dos días más del 95%».

De entre todas las hazañas que hace un cerebro para recordar, existe una que me apasiona. Se trata de un mecanismo que le permite seleccionar de una ristra de recuerdos, aquel que contiene la información más reciente. Sin este mecanismo nuestra vida sería un desastre. Imagina que, cuando le pedimos a nuestros sesos que nos diga dónde pusimos las llaves del coche, nos ofrece una batería de recuerdos con todos los lugares donde hemos dejado las llaves del coche a lo largo de toda nuestra vida. ¡Sería imposible encontrarlas!

Para empezar, la memoria utiliza el olvido constantemente para recordar. De este artículo, mañana habrás olvidado el 80% y dentro de dos días más del 95%. Ahora bien, de los recuerdos que conservamos en la memoria… ¿Cómo sabe el cerebro qué recuerdo contiene la posición actual de las llaves? La explicación que más tilín nos hace a los neurocientíficos está relacionada con la neurogénesis; el nacimiento de nuevas neuronas.

«En el hipocampo de una persona adulta nacen setecientas neuronas cada día».

En el hipocampo de una persona adulta nacen setecientas neuronas cada día [1]. ¿Y qué es eso de hipocampo? ¿Un insulto? No. Es una estructura neuronal con forma de caballito de mar que está relacionada con la memoria, y son estas setecientas neuronas alevines que nacen dentro del hipocampo las que nos permiten separar y diferenciar los recuerdos similares entre si [2]. A ellas debemos hacerles la fiesta cada vez que encontramos la llaves a la primera.

 

Tres trucos para recordar dónde has puesto las llaves

Seguramente algún lector o lectora ya conoce mi obsesión por acercar la ciencia a la vida cotidiana de las personas de una forma práctica, así que voy a compartir tres trucos para aumentar la probabilidad de recordarlas malditas llaves del coche.

Lo primero que podemos hacer es prestar atención. ¡Bravo! ¡Un aplauso para David! Vale. Hasta un concursante de Gran Hermano VIP sabe que la atención es el pegamento que nos permite fijar los recuerdos, si, pero… ¿A que no todo el mundo sabe cómo mejorar la atención? Es simple. Si quieres recordar dónde has puesto las llaves, sácalas del pantalón nada más llegas a casa y ponlas en un lugar. Donde más rabia te de. No importa si quieres esconderlas dentro de la cisterna del váter para intentar sabotear este truco. Lo recordarás igualmente. Solo debes imaginar que un meteorito impacta en ese el lugar. Imagina vívidamente y con detalle como hace saltar el mueble y las llaves del coche por los aires. Sobre todo deja volar tu imaginación (intenta evitar no hacer ruidos extraños o tu pareja pedirá una orden de alejamiento). Este ejercicio absurdo es uno de los trucos que utilizan los campeones mundiales de memoria.

 

 

Otra opción, para el que consiga vencer la pereza, es hacer ejercicio. Resulta que el ejercicio promueve el nacimiento de nuevas neuronas en el hipocampo y, de rebote, nos ayuda a diferenciar recuerdos similares entre sí (en neurociencia nos gusta llamar a este proceso patrón de separación) [3].

Para aquellos tecnoadictos a los que no les termine de llenar ninguna de las propuestas anteriores, siempre pueden instalar la app de turno para encontrar las llaves del coche sin mover una sola neurona. Una conocida marca de coches hace años que ha puesto a disposición de sus clientes una aplicación capaz de sincronizar el teléfono móvil con el llavero del automóvil y localizarlo en un abrir y cerrar de ojos.

 

Si instalo un app para encontrar las llaves… ¿Me hará más tonto?

 

Cada vez existen más personas reticentes a usar la tecnología porque piensan que nos idiotiza, y que el mundo terminará repleto por seres humanos con la capacidad intelectual de Victoria Beckam y la elocuencia de Mariano Rajoy. Instalar una aplicación en el teléfono móvil para encontrar las llaves del coche, cambia la manera de adaptarnos a la situación lo cual modifica nuestra estructura neuronal, es cierto, pero no tiene porqué convertirnos en ignorantes. De hecho, hasta puede resultar beneficioso, porque nos permite dedicar el tiempo que invertimos en buscar las llaves a aprender algo nuevo. La clave no es gestionar mejor el tiempo sino habitarlo mejor.

Referencias

[1] Spalding, K. L. et al. (2013) Dynamics of Hippocampal Neurogenesis in Adult Humans. Cell, Volume 153, Issue 6, Pg. 1219-1227.

[2] Aimone, J. B. et al. (2011). Resolving new memories: a critical look at the dentate gyrus, adult neurogenesis, and pattern separation. Neuron, 70(4), 589–596. http://doi.org/10.1016/j.neuron.2011.05.010

[3] So, J. H. en al. (2017). Intense Exercise Promotes Adult Hippocampal Neurogenesis But Not Spatial Discrimination. Frontiers in Cellular Neuroscience, 11, 13. http://doi.org/10.3389/fncel.2017.00013

Cómo siente el mundo

Los científicos, biomédicos o los neurólogos tenemos miedo de hablar de la mente porque no sabemos por dónde empezar. Para las personas de a pie, las que tenemos que pagar una hipoteca o ir a trabajar, la mente es el conjunto de cosas que percibimos, ya sean pensamientos, emociones o sensaciones corporales, es el espacio que las personas usamos para relacionarnos con los demás y con la vida.

Actualmente la ciencia ve la mente como el resultado de la actividad de las neuronas, como el resultado de un juego cerebral desconocido. Sin embargo, no tenemos pruebas científicas de que la mente esté generada por las neuronas. Sabemos que intervienen, si, pero no tenemos estudios concluyentes que digan que las neuronas son la causa y la mente el efecto. Esto ocurre porque desde neurología seguimos pensando como los científicos de hace 100 años. Empujó una pelota y se mueve. La causa el empujón y el efecto el movimiento de la pelota. Esto no es aplicable a la vida. ¿Por qué? Muy sencillo; porque la vida no es una pelota.

 

 

La mente y el fútbol

Desde hace finales del siglo pasado, las ciencias sociales y la física nos han dado motivos de sobra para ver la mente como un sistema emergente. Continuando con el símil de la pelota, podemos entender la teoría de sistemas emergentes con símil futbolístico. ¿Es posible entender el fútbol prestando atención únicamente a la pelota? ¿Podemos llegar a entender el fuera de juego, la afición o de las reglas del fútbol estudiando únicamente la presión del balón, su composición o sus trayectorias? Probablemente no. Por eso nos resulta tan complicado desde la neurología entender la mente, porque estamos mirando únicamente las neuronas.

El fútbol (la mente) no puede comprenderse mirando únicamente la pelota. ¡No tiene sentido! ¡Es de locos! ¿Cómo vas a entender el fuera de juego teniendo en cuenta únicamente la pelota? Sin los jugadores, sin el terreno de juego, sin la portería, el árbitro, sin el juez de línea no es posible entender el fuera de juego, porque el fuera de juego solo tiene sentido cuando tienes en cuenta a los jugadores, al balón, al campo y al equipo arbitral. Entonces, el fuera de juego es un sistema que emergente de todos estos elementos. Lo mismo ocurre con el fútbol. Es un sistema emergente que incluye a los jugadores, al utillero, a la pelota, al señor que pinta las líneas del terreno de juego, al estadio, a la afición, al presidente y a las reglas del juego.

 

 

Una nueva neurociencia

Aunque muchas personas se sientan solas, estamos rodeados de gente la mayor parte del tiempo; en la calle, en el trabajo, en el super… vivimos en sociedad. Sabemos mucho acerca de cómo funciona el cerebro cuando estamos solos, pero no sabemos nada de lo que ocurre en el cerebro cuando nos relacionamos con otros personas. ¡Y nos pasamos la vida relacionándonos!

 

 

¿Qué ocurre en el cerebro de 10 personas que interactúan entre si? Gracias al avance en el campo de la neuroimagen, hoy por hoy, podemos empezar a hacernos estas preguntas y a buscar respuestas. Es el comienzo de una nueva neurociencia, de una nueva psicología, de una nueva visión de la medicina. Estudiar el organismo desde esta nueva perspectiva nos va a aportar una nueva visión acerca de las enfermedades, una nueva visión acerca del cuerpo humano y, por primera vez, estaremos en disposición real de entender la mente humana. Ahora puedes contribuir a este avance y formar parte de una de las investigaciones más revolucionarias de las últimas décadas de forma anónima y segura.

 

How the world feels: un experimento a nivel mundial

 

 

Solo tendremos posibilidades reales de entender la mente cuando dejemos de mirar hipnotizados a las neuronas y comencemos a incluir todo lo que nos rodea. La mente tiene una parte interna, las células y su comunicación, pero también una parte externa. La mente está en nosotros y entre nosotros, es algo interno y externo al mismo tiempo. Diversos estudios han puesto de manifiesto que cuando dos personas se relacionan, sus cerebros comienzan a funciona de manera diferente a cuando están solos. De hecho, si esas dos personas se hacen tilín, muchos parámetros fisiológicos como la frecuencia cardiaca o respiratoria se sincronizan. ¿Y qué quiere decir esto? Quiere decir que la parte externa de mi mente cambia cuando yo me relaciono contigo y, por lo tanto, mi mente se construye en función de ti.

Siguiendo esta idea, hemos diseñado un experimento (con la colaboración Luis García) para conectar la mente de las personas y hacer una radiografía, un mapa, de lo que el mundo piensa y siente. Bienvenido/a a How the world feels, el estudio que cambiará nuestra forma de ver el mundo y dará mucho que hablar. En 50 segundos te explicamos como formar parte de él. ¡Millones de gracias!

