La cara oculta de la música y el sonido

Por experiencia propia sé que la música puede resultar beneficiosa para el organismo a no ser que escuches el Fary o King África. Con poco que escarbes en bases de datos científicas, Mozart se convierte en una herramienta eficaz para el tratamiento de trastornos de memoriaAlzheimer1 o para reducir la cantidad de sedante necesaria en pacientes paliativos. (Siendo repelentes, las teclas de un piano o la cuerda frotada de un violín modifica los niveles de somatotropina, disminuye la adrenalina y la interleukina-6 en el organismo2).

Nombres raros y detalles biológicos al margen… ¿cómo es posible que la música pueda tener un impacto medible sobre las adrenalinas y demás «inas»? Solemos explicar los efectos del sonido sobre el organismo señalando con el dedo al sistema nervioso central. El oído traduce los «dos» y los «res» musicales a un lenguaje electroquímico que las neuronas son capaces de entender y, solo cuando sonido y neuronas hablan el mismo idioma, se inicia una reacción biológica en cadena que altera la percepción humana. O al menos eso creía la neurociencia hasta el momento.

Durante mis últimos pinitos en la facultad leí un artículo respondón que le dio una patada en la entrepierna a la explicación convencional que acabamos de ver. Este estudio demostraba de forma simple y elegante, que un sonido es capaz de influir en el comportamiento de un puñado de células secuestradas en una placa de cristal dentro de una incubadora.

 

 

Poniendo al estudio zapatillas de andar por casa vemos que una célula no tiene cerebro ni orejas que sepamos. Por lo tanto, es poco probable que sus oídos transformen la señal acústica en carne de neuronas o que un sistema nervioso inexistente dé lugar a un cambio en la percepción de la célula. Los resultados eran contundentes: la música de Mozart mejora la supervivencia y la multiplicación celular3-4. Es una idea revolucionaria. ¿Por qué? Porque nos hace mirar al sonido como un agente físico, es decir, como una energía capaz de afectar directamente a la vida sin ayuda de ningún sistema nervioso o neurona. Flipé en colores.

 

El comodín de la llamada: Juan Ma Morillo

Al más puro estilo de «Quieres ser millonario», ese programa donde los concursantes debían responder una serie de preguntas y podían llamar a un amigo para que le ayudara a responder a una de ellas, he contactado con Juan Ma Morillo. Juan Ma lleva muchos años trabajando en el ámbito de la terapéutica, la música y el sonido, así que me venía com anillo al dedo. Os dejo aquí su visión del asunto.

Muchas gracias por contar conmigo, David. Efectivamente, casi toda la investigación relativa a efectos beneficiosos de la música implica alguna mediación del sistema nervioso, especialmente a través del sistema límbico estrechamente relacionado con las emociones, o con la corteza prefrontal y nuestra memoria autobiográfica. Todo ello constituye la base de la musicoterapia tal cual se entiende hoy en día como disciplina que busca la mejora de la calidad de vida y de la salud empleando la música o sus elementos (sonido, ritmo, melodía, armonía).

Sin embargo, desde hace ya muchos años se sabe de la importancia del sonido, más allá del fenómeno musical, sobre los sistemas fluidos. En este sentido, los experimentos de cimática son verdaderamente esclarecedores. En este vídeo, podéis conocer más sobre ello.

https://www.youtube.com/watch?v=L5wcfbB79Mo

Y teniendo esto que más del 70% de la composición de los tejidos vivos es agua, cualquier vibración sonora puede tener una gran repercusión en la disposición molecular y en la dinámica celular. Derivada de esta premisa, se ha ido desarrollando una rama de conocimiento que es la terapia vibroacústica, que aplica sonidos de la parte grave del espectro audible (sobre todo, entre 60 y 600 Hz) para conseguir efectos terapéuticos, como la reducción del dolor, la mejora de la osteoporosis o de la función respiratoria.

 

 

Por otro lado, algo aparentemente anecdótico pero que creo que encierra gran sabiduría es la función del ronroneo de los gatos. Experimentando con mi propia voz, con el gemido, con sonidos graves y mantenidos, con lamentos, sobre todo cuando me siento con algún dolor físico, o resfriado, he podido comprobar una mejoría física notable y una recuperación mayor. Esto me hizo pensar en qué sucedía en los gatos. Y, como la vida es sabia, vi publicado en el periódico hace un par de años un artículo sobre el posible efecto terapéutico del ronroneo. Indagué, intenté conseguir alguna fuente más de lo escaso que se sabe sobre ello, y realmente parece que la frecuencia del sonido que habitualmente emplean los gatos ayuda en la cicatrización ósea y la mejoría de síntomas respiratorios. Esto parece traducirse en menor número de complicaciones tras intervenciones veterinarias en los gatos con respecto a los perros, por ejemplo.

Apenas existe base científica sobre el uso de cuencos tibetanos o de cuarzo, o del empleo del canto de armónicos sobre parámetros fisiológicos en el ser humano, pero quienes los han experimentado o practicado, describen sensaciones muy intensas y profundas que conectan con el bienestar. Aunque sabemos muy poco a nivel científico, la experiencia nos indica el gran poder del sonido más allá del componente emocional de la música.

Aplicando la ciencia la día a día

Muchos conocéis mi «obsesión» (podría perfectamente dejar de usar comillas) por acercar la ciencia a la cotidianidad de las personas. Por ello, nos preguntaremos abiertamente: «David…¿y de qué carajo me sirve a mi que el sonido afecte a las células para pagar las facturas, salir de un resfriado o dejar de pelearme con mi suegra?». Vamos al lío.

Las personas somos capaces de generar sonidos por medio de las cuerdas vocales (algo así como una amalgama de pliegues musculares que vibran). Entonces, si las personas producimos sonidos y el sonido influyen en la supervivencia, multiplicación y diferenciación celular… ¡las personas tenemos el potencial de influir no solo sobre nuestras propias células sino también sobre las supervivencia, multiplicación y diferenciación de las células de la vecina del quinto! Aunque pueda parecer una auténtica locura, física y biológicamente es factible.

El pensamiento que se convirtió en sonido

Estamos a punto de descubrir que los sonidos emitidos por nuestras cuerdas vocales están estrechamente relacionados con las cosas que pensamos y sentimos. Desgranemos un par de ideas antes de llegar al fondo del asunto.

 

 

Todas las personas, las que nos caen bien y las que nos caen mal también, tenemos en el hemisferio izquierdo del cerebro un módulo que se conoce como «el intérprete». Este módulo neuronal es el encargado de proponer pensamientos en cada situación de vida, y es el responsable de que nuestro querido cerebro piense con la misma naturalidad que el corazón bombea sangre o los pulmones aire. Vamos al ejemplo.

El intérprete de una persona que esté leyendo este artículo puede llegar a proponer el pensamiento «David está como un cencerro» o «las investigaciones de David son revolucionarias». Al usar el pensamiento «las investigaciones de David son revolucionarias», es decir, al poner la atención sobre él, el cerebro traduce la propuesta en una emoción que el resto de las células del cuerpo son capaces de entender. Se ha producido un cambio, una transformación de energía electroquímica (pensamiento) a energía química (emoción). Las emociones nos empujan a actuar en el 80% de las veces y, cada acción, trae consigo unas consecuencias o resultados.

El resultado puede tomar diversas formas. Desde compartirlo en la red (mensaje  subliminal) hasta decirle a un amigo «esta mañana he leído un artículo increíble». En este segundo caso, la energía acústica que utiliza tu garganta para transmitir el mensaje «esta mañana he leído un artículo increíble» es la misma energía del pensamiento «las investigaciones de David son revolucionarias» manifestada de diferente forma. Acabamos de aplicar el principio de conservación (la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma) al día a día. 

El efecto del miedo y la confianza sobre las células

En resumen: cada palabra que decimos, cada sonido que sale de nuestra boca, está relacionado con las cosas que pensamos y sentimos y, al mismo tiempo, el sonido tiene el potencial de influir sobre el comportamiento de las células.

Aunque todavía nos faltan muchas piezas del puzzle por colocar, ya estamos manos a la obra. En los últimos meses he diseñado una serie de experimentos con el objetivo de estudiar el efecto de sonidos generados a partir de pensamientos de confianza o miedo sobre células vegetales y humanas. Como dijo aquel en el Un, dos, tres: «hasta aquí puedo leer» por el momento.

Si te apetece aportar ideas, participar o acceder a los resultados de mis investigaciones puedes escribirme (daviddelrosario.com@gmail.com), podemos mantener el contacto por redes o coincidir en algunos de los eventos que realizo por España y América.

REFERENCIAS

[1] Cowles, A. y otros (2003). Musical skill in dementia: a violinist presumed to have Alzheimer’s disease learns to play a new song. Neurocase. 9(6):493-503. 
[2] Conrad, C. y otros (2007). Overture for growth hormone: requiem for interleukin-6? Crit Care Med.; 35(12):2709-13.
[3] de Deyne, P. G. y otros (1995). In vitro effects of therapeutic ultrasound on the nucleus of human fibroblasts. Phys Ther. 75(7):629-34. 
[4] Jones, H. y otros (2000). Acoustic energy affects human gingival fibroblast proliferation but leaves protein production unchanged. J Clin Periodontol. 27(11):832-8.

REFERENCIAS DE JUAN MA

Boyd-Brewer C, McCaffrey R (2004). Vibroacoustic sound therapy improves pain management and more. Holist Nurs Pract.,18(3):111-8.
Cook T.F. (1973). The relief of dyspnoea in cats by purring. New Zealand Veterinary Journal, 21, 53-4.
http://www.thepowerhour.org/news4/The_Feline_Purr.htm

Música al comienzo de la vida (II): el embarazo como experiencia de vínculo sonoro

Seguramente, has podido acompañar en algún momento de tu vida a una mujer embarazada, ya sea familiar o amiga. O quizá eres tú misma quien ha vivido esa experiencia o la estás viviendo en este momento. Creo que es una de las experiencias más mágicas que puede vivir un ser humano, ya sea por sentir en las entrañas el desarrollo de un nuevo ser, o por sentir su vida a través del vientre de la mujer que está embarazada. Pero, ¿es posible que el pequeño perciba ya lo que ocurre en su entorno?, ¿incluso lo que queremos decirle con nuestras palabras?, ¿es posible que sienta la música y le mueva tal cual la sentimos los que estamos al otro lado?

 

¿Puede escuchar el feto?

La respuesta, claramente, es sí. Entre las semanas 10ª y 12ª de gestación, comienzan a diferenciarse las células especializadas en la audición en el interior del oído. Sin embargo, junto con el resto de componentes del oído, no serán anatómicamente funcionales hasta la semana 20ª, aproximadamente. El sistema auditivo se vuelve funcional entre las semanas 25ª y 29ª de gestación, cuando se produce la conexión entre los receptores del oído y las estructuras cerebrales, tanto del tronco encefálico como del lóbulo temporal de la corteza.

