Educación emocional (Dejando espacio al sentir)

De un tiempo a esta parte, en muchos momentos de encuentro que tengo con equipos profesionales (docentes, educador@s, familias) uno de los temas que más relevancia tiene en la conversación es el de la gestión emocional. Hace relativamente poco tiempo, se pusieron de moda materiales didácticos como el Emocionario, o “El monstruo de los colores”, con los que muchas maestras y maestros comenzaron a intervenir en este aspecto en el aula, en los ciclos de infantil, primaria y hasta secundaria, con la programación de sesiones que abordaran de manera directa el mundo emocional de los/as menores. De pronto, todos los profesionales éramos conscientes de la importancia de trabajar con el alumnado o con los/as chavales (en el ámbito de la educación no formal) la identificación y la gestión de emociones, como la piedra angular del resto de la intervención educativa.

En un momento de la conversación, cuando dos colegas intercambiaban experiencias de trabajo en este ámbito en sus respectivas clases, se me ocurrió hacerles una pregunta: “¿Y los/as chavales se sienten libres de, por ejemplo, llorar durante la sesión?”. Ambos me miraron con expresión de no entender. Y, finalmente, uno de ellos me dio la respuesta “Cómo van a llorar en el aula. Sería un poco raro verlos llorar delante del resto de compañeros/as”.

Este profesor, sin darse cuenta, había dado con la clave. ¿Se legitima que los/as menores expresen sus emociones? ¿se juzgan las emociones propias y ajenas? ¿Nos sentimos libres de expresar las cosas que sentimos para poder “sacarlas fuera”, mirarlas con atención y volver a integrarlas en nosotros/as?

En uno de los talleres de formación como terapeuta Gestalt, vivenciamos nuestro propio mapa emocional, conectando a través del cuerpo con cada una de las emociones planteadas (ira, tristeza, alegría, amor) con el objetivo de conocer cuáles eran nuestras emociones más negadas. Recuerdo que, lo primero que escuché de la formadora fue que las emociones existen para  ser sentidas. Si, de acuerdo. Puede parecer una obviedad. Pero si prestamos más atención a esta frase, y empezamos a recordar momentos o escenas de nuestras vidas, nos daremos cuenta de que en realidad, eso no ocurre. Las emociones se juzgan, se esconden, se inhiben o se coartan. Todos podemos visualizar una escena en la que nuestro “YO niña/o” se ponía a llorar (no importa no recordar el motivo) y nuestra madre o padre nos instaba a dejar de hacerlo con un “Deja de llorar” que, en aquel momento, podía funcionar.

Empiezo a tirar del hilo, y pienso como en mi familia, durante mi infancia, se “castigaba” mi excesiva sensibilidad. Como a mi primo, mi tío le decía que parecía una niña porque lloraba demasiado. Como la ira estaba totalmente inhibida, incluso entre los adultos, ocasionando más de una úlcera de estómago (porque si, amigos/as: el inhibir las emociones y negarnos a sentirlas, hace que éstas busquen otras vías de expresión alternativas que se reflejan en nuestra salud física y mental). Si sigo tirando del hilo, salto de mi familia a la sociedad. Las niñas son más sensibles; los niños no lloran; cuando te enfadas te pones muy fea; dejad de reíros que molestáis a papá, que está viendo la televisión; No llores por una tontería; Que no te lo diga, no significa que no te quiera.

Bien. ¿Creemos entonces que vivimos en un sistema donde somos libres de expresar nuestras emociones sin miedo? ¿Qué todas las emociones están legitimadas? ¿Qué las mujeres podemos expresar nuestra ira y enfado porque nos han enseñado a cómo hacerlo y los hombres pueden mostrarse sensibles y llorar en público?.

Pienso en los/as adolescentes con los que trabajo y convivo diariamente. Por ejemplo, en la adolescencia temprana (12 a 14 años), su desarrollo emocional se caracteriza por presentar una gran inestabilidad en sus conductas, se muestran más sensibles y necesitan mayor privacidad; comienza la búsqueda de relaciones afectivas fuera de la familia. En resumen, están en plena búsqueda de su sentido de identidad (su “self”). Esta búsqueda les produce en ocasiones gran sufrimiento, confrontar con las normas y los límites, no entender qué están sintiendo en muchos momentos. En este sentido, me planteo si la escuela, la familia, la sociedad en general, nos permite sentir. Nos permite emocionarnos libremente, conocer qué sentimos, dónde lo sentimos y qué postura tomamos frente a las cosas que sentimos.

Las emociones son una fuente de información maravillosa para saber qué es lo que nos pasa en relación con el mundo exterior, ya sean situaciones vitales o personas que están en nuestra vida. Nos permiten y nos facilitan conectarnos con nosotras mismas. Por ejemplo, si siento miedo, es porque algo que me rodea lo percibo como una amenaza. Y el miedo me conectará con mi propia vida, con lo que considero importante o no. Tienen una función orientativa, ya que nos dan información sobre cómo vivimos nuestra relación con algo o con alguien y sobre la calidad de la misma. Las emociones tienen una función adaptativa. Nos permiten aprender a desenvolvernos en la vida adaptándonos al medio que nos rodea. Son un termómetro de lo que queremos y lo que no queremos en nuestra vida; así, podemos aceptar las relaciones que alimentan nuestra salud y evitar las que nos enferman.