 

 

Conectando con el presente

El presente está de moda. Hablamos del presente, escribimos libros acerca del presente, hacemos películas acerca de vivir el presente… y seguimos sin vivir el presente. Este artículo-reflexión es una «pillada» infraganti a mi mismo fuera del presente y la posterior reconexión.

Hace unas semanas, Yaiza Leal me invitó a colaborar en su proyecto «Mentes curiosas». La propuesta consistía en y grabar una entrevista y, en medio de ella, me pillé tratando de convertir el presente en algo correcto y apropiado, me vi tratando de responder a las preguntas queriendo impactar y gustar. Al darme cuenta, automáticamente dejé de buscar respuestas acertadas. Creemos que si hacemos esto todo será un auténtico desastre, pero es mentira: el presente tiene sus propias respuestas y… ¡son increíbles!

El presente es aquello que pasa desapercibido entre que llevamos los niños al colegio y pensamos que vamos a hacer de cenar, es aquello que pasa desapercibido entre que escuchamos una pregunta y buscamos la mejor forma de contestar.

Puede sonar muy espiritual, pero es ciencia en estado puro. Las personas funcionamos con imágenes mentales constantemente. Imagina que estás en tu primer día de trabajo. Llegas a la oficina y te llueve de golpe un aluvión de información: nombres, lugares, claves, personas, programas… Lo más probable es que lleguemos a casa con la cabeza como un bombo, como si nos hubiera pasado un camión por encima; necesitamos unas semanas de adaptación para acostumbramos al nuevo trabajo. ¿Y en qué cosiste esa adaptación? Adaptarse consiste en crear asociaciones, en conectar imágenes mentales y, para crear imágenes mentales, tenemos que prestar atención a las cosas. “Fulanita se encarga del marketing” o “este software sirve para hacer pedidos”. “Software” es una imagen mental que representa a un programa de ordenador concebido para llevar a cabo una tarea concreta, y a él le asociamos una idea “hacer pedidos”. Aunque también sirva para llevar la contabilidad o para enviar a un cohete a la luna, para nosotros únicamente servirá para hacer pedidos.

 

 

Una vez que nos hemos adaptado, dejamos de ver las cosas como son y de hacer caso a los detalles. Al utilizar imágenes mentales para sustituir la realidad reducimos el consumo energético, y esto es lo que hace que después de dos o tres semanas no lleguemos tan cansados del trabajo a casa. ¡Es increíble! ¡Nos hemos adaptado!… y al mismo tiempo hemos convertido el trabajo en una imagen mental. En este punto es cuando la novedad desaparece.

Lo que ocurre a nivel neuronal es muy interesante. Una vez la adaptación ha tenido lugar, nuestra percepción individual de la realidad deja de construirse con la información que nos llega del exterior y pasa a ser controlada por las imágenes mentales. A partir de ese momento, vivimos desconectados del mundo, y la vida pasa a ser una sucesión de imágenes mentales donde el presente pasa desapercibido. Cada vez que usamos una imagen mental el cerebro discrimina el 99,8% de la realidad. Estamos en el mundo de nuestras ideas. Cuando tomas consciencia de esto, te abres a que el presente hable por ti. ¿Y esto que significa? ¿Empezar a decir frases del Dalay Lama? No. Significa ver las cosas de una forma que nunca antes la habías visto, sin protección, sin imágenes mentales, significa dejar de buscar la mejor respuesta. En resumidas cuentas, vivir el presente significa ser tu mismo.

El presente tiene sus propias respuestas… ¡Y son increíbles! Siempre nos sorprenden porque, como no tratan de impresionar a nadie, son originales, ellas mismas y tienen la capacidad de transformar el mundo que vemos.

Por si a alguien le pica la curiosidad, aquí dejo la entrevista que causó todo el revuelo.

Caos: de la confusión a la creatividad

Caos es una palabra que solemos asociar a un estado confuso, agotador, desagradable. Muy comúnmente suscitando reacciones de miedo, inseguridad, bloqueo y hasta pánico.

Si nos remitimos a la RAE, Caos sería definido como:

  1. m. Estado amorfo e indefinido que se supone anterior a la ordenación del cosmos.
  2. m. Confusión, desorden.
  3. m. Fís. y Mat. Comportamiento aparentemente errático e impredecible de algunos sistemas dinámicos deterministas con gran sensibilidad a las condiciones iniciales.

Lo sorprendente del término, es como ha evolucionado en el inconsciente colectivo su significado, ya que de de las tres definiciones se han enfatizado (¿a propósito?) la segunda y tercera definición, obviando la importancia de la primera.

Ahora bien, prestemos atención a su etimología. Caos procede del latín “chaos” y a su vez del griego “χαος” (chaos) que significa abertura.

Más concretamente: espacio que se abre’, o ‘hendidura’, y procede del verbo χάω, que en formas derivadas significa ‘bostezar’, ‘abrirse una herida’ o ‘abrirse de una caverna’.  Incluso indagando en la mitología podemos apreciar como una importante tradición filológica considera que Caos es la hendidura o resquicio situado entre el cielo y la tierra, algo que se abre entre dos opuestos.

A pesar de la antigüedad del término Caos  y su exponente en la literatura mitológica más antigua, su ‘aparente opuesto’ Cosmos, ha sido siempre el hijo predilecto para la Ciencia, -algo así como en la parábola de Caín y Abel-, siendo sólo relativamente recientes las investigaciones realizadas en el campo de la Teoría del Caos, que le han otorgado el lugar que le correspondía al hermano mayor de Cosmos.

caín y abel

caín y abel

Un poco de historia

El interésde la Ciencia por el Caos comenzó con investigaciones realizadas en el campo de la física, la química, la meteorología, la matemática y la biología, pero cada vez más, demuestra su utilidad en el campo de la sociología, la economía, la educación y la psicología.

Los estudios del Caos, la complejidad y los nuevos acercamientos a la totalidad pueden asociarse a nombres como Popper (1996), Lorenz (2000), Capra (1996), Allen (1996), Marmgren (1998), Briggs y Peat (1994), Poincaré (1963), Bohm (1980), Gleick (1988), Mandelbrot (1982), Ruelle (1991) y, por supuesto,  Prigogine (1994, 1997, etc). En el campo de la psicología y la psicoterapia tenemos Meara (1999) y a Manuel Almendro ( 2002),  entre otras personalidades.

Su inquietud comenzó a cuestionar la imperante visión determinista y reduccionista de la realidad, que percibe a ésta como una serie de sistemas aislados unos de otros (cerrados), en los cuales las influencias se llevan a cabo de forma lineal,siendo todo efecto de una causa que puede ser predecida con exactitud y por lo tanto controlada y manipulada.

Como podemos observar, la ciencia  ha reconocido el Caos desde siempre, pero con la esperanza de que el caos fuese la excepción a la regla del orden y que con el tiempo, ampliando nuestros conocimientos y nuestros métodos algún día todo sería predecible y causalmente conocido.

Ahora sabemos, gracias a los estudios sobre la complejidad y la totalidad, que el Caos es más la regla que la excepción. 

Teoría del Caos: algunas pinceladas

La Teoría del Caos trataría de explicar  las variaciones y fluctuaciones que se producen en un sistema vivo, abierto y dinámico, muy sensibles a las variaciones en las condiciones iniciales.

Pequeñas variaciones en dichas condiciones iniciales pueden implicar grandes diferencias en el comportamiento futuro, imposibilitando la predicción a largo plazo.

Tal y como lo explica el doctor en psicología y autor del libro Psicología del Caos, Manuel Almendro:

«Que todo apunte en una dirección no implica necesariamente que deba ser así. Multitud de variables que no pueden ser controladas tienen un claro efecto particular y único en cada circunstancia que ocurre en nuestra vida. El Caos es pues indeterminación, ni lo sabemos ni lo podemos llegar a saber.»

El siguiente vídeo tratará de explicároslo de manera más sencilla y divertida en 7 minutos.

Así pues, a partir de unos antecedentes X  que nos ocurre en nuestras vidas, podemos tratar de explicar lo sucedido (la cadena de eventos hacia atrás) pero no predecirlo con total seguridad, ya que existe una dependencia total de las condiciones iniciales y a pesar de eso, nos es imposible predecir qué sucederá, pues lo mental, lo psicológico, está sujeto a la incertidumbre, es decir a la impredictibilidad.

Es importante aclarar que caos no significa azar en absoluto. El azar es un concepto abstracto matemático, y no existe como tal en la naturaleza. Sin embargo el caos como fluctuaciones cíclicas que van del orden al desorden se encuentra en la naturaleza misma, y a diferencia del azar – que es ciego y carente de intencionalidad- dentro del propio caos existe un verdadero orden intencional, aunque este no es lineal y por lo tanto, no predecible a priori.

¿Significa esto que estamos irremediablemente sujetos a la incoherencia desordenada de nuestras vidas?

No. Significa más bien saber que muchas de las situaciones que percibimos como ordenadas y lineales es debido a nuestra propia percepción como observadores (no existe observación  independiente del observador) que le «impregna» dicho orden para darle un sentido y satisfacer la necesidad intrínsica que tiene la mente humana de querer completar lo incompleto, explicar lo que inexplicable, ordenar lo desordenado y llenar lo vacío.

Sistemas altamente sensibles

La vida, ya no parece ser una excepción a las leyes de la naturaleza. El ser humando forma parte de la naturaleza misma, y como tal, tiene en cuenta sus Leyes. Más que ser «un estado» y «lineal» (un ser ya hecho y con pasado-presente-futuro programado) el ser humano es un «ser en proceso» y por lo tanto, emergente.