 

 

El feto y el bebé prematuro tienen una capacidad limitada de modular o reducir una señal auditiva intensa. En las semanas 25ª a 26ª de gestación, un ruido elevado captado a través del útero, o bien en una unidad de cuidados intensivos neonatales, puede alterar la función del sistema nervioso autónomo, de modo que se vería afectada la frecuencia cardiaca, la tensión arterial, el patrón respiratorio, la motilidad gastrointestinal y el nivel de oxígeno. Aquí comprobamos la gran importancia de los elementos acústicos para la salud del feto y del bebé prematuro.

Alrededor de las semanas 28ª-30ª, se refinan las conexiones del oído con la corteza del lóbulo temporal del cerebro, y así se perfecciona la capacidad de recibir, reconocer y reaccionar ante el lenguaje, la música y los sonidos ambientales. Todo ello indica que ya tenemos una memoria fetal de los sonidos que percibimos en esa etapa de nuestra vida, especialmente de la voz de nuestra madre, de música sencilla, o de sonidos comunes del entorno. Se ha demostrado que este aprendizaje intrauterino de sonidos, voces y música comienza alrededor de la semana 32ª de gestación. Pueden reconocer la voz de la madre o una melodía concreta, y ser capaces de discriminarlas de otras tras el nacimiento. Para que el feto pueda reconocer una voz o melodía, es necesario que mantenga sus ciclos de sueño, especialmente la fase REM (fase de movimiento rápido de los ojos). El sueño en esta fase origina las ondas cerebrales necesarias para crear sinapsis de larga duración en la corteza auditiva y en los núcleos del tronco encefálico que se convertirán en las memorias auditivas.

 

 

Todos los sonidos del habla, musicales y ambientales no solo son procesados en las áreas auditivas y del lenguaje de la corteza, sino que tienen conexiones directas con el sistema límbico, estructura responsable de las emociones. De este modo, una parte de nuestra memoria emocional como fetos es registrada y almacenada como memorias auditivas, en el sistema límbico. Así, se ha demostrado que ya a las 34ª a 36ª semanas es posible distinguir diferentes estados de ánimo o cualidades emocionales en el habla y la música, que se retienen como parte de las memorias acumuladas.

 

¿Beneficia la música al feto?

En un estudio publicado en 2012 en Estados Unidos, se analizó una muestra de 329 mujeres embarazadas por primera vez, de menos de 20 semanas de gestación. Se dividió esta muestra de forma aleatoria en dos grupos: un grupo experimental, que escuchaba una música grabada durante una hora antes de dormir, y un grupo control, que mantenía sus rutinas habituales al acostarse. Tras los partos, se evaluó a los bebés en su segundo día, mediante la escala de evaluación de conducta en el neonato de Brazelton (BNBAS), una herramienta de referencia a nivel mundial. Los bebés nacidos de madres expuestas a la música tuvieron una puntuación significativamente mejor en 5 de los 7 apartados de esta escala: habituación, orientación, rango de estado, regulación del estado y estabilidad del sistema nervioso autónomo, y rendimiento motor.

El beneficio de la música puede llegar al feto de forma directa, o indirectamente a través de la influencia que ejerce a través de la madre, sobre su estado emocional. Casi todos los trabajos publicados hacen alusión a la música grabada, pero la práctica habitual indica que la música en vivo también ejerce este efecto positivo.

 

¿Influye la música en la salud psicológica de la mujer embarazada?

Se ha demostrado que la música aporta beneficios psicológicos a la mujer embarazada, en cuanto a reducción del estrés, ansiedad y depresión. La reducción del estrés, a su vez, puede originar un descenso en las hormonas maternas relacionadas con el mismo y a una mejora en el entorno prenatal para el feto.

La investigación que aborda el canto durante el embarazo es escasa y se resume a programas de educación prenatal en los que el canto es una más de entre diversas actividades realizadas para reforzar el vínculo prenatal. En Irlanda, el proyecto Lullaby (nana) de Limerick encontró que la participación en grupos de canto beneficiaba a las mujeres en cuanto al refuerzo de su confianza, que una de las participantes describía como “encontrar mi propia voz”. Es probable que esta característica tenga un beneficio sustancial para las nuevas madres, y la bibliografía sobre la transición hacia la maternidad coincide en que la confianza materna es un precursor de un buen ajuste parental.

 

¿Qué es el canto prenatal?

Tal como indica García Hurtado en su libro, el canto prenatal engloba todo tipo de canciones y ejercicios vocales que la mujer puede cantar durante su gestación “con el fin de tomar conciencia de su cuerpo y de su respiración para eliminar el estrés, apaciguar el dolor y favorecer la relajación.” Existen varias metodologías estructuradas para llevar a cabo este tipo de canto, con origen en Francia, a partir de Marie Louise Aucher en la década de 1960 y 1970, continuada en la actualidad por Marie-Laure Potel, pero también está muy desarrollado en Italia. Además, en los últimos años se ha introducido el canto carnático, que es una adaptación europea de la forma de cantar vocalizaciones durante la meditación en el sur de la India.

 

 

¿Qué es la musicoterapia focal obstétrica?

El musicoterapeuta argentino Gabriel Federico ha sido el impulsor de un modelo de trabajo denominado Musicoterapia focal obstétrica (MTFO). Realiza un seguimiento a través de toda la gestación, permitiendo que la mujer embarazada exprese y reciba a través de la música y los sonidos todo su mundo emocional. Busca acompañar a la madre en su proceso personal de adaptación a la maternidad con el fin de reforzar su bienestar. También se centra en la estimulación auditiva del feto, así como en el refuerzo del vínculo entre este y sus progenitores.

Los principales recursos musicales que emplea este enfoque son la relajación a través del movimiento, la visualización creativa guiada por la música, el baño sonoro, el masaje vibracional, la improvisación con instrumentos musicales, o la estimulación prenatal musical.

 

 

A modo de reflexión final …

Más allá de las evidencias científicas que van respaldando el papel de la música desde nuestra concepción, considero que podemos mirar y sentir nuestra propia esencia humana, de la que fluye ese canto que nos conecta con nuestro corazón, y con nuestras entrañas … y es ahí donde el nuevo ser que está formándose recibe nuestro amor más profundo, cuando ese sonido que emite nuestro cuerpo guiado desde nuestro alma lo envuelve con la vibración más hermosa.

 

Referencias bibliográficas

  • Arya, R., Chansoria, M., Konanki, R., Tiwari, D. K. (2012). Maternal music exposure during pregnancy influences neonatal behaviour: an open-label randomized controlled trial. International Journal of Pediatrics, 901812. doi: 10.1155/2012/901812.
  • Carolan, M., Barry, M., Gamble, M., Turner, K., Mascareñas, O. (2012). Experiences of pregnant women attending a lullaby programme in Limerick, Ireland: a qualitative study. Midwifery, 28(3), 321-8.
  • Carolan, M., Barry, M., Gamble, M., Turner, K., Mascareñas, O. (2012). The Limerick Lullaby project: an intervention to relieve prenatal stress. Midwifery, 28(2), 173-80.
  • Chang, H. C., Yu, C. H., Chen, S. Y., Chen, C. H. (2015). The effects of music listening on psychosocial stress and maternal-fetal attachment during pregnancy. Complementary Therapies in Medicine, 23(4), 509-15.
  • Federico, G. F. (2013). Viaje musical por el embarazo. Editorial Kier.
  • García González, J., Ventura Miranda, M. I., Manchon García, F., Pallarés Ruiz, T. I., Marin Gascón, M. L., Requena Mullor, M., y cols. (2017). Effects of prenatal music stimulation on fetal cardiac state, newborn anthropometric measurements and vital signs of pregnant women: A randomized controlled trial. Complementary Therapies in Clinical Practice, 27, 61-67.
  • García González, J., Ventura Miranda, M. I., Requena Mullor, M., Parron Carreño, T., Alarcón Rodriguez, R. (2018). Effects of prenatal music stimulation on state/trait anxiety in full-term pregnancy and its influence on childbirth: a randomized controlled trial. Journal of Maternal-Fetal and Neonatal Medicine, 31(8), 1058-1065.
  • García Hurtado, M. (2015). Embarazo y prevención. Estimulación prenatal auditiva. Punto Rojo Libros.
  • Graven, S. N., Browne, J. V. (2008). Auditory development in the fetus and infant. Newborn and Infant Nursing Reviews, 8(4), 187-193.
  • Liu, Y. H., Lee, C. S., Yu, C. H., Chen, C. H. (2016). Effects of music listening on stress, anxiety, and sleep quality for sleep-disturbed pregnant women. Women Health, 56(3), 296-311.
  • Potel, M. L. (2011). Le chant prenatal. Éditions Désiris.

 

Música al comienzo de la vida (I): el canto materno como espacio de emociones compartidas

Hoy te propongo un ejercicio de observación externa. Seguro que a lo largo de tu día encontrarás a alguna madre con su bebé, ya sea caminando por la calle o en algún lugar que visites. Si puedes, observa cómo se relacionan, sin juicio. Puede ser uno de los espectáculos más bellos que existen, lleno de amor. Observa lo que cada uno, madre y bebé, propone, y cómo recoge lo que el otro plantea. Sus miradas, sus voces, sus movimientos. ¿A que parece una danza?

 

La “danza de la vida”

Ya desde su llegada a este mundo, el bebé puede reconocer la cara, la voz y el olor de su madre. Se muestra deseoso de reflejar y provocar expresiones faciales en ella y su padre. Estas manifestaciones tempranas de apertura social de los bebés tienen un significado interpersonal profundo.

La diada madre-bebé convive de forma continua, con alternancia de momentos de conexión o ajuste con otros de discrepancia o desajuste. Se ha definido a esta interacción como una “danza”. No puede evitarse que se produzcan esas rupturas en la armonía, pero lo más importante es el modo en que la madre o el cuidador principal facilita la transición desde un desajuste hacia un nuevo momento de conexión, pues el bebé aprende que es posible superar las situaciones desagradables, y se cultiva la esperanza y el optimismo, y aumenta el sentimiento de autoeficacia. Hay una transformación de afectos negativos en positivos. De este modo, en su camino compartido, la madre y el bebé aprenden a perfeccionar esos pasos de baile hasta conseguir un patrón sincronizado en ritmo y tiempo. Esta alegría compartida constituye un elemento fundamental para la creación de conexiones neuronales en los bebés que permiten el desarrollo de la intersubjetividad humana.

 

 

El canto de la madre al bebé como expresión de amor compartido

En todas las partes del mundo, los adultos, y especialmente las madres, cantan a los bebés con el fin de regular sus emociones. Este canto aumenta la sensación de placer en el bebé, además de reducir su incomodidad y facilitar el sueño. Pero también ayuda a que el niño aprenda a autorregularse en etapas más avanzadas de su desarrollo, y facilita la competencia social. En los países en desarrollo, el bebé suele estar en contacto más continuado con su madre mientras esta realiza sus tareas domésticas, e incluso duerme con ella, de modo que en el momento de cantar, existe también contacto físico y movimiento, es decir, se produce una estimulación a diversos niveles que puede denominarse multimodal. En los países industrializados, el contacto del bebé con la madre es menor, aunque puede ser frecuente la realización de actividades lúdicas en las que se produzca dicha interacción.

