El perdón a través de los ojos de tus padres

John Bradshaw afirma:

«No podemos encontrar la luz en nuestras vidas hasta que nos enfrentemos a la oscuridad y transformemos el dolor original que vivimos en la infancia.»

Si recordáis en el artículo anterior La huella del amor negativo en la infancia decíamos que hasta que no llega el perdón hacia nuestros padres internos, vivimos dominados por nuestro niño herido  y emocionalmente inmaduro que llevamos dentro y que busca el amor incondicional que cualquiera necesita, pero que no recibió de manera acertada en su familia.

Es por todos sabido que no hay una verdadera empatía ni perdón si ésta no pasa por ponerse en la piel del otro. Y no puedes ponerte en la piel del otro si hay una capa gruesa de rabia, miedo y tristeza que taponan la herida para que no puedas penetrar en ella. Incluso aunque ésta funcione con amnesia en algunos casos.

Es por ello que lo primero que hay que hacer es liberar la voz acallada del niño para encaminarla de modo adecuado.  El entender que nuestros progenitores no supieron hacerlo de otro modo no elimina de por sí la huella del Amor Negativo. Hay que sacar el dolor y la rabia encasquillados en forma de Egocentrismo que nuestro niño ha usado a modo de caparazón.

La liberación del dolor contenido

Este es el punto más difícil del proceso. Desde pequeños se nos ha reprimido tanto la expresión sana de la rabia que la hemos desplazado de las maneras más absurdas. La hemos enmascarado con miedo o con tristeza, o la hemos utilizado para crear alguno de los personajes de nuestra ‘identidad’ (el/la rebelde, respondón/a, inconformista) sobrevalorando su presencia a veces para otorgarnos más poder frente a los demás.

Sin embargo, cuando en un estado meditativo guiado te enfrentas a todo el dolor, el miedo, la angustia y la decepción que tienes acumulados en las entrañas hacia tu padre y madre internos (recordemos que esta ira manifestada en ese momento es hacia la imagen introyectada, no hacia los padres físicos) sientes que el dolor puede llevarte hasta el límite, no hay tabúes, no hay represiones no hay castigos ni culpa por expresar tu malestar. Simplemente sueltas, te sueltas, lo  sueltas…hasta quedarte vacío/a.

 

vacio

 

Muchas personas tratan de saltarse el paso de sacar y liberar la rabia y pasar directamente al perdón a través de meditaciones, justificaciones racionales, cartas simbólicas, etc.

Sin embargo, hoy sabemos por experiencia que sin el paso previo de vaciar el vaso lleno de barro, sólo conseguirás llenarlo de agua limpia pero que se mezclará con la suciedad anterior. Puede que eso diluya en parte el barro, pero seguirá estando el poso abajo sin que el agua llegue a estar nunca limpia del todo.

Cara a cara con la infancia de nuestros padres

Sólo cuando aprendamos a desactivar los patrones negativos heredados , tal y como explica los explica el médico y psicoterapeuta Luis F. Cámara en el siguiente vídeo, el proceso nos conducirá al contacto de nuestro propio niño con el niño de nuestros padres.

 

Una vez nos sentimos vacíos y ligeros de peso tras la descarga del dolor, nos encontramos con la decisión simbólica de ayudar o no a nuestros padres y darles aquello que ellos no nos dieron a nosotros.

A título personal he de decir, que a pesar de que algunas de las historias que encontré eran realmente duras, no hubo ninguno de nosotros durante el proceso que se negara a ayudar a sus padres y darles de manera figurada (a través de un acto similar al usado en psicomagia por Jodorowsky) todo el amor positivo que ellos no recibieron.

De un modo u otro, dentro de cada quien, existía la sabiduría que a través de esta decisión consciente se rompía el cordón umbilical del Amor Negativo y de la dependencia emocional. Desde nosotros y hacia los otros nacía el amor incondicional, la compasión y el perdón por sanar aquello que ellos no pudieron, no quisieron o no supieron cambiar.

Después del encuentro  frente a frente con el niño que fue tu padre y con la madre que fue tu madre, nunca más la relación con ellos vuelve a ser la misma. Ni siquiera aunque uno de los dos o los dos hayan muerto.

perdón

 

Más que sentir cómo ellos te cuentan su historia de vida, el proceso te acompaña a revivirla, como si realmente pudieras ponerte «en su piel» con el dolor infantil del rechazo, la soledad o la incomprensión que ellos mismos hubieran experimentado y que de manera inconsciente te transmitieron a ti en forma de automatismos, creencias y carencias.

Dicho esto ¿significa entonces que ya nunca más va a ofenderte un chantaje emocional o una sobre exigencia de uno de los dos? ¿Significa que vas a ser inmune a su intento de dirigir tu vida o la negligencia de sobreprotegerte? ¿Entonces tendrás que tragar y sonreír cuando salte algún automatismo suyo porque ya les he perdonado? En absoluto se trata de eso.

