La cara oculta de la música y el sonido

Por experiencia propia sé que la música puede resultar beneficiosa para el organismo a no ser que escuches el Fary o King África. Con poco que escarbes en bases de datos científicas, Mozart se convierte en una herramienta eficaz para el tratamiento de trastornos de memoriaAlzheimer1 o para reducir la cantidad de sedante necesaria en pacientes paliativos. (Siendo repelentes, las teclas de un piano o la cuerda frotada de un violín modifica los niveles de somatotropina, disminuye la adrenalina y la interleukina-6 en el organismo2).

Nombres raros y detalles biológicos al margen… ¿cómo es posible que la música pueda tener un impacto medible sobre las adrenalinas y demás «inas»? Solemos explicar los efectos del sonido sobre el organismo señalando con el dedo al sistema nervioso central. El oído traduce los «dos» y los «res» musicales a un lenguaje electroquímico que las neuronas son capaces de entender y, solo cuando sonido y neuronas hablan el mismo idioma, se inicia una reacción biológica en cadena que altera la percepción humana. O al menos eso creía la neurociencia hasta el momento.

Durante mis últimos pinitos en la facultad leí un artículo respondón que le dio una patada en la entrepierna a la explicación convencional que acabamos de ver. Este estudio demostraba de forma simple y elegante, que un sonido es capaz de influir en el comportamiento de un puñado de células secuestradas en una placa de cristal dentro de una incubadora.

 

 

Poniendo al estudio zapatillas de andar por casa vemos que una célula no tiene cerebro ni orejas que sepamos. Por lo tanto, es poco probable que sus oídos transformen la señal acústica en carne de neuronas o que un sistema nervioso inexistente dé lugar a un cambio en la percepción de la célula. Los resultados eran contundentes: la música de Mozart mejora la supervivencia y la multiplicación celular3-4. Es una idea revolucionaria. ¿Por qué? Porque nos hace mirar al sonido como un agente físico, es decir, como una energía capaz de afectar directamente a la vida sin ayuda de ningún sistema nervioso o neurona. Flipé en colores.

 

El comodín de la llamada: Juan Ma Morillo

Al más puro estilo de «Quieres ser millonario», ese programa donde los concursantes debían responder una serie de preguntas y podían llamar a un amigo para que le ayudara a responder a una de ellas, he contactado con Juan Ma Morillo. Juan Ma lleva muchos años trabajando en el ámbito de la terapéutica, la música y el sonido, así que me venía com anillo al dedo. Os dejo aquí su visión del asunto.

Muchas gracias por contar conmigo, David. Efectivamente, casi toda la investigación relativa a efectos beneficiosos de la música implica alguna mediación del sistema nervioso, especialmente a través del sistema límbico estrechamente relacionado con las emociones, o con la corteza prefrontal y nuestra memoria autobiográfica. Todo ello constituye la base de la musicoterapia tal cual se entiende hoy en día como disciplina que busca la mejora de la calidad de vida y de la salud empleando la música o sus elementos (sonido, ritmo, melodía, armonía).

Sin embargo, desde hace ya muchos años se sabe de la importancia del sonido, más allá del fenómeno musical, sobre los sistemas fluidos. En este sentido, los experimentos de cimática son verdaderamente esclarecedores. En este vídeo, podéis conocer más sobre ello.

https://www.youtube.com/watch?v=L5wcfbB79Mo

Y teniendo esto que más del 70% de la composición de los tejidos vivos es agua, cualquier vibración sonora puede tener una gran repercusión en la disposición molecular y en la dinámica celular. Derivada de esta premisa, se ha ido desarrollando una rama de conocimiento que es la terapia vibroacústica, que aplica sonidos de la parte grave del espectro audible (sobre todo, entre 60 y 600 Hz) para conseguir efectos terapéuticos, como la reducción del dolor, la mejora de la osteoporosis o de la función respiratoria.

 

 

Por otro lado, algo aparentemente anecdótico pero que creo que encierra gran sabiduría es la función del ronroneo de los gatos. Experimentando con mi propia voz, con el gemido, con sonidos graves y mantenidos, con lamentos, sobre todo cuando me siento con algún dolor físico, o resfriado, he podido comprobar una mejoría física notable y una recuperación mayor. Esto me hizo pensar en qué sucedía en los gatos. Y, como la vida es sabia, vi publicado en el periódico hace un par de años un artículo sobre el posible efecto terapéutico del ronroneo. Indagué, intenté conseguir alguna fuente más de lo escaso que se sabe sobre ello, y realmente parece que la frecuencia del sonido que habitualmente emplean los gatos ayuda en la cicatrización ósea y la mejoría de síntomas respiratorios. Esto parece traducirse en menor número de complicaciones tras intervenciones veterinarias en los gatos con respecto a los perros, por ejemplo.

Apenas existe base científica sobre el uso de cuencos tibetanos o de cuarzo, o del empleo del canto de armónicos sobre parámetros fisiológicos en el ser humano, pero quienes los han experimentado o practicado, describen sensaciones muy intensas y profundas que conectan con el bienestar. Aunque sabemos muy poco a nivel científico, la experiencia nos indica el gran poder del sonido más allá del componente emocional de la música.

Aplicando la ciencia la día a día

Muchos conocéis mi «obsesión» (podría perfectamente dejar de usar comillas) por acercar la ciencia a la cotidianidad de las personas. Por ello, nos preguntaremos abiertamente: «David…¿y de qué carajo me sirve a mi que el sonido afecte a las células para pagar las facturas, salir de un resfriado o dejar de pelearme con mi suegra?». Vamos al lío.

Las personas somos capaces de generar sonidos por medio de las cuerdas vocales (algo así como una amalgama de pliegues musculares que vibran). Entonces, si las personas producimos sonidos y el sonido influyen en la supervivencia, multiplicación y diferenciación celular… ¡las personas tenemos el potencial de influir no solo sobre nuestras propias células sino también sobre las supervivencia, multiplicación y diferenciación de las células de la vecina del quinto! Aunque pueda parecer una auténtica locura, física y biológicamente es factible.

El pensamiento que se convirtió en sonido

Estamos a punto de descubrir que los sonidos emitidos por nuestras cuerdas vocales están estrechamente relacionados con las cosas que pensamos y sentimos. Desgranemos un par de ideas antes de llegar al fondo del asunto.

 

 

Todas las personas, las que nos caen bien y las que nos caen mal también, tenemos en el hemisferio izquierdo del cerebro un módulo que se conoce como «el intérprete». Este módulo neuronal es el encargado de proponer pensamientos en cada situación de vida, y es el responsable de que nuestro querido cerebro piense con la misma naturalidad que el corazón bombea sangre o los pulmones aire. Vamos al ejemplo.

El intérprete de una persona que esté leyendo este artículo puede llegar a proponer el pensamiento «David está como un cencerro» o «las investigaciones de David son revolucionarias». Al usar el pensamiento «las investigaciones de David son revolucionarias», es decir, al poner la atención sobre él, el cerebro traduce la propuesta en una emoción que el resto de las células del cuerpo son capaces de entender. Se ha producido un cambio, una transformación de energía electroquímica (pensamiento) a energía química (emoción). Las emociones nos empujan a actuar en el 80% de las veces y, cada acción, trae consigo unas consecuencias o resultados.

El resultado puede tomar diversas formas. Desde compartirlo en la red (mensaje  subliminal) hasta decirle a un amigo «esta mañana he leído un artículo increíble». En este segundo caso, la energía acústica que utiliza tu garganta para transmitir el mensaje «esta mañana he leído un artículo increíble» es la misma energía del pensamiento «las investigaciones de David son revolucionarias» manifestada de diferente forma. Acabamos de aplicar el principio de conservación (la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma) al día a día. 

El efecto del miedo y la confianza sobre las células

En resumen: cada palabra que decimos, cada sonido que sale de nuestra boca, está relacionado con las cosas que pensamos y sentimos y, al mismo tiempo, el sonido tiene el potencial de influir sobre el comportamiento de las células.

Aunque todavía nos faltan muchas piezas del puzzle por colocar, ya estamos manos a la obra. En los últimos meses he diseñado una serie de experimentos con el objetivo de estudiar el efecto de sonidos generados a partir de pensamientos de confianza o miedo sobre células vegetales y humanas. Como dijo aquel en el Un, dos, tres: «hasta aquí puedo leer» por el momento.

Si te apetece aportar ideas, participar o acceder a los resultados de mis investigaciones puedes escribirme (daviddelrosario.com@gmail.com), podemos mantener el contacto por redes o coincidir en algunos de los eventos que realizo por España y América.

REFERENCIAS

[1] Cowles, A. y otros (2003). Musical skill in dementia: a violinist presumed to have Alzheimer’s disease learns to play a new song. Neurocase. 9(6):493-503. 
[2] Conrad, C. y otros (2007). Overture for growth hormone: requiem for interleukin-6? Crit Care Med.; 35(12):2709-13.
[3] de Deyne, P. G. y otros (1995). In vitro effects of therapeutic ultrasound on the nucleus of human fibroblasts. Phys Ther. 75(7):629-34. 
[4] Jones, H. y otros (2000). Acoustic energy affects human gingival fibroblast proliferation but leaves protein production unchanged. J Clin Periodontol. 27(11):832-8.

REFERENCIAS DE JUAN MA

Boyd-Brewer C, McCaffrey R (2004). Vibroacoustic sound therapy improves pain management and more. Holist Nurs Pract.,18(3):111-8.
Cook T.F. (1973). The relief of dyspnoea in cats by purring. New Zealand Veterinary Journal, 21, 53-4.
http://www.thepowerhour.org/news4/The_Feline_Purr.htm

Encuentros con el miedo – Capítulo segundo – Hermana duda

 

Hermana duda

 

He querido comenzar este post, con «Hermana Duda», una canción de Jorge Drexler, que a mi modo de ver, viene a cantarnos sobre la duda, la indecisión y «el reguero de cabos sueltos» , que en ocasiones nos solemos hacer cuando nuestro amigo el miedo se acomoda en nuestra casa y nos apaga la luz.

Y es que, este amigo, nos mantiene siempre en alerta. Si, ahí está nuestro miedo. Recordándonos que debemos ser cautelosos, mantener nuestras relaciones y el entorno exterior controlado, estar vigilantes ante cualquier posible peligro, a no perder lo que tenemos, lo que somos o lo que creemos ser.