Las principales características del canto materno son las siguientes:

  • Las madres emplean con frecuencia el canto para expresar emociones positivas, por lo que el tono de voz que emplean es más amoroso, con mayor riqueza de sonidos armónicos más agudos. Además, las madres tienden a cantar a sus bebés de forma más lenta y emplean vocales largas y glisandos o deslizamientos de voz.

 

  • El rango del canto suele ser bastante agudo, lo que puede deberse a que los bebés prefieren escuchar un canto agudo en una voz femenina, ya sea por su familiaridad con la voz materna o por una mayor precisión en la captación de los tonos agudos. Además, coincide con el rango de voz del bebé.

 

 

Las madres logran mayor expresividad manipulando la letra y la melodía, pero también la dinámica y el tempo en el transcurso de la canción. De este modo, las nanas suenan más relajantes, y las canciones de juego, más alegres. La nana es un tipo de canción infantil destinada a relajar y facilitar que el bebé se duerma. Presenta una estructura simple y repetitiva, así como un contorno melódico suave y descendente, con sucesión de pequeños intervalos en un rango tonal limitado. La canción de juego es una forma musical diseñada para provocar interacciones más alegres o aumentar la emoción y la estimulación durante los cuidados rutinarios.

En función del objetivo de la madre (relajación o estimulación del bebé), alterará ciertos elementos musicales mientras canta. De este modo, las nanas expresarán afecto o ternura, mientras que las canciones de juego llevan sentimientos de alegría. Las madres tienden a refinar su interpretación musical con el fin de adaptarse al estado de ánimo y destrezas del bebé. Estos pueden detectar cambios sutiles en los estímulos musicales y así descifrar las expresiones de la madre.

 

 

¿Cómo ayuda el canto materno a regular emocionalmente al bebé?

El canto materno contiene estructuras secuenciales que facilitan la percepción de emociones. Las nanas y las canciones de juego han evolucionado para convertirse en rituales expresivos de emociones profundas, con beneficios para la madre y el bebé. Las nanas y las canciones de juego modifican el estado anímico del bebé y regulan su excitación, pasos previos para la regulación de los afectos.

 

 

El canto ayuda a coordinar los estados emocionales entre la madre y el bebé, y a establecer un vínculo social. Ambos muestran interacciones comunicativas rítmicas, con un patrón temporal, que se mantienen de forma conjunta. Los elementos musicales proporcionan a madres y bebés las herramientas necesarias para coordinar y expresar sus emociones. Las madres tienden a sonreír más cuando cantan que cuando hablan, lo que origina mayor atención visual de los bebés, y favorece la sensibilidad materna.

Las canciones de juego suelen ser más adecuadas para controlar momentos de malestar del bebé. Su carácter rítmico capta la atención de forma intensa y puede favorecer la distracción. Estas canciones suelen ser estimulantes, y se acompañan de movimientos con la cabeza y los brazos, y balanceo rítmico del bebé. Si este ya conoce la canción, se facilita un entorno de recuperación más seguro que el creado por el habla.

 

Canto materno y estados anímicos de la madre

Con frecuencia, el proceso de adaptación a una nueva maternidad puede conllevar cambios en los estados anímicos de la mujer. Estos estados pueden derivar en una depresión postparto, o en un estado mantenido de ansiedad, que además del propio sufrimiento que conllevan, dificultan el establecimiento de una relación saludable con su bebé. En general, nuestra sociedad tiende a negar esta realidad, e infravalorar todo lo que supone la maternidad en la vida de la mujer.

Desde hace algunos años, se sabe que las madres con depresión postparto interactúan menos con sus bebés, son más inexpresivas, y les cantan menos. Su canto es menos expresivo, menos luminoso, menos vital. Y por tanto, con menos rasgos que ayuden a regular a su bebé. De este modo, se genera un círculo vicioso que tiende a perpetuar la desconexión.

En Bélgica, se llevó a cabo una experiencia en un hospital materno-infantil con madres con depresión, en las que participaban durante varias sesiones grupales junto a sus bebés con dinámicas musicales en las que había un contenido teatral o expresivo importante, siguiendo las pautas de aprendizaje musical del pedagogo musical norteamericano Edwin Gordon. A lo largo del estudio, se comprobó la mejoría en la interacción entre madre y bebé.

 

 

Otros estudios en Estados Unidos y Australia se han enfocado en plantear programas educativos a través de las nanas para madres en general, como medio de promoción de la salud en esta etapa temprana, o como recurso de apoyo para madres con trastornos psiquiátricos. En todos ellos, se demuestra el profundo impacto de las experiencias musicales compartidas con los bebés para la mejora de su interacción y el desarrollo de una mayor conciencia de sus emociones.

 

 

Referencias bibliográficas

 

  • Edwards, J. (ed). (2011). Music Therapy and Parent-Infant Bonding. Oxford: Oxford University Press.
  • Gordon, E. (2013). Music learning theory for newborn and young children. Chicago: GIA Publications.
  • Nicholson, J. M., Berthelsen, D., Abad, V., Williams, K., & Wallace, J. (2008). Impact of music therapy to promote positive parenting and child development. Journal of Health Psychology, 13(2), 226-238.
  • Trehub, S. E. (2001). Musical predispositions in infancy. Annuals of the New York Academy of Sciences, 930, 1–16.
  • Van Puyvelde, M., Rodrigues, H., Loots, G., De Coster, L., Du Ville, K., Matthijs, L., Simcock, D., & Pattyn, N. (2014). Shall we dance? Music as a port of entrance to maternal-infant intersubjectivity in a context of postnatal depression. Infant Mental Health Journal, 35(3), 220-232.

 

Música y estados alterados de conciencia

La propuesta inicial de hoy puede que te resulte intensa. Quizá sea ese el objetivo. Tienes a continuación un enlace para escuchar una música concreta. Una vez que la hayas puesto en marcha, puedes cerrar los ojos, colocar una mano en tu corazón, sentir su latido, su intensidad y ritmo, y con el dedo índice de tu otra mano, imaginar que es un lápiz o pincel con el que empiezas a dibujar en el aire aquello que te nazca profundamente: puede ser un lugar que sientas seguro, puedes dejarte llevar por la intuición, etc. Una vez que la música acabe, permanece un instante en el silencio, observando las sensaciones de tu cuerpo, tus emociones, etc. Ahora puedes abrir los ojos. ¿Sientes que ha habido cierta desconexión de la realidad? ¿Ha cambiado algo respecto a la percepción de tu cuerpo? ¿Y en cuanto a la percepción del tiempo y el espacio? Quizá tu conciencia ha experimentado un cambio respecto a su estado habitual.

 

Los estados de la conciencia

Habitualmente describimos la conciencia como esa capacidad humana que nos permite darnos cuenta de lo que nos rodea, y de lo que nos sucede interiormente. En cierto modo, va ligada a aquello que percibimos (e implica a nuestros sistemas de percepción, interior y exterior) y la interpretación que hacemos de ello (nuestra capacidad reflexiva). En general, la asociamos a un estado de vigilia, de “estar despiertos”, frente al sueño, que se considera otro estado de conciencia con sus respectivos tipos.

Es difícil distinguir de forma objetiva los diferentes estados de conciencia posibles en la mente humana a partir de pruebas de neuroimagen o de electroencefalografía. Estas herramientas permiten estudiar el correlato anatómico o funcional a partir de lo que el propio sujeto describe, o de lo que es posible describir del mismo si no puede aportar esa descripción. Es por ello un campo difícil de estudio, especialmente en lo relativo a determinados estados alterados en los que se pierden dos parámetros subjetivos importantes: nuestra identificación con el cuerpo, o la identificación con nuestras percepciones. En cierto modo, puede producirse un desdibujamiento de nuestra individualidad para expandir nuestra conciencia.

 

 

Los estados alterados de conciencia pueden aparecer ante determinadas circunstancias excepcionales, como un trauma psicológico, trastornos del sueño, epilepsia, fiebre, etc, pero también pueden ser inducidos por determinadas sustancias, como son las drogas psicotrópicas, determinadas prácticas (meditación, deprivación sensorial) o ciertas experiencias grupales en las que la música suele jugar un papel importante.

 

Música y estados de conciencia

Para profundizar en el poder que tiene la música de facilitarnos determinados estados de conciencia distintos al habitual, que nos permite llevar nuestra vida diaria, me basaré en el libro publicado en 2006 por David Aldridge y Jörg Fachner, ”Music and altered states: consciousness, transcendence, therapy and addictions”, en el que hace referencia en varios momentos al trabajo de Rouget sobre música y trance.

En este libro, recogiendo aportaciones de otros autores, se habla de que los estados alterados de conciencia se caracterizan por presentar cambios en el pensamiento, en el sentido del tiempo, en la expresión emocional y la imagen corporal, distorsión en las percepciones, pérdida del control y reducción de la vigilancia, con cambios en los significados atribuidos, reestructuración visionaria de la realidad, y percepción oceánica de inmensidad, entre otros rasgos.

 

 

Tradicionalmente se ha hablado del trance y el éxtasis como formas alteradas de la conciencia. Si bien existen discrepancias respecto a su definición exacta, Rouget, citado por Aldrigde y Fachner, indica que el trance proviene de una sobreestimulación sensorial (ruido, música, olores, agitación), en la que el componente corporal facilita la entrada en otro estado de conciencia, mientras que el éxtasis proviene de una deprivación sensorial (silencio, ayuno, oscuridad) en el que estados de meditación o contemplación facilitan la inducción de estados alterados.

Si conectamos con la práctica inicial planteada al comienzo de este artículo, hemos partido de una deprivación del sentido de la vista, con una estimulación auditiva a través de la música, y también la estimulación táctil (mano en corazón) y cinestésica (movimiento del dedo).

 

Música y trance

Desde los orígenes de la Humanidad, la música ha jugado un papel importante en la inducción del trance, al proporcionar una atmósfera adecuada y evocar procesos de identificación cuando se aplica en grupos. Si bien no hay una música concreta que provoque un trance, sí parece que hay rasgos comunes que parecen facilitarlo:

  • Formas musicales simples, con variaciones mínimas y muchas repeticiones, que facilitan la percepción de constancia y monotonía.
  • No hay fórmulas rítmicas o melódicas concretas, pero sí progresiones graduales, con aceleración continua en velocidad y volumen.
  • Tiende a haber, a nivel vocal, glisandos (deslizamientos vocales) lentos y un rango tonal estrecho (no suele haber gran separación entre las notas más graves y más agudas).
  • Suele haber un timbre constante, grave, con modulaciones a tonos agudos puntualmente.

Si pensamos en los mantras, seguramente veremos que se adaptan bastante a esta descripción. Aquí mostramos un ejemplo.