Está claro que no podemos elegir la emoción que sentimos en un momento determinado, pero si podemos decidir qué hacer con ella, qué actitud tener ante lo que nos pasa. Tengamos en cuenta que son nuestra forma de percibir el mundo. Es decir: si me manejo en la vida siempre desde el miedo, pensaré que todas las personas son una amenaza que viene a dañarme. Es por esto que, como profesionales y como madres/padres, es imprescindible que acompañemos a los/as niños/as a vivir sus emociones y a expresarlas, para poder gestionarlas de manera natural y adecuada.

Tenemos que tener en cuenta que las emociones siempre se dan en relación con algo o con alguien, con lo que detectar este estímulo que genera una emoción determinada en mi es el primer paso para saber qué me pasa y cómo soy (herramienta de autoconcepto). Este estímulo tiene que resultar significativo para que yo pueda sentir la emoción. Y estos estímulos variarán según la persona, el momento o la situación (hay personas que se enfadan más rápidamente que otras y por motivos muy diversos, que dependerán de su propia historia de vida).

Por ejemplo: Si las personas invasivas me dan miedo, este miedo me permite discriminar un estímulo que me perturba y me informa de que soy una persona introvertida; y a su vez esto me indica que, para ajustarme a lo que voy viviendo, quizá deba aumentar mi tolerancia a este tipo de personas y/o aprender a poner límites a la hora de relacionarme con ellas. Me daré cuenta de que mi cuerpo también siente esa emoción, apareciendo sudoración en mis manos, o sequedad en mi boca cuando me encuentro frente a una persona invasiva.

 

educación emocional

Pasos:

Primer paso: reconocer la emoción en mi cuerpo

Lo emocional se vincula con los cinco sentidos. Un paisaje, por ejemplo, puede conectarme con la paz y la tranquilidad. Un olor, con la nostalgia de la niñez. Una canción, puede conectarme con la alegría más pura. Cada emoción, nos conecta con diferentes acciones. Así, la alegría nos lleva a querer compartir, mientras que el enfado nos invita a apartar lo que nos molesta. La tristeza requiere de soledad para reflexionar, el miedo me paraliza o me empuja a huir…

Todas las emociones, todo lo que siento, tiene un registro corporal que lo acompaña. En mi trabajo diario, cuando estoy en intervención con algún/a adolescente (que ya sabemos que a veces no encuentran palabras para describir lo que sienten), les llevo al cuerpo. ¿Dónde sientes la emoción? ¿Cómo es?. Así es más sencillo que vayamos tomando consciencia de que emoción es la que me embarga. Por ejemplo, la tristeza se siente en los ojos o en la boca del estómago; la alegría se siente en la parte alta del pecho, la ira, suele sentirse en los puños y la mandíbula… situando corporalmente la emoción, es más sencillo poder acompañar en que él/ella pueda sostenerla.

Segundo paso: sostener la emoción

Aquí entramos en la parte más compleja. En lo que está impregnado por el juicio, el contexto cultural en el que me muevo, mi historia familiar, lo que me está permitido o no…

Una vez que reconozco lo que siento, sólo he de dejarlo sentir. Acepto este momento sin pretender cambiarlo o modificarlo. Dejo que la tristeza me invada, que las lágrimas surjan. No la niego ni la alimento. Solo dejo que sea, le doy su espacio, su tiempo… y no la juzgo. No caigo en alimentarla o aumentar su intensidad, ni tampoco la penalizo o la contengo.

De ahí que las frases que hemos ido escuchando a lo largo de nuestra vida (como “deja de llorar si quieres que te haga caso”, “No llores por tonterías”) son las que nos dificultan la capacidad de legitimar y sostener las emociones que siento. Si tu hija/o de 4 años tiene una pataleta y llora, déjale que llore hasta que se calme. Prueba con un “No entiendo lo que me quieres decir porque lloras y hablas a la vez. Cuando dejes de llorar, hablamos”. De esta forma, el mensaje que le estamos dando a este/a niño/a es que es legítimo que sienta rabia, enfado y/o tristeza, que es libre de expresarla, y que cuando considere que ya es suficiente, puede buscarnos y hablar sobre lo que ha sentido. Y lo mismo cuando estamos frente a un/a adolescente: dejemos que sientan lo que sienten. Legitimemos que todos/as nos sentimos en ocasiones enfadados/agresivos, alegres, tristes, con ganas de encerrarnos en casa sin que nadie nos vea. Es lícito. Es real. A todos/as nos pasa. Y, cuando esta emoción disminuya, démosles el espacio para poder expresar qué ha ocurrido. Para que entiendan que las emociones no son “malas” o “buenas”, permitidas o prohibidas. Simplemente están y son. Si no dejamos el espacio suficiente a la emoción, esta se ahoga, no puede hablar. No nos puede hacer llegar el mensaje, su utilidad.

Tercer paso: gestionar la emoción

Una vez que reconozco y acepto la emoción, puedo saber que necesito, puedo decidir conscientemente que hago con ella y como la expreso o la vivo conmigo misma o con el otro.

