Mi hijo tiene un Amigo Imaginario: ¿es algo patológico?

Los amigos imaginarios son un fenómeno mucho más frecuente de lo que popularmente se cree. Principalmente se da en niños de entre 3 y 7 años, aunque pueden perdurar en la adolescencia y edad adulta, o incluso desaparecer y reaparecer en algún momento posterior de nuestra vida. En absoluto es algo patológico pero a menudo genera mucho estrés en los padres y por eso acuden a consulta.

 

¿Qué es un Amigo Imaginario?

 

La definición como casi todo en psicología ha generado algo de controversia y ha evolucionado con el tiempo hasta lograr una base suficiente de consenso. Básicamente se considera que un amigo imaginario puede ser:

  • Un personaje invisible con el que el niño interactúa, nombra en conversaciones y juega.
  • Un objeto en el que el niño personifica a su amigo imaginario, como un juguete o un peluche.
  • Una personalidad que el niño interpreta.

Generalmente surgen muchas dudas ya en este punto, ya que puede resultar complicado distinguir cuando un peluche es un compañero de juegos puntual o cuando un niña que juega a ser Elsa de Frozen está interactuando con un amigo imaginario. La clave para distinguirlo es que el niño interactúe de forma frecuente y estable a lo largo de un período de tiempo, excediendo su imaginación los límites de la realidad observable. Esto quiere decir que un peluche al que el niño ignora o solo juega con él puntualmente o una personalidad que el niño interpreta en un juego de rol una tarde no son amigos imaginarios.

Si un niño insiste en que le llames Han Solo y le trates como tal, con una personalidad propia diferente, consistentemente durante varios meses, probablemente nos hallamos ante un caso de un amigo imaginario. Si un niño tiene un osito de peluche pequeñito y apolillado pero habla de él como si fuera enorme y fiero e interactúa con él durante años como si fuera un amigo al que cuenta confidencias, acertaremos en pensar que se trata de un amigo imaginario. Estos casos serían ejemplos evidentes del fenómeno, aunque la mayoría se sitúan en un claroscuro porque la propia definición “de forma frecuente y estable durante un período de tiempo” es ambigua y deja en fronteras difusas un concepto que por otro lado, resulta difícil acotar.

 

¿Es algo patológico?

 

Al principio se consideró que era un signo de psicopatología en los niños, sobre todo en los casos de entes invisibles, como una forma de psicosis infantil. En el cine el retrato que se hace de estos niños es principalmente en el marco de películas de Terror en las que los niños con un aspecto muy perturbador hablan con fantasmas o seres demoníacos y levitan con un cuchillo en la mano.

Amigos Imaginarios, ¿algo patológico?Investigación posterior, ha analizado los motivos por los que aparecen estos amigos imaginarios dando una imagen alternativa muy alejada de estas patologías palomiteras. Estos amigos imaginarios aparecen entre los 3 y los 7 años, lo que no es de extrañar puesto que es la etapa infantil de mayor desarrollo de la imaginación en ausencia de un pensamiento lógico y concreto. Siguiendo las etapas descritas por Piaget, los niños a partir de los 2 años desarrollan la función simbólica, esto es, la capacidad de usar signos y símbolos, de imitar en diferido, de desarrollo lingüístico, juego y dibujo simbólico… Mientras que entre los 7-8 años el niño entra en una etapa de mayor socialización y pensamiento lógico y racional, pasando del egocentrismo típico de los niños más pequeños a incorporar a los Otros. Es fácil entender por qué la mayoría de amigos imaginarios desaparecen pues en torno a los 8 años.

¿Qué distinguiría entonces la presencia de un fenómeno como este de una psicosis infantil o de un trastorno de identidad disociativo incipiente? Respecto a la posibilidad de estar desarrollando un trastorno de personalidad múltiple, es importante distinguir si el amigo imaginario en el caso de que sea una personalidad que se interpreta, se adueña del niño y opera fuera de su consciencia con períodos de amnesia lacunar entre una personalidad y otra. En caso de que así fuera, es importante que un especialista evalúe al niño para descartar el trastorno. Respecto a la psicosis infantil, se ha demostrado que el parámetro que marca que un niño tenga confusión sobre la realidad y la ficción es el control que ejerza el niño sobre la fantasía; de este modo, sería más probable que el niño estuviera rompiendo con la realidad y confundido ante mito culturales ampliamente aceptados como Papá Noel, ante personajes de cuentos como Caperucita Roja, ante personajes de ficción como Peppa Pig o ante espectáculos de magia, en los que en todos ellos el niños ejerce nulo control sobre la ficción. Un indicador de riesgo de psicosis infantil podría ser si el niño siente que pierde el control sobre su amigo imaginario o si el niño refiere que su amigo imaginario le hace sentir mal.

Por encima de los 8 años, algunos amigos imaginarios persisten residualmente, otros desaparecen, otros se elaboran de forma más compleja dando lugar a Paracosmos… Este hecho suele preocupar mucho a las familias, pero antes de preocuparse y acudir a un especialista conviene desgranar cuál es la función concreta que cumple el amigo imaginario en la vida del niño y también por qué desaparece o persiste según el caso. Por ejemplo, si el niño es hijo único, vive en una zona con pocos niños de su edad y en su casa tiene muy poca estimulación, salvo que algunos de estos parámetros cambie es posible que el amigo imaginario continúe siendo un vehículo de diversión y juego simbólico en la adolescencia.

En el próximo post desmenuzaré los motivos más frecuentes por los que aparecen estos amigos tan particulares así como las características más comunes de los niños que los crean. Es importante desmitificar la imagen popular del niño aislado y trastornado que trasciende del celuloide.

¿Cómo hablar a los niños sobre la muerte?

Hace unos años me enfrenté a una situación trágica, que afectó emocionalmente a toda mi comunidad laboral. La muerte llega sin avisar y el shock se difunde como una epidemia dejando a pocos libres para reaccionar. Una vez que lo haces, hay que hablar de eso y sobre todo con los niños.

Sin embargo, si existe un concepto del cual nadie o muy pocas personas quieren o pueden hablar es de la muerte. Una particularidad que no comparte con nada es que carece de una representación propia. Es decir, nadie ha experimentado la propia muerte. Más bien, hemos vivido la pérdida de la vida a través de otras personas.

Ahora imaginemos cuán difícil puede tornarse hablar de esto con un niño. Muchos de nosotros dudamos al hacerlo. Sin embargo, es un hecho inescapable de la vida, es parte del ciclo vital. Como tal debemos afrontarlo y de igual manera nuestros niños. Si queremos ayudar a manejar una experiencia de duelo por muerte, debemos dejarles saber que está bien hablar sobre eso.

Generalmente, la necesidad de afrontar esta temática con los niños surge por alguna noticia en los medios de comunicación o por alguna crisis familiar o del círculo social cercano. Dependiendo del caso, puede tomar un tono emotivo o no. Hablarlo no resolverá el problema o el duelo, pero minimizará las ideas erróneas y ayudará a procesarlo.

 

Los niños saben…

Muchos antes de lo que pensamos, los niños están familiarizados con el concepto de muerte. La muerte es parte de la vida, y en distintos niveles los niños están conscientes de ellos. Escuchan sobre esto en los cuentos de hadas; lo ven en la televisión y los video juegos; ven insectos y/o animales muertos; e incluso lo actúan en sus juegos.

El nivel de comprensión depende de algunos factores tales como: la etapa de desarrollos en la que se encuentran y la exposición a través de la propia experiencia. Cada niño (a) lo procesa de manera individual dependiendo de estos factores. Pero los seres humanos, y los niños saben de pérdidas y duelos desde el momento mismo del nacimiento.

 

La noción de muerte según la etapa evolutiva

Muchos estudios indican que los niños atraviesan una serie de etapas en cuanto a la comprensión de la muerte. Se relaciona con el desarrollo de las habilidades psíquicas y cognitivas. Generalmente se asocia con la edad cronológica, aunque sabemos que cada sujeto mantiene su propio ritmo.

Los niños en etapa pre-escolar usualmente perciben la muerte como algo reversible, temporal e impersonal. En la actualidad, esta idea se ve reforzada por algunos personajes de las caricaturas que se recuperan milagrosamente luego de sufrir aparatosos accidentes.

Más adelante, aproximadamente entre los cinco y nueve años, la mayoría de los niños comienzan a darse cuenta de que la muerte es definitiva. Sin embargo, aún lo perciben como algo impersonal y de lo que pueden escapar. Durante esta etapa, algunos niños empiezan a personificar la muerte con imágenes tales como los esqueletos y fantasmas. Algunos incluso pueden tener pesadillas con respecto a estos personajes.

A partir de los diez años en adelante, los niños empiezan a comprender que la muerte es irreversible, que todos los seres vivos mueren, y que eventualmente lo harán. En la adolescencia se inicia el desarrollo de puntos de vista filosóficos sobre la vida y la muerte.