¿Y qué hacemos nosotros? Utilizamos hábilmente nuestra mente imaginando acciones futuras. Pensamos qué puede pasar, dónde, con quién. Tenemos conversaciones con personas, nos enfrentamos a gigantes, monstruos, conjuramos, recreamos toda una estrategia alrededor de escenarios ficticios… todo para prever lo que pueda pasar, el «y si…».  Todo para mantener nuestro estado de control y de prevención ante lo que pueda pasar. A veces, después de un rato dándole vueltas a un tema que traemos al pensamiento, a mí me pasa que termino con la cabeza cargada, como metralla, siento dolor, cansancio, incluso  he experimentado cómo mi visión es menos nítida, nublada.

 

La Angustia

 

Parece que en lugar de tener una mente ayudadora, la volviéramos en nuestra contra. Hay otro efecto que suele sumarse a este nubarrón de la cabeza: el dolor de estómago. Crees que algo te ha sentado mal en el estómago, pero no. Realmente lo que tu tripa te está diciendo es que la tienes llena de angustia. Una angustia que alimentamos con nuestros pensamientos y que siempre está buscando, un enemigo, un culpable y en muchos casos te culpa a ti mismo.

Este estado, que muchos de nosotros estamos acostumbrados a soportar, nos proporciona un caldo de cultivo ideal para paralizarnos porque cada acción que emprendamos, puede ser un error irreparable, por tanto, mejor no actuar, no decidir, de esta manera no tendremos que sentir la culpa o el propio castigo.

Así  podemos estar horas y horas, pasando de la cabeza al estómago, del control mental y las racionalizaciones a la angustia, argumentando y contra argumentando, buscando nuevas causas y desenlaces a nuestras fantasías futuras, para estar preparado ante un futuro que imaginamos hostil, incierto, arduo, fantasmagórico, lleno de sombras y voces.

 

 

Los «y si…» de la indecisión

 

En el decálogo del miedo hay muchos «y si…»: y si no me van a creer, y si me rechazan, y si la relación se termina, y si mi jefe me despide… son los «y si…» de la indecisión. Los que nos paralizan y nos dejan temblando delante del autobús de nuestra vida que está pasando, en este preciso instante y que no somos capaces de tomar, por si hay otro que nos deja más cerca de casa, o por si vendrá otro detrás más moderno y con mejores asientos. (también hay muchos «por si acaso…» en el decálogo del miedo). Es toda una trama laberíntica que nos inventamos y en ocasiones, nos cuesta discernir entre los hechos reales y los imaginarios.

 

¿Para qué necesito la indecisión?

 

Pero ¿para qué necesito ser indeciso?. La vida está llena de decisiones. Estar en la indecisión, también es una decisión y tiene su beneficios. Si estás indeciso con algún tema y llevas rumiandolo tiempo, quizás pueda ayudarte a aclararte un poco más preguntarte:

  • ¿Qué beneficios obtengo al no tomar una decisión?
  • ¿Qué estoy dispuesto a perder y qué no estoy dispuesto a perder con esta decisión?
  • ¿Qué es lo peor que te puede ocurrir si…?

Probablemente, encontremos que nos sentimos más cómodos en la incomodidad de no decidir que en tomar las riendas y la responsabilidad de nuestra vida. Mostrar nuestra verdad, lo que realmente somos y queremos ser. Ser honestos con nosotros mismos y cambiar el flujo energético que nos provoca la angustia y nos bloquea para tomar decisiones.

 

Ir contra lo que nos da miedo

 

En ocasiones, vamos contra nuestro propio miedo. Al contrario que en un estado fóbico donde lo que intentamos es apartarnos de la imagen, persona, idea o pensamiento que tenemos delante, la contrafobia nos lleva justo hacia aquello que nos da fobia, hacia aquello que nos da miedo. Podemos estar sintiendo mucho miedo, pero por fuera tener un aspecto feroz e intimidar al otro. Son los momentos de nuestra vida, donde, aún con las piernas temblando, nos colocamos la armadura y nos enfrentamos al mundo.

Reconozco que en mi vida, este tipo de miedo está muy presente y a veces me ha ayudado a avanzar. Yo lo vivo como si estuviera delante de un precipicio, a gran altura y me lanzo con los ojos bien cerrados y gritando. Una vez hecho, toda la angustia y la energía acumulada, la libero y siento relajación.

A veces, y más aún en personas donde la contrafobia está muy integrada en su carácter, el efecto puede ser doloroso, tanto para si mismo como para los demás. La acción va acompañada de agresividad y no siempre se consigue canalizar.

 

Coraje, espontaneidad, confianza para actuar

 

 

Hay que tener coraje, fuerza interior y sobre todo, confianza, para sentir el miedo y aún así, actuar como sea. Cuando digo, como sea, me refiero a actuar con lo que venga, validando la espontaneidad, la decisión, equivocarse, volver a equivocarse, no acusarse a uno mismo por la decisión tomada o la acción realizada y a aceptar las consecuencias. Más aún, tener la confianza de que el error se puede recomponer y se pueden pedir disculpas. La casa se puede restaurar y aprender de ello. Esto es vivir y estar despierto.

Esto es lo que mi maestra, Estrella Martín, sabe mostrarme cada día que voy a verla y yo intento refugiarme en mis racionalizaciones para no conectar con mi propio deseo. Porque finalmente, la indecisión, nos prohíbe el deseo.

 

«Tanto se medita, que termina escapando. Para agarrar el deseo, soltar el escudo y la lanza, cuando lo que toca es el contacto con lo que sientes, puede ser un camino a explorar».

 

Referencias bibliográficas:

  • 27 personajes en busca del ser. Claudio Naranjo. Ediciones La Llave.
  • Eneagrama para terapeutas. Carmela Ruiz de la Rosa. Desclée de Brouwer.

 

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La creatividad como medio para la transformación

Si en el artículo anterior hablaba sobre el miedo, hoy me apetece compartir el momento en el que me encuentro, explorando el lado opuesto, la creatividad.

 

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¿Cuál es mi relación con la creatividad?

 

Y es que, aunque parezca mentira y me cueste creerlo, yo he nacido creativa. El simple hecho de mi nacimiento, ya fue un acto creativo. ¿Te habías parado a meditarlo? Tú también eres un ser creativo por naturaleza. Lo que me ocurre cuando actúo sin miedo, cuando entro en contacto con la confianza y dejo el control, es que me encuentro con que soy una persona muy creativa. Uy!, esto también llega a asustarme un poco porque eso significa que soy un ser libre y responsable 100% para diseñar, crear y actuar con todas sus consecuencias.

El mismo hecho de estar escribiendo este artículo ya está siendo un acto creativo en sí mismo y para realmente expresar qué me pasa a mí con la creatividad, he tenido que dejar de lado una serie de libros que para lo único que me ayudaban era para darme seguridad y estructura a lo que voy diciendo. ¿No es esto mismo una contradicción si estoy hablando de creatividad?

A ver si me explico, tenemos la capacidad de ser creativos, nacemos creativos, pero conforme vamos creciendo vamos enterrando esta capacidad. Es como si conforme vamos cumpliendo años, a la vez, va muriendo nuestro lado creativo, el más puro, la propia creación de lo que somos.

Pero tampoco es tanto así. En mi vida, he tenido muchos momentos creativos, por ejemplo, si busco en mi memoria, tener pareja ha sido un acto de creatividad, tener un hijo/a lo es (aunque aún no lo he experimentado), viajar a lugares desconocidos, coger caminos distintos para llegar a casa, etc. Hay muchos momentos creativos en mi vida, tengo la capacidad para ello. Seguro que en tu vida, también los hay, ¿verdad?.

Pero parece que soy un poco estrecha de miras por mi propio autoconcepto. “No puedo, no valgo, esto es un error, no puedo fallar”. En definitiva hay algún miedo detrás.

Y si reflexiono un poco más, ¿en qué momentos me siento creativa? Pues me siento creativa cuando dejo de pensar y actuar como lo hago habitualmente. Cuando me desarmo como un Lego, cuando pongo la casa patas arriba, cuando desordeno, descoloco, cuando me des-estructuro, cuando digo cosas sin sentido… En todos esos momentos me siento creativa.

 

Experimentar la locura, ir más allá de mi propio auto concepto

 

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Esto parece un poco loco. Hay algo (o mucho) de dionisíaco en la creatividad. Algo que nos invita a experimentar la locura y a dejar atrás el juicio. Y es que la creatividad tiene que ver más con nuestra parte instintiva que con nuestra parte social. Va más allá de nuestro propio ego, de nuestro propio auto concepto.

Si confío en mí, ensancho… abro miras, soy capaz de sorprenderme a mí misma.

Cuando juego y me divierto también me siento creativa, tanto en el trabajo como en mi vida personal. Lo que me pasa es que en ocasiones siento angustia (otra vieja amiga) y un cierto vértigo. Porque si doy rienda suelta a mi creatividad, tendré que buscarme la vida, no estoy en mi zona de confort, surge lo desconocido, la incertidumbre en lo que va a pasar. Esto son códigos que siguen frenando nuestra capacidad y nos generan angustia existencial. ¿No te parece?, ¿Te pasa a ti lo mismo?. Desde nuestra zona de confort vamos a dar lo mismo de nosotros mismos, es mi zona segura.

 

Creatividad: energía de creación y destrucción

 

Hay un tema muy energético en la creatividad. Para sentirla, primero, digamos  que hay que invocar esta energía que curiosamente es la misma que la energía de destrucción solo que al contrario. No se puede construir sin antes destruir, siempre hay algo que se destruye y se crea. Es ley de vida, en todos los momentos estamos conviviendo con la creación y la destrucción, la vida y la muerte. En el vacío encontramos  una mente abierta y sin juicios, un caldo de cultivo estupendo para experimentar la creatividad. Cuando nos vaciamos de pre conceptos, ideas o prejuicios, nos abrimos al ser creativo que llevamos dentro. La creatividad es también un lenguaje de contradicciones, paradógico, muy simbólico, conectado en ocasiones con el alma; es un lenguaje que invita a la exploración, a perderse, a buscar nuevas alternativas.