“Estoy enfadada con mi mejor amiga. Siento mi enfado, como una bola caliente en mi estómago (reconozco mi enfado); lo sostengo (acepto que estoy enfadada, sin hacerlo más grande y sin minimizarlo. No le quito importancia, le doy espacio y que dure el tiempo que necesite.) Y, finalmente, gestiono mi enfado: ¿qué necesito hacer para que este enfado disminuya y desaparezca? En este caso, puede ser hablar con mi amiga, expresar lo que siento.

Por lo tanto, la gestión de la emoción me permite completar el proceso, nutrirme de lo experimentado, completar mi ciclo de necesidad y reequilibrarme a nivel interno y con el entorno que me rodea.

 

Después de escribir y releer este artículo, me ronda una pregunta. ¿Estamos preparados/as para acompañar a los/as niños/as, adolescentes, jóvenes, adultos/as para que redescubran su propio mundo emocional, para que puedan expresar de manera libre sus emociones? Dejemos de prohibir a los/as niños/as llorar, sólo porque nosotros/as no podemos ayudarles a sostener el llanto. Dejemos espacios para que ellos/as se sientan en confianza para expresar todo lo que les ronda por dentro. Acompañémosles en el “poner palabras” a lo que sienten. O al menos, saber cuándo lo sienten, en qué parte de su cuerpo se manifiesta y cómo se posicionan ante esa emoción. Todas ellas son lícitas. Están legitimadas. Son necesarias para que ellos/as aprendan a posicionarse en el mundo, a encontrar momentos y espacios propios en los que, simplemente, sentir.

Es la hora de Papá

Los Hijos Infinitos.

Cuando se tiene un hijo,

se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera,

se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga

y al del coche que empuja la institutriz inglesa

y al niño gringo que carga la criolla

y al niño blanco que carga la negra

y al niño indio que carga la india

y al niño negro que carga la tierra.

 

Cuando se tiene un hijo, se tienen tantos niños

que la calle se llena

y la plaza y el puente

y el mercado y la iglesia

y es nuestro cualquier niño cuando cruza la calle

y el coche lo atropella

y cuando se asoma al balcón

y cuando se arrima a la alberca;

y cuando un niño grita, no sabemos

si lo nuestro es el grito o es el niño,

y si le sangran y se queja,

por el momento no sabríamos

si el ¡ay! es suyo o si la sangre es nuestra.

 

Cuando se tiene un hijo, es nuestro el niño

que acompaña a la ciega

y las Meninas y la misma enana

y el Príncipe de Francia y su Princesa

y el que tiene San Antonio en los brazos

y el que tiene la Coromoto en las piernas.

Cuando se tiene un hijo, toda risa nos cala,

todo llanto nos crispa, venga de donde venga.

Cuando se tiene un hijo, se tiene el mundo adentro

y el corazón afuera.

Y cuando se tienen dos hijos

se tienen todos los hijos de la tierra,

los millones de hijos con que las tierras lloran,

con que las madres ríen, con que los mundos sueñan,

los que Paul Fort quería con las manos unidas

para que el mundo fuera la canción de una rueda,

los que el Hombre de Estado, que tiene un lindo niño,

quiere con Dios adentro y las tripas afuera,

los que escaparon de Herodes para caer en Hiroshima

entreabiertos los ojos, como los niños de la guerra,

porque basta para que salga toda la luz de un niño

una rendija china o una mirada japonesa.

 

Cuando se tienen dos hijos

se tiene todo el miedo del planeta,

todo el miedo a los hombres luminosos

que quieren asesinar la luz y arriar las velas

y ensangrentar las pelotas de goma

y zambullir en llanto ferrocarriles de cuerda.

Cuando se tienen dos hijos

se tiene la alegría y el ¡ay! del mundo en dos cabezas,

toda la angustia y toda la esperanza,

la luz y el llanto, a ver cuál es el que nos llega,

si el modo de llorar del universo

el modo de alumbrar de las estrellas.

Andrés Eloy Blanco

 

 

Los niños, son el mejor regalo del universo, su risa pura, su amor incondicional y su mirada ingenua. Para los que nos rodeamos día a día con niños, nos damos cuenta de su energía especial, que va más allá de ellos, y que a veces hacer reír, soñar o llorar a nuestro niño interno. Quienes trabajamos en la protección a la infancia, este poema nos llega al alma.

 

Un día leí  que la paternidad es el mejor regalo o la mejor oportunidad para ser mejores seres humanos, y recordé una entrevista a Michael Gurian que decía:

 

“Si tratas de unir la ciencia con la espiritualidad, podemos llegar a un punto que podría llamarse epifanía, te das cuenta de que no hay ejemplo mejor de lo que es Dios, que un niño. Aunque uno sea ateo, aunque no creas en Dios o en un Dios en lo absoluto, cuando se tiene un hijo se entenderá que si hay grandiosidad en el Universo. Si existe la seguridad de la paz pura, la van a conseguir en un niño, y si, ellos ven y perciben cosas para los que no tienen un lenguaje adecuado, ellos si pueden ver lo espiritual y divino, y es una de las razones por las que tenemos ese sentido de protección hacia ellos, y no solo porque son nuestra descendencia, sino porque en ellos sentimos ese sentido de divinidad, ese Dios.