 

La experiencia individual frente a la muerte

Si bien, las etapas del desarrollo psíquico juegan un papel importante, cada niño se desarrolla a su propio ritmo. Cada niño se desarrolla en un entorno particular, dentro de un grupo cultural y religioso determinado. Y más importante aún, cada sujeto experimenta e interpreta sus vivencias de manera única, y tiene sus propios modos de expresar y manejar sus emociones.

Por ejemplo, hay niños que empiezan a hacer preguntas sobre el tema desde muy temprano. Otros, experimentan la muerte de algún familiar como los abuelos y parecen poco afectados. Mientras que pueden tener reacciones muy emotivas por la muerte de una mascota. No importa cómo reaccionen ante estos eventos, ellos necesitan una respuesta empática y sin prejuicios.

Hace unas semanas una niña de 6 años a quien atiendo en consulta privada desde hace varios meses me cuenta algo curioso. Me dice que su abuelo materno murió y que ella debía llorar pero no podía. Se sentía triste pero no podía tener la reacción que creía era esperada por todos.

 

Barreras de comunicación

Muchos de nosotros tenemos la tendencia de no hablar sobre temas que nos enojan o desconciertan. Tratamos de esconder nuestros sentimientos y esperamos que sea lo mejor. Pero no hablar sobre un tema no significa que no estemos comunicando, al contrario.

Los niños son excelentes observadores, y leen los mensajes en nuestros lenguaje corporal. Al evadir un tema le causamos a los niños más dudas y preocupaciones. Y a la vez, ellos pueden fantasear y crear en su mente un escenario peor o lejano a la realidad. Es mejor encontrar un balance entre la evasión y la confrontación. Así como utilizar información que ellos puedan manejar a su edad.

Los adultos también podemos sentirnos incómodos por no tener todas las respuestas. Por esta razón muchas veces decimos “mentiras blancas”. Pero por más bienintencionadas que sean, pueden producir inquietud y desconfianza en los niños. Tarde o temprano ellos se darán cuenta de que no sabemos todas las respuestas, de que nadie las sabe. Para ellos será más fácil si les decimos de forma calmada que no hay respuestas para todas las preguntas.

 

Ideas erróneas de los niños sobre la muerte

Como mencionamos antes, de acuerdo con la etapa del desarrollo, los niños pueden interpretar la muerte de manera más concreta. Algunos niños la confunden con dormir. Particularmente si escuchan a los adultos referirse a ella con eufemismos como: “descanso eterno”. Como resultado de esta asociación, ciertos niños podrían tener miedo de dormir o tomar siestas. Similarmente, si a algunos niños se les dice constantemente que alguien que ha muerto “se fue”, podrían tener miedo de separaciones breves.

Decirle a los niños que la muerte se debe a enfermedades o vejez, también puede ser fuente de confusiones. En el caso de las enfermedades, es importante aclararles que sólo algunas enfermedades muy severas pueden producir la muerte. A pesar de que todos nos enfermamos a veces, usualmente mejoramos. De esta manera, los niños no se preocuparán demasiado ante enfermedades menores.

Otra generalización inapropiada es que la gente muere vieja, en frases como “murió porque es vieja”. Esto puede llevar a decepciones cuando se den cuenta que gente joven también muere. Está bien decirles que la mayoría de las personas viven muchos años, pero algunas no.

Y por último, introducir ideas religiosas cuando la religión no ha tenido un rol importante en la vida de la familia antes de la muerte. Por ejemplo, explicaciones como “se lo llevó Dios”, pueden asustarles al pensar que también puede llevarlos a ellos.

 

Hablemos con los niños…

Quizás la parte más difícil es que al hablar con otros sobre la muerte debemos examinar nuestras propias emociones y creencias. De ese modo podremos hablar con los niños naturalmente cuando las oportunidades se presenten. Esto involucra lo siguiente:

  • Tratar de ser sensitivo con los deseos de los niños de comunicarse cuando ellos estén listos.
  • Mantener una actitud receptiva que fomente los intentos de comunicarse en los niños, al escucharlos atentamente y respetar sus puntos de vista.
  • Escuchar y aceptar los sentimientos de los niños. A veces es necesario responder una pregunta con otra para comprender su preocupación real.
  • Ofrecer a los niños explicaciones honestas cuando estamos visiblemente afectados.
  • Responder las preguntas de los niños en un lenguaje apropiado para su edad.
  • Brindas respuestas simples y breves, para que los niños no se sientan abrumados con demasiadas palabras.
  • Verificar qué han comprendido los niños, sobre todo los pequeños quienes pueden ser más propensos a confusiones.
  • Aprovechar oportunidades de la vida diaria para hablarles sobre la muerte en situaciones en las que estén menos involucrados emocionalmente. Por ejemplo, la muerte de plantas o animales.
  • Discutir con los niños mayores sobre la muerte de personas prominentes que tengan mucha cobertura de los medios. Y reafirmarles su propia seguridad cuando los eventos se den por actos de violencia.
  • Darles tiempo para procesar la información a su propio ritmo, no hablar del tema en demasía, sino cuando sea natural hacerlo.

La muerte es una pérdida, es un tiempo de tristeza y duelo. Es importante ayudar a los niños a aceptar esta pérdida y el dolor que la acompaña. Los intentos por protegerlos podrían negarles la oportunidad a los niños de compartir sus sentimientos y recibir el apoyo que necesitan. Compartir las emociones ayuda.

 

Referencias Bibliográficas:

  • Kubler-Ross, Elizabeth. On Children and Death, MacMillan. New York, 1983.

Fuentes:

Aprendiendo a ser Padres: Hermanos

Esta es una serie de artículos para orientar a padres, hermanos, educadores y cualquiera interesado en el conocimiento acerca de los distintos ámbitos que ocupan la vida de los jóvenes y adolescentes. Pero si tuviera que definir un “Target” (Un objetivo) diría que se trata de una serie de artículos para orientar a los padres en el complejo mundo que es su hijo.

La relación entre hermanos:

El vínculo entre hermanos es diferente a la relación con los padres y los amigos. Un hermano influye en el desarrollo social del niño ya que le da la oportunidad de desenvolverse ante posibles situaciones sociales futuras. Éste tipo de relación se puede definir como ambivalentes: Por un lado el niño tiene más oportunidades de pelearse con sus hermanos que de hacerlo con otros niños y por el otro, tiene más oportunidades de disfrutar de relaciones positivas con sus hermanos que con el resto.

Tener hermanos supone tener:

  • Compañeros de juego.
  • Modelos a imitar.
  • Relaciones conflictivas con ellos y aprender a solucionarlas,
  • Una fuente de apoyo y compañía.
  • Aprender a compartir.

Celos entre los hermanos.

Cualquiera puede tener celos. Suele presentarse en los primeros años y esto puede dar lugar a choques entre los hermanos, y pueden ocurrir de forma abierta o enmascarada durante toda la vida.

Los celos en el niño nacen al imaginar, sentir, pensar o darse cuenta de que sus padres quieren más a otro hermano que a él.

El origen de los celos cuando un hermano nuevo llega a casa.

Dependiendo de la edad que tenga, se tratará de una situación diferente. A partir de los dos años suele reflejar su malestar de forma más o menos encubierta, mostrándose más tierno y pidiendo más atención de su madre.

Desde los cuatro y cinco años puede reaccionar volviéndose más travieso y opositor. Cuando tiene más de cinco no se le nota tan afectado porque sus relaciones sociales ya son más amplias.

El niño puede sentir celos ante los cambios por distintos motivos:

  1. Le prestáis menos atención porque todo gira en torno al nuevo bebé.
  2. Se le cambia de habitación por la llegada de su nuevo hermano.
  3. Se le piden y exigen cosas diferentes por ser el hermano mayor.
  4. Se le riñe e impide hacer cosas habituales, utilizando siempre como argumento al nuevo hermano.

El niño siempre querrá teneros solo para él, en especial en sus primeros años, y con un hermano nuevo le será más complicado lidiar con eso. Puede sentir que la llegada del hermano es una fuente de inseguridad para él, viendo en riesgo su propio mundo.

¿Cómo saber si vuestro hijo tiene celos?

Puede que se comporte de forma agresiva en con la familia y en el colegio, e incluso puede autoagredisrse para intentar llamar la atención. Puede hacer comparaciones continuas con sus hermanos. Puede sufrir afecciones físicas como hacerse pis, tener nauseas, vómitos, diarrea, problemas de alimentación, alteración del sueño, ect.

Puede manifestar quejas y fingir afecciones como dolor de tripa, de cabeza o mareo. Puede estar susceptible en especial ante vuestros comentarios. Puede comportarse de forma más inmadura a su edad real.