 

 

Música, terapia y estados alterados de conciencia

A raíz de lo expuesto, podemos considerar que la música es un recurso que facilita el acceso a otros estados de conciencia que quizá podrían ser útiles en el ámbito terapéutico. Aldridge y Fachner hablan de tres formas de lograrlo:

  • Empleo de visualización guiada mientras se escucha cierto tipo de música: es la base de un modelo en musicoterapia denominado GIM, por sus siglas en inglés (Guided Imagery in Music). Con ojos cerrados, y dejándose llevar por la música, aparecerán imágenes mentales que serán fruto, en gran medida, del inconsciente del individuo, y que pueden ampliar la capacidad de interpretación de la realidad para facilitar la resolución de los conflictos por los que se acude a terapia.
  • Inducción del trance con empleo de la voz e instrumentos (especialmente, percusión): la actividad motora que tiende a ser repetitiva pasado un tiempo inicial de rodaje facilita ese estado de trance que permite desconectar de la realidad y entrar en un mundo imaginario o conectar más profundamente con uno mismo.
  • Combinación de técnicas de hipnosis y música, empleando la sugestión para lograr ciertos objetivos terapéuticos, y teniendo a la música como recurso aliado.

 

Música y alteraciones profundas de la conciencia

Se ha empleado la música a nivel hospitalario en personas en coma o con otras alteraciones profundas de la conciencia. En una próxima publicación se ahondará en los estudios que recogen las evidencias disponibles a este respecto.

 

A modo de conclusión

A partir de la bibliografía consultada, y de mi experiencia, tanto de acompañamiento de otras personas como la mía propia, voy dándome cuenta de que, quizá, los cambios más profundos en nuestra interpretación de la realidad, la cual se basa fuertemente en el anclaje e identificación con nuestro yo, se producen cuando somos capaces de acceder a otros estados de conciencia que nos permiten alejarnos del ego y observar de forma más distante y panorámica el escenario de la vida que nos rodea. Realmente, un proceso de autoconocimiento o de terapia no es más que una ampliación de nuestra perspectiva para flexibilizar nuestra adaptación al entorno y lograr mayor serenidad en nuestro recorrido vital.

 

Referencias bibliográficas

  • Aldridge, D; Fachner, J. (2006). Music and altered states: Consciousness, transcendence, therapy and addictions. Londres: Jessica Kingsley Publishers. Recursos sonoros disponibles en: http://www.jkp.com/uk/music-and-altered-states.html

 

Música al final de la vida

Puede que hoy comience con una pregunta algo incómoda. ¿Has acompañado alguna vez a un ser querido en su último tramo de vida, o te has parado a imaginar cómo te gustaría vivir esos últimos momentos? Vivimos en una sociedad que evita la muerte, que mira hacia otro lado, cuando realmente es la única certeza que tenemos cuando llegamos a este mundo. Al igual que nos acompaña durante toda nuestra existencia, la música puede ser también una compañera que nos ayude a integrar lo vivido y a despedirnos desde una actitud de aceptación y serenidad.

 

La serenidad que da integrar lo vivido

 

Musicoterapia y cuidados paliativos

 

Si bien a nivel histórico, en muchas culturas ha sido habitual el uso de la música para acompañar el momento de la muerte, en nuestra sociedad esta práctica ha adquirido nuevo significado a partir del desarrollo de los cuidados paliativos en los países anglosajones desde la década de 1960 y 1970. Los primeros musicoterapeutas comenzaron a aplicar distintas formas de acompañar que comenzaron a ser sistematizadas a partir de la década de 1990. Los principios que han guiado esta aplicación de la música en el acompañamiento durante los últimos días han sido:

  • Potenciar las relaciones interpersonales de la persona moribunda.
  • Aumentar su autoestima a través de la autorrealización derivada de la expresión libre.
  • Emplear el ritmo para estimular la participación y facilitar el orden en un momento de posible caos.

 

 

¿Qué abordajes se puede emplear con personas al final de la vida?

 

Para facilitar el modo en que podemos aproximarnos a una persona en esta etapa, se suele hablar de cuatro tipos de técnicas de musicoterapia:

  • Receptivas: dado el deterioro de la persona, puede que sea difícil su participación activa, y por ello se recurre a la escucha de música con un significado o intención especial.
  • Creativas: hacen referencia a la composición de nuevas canciones o piezas musicales, con o sin letra, o a la improvisación libre, con voz o instrumentos.
  • Recreativas: engloba la interpretación de música ya conocida para la persona, ya sea con instrumentos o con la voz.
  • Combinadas: implican la fusión de la música con otras modalidades artísticas, como el movimiento, el arte o el teatro.

 

La música como expresión de lo vivido

 

¿Qué influencia puede tener escuchar música en esta etapa final?

 

Cuando se pide a una persona que elija una canción, entra en juego su memoria autobiográfica, con los significados y emociones que aflorarán durante su escucha. Posteriormente, el procesamiento verbal puede ayudarle a descubrir nuevos significados o asociaciones, a poner de manifiesto ciertos bloqueos emocionales, o a lograr una comprensión profunda de hechos pasados. También puede hacerse un análisis de la letra, si realmente tiene sentido para la persona, de modo que pueda tener una nueva oportunidad de adentrarse en su mundo de significados para lograr una integración de lo vivido.

Llevar a cabo una revisión de la música importante para la persona puede ayudar a identificar varios periodos de su vida con el fin de estimular el debate sobre su historia vital. El ensamblaje de esta música representativa de sucesos o momentos vitales importantes se denomina biografía musical.

Otra técnica receptiva es el arrastre, que consiste en que la ejecución de cierta música por parte del musicoterapeuta con el fin de modificar parámetros fisiológicos de la persona. Suele emplearse para calmar una respiración o pulso agitados. Se comienza siguiendo la frecuencia cardiaca, y de forma gradual el ritmo musical se va enlenteciendo, de modo que el pulso y la respiración se ajustan.

Una tercera opción de música receptiva es el empleo de la visualización a partir de la música proporcionada por el terapeuta, ya sea en vivo o grabada. Esta técnica es muy potente para transitar por el contenido inconsciente y emocional de la persona.

 

¿Cómo ayuda la creación musical a integrar lo vivido?

 

La composición de canciones es una técnica muy importante y efectiva en cuidados paliativos. ¿Qué puede conseguir?

  • Ofrece a la persona la oportunidad de expresarse de forma creativa a través de las palabras y la música.
  • Puede percibirse como una forma menos amenazante de desarrollar una narrativa sobre aspectos de la propia vida.
  • Puede estimular la expresión de pensamientos y sentimientos.
  • Facilita el bienestar físico y social.
  • Valida de forma verbal y musical la expresión emocional.
  • Puede potenciar la autoestima.

 

La improvisación musical puede ser realizada por el musicoterapeuta y la persona en situación de últimos días de forma individual o conjunta. El terapeuta presta apoyo, ofrece un reflejo y estímulo de la expresión de la persona por medio de la música, con menor peso del procesamiento verbal.

 

 

Cada vez se integran más estos enfoques también en los cuidados paliativos pediátricos, aún con necesidad de gran desarrollo en nuestro país.

 

 

La dedicatoria de canciones consiste en la elección o composición de una canción por parte de la persona con el fin de expresar un pensamiento, sensación, o sentimiento hacia otra persona, lo que puede ayudar a integrar aspectos vividos con la misma. La creación de legados musicales puede facilitar el proceso de duelo en las personas cercanas una vez que su recorrido vital haya finalizado.

 

¿Qué evidencias respaldan el uso de musicoterapia en cuidados paliativos?

 

Cada día, la labor del musicoterapeuta está más contemplada dentro de los equipos de profesionales de cuidados paliativos. Entre los efectos derivados del uso de la música en este ámbito, se encuentran:

  • Reducción del sufrimiento emocional (ansiedad, ira, depresión y miedo).
  • Disminución de los sentimientos de soledad y de aislamiento social.
  • Mejoría en la percepción del bienestar físico, dolor y relajación.
  • Atención al componente espiritual y trascendental de la persona.
  • Mejora en ciertos parámetros físicos (frecuencia cardiaca y respiratoria, tensión arterial).

 

 

A modo de conclusión, me nace comparar la vida con una canción, a veces con un comienzo delicado, otras intenso, un desarrollo que hace llegar al estribillo, ese sentido que nos impulsa a seguir viviendo y dando significado a lo vivido, para llegar a un desenlace, a esos acordes relativos a cadencias que permiten vislumbrar un final cercano, al cual nos podemos resistir y seguir creyendo que nuestra canción es eterna, o bien permitirnos el deslizamiento entre esa sucesión sutil de notas que nos facilitan soltar creencias, apegos, resentimientos, para quedarnos con la inmensidad y eternidad que supone liberarse de todo para vivir ese momento, único e irrepetible, del adiós.

 

Referencias bibliográficas

  • Clements-Cortés, Amy. (2016). Development and efficacy of music therapy techniques within palliative care. Complementary Therapies in Clinical Practice, 23, 125-129.
  • Planas Domingo, José; Escudé Matamoros, Núria; Farriols Danés, Cristina; Villar Abelló, Helena; Mercadé Carranza, Jordi; Ruiz Ripoll, Ada I.; Mojal García, Sergi; Rossetti, Andrew. (2015). Effectiveness of music therapy in advanced cancer patients admitted to a palliative care unit: a non-randomized controlled, clinical trial. Music & Medicine, 7, 1, 23-31.

 

Los efectos de la música sobre nuestro cerebro

La música calma las bestias del alma. Es la llamada hacia la movilización. Es el arte del contagio. La música nos penetra, conquista nuestro mundo emocional y logra que nos expresemos. Podemos llegar a sentir su influencia en cada poro de nuestra piel y la neurociencia ha logrado estudiar la influencia que tiene sobre nosotros a nivel cerebral.

La música logra liberar adrenalina, impregnando a nuestro cuerpo de excitación, generando tensión muscular, dilatando las pupilas, aumentando la frecuencia cardiaca, el ritmo respiratorio y la presión arterial. Sin embargo, la música, en general no produce estos efectos siempre. La música activa diferencialmente el cerebro dependiendo de si produce placer o displacer, si la escuchamos o la tocamos, si es una pieza aprendida o si en cambio, estamos improvisando.

El lenguaje de la música

La música no es un lenguaje pero es una poderosa arma de comunicación, traspasa culturas y épocas, nos evoca recuerdos. Una pieza nos puede hacer conectar con un amplio abanico de emociones e incluso puede llegar a contrariarnos, asociamos ideas y nos moviliza a tantos niveles que parece complicado encontrar otra mejor herramienta para provocar revoluciones o crear un sentimiento de unión.

Es cierto, todos (incluidos los políticos más rancios) la hemos empleado, para sentirnos mejor, para generar un cierto clima, para animar una fiesta o incluso para hacer saber a la gente de que es hora de que se marchen a su casa. La música es efectivamente poderosa y junto con las emociones que provoca, satisface la necesidad de actuar y de movilizarnos.

