Yo vivo por mis hijos

Vivo por mis hijos

La publicación de hoy es más bien una reflexión sobre la dinámica entre padres e hijos, y cómo se juega el deseo entre ellos. Hay una página en Instagram que sigo y me encanta pues es una fuente muy rica de reflexiones. La misma simula el final de una sesión de análisis, donde el analizante habla y el analista le interpreta para luego decir: “Terminamos por hoy.”

Hace unos días leí una publicación acerca del deseo de los padre hacia sus hijos. El analizante dijo: “Yo vivo por mis hijos.” A lo que el analista respondió: “¿La vida de ellos? … Terminamos por hoy.” Tú que tienes hijos, ¿te removió algo esta frase? Y si no los tienes, eres hijo si duda. ¿Te resuena en algo a la relación con tus propios padres?

 

Universo simbólico del bebé

Mundo simbolico

Desde antes de nacer, el bebé se encuentra inmerso en un universo simbólico. El mismo está constituido por el lenguaje como estructura, y los deseos de sus padres con respecto a él. Ya desde antes de nacer, sus padres lo soñaron e imaginaron un futuro que en el mejor de los casos será un propio. Escogen su nombre con mucho cuidado o al azar, pero siempre con componente inconsciente importante. El otro día en consulta le pregunté a sus padre por qué escogieron el nombre. Me contaron que la primera sílaba es la primera del nombre del padre, y la última sílaba es la última del nombre de la madre. “Así tiene algo de los dos, se parece en una cosas a mí y en otras a ella.”, comentan los padres.

En otros casos, será la continuación del futuro truncado de alguno de sus padres. El bebé llegará como un Mesías a cumplir los sueños rotos, los planes inconclusos de sus progenitores. Puede ser a través de alguna actividad que lo defina, y en la cual el padre no pudo realizarse. Pero no se limita a este tipo de situaciones. ¿Qué pasa cuando vive la vida de ellos?

Es fundamental, ante los hijos pensar en qué contexto este niño o esta niña fue concebido. Sus padres quieren para él o para ella un futuro propio como sujetos de su deseo. O más bien, lo toman como un objeto de satisfacción de sus propios deseos.

 

Necesidad y demanda

El deseo es un concepto fundamental del Psicoanálisis para comprender los procesos del sujeto. Puede vincularse en parte con la noción común de deseo, como algo que motiva al sujeto. Lo cierto es que surge en la infancia, y luego se manifiesta en los sueños, las fantasías, la psicopatología de la vida cotidiana, entre otras producciones psíquicas. En Psicoanálisis se distingue el deseo de la necesidad y la demanda.

La necesidad está ligada al instinto de supervivencia de una especie. Mediante la misma, un ser vivo busca un objeto que la pueda satisfacer por completo. Estas circunstancias ocurren primordialmente en el mundo animal, donde hay un objeto que puede colmar esa necesidad. Mientras que en el ser humanos, el instinto pasa por lo psíquico. Lo que nos mueve es la pulsión, un límite entre lo físico y psíquico. La misma no tiene un objeto específico que lo satisfaga.

 

Surgimiento del deseo

Volvamos al tema de los padres en relación con sus hijos. Cuando un bebé llora, la madre interpreta esto como una demanda. Digamos que lo hace por hambre, pero no puede interpretar aún esas sensaciones corporales e identificarlas como la necesidad de comer. En el mejor de los casos, la madre lo satisface pero también lo introduce en el campo del lenguaje. Ella construye una interpretación y le dice a su bebé: “Es hambre, quiere comer.”

Además de alimentarse y satisfacer la necesidad de hambre, el bebé empieza a chupetear. Esto le causa un placer que va más allá de la alimentación misma. Cuando la madre hace lugar a la falta en la satisfacción de esa demanda, el niño entra en la dimensión del deseo. Este es insatisfecho y de allí en adelante el bebé busca revivir esa primera experiencia de satisfacción en la realidad o en la fantasía.

El concepto psicoanalítico de fantasma se refiere a la respuesta que da el sujeto ante la pregunta sobre el deseo del Otro. En las palabras de la madre siempre hay algo incomprensible, y el niño se pregunta: ¿qué quieres? La madre demanda algo que le falta, y el niño se ubicará como ese objeto que la completa. Pero en el fantasma se incorpora la presencia del sujeto en la escena.

 

Niños y niñas «Amo»

niños amo

Hoy en día ocurre un fenómeno particular en relación con la crianza de ciertos hijos. Los padres procuran vivir sus vidas a través de sus hijos. A veces reconocen en ellos un atributo particular que los hace extremadamente especiales. En otros casos, hay un cierto grado de culpa por errores cometidos con respecto a este hijo o a otra figura significativa. En cualquier caso, la madre o el padre hacen de este hijo un objeto y le dan todo. No le permiten tener su propio deseo pues colman cualquier vestigio de falta, incluso antes de que se perciba.

Estos son los niños o niñas amo, y actualmente ya adultos con este funcionamiento. Son personas a quienes no les ha faltado nada, pues sus padres constantemente se desviven por satisfacer cada una de sus necesidades, deseos y hasta caprichos. Los padres hacen lo mejor que pueden con lo que tienen. No son conscientes del daño que causan a sus hijos una vez éstos sean adultos. Principalmente, se sienten merecedores de todos los privilegios sin realizar ningún esfuerzo, y lo que es peor, sin desearlo. Es un rasgo un poco perverso a veces, en el sentido psicoanalítico. Pues es su ley la que vale, por encima del resto.

Vemos infinidad de casos de lo que se conoce comúnmente como “adolescentes tardíos”. En muchas ocasiones, no son más que niños amo, incapaces de esforzarse por nada, porque no tienen un deseo propio por nada. Todavía dependen de sus padres, no sólo económicamente, sino emocionalmente. Estos padres por su afán de que sus hijos cumplan su propio éxito frustrado, han fracasado nuevamente.

adulto inmaduro

 

¿Qué necesita un niño?

Como hemos visto, el deseo del sujeto se configura en relación con el deseo del Otro, quien cumple la función materna. El niño necesita que la madre desee para él un porvenir propio. Si el niño se convierte en su objeto de satisfacción esto es imposible. Por otro lado, si colma al niño con todo lo que cree que el necesita se colma la falta. Entonces, éste será incapaz de desear por sí mismo.

En la consulta privada y en mi trabajo como consejera en un colegio soy testigo de esto a diario. En esta época donde la tecnología es tan importante, nos encontramos con niños que tienen todos los gadgets que se puedan imaginar. Sin embargo, no tienen el tiempo compartido con sus padres, no tienen quien los escuche.

Hay un momento en el que el bebé es realmente todo para la madre, y es necesario que sea así para su supervivencia. Sin embargo, debe haber un corte o límite entre ambos. Generalmente, lo cumple el padre –o quien cumpla esa función. De allí en adelante, se reproducirá esa experiencia toda vez que el sujeto sea se enfrente con un límite a su satisfacción inmediata y/o completa. Esto le permite vincularse con otras personas en el futuro, de un modo no egocéntrico.

amor y limites

De no darse estas condiciones, encontraremos vagos emocionales, personas carentes de un deseo propio. También se ven niños o adultos amos, convencidos de que se merecen el mundo sin mover dedo para conseguirlo. En fin, un niño necesita el amor de sus padres, el deseo de estos de un futuro propio como sujeto, y límites a sus satisfacciones de modo que pueda vivir en sociedad. No vivir para ellos, ni la vida de ellos… sino vivir la vida con ellos.

 

Fuentes:

Padres, hijos y abuelos: El trío Lalala

Ya sabemos el dicho ese de «tres son multitud» y el de «donde hay patrón, no manda marinero». Y es que con la llegada del primer bebé, cuando los padres se convierten en abuelos… la ilusión y la tensión toman el timón a partes iguales.

Hay que tener en cuenta que con el nacimiento de un/a hij@, no sólo aparecen los roles parentales, si no que «nacen» también los roles de los abuelos y las abuelas. Y ante este nuevo estatus, lo que antes servía, ahora no. Hay que desmontar y volver a construir. Como los playmobil.

Con la llegada de la tercera descendencia, en realidad, toda la estirpe se vuelve un poco loca, siendo el bebé el centro de todos los miedos inconscientes y deseos escondidos en ambas generaciones. Así pues, la avidez de infancia puede, si no se toman medidas, crear tensiones y amplios desacuerdos.

Contextualizando el terreno

Teniendo en cuenta la diversidad, -porque excepciones siempre las hubo y las habrá-, por lo general en España gozamos de un tejido familiar muy rico y de unas relaciones intergeneracionales que son más cercanas y cálidas que en otros países europeos. Esto tiene muchas ventajas como, por ejemplo, la fuerte red de apoyo informal que existe entre los miembros de las familias, que supone,- todo hay que decirlo- una descarga de peso ante la deficiente conciliación laboral/familiar de este país. Por otro lado, también la rica tradición de costumbres, recuerdos e historias que se transmiten de abuelos a nietos, enriquece la identidad de las propias raíces.

 

tradiciones

tradiciones

Sin embargo, esta situación tiene también su parte negativa, porque esta cercanía en la que los límites son a veces difusos cuando no hay un bebé por medio, tiende a querer mantenerse en status quo cuando los hijos pasan a ser padres y los padres, abuelos. La nueva familia creada con el bebé      ( lo que llamamos familia nuclear) necesita tener muy claro que es un nuevo sistema con un núcleo independiente, con sus fronteras propias y emancipado de las familias de origen, ambos miembros respectivamente.

De no ser así, el equilibrio homeostático anterior puede verse afectado. Así lo expresa el mediador familiar Ignacio Tornel:

«hay riesgos asociados a este fuerte tejido de familia extensa. La nueva familia creada debe partir con la premisa previa de que si no se mantiene el equilibrio de los lindes, el terreno está abonado para el conflicto».

Las cosas claras y cada uno en su lugar

Uno de los grandes desafíos a la hora de fortalecer el nuevo núcleo familiar es establecer una jerarquía adecuada, donde los roles y las expectativas de todos los miembros estén  «en su sitio«.

Minuchin (1986), reconocido terapeuta familiar de la corriente sistémica, señaló que los miembros de una familia se relacionan de acuerdo a ciertas reglas que constituyen la estructura familiar.

En cada estructua familiar se pueden observar lo que él denominó límites, definidos como:

» reglas que definen quiénes participan y de qué manera lo hacen en la familia y que tienen la función de proteger la diferenciación del sistema» (Minuchin, 1986)

Éstos se clasificarían, según el autor en a) claros, todos saben lo que se debe hacer y qué se puede esperar. Propio de las familias funcionales b) difusos, donde las reglas no son claras ni firmes, sino ambivalentes y permiten muchas intromisiones e invasiones, con confusión de roles. Propio de las familias aglutinadas o dependientes y c) rígidos, con unas reglas demasiado tajantes que no permiten la entrada ni salida de miembros en el núcleo familiar. Propio de las familias desligadas.

Los límites son muy importantes para un funcionamiento familiar adecuado, principalmente en los periodos de cambios vitales, como es el nacimiento de un bebé.

De este modo, los nuevos padres pueden desarrollar sus funciones sin intromisiones ni invasiones en su función pero a su vez, permiten también el enrequicimiento que nace del contacto frecuente con otros subsistemas, como es el caso de los abuelos.

 

defensa padres

defensa padres

Cada etapa requiere de nuevas reglas de interacción familiar, tanto al interior como al exterior del sistema familiar. Sin embargo, hay familias que pueden permanecer atoradas en una etapa, a pesar de que el sistema familiar requiere de una transformación ante nuevas situaciones y establecer los límites claros, flexibles y funcionales.

Por ejemplo, si los límites en una familia con un nuevo bebé, son claros y respetados, los padres como equipo tendrán una autonomía consensuada para decidir o elegir lo que ellos como responsables de la educación del bebé deseen, sin que los abuelos (tanto de una parte como de la otra) intenten entrometerse queriendo convertirse en pseudopadres, y al mismo tiempo, manteniendo buenas relaciones interpersonales con ellos, permitiendo el derecho propio de disfrutar de la alegría del abuelo/a.

Las tres abuelas

Los abuelos pueden representar verdaderos desafíos para los padres primerizos, pero lo cierto es que su relación con los nietos es de vital importancia, siendo con frecuencia, los momentos que se pasan con los abuelos, bonitos recuerdos de la niñez que merece la pena seguir conservando. Por no nombrar el hecho que tener a los abuelos cerca en familias en las que ambos padres trabajan, es un recurso muy útil.

Sin embargo, en otras ocasiones, la presencia de un abuelo o abuela intrusivo /a o controlador/a, puede dar lugar a verdaderos quebraderos de cabeza.

Helene Deutsch, importante psicoanalista, describió en su obra, tres tipos de abuela:

Por lado las que continúan su maternidad a través de sus nietos, que son sentidos como los más pequeños de sus hijos. Estos le ofrecen una extensión de su maternidad bajo nuevas circunstancias y con nuevas posibilidades, lo que puede provocar luchas internas con la madre biológica del bebé, al inducir de manera inconsciente una intromisión excesiva de la abuela en la tarea educativa de los padres.