Puede imaginar, o incluso tratar de hacer daño a sus hermanos, al tratarlo como su enemigo. Esto puede generarle culpabilidad que intentara subsanar con muestras de cariño desproporcionadas.

¿Qué hacer en caso de que sienta celos?

Antes de nada, no os asustéis y sed pacientes. Por desgracia, vuestro hijo va a pasar por los celos y van a darse cambios en la dinámica familiar, pero hay formas para reducir los efectos negativos de esta situación.

Es relevante involucrar al niño desde el primer día del embarazo, haciéndole partícipe de los preparativos que vais llevando a acbo para recibir al nuevo hermano.

Ayuda presentar al bebé al niño como una persona con sentimientos y deseos. Así al niño le podría generar curiosidad hacia el bebé y evitar que le vea como un incordio que le quita atención.

Pedidle que os ayude a cuidar del bebé. Esto le hará sentirse útil y valioso, y se empezará a sentir como un hermano mayor que tiene ciertas ventajas que su hermano menor no tiene. Es muy importante que el niño se sienta único e irremplazable, para que él también se sienta irrepetible y por tanto no tienda a compararse con su hermano.

Tratad de transmitir que vuestro cariño no se puede medir porque es ilimitado e inagotable, y por eso se puede compartir con el resto de hermanos. Haced saber al resto de la familia, amigos y vecinos que no presten toda su atención al recién nacido. Así se facilita la adaptación del niño al nuevo sistema familiar.

Una idea es generar situaciones donde solo él tenga atención, como juegos, tareas domésticas, etc. Igual que antes de la llegada del hermano.


El constante choque entre hermanos

Mientras que crecen, suele darse un reparto de roles entre ellos. Uno puede definirse por una cualidad (estudioso, inteligente,…) y suele desarrollarla y actuar como si fuera su papel asignado de antemano, distinguiéndole del resto. Esto genera envida en el resto de hermanos e incluso el rechazo total de esa característica, por lo que intentan buscar un papel propio dentro de la familia, como podría ser el rebelde, social, simpático, ect.

Resaltar los avances, aunque sean pequeños, de cada uno de ellos en sus diferentes áreas (Estudio, deportes, amigos), siempre comparándole con él mismo y nunca con los demás. Así aprenderá a valorarse y se evitará la envidia hacia el que sobresale en otras actividades concretas. Enseñadle que le queréis tal y como es, por lo que no tiene que ser ninguna otra persona, ni compararse para sentirse aceptado o querido.

Atended de forma paciente y prestando atención las quejas de vuestro hijo cuando se sienta que preferís a su hermano, para recordarle situaciones donde le hayáis demostrado vuestro cariño y apoyo.

Cuando los hermanos se pelean

En las relaciones entre hermanos es normal que pasen de estar jugando a pelearse donde se agredan físicamente. Por eso hay que evitar responsabilizar siempre al mayor cuando se dan peleas entre ellos, porque hará que se sienta tratado de forma injusta y fomentará los celos por el hermano menor. Cuando se estén pegando es importante que actuéis, de forma firme y contundente, para terminar la reyerta y evitar que se acostumbren a resolver sus problemas con peleas.

A la hora de criticar alguna conducta, lo mejor es que sean conductas concretas (“No está bien eso que has hecho”) que generalizar la crítica hacia el niño (“Eres muy malo”). Es importante que aclaréis las consecuencias de su comportamiento (“Si insultas a tu hermano se sentirá triste”). Es importante que le enseñéis alternativas posibles para resolver una pelea: “Cuando te estropee un dibujo, en lugar de pegar a tu hermano, dale una hoja para que él también pueda dibujar”.

Desde pequeño es necesario que le enseñéis a ponerse en el lugar del otro: “Cómo te sentirías si tu hermano te insultara?”. Podéis planificar actividades que generen cooperación entre hermanos para que aprendan a compartir sus cosas, tener que ayudarse mutuamente y respetar a los demás.

La educación que proporcionéis para favorecer la buena relación de los hermanos y evitar la envidia entre vuestros hijos, debe cumplir tres condiciones elementales:

  1. Proporcionar el cuidado y la atención específica a cada hijo teniendo en cuenta sus necesidades.
  2. Establecer una relación afectiva que le dé seguridad, evitando sobreprotegerle.
  3. Facilitar una vía de comunicación para que vuestro hijo pueda consultaros sobre cualquier cosa que le preocupe.

Conclusión

No es una tarea sencilla y es fácil no seguir éste ideal de paternidad, pero es que todos somos humanos y no es tan sencillo ser padre. Intentad todo lo posible, tened paciencia y recordad que nunca es tarde para mejorar las dinámicas en casa y si la tarea resulta demasiado difícil siempre podéis acudir a un profesional que pueda ayudaros.

Aprendiendo a ser padres: Los Amigos

Esta es una serie de artículos para orientar a padres, hermanos, educadores y cualquiera interesado en el conocimiento acerca de los distintos ámbitos que ocupan la vida de los jóvenes y adolescentes. Pero si tuviera que definir un “Target” (Un objetivo) diría que se trata de una serie de artículos para orientar a los padres en el complejo mundo que es su hijo.

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¿Qué es importante saber sobre la amistad?

Desde el momento en el que nacemos nos convertimos en seres sociales, ya que empezamos a compartir nuestra vida con las personas de nuestro entorno. La primera relación del niño se establece con sus padres, de modo que éstos pueden contribuir a desarrollar en sus hijos habilidades y formas de comunicación positivas que les permitan, más tarde, relacionarse de forma competente con sus iguales. Las relaciones con otros niños y amigos son muy importantes porque, desde la infancia a la adolescencia, proporcionan: Un espacio para juegos y diversión; Un espacio para aprender y ensayar diferentes papeles sociales; El ámbito adecuado para aprender a cooperar, a respetar al otro y a respetar las normas establecidas; Un importante apoyo afectivo.

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El primer año:

Es una etapa fundamental, ya que en ella se establece el vínculo afectivo entre el bebé y las personas más próximas: sus padres. Posteriormente, esto influirá de forma decisiva en su manera de relacionarse con los demás. Es imprescindible que, además de satisfacer sus necesidades físicas (Comida, sueño, higiene…) habéis, abracéis, beséis y estimuléis al bebé, para satisfacer sus necesidades emocionales. Actualmente, es cada vez más frecuente que el bebé vaya a la escuela infantil, por lo que comienza a relacionarse antes con otros niños.

Entre los 2 y los 3 años:

Se empieza a observar la preferencia por ciertos compañeros de juego y el inicio de actividades grupales, aunque los miembros del grupo cambian constantemente. Intentad dedicar parte de vuestro tiempo exclusivamente a jugar con vuestro hijo. Llevad a vuestro hijo a espacios infantiles que le permitan jugar con otros niños. Si es posible, salid con amigos que tengan hijos pequeños.

Entre los 4 y los 5 años:

Se empieza a depender cada vez más de los compañeros como fuente de satisfacción. El niño comienza a aprender cómo son las relaciones de amistad, al tiempo que desarrolla ciertas habilidades sociales. En esta etapa los padres podéis tener un papel fundamental a la hora de ayudar a vuestro hijo a establecer relaciones sociales.

Organizad actividades en casa o excursiones e invitad a otros niños. Permitidle que vaya a casa de sus vecinos o compañeros. Enseñadle a presentarse a otros niños o a pedir que le dejen jugar. Valorad la cooperación, para que vuestro hijo aprenda a compartir y a aceptar a los demás. Fomentad el diálogo con él y responded a todas sus preguntas. Iniciadle en juegos sencillos en los que se tengan que respetar ciertas normas.

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Entre los 6 y los 9 años:

En este período es muy importante la aceptación de los compañeros y permitirá saber si existen o no dificultades o puede haberlas en el futuro. Se empieza a distinguir claramente quién es un niño popular y quién es un niño rechazado por sus compañeros.

El niño popular: Es un niño que es aceptado por sus compañeros y tiene facilidad para conocer y  hacer amigos porque es activo y comunicativo. Tiene habilidad para solucionar los conflictos entre los compañeros. Se preocupa por sus amigos y les suele ayudar.

El niño rechazado: Cuando hablamos del niño rechazado, debemos distinguir dos causas y comportamientos diferentes de rechazo. Cuando el niño es rechazado activamente debido a su comportamiento agresivo y no respeta las normas de los juegos, queriendo ganar siempre; Cuando el niño es ignorado por los demás al tener poca seguridad en sí mismo y se muestra tímido, reservado, pasivo, temeroso y excesivamente sensible ante situaciones sociales.

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¿Cómo ayudar a vuestro hijo cuando presente dificultades para relacionarse?

Es necesario que ayudéis a vuestro hijo a adquirir seguridad, enseñándole a aceptarse, quererse y valorarse tal y como es. El primer paso para poder relacionarse con los demás consiste en encontrarse a gusto con uno mismo. Indicadle modelos positivos a los que imitar sin que deje de ser él mismo mediante demostraciones prácticas.