 

El efecto einstellung y otros enemigos de la creatividad

 

¿Qué me impide ser creativo? Nos pasa que vamos adquiriendo ciertos hábitos que nos hacen sentir cómodos y justamente esta comodidad es la que entorpece la creatividad. ¿Has oído hablar del efecto einstellung? Es una palabra alemana que significa “instalación”, “ajuste”. En psicología, el efecto einstellung significa la tendencia de la mente a adoptar la solución más habitual. La más conocida y la que nos genera mayor seguridad. Te habrás escuchado en muchas ocasiones diciendo “esto debe ser así”, “más vale malo conocido que bueno por conocer”, “siempre me ha funcionado de esta manera”…. Este tipo de actitud es anti-creativa en la vida.

Abraham Luchins, uno de los psicólogos fundadores de la Terapia Gestalt, quien demostró esta tendencia en la mente a utilizar el mismo esquema mental para resolver problemas. Pero además del evento einstellung, hay otros enemigos para mantener una mente creativa, alguno de ellos ya los he mencionado anteriormente:

  • El perfeccionismo: está bien querer mejorar, siempre y cuando tengamos en cuenta que la perfección no existe.
  • El miedo: este es el más conocido y más antiguo. ¿A qué tenemos miedo cuando desarrollamos nuestra creatividad? ¿A equivocarnos?, ¿a hacer el ridículo?, ¿a ser juzgado?.

Un ejemplo práctico es el de Albert Adrià, cocinero y hermano de Ferran Adrià. Cuenta en este breve vídeo de abajo, cómo se abordaba el proceso creativo en el taller de elBulli para el proyecto «Ferran Adrià. Cómo influye el miedo en la creatividad.

 

La creatividad en el ámbito profesional

 

La creatividad está siendo un tema de relevancia en las empresas de hoy en día. La transformación digital, la robotización y la posibilidad de que muchos trabajos sean sustituidos por máquinas, está provocando que los perfiles creativos sean cada vez más demandados para potenciar la innovación, el pensamiento crítico y la resolución de problemas complejos.

El Foro Económico Mundial, que en 2015 la situó en el décimo lugar en su lista de competencias clave, ahora nos indica que en 2020 (en dos años más), será la tercera competencia más demandada por las empresasHoy en día son muchas las técnicas que se usan para fomentar la creatividad por ejemplo juegos con Lego, Desing Thinking, etc.

La creatividad ha sido muy estudiada a lo largo de la historia por expertos. Por ejemplo:

«La creatividad es la inteligencia que se divierte». Albert Einstein

«La creatividad es la capacidad mental para visualizar, anticipar y generar ideas».  Alex Osborn 

Para mí, la creatividad es un proceso de creación y de destrucción que me ayuda en mí día a día a adaptarme al medio con mayor flexibilidad. En base a tu relación con la creatividad, ¿cómo la definirías? ¿Qué es para ti la creatividad?

 

Pensamiento convergente y divergente

 

Si hablamos de creatividad, es esencial hablar del pensamiento convergente y divergente. Términos que vienen del psicólogo Joy Paul Guilford, conocido por sus trabajos sobre inteligencia humana. Estaba convencido de que la creatividad y otras actitudes se pueden desarrollar mediante la educación.

El pensamiento convergente tiene que ver con el mundo racional, causa – efecto, prueba – error. Es un pensamiento secuencial. Nos planteamos si una idea funcionará o no, pero no cómo nos gustaría que funcionara. Es un pensamiento que desarrollan filósofos, los científicos o matemáticos. Es necesario, por ejemplo, si queremos llevar una idea a la realidad.

Por otro lado, el pensamiento divergente, es un proceso mental que permite producir numerosas ideas a partir de un estímulo único. Buscamos alternativas ante una misma realidad. Aquí requerimos de fluidez, flexibilidad y originalidad. La fluidez de ideas, verbal y de expresión.

La originalidad es la capacidad para producir ideas remotas, muy locas y la flexibilidad, la capacidad de practicar la fluidez. Flexibilidad para replantear una situación, reinterpretar, cambiar. Necesitamos flexibilidad para pensar fuera de la caja de confort (Out of the box).

 

¿Quieres poner a prueba tu creatividad?

 

Sommer + Sommer

Test Sommer + Sommer

 

Comparto con vosotros algunos ejercicios que he ido encontrando y probando para poner a prueba la creatividad. Encontrareis muchos más en la red. Los podéis hacer solos, en pareja, con amigos o con vuestros hijos. La idea es experimentar. Coge papel y lápiz y dedícale unos minutos.

  1. Test sobre creatividad: ¿Quieres saber cuál es tu lado del cerebro más dominante? Realiza el auto test de creatividad SOMMER+SOMMER.
  2. Escribe todos los usos que se te ocurran de un cinturón, hasta el más raro que se te pueda ocurrir. (Imaginación al poder).
  3. ¿Que frases se te ocurren que comiencen con las siguientes letras? A … H …. O….. L
  4. Este ejercicio es para ayudarte a conocer mejor tu relación con la creatividad.
  • Piensa en el último problema que hayas resuelto. ¿Cómo lo hiciste? Ahora piensa en una manera creativa de solucionarlo.
  • Pon un temporizador en 10 minutos y haz una lista de cosas que harías si no tuvieras que hacerlas a la perfección.
  • Escucha música relajada, coge papel y lápiz y tómate tu tiempo para responder a la siguiente pregunta en primera persona:
    • ¿Hay algo que me de miedo cuando pienso en mí mismo como un ser creativo? Si es que sí, anota esos miedos.
    • Cuando termines, imagina que esos miedos son de un amigo y que te los está contando a ti. ¿Qué le podrías decir a tu amigo respecto a estos miedos que te está contando?

 

Bibliografía:

  • J.P. La naturaleza de la inteligencia humana. Buenos Aires; Paidós. 1977.
  • Maslow, A. La personalidad creadora. Barcelona. Kairós. 1982.
  • MOOC Creatividad y Pensamiento Lateral. UOC – Miriadax. 2018.
  • No es lo mismo. Silvia Guarnieri y Miriam Ortiz de Zárate. LID editorial. Edición 5.

Encuentros con el miedo – capítulo primero

Vivimos en un momento de la historia donde prácticamente parece una exigencia no sentir miedo. Los medios de comunicación nos transmiten incesantemente comunicaciones contradictorias. Por un lado, mensajes atemorizantes, violentos, que activan nuestro mecanismo de defensa y nos mantiene en alerta. Por otro nos muestran superhombres y supermujeres valientes, héroes y heroínas que no temen a nada. La publicidad se encarga de hacernos consumidores de fórmulas atractivas para no detenernos en el miedo o sencillamente para obviarlo y no sentirlo.

En otras ocasiones, tenemos miedo a no ser capaces de arreglárnoslas en el mundo, de no poder salir adelante por una falta de capacidad y habilidades. Otras, entramos en pánico ante una situación nueva en la vida, sobresaltándonos y tambaleándonos ante los cambios ya sean laborales o personales. 

 

La sociedad del hacer insaciable

 

Y desde este punto de vista, aquel que siente miedo, es un «cobarde”, para el que el aburrimiento está prohibido. Hay que evitarlo porque cuando comenzamos a sentirnos aburridos, nos angustiamos (señal de que nos estamos acercando a nuestro miedo). Pero preferimos continuar en el hacer insaciable para no conectar con lo que realmente nos ocurre.

Son innumerables las estrategias que usamos para apartar el miedo de nuestros pensamientos. Hay quien hace yoga, sale a correr, baja a tomarse una cerveza, toma tranquilizantes, sale de compras, comer hasta la saciedad, ver series infinitas, etc.

Si bien es cierto que algunas de estas fórmulas pueden funcionan, al menos de manera momentánea, ¿qué grado de conciencia tenemos realmente de estas acciones? y sobre todo, ¿están siendo una solución real y consciente a lo que siento y necesito o están actuando de manera superficial, a modo de tapadera?

 

Amar y respetar nuestro miedo como a nosotros mismos

 

Ocultar el miedo es congelar una de las emociones más básicas, perdiéndonos la oportunidad de aprender y crecer con ella como si de una relación de pareja se tratase. Yendo más allá, es necesario amar y respetar nuestro miedo si queremos amarnos y respetarnos a nosotros mismos. Es importante conocerlo, escucharlo, dar un primer paseo por el parque, entrar en amistad, tener una buena conversación con él y sobre todo, darnos el permiso de sentirlo y aceptarlo sin juicio. 

Todas las emociones tienen una intención positiva en nosotros, incluso las llamadas negativas como son el miedo, el asco, la tristeza y la rabia. Además, éstas son indicadoras de nuestros procesos de cambio y transformación. Entonces, ¿para qué necesito ocultarlo?. ¿Qué hay específicamente detrás de él?. 

Darnos el espacio y el tiempo para reconocer nuestro miedo, nuestras dudas e incertidumbres, es el comienzo para empezar a atravesarlo. Además, tenemos la capacidad y el poder de decisión para tener una relación más íntima con esta emoción de una manera más consciente, integrándola y poniéndola a nuestro favor, dándole el lugar que nosotros queremos que ocupe en nuestra vida. 

En este sentido, quizás podéis preguntaros, ¿cuál es el plan de acción que tengo que emprender para superarlo?, ¿Cuál es la receta?. Si os soy sinceros, yo aún no la he encontrado y dudo mucho que exista una marmita con la pócima mágica. 

 

Mi experiencia personal con el miedo

 

Como yo lo veo y como lo voy experimentando, es un trabajo de fondo que comienza por no hacer nada. Aparcar los planes de acción y comenzar a observarme y escucharme. El miedo anida en nuestra mente y en nuestro cuerpo, por tanto, para comenzar a explorarlo, podríamos hacernos algunas cuestiones como:

  • ¿En qué parte de mi cuerpo siento el miedo?
  • ¿Qué espacio ocupa en mi cuerpo?
  • ¿Qué pensamiento me viene a la mente cuando tengo miedo?

 

Relación del miedo con la exigencia y la excelencia

 

 

El miedo es una emoción íntimamente ligada a la exigencia. Cuando nos dejamos arrastrar por él, nos volvemos desconfiados, dubitativos, controladores, reaccionamos ante la mínima sospecha, intentamos controlar la situación o incluso nos paralizamos. Vemos los errores como una fuente de fracaso, nos negamos a recibir feedback y en nuestro entorno se genera una energía hostil. 