El segundo tipo es el de la abuela que acepta su estado como un don que le llega, mediante la identificación con su hija o su nuera, lo que pude abrir paso a una rivalidad latente por la atención del hijo.

El tercer tipo es el llamado abuela por excelencia, aquella que se siente más libre que en cualquier otra fase de la vida, y quizá enfrenta la vida con la misma tranquilidad que un niño pequeño. Se ha liberado de sus propias miedos y deseos inconscientes. Representa tan sólo un peligro para los esfuerzos pedagógicos de la madre, ya que mima a los niños, pero sus mimos son un acto de sabiduría y bondad.

 

Esto es, los padres tienen que hacer malabares entre ser autoritarios y ser amigos pero los abuelos puede enfocarse sólo en ser «amigos» y empaparse de la alegría de sus nietos sin el estrés que supone sentir que se están equivocando en su educación.
Concentrarse en aclarar estos puntos clave y limitar los roles, muchas veces permite a los padres ayudar a reducir la intrusión de los abuelos sin heridas ni sentimientos de culpabilidad. Y reducir, al mismo tiempo, la sobrecarga de algunos abuelos ante las demandas excesivas de los padres en el cuidado de los nietos.

Mantener el equilibrio padres/abuelos

Hay que tener una cosa clara: los abuelos pueden aportar, pero los padres tienen la última palabra.

La participación excesiva de los suegros o abuelos en la crianza de los niños para algunas parejas puede resulta molesta. De igual forma, muchos abuelos se sienten rezagados de la vida familiar al no contar con el apoyo de la nuera o del yerno a la hora de aportar sus conocimientos en el bienestar de los nietos.

De acuerdo con la psicóloga Annie de Acevedo:

«los padres de la pareja se involucran en la crianza de los pequeños porque cuentan con más experiencia que sus hijos y, por consiguiente, creen que lo hacen por su bien, para prevenir de un peligro.»

En la mayoría de los casos es así, pero es importante, no obstante, ante los sentimientos de falta de autonomía o invasión en la toma de decisiones de la pareja, replantear las funciones y expectativas de todos los miembros de la familia para encontrar un nuevo equilibrio.

Hay que hacerles entender de una manera asertiva, firme pero amable, que los abuelos ya criaron y educaron de la mejor manera que supieron y pudieron hacerlo a sus hijos. Unos con más acierto y otros con menos. Del mismo que ahora los nuevos padres tienen que hacer con sus hijos: educarles lo mejor que saben y pueden (con sus aciertos y sus errores).

Según Marcela Ariza, directora del Instituto de la Familia, las funciones principales de los abuelos serían las siguientes:

  • Dar consejo, principalmente si se lo piden y asumiendo que un consejo no es una orden ni tiene porqué ser llevado a cabo.
  • Transmitir valores familiares, recuerdos y tradiciones.
  • Ser un compañero de juegos, hasta donde el estado de salud lo permita.
  • Ser un modelo de envejecimiento y ocupaciones.
  • Ayudar en momentos puntuales, como divorcio, enfermedad, cuidado puntual de los nietos para las salidas de los padres como pareja.

Reflexión

La meta es tratar de hacer posible para que el bebé pueda disfrutar del mayor tiempo de calidad con sus abuelos, sin que ésto suponga un conflicto para la educación del mismo. Así pues, los problemas entre los abuelos/padres necesitan ser apartados del camino y tratados por los adultos con diligencia para que no sea el nieto el que sufra las consecuencias por exceso o por defecto.

Los abuelos, -con sus más o sus menos-, están para jugar, consentir, mimar, volver a ser niños con sus nietos y dar una mano a los padres. Son los encargados de transmitir las tradiciones, costumbres, anécdotas, recuerdos e historias de generaciones propias de esa familia en particular.

En la medida de lo posible, no les privemos de este derecho a los nietos.

 

Fuentes:

Minuchin, S. Técnicas de terapia familiar. Paidós. 2007

Satir, Virginia. Nuevas relaciones humanas en el núcleo familiar. Ed. Pax Mexico. 2015

Referencias:

Pereira, E. en https://dreduardopereiraastudillo.wordpress.com/2011/06/14/relacion-suegra-nuera-y-el-rol-de-la-abuela/  Psicopatología femenina

Bello, D. en http://www.abcdelbebe.com/etapa/nino/12-a-24-meses/comportamiento/consejos-para-evitar-conflictos-con-los-abuelos-en-la-crianza  ABC del Bebé

El duelo: Cómo aprendemos a crear muros de silencio y a huir del dolor

 

Hablemos del duelo…

¿Dónde aprendimos que el dolor debe rodearse de un muro de silencio? ¿De dónde surge ese impulso de huir de él? ¿Quién nos ha enseñado que hay que reaccionar así?

Así comienza Alba Payàs Puigarnau su libro «El mensaje de las lágrimas«, que recomiendo a cualquier persona que esté viviendo o haya vivido un proceso de duelo. Que básicamente será todo el mundo… Ya que todos hemos perdido a alguien o algo en algún momento de nuestra vida.

Este post es una recopilación de algunos textos del primer capítulo del libro. Seguramente que muchos no podréis dejar de leerlo… Es un tesoro que tengo entre las manos. Lleno de sabiduría, comprensión y compasión.

 

duelo

 

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Los duelos en la infancia

Veamos situaciones de pérdidas importantes contadas por personas que vivieron duelos en su infancia.

a) Mi madre se estaba muriendo y me llevaron a casa de unos primos, en el campo. Me pasé un mes jugando y disfrutando. Cuando regresé a casa, ya habían enterrado a mamá. Me hubiese gustado asistir al funeral. Nadie me llevó ni me explicó nada. Sólo veía caras tristes. Cuando crecí, me sentí muy culpable por habérmelo pasado tan bien mientras mi madre estaba enferma, en sus últimos días.

b) Me ocultaron que mi abuela se había muerto. Me dijeron que se había ido de viaje «al pueblo, a buscar novio». Me pasé varios años enfadada con ella, pensando que me había abandonado. Cuando supe la verdad, siendo más mayor, me sentí muy culpable.

c) Durante la enfermedad de mi padre, nadie me explicó lo que pasaba. Después, mamá y él se marcharon; nos dijeron que estaban de viaje y nos quedamos con una tía. Unos días después, mi madre llamó por teléfono y me dijo: «Papá ha muerto». Siempre recordaré aquel momento. Me sentí muy solo y no entendía por qué.

d) Mi abuelo se suicidó en casa. Yo me di cuenta de que había pasado algo grave, pero nadie me explicaba nada. Sólo veía caras largas. Una tía que vino a pasar unos días me explicó con palabras sencillas lo que había ocurrido. Recuerdo que pude preguntarle muchas cosas. Después fuimos juntos al cementerio. Estuvimos allí varias veces hasta que ya no quise ir más. Siempre le estaré agradecida.

 

Las primeras experiencias de pérdida, ya sean leves (un traslado o la pérdida de un animal de compañía) o graves (una enfermedad, una separación o la muerte de un ser querido), son la base de aprendizaje en la que los adultos que nos cuidan nos transmiten el modelo que tienen para gestionar las emociones.

Seguramente, de pequeños, todos hemos vivido situaciones como las que hemos visto en los ejemplos, en versiones iguales o con matices. Como padres, también habremos actuado de alguna de esas maneras ante el dolor experimentado por nuestros hijos.

El problema en la expresión de la pena ante nuestra necesidad de consuelo radica en el uso de alguna de estas respuestas: negar, minimizar, reemplazar, ridiculizar o racionalizar (como en los ejemplos, excepto el d).

 

Un niño puede vivir cualquier cosa siempre y cuando se le diga la verdad y se le permita compartir con sus seres queridos los sentimientos naturales que todos tenemos cuando sufrimos.

LAWRENCE L. LESHAN

¿Qué ocurre si no viviste un duelo «sano»?

Si te identificas más con el resto de apartados (a, b y c), puede que ahora tengas una pista de por qué afrontas algunas situaciones del siguiente modo:

● Cuando sientes dolor, no entiendes lo qué te pasa. No sabes reconocer tus emociones y esperas que alguien venga a tu rescate sin pedir ayuda.

Te enfadas cuando vives una pérdida y descargas tu ira contra los demás: tu pareja, tus amigos o tus hijos.

● Te sientes víctima de la vida, consideras que es dura e injusta contigo. Te deprimes.

● Crees que demostrar el dolor no sirve de nada, que es un signo de debilidad. Te da vergüenza mostrar tu vulnerabilidad. Crees que cuando vives una pérdida debes tragarte el dolor, y que pedir ayuda es algo inútil.

● Tienes sensaciones extrañas; te repites que tienes que ser racional y que el tiempo lo cura todo. Y si eso no es suficiente para calmar tu angustia, te esfuerzas constantemente en distraer tu dolor o burlarlo comiendo, ocupando todas las horas con un montón de tareas, bebiendo o aislándote.

Si vives alguna de estas situaciones, o varias de ellas a la vez, ya lo sabes: son formas de crear muros defensivos ante el sufrimiento natural por tus pérdidas, maneras que aprendiste de los adultos que te rodeaban cuando eras pequeño. Tu modelo de gestión del dolor es el que viste en tu familia, tu entorno social y tu colegio. Ahora lo tienes tan interiorizado que ya lo has hecho tuyo y forma parte de lo que denominamos sistema de afrontamiento de protección en el proceso del duelo.

 

Los muros del silencio en el duelo

Este conjunto de respuestas ante el dolor se basa en una serie de creencias. Son, por decirlo de alguna manera, los cimientos de los muros de silencio, convicciones que hemos interiorizado pensando que eran verdades absolutas porque siempre las hemos vivido así, las hemos visto en las personas que nos rodean.

Los mitos o falsas creencias más comunes en el proceso del duelo son:

1. El tiempo lo cura todo.
2. Expresar tu dolor te hace daño.
3. Expresar tu dolor hace daño a los demás.
4. Expresar dolor es una señal inadecuada.
5. El dolor debe ser expresado en la intimidad.

duelo

 

Mito 1 del duelo: El tiempo lo cura todo

Vamos a ver dos historias reales de dos personas muy conocidas que perdieron a un ser querido en su infancia y su adolescencia. La religiosa y escritora franco-belga sor Emmanuelle (1908-2008) vio morir a su padre cuando tenía seis años. Évariste Galois (1811- 1832), el gran matemático, tenía dieciocho años cuando su padre se suicidó. ¡Fíjate qué vivencias tan diferentes!

 

Cuando era pequeña, vi cómo se ahogaba mi padre. No pude hacer nada. Creo que aquella experiencia ha marcado mi vida; de hecho, mi vocación religiosa data de aquel día… Ahora tengo sesenta y dos años, y por fin mi comunidad me ha permitido viajar a Egipto, mi sueño: poder vivir entre los más pobres de los pobres. Vivo en una barraca diminuta de no más de tres metros cuadrados. Está sobre un depósito de basuras y tengo un saco a modo de colchón, una mesita y una silla. Por fin soy feliz. ¡Qué bonito volver a sentirse joven, levantarse a las cinco de la mañana y poder sonreír!

MADELEINE CINQUIN, SOR EMMANUELLE, Memorias

¿Sabes qué te digo, amigo mío? ¿Sabes qué es lo que más echo en falta ahora mismo? Y sólo puedo confiártelo a ti, alguien a quien pueda querer, y querer sólo en espíritu. He perdido a mi padre y nada nunca lo podrá sustituir ni reemplazar, nada, ¿me oyes?

EVARISTE GALOIS, nota de su intento de suicidio

¿Las heridas se curan solas? Algunas sí, es verdad. Hay heridas que el propio cuerpo supera con el tiempo y con los procesos naturales de desinfección y cicatrización. Si fuese igual con el duelo, que es una herida emocional, sólo habría que suprimir la sintomatología, anestesiarla, sentarse y tener paciencia.

Pero hay heridas que se infectan y empeoran, invadiendo el cuerpo de la persona afectada. Otras cicatrizan, pero se quedan llenas de pus por dentro, de manera que en cualquier momento podría reactivarse la infección. Otras veces, alguna estructura interna (por ejemplo, un hueso) no se cura bien, y si no se regenera, la herida se cerrará y quedará mal curada para siempre. Existen numerosas experiencias del proceso del duelo en las que la infección no se ha curado bien, o hay huesos que no se han soldado como deberían porque no se recolocaron correctamente en su momento.

 

Veamos algunos ejemplos de heridas de duelo mal cicatrizadas:

Mi hermano perdió a su hija de diez años hace cinco. Aparentemente está bien, pero lo veo muy irritable. En el trabajo me dicen que está tenso y que salta a la mínima. Pero el duelo lo lleva bien; al menos no lo vemos triste ni habla del tema. Se distrae. Lo único es ese mal humor que tiene siempre. Antes no era así.

Tras la muerte de mi hijo, me dijeron que lo llevaba muy bien. Que el tiempo me ayudaría. Me hice la fuerte y decidimos no hablar del tema en casa. Han pasado ocho años. Un año después de lo ocurrido, mi marido y yo nos separamos. Mi hijo mayor no levanta cabeza, lo veo mal, y a mí me acaban de diagnosticar un cáncer.