Es fundamental que vuestro hijo aprenda a: Interpretar la conducta de los demás, entender su punto de vista, admitir que el otro es diferente y aceptar al resto tal y como es; Hacer comentarios positivos o cumplidos hacia los demás y a saber recibirlos correctamente; Ofrecer su ayuda y a pedirla cuando sea necesario; Decir que no de una forma adecuada ante algo que no desea y a aceptar, a su vez, una negativa como respuesta; Iniciar conversaciones y a participar en ellas; Escuchar a los demás; Resolver conflictos por sí mismo; Compartir.

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Entre los 10 y los 11 años:

Se empiezan a formar las pandillas y es muy importante para el niño pertenecer a un grupo determinado, ya que éstos surgen por la necesidad de obtener cada vez más independencia de los adultos. Los miembros de un mismo grupo generalmente del mismo sexo, comparten valores e intereses y establecen ciertas normas que deben respetarse. Aparece una organización jerárquica (líderes y seguidores) y los intrusos son excluidos. La influencia de estos grupos suele ser positiva. Sin embargo, también puede ser negativa si las prácticas y los objetivos del grupo lo son (Agresiones, peleas, pequeños robos, consumo de drogas…).

Es importante que animéis a vuestro hijo a integrarse en grupos organizados y supervisados (deportivos, culturales…) Recordad que debéis lograr un equilibrio entre la supervisión de sus amigos y de las actividades que vuestro hijo realiza y el fomento de su independencia.

A partir de los 12 años:

El adolescente desea ser aceptado por un grupo determinado y comienza a prestar atención al sexo opuesto. Le preocupa lo que los demás piensen de él y es especialmente sensible a las críticas, ya que muchas veces la imagen que tiene de sí mismo depende de la opinión que de él tienen los demás.

En este periodo se produce un claro alejamiento de los padres y la fuente de satisfacción se busca en compañía de los amigos. Sin embargo, esto no significa que familia y amigos sean incompatibles, ya que el adolescente necesita de ambas para hacer una transición sana hacia la vida adulta. Los problemas aparecen cuando una de las partes, bien los padres, bien los amigos, tiene un papel predominante en prejuicio de la otra, o una de las dos no existe.

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¿Qué aportan los amigos a tu hijo?

Le permiten participar en actividades de ocio y recreativas; le brindan compañía y amistad; Con ellos aprende a desarrollar habilidades sociales; Le ayudan a reafirmar su identidad; Le proporcionan independencia de sus padres; Le ofrecen apoyo emocional en situaciones estresantes; Le sirven de confidentes; Le facilitan críticas y consejos que son aceptados y tenidos en cuenta; Le ayudan en sus primeras relaciones amorosas.

En general, no se pueden establecer normas fijas comunes para todas las familias. Cada una deberá valorar el grado de autonomía que puede dar a sus hijos siempre intentado conseguir un equilibrio entre la independencia que se debe fomentar en ellos y la supervisión. Es importante que conozcáis personalmente a los amigos de vuestro hijo e incluso también a sus familias, invitándolas a casa o en vacaciones.

Es preciso que evitéis continuos interrogatorios y un control tan riguroso que impida una comunicación fluida. Sin embargo, no evitéis ser firmes cuando resulte necesario. Es necesario evitar las críticas constantes hacia los amigos por su forma de vestir, peinar… ya que vuestro hijo siente que esas críticas están también dirigidas a él.

Es importante que tengáis en cuenta que toda prohibición tajante pueda conllevar tentación. Es fundamental estar abierto al dialogo para prevenir cualquier tipo de problema.

Conclusión:

Las relaciones sociales son fundamentales en la vida de cualquier persona. Vuestro hijo tendrá a imitar vuestra forma de relacionaros con los demás. Involucraros en la vida social de vuestro hijo, conociendo a sus amigos y mostrando interés hacia las actividades que realiza, a la vez que impulsáis su independencia y autonomía.

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Aprendiendo a ser padres: Las drogas

Este es el primero de una serie de artículos para orientar a padres, hermanos, educadores y cualquiera interesado en el conocimiento acerca de los distintos ámbitos que ocupan la vida de los jóvenes y adolescentes. Pero si tuviera que definir un “Target” (Un objetivo) diría que se trata de una serie de artículos para orientar a los padres en el complejo mundo que es su hijo.

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¿Qué es importante saber sobre las drogas?

El consumo de drogas es un fenómeno muy complejo y en el que intervienen muchos factores. Por eso es necesaria la prevención desde los diferentes ámbitos de nuestra sociedad. Los jóvenes consumen drogas por diversos motivos, tales como: La curiosidad, conseguir ser aceptados en un grupo, sentirse más independientes frente al mundo adulto y rebelarse contra la establecido, el deseo de correr riesgo y experimentar sensaciones nuevas, la diversión, olvidarse de los problemas a los que no saben enfrentarse y sentirse bien.

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¿Por qué se empieza a consumir drogas?

El consumo se inicia, generalmente, por curiosidad, porque se realiza con el grupo de amigos y como una forma más de diversión. En la mayoría de los casos este consumo no genera una drogodependencia, pero cuando las drogas se utilizan para evadirse e intentar resolver las dificultades a través de ellas se corre el riesgo de generar una adicción, entonces la droga se convierte en el eje central de la vida de una persona, con el consiguiente deterioro de sus relaciones familiares, sociales, escolares o laborales. El consumo y el modo de consumir las drogas por los jóvenes han cambiado en los últimos años. Cada vez está más extendido el consumo habitual durante los fines de semana, al estar socialmente aceptado en su grupo de edad.

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¿Cómo prevenir el consumo de drogas de vuestro hijo?

La relación que establezcáis desde el principio con vuestro hijo va a ser fundamental para prevenir un posible consumo de drogas en el futuro. Es necesario que busquéis el punto medio entre ser demasiado autoritarios o, por el contrario, excesivamente permisivos. La mejor forma de controlar el comportamiento de vuestro hijo es siendo firmes, pero también razonables. Es necesario, que, como padres y figuras de autoridad para vuestro hijo, establezcáis normas claras y coherentes, dejándolo espacio para que pueda actuar de forma autónoma en función de su edad y conducta.

Transmitirle siempre que le queréis, independientemente de lo que haga y aunque le castiguéis, ya que fomentará la confianza en sí mismo. Es fundamental crear un ambiente familiar que facilite una buena comunicación, estando siempre abiertos al diálogo. Esto favorecerá que vuestro hijo se acerque a vosotros cuando tenga que enfrentarse a situaciones difíciles. Es importante que, desde pequeño, fomentéis su independencia, permitiéndole que vaya asumiendo responsabilidades, pero, por supuesto bajo vuestra supervisión y reforzándoles cunado tome las decisiones adecuadas.

Ayudadle a aprender de sus propias experiencias, y no de las vuestras, salvo que os lo pida expresamente. Las normas contrarias al consumo deben quedar establecidas tanto para vosotros, como para vuestro hijo. Los padres sois el mejor ejemplo, ya que aprenderá tanto de lo que digáis, como de lo que hagáis. Orientad a vuestro hijo sobre el empleo de su tiempo libre:

  • Dándole a conocer las diferentes actividades que existen en su entorno más próximo;
  • Apoyando la relación de diferentes actividades para generar aficiones que puedan llenar su tiempo de ocio: Deportes, actividades en contacto con la naturaleza…;
  • Compartiendo actividades con él;
  • Implicándole en tareas sociales siendo miembro de alguna asociación.

Relacionaros con los amigos de vuestro hijo para conocer a sus gustos, intereses y actividades que realizan. Es importante que habléis con vuestro hijo sobre el consumo de drogas, dejando clara cuál es vuestra postura al respecto y resaltando los aspectos positivos de no consumir. Debéis tener en cuenta que una información aislada sobre las drogas y sus efectos no previene su consumo e incluso puede tener el efecto contrario y despertar su curiosidad. Después de la familia, la escuela es el mejor lugar para la prevención y donde también debe darse.

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¿Cómo detectar el posible consumo de drogas en vuestro hijo?

Existen ciertas señales de alarma que podrían indicar un posible consumo de drogas en vuestro hijo. Es necesario que estéis alerta ante cualquier cambio en su comportamiento, pero debéis tener mucho cuidado antes de achacarlo a un consumo de drogas, ya que puede ser consecuencia de los cambios frecuentes que se producen al llegar a la adolescencia o de otro tipo de problemas.