 

 Si un niño no crece en un ambiente de cuidado, de protección y de guía, estaremos dañando su alma, y la forma como se manifiesta. No tiene que ser una falta de compresión del concepto de Dios, sino que como adultos, no protegerán, cuidaran ni guiaran a nadie, solo después mirándolos desde un nivel espiritual,  nos daremos cuenta que cuando un padre pega a un hijo, o son víctimas de abusos, el cerebro de ese niño o alma, se volverán tan oscuros, que no seremos capaz de sanarlos. En cierto modo es una cuestión de lenguaje, y en cierto modo podrá confundirnos, pero la clave es: NO HAGAS DAÑO A ESE NIÑO.  Dale seguridad, dale amor y así es como surgirá, la manifestación de la espiritualidad del niño, en ellos y en ti”.

 

Me quedo con estas maravillosas palabras, y me conecto con las experiencias que he podido ver día a día, en mi trabajo profesional, pero también en mi vida personal. Como he podido presenciar transformaciones humanas a través de la paternidad. Y me quedo con la palabra Paternidad, desde el enfoque del Padre.

 

 

 

La madre, en este caso, siempre ha tenido un rol más protagonista en la crianza de los hijos, hay múltiples investigaciones que evidencian esa conexión especial y única entre una madre y un hijo. Desde el punto de vista biológico como medio de supervivencia a través de la alimentación y el abrigo, como desde el punto de vista psicológico y evolutivo, como por ejemplo investigaciones sobre el apego. Desde un punto de vista histórico la madre, es la pieza fundamental en crecimiento de un niño, una pieza inigualable, un rol asignado desde nuestros ancestros más remotos. Y no solamente a las madres, pero si a la mujer como tal.

 

Pero, ¿qué pasa con el padre?, esa figura que, hasta hace no muy atrás quedaba segundo en la crianza, donde se le asignaba solo un rol proveedor. Afortunadamente, en las últimas décadas se han desarrollado investigaciones sobre la importancia del padre en el desarrollo emocional y evolutivo de un niño.  Sin embargo, la mayoría de las investigaciones se basan principalmente en el efecto que produce su ausencia. Y esto gracias a que lamentablemente (afortunadamente eso va cambiando) el padre sigue apareciendo como una figura ausente.

 

En mi práctica profesional, veo que quienes asisten mayoritariamente a consulta son las madres, a quienes también el sistema judicial (que tiene mucho peso en una sociedad, no se de manera justo o no, ya que esto sería una larga discusión), le asigna a la madre el rol fundamental en la crianza. Asignándole a ella los cuidados prioritarios en caso de separaciones o divorcios, dejándoles la mayoría de las veces la tutela y el cuidado del grupo familiar (los hijos). Para que la madre pierda, o en este caso para que el padre gane los cuidados personales de sus hijos, tiene que haber una evaluación previa de la imposibilidad de la madre, tanto física como psicológica para hacerse cargo de los hijos, de esta manera cambiar los cuidados personales asignándole  así el beneficio al padre (en el caso de Chile). Y es que estas premisas de cuidado prioritario están basadas en la importancia biológica y evolutiva histórica que han tenido las madres en el desarrollo de la sociedad.

 

Pero ¿qué ha pasado nuevamente con los padres?, ¿han perdido la batalla, o no han luchado lo suficiente? A quien se puede responsabilizar esta realidad, a la sociedad patriarcal dirían unos, a los mismos padres dirían otros. Olavarría, J. y Parrini, R. (2000) C.P Angelo Vasquez (2011), señalan:

 

“La paternidad patriarcal del siglo XX se impuso no sólo a través de procesos socio psicológicos, que tienen que ver con la subjetividad de los hombres y mujeres en el ámbito de la familia, de los grupos de pares y la escuela, en los procesos de identidad y socialización de cada persona, sino también en el ordenamiento jurídico y de las políticas públicas que permitieron, impulsaron e impusieron ésta forma particular de paternidad y familia”.

 

A un conjunto de hitos históricos en resumen.

 

¿Qué dicen las investigaciones: Son los padres importantes?

 

 

 

Es un área prácticamente nueva de  investigación: la importancia del padre en la vida familiar. Gracias al empoderamiento y la inclusión de la mujer en el aparato productivo, la familia como núcleo social ha sufrido drásticas transformaciones. Esto ha generado intereses científicos como el de Kimmel (1987), quien estudia La “Nueva Paternidad” relacionando el movimiento masculino que examina la vida del varón desde una perspectiva de género, y está conceptualizando “La Nueva Masculinidad”.      Torres y Vera hacen una recopilación de investigaciones en cuanto a la ausencia paterna:

 

  • Mclanahan y Sandefur “crecer sin padre: una perspectiva sociológica”. Realizan un estudio longitudinal de 70.000 adolescentes y adultos jóvenes de ambos sexos a lo largo de casi 20 años,  estudiando riesgos de interrumpir estudios secundarios, riesgo de permanecer sin estudiar ni trabajar por períodos prolongados y riesgo de embarazo en la adolescencia, comparando principalmente la diferencia entre los jóvenes que crecieron con padres a los que no. El estudio demostró una diferencia significativa entre ambos grupos, siendo los jóvenes con ausencia de padres quienes tienen mayor riesgo a  presentar estas condiciones sociales.