Después de la muerte de mi madre, parecía que mi padre estaba bien. Se le veía triste, pero engañaba a su tristeza manteniéndose muy ocupado. Un año después le dio un ataque al corazón.

Perdí a mi primera pareja cuando tenía veinticuatro años. Estábamos a punto de casarnos. Después me fui a vivir al extranjero. He viajado mucho. Ahora tengo cuarenta y cinco años, y sigo sola. No he vuelto a tener pareja; me han interesado otros hombres, pero no sé por qué, cuando parece que la cosa empieza a avanzar, yo lo dejo estar. A veces me pregunto si no tendrá algo que ver con la muerte de mi primer novio.

Éstos son cuatro ejemplos de casos en que el tiempo no ha sido suficiente para resolver el duelo, que se cronifica y acaba teniendo consecuencias graves (en algunos casos, devastadoras) para la vida relacional e íntima, y para la salud mental y física.

Tu duelo no se cura solo con el tiempo; sino que depende de lo que tú hagas con ese tiempo.

 

Mito 2 del duelo: Expresar el dolor te hace daño

 

El médico acababa de darme la terrible noticia, así, de golpe. Me puse fatal, lloraba y creo que gemía a un volumen un poco alto. El médico estaba visiblemente apurado; entonces me dijo que la enfermera me daría algo. Cuando ella me acercó el vaso con una pastilla, le pregunté: «¿Qué es eso?». «Un válium, se sentirá mejor.» No lo entendí, estaba muy enfadada y le dije: «Déselo al médico, me parece que lo necesita; si él se lo toma mientras yo lloro la muerte de mi hija, lo ayudará a soportar mis lágrimas».

Suspirar, llorar o gemir no son actos autolíticos, son la manera natural de expresar la aflicción. Es posible que después te sientas cansado y frágil, pero también habrás aligerado el peso de tu dolor. No existe ninguna prueba de que llorar haga daño. La doctora E. Kirkley Best, experta en acompañar a padres que han perdido a sus hijos durante el parto (pérdidas perinatales), afirma que «las lágrimas de los padres sólo representan un peligro para las emociones de los médicos».

Hace veinte años que escucho a personas en proceso de duelo, he visto llorar a miles de personas, y todas, absolutamente todas, dejan de hacerlo pasado un rato. La sensación del que escucha puede resultar incómoda porque se siente impotente por no poder hacer nada. Pero cuando aceptamos que simplemente con nuestra presencia ya estamos ayudando, y descubrimos cómo nuestra presencia silenciosa y afectuosa es curativa en sí misma, entonces resulta más fácil acompañar y aprendemos a confiar en las bondades del proceso natural humano que es compartir la pena.

En ocasiones, la persona que llora piensa que se volverá loca. Nadie se vuelve loco por mostrar aflicción. Lo que puede hacer que alguien se vuelva loco es no tener la posibilidad de mostrar aflicción.

 

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La función de las lágrimas y el llanto

Cuando afrontamos una pérdida o una situación de estrés muy intensa, llorar es una reacción universal, una capacidad estrictamente humana que ha sobrevivido y se ha vuelto más sofisticada en la evolución de nuestra especie por alguna razón importante. Los estudios realizados por el Dr. Frey sobre la composición química de las lágrimas (las que van asociadas a una emoción, no las que se nos caen al cortar cebolla o se nos mete algo en el ojo) revelan que éstas contienen hormonas del estrés (entre otras, la prolactina). Estas hormonas prepararan al organismo ante una situación de amenaza para poder organizar los recursos personales de manera más eficaz. Nos ayudan a reaccionar adecuadamente, a vigilar, a huir o afrontar la situación con más capacidades, o bien a tomar una decisión rápida que nos salve la vida.

La respuesta de descarga interna de una sobredosis de hormonas del estrés facilita ese proceso, pero al finalizar la situación de amenaza, el cuerpo que ha producido un exceso de esas hormonas, necesita un mecanismo para liberarlas, y ese mecanismo es el llanto. Hoy se sabe que estas hormonas mantenidas en el cuerpo a la larga son tóxicas. Las personas sometidas a un estrés sostenido pueden acabar padeciendo problemas fisiológicos y mentales graves. En general, las mujeres producen niveles más altos de prolactina, por ejemplo estas aumentan especialmente durante el embarazo. Según los expertos, eso estaría en la base de por qué en general les es más fácil llorar, y todavía más durante el embarazo.

Llorar no tiene efectos secundarios adversos, todo lo contrario: libera el exceso de tensión, baja la presión sanguínea, produce distensión muscular, y tiene un efecto sedante y antidepresivo. Después de llorar, de forma natural, la mayoría de las personas afirma que se siente mejor. Además, las lágrimas suavizan la piel y mitigan las arrugas del rostro. Es cierto que los ojos se enrojecen y te afean el rostro, ¡sobre todo con el maquillaje! Sin embargo, si descansas después, al día siguiente notarás que te has sometido a un tratamiento de belleza natural. No llorar aumenta la tensión muscular y el nivel de estrés, y puede acabar generando problemas vasculares por el aumento de la presión sanguínea.

Llorar también tiene una función social: es una manera de pedir ayuda. Cuando mostramos nuestra tristeza, las personas de nuestro alrededor nos ofrecen su apoyo, nos preguntan si necesitamos algo. Ver que alguien llora invita a la compasión y alerta a la comunidad de que uno de sus miembros necesita ayuda. ¿Qué ocurriría si un bebé se perdiese en una ciudad y no llorase? El llanto es la manera que tiene el niño de restablecer la vinculación con los adultos y de expresar un malestar para el que todavía no dispone de palabras.

Para los niños, llorar es una manera de pedir ayuda física y emocional; no saben llorar solos. Paradójicamente, cuando adquirimos la habilidad de inhibir el llanto, los adultos acabamos llorando en la intimidad. De este modo, perdemos la función social y sólo nos queda la de descarga.

Llorar es la manera que tenemos las personas de mostrar nuestra humanidad; de decir, de mostrar que hemos amado y seguimos amando.

Otra función del llanto es que si bien es cierto que llorar nubla nuestra visión de lo externo, a la vez la expresión del llanto tiene la cualidad de disipar el velo de nuestro mundo interior. Las lágrimas son portadoras de mensajes esenciales para nuestro duelo.

 

Mito 3 del duelo: Expresar tu dolor hace daño a los demás

Cuando mi hijo me ve llorar, siempre me dice: «Mamá, no llores, ¿no ves que te haces daño? Hazlo por nosotros». Tengo que encerrarme en la habitación para que no me vea.

Cuando estás en proceso de duelo y muestras tu tristeza, pena o añoranza, despiertas emociones en las personas que te rodean. «¡Nos haces llorar!», dicen. Sería bueno poder responder: «Sí, claro, no pasa nada, podemos llorar juntos si quieres». Seguramente, desde el respeto y el miedo a hacer daño, lo que haces es callar, hacer de tripas corazón y reprimir el dolor. La tristeza queda sepultada en tu corazón.

Empatizar con el dolor de una persona es natural y forma parte de la experiencia de relacionarnos y compartir emociones sobre lo que nos ocurre. No ocultar nuestra pena al escuchar a alguien que nos habla de su duelo es bueno. Transmitimos que nos afecta, que lo sentimos, que amamos, que es importante para nosotros y que nos impacta lo que comparte con nosotros.

Esa emoción tiene que ver frecuentemente con las pérdidas de quien escucha; se despiertan en nosotros las experiencias propias que todavía nos conmueven. Es curioso observar cómo en los velatorios o después de un funeral, los asistentes acaban hablando de sus duelos en lugar de consolar a la familia. «Cuando se murió mi…» Cada persona cuenta sus experiencias. Las lágrimas de los demás conectan con las nuestras, con las que no hemos derramado todavía, y podemos interpretar esa experiencia como una amenaza o como una oportunidad.

 

Las lágrimas de los demás conectan con las nuestras, con las que no hemos derramado.

Cuando somos capaces de compartir nuestra pena por unos momentos, en silencio o abrazados, expresamos que somos personas en proceso de duelo y que a pesar del dolor podemos apoyarnos mutuamente.

 

Tengo dieciocho años y hace seis meses que perdí a mi madre. Soy hija única, así que mi padre y yo nos hemos quedado solos en casa. Cuando llego cenamos juntos, estamos cansados y hablamos de trivialidades; fingimos que no ha pasado nada, nunca hablamos de ella. Después de cenar nos encerramos en nuestras respectivas habitaciones. Me duermo llorando, abrazada a la almohada, y muchas veces lo oigo llorar a él también.

Debemos hacer que nuestro hogar sea un espacio donde podamos expresar alegría y buen humor, pero también tristeza y duelo. Nuestro desafío como padres consiste en enseñar a nuestros hijos que es bueno mostrar los sentimientos y que no debemos avergonzarnos de esas respuestas naturales que experimentamos ante las situaciones de pérdida. De ese modo, al hacerse mayores tendrán la capacidad de estar en intimidad en sus relaciones, de relacionarse con otras personas desde el corazón, desde la realidad de la condición humana. La vida tendrá para ellos más intensidad y profundidad, y las relaciones resultarán mucho más satisfactorias.

Sin la capacidad de emocionarnos no podemos estar en intimidad. Sin intimidad no podemos disfrutar de relaciones profundas.

 

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Los niños y la expresión de dolor de sus adultos de referencia

La afirmación de que compartir nuestro dolor no hace daño a los demás tiene una excepción: hacerlo intensamente delante de un niño o de una persona con discapacidad o alteraciones psíquicas puede afectarlos negativamente. Los padres en proceso de duelo deben encontrar el punto justo, cosa que no siempre es fácil, entre expresar lo que sienten porque es natural y humano (ofreciendo a sus hijos un modelo de cómo gestionan los adultos el dolor) y a la vez no mostrar un nivel de dolor excesivo que haga que desborde al niño, que le haga sentirse en peligro o desprotegido, o que le haga pensar que es el responsable de ese sufrimiento.

La pena que sienten los padres, deben mostrarla en momentos concretos, sin alterar gravemente el día a día, y tienen que hacerlo de manera que enseñe al niño que pueden sentir tristeza pero que es o no les impide seguir siendo los responsables de la estructura y de las tareas diarias de cuidados y de mostrar afecto y seguridad hacia los otros miembros de la familia.

Podemos detectar que un niño vive manifestaciones de dolor excesivas en su entorno cuando muestra conductas como estas:

● Quiere «rescatar» a los adultos, es decir, quiere ocuparse de aspectos materiales y/o afectivos que no le corresponden por su edad. El niño intenta «hacer de adulto», asume responsabilidades por encima de su edad, vigila a los padres constantemente para que no se desborden e intenta consolarlos.

● Hace el papel de «niño bueno» para no preocupar más a sus padres: la niña adaptada que empieza a portarse bien para que los padres se sientan mejor, por ejemplo. Muchos niños se sienten culpables por lo que ha pasado, y esa respuesta de «practicar la bondad » puede ser una señal…

● Dice la palabra mágica. El niño aprende rápidamente que si nombra al hermano, al padre o al abuelo fallecidos, el adulto de referencia dejará de hacer lo que esté haciendo e irá a consolarlo. El nombre en cuestión se convierte en una palabra mágica que no tiene nada que ver con su duelo sino con la necesidad de pedir la atención que necesita.

Es importante que los padres estén atentos a esas conductas y a otras que denotan dificultades en los niños. Lo mejor que pueden hacer unos padres en proceso de duelo por sus hijos es pedir ayuda para ellos mismos. Mediante la experiencia de recibir ayuda podrán obtener del terapeuta experto numerosas instrucciones, consejos y aclaraciones sobre cómo reaccionar ante esas señales a fin de atender las necesidades afectivas de sus hijos, sin descuidar las propias.

 

Mito 4 del duelo: Expresar tu dolor es una señal de inadecuación

Empecemos con dos historias:

● Hoy, Luis ha vuelto al trabajo. Es su primer día allí después de la muerte de su mujer. ¡Se ve que lo lleva muy bien! ¡Es admirable! Se le veía contenido, haciendo esfuerzos para no decaer. No ha dicho ni una palabra. ¡Qué fortaleza! Ha trabajado mucho y no ha derramado ni una lágrima. No sabíamos qué decirle y hemos optado por no acercarnos.

● Ramón ha vuelto hoy al trabajo. Es su primer día después de la muerte de su mujer. Estaba triste y se ha emocionado mucho al vernos. Ha querido estar con nosotros y compartir sus sentimientos con todos, especialmente con los más allegados. Ha hablado de cómo fueron los últimos días. Después nos ha dado las gracias por haberle escuchado y nos hemos abrazado. No hemos trabajado mucho, la verdad, y hemos acabado todos emocionados con él. Ha sido triste, pero bonito a la vez.