El lenguaje verbal surge de la necesidad de comunicarse de forma precisa. Sin embargo, la música, con o sin letra, con un uso mayor o menor del lenguaje simbólico, nos atraviesa como una bala, comunicando y provocando emociones que el lenguaje verbal no alcanza. La música organiza y combina sonidos pero resulta mucho más potente que el lenguaje verbal porque solamente a través de la melodía la música logra transmitir lamentos, dolor, alegría, plenitud, o todo ello en una misma pieza musical.

Es un idioma común que en sus orígenes fue expresión emocional espontánea y que ha evolucionado, presentando reglas y simbología propias gracias a un ejercicio de abstracción cognitiva (capacidad cognitiva de los humanos por excelencia) que busca la armonía y la facilitación de la comunicación de ideas y sensaciones con el potencial oyente.

En este ejercicio de análisis y construcción de conceptos también ha tenido lugar la medida del ritmo, la creación de la métrica. Esto es un ejemplo de lo contrariados que puede hacernos sentir la música, porque si bien hasta ahora hemos hablado de que la música es emocional, catárquica, pasional e irracional, parece ser que también puede ser racional o cerebral. De hecho, aquellas piezas que se matematizan y pierden su componente emocional desechando la melodía se conocen como “atonales” o “cerebrales”.

El fenómeno de la improvisación

La improvisación implica inspiración creativa y ejecución en paralelo. Implica dejar surgir ideas novedosas mientras se actúan. Esto irremediablemente nos recuerda a Freud, el cual abandonó la hipnosis para desarrollar su técnica de asociación libre como método de estudio del inconsciente. Con la asociación libre, Freud logró trabajar con los pacientes en estado de vigilia, permitiendo que fluyesen las ideas de forma improvisada, sin discursos ya formados y se generasen por asociación, otras ideas novedosas con el fin de que produjeran un cambio en el paciente.

La improvisación supone la ausencia de aprendizaje previo y efectivamente, la neurociencia vuelve a darnos información de lo que sucede a nivel cerebral cuando una persona se encuentra improvisando. Así, a través de resonancia funcional se percibe una inhibición de las áreas que tienen que ver con el aprendizaje, áreas que se encargan de la planificación, de manera que esta inhibición permite que las ideas broten sin control ni bloqueos. De hecho, lo único que se mantiene activo de igual forma que cuando se toca una pieza ya conocida y aprendida, es la corteza motora y sensitiva que se encargan de las praxias, es decir, de la ejecución de la misma.

Asimismo, la neurociencia ha mostrado que las personas creativas presentan un desequilibrio en la neurotransmisión cerebral. Así, muestran mayores fluctuaciones en el sistema dopaminérgico- adrenérgico (sistema de recompensa y excitación) de manera que el proceso creativo (1. ensoñación/incubación de la idea; 2.revelación súbita o ajá, darse cuenta y 3. ejecución/ verificación, materializar la idea) se ve afectado por la facilidad con la que la persona supera cada fase de dicho proceso. La mayor inestabilidad que presentan las personas creativas se materializa en un estado de alerta más acentuado, desconexión más acentuada durante la ensoñación y una activación más intensa durante la ejecución.

Estas fluctuaciones en el sistema dopaminérgico- adrenérgico también se observa en ciertos trastornos neuropsiquiátricos, tales como el Trastorno Bipolar, Trastorno Obsesivo- Compulsivo, Tourette o en lesiones cerebrales, por lo que no es coincidencia que los grandes genios de la historia fuesen personas tildadas de raras o excéntricas.

Por ejemplo, el Trastorno Bipolar se caracteriza por una gran inestabilidad emocional que provoca estados alternos de depresión y euforia. Esta inestabilidad emocional se debe a una inestabilidad dopaminérgica que provoca también oscilaciones en la creatividad. Artistas con este trastorno como es el caso de Korsakov y Schumann hablan de su proceso creativo describiendo que en estado depresivo se produce un bloqueo donde aparece la improductividad, mientras que en el estado de euforia, estado en el que aparece el entusiasmo, la energía, intensa actividad mental y aceleración, se produce una gran productividad. Esto se debe a que la capacidad creativa depende del sistema dopaminérgico- adrenérgico. En el caso del Trastorno Bipolar, en el que se da una inestabilidad en este sistema, el desequilibrio puede deberse a una baja producción de dopamina o una exagerada sensibilidad de sus receptores sinápticos.

Esta inestabilidad dopaminérgica también se observa en el Síndrome de Gilles de la Tourette que sufrió Mozart e igualmente en el Trastorno Obsesivo Compulsivo donde se da un desequilibrio en los sistemas serotoninérgico y dopaminérgico.

En el daño cerebral, las lesiones izquierdas acentúan la capacidad musical. El hemisferio izquierdo se encarga del pensamiento racional, analítico. Si este hemisferio se encuentra dañado, lo que sucede es que se potencian y afloran las capacidades del hemisferio no dañado. En este caso, del hemisferio derecho, encargado de que las ideas interactúen de forma espontánea, produciéndose asociaciones y la creación de ideas novedosas.

Dado que el hemisferio derecho es dominante en el campo de la música, se acentúan las capacidades musicales. Dentro del daño cerebral, un caso muy conocido es Ravel que con sus 52 años comenzó a sufrir un deterioro en el hemisferio izquierdo que le afectó en la escritura y en la pérdida de habilidades musicales, en concreto, en la notación y ejecución aunque mantenía un reconocimiento de tonos y melodías. Bólero, fue compuesta en esta época. Esta pieza es un claro reflejo de lo que le sucedía: la reiteración en la rítmica y métrica muestra el daño en el hemisferio izquierdo, pero la tonalidad y la melodía se potenciaron y reforzaron hasta convertir a Bólero en una de sus obras más conocidas.

 

Pongamos ritmo a nuestra vida

Te propongo algo. Puedes colocar tu mano sobre tu corazón, cerrar los ojos, y permanecer así unos instantes, sencillamente permitiéndote vivir este momento en toda su inmensidad. Sentirás ese latido que marca el ritmo de la vida, su fuerza, su resonancia, su regularidad, su variación. Seguramente también sentirás el ritmo de tu respiración. Experimenta con ella, hazla más profunda, y comprueba qué ocurre con tu ritmo cardiaco. Si te fijas, la vida es ritmo. El ritmo es vida.

 

Conectando con nuestros ritmos internos

 

¿Qué entendemos por ritmo?

Si consultamos el diccionario de la Real Academia de la Lengua, ritmo tiene diversas acepciones. Se define como el orden acompasado en la sucesión o acaecimiento de las cosas. También como la sensación perceptiva producida por la combinación y sucesión regular de sílabas, acentos y pausas en el enunciado, especialmente en el de carácter poético. Y a nivel musical, como la proporción guardada entre los acentos, pausas y repeticiones de diversa duración en una composición musical.

Si buscamos un nexo que conecte todas estas acepciones, nos encontramos con el tiempo como el elemento que nos permite captar un orden cíclico en lo que nos rodea. Y el sentido que más se ha especializado en captar ese orden es el oído.

 

 

¿El movimiento como impulsor?

Si nos detenemos un poco a reflexionar, nos daremos cuenta de que el lenguaje existe gracias al ritmo. El ser humano ha aprendido a organizar diferentes sonidos en el tiempo, con una acentuación y pausas, con una entonación concreta, que le ha permitido expresar aquello que lleva en su interior, y también organizar lo externo. ¿Y de dónde surge esta capacidad humana?

Parece que el movimiento es el impulsor de toda nuestra conciencia rítmica sonora. Si bien diversos pedagogos musicales han contribuido a esclarecer este hecho, las observaciones sistemáticas realizadas por Edwin Gordon en la segunda mitad del siglo XX han sido fundamentales para comprender la importancia del balbuceo musical como etapa en la que los bebés y niños pequeños experimentan a través del movimiento y los sonidos emitidos por ellos mismos sus propios ritmos internos, como el de la respiración, y van tomando conciencia de que ante un estímulo musical externo, su cuerpo responde, y paulatinamente aprenden a coordinar sus movimientos. Es una capacidad innata en el ser humano. Somos seres musicalmente rítmicos.

 

 

Lo que las últimas investigaciones en neurociencia van confirmando es cómo ese desarrollo del sentido rítmico influye en otros aprendizajes. La exposición temprana a entornos musicales va a favorecer un mejor desarrollo de las habilidades motoras, de la coordinación, y derivado de todo ello, también va a tener una influencia importante en el desarrollo del lenguaje. Los ritmos musicales de cada cultura tienen mucho que ver con las características de la lengua predominante en esa cultura. Y cuando un niño está inmerso en ese entorno musical desde el disfrute y el juego, absorbe a través de su cuerpo, no de su mente, una forma de sentir el ritmo y de integrar posteriormente el lenguaje.

El empleo de un habla cantada, como el uso de recitados o rimas, junto con movimientos coordinados amplios y fluidos, es una forma excepcional de captar la atención de los más pequeños, disfrutar con ellos, y facilitar un aprendizaje desde edad temprana que cristalizará en los años posteriores.

 

¿Qué conexión hay entre nuestro sistema auditivo y motor?

Desde la década de 1990, ha habido una gran cantidad de investigaciones que ponen de manifiesto la conexión a nivel cerebral entre nuestro sistema auditivo y nuestro sistema motor, que facilita enormemente el desarrollo de movimientos. Este acoplamiento se basa en el proceso de arrastre (entrainment, en inglés). La definición técnica del arrastre hace referencia al ajuste temporal con el que la frecuencia de movimiento o señal de un sistema arrastra la frecuencia de otro sistema. El ejemplo que se expone habitualmente es el de dos péndulos con diferente ritmo, que terminan acoplándose.

Nuestro sistema auditivo tiene la capacidad de detectar patrones temporales en señales auditivas con una precisión y velocidad extremas, mayores que la de los sistemas visual y táctil. El gran descubrimiento es que los estímulos auditivos rítmicos pueden arrastrar respuestas motoras. Escucha una música que te guste y que tenga un ritmo claramente perceptible. Seguramente sentirás un impulso interno para mover pies, manos, hombros. Si te alejas de la mente, es decir, si no pretendes seguir el ritmo, sino que sencillamente te dejas sentir y sumergir en la vibración sonora de la canción, tu cuerpo se ajustará inconscientemente al ritmo marcado por ella.

 

¿Qué aplicaciones tiene el ritmo en la rehabilitación neurológica?

La mayor repercusión de este hallazgo ha sido su aplicación para la rehabilitación motora. Las personas con enfermedad de Parkinson, hemiparesia derivada de un ictus, parálisis cerebral y otras alteraciones a nivel cerebral conservan la capacidad de arrastre, y por tanto, el empleo de estímulos auditivos rítmicos puede facilitar su rehabilitación a nivel motor. Un ejemplo es la demostración de la mejora de la marcha en personas con Parkinson.

La estimulación auditiva predispone al sistema motor hacia el movimiento. Esta preparación aumenta la calidad de la respuesta posterior. Además, los estímulos rítmicos crean plantillas temporales estables y previsibles. La anticipación es un elemento crucial para la mejora de la calidad de movimiento, puesto que es posible ajustar mejor los parámetros musculares inconscientemente.

