Pokémon, Tinder y los peligros de Internet.

Internet es, en mi humilde opinión y con todas los legítimos motivos que tenemos para criticarlo, la mayor revolución cultural de la historia moderna. Entre otras cosas porque ha ocasionado que vivamos a dos niveles, el nivel real y el virtual; construimos nuevas identidades en la red, nos relacionamos, nos enamoramos y rompemos amistades utilizando las redes sociales.

Tinder y Pokémon: Algunas claves.

Después del boom de las redes sociales clásicas, articuladas todas en torno al modelo Facebook, ha habido dos aplicaciones que han tenido un impacto brutal sobre los usuarios de dispositivos móviles con acceso a Internet.

La primera ha sido Tinder y sus múltiples hermanas, todas aplicaciones basadas en la misma premisa, la búsqueda del amor (o del sexo) a través de Internet, un método directo,  sin intermediarios, de tener acceso al mercado del «amor» en el que ¿todo es posible? La ilusión de tener a nuestra disposición millones de posibles parejas es algo que supone una realidad psicológica completamente nueva. Aún no sabemos cuales pueden ser la consecuencias a largo plazo en las relaciones de pareja que se puedan construir o las que puedan romperse por este motivo. Si sabemos algo sobre la paradoja de la elección y cómo el tener muchas opciones perjudica a nuestra capacidad para elegir adecuadamente y finalmente nos lleva a la insatisfacción.

La segunda de estas aplicaciones estrella ha sido, por supuesto, aquella de la que todo el mundo está hablando: Pokémon Go. Como la mayoría de la gente sabe, Pokemon es un juego de la era Gameboy rescatado por Nintendo para los nuevos dispositivos Smartphone. La premisa siempre ha sido tan sencilla como adictiva. «Hazte con todos».

En la versión original el jugador recorría un mundo virtual cazando a estas criaturas y entrenándolas para luchar en diferentes batallas contra otros entrenadores de pokémon. En su reinvención para móviles el juego ha tomado una nueva dimensión. Los pokémon ya no están en un mundo virtual. Están repartidos (virtualmente) por el mundo real, de esta forma la aplicación ha conseguido llevar la realidad virtual por primera vez a un nivel tan masivo. Puedes (debes) jugar en todos los lugares y en todo momento, nunca sabes dónde puede estar esperándote ese pokémon que ansías, aquel que te dará la ilusión de poseer algo especial, cuando en realidad no posees nada real, los mecanismos consumistas  se activan. ¿Qué mejor negocio que hacer a la gente consumir algo intangible, algo que en el mundo de la realidad física no existe? 45 millones de usuarios activos diarios ha llegado a tener el juego, un fenómeno global sin precedentes ¿Un peligro para la humanidad? Probablemente no, pero tal vez si es una señal importante de los tiempos que están por llegar.
pokemon

La pregunta ahora es ¿Qué podemos esperar después? Las gafas de realidad virtual, a la vuelta de la esquina, prometen traer muchas sorpresas y tal vez también algún peligro.

Patologías de Internet

Un cambio de esa magnitud naturalmente tiene que tener su reflejo sobre la salud mental de los seres humanos que entran en un nuevo paradigma de comunicación y de ser en el mundo.

Las patologías que este nuevo ambiente puede generar son aún muy desconocidas, aunque algunas empiezan a asomar como las nuevas adicciones a Internet, a la pornografía o al juego online, también encontramos trastornos ocasionados por la exposición excesiva a la red en personas con una vulnerabilidad previa específica (fobia social, trastornos de la alimentación que beben de los foros de Internet, psicopatías y parafilias variadas, etc…). En cualquier caso siendo un tema muy nuevo aún no podemos determinar el impacto real de Internet en nuestras vidas.

Por poner un ejemplo, es seguro que ya existen patologías relacionadas directamente o que se expresan a través de Pokémon Go, sin embargo los cambios sociales son tan rápidos que es probable que para cuando pueda hacerse un estudio del impacto de la aplicación en la salud mental Pokémon Go haya dejado de existir y otra aplicación distinta haya tomado el relevo con lo que nuevos estudios deberán hacerse. Los cambios sociales en este momento, tan marcados por las nuevas tecnologías hacen que sea prácticamente imposible para la ciencia seguir el ritmo.

adicción móvil

Sin embargo, en nuestra vida cotidiana si podemos detectar algunas claves. De entrada podría decirse que el uso de Internet se convierte en patológico en el momento en el que empieza a reducirse de forma sustancial el número de satisfacciones que la persona encuentra en su vida en pro de un mayor uso de la red. Es fácil encontrar gente que huye de las interacciones directas para esconderse tras diversas máscaras virtuales que les permiten, en el mejor de los casos, ocultar las cosas que no aprecian de si mismos, y en el peor desarrollar una identidad totalmente nueva, olvidando la real.

Conviene recordar que ninguna de estas aplicaciones, ni las redes sociales, ni los smartphones, ni el propio Internet son malos por si mismos, tienen potencial para ser algo bueno o malo, depende de nosotros y del uso que les demos.

Depende, en definitiva, de que seamos capaces de distinguir lo real de lo virtual. Al fin y al cabo, este es el gran problema de Internet ¿Dónde está la realidad? ¿Lo que sucede en la red podemos integrarlo en nuestro mundo o constituye una ilusión que nos atrapa y nos impide ver lo que sucede a nuestro alrededor?

Es aquí, en la zona gris del poder omnipotente que promete Internet donde la patología encuentra el terreno abonado y listo para plantar sus semillas.