Tener un gasto excesivo dinero sin ninguna explicación; Pedir constantemente dinero, tanto a los padres como a personas cercanas, o estar involucrado en la desaparición de dinero en casa; Disminución del rendimiento escolar; Descenso de la asistencia a clase; Cansancio excesivo o, por el contrario, a veces, una agitación excesiva; Cambio en su comportamiento en casa: se vuelve más solitario, irritable y agresivo; Cambios en sus pautas de alimentación y sueño; Cambios de amigos e influencia excesiva de éstos; Pérdida de interés por actividades que antes realizaba; Desmotivación y pasividad, en general; Empleo repetido de la mentira para salir airoso de ciertas situaciones; Transformación en su forma de vestir, hablar y comportarse; Estar en posesión de objetos: Hierba, papelillos de liar…

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¿Qué podéis hacer si vuestro hijo consume drogas?

Será difícil confirmar el consumo de drogas de vuestro hijo, a no ser que le descubráis consumiendo, que alguien le haya visto, que llegue a casa en mal estado o que encontréis alguna sustancia entre sus pertenencias. Pero incluso, aunque ocurra ésto último, no podréis estar seguros ya que os puede decir que no es suyo porque se lo ha guardado a algún amigo.

No dramaticéis ni os desesperéis. Tened en cuenta que no todos los chicos que toman drogas llegan a convertirse en consumidores habituales. Antes de hablar con él, poneos de acuerdo en lo que le vais a decir y en lo que haréis al respecto. Es conveniente que le dejéis claro cual es vuestra postura: Que es perjudicial para él, que no vais a permitir su consumo y que puede contar con vuestra ayuda. Si sospecháis que vuestro hijo consume, es necesario que habléis con él de forma tranquila y sincera. Elegid un momento adecuado, donde haya cierta intimidad, con disponibilidad para escuchar y sin perder el control. Si vuestro hijo llega en mal estado, evitad cualquier enfrentamiento en ese momento y esperad a que esté en condiciones para hablar con él.

Debéis evitar centraros exclusivamente en el consumo de drogas y en los efectos que provoca a largo plazo, y sí en los cambios y desajustes que han podido motivar su consumo (“Estamos preocupados porque no sabemos lo que realmente te pasa…”). Evitad lanzar amenazas que no vayáis a cumplir. Es mejor esperar y saber hasta dónde estaríais dispuestos a llegar. Evitad señalar culpables, mostraos abiertos al dialogo y buscad con él las posibles soluciones analizando los motivos por los que consume. Estad muy pendientes de vuestro hijo, pero sin perseguirle ni acosarle, ya que esto produciría el efecto contrario y se alejaría de vosotros. Informaros sobre drogas y los recursos existentes en vuestro entorno y buscad ayuda profesional para evitar sentiros solos y desorientados.

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Conclusión

El mundo de las drogodependencias es muy complejo debido a que intervienen muchos factores. La familia tiene una importancia fundamental en su prevención desde la infancia más temprana, ya que en ella se sientan las bases de la educación, de los valores y de la forma de relacionarse. Si notáis que vuestro hijo ha empezado a consumir drogas no os culpéis y buscad asesoramiento profesional.

Aprendiendo a ser padres: Los valores

Este es el primero de una serie de artículos para orientar a padres, hermanos, educadores y cualquiera interesado en el conocimiento acerca de los distintos ámbitos que ocupan la vida de los jóvenes y adolescentes. Pero si tuviera que definir un “Target” (Un objetivo) diría que se trata de una serie de artículos para orientar a los padres en el complejo mundo que es su hijo.

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¿Qué es importante saber sobre enseñar valores?

La familia, al ser el primer entorno en el que los niños comienzan a relacionarse con los demás, también va a ser el lugar donde, día a día, van a aprender los distintos valores que después les ayudará a enfrentarse con éxito al mundo exterior. Los niños y adolescentes deben desarrollar estos valores dentro de la familia ya que a partir de las vivencias cotidianas y las relaciones con sus padres, hermanos, abuelos… es donde primero aprenderán a convivir, a compartir y a ayudar. Los padres podéis facilitar la educación en valores viviendo cada día con ilusión para fomentar que vuestro hijo se sienta a gusto y querido; Aceptando a vuestro hijo tal y como es, con sus particularidades pero creándole expectativas positivas y realistas; Buscando momentos que permitan que os reunáis toda la familia, en los que podías dialogar y compartir; Siendo un ejemplo a imitar por vuestro hijo.

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¿Cómo educar a vuestro hijo para  favorecer su crecimiento y desarrollo personal?:

Los valores que debéis fomentar son: La Responsabilidad, la Autonomía y la Independencia.
Es importante que al ejercer la autoridad con vuestro hijo no lo hagáis por el simple hecho de ser sus padres, sino que debéis conseguir que las normas que existan en vuestra familia las asuma como suyas y las acepte como guía de su comportamiento. Mientras vuestro hijo es pequeño es necesario que le deis pocas instrucciones, muy claras y muy concretas para que entienda perfectamente qué es lo que esperáis de él. A medida que vaya creciendo debéis explicar a vuestro hijo los motivos de vuestras peticiones e incluso pedirle opinión para intentar llegar a acuerdos.

Animad a vuestros hijos ante cualquier iniciativa que tenga, pero siempre supervisando que sea adecuada para su edad y ayudándolo a desarrollarla. Enseñadle a tomar decisiones por sí mismo y a saber elegir. Es conveniente proporcionar situaciones donde tenga que empezar a decidir: A: De pequeño, se sentirá orgulloso si le tenéis en cuenta a la hora de realizar ciertas compras, ayudar en casa, planear el fin de semana… B: Cuando vaya acercándose a la adolescencia, es conveniente que decida cómo administrar el dinero que le deis, su forma de vestir y peinarse, cómo organizarse para hacer las tareas domésticas encomendadas, dando un mínimo de orientación.

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Es importante que razonéis con él las consecuencias de su decisión, pero si no son peligrosas, la mejor manera de que aprenda es dejándolo equivocarse. Cuando vuestro hijo se equivoque debéis evitar comentarios tales como “Ya te lo advertimos” o “Nunca nos haces caso”, Porque podéis provocar que evite tomar decisiones la próxima vez, o con tal de oponerse a vosotros, las tome sin pensar. Cuando tenga un problema, será necesario que le impliquéis en la búsqueda de alternativas para solucionarlo, alentándole para que alcance una solución madurada. Será positivo que le dejéis tiempo para solucionar por sí mismo los problemas que se le planteen. Cuando consideréis que debéis intervenir, preguntadle antes como le gustaría que le ayudarais. Es importante que le expliquéis, mediante ejemplos, que todos sus actos tendrán consecuencias. También debéis decirle que en ocasiones esas consecuencias pueden ser negativas para ellos o para los demás, a fin de que aprenda a valorar los resultados de su comportamiento antes de actuar.

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¿Cómo educar a vuestro hijo para facilitar su relación con los demás?

Los valores que debéis fomentar son: Convivencia, Tolerancia, Respeto, Solidaridad, Justicia.
Es fundamental que fomentéis en vuestro hijo un estilo de vida sencillo que se base en el ser y no en el tener, para no llegar al consumismo imperante en nuestra sociedad. Es importante que enseñéis a vuestro hijo a no tener prejuicios y a aprender que todas las personas tienen los mismos derechos aunque las características de los otros sean diferentes a las suyas. Será positivo que enseñéis a vuestro hijo a valorar las diferencias de los demás y a conocer la diversidad cultural que existe incluso dentro de nuestro país, a través de viajes, visitas a museos, libros… Es necesario que enseñéis a vuestro hijo desde pequeño a respetar a los demás, no haciendo ruido si alguien está durmiendo, estudiando o realizando alguna tarea, no interrumpiendo conversaciones y respetando las cosas de los demás.

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Es importante que enseñéis a vuestro hijo a respetar su entorno más cercano: No tirando papeles al suelo, no pisando el césped, no rayando paredes , respetando turnos… Debéis animarle desde pequeño a hacer cosas por los demás. Cuando sea pequeño, pedidle que colabore en casa para, después, ir implicándole poco a poco en las necesidades de nuestra sociedad. Podéis proponerle que regale sus juguetes que estén en buen estado y que ya no use a otros niños más necesitados, o que dé parte de su dinero ahorrado. Es importante que a medida que vaya creciendo. Le ayudéis a conocer la realidad que le rodea para que aprenda a analizarla de forma crítica, comentando noticias de prensa, programas de televisión, libros… Favoreced el contacto de vuestro hijo con sus abuelos, para que les transmitan sus propias experiencias de la vida.

Proponedle que practique deporte y/o participe en asociaciones infantiles o juveniles, para favorecer la participación en grupos organizados que le permitan convivir y aceptar a otros niños. Es necesario que ayudéis a vuestro hijo a intentar ponerse en el lugar del otro, entendiendo y respetando sus sentimientos y opiniones. Es importante que vuestro hijo aprenda a escuchar las ideas y opiniones de los demás y las acepte como válidas aunque sean diferentes a las suyas. Debéis enseñar a vuestro hijo a aceptar los errores de los demás, diciéndole que nadie es perfecto y que incluso vosotros podéis equivocaros. Es importante que vuestro hijo aprenda a colaborar con los demás y que pida y/u ofrezca su ayuda cuando crea que puede ser necesaria.