Qué distinto es ver la vida desde la excelencia. Cuando nos transparentamos con nosotros mismos, con lo que hay, con lo que sentimos, emprendemos el camino de la confianza. Encontramos aprendizaje en cada error, buscamos la mejora continua, escuchamos al otro, somos proactivos, innovadores, agradecemos y y nos alegramos de estar vivos cada día, generando un clima positivo y en paz.

 

La senda del guerrero

 

Hace unos años, mi amigo Juan me regaló Shambhala, un libro bellísimo que me encantó. El autor, Chógyam Trungpa, nos habla sobre la senda del guerrero o el camino de la valentía, como un sendero abierto a todo ser humano que procure una existencia auténtica que transcienda el miedo. Un guerrero no solo de mente, sino también de corazón.

Esta última parte, la del corazón, por lo general la solemos tener menos explorada. Es la parte “blandita” y que nos hace conectar con nosotros mismos. Suele pasar que cuando conectamos con él, a través de una meditación o simplemente estando presentes, descubrimos que este corazón está vacío y mirando hacia fuera. Es un corazón adormecido.

Si comenzamos a explorarlo y metemos la mano dentro de nuestro pecho, encontraremos algo blando, tierno, sensible y muy probablemente, encontraremos tristeza dentro. No tiene por qué ser a algo particular, puede ser una tristeza generalizada, muy en el fondo, a lo lejos, está ahí y también nuestro miedo a sentirla y a encontrar nada, simplemente vacío interior 

 

El  verdadero guerrero atraviesa la tristeza

 

Pero si no somos capaces de sentir esa tristeza, la valentía que podamos experimentar, será frágil como una cáscara de nuez. Hay que ser un verdadero guerrero para atravesar esa tristeza. Uno de los primeros pasos de ese guerrero, es conectar con su propia vulnerabilidad, provocada al verse con el corazón al descubierto. Dejándose tocar por otros, mostrando su miedo y también su tristeza. Siendo y sintiendo quién es. Dejando de hacer para comenzar a ser. Es ahí cuando podemos ver nuestra excelencia más genuina. Distinguiendo entre lo que hacemos, lo que somos y lo que podemos llegar a ser. 

 

Reconocer el miedo no es causa de depresión ni de desánimo. Porque poseemos el miedo tenemos también, potencialmente, derecho a la vivencia de la intrepidez. La verdadera intrepidez no consiste en reducir el miedo, sino en transcenderlo. Shambhala, la senda sagrada del guerrero. Chógyam Trungpa.

 

La valentía comienza por reconocer el miedo y transcenderlo

 

Por tanto, la valentía comienza por reconocer ese miedo y transcenderlo. No solamente desde un plano mental que nos ayude a entenderlo, sino también desde el corazón, desde la ternura y la aceptación de nuestra realidad.

Trabajar la intrepidez es trabajar con la vulnerabilidad humana, con nuestros corazones. Todo guerrero tiene detrás un corazón tierno y vulnerable a su servicio y al de la humanidad. La verdadera valentía, el arrojo para traspasar ese miedo, viene de la mano esa ternura, de estar dispuestos a abrirnos, sin resistencia ni timidez a afrontar el mundo y a compartir nuestro corazón. Igual que cuando declaramos nuestro amor en pareja.

 

El miedo como compañero de viaje

 

 

Recuerdo con mucho cariño las palabras de uno de mis maestros, Gerardo Ortiz, Psicólogo y Terapeuta Gestalt, mexicano, discípulo de Claudio Naranjo, con muchísima experiencia llevando grupos. Nos contaba en uno de sus talleres a los que asistí durante una estancia en Chile, que a pesar de llevar muchos años viajando e impartiendo talleres por el mundo, seguía sintiendo miedo. Meras especulaciones de lo que iba a encontrarse y lo que pensarían sobre él.

Su receta era bien sencilla. Dentro de su maleta, siempre dejaba un hueco libre para meter una cajita con su miedo y con él, viajaba siempre. Escuchar este comentario, me sirvió enormemente para darme cuenta de que había estado negando mucho tiempo mi propio miedo y que esa negación me había convertido en una persona que realmente no era ni estaba disponible ni para mí ni para los demás. 

 

La aceptación como camino de transformación

 

 

Aceptar el miedo a ser y a vivir está siendo mi camino de transformación. Respetando que es parte de mi ser y de que juntos, desde el encuentro, podemos llegar mucho más lejos que desde la pelea y la evitación. Desde este reconocimiento, puedo construir mi realidad acorde con lo que soy y con lo que quiero llegar a ser.

Os dejo con unas palabras del libro Shambhala que espero os inspiren tanto como a mi. 

La clave del camino del guerrero es no tener miedo a ser quienes somos. Esto es en última instancia la definición de valentía. No tenerse miedo a sí mismo

Esa mentalidad de temor

ha de ser puesta en la cuna de la benevolencia

y amamantada con la leche profunda y brillante de la inmutabilidad eterna.

En la sombra fresca de la intrepidez,

abanicadla con el abanico de felicidad y gozo.

A medida que vaya creciendo, 

con diversos despliegues de fenómenos,

conducidla al patio de recreo auto existente.

Cuando sea mayor,

para impulsar la confianza primordial,

llevadla al campo de tiro al arco de los guerreros.

Cuando sea aún mayor, 

para despertar la naturaleza de sí primordial, 

dejadle ver la sociedad de los hombres

que posee belleza y dignidad.

Entonces esa mente temerosa

podrá convertirse en la mente del guerrero,

y esa confianza eternamente juvenil

extenderse por el espacio sin principio ni fin.

En ese momento, verá el Sol del Gran Este.

 

Referencias bibliográficas:

  • Shambhala, La senda sagrada del guerrero. Chögyam Trungpa. Kairós. Edición 11.
  • No es lo mismo. Silvia Guarnieri y Miriam Ortiz de Zárate. LID editorial. Edición 5.
  • 27 personajes en busca del ser. Claudio Naranjo. Ediciones La Llave. Edición 6.
  • Terapia Gestalt. La vía del vacío fértil. Francisco Peñarrubia. Alianza Editorial. Edición 2.

 

Amo tu vulnerabilidad

La vulnerabilidad está infravalorada.

La vulnerabilidad duele, sí.

Pero la percepción -sesgada- y el significado -unívoco- que le hemos otorgado, hace que duela más.

Desde el plano etimológico, la vulnerabilidad viene del término latino vulnus, que puede traducirse como “herida”; la partícula –abilis, que es equivalente a “que puede”; y finalmente el sufijo –dad, que es indicativo de “cualidad”. De ahí que vulnerabilidad queda definida como “la cualidad que tiene alguien para poder ser herido”

Vulnerabilidad y cerebro humano

Cuando nacemos la vulnerabiliad con la que un bebé vive su primera infancia marca sin lugar a dudas la forma en la que construye su coraza para protegerse, del mundo interno primero (pues hasta el año aproximadamente no existe una clara diferenciación del yo), y del mundo externo después.

Cuanto más se inhiban la emociones más profundo será el daño. Cada vez son más las pruebas de que hay una secuencia en la maduración individual del cerebro que sigue una secuencia evolutiva.

Según la teoría de los tres cerebros, de Mc Lean; es el cerebro visceral el que predomina en las últimas fases del embarazo y en la primera etapa postnatal, el sistema límbico el que empieza a operar en los primeros vínculos de apego. El neurocórtex sin embargo, es el que más tiempo precisa para desarrollarse, no siendo hasta alrededor de los 6-7 años, que se desarrolla el pensamiento cognoscitivo lógico.

Esto nos hace pensar que como el cerebro visceral sostiene los recuerdos de vulnerabilidad como una impronta de supervivencia, lo que el niño experimenta como amenaza y angustia, a una edad temprana, queda grabado con una intensidad mucho mayor y con mayor resistencia a su desactivación.

los tres cerebros

los tres cerebros

 

Vulnerabilidad y miedo

A la vulnerabilidad le sostiene el miedo. El miedo a exponernos frente a un otro, el miedo a dejarnos ver, el miedo a no ser perfectos y por consiguiente, a no ser aceptados ni dignos de amor.

Por ello aprendemos desde muy pequeños a ponernos armaduras pensando que nos protegen de ser heridos y desarrollamos estrategias de control dignas de la CIA para esconder lo que en realidad nos aterra.  Pero al miedo no lo mata el control, sino el amor.

Cuando la conexión con el ser que somos queda interrumpida por lo que que debemos ser y lo que debemos hacer, el sentimiento básico de confianza queda bloqueado y perdemos autenticidad.

Nos ponemos armaduras pensando que nos protegen, pero sólo evitan que seamos vistos. Y si no somos vistos tal y como somos, no podremos ser aceptados ni amados, tal y como deseamos.

Tienes que elegir: si no te la quitas, es posible que consigas que no te hieran, pero tampoco sabrás lo que es ser acogido en la tristeza o abrazado en la indefensión. Si no te la quitas, puede que no conozcas los infiernos de tu inconsciente, pero tampoco conocerás el paraíso de tu conciencia.

O te conectas contigo o te desconectas del mundo.

armadura vulnerabilidad

armadura vulnerabilidad

 

La vulnerabilidad esconde la semilla del sentir. Si no asumes el dolor de tu herida, tampoco sentirás la alegría de sanarla.

Si tomas la rosa, tomas la espina. Ese es el trato.

«si a causa de tu miedo
sólo buscarías la paz del amor y su placer,
entonces es mejor que te cubras tu desnudez
y vayas del suelo de trillar del amor,
en el mundo sin estaciones donde reirás,
pero no con toda tu risa, y llorarás,
pero no con todas tus lágrimas.»

(Khalil Gibrán)

La vulnerabilidad exige exponerse a lo desconocido, aceptar la incertidumbre y confiar en el transcurso de la vida. Supone atravesar el miedo al miedo y verse frente al espejo con total transparencia.

Vulnerabilidad y vergüenza

Existe un miedo presente en cualquier ser humano capaz de desconectarse y deconectarnos con el otro. Ese miedo tiene un nombre bien conocido por todos: es la vergüenza.

Venimos a este mundo con el impulso unitario del amor, con la certeza de que formamos parte de algo más grande que uno mismo individualmente, y en esa búsqueda de ese amor incondicional -merecedero por el simple hecho de existir-, nos topamos con el miedo al rechazo y con el sentimiento de la vergüenza al no sentirnos dignos de ello.

De entre todos los sentimientos del niño herido, la vergüenza tóxica según el psicólogo y autor del libro Volver a casa, -John Bradshaw-, es el que mayor relación guarda con la vulnerabilidad.