Esta capacidad de ser fuente continua de transformación donde brotan nuevas direcciones (bifurcaciones o salidas emergentes) que conllevan a un nuevo progreso o evolución, a una nueva diferenciación de las estructuras iniciales, es lo que hace maravilloso el indeterminismo del caos.

El caso de Khalil Rafati que salió hace poco a la luz en los medios de comunicación, es un claro ejemplo de cómo funciona esta autoorganización en nuestras vidas de un modo no predecible.

 

el indigente drogadicto-que-se-hizo-rico

el indigente drogadicto-que-se-hizo-rico

En su exposición del Efecto Mariposa, como concepto propio de la Teoría del Caos, Lorenz nos dice:

“Una consecuencia inmediata de la dependencia sensible en cualquier sistema es la imposibilidad de realizar predicciones perfectas, o ni siquiera mediocres, suficientemente alejadas en el futuro”

Nos  es imposible saber hasta qué punto las condiciones actuales fueron fuertemente influenciadas por algo que nos pareció insignificante, o que incluso no fue captado de manera consciente, dado que lo que rodea al ser vivo va desde lo más perceptible hasta lo más sutil, y es justamente esto último lo que suele ser pasado por algo y lo que provoca el verdadero efecto mariposa.

multibifurcación-caos

 

Es lo que ocurre por ejemplo con el tiempo atmosférico y lo que llamamos ironía de la vida cuando habíamos visto en el telediario que haría un sol estupendo y nos ha caído una lluvia de campeonato.

«El aleteo de una mariposa en Brasil puede producir un tornado en Texas» (Edward Norton Lorenz)

La Teoría del Caos en nuestras vidas

Ahora bien, ¿en qué me puede servir a mí entender cómo funciona el caos es mi día a día?

Esta sería una muy buena pregunta y cuya respuesta asumo acorde a la que da Manuel Almendro

«Entender como funciona el caos presupone adoptar una posición de humildad frente a la naturaleza de las cosas, ya que dejamos de jugar a ser dioses intentando controlarlo todo y nos permitimos ser «vividos» por la vida.»

No desde de una posición derrotista o inactiva, sino siendo conscientes  y aceptando que la necesidad compulsiva de control de lo que nos sucede -a nosotros y al entorno- es un mecanismo que nos aleja del equilibrio psicológico más que cercanos a él.

Otra ventaja de aceptar esta postura es dar una explicación de la no-explicación, lo que produce un descenso de la ansiedad a nivel general. Es abrirnos a aceptar la incertidumbre, a reconocer nuestra necesidad compulsiva a salir de ella y admitir nuestra incapacidad para hacerlo completamente, con la esperanza de no tener que enfrentarnos al temido vacío.

Es más, volviendo a la definición de la RAE, si caos es el estado anterior al orden, entonces éste de convierte en el prerrequisito para la autoorganización y vuelta al equilibro. Es como si fuera necesario desorganizar para organizar, en una secuencia de movimiento de desorden-orden-desorden.  El caos pues, no es el «enemigo», algo contra lo que tenemos que resistirnos y luchar hasta desgastarnos, sino más bien, la antesala a la autoorganización.

 

caos-portada

caos-orden las dos caras de la moneda

 

Esta autoorganización es considerada por Prigogine como la transición del orden al caos. Es como la esperanza del proceso que impide el establecimiento de certezas y no predetermina ni programa el futuro -aunque pueda imprimir una dirección movible a medida que los procesos avanzan-.

En los momentos de crisis personales se produce una ruptura interna, una inadecuación entre la persona y su forma de vida, entre ella y su entorno y una incapacidad de relacionarse a través de los modelos aprendidos, de su guión de vida y hábitos de comportamiento, etc. En ese momento se produce un corto circuito, una ruptura del fluir, y incoherencia entre lo que la persona piensa-siente-hace (los tres sistemas nucleares). Cuando esa «inadecuación» llega al máximo rompiendo con el orden considerado como «normal», se presenta lo que llamamos crisis emergente, el caos. Es en este momento de máxima inestabilidad donde la autoorganización puede permitir al individuo una transformación de los propios procesos, un nuevo encaje resolutivo del individuo consigo mismo y con el contexto.

 

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ruptura interior-crisis-caos

Así es como lo describe Manuel Almendro

«Los sujetos enfermamos por ese desorden natural pero también nos es posible curarnos precisamente a través de ese mismo desorden.»

Recordemos por último esa analogía mitológica que suponía la Caos como la hendidura entre el Cielo y la Tierra. ¿Y si en el afán egóico de empeñarnos en huir, romper, controlar y salir de ese estado de Caos estás obviando el hecho de que ese mismo estado es el que te llevará a la transformación y el re-equilibrio en tu vida?

Para terminar comparto esta preciosa y esperanzadora reflexión de Prigogine

La T. del Caos «permite a la naturaleza (incluido el ser humano) a abandonarse a un juego creativo, producir algo nuevo, no contenido implícitamente en sus estados precedentes. Su destino está abierto. Su futuro ya no está determinado por su presente ni por su pasado. La melodía no está compuesta de una vez para siempre. Se elabora sin cesar… A partir de ahora, el mundo puede estallar de creatividad.”  (Prigogine)

Fuentes:

-Almendro, Manuel. Psicología del caos. Editorial: La Llave, 2002.

-Asociación de Academias de la lengua española. Caos. Recuperado en http://dle.rae.es/?id=7HD3hMJ

-Spire, Arnaud: El pensamiento de Prigogine: La belleza del Caos. Editorial: Andrés Bello, 2001

Referencias bibliográficas:

-Martínez Robles, Yaqui Andrés. Teoría del Caos y Psicoterapia Gestalt: Nuevas aproximaciones a la configuración de la totalidad. Un voto a favor del indeterminismo. Revista Figura-Fondo Nº10

 

 

Cuando los celos y la ira toman el control de la mente

En un post anterior ya hablamos de la mente como un sistema modular, pero vamos a intentar entender mejor qué es este sistema modular y como nos afecta, por ejemplo, cuando sentimos celos o ira. Como vimos, estos módulos tratan de tomar el control de la mente por un tiempo, hasta que otro módulo toma el control. Y esta forma de funcionar es lo que explicaría que nuestra mente pueda funcionar eficazmente sin que haya un “yo” que se encargue del control, del mando de los módulos.

Douglas Kenrick, psicólogo de la Universidad del Estado de Arizona y co-autor del libro “El animal racional”, plantea en él una visión modular de la mente, un modelo modular. Y el libro sostiene que cuando se trata de nuestro comportamiento social, estamos casi siempre bajo la influencia de estos módulos. Aunque no sólo Douglas sostiene este planteamiento. En la Facultad de Psicología de la UNED también se lo toman en serio. O por lo menos ciertas asignaturas ya plantean el funcionamiento de la mente bajo este sistema modular.

 

Los siete jinetes del Apocalipsis

Kendrick afirma que hay siete sub-modulos, y el sufijo “sub” no se refiere a que estén “por debajo” en la jerarquía de mando. Recientemente explicó que estos siete sub-módulos movilizan una gran cantidad de otros módulos más pequeños.

Los siete sub-módulos están al cargo, y no bajo el control de una especie de “presidente” que decida quién toma el mando en cada momento. De hecho, en inglés los llamó “subselves”.

Utilizando la metáfora de un gobierno, podría estar el secretario de estado, el secretario de guerra, de educación, etc. Y cada uno de estos sería un sub-módulo. Los siete sub-módulos son como los secretarios del gabinete.

Y esta formación nos hace plantearnos preguntas interesantes: ¿Cuáles son las siete posiciones en el gabinete? O lo que es lo mismo, ¿A cargo de qué están?. En segundo lugar, si no hay un presidente ¿qué determina qué modulo se encargar en un momento dado? Y en tercer lugar, ¿cuáles son exactamente los cambios en la disposición mental y del comportamiento que producen los diferentes módulos cuando están al mando?

 

1- ¿Cuáles son las siete posiciones del gabinete?

Kenrick es un psicólogo evolutivo, por lo que se acerca a esta pregunta desde ese punto de vista. Y dice que en el ámbito de la conducta social, hay siete principales tipos de desafíos que nuestros antepasados tenían que cumplir con el fin de trasladar sus genes a la siguiente generación.

Módulo de Autoprotección: Muy valioso desde el punto de vista de la selección natural. En otras palabras, es la capacidad de defenderse del daño que otros miembros de nuestra especie nos puedan causar.

Módulo de Atracción de una pareja: Si el objetivo del juego es trasladar los genes a la siguiente generación, sería de gran ayuda poder atraer una pareja.

Módulo de Retención de la pareja: Protección, compañía y más prole.

Módulo de Afiliación: De gran ayuda para poder asociarse con compañeros. Su función es hacer amistades y alianzas.

Módulo de cuidados familiares: Su función es ocuparse de otras personas con las que compartimos muchos genes.

Módulo de status: Sirve principalmente para demostrar al grupo que eres alguien de confianza.

Módulo de evitación de la enfermedad: Nos sirve para mantenernos alejados de personas que parecen ser portadores de gérmenes.

Esta idea es sólo un punto de vista posible de nuestra mente. Entre todos los defensores del sistema modular no hay un consenso claro de los sub-módulos que nos “gobiernan”, pero puede ser un buen punto de partida para entender cómo funcionamos

 

2- ¿Qué determina qué módulo estará a cargo en un momento dado?

La respuesta de Kenrick es más o menos la misma respuesta que se obtendría preguntando a la mayoría de investigadores de la visión modular de la mente. La idea básica es que un módulo es altamente activado por la información en el medio ambiente, y tenderá a ser dominante durante algún período de tiempo.

Si alguien se nos acerca con un machete en la mano gritándonos “te voy a matar”, es evidente que el módulo de autoprotección entrará en juego. Nos hará salir corriendo y pedir ayuda. Este es un ejemplo muy simple y evidente de cómo un módulo se activa y cómo controla nuestro comportamiento por un tiempo.