 

  • H. B. Biller(1974), en sus estudios sobre el del padre en la crianza, también refiere un alto impacto en el rendimiento académico, dividiendo el grupo de estudio en cuatro: Padre ausente con pérdida anterior a los 3 años de edad, Padre ausente con pérdida posterior a los cinco años de edad, Padre presente con menos de seis horas de convivencia por semana, Padre presente con más de catorce horas de convivencia por semana. Presentando mayores dificultades y riesgos de deserción escolar aquellos niños con padres ausentes. El estudio demuestra como el contacto con el padre y el desempeño académico está fuertemente correlacionado.

 

  • Llad Phillips y William Comanor (2002), en california realizaron un seguimiento en  15.000 adolescentes en la cual encontraron una fuerte asociación estadística entre ausencia del padre y delincuencia juvenil y conductas violentas: un punto importante de este estudio, es que el impacto de una madre ausente respecto de la variable criminalidad es casi nulo, lo que confirma la especificidad de la figura paterna respecto de la conducta transgresora.

 

 

¿Pero, qué pasa cuando el padre está presente, qué pasa cuando un padre se involucra?

 

http://https://www.youtube.com/watch?v=hKxyuwYNH2o

 

Este video que trajo tantas reproducciones en pocos días, y muestra como en la actualidad los padres están participando mas activamente en las actividades en sus hijos. Como pueden ver en la cara de las niñas, y también de los padres,   esta experiencia las va a marcar de por vida, y va a fortalecer el vínculo entre ellos.

 

  • Un padre que ha logrado involucrarse en el desarrollo de su hijo(a), desde el inicio se convierte en un referente significativo para éste trayéndole múltiples beneficios. Pruett Kyle en su publicación sobre la importancia del padre en el 2001 evidencia los cambios ocurridos en el cuerpo del niño recién nacido, pudiendo diferenciar al padre de la madre a partir de los 6 meses, indicando que en la presencia de la madre, el niño se muestra más relajado, con los hombros más suaves y el ritmo cardiaco más lento, en cuanto en la presencia del padre (del que ya reconocen su voz y olor) evidencian una aceleración del ritmo cardiaco, abren los ojos  muestran mayor brillosidad e intensidad en la mirada.

 

  • Frank y Biller en 1981 comprobaron que aquellos niños que tuvieron una exposición frecuente al padre entre los 2 años de vida, tienden a ser más curiosos, con mayor seguridad en su exploración y en la manera como descubre el mundo. Igualmente indican que una vez iniciada su vida escolar estos niños presentan mejores proyecciones en su adaptación social, teniendo más posibilidad de socialización, mejor capacidad de espera y mayor tolerancia a la frustración, igualmente hacen honor a lo que las investigaciones en éxito escolar refieren, ya que indican que estos niños, quienes tienen al padre como figura referente tienen mejor capacidad para enfrentar las tareas escolares, mayor confianza en sus propias habilidades y mejor desempeño académico.

 

  • Ross Parke, investigador y psicólogo, indica que le padre también tiene un papel fundamental en diferentes aspectos, por ejemplo, los padres motivan a los niños a realizar juegos menos convencionales, ayudándoles en la exploración del mundo, como indican los investigadores anteriores, esto les ayuda a desarrollar confianza en sí mismos y confianza en el mundo externo. Igualmente este investigador refleja la importancia del padre en la autorregulación de emociones, en el desarrollo de la empatía y en la internalización de normas. El padre según este investigador también  muestra con mayor capacidad para establecer disciplina, y para ejercerla. De manera que ayuda al niño en su ajuste en la sociedad y en el respeto por los otros.

 

Hay otros estudios que demuestran los beneficios de la presencia de un padre en el crecimiento de un niño en áreas como el desarrollo cognitivo e intelectual, en el desarrollo social y hasta en el desarrollo físico, poniendo al límite las reglas de la genética. En síntesis a presencia del padre traspasa diferentes áreas que favoereceran un mejor desarrollo en el niño (a).

 

Estar, pero de verdad.

 

Traigo el relato de una madre, la cual me dijo una vez

 

Caso de D. de 4 años.

“El padre y yo estamos separados, aunque vive en la misma ciudad lo ve poco, y cuando lo hace el niño sigue poniéndose ansioso e irritable ya que para él, su padre sigue siendo un personaje desconocido, porque lo ve solo 1 vez cada 15 días.  Yo logre establecerme en pareja otra vez, y mi pareja se ha convertido en una figura paterna para mi hijo, aunque él sabe que él no es el papa, ni lo llama papa, una vez salimos a dar un paseo todos, y el niño vio a su padre junto a mi pareja, salió corriendo a abrazar a mi pareja para saludarlo y no a su padre quienes venían en el mismo camino, el padre de D me reclamó por esto”.

 

Este tipo de relatos son más frecuentes de lo que uno quisiera, padres que luego de una separación también se desvinculan de sus hijos, haciéndoles victimas de olvidos y de desilusiones. ¿Quiénes son los responsables de que los niños salgan corriendo a abrazarlos? Es el padre en este caso quien ha decidido perder terreno y quien se ha perdido de la oportunidad maravillosa que le ha dado la vida de ver crecer a su hijo.