Este autor la define como:

«el sentimiento de ser imperfecto, incapaz y no dar la talla. Es mucho peor que la culpa. Pues con la culpa, has hecho algo mal pero puedes remediarlo. Con la vergüenza tóxica es que hay algo mal en ti y no hay nada que puedas hacer para remediarlo. Eres inadecuado e imperfecto.»

No soy lo suficientemente atractivo/a, no soy lo suficientemente valiente, no soy lo suficientemente adinerado/a, etc. Cualquiera puede sentirse avergonzado por no sentirse suficiente frente a algo.

La vergüenza es pues un mecanismo universal de desconexión con el que nos protegemos de la vulnerabilidad. Es el sentimiento intensamente doloroso de creer que somos imperfectos y, por lo tanto, indignos de amor y de aceptación.

 

Vulnerabilidad y valentía:

Para poder ser aceptados por nosotros mismos y consecuentemente por los otros, tenemos inevitablemente que dejarnos ver y asumirnos en las imperfecciones.

Frente a la vergüenza de ese sentirse imperfecto, se manifiesta el derecho propio de lo que nunca puede ser despojado: la dignidad. Una dignididad entendida como la certeza de ser merecedor de amor y pertenencia.

Brené Brown es profesora investigadora en la Universidad de Houston. Ha dedicado los últimos diez años al estudio de la vulnerabilidad, el coraje, la autenticidad y la vergüenza.

En esta charla que dio en TED y que os muestro a continuación, habla -a partir del minuto 9′- de cómo aceptar nuestras vulnerabilidades e imperfecciones desde un lugar de autenticidad y dignidad.

Sólo quien tiene el coraje de asumir la imperfección y la autenticidad de mostrarse como realmente es y no como debería o se supone que debería ser, tiene el valor de vivir en paz con su vulnerabiliad.

Recuerda:

«Si te escondes tras la armadura

por miedo a sentir debilidad,

yo te miro a los ojos y te digo

amo tu valiente vulnerabilidad»

Y tú ¿cuándo vas a empezar a amarte?


Bibliografía:

-Brené Brown. Frágil. El poder de la vulnerabilidad. Ed. Urano. 2013

-Juan José Albert. Ternura y agresividad. Carácter, gestalt, bioenergétiva y eneagrama. Ed. La llave. 2015.

Referencias:

-Bradshaw, John. Volver a casa. Recuperación y reindicación del niño interior. Ed. Gaia. 2015

Miedo: Las trampas que nos autoimponemos para seguir dormidos

 

TEISHÔ 9 – TEISHÔ 8TEISHÔ 7 TEISHÔ 6TEISHÔ 5TEISHÔ 4TEISHÔ 3TEISHÔ 2 – TEISHÔ 1

Vivir dormidos

 

Todo deliberar del corazón yerra su blanco.
Todo proceso de pensamiento lleve a un fin contrario.
Si se comprende esto, uno no se halla separado
de aquello que se halla ante los ojos.

Sin embargo, vas cargando con tu bolso y escudilla de mendigo,
Deambulando en busca del Buda y el Drama.
¿Lo conoces, tú, que así caminas buscando?
Es vivaz como un pez en al agua y no tiene raíz ni tronco.

Aunque lo abraces, no puedes poseerlo;
Aunque lo apartes, no puedes liberarte de él.
Cuanto más lo buscas, más lejos está,
y si no lo buscas está delante de tus ojos.

 

Rinzai

 

Este texto de Rinzai revela las trampas que nos autoimponemos para seguir dormidos. La liberación produce miedo, miedo a lo nuevo; y el miedo mismo nos empuja a buscar la salida en sistemas de pensamiento, o en filosofías y creencias de segunda mano, en lo externo. Mas la mirada atenta consigue al fin descubrir que lo que habíamos perdido no era sino una ilusión, una trampa del ego, ya que aquello que buscábamos, nunca lo habíamos perdido.

 

dormidos

 

El sentido de toda meditación es la extinción del ego, la liquidación de la identificación con el “personaje”, para que, desocupados de la carga del narcisismo, pueda fluir la posibilidad de fundirnos con el Absoluto. En consecuencia, esto supone un esfuerzo que facilita la liberación de todos los obstáculos que nos separan del Ser Esencial, que es la forma que adquiere el Absoluto en nuestra existencia.

 

Las dependencias

La mayor parte de nuestros conflictos neuróticos se gestan precisamente en las dependencias que hemos construido con respecto a las organizaciones sociales, religiosas o económicas, habiendo ellas adquirido, con nuestro consentimiento, un poder predominante sobre nuestra intimidad creando una malestar anímico que a penas suele traspasar el umbral de la conciencia. Pero la meditación posee esa facultad de despertar, esa acción reveladora y liberadora ante las dependencias que nosotros mismos hemos construido, y que nos hacen sufrir.

Las dependencias pueden ser de diverso nivel existencial, siendo algunas, según su hondura y calado, más importantes que otras; pero las más significativas son el miedo al deterioro y a la muerte; el desasosiego por sentirnos inútiles y la inseguridad que provoca la soledad, siendo el miedo el denominador común de todas ellas. El miedo, efectivamente, es la herida que con mayor asiduidad nos bloquea. De ahí que el afrontamiento del miedo, sobre todo el más significativo, que es el miedo a la muerte, es una de las tareas, uno de los ejercicios, más importantes en cuanto a la liberación del ser humano.

 

El miedo

En el ejercicio del Zen, solemos encontrarnos con el miedo a la muerte, y es bueno que el encuentro con la aniquilación, en tanto que observación, sea incluido en la práctica meditativa. Hay que recordar que el sentimiento del miedo posee una calidad destructora y aniquilante, que puede bloquear nuestro desarrollo, pero, paradójicamente, sucede que cuando uno mira al miedo cara a cara, a la destrucción y a la muerte cara a cara, es cuando puede sobrevenir la experiencia del Absoluto como Fuerza presente en la misma fragilidad, siendo entonces cuando la vida, desde su más profunda arteria, puede encontrar su camino, su verdadero sentido.

El Absoluto, entendido no como un opio alienante que facilita el escapismo de la angustia, como tan bien señaló Marx; ni como una fijación infantil y proyectiva del padre o de la madre, que nos facilitaron seguridad, como apuntó Freud, sino el Absoluto comprendido, y vivenciado, como una presencia inequívoca cuya realidad nada tiene que ver con las teorías o creencias, sino con la experiencia vívida que fluye en el acto meditativo, y que en este caso nada tiene que ver con el escapismo alienador, o la regresión infantil, sino muy al contrario: con el afrontamiento directo con la muerte, y con todo lo que ocurre tras ese afrontamiento, cuando uno toca fondo después de haber tenido el valor de soportar lo insoportable. Y el valor de habernos quitado de en medio como pequeño yo. Así lo vivencié yo en un soneto.

 

TOCAR FONDO

 

Me quema la memoria. Mas recuerdo
el raudo palpitar, el sudor frío,
y el espantoso hielo del vacío,
azotando mis sienes… No me pierdo,

 

No, en las olas terribles del recuerdo:
el cielo mudo, y mudo el dios. Y el río
tan gélido en mis venas. “¡Oh, Dios mío….,
a ti alzo mis brazos…” ¡No hubo acuerdo….¡

 

En la penumbra azul de la alborada,
hirviendo aún la materia temblorosa
de mi entraña, exclamé: ¿Por qué he bebido,

 

la horrorosa ceniza de la Nada,
(la humana condición, tan espantosa),
en la niebla de un orbe sin sentido?

 

Del sufriente tejido,
y al tocar fondo, todo el Universo
se hizo luz. Y el llanto se hizo verso.

 

 

Un afrontamiento que consiste en dejar que el miedo se manifieste, recibirlo, no esquivarlo. Dejar que se acerque. Y aunque parezca extraño, el mismo miedo será el elemento desencadenante de nuestra propia transformación. Cuando eso sucede, se nos abren los ojos interiores, y hasta el escenario de los más maravillosos amaneceres, o las más espléndidas puestas de sol parecen insignificantes comparados con el fulgor de nuestra naturaleza real.

En el Za-Zen, no perseguimos experiencias o vivencias especiales situadas fuera de la vida, sino que es la misma Vida la que, abriéndonos los ojos, abre asimismo el esplendor de su escenario, revelando así la ilusoria falsedad con que la mente dormida ha llamado vida a lo que no es vida.

 

PARECE

 

Que la sed se extingue,
al ver que la Presencia
jamás estuvo ausente;
que todo fue un acto fallido,
un error de cálculo.
Y una mala pesadilla.

 

 

Una historia Zen

Cuenta una historia Zen que en un monasterio vivía un anciano monje ante el que los jóvenes novicios se sentían intimidados; no porque fuera severo con ellos, sino debido a que nada ni nadie jamás parecía perturbarlo o afectarlo, por lo que veían en él algo inquietante. Por eso le temían. Así que queriendo poner fin a esa situación, decidieron un día ponerlo a prueba.

Una oscura mañana de invierno cuando el anciano, según la tarea que se le había encomendado, tenía que llevar una taza de té a una de las salas del monasterio, el grupo de novicios se ocultó en uno de los sombríos recodos del sinuoso y largo corredor que conducía a la sala.

Al pasar el anciano, los novicios salieron de su escondite profiriendo alaridos terroríficos, como una horda demoníaca. Pero el anciano, como si con él no fuera la cosa, continuó parsimoniosamente portando con suma atención su taza de té. Y al doblar la siguiente vuelta al corredor, como bien sabido era por el anciano, había una mesita. Se dirigió a ella en plena oscuridad, deposító la taza, y después de protegerla bien para que no entrara el polvo en ella, se apoyó en la pared, y prorrumpió: “Oh, oh, oh, en una clara exclamación de susto.

Un maestro Zen al relatar esta historia, comentaba: Se ve, pues, que nada tienen de malo las emociones, solamente que no deben apartarnos de nuestra atención.

 

El  miedo en la mente

El miedo, la reina de las emociones, nos incapacita para vivir y amar. Nos embota la mente, nos hace insensibles. Y una sociedad tan superficial como la nuestra, por medio de sus organizaciones neoliberales, ha aprendido a administrar el miedo como herramienta de manipulación sacando así partido de él.