 

 

¿Y qué permite el ritmo a nivel emocional y social?

Más allá del movimiento rítmico, el modo en el que los seres humanos han creado sus propios ritmos sonoros ha sido a través de la percusión. Percusión corporal, en la que las manos, pies, torso, brazos, se convierten en un instrumento sonoro con el que establecer ritmos, o bien percusión instrumental, en la que el mundo de los tambores, diferentes según las culturas, mueve aspectos profundos de la esencia humana.

 

 

La percusión nos conecta con el cuerpo, con la tierra, con nuestra parte más animal e instintiva. Nos aleja de la mente, en cierto modo, nos desdibuja nuestra identidad, y desde ahí nos abre a conectar desde otra dimensión con el otro. Si quieres sentirlo, solo es necesario que estés, al menos, con otra persona. Marca un ritmo estable sobre tus piernas. Y deja que la otra persona marque el suyo. Tarde o temprano os acoplaréis, y seguramente comenzarás a sentir que tu interior se expande, que tu cuerpo se mueve sin que lo provoques, y habrá un cambio en tu estado de ánimo. Os habréis sincronizado, por fuera y por dentro.

La ciencia ha demostrado que el movimiento sincrónico entre adultos aumenta la cohesión grupal y la cooperación social. El movimiento sincronizado parece tener efectos prosociales, tanto si está acompañado o no por música, pero la predecibilidad temporal de los ritmos musicales proporciona un contexto ideal que respalda ese movimiento sincronizado. Ya desde niños desarrollamos esta capacidad.

Si estás ante un niño retraído o enfadado, muéstrale un tambor, o cualquier instrumento que tenga un parche, y dale unas baquetas para golpear. Si tienes tú otro, genial. Seguramente se ponga a golpear, a expresar físicamente aquello que no sabe decir en palabras y que le desborda interiormente, y si le acompañas, escuchando y respetando su ritmo, os sincronizaréis, y se producirá un cambio en el interior de ambos. Seguramente habrá una subida intensa, y luego un descenso para llegar a un punto de serenidad compartida. Quizá sea más fácil poner palabras a lo sentido tras esta intensa experiencia.

 

Los círculos de tambores como herramienta de conexión

Compartir la percusión instrumental con otras personas, es decir, formar un círculo de tambores, es una de las formas en las que los primeros humanos aprendieron a compartir emociones y estados anímicos más allá de las palabras. Fortalecía la sensación de grupo, y el hecho de que se tratara de movimientos rítmicos y predecibles facilitaba que se pudiera entrar en otros estados no ordinarios de conciencia.

La ciencia va demostrando el carácter terapéutico de estos círculos. Tanto a nivel físico, con mejora de parámetros inmunológicos y de rendimiento, como psicológicos, como la reducción del estrés y la mejoría del estado anímico, así como una conducta más prosocial. Incluso hay experiencias de empoderamiento a nivel social basadas en los círculos de tambores.

 

 

Y llegados a este punto, y como reflexión final, me doy cuenta de que nuestra mente siempre necesita datos para confirmar aquello que es intuitivo, que nuestro cuerpo ya sabe y siente. Seguramente si dejáramos que el ritmo guiara nuestro cuerpo, nuestra mente se abriría a dejarnos guiar por el propio ritmo de la vida, sin tanta necesidad de controlar racionalmente, sin tanto esfuerzo. Cerremos los ojos y sintamos de nuevo nuestro corazón. ¿Te animas a balancearte y dejarte mecer por la vida?

 

 

Referencias bibliográficas

  • Gordon, Edwin E. (2007). Learning sequences in music: a contemporary music learning theory. GIA Publication Inc.
  • Stevens, Christine (2014). La música como medicina. Ediciones Urano.
  • Thaut, Michael; Hoemberg, Volker (2014). Handbook of Neurologic Music Therapy. Oxford University Press.

Musicoterapia y dolor crónico: un camino de conciencia

 

El dolor físico es un compañero de vida que habitualmente rechazamos, consideramos inútil y molesto, y sin embargo, tiene mucho que decirnos. La musicoterapia puede ayudar a que lo comprendamos, a darnos luz sobre aquello que nos quiere decir.

 

Nuestro cuerpo habla

 

Te propongo que dediques un momento para observar, interiormente, tu cuerpo. Lo ideal es que estés sentado de forma cómoda, cierres los ojos, y sientas cómo se relajan tus hombros, tus brazos, y va llegándote la sensación de soltar, de dejar el control. Puedes enfocarte en tu respiración, sobre todo, en la espiración, permitiendo prolongarla todo lo que puedas sin forzar, y sin prisa para inspirar de nuevo.

 

Relajación

Relajarnos para observar interiormente nuestro cuerpo

 

En este estado de calma, de serenidad, seguramente te comiencen a venir a la mente pensamientos, imágenes, recuerdos, … y si pones atención a tu cuerpo, es muy probable que adviertas cómo aparecen sensaciones corporales en zonas concretas asociadas con esa actividad mental que te llega y que apenas puedes controlar. Intenta prestar atención a vivir esas sensaciones, ponerles forma, color, textura … y suelta si puedes el pensamiento o recuerdo que la había provocado. Permítete sentir lo que tu cuerpo te expresa, sin ponerle palabras, ni juicios, sin rechazar eso que, quizá, puede parecer que nos va a desbordar.

 

Sensaciones corporales

Sensaciones corporales

 

Si has podido vivir esta experiencia con esta conciencia, habrás advertido que existe una necesidad permanente de expresar por parte de nuestro organismo, de indicarnos sensaciones que, aunque no sepamos qué, realmente nos quieren decir algo, seguramente de asociaciones aprendidas en el pasado. Una de esas sensaciones nos resulta tan desagradable e intensa, que le hemos dado un nombre propio: dolor.

 

¿Qué es el dolor?

 

La IASP (International Association for the Study of Pain) define el dolor como “una experiencia sensorial o emocional desagradable, asociada a daño tisular real o potencial”. Es decir, el dolor actuaría como señal de alarma ante una situación que nuestro organismo considera peligrosa para el mismo. Esto suele ser cierto en un caso de dolor agudo. La situación más complicada es cuando el dolor persiste, se vuelve crónico, y aparentemente no existen condicionantes biológicos o físicos que estén justificando dicha persistencia.

 

¿Una medicina con ojos para la superficie?

 

La medicina se ha caracterizado en el último siglo por una categorización cada vez más exhaustiva de aquellos síntomas y signos que acontecen al ser humano para agruparlos bajo etiquetas que denominamos enfermedades o síndromes. Si bien el origen de la mayor parte de cuadros clínicos es multifactorial, es decir, la combinación de diferentes factores condiciona su aparición, desde el paradigma biomédico se resta peso al componente psicoafectivo para enfocar casi toda su atención en la parte biológica, entendiendo al organismo como una máquina en la que alguno de sus sistemas ha comenzado a funcionar mal.

Cada vez tengo mayor sensación de que los humanos vivimos en un mundo de “efectos”, solo vemos los extremos de las ramas de los árboles de nuestra vida, sus flores, sus frutos, o la ausencia de los mismos, y no indagamos más allá de ello, en las raíces. Nos quedamos en la superficie de la vida, en lo externo, sin profundizar, sin buscar la esencia.

 

Árbol con raíces

Más allá de lo que vemos (síntomas, signos), podemos indagar en las causas profundas (forma de integración de las experiencias vividas)

 

¿Diferentes manifestaciones de dolor crónico, un mismo origen?

 

Cuando hablamos de fibromialgia, enfermedad inflamatoria intestinal (colitis ulcerosa, enfermedad de Crohn), artritis reumatoide, lupus eritematoso, cefaleas, etc, nos estamos refiriendo a diferentes “etiquetas”, distintas formas de enfermedad en las que un elemento en común suele ser el dolor crónico, localizado en diferentes zonas según cada enfermedad y persona, y en las que el componente psicológico y emocional tiene un gran peso, aunque desde la medicina no se sepa realmente cómo abordarlo.

 

Persona con dolor

Persona experimentando dolor

 

Durante los últimos años, se ha profundizado en el conocimiento acerca de cómo la forma de asimilar e integrar acontecimientos adversos en la infancia, la presencia de traumatización crónica, condiciona en gran medida una serie de memorias corporales que pueden facilitar la expresión en la etapa adulta de ciertas enfermedades, muchas de ellas de origen autoinmune, y en las que el dolor suele ser un compañero inseparable. En otro post anterior hablaba de algo similar en el caso de la enfermedad mental, y que recientemente se estaba indagando en acompañar a las personas afectadas en su proceso de asimilación de lo vivido.

Desde mi experiencia, aún queda mucho por hacer en aquellas enfermedades donde predomina el componente físico, como es el dolor, y en las que se pasa de puntillas sobre qué aspectos emocionales hay detrás. No creo que sea cuestión de poner más etiquetas (depresión, ansiedad, etc), sino más bien de crear espacios donde las personas afectadas puedan tomar conciencia de su propia vida con perspectiva, y afloren de forma natural emociones, sentimientos, recuerdos, que van a ayudar a dar sentido a lo que su cuerpo les está queriendo decir.

 

¿Qué puede aportar la musicoterapia en el abordaje del dolor?

 

Existen muchas investigaciones que demuestran cómo escuchar música ayuda a reducir el dolor en personas con distintas dolencias, incluso cuando se someten a pruebas diagnósticas y antes o después de una cirugía. Sin embargo, existen pocos trabajos publicados acerca del empleo de musicoterapia de forma activa, no solo planteando la escucha de música. El grupo de investigación de la Universidad de Heidelberg, en Alemania, ha planteado un protocolo de trabajo que ha demostrado su utilidad en adultos con dolor crónico, tanto de origen oncológico como no oncológico.

Para el abordaje del dolor, este grupo se basa en el paradigma biopsicosocial, donde se consideran los aspectos biológicos, psicológicos y sociales del dolor. Consideran que, a través de la música, pueden modularse diferentes aspectos que influyen en la experiencia del dolor:

  • Atención: cuando hay un dolor agudo, la atención se centra de forma natural en la zona afectada, pero cuando se transforma en crónico, el dolor pierde su función de alarma pero la atención se mantiene. La estimulación auditiva mediante la música capta y distrae la atención del foco del dolor.
  • Emoción: La cronificación del dolor suele acompañarse de trastornos emocionales (ansiedad, depresión) y de una reducción de la capacidad para regular las emociones. También es común la rigidez emocional o la inhibición de la expresividad. La música evoca y modula todo tipo de emociones con sus diferentes intensidades, y facilita su flexibilización y expresión.
  • Cognición: Cuando el dolor se vuelve crónico, aparecen distorsiones cognitivas (formas de pensar) y estrategias de afrontamiento de mala adaptación, así como estilos de atribución externa, es decir, una tendencia a creerse indefenso ante las circunstancias externas y no asumir la responsabilidad sobre la forma propia de percibir el mundo. La música puede aportar significados que trascienden el lenguaje, y por tanto el pensamiento, además de asociarse con la memoria autobiográfica, y así puede facilitar un cambio de conciencia.
  • Conducta: El dolor conlleva cambios en las conductas del sujeto (gesticulación, cojera, evitación). Cuanto más tiempo persiste el dolor crónico, más se limitan las conductas. El sistema motor es estimulado involuntariamente por la música (golpeteo, balanceo, baile). Hacer música implica un repertorio complejo de conductas que implican a amplias partes del cuerpo y el cerebro, y por tanto, contribuye a desbloquear la rigidez de movimientos asociadas con el dolor crónico.
  • Relaciones interpersonales: La cronificación del dolor puede facilitar el aislamiento de la persona, que tiende a evitar las relaciones sociales y reduce su comunicación con los demás. Hacer música de forma compartida, ya sea con el terapeuta o en grupo, va a constituir una forma de comunicación no verbal que abre un nuevo camino de expresión e interacción, y refuerza la sensación de pertenencia y la empatía.