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¿Cómo educar a vuestro hijo para favorecer su buen ajuste escolar?

Los valores que debéis fomentar son: Estudio, Perseverancia, Voluntad, Objetivos y Metas.
Será positivo que establezcáis con vuestro hijo los objetivos que le gustaría alcanzar y que le animéis a esforzarse por conseguirlos. Mostrad vuestra alegría por lo que va consiguiendo, exigiéndole poco a poco para que los logros se conviertan en hábitos. Valorad el esfuerzo que realice vuestro hijo cuando consiga algo por sí mismo y hacedle entender que no conseguir a veces los resultados esperados es normal, pero que descubriendo fallos cometidos, al final tiene éxito. Es importante que establezcáis prioridades y horarios determinados para realizar las diversas actividades. De esta forma vuestro hijo irá adquiriendo la capacidad de organizarse. Es conveniente que dediquéis todos los días un espacio de tiempo para saber cómo le h ido en el colegio y lo que ha hecho durante el día.

Intentad que vuestro hijo adquiera el gusto por saber, por conocer cosas nuevas, estimulando su curiosidad, bien contestando a sus preguntas espontáneas, o bien proponiendo vosotros mismos temas donde vuestro hijo tenga que pensar: Planead visitas a museos, conciertos, exposiciones y lugares de interés histórico; Fomentad el hábito de lectura en vuestro hijo dedicando parte de vuestro tiempo para leer todos juntos y adquiriendo de forma periódica publicaciones infantiles o juveniles. Es fundamental que participéis en sus juegos, aunque cambien con la edad, ya que permiten establecer lazos afectivos muy sólidos y le ayudan a desarrollar sus habilidades. Debéis tener en cuenta que las aficiones son importantes. Es conveniente que compartáis con vuestro hijo alguna adecuada a su edad, en la que no tenga que realizar un esfuerzo excesivo, pero que le plantee algún tipo de reto.

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Conclusión:

Uno de los aspectos más importantes para educar en valores a vuestro hijo es favorecer el diálogo entre todos los miembros de la familia, creando un ambiente donde todos os sintáis queridos y respetados. Es fundamental que escuchéis de forma activa a vuestro hijo y mostréis interés por cualquier área de su vida.

Aprendiendo a ser padres: El control de Esfínteres

Este es el primero de una serie de artículos para orientar a padres, hermanos, educadores y cualquiera interesado en el conocimiento acerca de los distintos ámbitos que ocupan la vida de los jóvenes y adolescentes. Pero si tuviera que definir un “Target” (Un objetivo) diría que se trata de una serie de artículos para orientar a los padres en el complejo mundo que es su hijo.

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¿Qué es importante saber sobre el control de esfínteres?

Es importante establecer unos «Standars»: La edad en la que los niños controlan habitualmente sus esfínteres oscila entre los 18 y 30 meses, siendo la maduración nerviosa una condición indispensable para alcanzar dicho control. La secuencia del control de esfínteres es: Primero de los 18 meses a los 2 años los niños suelen lograr el control anal tanto nocturno como diurno; Poco tiempo después el niño anticipa la sensación de hacer pis y/o decir que está mojado; A partir de los 2 años, se produce un incremento en la capacidad de la vejiga y se inicia el control: primero, de días y algo más tarde, de noche. Entre los 3 y los 4 años debe haberse logrado tanto el control diurno como el nocturno.

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¿Cómo enseñar a vuestro hijo a controlar sus esfínteres?:

Es necesario que enséñeis a vuestro hijo a controlar la orina cuando haya adquirido la capacidad para caminar de forma firme y rápida y empiece a decir que quiere hacer pis, aunque ya se lo haya hecho encima. Es importante que le quitéis los pañales para que aprenda a diferenciar entre estar seco o mojado. El verano es una buena época para enseñarle, porque no resulta tan incómodo si se producen fallos y se moja. Al principio, es conveniente estar pendiente de las horas en las que orina y del tiempo que pasa entre una y otra micción. Una vez que calculéis las horas en las que vuestro hijo puede necesitar ir al baño, proponedle que utilice el orinal o el inodoro, pero nunca le deis demasiado tiempo, porque podría provocarle rechazo.

Es conveniente permitir que vuestro hijo pase al baño y vea cómo usáis los demás el inodoro, para que intente imitaros. Actualmente, existen suplementos que se pueden acoplar al inodoro y que a vuestro hijo le gustarán más que el orinal, porque le permiten imitar mejor el comportamiento de los adultos. Para conseguir que vuestro hijo retenga durante más tiempo su orina, es conveniente enseñarle, como si fuera un juego, a cortar y soltar el pis cuando vaya al paño. Es importante que felicitéis a vuestro hijo cada vez que lo consiga y nunca le castiguéis o critiquéis si no lo logra. Es fundamental que ayudéis a vuestro hijo a bajarse y volver a subirse la ropa interior, pero no hagáis las cosas por él.

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Problemas de la eliminación:

  • La enuresis: Es la falta de control en la emisión de orina, sin causa orgánica que lo justifique, a partir de los 4 o 5 años. La enuresis puede aparecer durante el día (Diurna), solo durante la noche (Nocturna), o en ambas situaciones (Mixta). En algunos casos se produce todos los días y en otros de forma esporádica. Aunque la mayoría de las enuresis son primarias (Cuando el niño nunca ha controlado la orina), también se pueden dar las secundarias (Cuando, después de haber pasado un periodo de tiempo controlando la orina, el niño vuelve a hacerse pis). Estas últimas suelen coincidir con algún acontecimiento negativo o estresante. La enuresis es uno de los problemas más comunes a los que se enfrentan los padres en los primeros años de vida de su hijo. Si aparece, es necesario que un profesional determine cuáles son sus posibles causas: Antecedentes familiares de enuresis, sueño muy profundo, fallos en el entrenamiento de los hábitos de limpieza, acontecimientos estresantes.

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    ¿Qué hacer ante el niño enurético? Ante todo, es fundamental que no hagáis un drama, demostrando a vuestro hijo que confiáis en que sea un problema pasajero. Tened en cuenta que cada niño es diferente, por lo que debéis evitar comparar a vuestro hijo con otros niños (Hermanos, amigos, vecinos…). Por norma general, prestad atención a vuestro hijo, alabadle cuando consiga no mojarse. Nunca le castiguéis ni le recriminéis si tiene fallos. Podéis recompensar los logros de vuestro hijo, dándole un premio especial cuando consiga no mojar la cama un determinado número de noches. También podéis recurrir a los diferentes aparatos que existen en el mercado para solucionar el problema de la enúresis. Su funcionamiento consiste en la activación de una alarma ante las primeras gotas de orina, produciendo dos efectos: Se detiene la emisión de orna y el niño se despierta.

    Es importante que impliquéis a vuestro hijo para resolver el problema, sin recriminarle: Eseñándole que no debe ingerir líquidos antes de acostarse. Enseñádle a ir siempre al baño antes de dormir. Apuntando con él, en un gráfico, qué noches se hace pis y cuales no. Ayudándolo a responsabilizarse de retirar la ropa mojada (Pijama y sábanas). Evitando ponerle pañales, porque dificulta que el niño aprenda a recibir las señales que le avisan de que desea hacer pis, aunque si podéis colocar en su cama un plástico para proteger el colchón.

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    Es conveniente que entrenéis a vuestro hijo a aguantar la orina, para aumentar la capacidad de su vejiga. Cuando os indique que desea ir al baño, pedidle que aguante cinco minutos. Una vez pasado ese tiempo, el niño irá al baño y se le debe felicitar por su esfuerzo. Paulatinamente se irán subiendo los minutos, para que pueda aguantar más fácilmente. También podéis despertar a vuestro hijo por la noche para que vaya al baño, pero es importante que se despierte del todo y que sea plenamente consciente de lo que está haciendo. A partir de los 5 años, es conveniente que acudáis al pediatra y al psicólogo, para descartar causas orgánicas y determinar la mejor forma de actuación. También existe medicación específica que se utiliza en los casos de enuresis, pero siempre debe administrarse bajo recomendación y supervisión médica.