Pero, además, la voz del miedo no puede ser interpretada ni descubierta mediante el análisis del pasado sino mediante el ejercicio de la vivencia del instante, que insta, esta atento, como el monje de nuestra historia.

Yo añadiría que quien tiene abiertos los ojos al instante, estando atento al filo de cada instante, salvaguarda su espíritu del miedo, porque el miedo y la ansiedad están en la memoria del pasado y en la del futuro. Es decir sólo en la mente, y quien trasciende la mente se libera del miedo, de todos los miedos y emociones negativas.

El ejercicio del Za-Zen nos hace capaces de atrapar al vigoroso corcel de la mente.

Fuente:

Cuando no sabemos por qué hacemos lo que hacemos (o aprendizaje cultural)

 

Hace unos días me contaron un experimento con monos que me dio mucho en que pensar… Después de investigar sobre dicho experimento sobre el «aprendizaje cultural«, he descubierto que no es real. Pero eso no le quita el atractivo… Nunca se hizo, pero de alguna forma se hizo «viral» y se publicó en cientos de blogs y webs de psicología y de negocios. Es razonable que se produjera este efecto, ya que la historia tiene gancho. Y sin ser real, se dice que los humanos «funcionaríamos» así.

 

mono

 

El experimento en cuestión

El experimento viene a decir que tenemos «comportamientos» aprendidos bajo una amenaza que no es real. No porque la amenaza no sea real, que lo es. Sino porque las personas que nos están enseñando dichos comportamientos nunca experimentaron dicha amenaza en sus propias «carnes»…

En una cadena infinita le contagiamos a nuestros predecesores un miedo inexistente. El miedo a hacer (o no hacer) algo porque alguna cosa horrible nos sucederá. Sin saber qué es ese algo, ni de dónde viene… Ni siquiera sabemos si alguna vez llegó a suceder.

¿Interesante, no?

 

 

Para contar el experimento de forma sencilla…

· Metieron a seis monos en una jaula que tenía una escalera en el centro. Dicha escalera permitía coger unos plátanos que colgaban del techo.

· En cuanto un mono intentaba alcanzar los plátanos, les rociaban (a todos) con agua helada. No hace falta imaginar que a los monos no les gusta que les rocíen con agua helada. Este proceso se repitió todas las veces que los monos intentaban alcanzar los plátanos.

· Finalmente, cuando algún mono intentaba coger los plátanos eran los compañeros los que impedían que se acercara a la escalera.

Hasta aquí bien. Esta es la primera parte del «ficticio» experimento. Lo interesante viene a continuación.

· En este punto sacan a uno de los monos de la jaula y meten un mono nuevo (*). Que no había participado en el experimento.

· Al poco tiempo intenta subirse a la escalera para coger los plátanos, pero los compañeros le agreden a golpes ante la expectativa de la ducha helada.

· El nuevo mono (*) no entiende nada, ya que nunca ha experimentado la ducha helada, pero tras varios intentos deja de intentar subirse a la escalera.

Y ahora viene lo mejor…

· Se saca a otro de los monos «originales» y se repite el proceso.

· El mono nuevo (**) intenta coger los plátanos pero otra vez se abalanzan sobre él y se lo impiden de forma violenta. Hasta que desiste en su intento.

· El mono (*) al que metieron en mitad del experimento, y que nunca experimentó la ducha helada, también participa en la agresión, aunque sin saber por qué lo está haciendo. Para él simplemente no está permitido subirse a la escalera.

Y al final…

· Y aquí ya llega el colofón del experimento…

· Según avanza el experimento se van sustituyendo a los seis monos que comenzaron con el experimento. Cuando ya se ha sustituido al último de los monos originales, y éste último mono (******) intenta subirse a la escalera, es vapuleado por sus compañeros, aunque en este caso ya nadie sabe porqué, ya que ninguno de estos monos ha sido rociado con agua helada…

· ¿Qué han aprendido los monos? : “Está prohibido subir por la escalera y quien lo intente se expone a una represión por parte del resto del grupo”.

mono

 

Interesante aunque nunca fue cierto

Según la revista JotDown, «Lo cierto es que ese experimento jamás se llevó a cabo. Es una invención. Casi con toda seguridad de Gary Hamel y C.K. Prahalad, que en 1996 escribieron la que parece ser la primera versión de la historia en su libro de autoayuda Competing for the future. Quizá la fábula naciera de la tergiversación por parte de Hamel y Pralahad de un experimento, este sí real, llevado a cabo por el zoólogo estadounidense Gordon R. Stephenson en la universidad de Wisconsin en 1967. El experimento real se describe en el artículo Cultural acquisition of a specific learned response among rhesus monkeys, que puede leerse por ejemplo aquí. Como Hamel se ha negado siempre a hablar del tema cuando ha sido preguntado al respecto (Pralahad murió hace años), la verdadera inspiración de su historia sigue siendo objeto de especulación.»

 

El bolso en el suelo

Aunque este experimento nunca fue corroborado, no deja de «estar» en nuestro imaginario colectivo. Si pensamos bien, hay muchos comportamientos que podemos atribuir a este tipo de condicionamientos. Como las supersticiones. No es exactamente igual, pero su funcionamiento es muy parecido.

Durante muchos años no he podido dejar mi bolso en el suelo. Y sinceramente… nunca por una razón «objetiva». Cuando mi madre veía un bolso en el suelo siempre se ponía nerviosa, y lo ponía de manifiesto con un «no dejes nunca el bolso en el suelo que se va el dinero». Imagino que ella lo aprendió de su madre, y a saber de dónde lo aprendió mi abuela. El caso es que ninguna de nosotras hemos visto jamás con nuestros ojos que el dinero se «fuera» por dejar el bolso en el suelo.

 

bolso

 

Yo ahora me descojono de esto, y dejo el bolso en el suelo sin ningún problema. Pero el «automatismo» está ahí. Y siempre que dejo el bolso en el suelo aparece esa frase en mi mente… «que se va el dinero». Incluso cuando estoy haciendo el movimiento de dejar el bolso en el suelo me siento desafiando todas las leyes de la naturaleza. Como una absoluta loca tentando a todas las maldiciones habidas y por haber…

Sin lugar a dudas, ¡vivo al margen de la ley!

Tampoco me cuesta imaginarme a mí misma diciéndole a mi hija dentro de veinte años… «no dejes el bolso en el suelo que se te va el dinero». ¿Y por qué? A saber…

 

Vaiana

Los que tengáis hijos seguro que habréis visto Vaiana… Y aquí también tenemos un buen ejemplo.

La historia básicamente es esta. Un pueblo que durante siglos fue nómada, ahora vive en una isla. Por razones que  no voy a desvelar (spoiler), en la actualidad los habitantes de la isla no saben por qué, ni desde cuándo, pero tienen pánico al mar y les está prohibido cruzar el arrecife para ir a pescar. Ni hablamos de trasladarse a otras islas en busca de alimento.

 

Vaiana

 

Como ya os imaginaréis, la película es la historia de Vaiana, que es la primera persona que se plantea el origen de ese «miedo». Y lucha por superarlo. No entiende por qué no pueden acercarse al mar, ni entiende los «peligros» que la aldea se ha creído a pies juntillas, sin ninguna prueba de su existencia real.

Y esa es la invitación… ¿Hay un peligro real detrás de nuestros miedos aprendidos?

 

Invitación a romper el «aprendizaje»

 

La invitación es fácil. Bueno, no es fácil… Más bien es simple.

En algún momento tenemos que hacer un «inventario» de todos nuestros miedos. De todo aquello que sentimos como «prohibido», insuperable, inalcanzable… Realmente se trata de un trabajo de observación. De «pillarnos» a nosotros mismos, de ser consciente de esos «automatismos» que se disparan en nuestra mente, y que nunca nos hemos cuestionado. Simplemente nos los hemos creído y llevamos muchos años viviendo bajo su yugo. Ser capaces de ver ese pensamiento de «que se va el dinero» al dejar un bolso en el suelo…

Y es evidente que este pensamiento es bastante inocuo. Pero hay otros que pueden ser devastadores.

 

miedo

 

Tampoco es cuestión de auto-flajelarnos, o de ser demasiado duros con nosotros mismos. El primer paso para una «auto-observación» sana es ser capaces de hacerlo desde la ternura y la compasión. Ser consciente de estos miedos, analizarlos, observarlos, saber de dónde viene, cuestionárnoslos… y ver hasta dónde estamos viviendo de forma limitada.

Pero sin morir en el intento. Un paso importante es dejar el juez en casa en el camino del autoconocimiento. Siguiendo el ejemplo del bolso… podemos ver ese «automatismo», pero no poder dejar de hacerlo. Y no pasa nada. No hay que juzgarse, ni criticarse, ni auto-exigirse… Está bien, siempre que lo observemos y seamos conscientes de que existe. Porque en algún momento nos haremos «fuertes» y podremos superarlo.

Todos tenemos un sinfín de aprendizajes culturales en nuestras espaldas, ya sea de nuestra familia, amigos, educación, sociedad… Deshacernos de ellos nos hará libres 😉

 

Fuentes:

Fotos:

  • Unsplash

 

 

Caos: de la confusión a la creatividad

Caos es una palabra que solemos asociar a un estado confuso, agotador, desagradable. Muy comúnmente suscitando reacciones de miedo, inseguridad, bloqueo y hasta pánico.

Si nos remitimos a la RAE, Caos sería definido como:

  1. m. Estado amorfo e indefinido que se supone anterior a la ordenación del cosmos.
  2. m. Confusión, desorden.
  3. m. Fís. y Mat. Comportamiento aparentemente errático e impredecible de algunos sistemas dinámicos deterministas con gran sensibilidad a las condiciones iniciales.

Lo sorprendente del término, es como ha evolucionado en el inconsciente colectivo su significado, ya que de de las tres definiciones se han enfatizado (¿a propósito?) la segunda y tercera definición, obviando la importancia de la primera.

Ahora bien, prestemos atención a su etimología. Caos procede del latín “chaos” y a su vez del griego “χαος” (chaos) que significa abertura.

Más concretamente: espacio que se abre’, o ‘hendidura’, y procede del verbo χάω, que en formas derivadas significa ‘bostezar’, ‘abrirse una herida’ o ‘abrirse de una caverna’.  Incluso indagando en la mitología podemos apreciar como una importante tradición filológica considera que Caos es la hendidura o resquicio situado entre el cielo y la tierra, algo que se abre entre dos opuestos.