 

 

¿Cómo puede organizarse ese trabajo con el dolor desde la musicoterapia?

 

Cada aspecto citado no se trabaja de forma separada, sino que se abordan de forma conjunta, a través de tres etapas:

 

  • Refuerzo de la percepción de bienestar: mediante música grabada o en directo que conecta con memorias de bienestar en la persona, y que contribuyen a fortalecer aspectos positivos de sus vivencias.
  • Alivio sintomático: la persona afectada puede participar en actividades de improvisación musical, lo que ya contribuye a flexibilizar sus emociones, facilitar la interacción social y la comunicación, y la conciencia corporal. Se pueden crear piezas musicales que expresen el dolor sentido, para así facilitar la liberación de tensiones internas.
  • Refuerzo en el manejo diario: se pueden plantear estrategias sonoras y musicales que la persona pueda emplear en su día a día para reducir los síntomas y mejorar el afrontamiento de situaciones en las que el bloqueo emocional era una respuesta frecuente.

 

 

En España, diversos centros hospitalarios públicos y privados están incorporando actividades basadas en la musicoterapia en su cartera de servicios, como es el caso de la Unidad del Dolor del Hospital Universitario La Paz, en Madrid. También cada vez más profesionales colaboran con colectivos de afectados, como es el caso del proyecto que lleva acogiendo la Asociación de Fibromialgia y Fatiga Crónica de Salamanca (AFIBROSAL), cuya experiencia ha sido recogida recientemente en una publicación.

Mi propia experiencia acompañando personas en momentos con dificultades emocionales ha estado caracterizada por el hecho de que, al conectar con sus propios bloqueos y permitir que fluyeran durante la experiencia musical, comenzaban a mejorar, e incluso desaparecer, dolencias físicas que presentaban. Incluso, han podido ir descubriendo qué recuerdos y vivencias, generalmente relacionadas con la infancia, se asociaban con esas sensaciones físicas y les ha permitido “soltar” y aceptar lo vivido en mayor o menor grado, con una correlación clara con la mejora de los síntomas.

Para concluir, me gustaría dejar una pequeña reflexión. Vivimos en un mundo de pensamientos en el que hemos aprendido a manejarnos porque nos da una presunta seguridad, pero a la vez, nos aleja del cuerpo, de las sensaciones, de las emociones. Mientras no seamos capaces de reconciliarnos con nuestro cuerpo, de aceptar todo lo que nos dice, viviremos en una confrontación interior en la que la enfermedad será su manifestación más visible.

 

Referencias bibliográficas

 

  • Edwards, R.R., Dworkin, R.H., Sullivan, M.D., Turk, D.C., and Wasan, A.D. (2016). The role of psychosocial processes in the development and maintenance of chronic pain. Journal of Pain, 17, 9 Supplement, T70-92.
  • Koenig, J., Warth, M., Oelkers-Ax, R., Wormit, A.,  Bardenheuer, H.J., Resch, F., Thayer, J.F., and Hillecke, T.K. (2013). I need to hear some sounds that recognize the pain in me: an integrative review of a decade of research in the development of active music therapy outpatient treatment in patients with recurrent or chronic pain. Music and Medicine, 5, 3, 150-161.
  • Wormit, A.F., Warth, M., Koenig, J., Hillecke, T.H., and Bardenheuer, H.J. (2012). Evaluating a treatment manual for music therapy in adult outpatient oncology care. Music and Medicine, 4, 2, 65-73.

 

Trátame con mucho tacto: el profundo significado de una caricia

 

Te propongo un momento de serenidad para comenzar. Solo tienes que cerrar los ojos, inspirar profundamente, y colocar tu mano derecha bien abierta sobre tu corazón, siente su tacto, a la vez que liberas el aire de forma lenta a través de tus labios. Puedes colocar también tu otra mano sobre tu vientre. Respira lentamente varias veces manteniendo esta posición. Puedes prestar atención al calor que desprenden tus manos en tu pecho y en tu abdomen, al roce del aire en tus labios al espirar. ¿Qué sensación interior estás teniendo? ¿Qué se mueve o se detiene dentro de ti? Puede que hayas vivido una experiencia de reencuentro contigo mismo. Y, seguramente, el elemento que ha tenido más peso en ello ha sido tomar conciencia de tu propio tacto.

 

El tacto como puerta de la afectividad

El tacto es uno de los sentidos que se desarrolla a etapa más temprana en el embrión humano. La piel comienza a llenarse de terminaciones nerviosas que conectan con el sistema nervioso en desarrollo, y esto permite al embrión y posteriormente al feto recoger sensaciones táctiles cuando aún se encuentra nadando en el líquido amniótico. Su propio movimiento y el de su madre suponen un estímulo continuo antes de nacer, con contracciones, vibraciones, roces dentro del vientre materno, que contribuyen a la maduración de este sentido.

Tal es la importancia del tacto, que nada más nacer, lo más importante es proporcionar al recién nacido el contacto piel con piel con su madre. Las prácticas habituales hasta no hace muchos años se basaban en separar inmediatamente al bebé de su madre, lavarlo, monitorizar el estado de salud y ya al cabo de un rato, devolvérselo a ella. Pero se demostró que, tan importante como respirar, es ese contacto inicial entre los dos implicados para generar un vínculo basado en el tacto, el olor, el sabor, los sonidos, que permitirá al bebé normalizar sus constantes vitales, regular su desbordamiento emocional ante la llegada a este mundo desconocido, y reducir el estrés tras la traumática vivencia del parto. En las unidades de neonatología se practica ya desde hace años el método canguro, especialmente importante en niños prematuros que requieren del contacto directo con la piel de su madre para reducir su frecuencia cardiaca, regular su respiración y el aporte de oxígeno, y controlar su temperatura corporal.

 

Tacto piel con piel

Tacto piel con piel entre recién nacido y su madre

 

¿Qué sentido tiene que sea tan necesario ese contacto continuo con la madre?

Se ha especulado mucho sobre ello, y desde un punto de vista evolutivo, una hipótesis considera que, para que fuera posible que el ser humano evolucionara hacia la bipedestación, es decir, mantenernos sobre dos piernas, se hacía necesaria una anchura de cadera limitada. Una de las consecuencias de ello es que el periodo de gestación de las crías humanas no podía alargarse hasta que hubiera un desarrollo avanzado, sino que una parte importante de la maduración debía realizarse ya fuera del útero. Es por ello que los bebés humanos son las crías de mamífero menos maduras y más indefensas, y por tanto, la naturaleza ha propiciado que sea necesario un contacto continuo con su progenitor para lograr la sensación de seguridad que permita proseguir el desarrollo, además de proporcionarle alimentación y cuidados. Cuando este contacto no se da o es menor que el necesario, surge el llanto desgarrador, que es la señal de alarma más importante que tiene un bebé para llamar la atención.

Aunque en los últimos años ha habido un cambio importante a favor del contacto físico con los bebés, aún pesan las creencias de que “demasiados brazos malcrían al niño”, o que “es mejor que se acostumbre a estar solo”. Realmente, estamos barriendo, desde un punto de vista “adultocéntrico”, las necesidades evolutivas, y nos permitimos juzgar sin comprender lo que hay detrás de una manifestación de alerta de un bebé.

Además de conferir seguridad y facilitar el apego, el contacto físico con el bebé le permite desarrollar su conciencia corporal, la estimulación de su piel permite generar conexiones a nivel cerebral que le permiten ir desarrollando un esquema de su propio cuerpo, de sus movimientos y contribuir a generar su “yo somático”.

 

 

La oxitocina como llave para vincularnos y relacionarnos en positivo

¿Qué base biológica hay detrás de la necesidad del contacto físico para generar vínculos? En las últimas décadas se ha hecho un esfuerzo importante para comprender qué nos mueve afectivamente hacia las otras personas, y parece que existe una hormona, la oxitocina, que está detrás de todo ello. Esta hormona interviene en el momento del parto y también durante la lactancia, pero lo que parece ser aún más relevante es que cualquier estimulación táctil y, en general, sensorial, que nos resulte agradable, eleva sus niveles y nos hace más proclives a “conectar” con los otros. Parece que hay una tendencia a menor niveles de esta hormona en personas que muestran un apego inseguro, y cuando existen ciertos problemas de salud, como depresión, esquizofrenia, fibromialgia o ciertos síndromes asociados a dolor crónico.

En general, se ha demostrado que unos niveles adecuados de oxitocina se asocian con un mejor estado de salud, que se plasma con un menor riesgo cardiovascular, menor tensión arterial, menor ritmo de envejecimiento, menor riesgo de infecciones ciertos tipos de cáncer, etc. La oxitocina se genera ante situaciones que nos “mueven” emocionalmente, como una mirada intensa y profunda, una caricia u otra manifestación de tacto afectivo, también ante un masaje, una relación sexual o con la ingesta de alimentos. Incluso, esta hormona está detrás de la conexión existente entre humanos y perros, ya que en ambas especies, un contacto visual afectivo eleva los niveles de oxitocina y contribuye al vínculo.

 

El poder de un buen abrazo

Aunque escasos, son interesantes los estudios científicos relativos a los abrazos sobre la salud. Se ha demostrado que las mujeres en etapa postmenopáusica que compartían más abrazos con sus parejas tenían niveles más elevados de oxitocina, así como una tensión arterial y una frecuencia cardiaca más bajas. Otro estudio experimental con adultos sanos a los que se inoculaba un virus que producía cuadros respiratorios leves ha puesto de manifiesto que cuando la persona percibe un mayor apoyo social y recibe más abrazos, tiene menor tendencia a enfermar, y si lo hace, mostrará signos menos graves de enfermedad.