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  • La encopresis: Es la falta de control en la evacuación de heces, sin causa orgánica que lo justifique, a partir de los 4 años. Aunque es un problema menos frecuente que la enuresis, si aparece es necesario que un profesional determine cuáles pueden ser sus posibles causas: Estreñimiento, problemas durante el entrenamiento de ir al baño, situaciones de estrés, dificultades familiares.¿Qué hace ante el niño encoprético? Al igual que los casos de enuresis, es importante que impliquéis a vuestro ijo para resolver el problema, sin recriminarle: Enseñadle a adquirir la costumbre de sentarse en el inodoro durante unos minutos, dos veces al día, al levantarse y después de la comida. Elaborando con él los horarios de defecación. Apuntando con él, en un gráfico gráfico, los éxitos y los fracasos, premiando cada éxito. Ayudándole a responsabilizarse de la limpieza en los episodios de encopresis. Alabando sus esfuerzos e interés por resolver el problema. Es fundamental que evitéis bromear, criticar y, por supuesto, castigar a vuestro hijo cuando se ensucie, porque afectará negativamente en su autoestima. Es conveniente que acudáis al pediatra y al psicólogo, para determinar si existe o no causa orgánica y determinar la mejor forma de actuación.

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Conclusión:

No existe una edad fija para que vuestro hijo empiece a controlar sus esfínteres. Llegará a hacerlo cuando esté preparado. Si sois demasiado estrictos o, por el contrario no le enseñáis, puede que tenga dificultades. Es conveniente no desatender este tipo de problemas, ya que suelen producir sentimientos de culpa tanto en vosotros como en él y un aumento de la tensión en el ambiente familiar. Para evitarlo, consultad con el pediatra, que determinará si existe una alteración orgánica. Una vez descartada es importante acudir al psicólogo para que analice y valore la mejor forma de actuación.

Aprendiendo a ser padres: La autonomía y la responsabilidad

Este es el primero de una serie de artículos para orientar a padres, hermanos, educadores y cualquiera interesado en el conocimiento acerca de los distintos ámbitos que ocupan la vida de los jóvenes y adolescentes. Pero si tuviera que definir un “Target” (Un objetivo) diría que se trata de una serie de artículos para orientar a los padres en el complejo mundo que es su hijo.

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¿Qué es importante saber sobre la autonomía y la responsabilidad?

Primero, definamos: Autónomo es aquel que no depende de otros para cumplir una función; Y responsable es aquél que es consciente de sus obligaciones. El papel de los padres en el desarrollo de la autonomía y responsabilidad en el hijo es innegable, ya que son el modelo a seguir, correctores y guías (Sobre todo en las primeras fases del desarrollo). Como la edad a la que los niños adquieres autonomía es flexible y sus márgenes son amplios, no todos los niños aprenden a leer, o a controlar sus esfínteres a la misma edad. Es importante tener en mente que cada niño tiene unas características propias que le diferencian de los demás.

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Grados de responsabilidad:

  • De 0 a 2 años: Grado muy bajo de autonomía y depende de vosotros. A partir del tercer mes comienza a mostrar conductas intencionales (reconoce, mira). Al cuarto o quinto mes, manipula objetos activamente. Al final del primer año de vida empieza a andar, por lo que puede ir ampliando su mundo y empieza a comunicarse señalando de forma activa e incluso pronunciando sus primeras palabras.
  • De 2 a 7 años: La adquisición más importante es el lenguaje, que le permite relacionarse con sus iguales. Juega con otros niños y hace “ensayos” de la vida real que le sirven de entrenamiento. A partir de los tres años asume costumbre básicas (comida, higiene, el sueño, control de esfínteres, ect.) Por eso, es muy importante que vosotros le demandéis cierta disciplina. El control de esfínteres se afianza, aunque de noche puede haber dificultades, para los 5 años debe tenerlo prácticamente logrado. Es aconsejable tener una rutina par air a dormir para que lo haga él solo y cuando se le indique. Con los juegos, reclama cada vez menos vuestra atención. También podeis pedirle que coopere en las tareas de casa: Poner la mesa, ordenar la ropa y/o su cuarto.
  • De 7 a 12 años: Los amigos empiezan a ganar más peso para el niño. Aumenta su capacidad de cooperación. Atiende a los razonamientos del otro, por lo que es la etapa en la que se fija el respeto mutuo. Comienzan los juegos de reglas, donde “ensaya” nociones básicas para la vida, siendo capaz de reflexionar antes de actuar.
  • Adolescencia: La entrada en la adolescencia supone un momento de grande cambiso y de malestar para el niño y para vosotros. Surgen la necesidad de identidad y búsqueda de independencia. El adolescente pone a prueba los modelos conocidos y las figuras de autoridad para ver si aguantan. Consolida su esquema de valores y se afianza en su grupo de iguales.

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Modelos educativos «Inadecuados»:

  • Punitivo: Cuando los métodos para conseguir que las normas se cumplan son la agresividad y la intimidación, el niño puede sentir miedo e inseguridad, o por el contrario, agresividad desmedida y frustración. Es importante que enseñéis que la agresividad no es el modo de conseguir las cosas (Como podíamos ver en el artículo anterior sobre agresividad) y también que sus opiniones tienen valor y merecen ser escuchadas. Sin escucha, no podrá darse la comunicación.
  • Sobre-Protector: Cuando se anticipan a las dificultades del niño, impidiendo que se equivoque. El niño cree que siempre habrá alguien para resolver sus problemas y que la responsabilidad de su bienestar está en otra persona, esto genera dependencia de ellos. Surge en el niño miedo hacia lo nuevo y lo desconocido. Enseñad a afrontar las dificultades y a aceptar que en ocasiones se equivocará, sin que esto le hunda. Acompañadle en el aprendizaje de sus propios errores, pero no los viváis por él.
  • Permisivo: La creencia de que el niño tiene el derecho a expresar sus deseos de cualquier modo y que es su función la de facilitar que se cumplan siempre. El niño piensa que lo único importante son sus necesidades y conseguir sus deseos al momento. Enseñad que sus deseos no se anteponen a cualquier cosa (Ni los de los demás) ni se consiguen sin ningún tipo de esfuerzo o porque é “Lo quiere”. Enseñarles a conseguir las cosas es algo que requiere tiempo.

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Modelo educativo adecuado:

Primero Acompañad al niño en sus dificultades y ayudadle a superar su frustración pero no evitándoselas. Enseñadle que la agresividad no es respetuosa ni tolerante con los demás y que vosotros valoráis su opinión. Todos sus comportamientos tienen consecuencias, positivas y negativas. No os mostréis, pues, permisivos con sus comportamientos inadecuados. Mostradles, de modo claro y estable, cuales son los límites a su conducta. No dudéis en aprobar y alabar su comportamiento adecuado. Debéis enseñar al niño que sus logros y sus capacidades son algo que le pertenecen, y que él mismo puede superarse.

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¿Qué es hacer a vuestro hijo responsable?

Preparadle para afrontar el mundo adulto. Los juegos de reglas que él conoce ahora se extienden también a las relaciones sociales de su vida. Potenciad su autoestima y la confianza. Enseñareis al niño a saber cuándo está haciendo bien las cosas y cuándo no. Preparadle para que tome sus propias decisiones sin miedo. Dadle la oportunidad de sentirse válido. Permitidle disfrutar de su individualidad responsable y respetuosa. Y pedid que el resto de personas se muestren con él igualmente responsables y respetuosos.

Capacitadle para decir No a las cosas que no quiere (Drogas, violencia, sexo, valores…) de una manera asertiva, sin dañar a los demás ni sentirse mal por ello. Ser críticos con las cosas que le suceden y con las opiniones de los demás. Enseñadle a desarrollar su autonomía económica, sentimental, afectiva, ect. Enseñadle a controlar su propia conducta impulsiva y animadle a que siga avanzando en sus éxitos.

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¿Cómo poner límites a una conducta no responsable?

Haced ver que su conducta trae consecuencias. Si el niño pega a su hermano, es inadmisible y debe tener unas consecuencias que supongan algún coste para él. Si besa y escucha a su hermano, hacedle ver que eso os gusta y lo aprobáis. Reforzadle, ya que vuestra aprobación es muy importante para él, aunque no os lo diga. Se siente valioso cuando le decís que os gusta cómo recoge su ropa después del baño. Hacedlo, aunque sea su obligación, ya que así aprenderá a disfrutar también con las cosas que debe hacer. Dejadle claro qué cosas no se pueden hacer en casa. Sólo de esta forma él sabrá, exactamente, cuándo se ha saltado los límites. Explicadle también qué ocurrirá si él se salta ese límite. Enseñadle que su conducta se puede reparar. Pedidle que os ayude a limpiar y recoger los espaguetis del suelo, si los ha tirado, pero no le digáis que es un “Inútil”.

Mostraos constantes en vuestras respuestas, es algo que el niño necesita. Si siempre respondéis igual le estáis enseñando a ser consecuente y responsable con su propio comportamiento. De otra forma, si los límites son cambiables, crece en el niño la incertidumbre, el miedo y la inconsecuencia de su conducta. Confiad en él, en sus capacidades y en sus criterios para hacer las cosas. Aceptad que el niño puede tener dificultades o problemas en el cumplimiento de las normas. Su desobediencia no debéis entenderla siempre como un gesto de maldad o desconsideración hacia vosotros. Cuando se salta una norma, preguntadle cuáles han sido sus motivos para incumplirla. Sed razonables pero firmes en vuestras normas. Cuando vuestro hijo se enfada con vosotros no es a vosotros a quienes rechaza, sino a la norma. Al principio, el niño intentará alargar la hora de volver a casa; mostradle que estáis dispuestos a flexibilizar y ceder un poco, pero nunca iréis más allá de lo que vosotros consideréis razonable.