Es posible que tengamos que modificar nuestra idea de qué significa ser valiente. Tendríamos que plantearnos la posibilidad de que la persona valiente no es aquella que oculta el sufrimiento, sino la que tiene el valor de compartirlo. Disponer de recursos durante un proceso de duelo significa que eres capaz de mostrar tus emociones cuando es necesario y de contenerlas cuando la situación lo requiere. Mostrarse frágil y vulnerable no significa que no estés bien, igual que mostrarse fuerte e inexpresivo no quiere decir que estés bien.

 

La persona valiente no es la que oculta el sufrimiento, sino la que tiene el valor de compartirlo.

 

¿La persona racional es la fuerte ? ¿Acaso expresar emociones es un signo de debilidad, de inmadurez? ¿Lo lleva muy bien porque no expresa nada? ¿Qué significa estar bien cuando ha muerto un ser querido? ¿Actuar como si nada hubiese pasado ? ¿Es eso lo que se espera en un duelo?

Los expertos decimos que la persona que a nuestro entender hace el mejor duelo es la que su familia considera que no lleva bien el duelo porque le ven fatal.

 

Con frecuencia, en una familia en proceso de duelo, la persona que lo lleva de manera más saludable es la que la familia identifica como la que está peor.

JOAN BORYSENKO

Las personas que acuden a los grupos de apoyo a pedir ayuda, en algunos casos, reciben críticas de sus familiares. «No sé qué vas a hacer allí, a escuchar penas. ¿No tienes suficiente con las tuyas? No te hace ningún bien.» Por suerte, no siempre es así. Muchas familias animan a pedir ayuda a sus miembros más afectados, y he conocido a muchos padres, hombres, que hacían el duelo a través de sus esposas: las esperaban en casa y ellas les hacían un resumen de lo que habían aprendido en el grupo de apoyo.

 

Mito 5 del duelo: El dolor debe ser expresado en la intimidad

La pérdida de mi hijo asustaba a algunos conocidos. Pasadas las primeras semanas, veía cómo se alejaban. Supongo que no sabían cómo reaccionar, cómo encontrar las palabras adecuadas. Pero yo puedo decir que fui muy afortunada. Durante el primer año, los amigos de Jordi venían a casa a menudo y me regalaban días memorables. Solían venir en grupos de tres o cuatro, sus amigos de toda la vida. Me encantaba cuando compartían sus recuerdos más preciados, aquellos que eran especiales para ellos, cuando me explicaban alguna historia de Jordi totalmente desconocida para mí, me hacían descubrir una parte de él que yo no conocía. Me hacían llorar y sentirme cerca de él, como si el amor de los que lo querían me llegase a mí. No eran visitas llenas de tópicos ni hechas desde las formas porque «es lo que hay que hacer». Reconozco que antes yo misma habría pensado que era horrible recordar cosas dolorosas, como poner sal en una herida. Pero hoy sé que no es así. Todavía hoy, pasados tantos años, cuando me visitan por su cumpleaños es como un regalo muy preciado que agradezco. Y el dolor que siento al ver que se van haciendo mayores y que todavía lo recuerdan siempre se mezcla con sentimientos de amor y gratitud.

En Una pena en observación, un breve y maravilloso libro autobiográfico de C. S. Lewis, el autor describe la experiencia de la pérdida de su esposa y afirma que tal vez deberíamos juntar en un mismo recinto a las personas en proceso de duelo para que no molesten. Son un estorbo para los demás porque la gente no sabe cómo tiene que reaccionar ante su dolor. De ahí viene esa idea de que hay que llevar el duelo en la intimidad. Es cierto que muchas veces la persona en proceso de duelo pide estar a solas con su dolor y lo necesita: y que la introspección y el aislamiento son elementos necesarios en el proceso de recuperación. Pero también es muy cierto que los seres humanos necesitamos a los demás para aliviar el sufrimiento y darle sentido. El duelo es algo que se vive en relación.

 

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Según los estudios sobre el duelo, quienes realizan bien el proceso, quienes se recuperan mejor, son aquellas personas que tienen a otras con las que compartir, los que cuentan con el apoyo de los amigos y la familia a pesar del tiempo que haya pasado, a los que nadie «da el alta» antes de tiempo. Cuentan con el apoyo de personas a las que no les da miedo escuchar, que no tienen prisa, que no te interrumpen, que no tienen miedo de tus emociones… Si tienes una persona así a tu lado o cerca, no dudes en pedirle ayuda. Disponer de un tiempo para compartir tus sentimientos, sean los que sean, de un espacio de escucha sensible, es totalmente indispensable cuando estás en proceso de duelo. Las personas que no tienen a nadie con quien compartir su experiencia, sus preocupaciones, fantasías, miedos o ansiedades, son las que tienen más probabilidades de acabar haciendo un duelo complicado que puede acabar en una depresión.

Sabemos también que los padres y las madres en proceso de duelo por la pérdida de un hijo mejoran cuando comparten lo ocurrido y no intentan hacerse los valientes entre ellos. Paradójicamente, los intentos de proteger a la pareja disimulando el dolor y evitando todo lo que se refiere a la pérdida no hacen más que alargar e intensificar los síntomas del duelo de los dos.

 

Creí que mi quehacer desde el momento en que nuestra hija falleció era atender a mi mujer. Ahora, después de cuatro años, me ha pillado por sorpresa una especie de grito interior que dice «no he podido llorar la muerte de mi hija», cosa que ha hecho que me derrumbara. No puedo responsabilizarla a ella, sino al hecho que no he sabido gestionar lo que ha pasado para que no nos hiciera daño ni a ella ni a mí. El duelo que no he vivido ahora me pesa y sé que debo hacer algo. Y si hay un responsable, he sido yo por mi forma de ser y por no comunicarme ni lo suficiente ni como debiera haberlo hecho.

Las personas somos los seres vivos que forjamos los vínculos sociales más complejos, los que tenemos más capacidad para sentir emociones y los que podemos expresar el dolor de manera más sofisticada cuando esos vínculos se ven amenazados o se rompen. Estas habilidades han perdurado a lo largo de la evolución de nuestra especie y, sin lugar a dudas, tienen una función adaptativa de supervivencia. La dimensión relacional del duelo, expresada en la necesidad de compartirlo, es tan importante (o más) como la dimensión subjetiva. Somos seres sociales: necesitamos amor, afecto, consuelo, reconocimiento y aceptación de los otros para poder crecer, madurar y vivir con plenitud.

No reconocer y no saber expresar la aflicción natural ante las pérdidas y los traumas de la vida se convierte en una especie de acto contra natura, una negación de lo que es más intrínsecamente humano, y provoca que, por una lado, perdamos la oportunidad de tener las necesidades afectivas cubiertas y, por otro lado, hiramos los sentimientos de los demás. Es evidente que no podemos forzar a nadie a expresar aquello que no puede, y que las personas necesitan un tiempo para poder compartir. Cuanto más traumáticas son las experiencias, más tiempo necesitamos para digerirlas. Con el tiempo, sin embargo, integrar la vivencia del duelo pasa necesariamente por verbalizarla y compartirla con los demás.

 

El duelo es una herida provocada por la falta de relación, que sólo se puede curar dentro de otras relaciones.

 

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Fuente:

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Aprendiendo a ser Padres: Hermanos

Esta es una serie de artículos para orientar a padres, hermanos, educadores y cualquiera interesado en el conocimiento acerca de los distintos ámbitos que ocupan la vida de los jóvenes y adolescentes. Pero si tuviera que definir un “Target” (Un objetivo) diría que se trata de una serie de artículos para orientar a los padres en el complejo mundo que es su hijo.

La relación entre hermanos:

El vínculo entre hermanos es diferente a la relación con los padres y los amigos. Un hermano influye en el desarrollo social del niño ya que le da la oportunidad de desenvolverse ante posibles situaciones sociales futuras. Éste tipo de relación se puede definir como ambivalentes: Por un lado el niño tiene más oportunidades de pelearse con sus hermanos que de hacerlo con otros niños y por el otro, tiene más oportunidades de disfrutar de relaciones positivas con sus hermanos que con el resto.

Tener hermanos supone tener:

  • Compañeros de juego.
  • Modelos a imitar.
  • Relaciones conflictivas con ellos y aprender a solucionarlas,
  • Una fuente de apoyo y compañía.
  • Aprender a compartir.

Celos entre los hermanos.

Cualquiera puede tener celos. Suele presentarse en los primeros años y esto puede dar lugar a choques entre los hermanos, y pueden ocurrir de forma abierta o enmascarada durante toda la vida.

Los celos en el niño nacen al imaginar, sentir, pensar o darse cuenta de que sus padres quieren más a otro hermano que a él.

El origen de los celos cuando un hermano nuevo llega a casa.

Dependiendo de la edad que tenga, se tratará de una situación diferente. A partir de los dos años suele reflejar su malestar de forma más o menos encubierta, mostrándose más tierno y pidiendo más atención de su madre.

Desde los cuatro y cinco años puede reaccionar volviéndose más travieso y opositor. Cuando tiene más de cinco no se le nota tan afectado porque sus relaciones sociales ya son más amplias.

El niño puede sentir celos ante los cambios por distintos motivos:

  1. Le prestáis menos atención porque todo gira en torno al nuevo bebé.
  2. Se le cambia de habitación por la llegada de su nuevo hermano.
  3. Se le piden y exigen cosas diferentes por ser el hermano mayor.
  4. Se le riñe e impide hacer cosas habituales, utilizando siempre como argumento al nuevo hermano.

El niño siempre querrá teneros solo para él, en especial en sus primeros años, y con un hermano nuevo le será más complicado lidiar con eso. Puede sentir que la llegada del hermano es una fuente de inseguridad para él, viendo en riesgo su propio mundo.

¿Cómo saber si vuestro hijo tiene celos?

Puede que se comporte de forma agresiva en con la familia y en el colegio, e incluso puede autoagredisrse para intentar llamar la atención. Puede hacer comparaciones continuas con sus hermanos. Puede sufrir afecciones físicas como hacerse pis, tener nauseas, vómitos, diarrea, problemas de alimentación, alteración del sueño, ect.

Puede manifestar quejas y fingir afecciones como dolor de tripa, de cabeza o mareo. Puede estar susceptible en especial ante vuestros comentarios. Puede comportarse de forma más inmadura a su edad real.

Puede imaginar, o incluso tratar de hacer daño a sus hermanos, al tratarlo como su enemigo. Esto puede generarle culpabilidad que intentara subsanar con muestras de cariño desproporcionadas.

¿Qué hacer en caso de que sienta celos?

Antes de nada, no os asustéis y sed pacientes. Por desgracia, vuestro hijo va a pasar por los celos y van a darse cambios en la dinámica familiar, pero hay formas para reducir los efectos negativos de esta situación.

Es relevante involucrar al niño desde el primer día del embarazo, haciéndole partícipe de los preparativos que vais llevando a acbo para recibir al nuevo hermano.

Ayuda presentar al bebé al niño como una persona con sentimientos y deseos. Así al niño le podría generar curiosidad hacia el bebé y evitar que le vea como un incordio que le quita atención.

Pedidle que os ayude a cuidar del bebé. Esto le hará sentirse útil y valioso, y se empezará a sentir como un hermano mayor que tiene ciertas ventajas que su hermano menor no tiene. Es muy importante que el niño se sienta único e irremplazable, para que él también se sienta irrepetible y por tanto no tienda a compararse con su hermano.

Tratad de transmitir que vuestro cariño no se puede medir porque es ilimitado e inagotable, y por eso se puede compartir con el resto de hermanos. Haced saber al resto de la familia, amigos y vecinos que no presten toda su atención al recién nacido. Así se facilita la adaptación del niño al nuevo sistema familiar.

Una idea es generar situaciones donde solo él tenga atención, como juegos, tareas domésticas, etc. Igual que antes de la llegada del hermano.


El constante choque entre hermanos

Mientras que crecen, suele darse un reparto de roles entre ellos. Uno puede definirse por una cualidad (estudioso, inteligente,…) y suele desarrollarla y actuar como si fuera su papel asignado de antemano, distinguiéndole del resto. Esto genera envida en el resto de hermanos e incluso el rechazo total de esa característica, por lo que intentan buscar un papel propio dentro de la familia, como podría ser el rebelde, social, simpático, ect.

Resaltar los avances, aunque sean pequeños, de cada uno de ellos en sus diferentes áreas (Estudio, deportes, amigos), siempre comparándole con él mismo y nunca con los demás. Así aprenderá a valorarse y se evitará la envidia hacia el que sobresale en otras actividades concretas. Enseñadle que le queréis tal y como es, por lo que no tiene que ser ninguna otra persona, ni compararse para sentirse aceptado o querido.

Atended de forma paciente y prestando atención las quejas de vuestro hijo cuando se sienta que preferís a su hermano, para recordarle situaciones donde le hayáis demostrado vuestro cariño y apoyo.

Cuando los hermanos se pelean

En las relaciones entre hermanos es normal que pasen de estar jugando a pelearse donde se agredan físicamente. Por eso hay que evitar responsabilizar siempre al mayor cuando se dan peleas entre ellos, porque hará que se sienta tratado de forma injusta y fomentará los celos por el hermano menor. Cuando se estén pegando es importante que actuéis, de forma firme y contundente, para terminar la reyerta y evitar que se acostumbren a resolver sus problemas con peleas.