 

3- ¿Cómo cambia un módulo la disposición mental y el comportamiento?

Aquí empezamos a llegar a lo interesante. Y lo más interesante está en los cambios tan sutiles que apenas nos damos cuenta. Todo lo contrario al loco vecino del machete.

Kenrick hizo un experimento con algunos colaboradores cuyo objetivo (aparentemente) era cómo respondía la gente a la publicidad. Hicieron dos versiones de un anuncio para visitar un museo. Con dos slogans diferentes: “Recibe la visita de más de un millón de personas cada año”. Y la otra “Destaca frente la multitud”. Dos mensajes opuestos que podríamos pensar que atraen a personas diferentes. Pero el interés aquí es que no atraen a dos personas diferentes, sino a dos módulos diferentes.

Así que lo que investigaron es si las personas se sentían atraídas por un anuncio en función del módulo activo en ese momento. Y si al cambiar de módulo activo, cambiaría también su atracción al cartel opuesto. Lo que parece que ocurrió.

Lo que hicieron es activar a un grupo el módulo de Autoprotección, haciendo a ese grupo ver la película “El Resplandor”. Y a otro grupo les activaron el módulo de Atracción a una pareja, haciéndoles ver “Antes del amanecer”.

El resplandor

A continuación, vieron el anuncio. Y luego se les hicieron preguntas como, ¿le gustaría visitar este museo? Y resultó que las personas que habían visto la película de miedo estaban más inclinados a visitar el museo cuando vieron el anuncio de “Recibe la visita de más de un millón de personas cada año”. Está claro que si Jach Nicholson te persigue con un hacha, prefieres estar rodeado de mucha gente.

Sin embargo, la gente que había visto la película romántica quiso ir al museo después de ver el slogan “Destacan entre la multitud”, lo que podría deberse a que cuando estamos en el modo de cortejo, tratamos de distinguirnos de otras personas. También podría deberse a que cuando estamos en el modo de cortejo, en el modo de atraer a una pareja, estamos buscando un ambiente íntimo para estar a solas con la persona.

Pero en cualquier caso, lo que es interesante aquí es que se podría pensar que hay una personalidad fija en la persona. Y que actuaría más o menos de forma constante. Y que un publicista haría dos tipos de anuncios para atraer a dos tipos de personas diferentes. Pero resulta que en realidad esto no es así.

Cada anuncio puede apelar a la misma persona, en un momento diferente. Dominada por un módulo diferente.

 

Otro experimento

Hay otro experimento interesante sobre algo que también cabría esperar que permanece bastante constante en las personas. Y que en realidad no es así. Se trata de lo que los economistas llaman futura tasa de descuento.

Se refiere a nuestra disposición a renunciar a una recompensa en el corto plazo, para obtener una mayor recompensa en el futuro. Así que si te digo, mira, puedes tener 10€ ahora, o puedes tener 15€ en un mes, ¿qué prefieres?

¿Cómo respondes a esta pregunta, y otras cuestiones por el estilo, determina cuál es tu tasa de descuento temporal. Y los economistas siempre han dicho que es algo atemporal. Que cada persona tiene una diferente tasa de descuento temporal. Que es algo constante, y que respondemos lo mismo ahora que dentro de una semana.

Pues bien, resulta que no es el caso, y lo sabemos por un experimento llevado a cabo por Margo Wilson, quien fue una figura muy importante en la psicología evolutiva y falleció hace unos años. Hizo el experimento junto con su colaborador Martin Daly. Y lo que hicieron es trabajar con hombres y mostrarles imágenes de mujeres que habían sido juzgadas como atractivas en una web donde los hombres clasifican a las mujeres como calientes o no calientes.

También les mostraron imágenes de otras cosas, ya sean mujeres que no habían sido juzgadas como atractivas o fotos de hombres o de coches. Y resultó que cuando los hombres habían visto las fotos de las mujeres atractivas, aunque antes hubieran decido esperar un mes para conseguir más dinero, ahora querían su dinero ya.

La explicación evolutiva de sentido común es que cuando se activa el módulo de Atracción de una pareja, cuando se está en modo de cortejo, queremos tener todos los recursos posibles ante la mujer en cuestión.

Lo interesante es que esta no es una estrategia orquestada a nivel consciente. Ya que eran mujeres “no reales”, a las que nunca iban a conocer en realidad.

Eso no tiene ningún sentido, ¿verdad?

 

Tercer experimento

Este es otro experimento en el que una características que se podría pensar constante en la mente de una persona resultó cambiar en respuesta a la activación del módulo Atraer a una pareja.

Atraer pareja

Los psicólogos tomaron varios varones estudiantes de secundaria. Tenían que hacer una encuesta sobre sus aspiraciones profesionales. Se les separaba en distintas habitaciones. En unas sólo había chicos, y en otras había chicos y chicas de la misma edad. Resultó que en las salas donde había también chicas, los chicos eran bastante más propensos a tener aspiraciones de carrear más ambiciosas. Y en concreto, a tener más ingresos. Por lo que la cantidad de dinero era una meta importante asociada a las aspiraciones cuando había mujeres presentes. O lo que es lo mismo, cuando el módulo Atraer a una pareja estaba activo.

Lo curioso de este experimento es que los chicos actuaban como si estuvieran haciendo auto-publicidad ante las chicas, pero ellas no podían ver sus respuestas, ya que se hacían mediante encuestas escritas. Y al repetir las encuestas semanas después, sin ellas presentes, sus respuestas no fueron tan ambiciosas. Quizá porque en ese momento había otro módulo dirigiendo la maquinaria.

Además, dado que estos chicos no iban a hablar con ellas después del experimento, no parece que hubiera una orquestación consciente de las respuestas. Una estrategia consciente para atraerlas.

De lo que se concluye que no hay una decisión consciente para marcar el comiendo de un módulo en particular, y sin embargo sucede.

En los tres experimentos, hemos visto cómo características que se podrían pensar estables en una persona, como la tasa de descuento o las aspiraciones profesionales, resultan cambiar según el módulo activo en cada momento. Y además, sabemos que no hay una decisión consciente en dichos cambios.

Aún así, mucha gente podría decir que estos cambios se podrían dar por el estado de ánimo, por estar en un momento romántico, por el ambiente… Aún así, la mayoría de los investigadores afirman que no es posible que el ambiente, o nuestro estado de ánimo, sean los únicos desencadenantes de nuestra acciones en un momento dado.

Además, se han hecho diferentes “sub-experimentos” para comprobar los distintos módulos. Por ejemplo, en el primero, el de la película de miedo, también lo repitieron mostrando fotografías de caras de personas de una etnia diferente. Primero se mostraban las caras, que fueron juzgadas como neutras en la mayoría de los casos. Y después de ver una película de miedo, en este caso El silencio de los corderos, fueron juzgadas como amenazantes y más enojadas. Las mismas personas juzgaron la misma cara de formas distintas en cuestión de horas. Lo que se puede asociar a un cambio de módulo. Y también se puede deducir que los distintos módulos cambian nuestra forma de percibir.

Hay que decir, sobre todo, que estamos hablando de experimentos estadísticas, con lo que es una forma de simplificar mucho la realidad. Se sigue investigando este modelo modular de la mente, y seguro que pronto conoceremos más de él.

 

¿Cómo funcionan los módulos?

Es interesante, además, conocer cómo funcionan. Hay algunos módulos que funcionan independientemente de otros. Como el de Autoprotección. Otros, en cambio, pueden funcionar en combinación de un segundo módulo. Como es el caso del módulo de Status. Doug Kenrick afirma que este módulo se activa en el contexto de otros módulos, por ejemplo, el de Atracción de una pareja, o el de Afiliación. En estos contextos se activaría para impresionar a otras personas que queremos que se conviertan en amigos o en pareja.

Si pensamos en los efectos de los módulos, nos encontramos con una paradoja. Podríamos pensar que el módulo de Afiliación se trataría de la amistad. De darnos palmaditas en la espalda, decirnos cosas agradables, etc. Pero un psicólogo evolucionista podría argumentar que en realidad una de las herramientas empleadas en el proceso de regulación de la amistad es la emoción de la ira. Con lo que la ira estaría asociada al módulo de Afiliación.

Según la investigadora Leda Cosmides, pionera en la psicología evolutiva, la visión modular de la mente realmente tiene sentido desde un punto de vista evolutivo. Ella está investigando con Aaron Sell sobre esto y han visto que un periodo de ira se activa cuando alguien te hace darte cuenta de que están poniendo poco peso en tu bienestar, o en algo a lo que tu crees tener derecho.

En función del tipo de relación que tengamos con la persona, cuando esa ira se activa, ciertas cosas van a suceder. Porque si la ira está diseñada para la negociación interpersonal, para tratar de conseguir que la otra persona ponga más peso en nuestro bienestar, entonces tenemos motivaciones suficientes para comunicar esto que es importante para nosotros. Dentro de nuestra cabeza se despertarán pensamientos como “¿Cómo pudiste hacerme esto?”, “Yo no me merezco esto”, “Yo siempre me he portado bien contigo”…

Pero el módulo de Ira no sólo se activa en estos contextos. Las personas nos enojamos con nuestros compañeros, con nuestras parejas (Afiliación)… y esto tiene sentido. Los términos de una relación pueden ser renegociados de vez en cuando. Este módulo no se activa sólo cuando le compramos un ramo de rosas a nuestra pareja o le damos un masaje en los pies.