 

Aunque la justicia está de parte de las madres para otorgar los cuidados de los hijos en caso de separaciones o divorcios, también la justicia premia y alienta a los padres a no perder el vínculo con sus hijos. Es deber de los padres ganar y luchar espacios en igualdad de condiciones en el área de la justicia en cuanto a la crianza de sus hijos.

 

Por fortuna he podido ver las dos caras de esta moneda.

 

  • Ver padres ilusionados y comprometidos a 1000% en su paternidad, disfrutando de cada etapa del crecimiento de sus hijos, y sobre todo cumpliendo con su deber de proteger, de cuidar, de alimentar y de educar. Y por resultado he podido ver crecer estos niños sanos y seguros de sí mismos.

 

  • La otra cara, la lamentable distancia de algunos padres hacia sus hijos. Limitándose solo a realizar el pago mensual de su manutención (que en algunos casos son mínimos o míseros). Y también los efectos que esto ha producido en alma y en el corazón de estos niños, con desconfianza por el mundo adulto, tristeza en sus ojos por esa ausencia, inseguridad en sí mismos y haciendo un trabajo cuesta arriba por levantarse a pesar de la ausencia de una figura idealizada en un primer momento: su padre.

 

La palabra clave: trabajo en equipo y paternidad comprometida.

 

 

Jorge Barudy hace una trabajo en parentalidad hermoso, y pone en evidencia que ambas figuras, tanto el padre con la madre tienen cualidades y competencias que le permiten el ejercicio de la parentalidad de forma igualitaria. Ambos aportando su grano de arena.

 

Por fortuna, hay una creciente manifestación y movimiento social de padres comprometidos con su rol protagónico en el crecimiento de sus hijos. Encontramos hoy a padres participando en labores domésticas, en talleres para padres e hijos (a), participando en la educación activa, igualmente levantando movimientos sociales como “igualdad parental” en temas jurídicos. Quienes han entendido que ellos “no ayudan”, ellos están ejerciendo su Derecho pero sobre todo en SU DEBER en la paternidad.

 

Ser un padre comprometido es estar físicamente accesible, emocionalmente dispuesto, y mentalmente comprometido. Una figura presente y contenedora, formadora y guiadora.

 

Para esto se necesita una relación entre padre y madre que promuevan un contexto familiar respetuoso y positivo. En nuestra consulta profesional podemos observar y ver las consecuencias de un contexto familiar toxico y nocivo, generando múltiples enfermedades psicosociales y lesiones en los niños, pero también podemos ver los efectos de un contexto familiar nutritivo y motivador, generando niños mas seguros y  felices.

 

Entonces está demostrado el éxito en la vida de un niño cuando estos tienen relaciones nutritivas y positivas con sus figuras de apego, principalmente con sus padres. Una parentalidad compartida por padres comprometidos asegura la felicidad y la salud mental y emocional de un niño.

 

Cierro con esta pregunta

 

¿Cómo quieres que te recuerden tus hijos cuando ellos ya sean adultos?

 

http://https://www.youtube.com/watch?v=_ytMXGkEiPk

 

 

Referencias Bibliográficas:

 

  • Paternidad y Crianza. Representaciones significativas en progenitores post separación/divorcio, desde la construcción de sus masculinidades. Angelo Fuentealba, 2011. Chile.

 

  • El rol de padre y la influencia en sus hijos. Vicuña y  Reyes. Fundación Chile Unido. 2002

 

  • Síndrome de Alienación Parental. Aguilar, J. (2005).

 

  • Los buenos tratos a la infancia: parentalidad, apego y resiliencia. Barudy y Dantagnan. 2009.

 

Hermanos: ¿Amigos o Rivales?

 

 

Hermanos, una palabra que sin dudar hace que surja desde nuestro más profundo ser, emociones, recuerdos y momentos.  Este comercial de Coca – Cola (sin intención de la publicidad en este espacio), tiene consigo en solo 1 minuto la esencia de los que es la relación de hermanos, en muchos casos puede ser un sinónimo de compañerismo, complicidad y amistad, y en otros casos puede ser sinónimo de rivalidad, celos, diferencias.

 

La relación entre hermanos es el primer espacio íntimo de socialización entre iguales, y no iguales entendidos solo desde la edad, sino desde la posición familiar a la que se refiere. Los hermanos pertenecen en la estructura familiar al  llamado sub-sistema fraternal.    Pero la relación que se establece entre ellos (los hermanos) está directamente relacionado a otros dos sub-sistemas: el conyugal y el paternal. ¿Qué quiere decir esto?, que los padres  son los primeros responsables de guiar, orientar y direccionar la relación y los matices que se establecen entre sus hijos, quiere decir que hay una estrecha relación entre el ejercicio de la paternidad y el tipo de vínculo y relación entre hermanos.