A la hora de criticar alguna conducta, lo mejor es que sean conductas concretas (“No está bien eso que has hecho”) que generalizar la crítica hacia el niño (“Eres muy malo”). Es importante que aclaréis las consecuencias de su comportamiento (“Si insultas a tu hermano se sentirá triste”). Es importante que le enseñéis alternativas posibles para resolver una pelea: “Cuando te estropee un dibujo, en lugar de pegar a tu hermano, dale una hoja para que él también pueda dibujar”.

Desde pequeño es necesario que le enseñéis a ponerse en el lugar del otro: “Cómo te sentirías si tu hermano te insultara?”. Podéis planificar actividades que generen cooperación entre hermanos para que aprendan a compartir sus cosas, tener que ayudarse mutuamente y respetar a los demás.

La educación que proporcionéis para favorecer la buena relación de los hermanos y evitar la envidia entre vuestros hijos, debe cumplir tres condiciones elementales:

  1. Proporcionar el cuidado y la atención específica a cada hijo teniendo en cuenta sus necesidades.
  2. Establecer una relación afectiva que le dé seguridad, evitando sobreprotegerle.
  3. Facilitar una vía de comunicación para que vuestro hijo pueda consultaros sobre cualquier cosa que le preocupe.

Conclusión

No es una tarea sencilla y es fácil no seguir éste ideal de paternidad, pero es que todos somos humanos y no es tan sencillo ser padre. Intentad todo lo posible, tened paciencia y recordad que nunca es tarde para mejorar las dinámicas en casa y si la tarea resulta demasiado difícil siempre podéis acudir a un profesional que pueda ayudaros.

Aprendiendo a ser padres: Los Amigos

Esta es una serie de artículos para orientar a padres, hermanos, educadores y cualquiera interesado en el conocimiento acerca de los distintos ámbitos que ocupan la vida de los jóvenes y adolescentes. Pero si tuviera que definir un “Target” (Un objetivo) diría que se trata de una serie de artículos para orientar a los padres en el complejo mundo que es su hijo.

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¿Qué es importante saber sobre la amistad?

Desde el momento en el que nacemos nos convertimos en seres sociales, ya que empezamos a compartir nuestra vida con las personas de nuestro entorno. La primera relación del niño se establece con sus padres, de modo que éstos pueden contribuir a desarrollar en sus hijos habilidades y formas de comunicación positivas que les permitan, más tarde, relacionarse de forma competente con sus iguales. Las relaciones con otros niños y amigos son muy importantes porque, desde la infancia a la adolescencia, proporcionan: Un espacio para juegos y diversión; Un espacio para aprender y ensayar diferentes papeles sociales; El ámbito adecuado para aprender a cooperar, a respetar al otro y a respetar las normas establecidas; Un importante apoyo afectivo.

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El primer año:

Es una etapa fundamental, ya que en ella se establece el vínculo afectivo entre el bebé y las personas más próximas: sus padres. Posteriormente, esto influirá de forma decisiva en su manera de relacionarse con los demás. Es imprescindible que, además de satisfacer sus necesidades físicas (Comida, sueño, higiene…) habéis, abracéis, beséis y estimuléis al bebé, para satisfacer sus necesidades emocionales. Actualmente, es cada vez más frecuente que el bebé vaya a la escuela infantil, por lo que comienza a relacionarse antes con otros niños.

Entre los 2 y los 3 años:

Se empieza a observar la preferencia por ciertos compañeros de juego y el inicio de actividades grupales, aunque los miembros del grupo cambian constantemente. Intentad dedicar parte de vuestro tiempo exclusivamente a jugar con vuestro hijo. Llevad a vuestro hijo a espacios infantiles que le permitan jugar con otros niños. Si es posible, salid con amigos que tengan hijos pequeños.

Entre los 4 y los 5 años:

Se empieza a depender cada vez más de los compañeros como fuente de satisfacción. El niño comienza a aprender cómo son las relaciones de amistad, al tiempo que desarrolla ciertas habilidades sociales. En esta etapa los padres podéis tener un papel fundamental a la hora de ayudar a vuestro hijo a establecer relaciones sociales.

Organizad actividades en casa o excursiones e invitad a otros niños. Permitidle que vaya a casa de sus vecinos o compañeros. Enseñadle a presentarse a otros niños o a pedir que le dejen jugar. Valorad la cooperación, para que vuestro hijo aprenda a compartir y a aceptar a los demás. Fomentad el diálogo con él y responded a todas sus preguntas. Iniciadle en juegos sencillos en los que se tengan que respetar ciertas normas.

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Entre los 6 y los 9 años:

En este período es muy importante la aceptación de los compañeros y permitirá saber si existen o no dificultades o puede haberlas en el futuro. Se empieza a distinguir claramente quién es un niño popular y quién es un niño rechazado por sus compañeros.

El niño popular: Es un niño que es aceptado por sus compañeros y tiene facilidad para conocer y  hacer amigos porque es activo y comunicativo. Tiene habilidad para solucionar los conflictos entre los compañeros. Se preocupa por sus amigos y les suele ayudar.

El niño rechazado: Cuando hablamos del niño rechazado, debemos distinguir dos causas y comportamientos diferentes de rechazo. Cuando el niño es rechazado activamente debido a su comportamiento agresivo y no respeta las normas de los juegos, queriendo ganar siempre; Cuando el niño es ignorado por los demás al tener poca seguridad en sí mismo y se muestra tímido, reservado, pasivo, temeroso y excesivamente sensible ante situaciones sociales.

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¿Cómo ayudar a vuestro hijo cuando presente dificultades para relacionarse?

Es necesario que ayudéis a vuestro hijo a adquirir seguridad, enseñándole a aceptarse, quererse y valorarse tal y como es. El primer paso para poder relacionarse con los demás consiste en encontrarse a gusto con uno mismo. Indicadle modelos positivos a los que imitar sin que deje de ser él mismo mediante demostraciones prácticas.

Es fundamental que vuestro hijo aprenda a: Interpretar la conducta de los demás, entender su punto de vista, admitir que el otro es diferente y aceptar al resto tal y como es; Hacer comentarios positivos o cumplidos hacia los demás y a saber recibirlos correctamente; Ofrecer su ayuda y a pedirla cuando sea necesario; Decir que no de una forma adecuada ante algo que no desea y a aceptar, a su vez, una negativa como respuesta; Iniciar conversaciones y a participar en ellas; Escuchar a los demás; Resolver conflictos por sí mismo; Compartir.

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Entre los 10 y los 11 años:

Se empiezan a formar las pandillas y es muy importante para el niño pertenecer a un grupo determinado, ya que éstos surgen por la necesidad de obtener cada vez más independencia de los adultos. Los miembros de un mismo grupo generalmente del mismo sexo, comparten valores e intereses y establecen ciertas normas que deben respetarse. Aparece una organización jerárquica (líderes y seguidores) y los intrusos son excluidos. La influencia de estos grupos suele ser positiva. Sin embargo, también puede ser negativa si las prácticas y los objetivos del grupo lo son (Agresiones, peleas, pequeños robos, consumo de drogas…).

Es importante que animéis a vuestro hijo a integrarse en grupos organizados y supervisados (deportivos, culturales…) Recordad que debéis lograr un equilibrio entre la supervisión de sus amigos y de las actividades que vuestro hijo realiza y el fomento de su independencia.

A partir de los 12 años:

El adolescente desea ser aceptado por un grupo determinado y comienza a prestar atención al sexo opuesto. Le preocupa lo que los demás piensen de él y es especialmente sensible a las críticas, ya que muchas veces la imagen que tiene de sí mismo depende de la opinión que de él tienen los demás.

En este periodo se produce un claro alejamiento de los padres y la fuente de satisfacción se busca en compañía de los amigos. Sin embargo, esto no significa que familia y amigos sean incompatibles, ya que el adolescente necesita de ambas para hacer una transición sana hacia la vida adulta. Los problemas aparecen cuando una de las partes, bien los padres, bien los amigos, tiene un papel predominante en prejuicio de la otra, o una de las dos no existe.

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¿Qué aportan los amigos a tu hijo?

Le permiten participar en actividades de ocio y recreativas; le brindan compañía y amistad; Con ellos aprende a desarrollar habilidades sociales; Le ayudan a reafirmar su identidad; Le proporcionan independencia de sus padres; Le ofrecen apoyo emocional en situaciones estresantes; Le sirven de confidentes; Le facilitan críticas y consejos que son aceptados y tenidos en cuenta; Le ayudan en sus primeras relaciones amorosas.

En general, no se pueden establecer normas fijas comunes para todas las familias. Cada una deberá valorar el grado de autonomía que puede dar a sus hijos siempre intentado conseguir un equilibrio entre la independencia que se debe fomentar en ellos y la supervisión. Es importante que conozcáis personalmente a los amigos de vuestro hijo e incluso también a sus familias, invitándolas a casa o en vacaciones.

Es preciso que evitéis continuos interrogatorios y un control tan riguroso que impida una comunicación fluida. Sin embargo, no evitéis ser firmes cuando resulte necesario. Es necesario evitar las críticas constantes hacia los amigos por su forma de vestir, peinar… ya que vuestro hijo siente que esas críticas están también dirigidas a él.

Es importante que tengáis en cuenta que toda prohibición tajante pueda conllevar tentación. Es fundamental estar abierto al dialogo para prevenir cualquier tipo de problema.

Conclusión:

Las relaciones sociales son fundamentales en la vida de cualquier persona. Vuestro hijo tendrá a imitar vuestra forma de relacionaros con los demás. Involucraros en la vida social de vuestro hijo, conociendo a sus amigos y mostrando interés hacia las actividades que realiza, a la vez que impulsáis su independencia y autonomía.

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Aprendiendo a ser padres: Las drogas

Este es el primero de una serie de artículos para orientar a padres, hermanos, educadores y cualquiera interesado en el conocimiento acerca de los distintos ámbitos que ocupan la vida de los jóvenes y adolescentes. Pero si tuviera que definir un “Target” (Un objetivo) diría que se trata de una serie de artículos para orientar a los padres en el complejo mundo que es su hijo.

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¿Qué es importante saber sobre las drogas?

El consumo de drogas es un fenómeno muy complejo y en el que intervienen muchos factores. Por eso es necesaria la prevención desde los diferentes ámbitos de nuestra sociedad. Los jóvenes consumen drogas por diversos motivos, tales como: La curiosidad, conseguir ser aceptados en un grupo, sentirse más independientes frente al mundo adulto y rebelarse contra la establecido, el deseo de correr riesgo y experimentar sensaciones nuevas, la diversión, olvidarse de los problemas a los que no saben enfrentarse y sentirse bien.

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¿Por qué se empieza a consumir drogas?

El consumo se inicia, generalmente, por curiosidad, porque se realiza con el grupo de amigos y como una forma más de diversión. En la mayoría de los casos este consumo no genera una drogodependencia, pero cuando las drogas se utilizan para evadirse e intentar resolver las dificultades a través de ellas se corre el riesgo de generar una adicción, entonces la droga se convierte en el eje central de la vida de una persona, con el consiguiente deterioro de sus relaciones familiares, sociales, escolares o laborales. El consumo y el modo de consumir las drogas por los jóvenes han cambiado en los últimos años. Cada vez está más extendido el consumo habitual durante los fines de semana, al estar socialmente aceptado en su grupo de edad.

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¿Cómo prevenir el consumo de drogas de vuestro hijo?

La relación que establezcáis desde el principio con vuestro hijo va a ser fundamental para prevenir un posible consumo de drogas en el futuro. Es necesario que busquéis el punto medio entre ser demasiado autoritarios o, por el contrario, excesivamente permisivos. La mejor forma de controlar el comportamiento de vuestro hijo es siendo firmes, pero también razonables. Es necesario, que, como padres y figuras de autoridad para vuestro hijo, establezcáis normas claras y coherentes, dejándolo espacio para que pueda actuar de forma autónoma en función de su edad y conducta.

Transmitirle siempre que le queréis, independientemente de lo que haga y aunque le castiguéis, ya que fomentará la confianza en sí mismo. Es fundamental crear un ambiente familiar que facilite una buena comunicación, estando siempre abiertos al diálogo. Esto favorecerá que vuestro hijo se acerque a vosotros cuando tenga que enfrentarse a situaciones difíciles. Es importante que, desde pequeño, fomentéis su independencia, permitiéndole que vaya asumiendo responsabilidades, pero, por supuesto bajo vuestra supervisión y reforzándoles cunado tome las decisiones adecuadas.

Ayudadle a aprender de sus propias experiencias, y no de las vuestras, salvo que os lo pida expresamente. Las normas contrarias al consumo deben quedar establecidas tanto para vosotros, como para vuestro hijo. Los padres sois el mejor ejemplo, ya que aprenderá tanto de lo que digáis, como de lo que hagáis. Orientad a vuestro hijo sobre el empleo de su tiempo libre:

  • Dándole a conocer las diferentes actividades que existen en su entorno más próximo;
  • Apoyando la relación de diferentes actividades para generar aficiones que puedan llenar su tiempo de ocio: Deportes, actividades en contacto con la naturaleza…;
  • Compartiendo actividades con él;
  • Implicándole en tareas sociales siendo miembro de alguna asociación.