A pesar de la antigüedad del término Caos  y su exponente en la literatura mitológica más antigua, su ‘aparente opuesto’ Cosmos, ha sido siempre el hijo predilecto para la Ciencia, -algo así como en la parábola de Caín y Abel-, siendo sólo relativamente recientes las investigaciones realizadas en el campo de la Teoría del Caos, que le han otorgado el lugar que le correspondía al hermano mayor de Cosmos.

caín y abel

caín y abel

Un poco de historia

El interésde la Ciencia por el Caos comenzó con investigaciones realizadas en el campo de la física, la química, la meteorología, la matemática y la biología, pero cada vez más, demuestra su utilidad en el campo de la sociología, la economía, la educación y la psicología.

Los estudios del Caos, la complejidad y los nuevos acercamientos a la totalidad pueden asociarse a nombres como Popper (1996), Lorenz (2000), Capra (1996), Allen (1996), Marmgren (1998), Briggs y Peat (1994), Poincaré (1963), Bohm (1980), Gleick (1988), Mandelbrot (1982), Ruelle (1991) y, por supuesto,  Prigogine (1994, 1997, etc). En el campo de la psicología y la psicoterapia tenemos Meara (1999) y a Manuel Almendro ( 2002),  entre otras personalidades.

Su inquietud comenzó a cuestionar la imperante visión determinista y reduccionista de la realidad, que percibe a ésta como una serie de sistemas aislados unos de otros (cerrados), en los cuales las influencias se llevan a cabo de forma lineal,siendo todo efecto de una causa que puede ser predecida con exactitud y por lo tanto controlada y manipulada.

Como podemos observar, la ciencia  ha reconocido el Caos desde siempre, pero con la esperanza de que el caos fuese la excepción a la regla del orden y que con el tiempo, ampliando nuestros conocimientos y nuestros métodos algún día todo sería predecible y causalmente conocido.

Ahora sabemos, gracias a los estudios sobre la complejidad y la totalidad, que el Caos es más la regla que la excepción. 

Teoría del Caos: algunas pinceladas

La Teoría del Caos trataría de explicar  las variaciones y fluctuaciones que se producen en un sistema vivo, abierto y dinámico, muy sensibles a las variaciones en las condiciones iniciales.

Pequeñas variaciones en dichas condiciones iniciales pueden implicar grandes diferencias en el comportamiento futuro, imposibilitando la predicción a largo plazo.

Tal y como lo explica el doctor en psicología y autor del libro Psicología del Caos, Manuel Almendro:

«Que todo apunte en una dirección no implica necesariamente que deba ser así. Multitud de variables que no pueden ser controladas tienen un claro efecto particular y único en cada circunstancia que ocurre en nuestra vida. El Caos es pues indeterminación, ni lo sabemos ni lo podemos llegar a saber.»

El siguiente vídeo tratará de explicároslo de manera más sencilla y divertida en 7 minutos.

Así pues, a partir de unos antecedentes X  que nos ocurre en nuestras vidas, podemos tratar de explicar lo sucedido (la cadena de eventos hacia atrás) pero no predecirlo con total seguridad, ya que existe una dependencia total de las condiciones iniciales y a pesar de eso, nos es imposible predecir qué sucederá, pues lo mental, lo psicológico, está sujeto a la incertidumbre, es decir a la impredictibilidad.

Es importante aclarar que caos no significa azar en absoluto. El azar es un concepto abstracto matemático, y no existe como tal en la naturaleza. Sin embargo el caos como fluctuaciones cíclicas que van del orden al desorden se encuentra en la naturaleza misma, y a diferencia del azar – que es ciego y carente de intencionalidad- dentro del propio caos existe un verdadero orden intencional, aunque este no es lineal y por lo tanto, no predecible a priori.

¿Significa esto que estamos irremediablemente sujetos a la incoherencia desordenada de nuestras vidas?

No. Significa más bien saber que muchas de las situaciones que percibimos como ordenadas y lineales es debido a nuestra propia percepción como observadores (no existe observación  independiente del observador) que le «impregna» dicho orden para darle un sentido y satisfacer la necesidad intrínsica que tiene la mente humana de querer completar lo incompleto, explicar lo que inexplicable, ordenar lo desordenado y llenar lo vacío.

Sistemas altamente sensibles

La vida, ya no parece ser una excepción a las leyes de la naturaleza. El ser humando forma parte de la naturaleza misma, y como tal, tiene en cuenta sus Leyes. Más que ser «un estado» y «lineal» (un ser ya hecho y con pasado-presente-futuro programado) el ser humano es un «ser en proceso» y por lo tanto, emergente.

Esta capacidad de ser fuente continua de transformación donde brotan nuevas direcciones (bifurcaciones o salidas emergentes) que conllevan a un nuevo progreso o evolución, a una nueva diferenciación de las estructuras iniciales, es lo que hace maravilloso el indeterminismo del caos.

El caso de Khalil Rafati que salió hace poco a la luz en los medios de comunicación, es un claro ejemplo de cómo funciona esta autoorganización en nuestras vidas de un modo no predecible.

 

el indigente drogadicto-que-se-hizo-rico

el indigente drogadicto-que-se-hizo-rico

En su exposición del Efecto Mariposa, como concepto propio de la Teoría del Caos, Lorenz nos dice:

“Una consecuencia inmediata de la dependencia sensible en cualquier sistema es la imposibilidad de realizar predicciones perfectas, o ni siquiera mediocres, suficientemente alejadas en el futuro”

Nos  es imposible saber hasta qué punto las condiciones actuales fueron fuertemente influenciadas por algo que nos pareció insignificante, o que incluso no fue captado de manera consciente, dado que lo que rodea al ser vivo va desde lo más perceptible hasta lo más sutil, y es justamente esto último lo que suele ser pasado por algo y lo que provoca el verdadero efecto mariposa.

multibifurcación-caos

 

Es lo que ocurre por ejemplo con el tiempo atmosférico y lo que llamamos ironía de la vida cuando habíamos visto en el telediario que haría un sol estupendo y nos ha caído una lluvia de campeonato.

«El aleteo de una mariposa en Brasil puede producir un tornado en Texas» (Edward Norton Lorenz)

La Teoría del Caos en nuestras vidas

Ahora bien, ¿en qué me puede servir a mí entender cómo funciona el caos es mi día a día?

Esta sería una muy buena pregunta y cuya respuesta asumo acorde a la que da Manuel Almendro

«Entender como funciona el caos presupone adoptar una posición de humildad frente a la naturaleza de las cosas, ya que dejamos de jugar a ser dioses intentando controlarlo todo y nos permitimos ser «vividos» por la vida.»

No desde de una posición derrotista o inactiva, sino siendo conscientes  y aceptando que la necesidad compulsiva de control de lo que nos sucede -a nosotros y al entorno- es un mecanismo que nos aleja del equilibrio psicológico más que cercanos a él.

Otra ventaja de aceptar esta postura es dar una explicación de la no-explicación, lo que produce un descenso de la ansiedad a nivel general. Es abrirnos a aceptar la incertidumbre, a reconocer nuestra necesidad compulsiva a salir de ella y admitir nuestra incapacidad para hacerlo completamente, con la esperanza de no tener que enfrentarnos al temido vacío.

Es más, volviendo a la definición de la RAE, si caos es el estado anterior al orden, entonces éste de convierte en el prerrequisito para la autoorganización y vuelta al equilibro. Es como si fuera necesario desorganizar para organizar, en una secuencia de movimiento de desorden-orden-desorden.  El caos pues, no es el «enemigo», algo contra lo que tenemos que resistirnos y luchar hasta desgastarnos, sino más bien, la antesala a la autoorganización.

 

caos-portada

caos-orden las dos caras de la moneda

 

Esta autoorganización es considerada por Prigogine como la transición del orden al caos. Es como la esperanza del proceso que impide el establecimiento de certezas y no predetermina ni programa el futuro -aunque pueda imprimir una dirección movible a medida que los procesos avanzan-.

En los momentos de crisis personales se produce una ruptura interna, una inadecuación entre la persona y su forma de vida, entre ella y su entorno y una incapacidad de relacionarse a través de los modelos aprendidos, de su guión de vida y hábitos de comportamiento, etc. En ese momento se produce un corto circuito, una ruptura del fluir, y incoherencia entre lo que la persona piensa-siente-hace (los tres sistemas nucleares). Cuando esa «inadecuación» llega al máximo rompiendo con el orden considerado como «normal», se presenta lo que llamamos crisis emergente, el caos. Es en este momento de máxima inestabilidad donde la autoorganización puede permitir al individuo una transformación de los propios procesos, un nuevo encaje resolutivo del individuo consigo mismo y con el contexto.

 

crisis-caos

ruptura interior-crisis-caos

Así es como lo describe Manuel Almendro

«Los sujetos enfermamos por ese desorden natural pero también nos es posible curarnos precisamente a través de ese mismo desorden.»

Recordemos por último esa analogía mitológica que suponía la Caos como la hendidura entre el Cielo y la Tierra. ¿Y si en el afán egóico de empeñarnos en huir, romper, controlar y salir de ese estado de Caos estás obviando el hecho de que ese mismo estado es el que te llevará a la transformación y el re-equilibrio en tu vida?

Para terminar comparto esta preciosa y esperanzadora reflexión de Prigogine

La T. del Caos «permite a la naturaleza (incluido el ser humano) a abandonarse a un juego creativo, producir algo nuevo, no contenido implícitamente en sus estados precedentes. Su destino está abierto. Su futuro ya no está determinado por su presente ni por su pasado. La melodía no está compuesta de una vez para siempre. Se elabora sin cesar… A partir de ahora, el mundo puede estallar de creatividad.”  (Prigogine)

Fuentes:

-Almendro, Manuel. Psicología del caos. Editorial: La Llave, 2002.

-Asociación de Academias de la lengua española. Caos. Recuperado en http://dle.rae.es/?id=7HD3hMJ

-Spire, Arnaud: El pensamiento de Prigogine: La belleza del Caos. Editorial: Andrés Bello, 2001

Referencias bibliográficas:

-Martínez Robles, Yaqui Andrés. Teoría del Caos y Psicoterapia Gestalt: Nuevas aproximaciones a la configuración de la totalidad. Un voto a favor del indeterminismo. Revista Figura-Fondo Nº10

 

 

¿Vivo en un universo hostil o amigable?