 

Cuando en una familia aparece la “figura” del hermano, empieza ya a jugarse un papel importante de adaptación familiar. El primer hijo  es a quien generalmente se le depositan las primeras ilusiones y expectativas de los padres en su comienzo de la aventura de «criar», y dependiendo de cómo haya sido esta primera experiencia, los padres   matizarán la segunda oportunidad de crianza, generalmente con mayor seguridad ya que el primer hijo les ha permitido, por decirlo de alguna manera, un espacio de practica al ejercicio de la parentalidad. Esta primera experiencia determinará la emocionalidad  de la llegada de un segundo hijo e igualmente abrirá el camino para los primeros pasos de la relación entre hermanos.

 

Sin lugar a dudas, la historia de cada padre jugará un papel importante para el ejercicio de su parentalidad. Como se ha explicado en artículos anteriores, los legados familiares ayudan a ajustar y a enfrentar  cada una de las crisis o los ciclos que deben atravesarse en la historia de la vida de una persona. De esta manera los padres utilizaran recursos recibidos desde su propia historia, desde su infancia, y desde la manera como se vinculó y posicionó dentro de su propia familia de origen, para ajustar y formar su nueva familia propia. Para más detalles se recomienda leer Conectando con nuestras herencias familiares (transgeneracionalidad) y el artículo La huella del amor negativo en la infancia publicados en esta misma página.

 

segundo-hijo

 

Factores que influyen en la llegada de los hijos. 


Cuando estamos haciendo la historia familiar en nuestras consultas, hay preguntas que realizamos, no con el ánimo de averiguar por solo saber, sino que nos orientan en la manera de cómo se forma y cómo se fortalece el vínculo entre padres e hijos, y como esto puede impactar en la organización psicológica de un niño.

 

Comenzamos con preguntas relacionada al sistema conyugal, de manera que nos permite visualizar la posición de la  paternidad para cada integrante de la pareja. De esta manera observar prioridades, expectativas y proyecciones futuras, estilos vinculares y estructuración familiar, nos permite igualmente visualizar el impacto producido por la paternidad para esta persona que tenemos enfrente y para observar la vinculación entre ellos.

 

Igualmente la llegada de otro hijo va ser recibida e incluida dentro del sistema familiar de acuerdo a los momentos psicológicos y emocionales que se encuentre viviendo esta familia. Por ejemplo, la llegada de un hijo luego de una reconciliación de los padres (¿estaban separados en el momento de quedar embarazados? ¿Acababan de reconciliarse?, la llegada de un hijo luego de la creación de una segunda pareja ¿es un nuevo hijo entre la nueva pareja? ¿es hijo de su pareja?, padres con hijos ya adolescentes ¿hay mucha diferencia de edad entre cada hijo?, padres con separaciones prolongadas por motivo laborales, padres con familias numerosas, la propia posición del padre o madre dentro de su familia de origen (¿fue el primer o segundo hijo?¿pertenece a una familia numerosa? ¿cómo es su relación con sus hermanos?), la perdida de un hijo anterior ¿sufrió usted una pérdida antes?,  el género también juega un papel importante ¿es el sexo que esperaba? ¿tiene relación el género del niño con su rol dentro de la familia? . Es en estos aspectos donde se puede observar la influencia directa que se establece entre el momento psicológico de una madre o padre  y  la orientación y guía de la relación entre hermanos.

 

Esto quiere decir que la situación que viven los padres en la llegada de cada hijo de seguro será diferente,  y la manera de como sea canalizada y manejada por los padres tanto en el ejercicio de su parentalidad como en la relación de pareja va a determinar las posiciones y roles que jugaran cada no de los hijos dentro de la estructura y la dinámica familiar. En resumen, los padres son los árbitros y guías de la relación que se establece entre los hermanos.  

 

foto_embarazo_hermanos_1-1000x500

 

La Posición de los hijos dentro de la estructura familiar. 


 

Salvador Minuchin, dentro de su estudio de la estructura familiar, explica como generalmente se tiende a desarrollar algunas dinámicas vinculares que posicionaran a los hijos de acuerdo a su llegada al sistema familiar (por orden de nacimiento), determinando roles y pautas de vinculación tanto para el sistema fraternal como para la relación con sus padres, sin embargo esto igualmente se relaciona como se dijo anteriormente con pautas transgeneracionales y la propia historia del padre y madre dentro de su familia de origen, al igual que se ve influida igualmente por la cultura, el momento socio histórico en el que se conforma la familia; razón por la cual no debe ser una pauta de afirmación  generalizada, pero si puede orientar la similitud observada en muchas familias:

 

  1. El hijo mayor:     Generalmente es el hijo líder, el que debe fungir de guía y de orientador de sus hermanos, suele cumplir roles protectores, igualmente se le suelen asignar responsabilidades de crianza hacia sus hermanos menores. En algunos casos más extremos, usualmente observado en familia numerosas, y dependiendo de los legados familiares ya sea por género, edad, o por situación particular de los padres suelen ser parentalizados, que significa la asignación de responsabilidades exclusiva de los padres hacia el cuidado de sus hijos. para entender más este término, se recomienda leer el artículo publicado anteriormente  Parentalización: cuando un NIÑO se convierte en PADRE  .
  2. El segundo hijo: Debido a que generalmente al primer hijo se le depositan mas expectativa de sus padres, este hijo debe luchar por conseguir su propia posición dentro de la familia.   Tiende a observar a su hermano mayor como una guía, sin embargo con mayor libertad de desarrollo ya que no hay tantas presiones sobre el o ella.
  3. El tercer hijo: En muchas ocasiones puede ser el hijo menor,  en donde la familia ya ha caminado un trayecto lo que permite relajarse, ya cada uno de los integrantes funcionan bajo un rol familiar, y este hijo menor suele recibir la atención de todos los miembros de la familia, tanto de sus padres como de sus hermanos, suele verse como «el más consentido»

 

Cuando existen  familias numerosas de 4 o mas hijos, generalmente tienden a establecerse jerarquías y alianzas entre el subsistema fraternal, se puede observar en la práctica clínica como los hermanos mayores tienden a cumplir roles parentales con sus hermanos mas chicos, y como los padres empiezan a delegar mayores responsabilidades en estos hijos ya que confían en sus habilidades como cuidadores y protectores.