 

Los celos

Otro ejemplo complejo serían los celos. Desde un punto de vista psicológico evolutivo los celos son funcionales. Leda Cosmedis afirma que han evolucionado programas de ordenador que explican como se cierran determinados mecanismos y se activan otros de forma coordinada para ayudarnos a resolver un problema de adaptación particular. Y un ejemplo serían los celos. De repente, empezamos a prestar atención a cosas en las que antes no pensábamos. Si sospechamos que nuestra mujer está liada con el vecino, empezaremos a sospechar cada vez que perdamos de vista a nuestra mujer y a nuestro vecino.

celos

Se activará la alarma cada vez que se de una ausencia simultánea. Cada vez que no estén ambos aquí al mismo tiempo. Y es curioso, porque de repente estaremos pendientes de la ausencia simultánea, cuando es algo a lo que nunca antes prestábamos atención. La mayoría de las personas están ausentes en este momento, y eso no nos importa.

Además, nuestra atención se va a centrar en cosas diferentes. Nuestra memoria episódica va a recuperar episodios del pesado. “¿Por qué ese día se puso ese vestido? Cuando nunca lo hace. Pero ese día él estaba allí…”. Se empieza a dar una reevaluación de los episodios del pasado. De este modo cambian las inferencias acerca de lo que significa el comportamiento de las personas. Y se activa el módulo de Vigilancia, para hacer un seguimiento de dónde está mi mujer, qué está haciendo y con quién está hablando.

El problema con el que nos encontramos es que es difícil hacer determinadas tareas cuando unos módulos o sub-módulos están activos. Es muy difícil estudiar para un examen de estadística cuando el sistema de celos sexuales está activo.

¿Y esto por qué ocurre? Cuando se activa un módulo particular, también se activa el modo de procesamiento de la información de ese módulo en particular. Empezamos a tratar de la información de una forma particular. Y en este caso, el modo de vigilancia puede no ser el adecuado para estudiar estadística.

Desde un punto de vista adaptativo esto tiene sentido. Ya que este estado emocional se centra en solucionar un problema adaptativo (retener a nuestra pareja). Y parte de la solución pasa por desactivar otros problemas de adaptación para centrarnos en el que nos parece más relevante. O más bien en el problema que nuestro instinto evolutivo considera más relevante.

 

Complejidad mental a la carta

Por lo tanto, si sumamos todos los elementos nos encontramos con algo muy complejo. Ya que continuamente estamos activando y desactivando mecanismos diseñados para resolver distintos problemas adaptativos. La mente humana es muy compleja. Y cualquier modelo que trate de explicar su funcionamiento, como el modelo modular de la mente, también será muy complejo.

Podemos pensar que el sistema modular es correcto. O podemos preferir pensar en términos de sistemas o modos. O en términos de estados de ánimo y emociones. Todo es correcto, porque todavía queda mucho por investigar.

Pero lo más interesante es que estamos viendo que se dan cambios muy significativos en nuestros estados de ánimo y en nuestra disposición de comportamiento, sin nuestra elección consciente. Como en el caso de la ira, o los celos, donde pocas veces toman el control con nuestra elección consciente.

La buena noticia es que probablemente cada vez seamos más conscientes de estos cambios. Las personas que tenían que elegir un slogan publicitario después de ver una película romántica, no eran conscientes del cambio sutil que se produjo en su mente. No eran conscientes de que se produjo un cambio de módulo. Y probablemente no eran conscientes del cambio en la disposición de la realidad que había sucedido. Lo mismo que tampoco somos muy conscientes de cuando se produce un cambio en nuestro estado de ánimo.

Pero pensando en la evolución de nuestro cerebro, la selección natural ha evolucionado para conseguir que nuestros genes pasen a las siguiente generación. Pero hay otras razones más específicas.

Acumulamos “conocimiento” sobre cómo ser mejores parejas, como cuidar mejor a nuestros hijos… y cómo hacerlo mejor que la media, para pasar a la siguiente generación. Y esas “áreas funcionales”, que se activan de forma inconsciente para nosotros, son lo que los investigadores llaman “módulos”.

 

El “yo” en la visión modular de la mente y en el budismo

Cuando los investigadores son escépticos en cuanto a la idea de un “yo”, se acercan mucho a la idea que Buda tenía del “self”. En uso de sus discursos, afirmaba que no hay un “self” coherente que persiste en el tiempo. En la mente humana afirmaba que reina la impermanencia.

Lo mismo que afirma la visión modular de la mente. Que afirma que hay un conjunto de módulos que dirigen el espectáculo, sin la existencia de un único yo coherente.

Otro tema interesante del que hablaba Buda era el control de nuestra mente. Él afirmaba que no tenemos un control consciente de lo que pasa por nuestra cabeza. Y si crees que lo tienes, estás equivocado.

La visión modular de la mente también podría explicar este fenómeno. Ya que afirma que el estado de nuestra mente en un momento dado no es el resultado de una decisión consciente. Más bien es el resultado de cómo entra en nuestra mente la información proveniente de nuestro ambiente. Y a un nivel no consciente, desencadena la activación de uno u otro módulo.

Y tu… ¿crees que controlas tu mente?

Y aquí os dejo una charla interesante de TED sobre la identidad de uno mismo:

 

Fuentes:

Buscando la conciencia (el “yo”) dentro de nuestra mente

Últimamente hay una idea que ronda en mi cabeza. Aunque bueno, más que una, son varias… Y todas van a dar al mismo lugar. Los que andamos en este camino del descubrimiento de uno mismo, antes o después llegamos a preguntarnos ¿quién soy yo? Pregunta a la que difícilmente hallaremos respuesta. Otra pregunta que llegará antes o después es: ¿Dónde está ese yo? ¿Está en la mente, en el cerebro, en el corazón?, ¿Quién gobierna este barco? O como diría William Ernest Henley… ¿quién es el capitán de mi alma?

 

Fuera de la noche que me cubre,
Negra como el abismo de polo a polo,
Agradezco a cualquier dios que pudiera existir
Por mi alma inconquistable.

En las feroces garras de la circunstancia
Ni he gemido ni he gritado.
Bajo los golpes del azar
Mi cabeza sangra, pero no se inclina.

Más allá de este lugar de ira y lágrimas
Es inminente el Horror de la sombra,
Y sin embargo la amenaza de los años
Me encuentra y me encontrará sin miedo.

No importa cuán estrecha sea la puerta,
Cuán cargada de castigos la sentencia.
Soy el amo de mi destino:
Soy el capitán de mi alma.

 

 

Lo que nos dice la ciencia de nuestro yo

Los últimos avances científicos apuntan a que no hay ningún Jefe de Estado en el cerebro. No hay un yo como nosotros creemos. Sino que más bien hay una gran cantidad de módulos que se turnan para ejercer una influencia dominante en nuestro pensamiento y nuestro comportamiento. Curioso que esta idea encaja bastante con muchas doctrinas orientales que afirman que no hay un “yo” que domina nuestra conducta, que no hay un “yo”, estático, siempre el mismo, que capitanea nuestra alma.

Con esto ya empezamos mal. Porque a nadie le gusta tener que asumir que quien creía ser no existe. Que no existe esa identidad tan arraigada que toma las mejores decisiones para nosotros. Y más adelante veremos por qué es así. Así que a partir de ahora, cuando se acerque a la nevera a darle un tiento a la onza de chocolate, pregúntese qué módulo está al mando en este momento…

Pero vayamos por partes, primero hagámonos a la idea de que no hay un núcleo sólido que actua de manera coherente a través del tiempo y que mantiene las cosas bajo control.

El yo en la mente

 

¿Cómo funcionan los módulos?

Para Rita Casmedy, pionera en psicología evolutiva y una de las investigadores del modelo modular de la mente, es así: Los módulos actúan coordinando pensamientos y percepciones para un fin específico en un determinado momento.

Si en un momento dado nos sentimos celosos y actuamos como personas celosas, es porque el módulo que coordina estos pensamientos y percepciones ha tomado el control.

Y según ella, la meditación puede tener un papel determinante en este proceso. Ya que puede hacer que los módulos que toman el control por defecto, dejen de hacerlo. Podemos llegar a tener un cierto control sobre estos módulos.

 

¿Cómo nos ayuda la meditación?

Como en muchas otras tareas, a lo que nos ayuda la meditación (o el Mindfulness) es a tomar conciencia. Nos permite hacernos cargo del estado en el que estamos en cada momento. No hay un tipo específico de coordinación que dirija la orquesta de los módulos.

No hay un módulo que tenga más “poder” y que decida en qué momento entra uno y sale otro. Simplemente están en continua “lucha” por el poder. Y va tomando más peso el módulo que más haya sustentado el poder en una determinada situación. Volvamos al ejemplo anterior e imaginémonos ante el frigorífico con la tableta de chocolate en la mano ¿qué módulo ganará?.

Hay dos opciones. Puede ganar el módulo de la gratificación momentánea, o puede ganar el módulo de la salud a largo plazo. ¿Quién ganará? Es simple, el que haya ganado más veces en el pasado.

Y esto es terrible. O a mí me lo parece. Entiendo que la teoría de la evolución tiene sus razones para que esto sea así, pero no nos deja en un buen lugar…

 

meditando

 

Red en modo automático

Otro concepto importante a tener en cuenta es el modo automático. Y es lo que ocurre en nuestra mente, por defecto, cuando no se está ocupando en nada en particular. Cuando la mente no ha sido absorbida por cualquier otra tarea. Una especie de mente errante.

Investigaciones recientes han demostrado que este modo “por defecto” está menos activado durante la meditación. Y los que han hecho meditación sabrán lo difícil que es muchas veces “calmar” nuestra mente cuando no está haciendo ninguna otra cosa.