Albert Einstein, decía que la pregunta más importante que un ser humano podía hacerse en la vida era: ¿vivo en un universo hostil o amigable? De la respuesta que demos a esta pregunta, dependerá la forma en que se va a desplegar nuestra vida.

Si crees que vives en un universo hostil, vas a vivir con miedo, todo el día alerta. Verás amenazas incluso dónde no las hay. Mirarás al otro como a un oponente y el otro lo va a notar y a reaccionar ante ti con esa misma hostilidad que tú le muestras (aunque sea de una forma sutil, no consciente…).

Si crees que vives en un universo amigable, que la vida te está tendiendo la mano, deseosa de que tu se la estreches, vas a vivir más tranquilo… Puedes ver oportunidades dónde antes no las veías. Puedes mirar al otro como un ser humano que, como tú, está haciendo su camino. Alguien que te puede aportar y a quien tu puedes aportar. Alguien con quien puedes cooperar.

El Doctor Mario Alonso reflexiona sobre las consecuencias de vivir con miedo en este vídeo.

miedo

Vídeo de la entrevista con el Doctor Mario Alonso en la TV de Cataluña. El Dr. Alonso contesta en castellano.

Energía del miedo vs. energía del amor

Un buen amigo dice que los seres humanos actuamos, básicamente, desde dos energías: la del miedo y la del amor.

Cuando te mueves desde la energía del miedo se genera malestar. Encuentras ansiedad, rencor (todo lo que se teme se acaba odiando), incertidumbre, confusión, duda… La energía está baja, cuesta mucho hacer lo que necesitas…

Y cuando te mueves desde la energía del amor se genera bienestar. Serenidad, comprensión, compasión, aceptación, confianza, creatividad, alegría, ilusión… La energía está alta, te es más fácil hacer…

Quien sabe… quizá por puro sentido práctico, nos convenga vivir en el amor más que en el miedo…

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¿Vivimos en un universo hostil o amigable?

Amar

Habrá quien sienta que amar le hace vulnerable pero lo que nos hace vulnerables es simplemente vivir la vida. Y no por eso vamos a dejar de vivirla.

Amar a alguien… ¿y si luego sale mal? Querer hacer algo concreto en la vida… ¿y si luego no funciona? ¿Vas a dejar de hacerlo por si…?

Brene Brow nos dice:

 “amemos de todo corazón, aunque no haya garantía”.

De todas maneras, no va a haberla…

Te dejo con estas maravillosas reflexiones de Brene Brown sobre la vulnerabilidad del ser humano:

miedo

Vídeo de Brene Brown en TED Talks. Subtitulado en castellano

 

Un abrazo de corazón,

Ana F Luna

PCC Coach y Máster en Psicoterapia

Vídeos recomendados:

TED Talks. Brene Brown: el poder de la vulnerabilidad.

TV3. Retrats. Entrevista con el Doctor Mario Alonso

 

 

¿Cambio o transformación?

Ausentes

El otro día investigando por internet algunos de los trabajos de David del Rosario, me encontré con un cortometraje dirigido por él que me llamó mucho la atención. Este es el corto, titulado Ausentes – El árbol del compromiso:

Lo que más me llamó la atención acerca del corto es la capacidad de desdibujar la línea mental con la que nos hemos separado del “otro”. Un texto de los Veda, que tiene por los menos unos 2.500 años (¡se dice rápido!) comienza explicando la siguiente historia:

“Al comienzo este mundo era como un solo cuerpo con forma de persona. Miró alrededor y sólo se vio a sí mismo. Lo primero que dijo fue: “¡Este soy yo!” Y de ahí el nombre de “yo” (…)

Este primer ser sintió miedo, ya que cuando uno está solo siente miedo. Entonces pensó: “¿De qué puedo tener miedo si no hay nadie más que yo?” Y así el miedo desapareció, porque ¿de qué iba a tener miedo? A fin de cuentas, uno tiene miedo de otro.” (Bṛhadāraṇyaka Upaniṣad, 1.4.1-2)

La creencia de que el otro es distinto a nosotros, o que nosotros somos distintos del otro, alimenta el miedo y el miedo nos hace creer que necesitamos protegernos. La forma de protegernos es endurecer nuestros corazones y para conseguirlo nos cubrimos de capas y máscaras que escondan nuestra “vulnerabilidad”, la última capa bajo la cual se esconde lo que en realidad SOMOS.

Existe un mecanismo recurrente, que sirve al propósito de enmascarar nuestra verdadera esencia y que consiste en proyectar en el otro lo que no podemos soportar en nosotros mismos. Por ejemplo, gracias a que juzgo al otro como delincuente yo puedo definirme como persona virtuosa y honrada. Cualquier atisbo de mezquindad o debilidad es así volcada sobre el otro. Sólo el otro es un estafador, un ladrón, un violador, un maltratador, un asesino, un terrorista. Yo nunca soy nada de todo eso.

Fortalecer nuestro ego a través del otro

Fortalecer nuestro ego a través del otro

¿Qué ocurre si miro hacia dentro?

Cuando miro hacia dentro me doy cuenta de que todas esas etiquetas: “estafador, ladrón, violador, etc.” las inventé yo. Necesité crear esas etiquetas para poder situar al otro en las antípodas de mí. Pero es que ni lo que yo creo que soy, ni lo que creo que el otro es, ninguna de las dos cosas constituye la realidad.

Cuando miro hacia dentro me doy cuenta que la realidad que veo fuera la proyecto yo a través de las etiquetas que le pongo. Un ejemplo clásico del advaita vedānta cuenta que:

Una persona va por un camino y de repente ve una serpiente. En milésimas de segundo su cerebro ha procesado el peligro que implica una serpiente y ha paralizado todo su cuerpo. Está quieta y el corazón se le ha disparado, le va a mil por hora. Observa atentamente aquella serpiente y no está siquiera segura de si se mueve o no, así que armándose de valor se acerca un poquito y se da cuenta de que la serpiente no se mueve. Esto le anima a avanzar un poco más más para acabar dándose cuenta de que se trataba de una cuerda y no de una serpiente. Todo fue una confusión.

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Algo parecido ocurre con el mundo que percibimos a nuestro alrededor, fruto de nuestros confusos juicios.

Hoy conozco a una persona y la necesidad de protegerme me lleva a ponerle un montón de etiquetas. Al cabo de un par de días cuando la vuelvo a encontrar ya no la veo de una forma nueva, sino que me relaciono con ella en función de las etiquetas que le he puesto y que si es necesario variaré ligeramente hasta que se acomoden a lo que quiero ver. El caso es que no nos relacionamos directamente con la realidad sino con lo que pensamos acerca de ella.

Cuando etiquetamos a alguien como criminal ¿dónde está el límite que nos separa de esa etiqueta? Tal como muestra el corto, todos podemos vivir circunstancias que nos conviertan en criminales.

Todos somos criminales en potencia, mientras sigamos creyendo que la etiqueta “criminal” tiene realidad alguna. Es decir, mientras nos sigamos negando a mirar la esencia última de esa persona, que es exactamente la misma que habita en mí.

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La misma Vida expresada a través de distintos cuerpo, distintas personalidades, distintas circunstancias. Somos nosotros los que a esa expresión concreta de la Vida la llamamos “delincuente” o “criminal” y de esta forma seguimos protegiendo nuestro ego, bondadoso y virtuoso.

La Vida no sabe de delincuentes y virtuosos, no sabe nada de buenos y malos. La Vida sólo busca continuar expresándose bajo la forma que le demos. Es el dilema del héroe y el villano. Quien para muchos es un héroe, como por ejemplo Robin Hood, para otros es un ladrón. Algunos ven en el rey una garantía para la libertad mientras que otros ven en él un símbolo de represión.

Creo que el corto refleja de una forma muy bonita como la línea entre los que están fuera y dentro de la cárcel es muy fina. Y a mí me gusta pensar que la línea entre “yo” y “otro” también es una línea muy fina que se disipa cuando dejo de identificarme con el cuerpo, los pensamiento y las emociones (en constante cambio) y puedo ver la Vida que todo lo habita.

¿Por qué el título del post Cambio o Transformación?

Pues bien, además del aspecto mencionado anteriormente, lo que me ha llevado realmente a escribir este post es la distinción que se hace entre el cambio y la transformación.

El mensaje viene a decirnos que el cambio es algo que ocurre sólo a nivel mental y a través de una fuerza de voluntad determinante, que me recuerda, personalmente la idea de sacrificio. Mientras que la transformación es algo que ocurre instantáneamente, “un chispazo que te alcanza y que tiene que ver con el corazón”, dice el chico.
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Y para mí está ahí el meollo de toda la cuestión. Nos pasamos la vida intentando cambiar el mundo y todo lo que nos rodea, cuando nos damos cuenta, si es que nos damos cuenta, de que no podemos cambiar al otro entonces intentamos cambiar nosotros. Bueno, tal vez desde pequeños ya nos esforzamos por cambiar en nosotros todo aquello que vemos que es rechazado o que no encaja “ahí fuera”. En cualquier caso, obviamos que el mundo, y “nosotros” con él, está constantemente cambiando, a pesar de nosotros y de la cantidad ingente de energía que invertimos en hacer algo para cambiar lo que sea.

El protagonista del corto dice “yo no cambié sino que me transformé”, indicando que algo algo tocó su corazón, que antes había estado recubierto de piedra y le dio una nueva forma a todo. Trans-formar es ir más allá (trans-) de la forma, es abandonar algo obsoleto para abrirse a la novedad.

¿Y cuál es esa novedad?

Esa novedad, y para mí esto es lo maravilloso, es descubrir que nunca fue nada de todo lo que se había dicho a sí mismo, le habían dicho y había creído que era.Ni tampoco los demás eran lo que él había querido creer que eran.

La transformación es distinta al cambio porque en realidad no es un cambio sino un des-cubrimiento (dejar de cubrir lo que eres). La transformación tienen que ver con re-concerse (volverse a conocer) y si tiene que ver con el corazón es porque se trata de un acto de Amor y el Amor no pretende nada, simplemente se Entrega.

Es un acto de Amor lo que toca el corazón del protagonista y es darse cuenta del Amor que habita en él lo que lo transforma.

¿Y cómo conseguir transformarme?

Simplemente, siendo lo que ya soy.