Sencillamente aprendes poco a poco y de forma natural a no reaccionar contra ellos, a ver las cosas tal y como son, a relacionarte con ellos -y con todos aquellos de tu entorno en los que proyectes a tus progenitores- no desde el niño que se siente herido (aún sin haber sido consciente de ello), sino desde quien eres en el momento presente. Dejas de relacionarte con la imagen que tienes grabada de tu madre y tu padre interno (ya sea que los rechaces o los idealices) y lo haces con ellos tal cual son.

Podría afirmar que de alguna manera se activa un botón cuando sus patrones negativos aparecen y de forma automática pudieras «ver» a su niño herido detrás de sus ojos de adulto. Y todo se hace más fácil.

 

padres

 

Muchos y muchas podréis pensar que no hay forma exacta de probar si lo que experimentas allí, reviviendo su infancia, es literalmente cierto o si creamos con la imaginación aquello que queremos ver. Y tenéis razón, no podemos saberlo. Pero realmente no importa.

Incluso aunque ya hay numerosos estudios que demuestran que las zonas del cerebro que utilizamos para percibir objetos y aquéllas que usamos para imaginar objetos se superponen,  «el recuerdo imaginado» puede dejar en nuestro cerebro la misma marca que un hecho realmente ocurrido.

Y en este caso, la marca que te deja el perdón y la reconciliación con tus padres internos es de una magnitud extraordinaria. Te cambia por completo.

Hoffman nos recuerda que para llegar a este punto de liberación tendremos que:

-Llegar a una comprensión sin condena de nuestros padres biológicos y nuestros padres sustitutos

-Tener compasión por la infancia que ellos vivieron.

-Perdón por lo que ellos nos hicieron y por lo que les hicieron a ellos.

-Aceptarlos totalmente como son y como fueron

-Poder amarlos incondicionalmente por lo que ellos son sin expectativas frustradas ni idealizaciones irreales.

El perdón en la herida del dolor original 

LLegamos finalmente el encuentro con tu niño interior ya que esa herida infantil  auto-congelada en el tiempo, salta cada vez que nos volvemos a sentir heridos y no nos prestamos atención. 

Este encuentro con nuestro niño olvidado, puede que sea doloroso y difícil ya que es probable que este niño esté asustado o puede que esté muy enfadado contigo. Hasta puede que seas tú la que estés muy enfadado con él «por lo mal que se portaba y lo que hacía sufrir a tus padres».

Sea del modo que sea, este proceso te ayuda a que el niño emocionalmente herido vuelva a confiar en ti poco a poco,  a que no se sienta juzgado ni abandonado y a que le animes a madurar para convertirse en un adulto consciente y afectuoso.

¿Y cómo sucede este encuentro? Hoffman sustenta que cada uno de nosotros estamos formados por cuatro partes: el niño emocionalmente herido, el intelecto adulto, el yo espiritual y el yo físico corporal.

Cuando logramos reeducar el Intelecto Adulto Sabelotodo (la razón) para que acalle su voz crítica y beligerante en forma de pensamientos obsesivos,  y se ‘reconcilie’ con el Niño Interior Quejica (la emoción) -que está «a la que salta»-, se produce una sinergia, algo así como un pacto entre ambos que se manifiesta a un nivel corporal y espiritual en un acto de auto validación y equilibrio.

Experimentar de forma real ese acto de validación y aceptación plena de ti, es liberarse, -en el sentido literal y hasta corporal-, de un gran peso. Es como si un plomo que se ha quedado instalado en el pecho, saliese despedido hacia fuera y pudieras respirar profundamente y sin presión.

De algún modo se trata de volver a estar apegado a la familia de origen al mismo tiempo que has cortado el cordón umbilical negativo, pues de todos es sabido que no puedes separar algo que no haya estado unido antes.

Llegar a tu propio perdón a través de la mirada de los ojos de tus padres es sin lugar a dudas un acto único para ser más tú y permitir que ellos sean más ellos.  Y si te equivocas o se equivocan contigo: más compasión y menos juicio.

Puede que no todos ni todas quieran, puedan o necesiten pasar por este proceso. Aunque así fuera, no dejéis escapar la oportunidad un día de volver a mirar a los ojos a vuestro niño o niña interior y que os sonría. Os aseguro que es una cura para el alma.

 

*Nota: se ha usado el término niño interior y el modelo familiar de padre y madre por congruencia expresiva, pero así mismo este texto se aplica por extensión, a todos los modelos posibles de familia y a la niña interior.

 

Referencias bibliográficas:

-Hoffman, Bob El proceso Hoffman de la Cuadrinidad, Ed. Urano, 1992.