Nos sentamos a meditar, intentamos concentrarnos en la respiración, en la postura, en las sensaciones en el cuerpo… Y antes o después comienzan a avasallarnos los pensamientos. “Espero no haber ofendido ayer a mi jefe cuando le dije esto”, “me pregunto si el chico tan atractivo del tercero querrá salir a comer conmigo”, “no sé qué voy a hacer esta noche para cenar”… Y mil historias más.

Como dice Rita Casmedy, en un estado así, la red en modo automático está funcionando… Y hay un montón de módulos intentando llamar la atención. Metafóricamente, claro, ya que no son conscientes. Pero de alguna forma están compitiendo por nuestra atención.

 

Los módulos en acción

Douglas Kenrick, otro investigador de este modelo modular de la mente, que ha escrito varios libros sobre el tema, afirma que existen unos seis módulos diferentes. Así que cuando estamos intentando meditar y nos aborda el pensamiento “espero no haber ofendido ayer a mi jefe cuando le dije esto”… El módulo Afiliación es el que ha tomado el control. Es el que ha conseguido captar nuestra atención en este preciso segundo. Este es el módulo encargado de mantener las amistades, en definitiva, el encargado de mantener nuestro estrato social.

Y cuando estoy pensando en cenar con el vecino atractivo del tercero, está funcionando el módulo de la Atracción. Ya sabes, el encargado de que podamos dejar nuestros genes en la próxima generación 😉

Y aunque pueda parecer que los módulo se activan según la información del ambiente, no es así. Podría parecer que ante la persona atractiva se activa automáticamente el módulo de la Atracción, pero las investigaciones sugieren que funcionan al revés.

No es la información en el entorno inmediato lo que activa un módulo. Y esto es lo más llamativo de este modelo. A menos a mi entender. Cuando leí esto por primera vez casi entro en un colapso total. Y no es para menos. Veamos…

Supuestamente, todos los módulos están continuamente rumiando información, sin parar un segundo. Podemos imaginar una parte de nuestro cerebro con seis módulos enviando pensamientos continuamente a nuestra conciencia. ¡Estresante cuanto menos!

Esta información está continuamente activa hasta que una en particular llega a nuestra conciencia. Y las restantes cinco ahí siguen, lo que pasa es que no llegamos a ser conscientes de ellas.

 

modulos yo

 

La meditación

¿Cómo aquietamos esta red? La ciencia sugiere que son dos los tipos de meditación que nos pueden ayudar. Una es la meditación consciente y la otra es la meditación mediante la concentración.

La concentración es especialmente eficaz para calmar la red en modo automático. Porque estar centrada en algo, es una forma de cortocircuitar ese modo automático. Por eso la meditación consciente a menudo comienza con la concentración.

Además de este cortocircuito, hay otra conexión entre la meditación y los módulos. Que tiene más relación con la meditación consciente. Este tipo de meditación nos enseña a ver las cosas tal cual son, dentro de nuestra mente y en el mundo exterior. Nos ayuda a ver las cosas de otra forma, más objetivamente, con menos apego. No solo en la meditación, sino en la vida cotidiana.

Una de las consecuencias de la práctica de la meditación es ver nuestros sentimientos con menos apego. Y conseguir que nuestros sentimientos no tengan tanto poder. Nos ayuda a que las emociones tengan menos poder para arrastrar a la mente en una dirección en particular.

 

Los gatillos de los módulos: las emociones

Los expertos en el modelo de los módulos han demostrado recientemente que las emociones y los sentimientos son los “gatillos” de los módulos. Realizaron un experimento en el que condicionaban a la gente unos determinados sentimientos para ver qué módulos se activaban después. Tras ver una película de terror se activaba el módulo de Auto-Protección, y tras ver una película romántica se activaban módulos muy diferentes que hacen que la gente se comporte de forma muy diferente.

Así que siempre hay sentimientos asociados a determinados módulos. Por ejemplo, empiezas a sentirte mal porque a lo mejor ofendiste a tu jefe. Es un sentimiento negativo que llama tu atención. Y la única forma de que ese sentimiento y ese pensamiento se vayan es “solucionando el problema”. Así que decides mandarle un correo electrónico para cerciorarte de que todo está bien. El módulo ya ha hecho su trabajo y ahora somos vulnerables a cualquier otro módulo. En el caso de la cena con el vecino atractivo igual, ese sentimiento agradable es lo que le da poder al módulo sobre ti.

¿Pero este modo de funcionar es bueno para nosotros? ¿Es un forma útil de llamar nuestra atención? Que los sentimientos y las emociones nos “gobiernen”¿a dónde nos lleva?

Un sentimiento dado será lo que marque qué módulo gana y qué módulo pierde. La atención plena nos puede hacer más conscientes de nuestros sentimientos y pensamientos, de forma que podemos llegar a ver qué sentimiento nos está controlando en un momento dado. Porque además, ni siquiera nos podemos fiar de la “veracidad” de los sentimientos. Como vimos en otro post, nuestra mente nos puede hacer creer que una cuerda es una serpiente, y desencadenar todos los efectos del miedo en nuestro cuerpo.

 

Emociones

 

¿Qué pasa cuando odiamos?

Un ejemplo para entenderlo bien es el odio. Un psicólogo evolutivo nos diría que el odio es necesario ya que define a nuestros enemigos. Si odiamos a alguien es nuestro enemigo. Y esto es importante para la selección natural, saber quiénes son nuestros amigos y quienes son nuestros enemigos.

Los científicos del comportamiento han descubierto una característica interesante que define cómo nos fijamos en nuestros amigos y en nuestros enemigos. Y es la Ley de la Atribución. Si nuestro amigo hace algo bueno se lo atribuimos a su esencia interior y si hace algo malo lo atribuimos a una causa externa. Ya sabes, “era la presión del grupo”, “no había dormido bien”, “en realidad no era él mismo”, etc… Lo mismo ocurre con nuestro propio comportamiento. Si apruebo un examen es porque soy una gran estudiante. Si lo suspendo, los profesores me tienen manía. La historia de siempre…

Con nuestros enemigos es lo contrario. Si hacen algo bueno, habrá alguna causa externa para explicarlo. Y si hacen algo malo, será su esencia natural. Básicamente, ellos son malos aunque hagan algo bueno.

Esta característica fue diseñada por la selección natural. Cuando hablamos de nuestros enemigos está en nuestro interés hacerlo de forma poco favorable. Queremos socavar su estatus, ya que son las personas que potencialmente pueden hacernos daño. Y cuanto más poderosos sean, más daño pueden hacernos. En definitiva, nuestro enemigos son las personas que hacen cosas malas por naturaleza y cosas buenas por otras razones.

Una de estas razones la podemos ver cuando una nación va a entrar en guerra con otra nación. ¿Qué se suele hacer con el líder del país que va a ser atacado? Se le presenta como el mismísimo diablo. Sea real o no. En la guerra de Irak de 2003, por ejemplo, se comparaba a Saddam Hussein con Hitler. Y si lo quieres es sembrar el odio en la mente de alguien, esta es una buena manera. Una vez que has conseguido “instalar” este marco en la mente de la gente, si esta persona hace algo bueno, se le atribuirá a causas externas. Y cuando hace algo malo, será una prueba más de lo mala que es esa persona.

El odio es una emoción muy fuerte, se siente de forma muy dramática. Cada vez que piensas en tu enemigo vuelves a sentir la rabia. El módulo te está atrapando otra vez. Además, es muy fácil que de forma externa, mediante los medios de comunicación, por ejemplo, se forje en ti un “gatillo” que de forma automática le dará el control a uno de los módulos, incluso cuando lo que te están contando no sea una realidad.

 

¿Podemos controlar los módulos?

En realidad no es una tarea fácil. Pero la única forma es tomando más control y más conciencia sobre nuestros pensamientos y emociones.

La meditación consciente y la atención plena, en el contexto de esta visión modular de la mente, nos pueden ayudar a entender qué módulo está actuando en nosotros. Y cómo ese módulo está cambiando la forma en que percibimos la realidad. Y lo puede hacer incluso con emociones muy sutiles.

Queremos saber cuándo la serpiente es una serpiente, y cuando es una simple cuerda, ¿no? Yo por lo menos si quiero saberlo.

El problema es que los sentimientos que activan los módulos pueden ser muy sutiles. No siempre estarán asociados a una serpiente que nos puede matar, o a un terrorista que puede invadir nuestro país. Y cuando entramos en este nivel de sutileza, sólo la auténtica presencia, la atención plena, puede ayudarnos.

 

La visión budista

El budismo nos habla de la doctrina del “no yo”, lo que podría encajar perfectamente con esta visión modular de la mente, donde no hay un “director de orquesta” que esté al mando.

Aunque hay muchas interpretaciones de esta doctrina del “no yo”, la que más podría encajar con esta visión es la que dice que no hay ninguna parte de nuestra mente que tenga que ser parte de nuestra alma. No hay ninguna sensación que tengamos que poseer, no hay ningún pensamiento que tengamos que poseer. Podemos elegir qué cosas dejar de lado.

Para traducirlo en términos modulares se podría decir que no hay ningún módulo que tengamos que poseer. O no hay ningún módulo que tengamos que ser. Porque como hemos visto, los módulos están luchando todo el tiempo por ser nuestro self.

 

Fuentes:

Perder el control: Aprendiendo a abandonar la mente durante el sexo

Después de un taller de Gestalt sobre cuerpo y bioenergética el profesor nos recomendó un libro con un titulo cuanto menos muy  sugerente. El libro en cuestión es Orgasmo total, de Jack Lee Rosenberg. Y aunque  no lo pueda parecer por el titulo, poco habla sobre el orgasmo, apenas un capítulo. Y mucho sobre la energía que recorre nuestro cuerpo, sobre los bloqueos que sufrimos y que se manifiestan en nuestra respiración y sobre la conexión con lo sensual, sobre el contacto con nosotros mismos.