 

 

Una forma de cambiar el mundo: el masaje infantil

Ante las evidencias de la importancia del tacto en nuestra vida, y nuestra dificultad para sentirlo de forma natural, ha habido diferentes aproximaciones para ir generando una visión desprovista de juicios pero sí provista de apertura en cuanto al tacto. Una de ellas ha venido siendo impulsada desde la década de 1970 por Vimala McClure, que se propuso difundir el masaje infantil como una herramienta que, heredada de algunas tradiciones culturales, pudiera ser transmitida a todos los padres y de este modo generar y reforzar el vínculo con sus hijos. La International Association for Infant Massage (IAIM) es la asociación internacional que potencia esta herramienta y en España, a través de la Asociación Española de Masaje Infantil (AEMI), se ofrecen cursos para educadores que sigan difundiendo esta práctica. Generar espacios donde madres y padres puedan conectar con sus bebés de forma natural, piel con piel, sintiéndose desde el corazón, puede ser una de las formas de lograr un mundo más humanizado.

 

 

Y para terminar …

Para finalizar este viaje a través del tacto, te propongo una nueva experiencia. Puedes escuchar el sonido de lluvia que te facilito en el próximo enlace, cerrar los ojos, y e imaginar que las yemas de tus dedos son esas gotas que van a ir empapando tu cuerpo. Puedes realizar pequeños golpecitos por todo el cuerpo, comenzando por tu frente, tu cara, tu cuello, detente en el pecho, sigue por brazos, luego abdomen, cadera, piernas … Siente el golpeteo rítmico ajustado a esa lluvia y permítete acoger las intensas sensaciones que seguramente se generen. Imagina que es tu forma de reconocerte y darte amor.

 

 

Referencias

  • Cohen, S., Janicki-Deverts, D., Turner, R. B., y Doyle, W. J. (2015). Does hugging provide stress-buffering social support? A study of susceptibility to upper respiratory infection and illness. Psychological Science 26, 135–147.
  • Light, K. C., Grewen, K. M., y Amico, J. A. (2005). More frequent partner hugs and higher oxytocin levels are linked to lower blood pressure and heart rate in premenopausal women. Biological Psychology 69, 5–21.
  • McClure, V. (2014). Masaje infantil. Guía práctica para el padre y la madre. Barcelona, Ediciones Medici.
  • Uvnäs-Moberg, K., Handlin, L., y Peterson, M. (2015). Self-soothing behaviors with particular reference to oxytocin release induced by non-noxious sensory stimulation. Frontiers in Psychology, 5, 1529.

 

Dejando que mi voz exprese mis emociones

Te propongo algo. Solo necesitas tener una grabadora a mano, ya sea en tu móvil u otro dispositivo, y la decisión de dedicarte un momento en el que puedas estar en soledad, y en silencio. Cierra los ojos unos minutos, conecta con tu respiración, sencillamente obsérvala sin querer modificarla y siéntete conectado con la parte más profunda de tu ser. Ahora abre los ojos, pon en marcha la grabadora, y haz una descripción de ti mismo, con tu nombre, a lo que te dedicas, y qué esperas de la vida. Lo ideal es que sea una grabación espontánea, sin retoques, con sinceridad y honestidad hacia ti mismo. ¿Qué has sentido al grabarte? ¿A quién sentías que estabas hablando? Ahora, escucha esa grabación, ya sea con ojos abiertos o cerrados. ¿Qué sientes? ¿Qué emociones se desatan en ti? ¿Qué te gusta y no te gusta de tu voz?

 

La voz como nuestra primera herramienta de comunicación

 

¿Cuál es la primera manifestación de un recién nacido cuando llega a este mundo? Seguramente, llorar. Si tomamos conciencia de ello, su primer recurso para mostrar a sus padres que existe y que necesita de ellos para cubrir unas necesidades básicas es el llanto. Es su voz expresando emociones de forma intensa. Los seres humanos estamos programados para dejar que nuestra voz fluya de múltiples formas para comunicar, y para captar a través de ella los estados emocionales propios y del resto de personas. ¿Acaso no somos capaces de intuir el estado anímico de una persona cercana a través de la cualidad de su voz?

 

Llanto de un bebé al nacer

 

Siendo una de las manifestaciones más humanas, la voz es también uno de los recursos que aprendemos a juzgar y reprimir de forma más intensa a lo largo de la vida. Como adultos, tendemos muchas veces a cortar la expresión natural de comunicación de los niños, ya sea porque “los educamos” para que hablen solo en el momento apropiado y establecemos una represión clara, o porque juzgamos aquello que dicen como irrelevante, o bien porque sencillamente los ignoramos, y los niños terminan por apagar su canal natural de expresión.

 

La cuestión es que, con el paso de los años, tendemos a ir perdiendo el enorme potencial expresivo que tiene nuestra voz fuera de lo que supone una conversación rutinaria, y además nos cuesta escucharnos a nosotros mismos y tendemos a rechazar en gran medida el sonido de nuestra voz. ¿Te resulta familiar? Si retomas el ejercicio con el que habíamos comenzado, ¿sientes que te ocurre algo así al escucharte?

 

Las primeras manifestaciones de la voz

 

Si observamos a un bebé desde que nace y lo seguimos los primeros meses, podemos ser testigos del amplio espectro de posibilidades con el que cuenta nuestra voz, y cómo vamos aprendiendo a modularla hasta alcanzar el lenguaje. Verás que un bebé puede llorar de forma intensa y no quedarse afónico: de forma instintiva, sabe “colocar” su voz de modo que no se agote ese recurso que le resulta vital. Pero también podrás escuchar sus balbuceos, sus gemidos, sus giros de entonación tan amplios, sus risas, sus quejas, sus canturreos, sus gritos.

 

Resulta hermoso observar cómo las madres y los padres se comunican con sus bebés empleando una voz cantada, mucho más rica que la que utilizamos habitualmente al hablar, y que ayuda tanto a que los bebés aprendan a ampliar su frecuencia tonal de sonidos, y a reconocer las diferentes entonaciones que conlleva una declaración de amor, un enfado o una pregunta por parte de los padres.

 

 

El gemido como catalizador de emociones

 

Te propongo un nuevo ejercicio. Solo necesitas un instante tranquilo, puedes estar de pie o sentado, cerrar los ojos y respirar de forma profunda. Comienza a expulsar el aire a través de la boca, como si hicieras un pequeño soplido que prolongas hasta que de forma natural se extinga hasta que tomes nuevo aire. Ahora permítete que salga un ligero hilo de voz cuando hagas la espiración, solo al soltar el aire. Y siente, sencillamente déjate estar así unos minutos. Si quieres experimentar aún más sensaciones, deja que ese hilo de voz se haga cada vez más continuo. Puedes imaginar alguna situación que te haya afectado emocionalmente, o incluso un dolor o molestia física, y dejar que la voz exprese esa emoción o dolor. ¿Qué sientes?

 

Con el ejercicio anterior, hemos conectado con el gemido, una de las múltiples formas de expresión de nuestra voz. Tendemos a asociar el gemido como una forma de manifestación en determinadas esferas de la vida, como puede ser la sexual. Y eso nos reprime de emplearlo como recurso para nuestra liberación emocional. Si nos hemos dejado sentir de forma profunda el ejercicio anterior, habremos experimentado seguramente que el gemido producía una vibración suave y profunda en nuestro pecho, y nos facilitaba entrar en un estado natural de relajación. Incluso, puede que se haya reducido la molestia física que sentíamos.

 

Juguemos con nuestra voz

 

Si prolongáramos el ejercicio anterior y comenzáramos a jugar con nuestra voz, a subir hacia los agudos, descender hacia los graves, tomaríamos conciencia de cómo esos “deslizamientos” de voz que llamamos glisandos nos suelen conducir a estados de alegría, nos conectan con nuestra parte más infantil. De una u otra forma, es algo ya vivido y nos conecta con nuestra parte más profunda. Y si nos atreviéramos a dejar que ese contorno de sonidos comenzara a tener una forma de melodía, que pudiera brotar un canto de forma espontánea, con vocales y quizá consonantes, sin filtros ni juicios como “qué mal canto”, “no me sé ninguna canción”, y otras excusas aprendidas que nos coartan nuestra expresión creativa, seguramente descubriríamos que nuestra voz es nuestra aliada para dejar que nuestras emociones afloren más allá de las palabras.

 

El poder liberador del grito

 

Nos queda aún una manifestación de la voz que, generalmente, es la que más reprimimos: el grito. Socialmente no está bien visto, y hemos renunciado a su potencial liberador y sanador. Un grito ofrece la posibilidad de desbloquear toda la tensión muscular acumulada, y facilitar que se abran otros canales de expresión.

 

En las décadas de los sesenta y setenta del siglo XX, se desarrolló una corriente en psicoterapia basada en lo que su impulsor, Arthur Janov, llamó el “grito primal”. En cierto modo, cuando una persona en un proceso de autoconocimiento o terapia se somete a un procedimiento de toma de conciencia de episodios bloqueados de su vida, generalmente de la infancia, llega un momento en que la intensidad emocional es tan alta que se produce un grito desgarrador y penetrante que surge del inmenso dolor acumulado y acallado con los años.

 

Ese grito abre la puerta a sentir de nuevo lo que se vivió, como medio para poder asimilarlo de forma real y salir de los patrones neuróticos de conducta. Si bien se trata de una terapia muy polémica, desde mi punto de vista el grito sí tiene un gran potencial para liberar emociones reprimidas y abre la puerta a sentir de un modo más libre y natural.

 

La voz como recurso para el autoconocimiento y la terapia

 

En cierto modo, puede decirse que si aceptamos nuestra voz y somos capaces de jugar y expresar con ella de modo consciente, estaremos más cerca de aceptarnos a nosotros mismos con el menor juicio posible. Para un actor, el trabajo con su voz es un elemento clave para conocerse a sí mismo, y mejorar su capacidad de transmitir al público. Para un cantante, la voz es un medio de expresión de su ser, que trasciende las palabras que puedan ser transmitidas en las letras de canciones.

 

Poder emplear la voz en forma de gemido, glisando, grito o canto espontáneo ya suponen recursos importantes en el ámbito de las terapias expresivas, como la musicoterapia. En las últimas décadas han ido surgiendo diversos enfoques en este sentido, de modo que en su mayoría se basan en la expresión libre del canto, en el trabajo con canciones ya existentes con un significado especial para la persona, o bien en la composición de nuevas canciones por parte de la persona, de modo que la letra exprese sus sentimientos y constituyan una forma diferente de expresión.

 

Un campo en el que se ha desarrollado especialmente el canto libre es el trabajo con mujeres embarazadas. Además de la expresión emocional, se ha constatado que ciertos ejercicios respiratorios y de voz favorecen la respuesta durante las contracciones del parto y lo facilitan.

 

 

Respecto a la composición de canciones, se ha demostrado muy útil, por ejemplo, con adolescentes y adultos en situaciones de duelo.

 

Adolescente haciendo música

 

Para terminar, y si quieres experimentar en ti mismo tu potencial de expresión del canto espontáneo, puedes dejarte guiar por esta meditación en la que la voz tiene una importancia fundamental:

 

 

Referencias

  • Austin, Diane (2008). The theory and practice of voice psycotherapy. Jessica Kingsley Publishers.
  • Berry, Cicely (2015). La voz y el actor. Alba Editorial.
  • Janov, Arthur (2009). El grito primal. Edhasa.