Relacionaros con los amigos de vuestro hijo para conocer a sus gustos, intereses y actividades que realizan. Es importante que habléis con vuestro hijo sobre el consumo de drogas, dejando clara cuál es vuestra postura al respecto y resaltando los aspectos positivos de no consumir. Debéis tener en cuenta que una información aislada sobre las drogas y sus efectos no previene su consumo e incluso puede tener el efecto contrario y despertar su curiosidad. Después de la familia, la escuela es el mejor lugar para la prevención y donde también debe darse.

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¿Cómo detectar el posible consumo de drogas en vuestro hijo?

Existen ciertas señales de alarma que podrían indicar un posible consumo de drogas en vuestro hijo. Es necesario que estéis alerta ante cualquier cambio en su comportamiento, pero debéis tener mucho cuidado antes de achacarlo a un consumo de drogas, ya que puede ser consecuencia de los cambios frecuentes que se producen al llegar a la adolescencia o de otro tipo de problemas.

Tener un gasto excesivo dinero sin ninguna explicación; Pedir constantemente dinero, tanto a los padres como a personas cercanas, o estar involucrado en la desaparición de dinero en casa; Disminución del rendimiento escolar; Descenso de la asistencia a clase; Cansancio excesivo o, por el contrario, a veces, una agitación excesiva; Cambio en su comportamiento en casa: se vuelve más solitario, irritable y agresivo; Cambios en sus pautas de alimentación y sueño; Cambios de amigos e influencia excesiva de éstos; Pérdida de interés por actividades que antes realizaba; Desmotivación y pasividad, en general; Empleo repetido de la mentira para salir airoso de ciertas situaciones; Transformación en su forma de vestir, hablar y comportarse; Estar en posesión de objetos: Hierba, papelillos de liar…

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¿Qué podéis hacer si vuestro hijo consume drogas?

Será difícil confirmar el consumo de drogas de vuestro hijo, a no ser que le descubráis consumiendo, que alguien le haya visto, que llegue a casa en mal estado o que encontréis alguna sustancia entre sus pertenencias. Pero incluso, aunque ocurra ésto último, no podréis estar seguros ya que os puede decir que no es suyo porque se lo ha guardado a algún amigo.

No dramaticéis ni os desesperéis. Tened en cuenta que no todos los chicos que toman drogas llegan a convertirse en consumidores habituales. Antes de hablar con él, poneos de acuerdo en lo que le vais a decir y en lo que haréis al respecto. Es conveniente que le dejéis claro cual es vuestra postura: Que es perjudicial para él, que no vais a permitir su consumo y que puede contar con vuestra ayuda. Si sospecháis que vuestro hijo consume, es necesario que habléis con él de forma tranquila y sincera. Elegid un momento adecuado, donde haya cierta intimidad, con disponibilidad para escuchar y sin perder el control. Si vuestro hijo llega en mal estado, evitad cualquier enfrentamiento en ese momento y esperad a que esté en condiciones para hablar con él.

Debéis evitar centraros exclusivamente en el consumo de drogas y en los efectos que provoca a largo plazo, y sí en los cambios y desajustes que han podido motivar su consumo (“Estamos preocupados porque no sabemos lo que realmente te pasa…”). Evitad lanzar amenazas que no vayáis a cumplir. Es mejor esperar y saber hasta dónde estaríais dispuestos a llegar. Evitad señalar culpables, mostraos abiertos al dialogo y buscad con él las posibles soluciones analizando los motivos por los que consume. Estad muy pendientes de vuestro hijo, pero sin perseguirle ni acosarle, ya que esto produciría el efecto contrario y se alejaría de vosotros. Informaros sobre drogas y los recursos existentes en vuestro entorno y buscad ayuda profesional para evitar sentiros solos y desorientados.

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Conclusión

El mundo de las drogodependencias es muy complejo debido a que intervienen muchos factores. La familia tiene una importancia fundamental en su prevención desde la infancia más temprana, ya que en ella se sientan las bases de la educación, de los valores y de la forma de relacionarse. Si notáis que vuestro hijo ha empezado a consumir drogas no os culpéis y buscad asesoramiento profesional.

Aprendiendo a ser padres: Los valores

Este es el primero de una serie de artículos para orientar a padres, hermanos, educadores y cualquiera interesado en el conocimiento acerca de los distintos ámbitos que ocupan la vida de los jóvenes y adolescentes. Pero si tuviera que definir un “Target” (Un objetivo) diría que se trata de una serie de artículos para orientar a los padres en el complejo mundo que es su hijo.

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¿Qué es importante saber sobre enseñar valores?

La familia, al ser el primer entorno en el que los niños comienzan a relacionarse con los demás, también va a ser el lugar donde, día a día, van a aprender los distintos valores que después les ayudará a enfrentarse con éxito al mundo exterior. Los niños y adolescentes deben desarrollar estos valores dentro de la familia ya que a partir de las vivencias cotidianas y las relaciones con sus padres, hermanos, abuelos… es donde primero aprenderán a convivir, a compartir y a ayudar. Los padres podéis facilitar la educación en valores viviendo cada día con ilusión para fomentar que vuestro hijo se sienta a gusto y querido; Aceptando a vuestro hijo tal y como es, con sus particularidades pero creándole expectativas positivas y realistas; Buscando momentos que permitan que os reunáis toda la familia, en los que podías dialogar y compartir; Siendo un ejemplo a imitar por vuestro hijo.

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¿Cómo educar a vuestro hijo para  favorecer su crecimiento y desarrollo personal?:

Los valores que debéis fomentar son: La Responsabilidad, la Autonomía y la Independencia.
Es importante que al ejercer la autoridad con vuestro hijo no lo hagáis por el simple hecho de ser sus padres, sino que debéis conseguir que las normas que existan en vuestra familia las asuma como suyas y las acepte como guía de su comportamiento. Mientras vuestro hijo es pequeño es necesario que le deis pocas instrucciones, muy claras y muy concretas para que entienda perfectamente qué es lo que esperáis de él. A medida que vaya creciendo debéis explicar a vuestro hijo los motivos de vuestras peticiones e incluso pedirle opinión para intentar llegar a acuerdos.

Animad a vuestros hijos ante cualquier iniciativa que tenga, pero siempre supervisando que sea adecuada para su edad y ayudándolo a desarrollarla. Enseñadle a tomar decisiones por sí mismo y a saber elegir. Es conveniente proporcionar situaciones donde tenga que empezar a decidir: A: De pequeño, se sentirá orgulloso si le tenéis en cuenta a la hora de realizar ciertas compras, ayudar en casa, planear el fin de semana… B: Cuando vaya acercándose a la adolescencia, es conveniente que decida cómo administrar el dinero que le deis, su forma de vestir y peinarse, cómo organizarse para hacer las tareas domésticas encomendadas, dando un mínimo de orientación.

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Es importante que razonéis con él las consecuencias de su decisión, pero si no son peligrosas, la mejor manera de que aprenda es dejándolo equivocarse. Cuando vuestro hijo se equivoque debéis evitar comentarios tales como “Ya te lo advertimos” o “Nunca nos haces caso”, Porque podéis provocar que evite tomar decisiones la próxima vez, o con tal de oponerse a vosotros, las tome sin pensar. Cuando tenga un problema, será necesario que le impliquéis en la búsqueda de alternativas para solucionarlo, alentándole para que alcance una solución madurada. Será positivo que le dejéis tiempo para solucionar por sí mismo los problemas que se le planteen. Cuando consideréis que debéis intervenir, preguntadle antes como le gustaría que le ayudarais. Es importante que le expliquéis, mediante ejemplos, que todos sus actos tendrán consecuencias. También debéis decirle que en ocasiones esas consecuencias pueden ser negativas para ellos o para los demás, a fin de que aprenda a valorar los resultados de su comportamiento antes de actuar.

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¿Cómo educar a vuestro hijo para facilitar su relación con los demás?

Los valores que debéis fomentar son: Convivencia, Tolerancia, Respeto, Solidaridad, Justicia.
Es fundamental que fomentéis en vuestro hijo un estilo de vida sencillo que se base en el ser y no en el tener, para no llegar al consumismo imperante en nuestra sociedad. Es importante que enseñéis a vuestro hijo a no tener prejuicios y a aprender que todas las personas tienen los mismos derechos aunque las características de los otros sean diferentes a las suyas. Será positivo que enseñéis a vuestro hijo a valorar las diferencias de los demás y a conocer la diversidad cultural que existe incluso dentro de nuestro país, a través de viajes, visitas a museos, libros… Es necesario que enseñéis a vuestro hijo desde pequeño a respetar a los demás, no haciendo ruido si alguien está durmiendo, estudiando o realizando alguna tarea, no interrumpiendo conversaciones y respetando las cosas de los demás.

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Es importante que enseñéis a vuestro hijo a respetar su entorno más cercano: No tirando papeles al suelo, no pisando el césped, no rayando paredes , respetando turnos… Debéis animarle desde pequeño a hacer cosas por los demás. Cuando sea pequeño, pedidle que colabore en casa para, después, ir implicándole poco a poco en las necesidades de nuestra sociedad. Podéis proponerle que regale sus juguetes que estén en buen estado y que ya no use a otros niños más necesitados, o que dé parte de su dinero ahorrado. Es importante que a medida que vaya creciendo. Le ayudéis a conocer la realidad que le rodea para que aprenda a analizarla de forma crítica, comentando noticias de prensa, programas de televisión, libros… Favoreced el contacto de vuestro hijo con sus abuelos, para que les transmitan sus propias experiencias de la vida.

Proponedle que practique deporte y/o participe en asociaciones infantiles o juveniles, para favorecer la participación en grupos organizados que le permitan convivir y aceptar a otros niños. Es necesario que ayudéis a vuestro hijo a intentar ponerse en el lugar del otro, entendiendo y respetando sus sentimientos y opiniones. Es importante que vuestro hijo aprenda a escuchar las ideas y opiniones de los demás y las acepte como válidas aunque sean diferentes a las suyas. Debéis enseñar a vuestro hijo a aceptar los errores de los demás, diciéndole que nadie es perfecto y que incluso vosotros podéis equivocaros. Es importante que vuestro hijo aprenda a colaborar con los demás y que pida y/u ofrezca su ayuda cuando crea que puede ser necesaria.

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¿Cómo educar a vuestro hijo para favorecer su buen ajuste escolar?

Los valores que debéis fomentar son: Estudio, Perseverancia, Voluntad, Objetivos y Metas.
Será positivo que establezcáis con vuestro hijo los objetivos que le gustaría alcanzar y que le animéis a esforzarse por conseguirlos. Mostrad vuestra alegría por lo que va consiguiendo, exigiéndole poco a poco para que los logros se conviertan en hábitos. Valorad el esfuerzo que realice vuestro hijo cuando consiga algo por sí mismo y hacedle entender que no conseguir a veces los resultados esperados es normal, pero que descubriendo fallos cometidos, al final tiene éxito. Es importante que establezcáis prioridades y horarios determinados para realizar las diversas actividades. De esta forma vuestro hijo irá adquiriendo la capacidad de organizarse. Es conveniente que dediquéis todos los días un espacio de tiempo para saber cómo le h ido en el colegio y lo que ha hecho durante el día.

Intentad que vuestro hijo adquiera el gusto por saber, por conocer cosas nuevas, estimulando su curiosidad, bien contestando a sus preguntas espontáneas, o bien proponiendo vosotros mismos temas donde vuestro hijo tenga que pensar: Planead visitas a museos, conciertos, exposiciones y lugares de interés histórico; Fomentad el hábito de lectura en vuestro hijo dedicando parte de vuestro tiempo para leer todos juntos y adquiriendo de forma periódica publicaciones infantiles o juveniles. Es fundamental que participéis en sus juegos, aunque cambien con la edad, ya que permiten establecer lazos afectivos muy sólidos y le ayudan a desarrollar sus habilidades. Debéis tener en cuenta que las aficiones son importantes. Es conveniente que compartáis con vuestro hijo alguna adecuada a su edad, en la que no tenga que realizar un esfuerzo excesivo, pero que le plantee algún tipo de reto.

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Conclusión:

Uno de los aspectos más importantes para educar en valores a vuestro hijo es favorecer el diálogo entre todos los miembros de la familia, creando un ambiente donde todos os sintáis queridos y respetados. Es fundamental que escuchéis de forma activa a vuestro hijo y mostréis interés por cualquier área de su vida.

El perdón a través de los ojos de tus padres

John Bradshaw afirma:

«No podemos encontrar la luz en nuestras vidas hasta que nos enfrentemos a la oscuridad y transformemos el dolor original que vivimos en la infancia.»

Si recordáis en el artículo anterior La huella del amor negativo en la infancia decíamos que hasta que no llega el perdón hacia nuestros padres internos, vivimos dominados por nuestro niño herido  y emocionalmente inmaduro que llevamos dentro y que busca el amor incondicional que cualquiera necesita, pero que no recibió de manera acertada en su familia.