Uno de los últimos capítulos del libro es el que más llamó mi atención. También porque me he sentido muy identificada. Y no tanto en lo relativo a lo sexual, sino en lo relativo a la existencia misma. El capítulo se llama «Cómo abandonar la mente».

 

percer el control

 

Abandonar la mente

«Algunas personas experimentan un curioso fenómeno cuando comienzan a prestar atención a sus cuerpos: ¡sus mentes se hacen muy activas! Esta actividad mental parece llevar a la conciencia un torrente de contenido que es irrelevante en esa situación. Un modo de encarar ese fenómeno es analizar ese contenido. Otro es preocuparse del proceso mental, enfatizando el cómo de la actividad mental, más que el por qué o el qué».

Así comienza este capítulo del libro. Y precisamente es lo que me preocupa. El cómo. El cómo nuestra mente se convierte en una jaula de monos locos, como dirían algunas tradiciones orientales. Para lograr un orgasmo intenso, antes tenemos que poder abandonar nuestras mentes. O como dijo una vez Perls:

«Abandona tu mente, y dedicate a tus sentidos».

Pero para los occidentales, abandonar la mente es una herejía. Vivimos en una cultura que rinde culto a lo racional. Tenemos que entender todo a efectos de causa y efecto. Todo tiene que tener sentido. Todo tiene que ser explicado y entendido racionalmente. Le damos una prioridad absoluta al pensar, y poco al sentir. Además de que el pensar, generalmente, interfiere en nuestra capacidad de sentir.

 

Cómo interfiere la mente en el «sentir»

Lo puede hacer de varias formas, que se pueden resumir en preocuparse, contenerse y desconectarse. Y siendo esta una simplificación excesiva, nos sirve para poder comprender este proceso de forma sencilla, y en nosotros mismos.

Cierra tus ojos y observa con atención hacia dónde va tu mente. ¿Qué es lo que continua en tu cabeza cuando haces esto? Quizá notes que tu atención se ocupa de como te estás sintiendo, de cómo se encuentra tu cuerpo en este momento. Te haces consciente de la silla sobre la que estas sentado, si es muy dura o por el contrario es muy blanda, si hace frío o sientes calor. Te haces consciente de los sonidos, de tu respiración, de la incomodez de tu cuerpo, o de lo tranquilo que estás. Estás presente aquí y ahora.

Esto suena muy bonito, pero lo más común es que esto no suceda. Y que tu mente se dirija hacia el futuro, ensayando, imaginando y planeando lo que va a suceder. Esto te aleja de lo que está ocurriendo en este momento, del aquí y ahora. Y te aparta de la espontaneidad.

O también te puede ocurrir que te vayas al pasado. Hacia una situación irresuelta o inacabada, hacia algo que necesita «completado» de algún modo, un desacuerdo con alguien, una discusión, una conversación pendiente… El famoso fenómeno «tenía que haber dicho» o «tenía que haber hecho».  Al ensimismarnos en nuestra imaginación, lo más probable es que lleguen recuerdos que no nos dejan estar tranquilos.

«Además, cuando más profunda es la implicación emocional de la situación que nos perturba, mayor es la necesidad de finalizarla, resolverla completamente y despacharla».

 

Perder el control

 

Completar una gestalt

Este concepto de finalizar o resolver una situación que nos mantiene intranquilos es uno de los principios básicos de la terapia gestalt, y es lo que se denomina «completar» una gestalt. Una situación incompleta atrae energía como un imán. Como dice Jack en el libro, es como cuando entra el vecino, se quita los zapatos, y deja caer solo uno al suelo. Nuestra atención se queda «enganchada» esperando el sonido del otro zapato cayendo al suelo. Sólo al escuchar el sonido, al completar al gestalt, nos quedamos tranquilos. Y queda energía libre para prestarle atención al presente.

Algunas personas no quieren, no pueden o no saber completar sus gestalts no resueltas. Y lo que hacen es aguantar enfrascados haciendo cosas. Y así se evita resolver esas situaciones. Y así se evita sacar a la luz relaciones amorosas fracasadas, conflictos, rencores… Y este «no sacar» hace que se nos quede anquilosado el pasado. Y si estás en el pasado, no estás en el presente.

«Te encuentras atrapado entre el «entonces y allí» y el «aquí y ahora». Tu energía está divida».

Y si algo he aprendido con los años, es que la energía está donde está tu mente. Si tu mente está en el pasado, o en el futuro, toda tu energía está allí. Incluso con las personas o las situaciones. Si estás obsesionado con una persona, o una situación, allí está toda tu energía, en vez de estar en ti mismo. Y de esto viven muchas personas tóxica y «vampiros emocionales». ¿Qué ocurre cuando alguien te ha hecho una faena enorme y tu no paras de pensar en esa persona, aunque sea para insultara en tu imaginación? Al final le estás «regalando» tu energía. Él se hace más fuerte y tu más débil.

Muchas veces no podemos resolver estas situaciones inacabadas. No hay forma de resolverlo en nuestra vida. Pero sí lo podemos resolver en nuestra mente, en nuestra imaginación. Podemos cerrar los ojos, imaginarnos la situación en cuestión, y encaminarla hacia una resolución. Mentalmente podemos finalizar la situación y despedirnos de ella.

Estar demasiado tiempo en el futuro y en el pasado puede ser nocivo para nuestra salud. Tener la tendencia de «irte» durante largos periodos puede hacer que te sientas perdido en tu imaginación. Pero tener un contacto prolongado también puede ser nocivo. Mantener el contacto durante largos periodos de tiempo es prácticamente imposible, y el esfuerzo de «tengo que estar conectado» puede agotar nuestra energía. Encontrar el equilibro entre contacto y ensimismamiento es una de las claves de la salud y el equilibro emocional.

 

«Simplemente ser»

En  Oriente se conocen desde hace miles de años las cualidades de intrusión y distracción propias de la mente, y ha desarrollado medios para afrontarlas. Por ejemplo el Raja Yoga, es el camino de la iluminación a través del control de la mente; es un método para «detener» la divagación espontánea de la mente.

Pero siendo más «mundanos», podemos decir que la diferencia principal entre la filosofía oriental y occidental está en el «ser» y el «hacer». Los occidentales estamos siempre haciendo y tenemos grandes dificultades para simplemente ser. En cambio en la filosofía oriental el acento se pone en el ser.

«Tu eres y para ello no tienes que hacer nada.»

El pensamiento oriental viene a decir que cuando vemos algo intelectualmente, lo hacemos de forma separada, es algo separado de nosotros. Y «parando la mente» puedes tener una experiencia directa del Universo. Puedes ser uno con él. Pero si sigues con el autoanálisis que nos obsesiona, no hacemos más que aumentar la distancia entre el Universo y nosotros mismos, con nuestra mismidad. Si somos capaces de «parar la mente» podremos tener un conocimiento directo de nosotros mismos. Por desgracia, la mente no siempre quiere cooperar, y continua «haciendo su camino»… Por ello el filósofo oriental desarrolla caminos para apaciguar la mente y experimentarse a sí mismo más directamente.

 

perder el control

 

1- Dejar de preocuparnos

Desde un punto de vista occidental, concebimos la mente como un ordenador. La mayor parte del tiempo la mente funciona fluidamente, pero a veces se queda atascada, del mismo modo como lo hace un disco rayado. Este disco rayado es el PREOCUPARSE. Puede adoptar la forma de situación inacabada, si hablamos del pasado, o la de un simulacro, si hablamos del futuro. Ambas nos sacan del aquí y ahora.

Lo opuesto a preocuparse es estar tranquilo. Y un modo de que la mente se sienta tranquila es la práctica de la meditación.  Una forma de practicar meditación es hacerlo mediante un mantra. Y no es más que repetir una y otra vez una frase original del sánscrito, que tiene algún significado. Pero lo que realmente nos importa es la repetición. Para entender esto mejor, mejor leer una historia que cuenta Jack Lee:

«Un yogui me contó una historia de un maharajah que tenía un inteligente siervo, capaz de hacer cualquier cosa por él. El único problema era que el siervo estaba constantemente al lado del maestro diciendo: «Qué puedo hacer ahora, maestro? ¿Qué puedo hacer ahora?», tirándole de la manga y solicitando nuevas tareas. El siervo estaba volviendo loco al maestro. Así, finalmente, el maestro dijo: «Quiero que vayas y construyas una torre de siete pisos de altura, y luego quiero que subas y bajes corriendo las escaleras hasta que te llame». De esta manera el maestro se cuidaba de sí mismo cuidándose del siervo que le estaba llevando a la locura.»

De la misma manera que podemos hacer nosotros con nuestra mente. No necesitamos preocuparnos cuando estamos intentando relajarnos, o disfrutando del sexo. Así que la única solución al problema del disco rayado es dejando que se sobrecargue, como un mantra, hasta que al cabo de un rato, se queda calmada.

Uno de los problemas al que nos tenemos que enfrentar los occidentales, es que nos identificamos demasiado con nuestros pensamientos. Con lo que asumimos que el no pensar equivale a no ser. Sólo hay que recordar al famosa frase de Descartes, «Pienso, luego existo». Uno de los objetivos de la meditación es romper sea creencia, romper esa identificación tan fuerte con nuestros pensamientos.

También podemos reflexionar en estas ideas, como ya  nos contaba Montse en su post «Quién soy yo» :

 

«Yo no soy mi cuerpo; tengo un cuerpo, pero no soy mi cuerpo.
Yo no soy mis emociones; tengo emociones, pero no soy mis emociones.
Yo no soy mis deseos; tengo deseos, pero no son yo mismo.
Yo no soy mi inteligencia; tengo intelecto, pero no me reduzco a ello.
¿Qué soy yo entonces? ¿Qué queda después de descartar mis
sensaciones, emociones, deseos y pensamientos?
Yo soy un centro de conciencia y voluntad, capaz de dominar,
usar y dirigir todos mis procesos psicológicos y mi cuerpo físico.