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No rechacéis valores personales de vuestro hijo, sino comportamientos concretos. Si tu hijo hace algo mal, no es que sea un “inútil”, un “vago”, o un “egoísta”, sino que ha hecho algo que no está bien. No le digáis que es un “vago”, decidle que no os gusta cunado no estudia. Cambiad el modo de decirle las cosas. Decidle: “Espero que hagas tu cama porque sé que eres capaz de hacerlo”. De esta forma dais al niño control sobre su conducta, demostráis que confiáis en él y que le pedís un comportamiento adulto. Enseñadle a ponerse en el lugar del otro. Así mostrareis a vuestro hijo cuáles son las consecuencias de sus conductas sobre los demás. No utilicéis esto como chantaje afectivo. Si llega tarde a comer eso implica que la comida se queda fría o que hay que empezar a comer sin él y eso no os gusta. No le digáis que es un “egoísta” y “que no valora vuestros esfuerzos con él”.

No os coloquéis en el ideal de perfección. Es normal que haya pequeñas discusiones en casa, o momentos de desacuerdo con vuestros hijos. Haced que el hogar le proporcione sentimientos de seguridad para poder salir al mundo sin agresividad o vulnerado los derechos de los demás. No repitáis mensajes, porque estos perderán su valor. Es mejor decir las cosas pocas veces, de una forma firme y cuando realmente os está escuchando, que repetirlas muchas veces sin conseguir nada.

Conclusión:

La autonomía y la responsabilidad son cualidades que se adquieren en el proceso de aprendizaje y no son características que vuestro hijo posea en el momento de nacer. La convención sobre los derechos del niño recoge en uno de sus artículos la obligación de “(…) preparar al niño para asumir una vida responsable en una sociedad libre (…)”. Cuando el niño cumpla 18 años la sociedad le pedirá que sea responsable. Que tenga esas competencias dependerá del camino que habréis recorrido con él.

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Aprendiendo a ser padres: La agresividad

Este es el primero de una serie de artículos para orientar a padres, hermanos, educadores y cualquiera interesado en el conocimiento acerca de los distintos ámbitos que ocupan la vida de los jóvenes y adolescentes. Pero si tuviera que definir un “Target” (Un objetivo) diría que se trata de una serie de artículos para orientar a los padres en el complejo mundo que es su hijo.

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¿Qué es importante saber sobre agresividad?

La agresividad puede ser física o verbal. No todos los niños que manifiestan agresividad verbal pasan a la física, pero, ambos tipos están fuertemente relacionados.

Si no se controla pronto, la agresividad del infante afectará negativamente en su desarrollo. Pudiendo desembocar en un comportamiento violento cuando crezca.

El niño agresivo no se encuentra a gusto consigo mismo ni con los demás presentando dificultades en las relaciones sociales. Controlar el comportamiento agresivo no quiere decir volver pasivo e indefenso al niño. Como la mayoría de comportamientos agresivos son aprendidos, pueden aprender a actuar de forma no agresiva.

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¿Qué puede provocar conductas agresivas en el niño?

No hay un solo factor el detonante de la agresividad, sino la unión de varios. A saber:

  • Tipo de sociedad: La sociedad actual promueve la agresividad y la competitividad individualista. Este tipo de mensajes cala en los niños y adolescentes
  • Entorno social: El niño aprende del entorno y es fácil que cuanto más agresivo sea, más cosas consiga reforzando esas conductas agresivas.
  • Medios de comunicación: La televisión tiene mucho contenido violento y si está desregulado y fuera del control de los padres, puede ser una mala influencia.
  • Factores biológicos: Hay, evidentemente, factores fisiológicos que pueden desencadenar una mayor tendencia a las conductas violentas.
  • Relaciones familiares: Las relaciones entre miembros de la familia son muy importantes en la producción de la agresividad. Si los padres son agresivos con el niño facilitan que su hijo se relacione de forma agresiva con los demás.
  • Estilo de educación: Tanto unos padres negligentes como una educación excesivamente estricta puede desencadenar conductas agresivas en los niños y adolescentes.
  • La edad: Las conductas agresivas de los niños son frecuentes y hay que controlar un poco como se manifiestan para que no se acentúen con el crecimiento. En la adolescencia puede llegar a desembocar en comportamientos violentos.

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¿Cómo prevenir la agresividad?

Hay que resaltar la importancia del ambiente familiar y la forma de relacionarse en casa para la prevención de conductas agresivas.

Se recomienda el uso de un lenguaje correcto, para mostrar el desacuerdo de forma pacífica y respetuosa. Es importante enseñar a poner en palabras las emociones y sentimientos porque le permitirá reducir la ansiedad. Premisas como: Sabemos que estás enfadado. ¿Qué es lo que te enfada? ¿Qué crees que te haría sentir mejor?

Es importante que entienda que el enfado es natural, a veces ocurre. Pero, que se debe controlar y expresar de forma adecuada. También evitar que vea programación de contenido violento no apto para su edad y sin vuestra supervisión. Puede que tienda a imitar formas violentas como actos normales por culpa de los cánones violentos de la televisión.

Si se da una situación violenta ajena, podeis aprovechar para mostrarle que esa no es la forma de solucionar las cosas (Televisión, agresiones en la calle, cualquier ejemplo espontaneo vale) y aprovechar para enseñarle alternativas saludables. La práctica de deportes por ejemplo, es una buena forma de encauzar su energía. Los más recomendables son los que además de canalizar su energía le enseñen a respetar las reglas del juego y al adversario, no incidir en la cara más competitiva del deporte.

Es recomendable que el niño practique actividades en grupo con otros niños para que aprenda a trabajar en equipo. Además de transmitir a vuestro hijo que la agresión no es la forma de comunicarse, le debéis de enseñar a defenderse y a no aceptar la agresión de los otros. Si aprende a defenderse no asumirá el papel de víctima. Confiará en sí mismo y podrá afrontar la agresión de los demás poniendo limites.

Es importante que enseñéis a vuestro hijo a quererse y aceptarse tal y como es para que tenga un buen concepto de sí mismo. Aunque no es recomendable que presencie conflictos entre vosotros, a veces es inevitable. Intentad explicar que a veces discutís y resolvéis vuestros conflictos dialogando.

Si notáis que se crea una situación conflictiva con vuestro hijo, intentad mantener la calma. Y si no pudierais, recurrir a salir de la habitación para más tarde volver y plantear buscar una solución.

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¿Cómo actuar ante la agresividad?

Es importante que desde pequeño corrijáis las conductas agresivas del niño. Desde insultar, a hacer daño a otras personas o animales. Es fundamental que ambos tengáis la misma opinión respecto a las conductas agresivas.

Evitad prestar atención cuando de pequeño diga alguna palabra subida de tono. Porque a veces os hará gracia y otras le reprochareis que la use y eso le desconcertará. Si le escucháis insultar, decidle que eso no se hace, pero sin gritarle.

Si le escucháis algo parecido a “Es idiota, me ha cogido…” le podéis decir que muestre ese mismo enfado, pero usando unas palabras más adecuadas. Ayudad a controlar el enfado de vuestro hijo poniendo límites, dejadle claro que no consentiréis que golpeé o insulte: “Sabemos que estás enfadado, pero no vamos a consentir que pegues… Hoy no verás la tele”.

Aunque debéis recriminar las conductas agresivas, también es imprescindible reforzar las conductas no agresivas. Si utilizáis excesivamente el castigo podéis provocar el efecto contrario. Cuando esté “no agresivo” decidle lo bien que os sentís cuando se comporta así.

Cuando regañéis a vuestro hijo porque ha agredido, centraros en esa conducta específica que está mal, no lo descalifiquéis a él como persona con premisas como “Qué malo eres”, sino más bien “Eso está mal”. Evitando así que se identifique con el rol de “Niño malo”.

Debéis prestar especial atención a los avances que hace. Si notáis que está esforzándose en cambiar o comportarse mejor, evitad hacer referencias al comportamiento anterior. Aunque vuelva a realizar alguna conducta violenta.

Controlar el comportamiento agresivo del niño con castigos físicos, lejos de ayudar a prevenirla, acentúa las conductas agresivas en él.

Es importante que no sólo le prestéis atención cuando hace conductas agresivas. Porque aprenderá que es la única forma que tiene de conseguir atención.

Si las conductas agresivas de vuestro hijo van en aumento u os sentís incapaces de controlarlas, buscad ayuda profesional.

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