Es por todos sabido que no hay una verdadera empatía ni perdón si ésta no pasa por ponerse en la piel del otro. Y no puedes ponerte en la piel del otro si hay una capa gruesa de rabia, miedo y tristeza que taponan la herida para que no puedas penetrar en ella. Incluso aunque ésta funcione con amnesia en algunos casos.

Es por ello que lo primero que hay que hacer es liberar la voz acallada del niño para encaminarla de modo adecuado.  El entender que nuestros progenitores no supieron hacerlo de otro modo no elimina de por sí la huella del Amor Negativo. Hay que sacar el dolor y la rabia encasquillados en forma de Egocentrismo que nuestro niño ha usado a modo de caparazón.

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Este es el punto más difícil del proceso. Desde pequeños se nos ha reprimido tanto la expresión sana de la rabia que la hemos desplazado de las maneras más absurdas. La hemos enmascarado con miedo o con tristeza, o la hemos utilizado para crear alguno de los personajes de nuestra ‘identidad’ (el/la rebelde, respondón/a, inconformista) sobrevalorando su presencia a veces para otorgarnos más poder frente a los demás.

Sin embargo, cuando en un estado meditativo guiado te enfrentas a todo el dolor, el miedo, la angustia y la decepción que tienes acumulados en las entrañas hacia tu padre y madre internos (recordemos que esta ira manifestada en ese momento es hacia la imagen introyectada, no hacia los padres físicos) sientes que el dolor puede llevarte hasta el límite, no hay tabúes, no hay represiones no hay castigos ni culpa por expresar tu malestar. Simplemente sueltas, te sueltas, lo  sueltas…hasta quedarte vacío/a.

 

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Muchas personas tratan de saltarse el paso de sacar y liberar la rabia y pasar directamente al perdón a través de meditaciones, justificaciones racionales, cartas simbólicas, etc.

Sin embargo, hoy sabemos por experiencia que sin el paso previo de vaciar el vaso lleno de barro, sólo conseguirás llenarlo de agua limpia pero que se mezclará con la suciedad anterior. Puede que eso diluya en parte el barro, pero seguirá estando el poso abajo sin que el agua llegue a estar nunca limpia del todo.

Cara a cara con la infancia de nuestros padres

Sólo cuando aprendamos a desactivar los patrones negativos heredados , tal y como explica los explica el médico y psicoterapeuta Luis F. Cámara en el siguiente vídeo, el proceso nos conducirá al contacto de nuestro propio niño con el niño de nuestros padres.

 

Una vez nos sentimos vacíos y ligeros de peso tras la descarga del dolor, nos encontramos con la decisión simbólica de ayudar o no a nuestros padres y darles aquello que ellos no nos dieron a nosotros.

A título personal he de decir, que a pesar de que algunas de las historias que encontré eran realmente duras, no hubo ninguno de nosotros durante el proceso que se negara a ayudar a sus padres y darles de manera figurada (a través de un acto similar al usado en psicomagia por Jodorowsky) todo el amor positivo que ellos no recibieron.

De un modo u otro, dentro de cada quien, existía la sabiduría que a través de esta decisión consciente se rompía el cordón umbilical del Amor Negativo y de la dependencia emocional. Desde nosotros y hacia los otros nacía el amor incondicional, la compasión y el perdón por sanar aquello que ellos no pudieron, no quisieron o no supieron cambiar.

Después del encuentro  frente a frente con el niño que fue tu padre y con la madre que fue tu madre, nunca más la relación con ellos vuelve a ser la misma. Ni siquiera aunque uno de los dos o los dos hayan muerto.

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Más que sentir cómo ellos te cuentan su historia de vida, el proceso te acompaña a revivirla, como si realmente pudieras ponerte «en su piel» con el dolor infantil del rechazo, la soledad o la incomprensión que ellos mismos hubieran experimentado y que de manera inconsciente te transmitieron a ti en forma de automatismos, creencias y carencias.

Dicho esto ¿significa entonces que ya nunca más va a ofenderte un chantaje emocional o una sobre exigencia de uno de los dos? ¿Significa que vas a ser inmune a su intento de dirigir tu vida o la negligencia de sobreprotegerte? ¿Entonces tendrás que tragar y sonreír cuando salte algún automatismo suyo porque ya les he perdonado? En absoluto se trata de eso.

Sencillamente aprendes poco a poco y de forma natural a no reaccionar contra ellos, a ver las cosas tal y como son, a relacionarte con ellos -y con todos aquellos de tu entorno en los que proyectes a tus progenitores- no desde el niño que se siente herido (aún sin haber sido consciente de ello), sino desde quien eres en el momento presente. Dejas de relacionarte con la imagen que tienes grabada de tu madre y tu padre interno (ya sea que los rechaces o los idealices) y lo haces con ellos tal cual son.

Podría afirmar que de alguna manera se activa un botón cuando sus patrones negativos aparecen y de forma automática pudieras «ver» a su niño herido detrás de sus ojos de adulto. Y todo se hace más fácil.

 

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Muchos y muchas podréis pensar que no hay forma exacta de probar si lo que experimentas allí, reviviendo su infancia, es literalmente cierto o si creamos con la imaginación aquello que queremos ver. Y tenéis razón, no podemos saberlo. Pero realmente no importa.

Incluso aunque ya hay numerosos estudios que demuestran que las zonas del cerebro que utilizamos para percibir objetos y aquéllas que usamos para imaginar objetos se superponen,  «el recuerdo imaginado» puede dejar en nuestro cerebro la misma marca que un hecho realmente ocurrido.

Y en este caso, la marca que te deja el perdón y la reconciliación con tus padres internos es de una magnitud extraordinaria. Te cambia por completo.

Hoffman nos recuerda que para llegar a este punto de liberación tendremos que:

-Llegar a una comprensión sin condena de nuestros padres biológicos y nuestros padres sustitutos

-Tener compasión por la infancia que ellos vivieron.

-Perdón por lo que ellos nos hicieron y por lo que les hicieron a ellos.

-Aceptarlos totalmente como son y como fueron

-Poder amarlos incondicionalmente por lo que ellos son sin expectativas frustradas ni idealizaciones irreales.

El perdón en la herida del dolor original 

LLegamos finalmente el encuentro con tu niño interior ya que esa herida infantil  auto-congelada en el tiempo, salta cada vez que nos volvemos a sentir heridos y no nos prestamos atención. 

Este encuentro con nuestro niño olvidado, puede que sea doloroso y difícil ya que es probable que este niño esté asustado o puede que esté muy enfadado contigo. Hasta puede que seas tú la que estés muy enfadado con él «por lo mal que se portaba y lo que hacía sufrir a tus padres».

Sea del modo que sea, este proceso te ayuda a que el niño emocionalmente herido vuelva a confiar en ti poco a poco,  a que no se sienta juzgado ni abandonado y a que le animes a madurar para convertirse en un adulto consciente y afectuoso.

¿Y cómo sucede este encuentro? Hoffman sustenta que cada uno de nosotros estamos formados por cuatro partes: el niño emocionalmente herido, el intelecto adulto, el yo espiritual y el yo físico corporal.

Cuando logramos reeducar el Intelecto Adulto Sabelotodo (la razón) para que acalle su voz crítica y beligerante en forma de pensamientos obsesivos,  y se ‘reconcilie’ con el Niño Interior Quejica (la emoción) -que está «a la que salta»-, se produce una sinergia, algo así como un pacto entre ambos que se manifiesta a un nivel corporal y espiritual en un acto de auto validación y equilibrio.

Experimentar de forma real ese acto de validación y aceptación plena de ti, es liberarse, -en el sentido literal y hasta corporal-, de un gran peso. Es como si un plomo que se ha quedado instalado en el pecho, saliese despedido hacia fuera y pudieras respirar profundamente y sin presión.

De algún modo se trata de volver a estar apegado a la familia de origen al mismo tiempo que has cortado el cordón umbilical negativo, pues de todos es sabido que no puedes separar algo que no haya estado unido antes.

Llegar a tu propio perdón a través de la mirada de los ojos de tus padres es sin lugar a dudas un acto único para ser más tú y permitir que ellos sean más ellos.  Y si te equivocas o se equivocan contigo: más compasión y menos juicio.

Puede que no todos ni todas quieran, puedan o necesiten pasar por este proceso. Aunque así fuera, no dejéis escapar la oportunidad un día de volver a mirar a los ojos a vuestro niño o niña interior y que os sonría. Os aseguro que es una cura para el alma.

 

*Nota: se ha usado el término niño interior y el modelo familiar de padre y madre por congruencia expresiva, pero así mismo este texto se aplica por extensión, a todos los modelos posibles de familia y a la niña interior.

 

Referencias bibliográficas:

-Hoffman, Bob El proceso Hoffman de la Cuadrinidad, Ed. Urano, 1992.

 

Aprendiendo a ser padres: El control de Esfínteres

Este es el primero de una serie de artículos para orientar a padres, hermanos, educadores y cualquiera interesado en el conocimiento acerca de los distintos ámbitos que ocupan la vida de los jóvenes y adolescentes. Pero si tuviera que definir un “Target” (Un objetivo) diría que se trata de una serie de artículos para orientar a los padres en el complejo mundo que es su hijo.

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¿Qué es importante saber sobre el control de esfínteres?

Es importante establecer unos «Standars»: La edad en la que los niños controlan habitualmente sus esfínteres oscila entre los 18 y 30 meses, siendo la maduración nerviosa una condición indispensable para alcanzar dicho control. La secuencia del control de esfínteres es: Primero de los 18 meses a los 2 años los niños suelen lograr el control anal tanto nocturno como diurno; Poco tiempo después el niño anticipa la sensación de hacer pis y/o decir que está mojado; A partir de los 2 años, se produce un incremento en la capacidad de la vejiga y se inicia el control: primero, de días y algo más tarde, de noche. Entre los 3 y los 4 años debe haberse logrado tanto el control diurno como el nocturno.

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¿Cómo enseñar a vuestro hijo a controlar sus esfínteres?:

Es necesario que enséñeis a vuestro hijo a controlar la orina cuando haya adquirido la capacidad para caminar de forma firme y rápida y empiece a decir que quiere hacer pis, aunque ya se lo haya hecho encima. Es importante que le quitéis los pañales para que aprenda a diferenciar entre estar seco o mojado. El verano es una buena época para enseñarle, porque no resulta tan incómodo si se producen fallos y se moja. Al principio, es conveniente estar pendiente de las horas en las que orina y del tiempo que pasa entre una y otra micción. Una vez que calculéis las horas en las que vuestro hijo puede necesitar ir al baño, proponedle que utilice el orinal o el inodoro, pero nunca le deis demasiado tiempo, porque podría provocarle rechazo.

Es conveniente permitir que vuestro hijo pase al baño y vea cómo usáis los demás el inodoro, para que intente imitaros. Actualmente, existen suplementos que se pueden acoplar al inodoro y que a vuestro hijo le gustarán más que el orinal, porque le permiten imitar mejor el comportamiento de los adultos. Para conseguir que vuestro hijo retenga durante más tiempo su orina, es conveniente enseñarle, como si fuera un juego, a cortar y soltar el pis cuando vaya al paño. Es importante que felicitéis a vuestro hijo cada vez que lo consiga y nunca le castiguéis o critiquéis si no lo logra. Es fundamental que ayudéis a vuestro hijo a bajarse y volver a subirse la ropa interior, pero no hagáis las cosas por él.

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Problemas de la eliminación:

  • La enuresis: Es la falta de control en la emisión de orina, sin causa orgánica que lo justifique, a partir de los 4 o 5 años. La enuresis puede aparecer durante el día (Diurna), solo durante la noche (Nocturna), o en ambas situaciones (Mixta). En algunos casos se produce todos los días y en otros de forma esporádica. Aunque la mayoría de las enuresis son primarias (Cuando el niño nunca ha controlado la orina), también se pueden dar las secundarias (Cuando, después de haber pasado un periodo de tiempo controlando la orina, el niño vuelve a hacerse pis). Estas últimas suelen coincidir con algún acontecimiento negativo o estresante. La enuresis es uno de los problemas más comunes a los que se enfrentan los padres en los primeros años de vida de su hijo. Si aparece, es necesario que un profesional determine cuáles son sus posibles causas: Antecedentes familiares de enuresis, sueño muy profundo, fallos en el entrenamiento de los hábitos de limpieza, acontecimientos estresantes.

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    ¿Qué hacer ante el niño enurético? Ante todo, es fundamental que no hagáis un drama, demostrando a vuestro hijo que confiáis en que sea un problema pasajero. Tened en cuenta que cada niño es diferente, por lo que debéis evitar comparar a vuestro hijo con otros niños (Hermanos, amigos, vecinos…). Por norma general, prestad atención a vuestro hijo, alabadle cuando consiga no mojarse. Nunca le castiguéis ni le recriminéis si tiene fallos. Podéis recompensar los logros de vuestro hijo, dándole un premio especial cuando consiga no mojar la cama un determinado número de noches. También podéis recurrir a los diferentes aparatos que existen en el mercado para solucionar el problema de la enúresis. Su funcionamiento consiste en la activación de una alarma ante las primeras gotas de orina, produciendo dos efectos: Se detiene la emisión de orna y el niño se despierta.