Aún cuando nuestra mente no está atascada en una pauta de preocupación, podemos tener dificultades para «dejarnos ir» en la excitación corporal. Si somos capaces de concentrar la mente en algo que no de pie a ninguna pauta de pensamiento, descubriremos que nuestro cuerpo se encuentra libre para experimentar sus sensaciones.

Nuestra mente es un ordenador inmenso y activo que recoge datos sin parar, durante todo el tiempo que estamos despiertos.  A veces parece estar tan sobrecargada que parece que vaya e explotar. Y en esos momentos necesitamos vaciarla y empezar de nuevo. En este caso podemos utilizar otro tipo de meditación. Se trata de prestar atención a los pensamientos como si estuviéramos distante de ellos, como si no fueran nuestros, y se trataran de una película. Hay que dejar fluir los pensamientos, sin retenerlos sin juzgarlos, sin censurarlos… Nos desidentifiamos de nuestros pensamientos. Podemos imaginarnos a nosotros mismos al lado de un rio de curso lento, y nuestros pensamientos son los objetos que flotan en el agua, lentos, que pasan a nuestro lado para seguir su camino.

Vaciamos la mente. Dejamos que nuestros pensamientos fluyan tranquilos, sin interrumpirlos. Si aparece un pensamiento, lo examinamos atentamente y vemos si se trata de un asunto inacabado. Si así es, lo apartamos a un lado, nos imaginamos que lo ponemos a un lado, cercándolo con un muro, para poder volver a él más adelante. Ahora tenemos que vaciar y relajar la mente, no nos atamos a ningún pensamiento, aunque sea una obsesión no acabada que nos persigue. Y pronto te darás cuando la mente cesa en su preocupación.

perder el control

 

2- Dejar de controlarlo todo

Otro hecho que nos aleja de poder «abandonar la mente» es el contenerse. O dicho de otro modo, el tratar de controlar todas las situaciones que nos rodean. Intentar poner cada cosa en su lugar, controlar y aislar nuestro entorno de modo que todo siga el camino que nosotros queremos. «Aparentar» también es una forma de controlar.

¿Y qué es lo opuesto a contenerse? Soltarse, aceptar las cosas como vienen, respondiendo con espontaneidad al Ahora. Y como suele ser más fácil decir las cosas que hacerlas… ¿Cómo podemos soltarnos? Si dirigimos la atención a nuestro cuerpo, no a lo que está haciendo nuestra pareja, ni a lo que sucede a nuestro al rededor, podremos ser conscientes de nuestro propio «contenernos», de la dificultad que sentimos para soltarnos, para dejar el control.

 

perder el control

 

3- Dejar de desconectarnos

El tercer fenómeno que experimentamos en nuestras mentes consiste en desconectarnos. Y estoy seguro que esto os suena. La mayoría de las personas no estamos verdaderamente presentes la mayor parte del tiempo. Somos autómatas. Y este efecto se multiplica cuando estamos en una situación que nos produce ansiedad, como lo es el sexo para mucha gente. Al desconectarnos nos disociamos de nuestra experiencia. Y además, por si fuera poco, podemos aumentar químicamente este efecto de «no presencia» mediante el alcohol o tranquilizantes.

Para el que se sabe «desconectado», pero quiere invertir este proceso, hay esperanza:

«Si atraes la atención hacia tu conciencia en detalle, si verdaderamente pones atención en lo que estás haciendo, estarás en situación de comenzar a ponerte en funcionamiento, a conectarte.»

Podemos mirar el enfoque oriental respecto a poner atención, y para poder comprenderlo basta observar cualquier monasterio Zen, donde existe una disciplina permanente, momento a momento, sobre cualquier pensamiento o acto, requiriéndose una constante y plena atención.

Para empezar podemos decirnos a nosotros mismos: «Ahora soy consciente…» y terminar la frase. De los colores de la habitación, de los olores, de los ruidos, de mis manos, de frío o el calor… La práctica regular de esta técnica aumenta la sensibilidad hacia el presente que nos rodea. Y según vayas repitiendo el ejercicio, aumentará tu sensibilidad sobre lo que sientes dentro y fuera de ti.

«Vuelve a este mundo, aquí y ahora, y pon atención. Disfruta de tu vida al máximo. Que yo sepa, esta es la única oportunidad que tienes de hacerlo. Esta es, en palabras de Ken Kesey, «la única entrada que has conseguido para este espectáculo»; si no estás atento, se la llevará el viento».

 

Fuente:

Crecimiento físico, mental y emocional ¡Comienza el viaje!

Una inquietud que tienen muchas personas que empiezan a hacer este camino de desarrollo personal es la preocupación de cómo, cuándo y hacia dónde encaminarse. Al principio, lo normal es que nadie lo tengamos claro. Vives tu vida más o menos «anestesiado», y un día la crisis existencial se abre paso. Y a partir de ahí no sabemos qué hacer. Es importante saber cómo es el proceso del crecimiento, tanto físico, como mental o emocional.

En la vida «crecemos físicamente» de forma automática mientras alimentemos correctamente nuestro cuerpo. No somos conscientes de este fenómeno. Y lo mismo ocurre con nuestro «crecimiento mental», para el cual deberíamos haber recibido una  enseñanza básica, pero ninguno lo hemos hecho… El «crecimiento emocional», que normalmente se ralentiza en torno a los siete años, no recibe una atención verdadera a medida que nos adentramos en la edad adulta (y tampoco lo hace en ninguna otra etapa de nuestra vida).

Lo bueno es que los seres humanos somos notablemente adaptables en nuestra relación con el mundo físico, pero por desgracia, nos hemos ido empequeñeciendo poco a poco en términos emocionales. Lo que nos ha permitido sobrevivir, pero desgraciadamente, no de la mejor manera posible. El turbulento estado de la realidad actual es una muestra fehaciente de que el mundo es el patio de recreo de unos absolutos inmaduros emocionales.

crecimiento

 

¿Presencia física o mental?

La presencia física es una experiencia que tiene lugar cuando aprendemos a fijar la conciencia en el cuerpo físico. La mayoría de las personas cree que ocupamos este cuerpo, pero no es así. Pensar acerca del pasado o del futuro significa que tenemos que entrar en la esfera de lo mental.

La esfera mental no está confinada a la ubicación de nuestro cuerpo físico, sino que se extiende tan lejos como seamos capaces de pensar. Si pensamos en un amigo que se encuentra en otro país, o regresamos en la memoria a la última vez que estuvimos con él, quizás supongamos que seguimos aún dentro de nuestro cuerpo físico, pero no es así. Estamos allí donde nuestro punto de atención se ha proyectado. O como diría un yogui, la energía está donde está la atención.

Decididamente no estamos presentes físicamente. Quizá esté ocurriendo algo justo delante de nuestros ojos y puede que no seamos conscientes de ello, simplemente porque estamos perdidos en nuestros propios pensamientos. La presencia física sólo tiene lugar cuando entramos conscientemente en la conciencia del instante presente.

 

Cuerpo físico

El cuerpo físico, si bien refleja sintomáticamente nuestras experiencias pasadas y nuestras proyecciones futuras, está siempre presente al cinto por ciento. Está ciento por ciento presente en su funcionamiento, dado que el corazón sólo late en el ahora. Cuando experimentamos la presencia física, podemos sentir nuestro propio latido cardíaco.

Normalmente, como no sea que os pase como a mí, que prácticamente siempre siento mi corazón, lo más cerca que la gente está de esta experiencia es por defecto: cuando estamos a punto de tener un accidente o cuando alguien nos da un susto. En los instantes que siguen a una situación así, la conciencia entra plenamente en el cuerpo, y somos capaces de sentir el bombeo de la sangre a través de las venas y los latidos del corazón en el pecho. Sin embargo, cuando nos pasamos la vida en esa esfera mental que llamamos tiempo, ni siquiera somos conscientes de que tenemos un corazón, y mucho menos somos capaces de escucharlo o sentirlo.

 

Claridad mental

El paso del «crecimiento» consiste en fijar nuestra conciencia en el cuerpo físico. Después habrá que alcanzar una determinada claridad mental y un manifiesto equilibrio emocional.

 

Crecimiento emocional

La consecución del equilibrio emocional, obteniendo primero la presencia física y luego la claridad mental, es el sendero que da paso efectivamente al crecimiento emocional.

Puede que sea uno de los logros más difíciles de conseguir en este mundo. Porque la necesidad de crecer emocionalmente rara vez encuentra apoyo, y mucho menos comprensión, en las personas que nos rodean. No es un viaje en el que nos vayamos a sentir bien al principio. Y será más arduo cuánto más dormidos estemos emocionalmente.

Este viaje lo que pretende es que sintamos «de verdad». Y sentir «de verdad» puede suponer en un principio la experiencia de que estamos emocionales reprimidos, como con el miedo, la ira o la tristeza.

Para hacer este viaje debemos comprometernos en el empeño de nuestro crecimiento personal por encima y más allá de que podamos comprender la razón por la cual esto es tan importante y necesario. La comprensión mental rara vez forma parte de la integración emocional. Y como en cualquier viaje a lo desconocido, sólo podremos ver dónde hemos estado y por qué determinadas circunstancias se han desarrollado como se han desarrollado cuando lleguemos a algún punto culminante y podamos pararnos a reflexionar.

¡Comienza el viaje!

 

Fuente: El proceso de la presencia
Foto: Steve Carter