    Es importante que impliquéis a vuestro hijo para resolver el problema, sin recriminarle: Eseñándole que no debe ingerir líquidos antes de acostarse. Enseñádle a ir siempre al baño antes de dormir. Apuntando con él, en un gráfico, qué noches se hace pis y cuales no. Ayudándolo a responsabilizarse de retirar la ropa mojada (Pijama y sábanas). Evitando ponerle pañales, porque dificulta que el niño aprenda a recibir las señales que le avisan de que desea hacer pis, aunque si podéis colocar en su cama un plástico para proteger el colchón.

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    Es conveniente que entrenéis a vuestro hijo a aguantar la orina, para aumentar la capacidad de su vejiga. Cuando os indique que desea ir al baño, pedidle que aguante cinco minutos. Una vez pasado ese tiempo, el niño irá al baño y se le debe felicitar por su esfuerzo. Paulatinamente se irán subiendo los minutos, para que pueda aguantar más fácilmente. También podéis despertar a vuestro hijo por la noche para que vaya al baño, pero es importante que se despierte del todo y que sea plenamente consciente de lo que está haciendo. A partir de los 5 años, es conveniente que acudáis al pediatra y al psicólogo, para descartar causas orgánicas y determinar la mejor forma de actuación. También existe medicación específica que se utiliza en los casos de enuresis, pero siempre debe administrarse bajo recomendación y supervisión médica.

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  • La encopresis: Es la falta de control en la evacuación de heces, sin causa orgánica que lo justifique, a partir de los 4 años. Aunque es un problema menos frecuente que la enuresis, si aparece es necesario que un profesional determine cuáles pueden ser sus posibles causas: Estreñimiento, problemas durante el entrenamiento de ir al baño, situaciones de estrés, dificultades familiares.¿Qué hace ante el niño encoprético? Al igual que los casos de enuresis, es importante que impliquéis a vuestro ijo para resolver el problema, sin recriminarle: Enseñadle a adquirir la costumbre de sentarse en el inodoro durante unos minutos, dos veces al día, al levantarse y después de la comida. Elaborando con él los horarios de defecación. Apuntando con él, en un gráfico gráfico, los éxitos y los fracasos, premiando cada éxito. Ayudándole a responsabilizarse de la limpieza en los episodios de encopresis. Alabando sus esfuerzos e interés por resolver el problema. Es fundamental que evitéis bromear, criticar y, por supuesto, castigar a vuestro hijo cuando se ensucie, porque afectará negativamente en su autoestima. Es conveniente que acudáis al pediatra y al psicólogo, para determinar si existe o no causa orgánica y determinar la mejor forma de actuación.

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Conclusión:

No existe una edad fija para que vuestro hijo empiece a controlar sus esfínteres. Llegará a hacerlo cuando esté preparado. Si sois demasiado estrictos o, por el contrario no le enseñáis, puede que tenga dificultades. Es conveniente no desatender este tipo de problemas, ya que suelen producir sentimientos de culpa tanto en vosotros como en él y un aumento de la tensión en el ambiente familiar. Para evitarlo, consultad con el pediatra, que determinará si existe una alteración orgánica. Una vez descartada es importante acudir al psicólogo para que analice y valore la mejor forma de actuación.

Aprendiendo a ser padres: La autonomía y la responsabilidad

Este es el primero de una serie de artículos para orientar a padres, hermanos, educadores y cualquiera interesado en el conocimiento acerca de los distintos ámbitos que ocupan la vida de los jóvenes y adolescentes. Pero si tuviera que definir un “Target” (Un objetivo) diría que se trata de una serie de artículos para orientar a los padres en el complejo mundo que es su hijo.

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¿Qué es importante saber sobre la autonomía y la responsabilidad?

Primero, definamos: Autónomo es aquel que no depende de otros para cumplir una función; Y responsable es aquél que es consciente de sus obligaciones. El papel de los padres en el desarrollo de la autonomía y responsabilidad en el hijo es innegable, ya que son el modelo a seguir, correctores y guías (Sobre todo en las primeras fases del desarrollo). Como la edad a la que los niños adquieres autonomía es flexible y sus márgenes son amplios, no todos los niños aprenden a leer, o a controlar sus esfínteres a la misma edad. Es importante tener en mente que cada niño tiene unas características propias que le diferencian de los demás.

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Grados de responsabilidad:

  • De 0 a 2 años: Grado muy bajo de autonomía y depende de vosotros. A partir del tercer mes comienza a mostrar conductas intencionales (reconoce, mira). Al cuarto o quinto mes, manipula objetos activamente. Al final del primer año de vida empieza a andar, por lo que puede ir ampliando su mundo y empieza a comunicarse señalando de forma activa e incluso pronunciando sus primeras palabras.
  • De 2 a 7 años: La adquisición más importante es el lenguaje, que le permite relacionarse con sus iguales. Juega con otros niños y hace “ensayos” de la vida real que le sirven de entrenamiento. A partir de los tres años asume costumbre básicas (comida, higiene, el sueño, control de esfínteres, ect.) Por eso, es muy importante que vosotros le demandéis cierta disciplina. El control de esfínteres se afianza, aunque de noche puede haber dificultades, para los 5 años debe tenerlo prácticamente logrado. Es aconsejable tener una rutina par air a dormir para que lo haga él solo y cuando se le indique. Con los juegos, reclama cada vez menos vuestra atención. También podeis pedirle que coopere en las tareas de casa: Poner la mesa, ordenar la ropa y/o su cuarto.
  • De 7 a 12 años: Los amigos empiezan a ganar más peso para el niño. Aumenta su capacidad de cooperación. Atiende a los razonamientos del otro, por lo que es la etapa en la que se fija el respeto mutuo. Comienzan los juegos de reglas, donde “ensaya” nociones básicas para la vida, siendo capaz de reflexionar antes de actuar.
  • Adolescencia: La entrada en la adolescencia supone un momento de grande cambiso y de malestar para el niño y para vosotros. Surgen la necesidad de identidad y búsqueda de independencia. El adolescente pone a prueba los modelos conocidos y las figuras de autoridad para ver si aguantan. Consolida su esquema de valores y se afianza en su grupo de iguales.

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Modelos educativos «Inadecuados»:

  • Punitivo: Cuando los métodos para conseguir que las normas se cumplan son la agresividad y la intimidación, el niño puede sentir miedo e inseguridad, o por el contrario, agresividad desmedida y frustración. Es importante que enseñéis que la agresividad no es el modo de conseguir las cosas (Como podíamos ver en el artículo anterior sobre agresividad) y también que sus opiniones tienen valor y merecen ser escuchadas. Sin escucha, no podrá darse la comunicación.
  • Sobre-Protector: Cuando se anticipan a las dificultades del niño, impidiendo que se equivoque. El niño cree que siempre habrá alguien para resolver sus problemas y que la responsabilidad de su bienestar está en otra persona, esto genera dependencia de ellos. Surge en el niño miedo hacia lo nuevo y lo desconocido. Enseñad a afrontar las dificultades y a aceptar que en ocasiones se equivocará, sin que esto le hunda. Acompañadle en el aprendizaje de sus propios errores, pero no los viváis por él.
  • Permisivo: La creencia de que el niño tiene el derecho a expresar sus deseos de cualquier modo y que es su función la de facilitar que se cumplan siempre. El niño piensa que lo único importante son sus necesidades y conseguir sus deseos al momento. Enseñad que sus deseos no se anteponen a cualquier cosa (Ni los de los demás) ni se consiguen sin ningún tipo de esfuerzo o porque é “Lo quiere”. Enseñarles a conseguir las cosas es algo que requiere tiempo.

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Modelo educativo adecuado:

Primero Acompañad al niño en sus dificultades y ayudadle a superar su frustración pero no evitándoselas. Enseñadle que la agresividad no es respetuosa ni tolerante con los demás y que vosotros valoráis su opinión. Todos sus comportamientos tienen consecuencias, positivas y negativas. No os mostréis, pues, permisivos con sus comportamientos inadecuados. Mostradles, de modo claro y estable, cuales son los límites a su conducta. No dudéis en aprobar y alabar su comportamiento adecuado. Debéis enseñar al niño que sus logros y sus capacidades son algo que le pertenecen, y que él mismo puede superarse.

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¿Qué es hacer a vuestro hijo responsable?

Preparadle para afrontar el mundo adulto. Los juegos de reglas que él conoce ahora se extienden también a las relaciones sociales de su vida. Potenciad su autoestima y la confianza. Enseñareis al niño a saber cuándo está haciendo bien las cosas y cuándo no. Preparadle para que tome sus propias decisiones sin miedo. Dadle la oportunidad de sentirse válido. Permitidle disfrutar de su individualidad responsable y respetuosa. Y pedid que el resto de personas se muestren con él igualmente responsables y respetuosos.

Capacitadle para decir No a las cosas que no quiere (Drogas, violencia, sexo, valores…) de una manera asertiva, sin dañar a los demás ni sentirse mal por ello. Ser críticos con las cosas que le suceden y con las opiniones de los demás. Enseñadle a desarrollar su autonomía económica, sentimental, afectiva, ect. Enseñadle a controlar su propia conducta impulsiva y animadle a que siga avanzando en sus éxitos.

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¿Cómo poner límites a una conducta no responsable?

Haced ver que su conducta trae consecuencias. Si el niño pega a su hermano, es inadmisible y debe tener unas consecuencias que supongan algún coste para él. Si besa y escucha a su hermano, hacedle ver que eso os gusta y lo aprobáis. Reforzadle, ya que vuestra aprobación es muy importante para él, aunque no os lo diga. Se siente valioso cuando le decís que os gusta cómo recoge su ropa después del baño. Hacedlo, aunque sea su obligación, ya que así aprenderá a disfrutar también con las cosas que debe hacer. Dejadle claro qué cosas no se pueden hacer en casa. Sólo de esta forma él sabrá, exactamente, cuándo se ha saltado los límites. Explicadle también qué ocurrirá si él se salta ese límite. Enseñadle que su conducta se puede reparar. Pedidle que os ayude a limpiar y recoger los espaguetis del suelo, si los ha tirado, pero no le digáis que es un “Inútil”.

Mostraos constantes en vuestras respuestas, es algo que el niño necesita. Si siempre respondéis igual le estáis enseñando a ser consecuente y responsable con su propio comportamiento. De otra forma, si los límites son cambiables, crece en el niño la incertidumbre, el miedo y la inconsecuencia de su conducta. Confiad en él, en sus capacidades y en sus criterios para hacer las cosas. Aceptad que el niño puede tener dificultades o problemas en el cumplimiento de las normas. Su desobediencia no debéis entenderla siempre como un gesto de maldad o desconsideración hacia vosotros. Cuando se salta una norma, preguntadle cuáles han sido sus motivos para incumplirla. Sed razonables pero firmes en vuestras normas. Cuando vuestro hijo se enfada con vosotros no es a vosotros a quienes rechaza, sino a la norma. Al principio, el niño intentará alargar la hora de volver a casa; mostradle que estáis dispuestos a flexibilizar y ceder un poco, pero nunca iréis más allá de lo que vosotros consideréis razonable.

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No rechacéis valores personales de vuestro hijo, sino comportamientos concretos. Si tu hijo hace algo mal, no es que sea un “inútil”, un “vago”, o un “egoísta”, sino que ha hecho algo que no está bien. No le digáis que es un “vago”, decidle que no os gusta cunado no estudia. Cambiad el modo de decirle las cosas. Decidle: “Espero que hagas tu cama porque sé que eres capaz de hacerlo”. De esta forma dais al niño control sobre su conducta, demostráis que confiáis en él y que le pedís un comportamiento adulto. Enseñadle a ponerse en el lugar del otro. Así mostrareis a vuestro hijo cuáles son las consecuencias de sus conductas sobre los demás. No utilicéis esto como chantaje afectivo. Si llega tarde a comer eso implica que la comida se queda fría o que hay que empezar a comer sin él y eso no os gusta. No le digáis que es un “egoísta” y “que no valora vuestros esfuerzos con él”.

No os coloquéis en el ideal de perfección. Es normal que haya pequeñas discusiones en casa, o momentos de desacuerdo con vuestros hijos. Haced que el hogar le proporcione sentimientos de seguridad para poder salir al mundo sin agresividad o vulnerado los derechos de los demás. No repitáis mensajes, porque estos perderán su valor. Es mejor decir las cosas pocas veces, de una forma firme y cuando realmente os está escuchando, que repetirlas muchas veces sin conseguir nada.

Conclusión:

La autonomía y la responsabilidad son cualidades que se adquieren en el proceso de aprendizaje y no son características que vuestro hijo posea en el momento de nacer. La convención sobre los derechos del niño recoge en uno de sus artículos la obligación de “(…) preparar al niño para asumir una vida responsable en una sociedad libre (…)”. Cuando el niño cumpla 18 años la sociedad le pedirá que sea responsable. Que tenga esas competencias dependerá del camino que habréis recorrido con él.

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