 

Igualmente y como se ha explicado anteriormente, la posición entre hermanos también va a ser influido por otros factores, mas externos y culturales, como por ejemplo el rol del género, los legados y los momentos  familiares que interactuen con la llegada de un nuevo integrante de la familia.

 

rvsue

 

 

La importancia de los hermanos


 

La relación entre hermanos se diferencia a la relación con los padres principalmente porque se trata de una relación de horizontalidad, es decir, una relación entre iguales. A diferencia de la relación con sus padres que debe ser una relación de verticalidad, ya que en la jerarquía familiar los padres ejercen una relación de autoridad frente a sus hijos.  En dinámica familiar se habla de una relación entre hermanos como na relación que debe ser caracterizada por la simetría.

 

La relación que establece un niño o una niña con sus hermanos es sumamente importante, ya que es el primer vinculo que experimenta con sus iguales, y es un espacio de practica y de enseñanza para la vida futura, ya que esta relación podrá igualmente determinar la manera como este niño se vinculará con sus iguales en una edad adulta. Los hermanos en muchas ocasiones están mas tiempo juntos que con los propios padres, así que son un un espacio único que determinara el desarrollo emocional y psicológico del un niño.

 

Es por eso que los padres deben estar atentos a la manera como sus hijos están relacionándose entre sí, y de cómo ellos se relacionan de manera individual con cada uno de sus hijos, de manera que se pueda hacer una intervención oportuna en la aparición de celos, rivalidades, competencias y separaciones prolongadas.  El estilo de relación entre  hermanos  lo pautan los padres, y se observa a través de trato que dan diferenciado a cada uno de sus hijos, de esta manera cada uno de los hijos de la familia van tomando recursos de interacción entre ellos.

 

 

¿Cómo manejar los celos y las rivalidades entre los hermanos?



https://www.youtube.com/watch?v=gXh8t6iqKhc

 Este video nos enseña como las diferencias  en vez de convertirse en una amenaza y en un quiebre permanente nos invita mas bien a la integración e inclusión, y allí esta la clave. Es importante reconocer como padres que, a pesar de intentar entregar  las mismas experiencias y oportunidades a nuestros hijos, los momentos y las circunstancias en que llegaron cada uno a nuestras vida matizan en cierta medida nuestra manera de vincularnos con ellos. De manera que no se trata de enjuiciar o señalar negativamente las diferencias que se hacen con cada uno de los hijos, pero si de hacer conscientes que de nuestras actitudes influye en la relación que se establece entre los hermanos.

La aparición de celos y rivalidades son naturales entre las relaciones humanas, y mas especialmente en aquellas relaciones intimas y de convivencia, la aparición de estas dinámicas nos permiten igualmente según como se canalicen e intervengan, tener una buena oportunidad para desarrollar habilidades de resoluciones de conflicto efectivas y respetuosas. En este sentido hay dinámicas familiares que podrán facilitar el ejercicio de una sana parentalidad. Para esto es muy importante evaluar algunas características que pueden estar presentes en el día a día.

En familia con dinámicas aglutinadas, donde generalmente los espacios y límites de cada uno son difusos, tiende a haber una invasión por el espacio del otro, se pierde la individualidad y de maneja mas bien un colectivo familiar, es importante evaluar como es manejado el espacio emocional de cada uno, el respeto por los tiempos del otro, igualmente si se tiende a involucrar  a miembros de la familia en roles que no corresponden, por ejemplo: ¿en la discusión de los padres algún hijo interviene? ¿como se llegan a  acuerdos, se toman decisiones por el otro?. O, por el contrario, con familias con limites rígidos y dinámicas distantes, ¿se reconoce el mundo emocional del otro?   ¿se promueve la colaboración mutua y el sentido de pertenencia familiar?. Lo importante es hacer una evaluación del rol de los padre en su manera de guiar la relación entre sus hijos y de cómo esto guía la dinámica familiar. Puntos claves para determinar la dinámica familiar que va a orientar la relaciones entre hermanos.

 Algunas   consideraciones para manejar la relación entre hermanos


  • Lo primero, EVITAR LAS COMPARACIONES. Ayudar a aceptar las diferencias como espacios de crecimiento y de reconocimiento por el otro. Este es el primer punto de quiebre entre hermanos cuando se practica con frecuencia,  las comparaciones son el primer punto de competencia entre hermanos que puede facilitar un quiebre permanente del el amor entre ellos.
  • Respetar el espacio entre hermanos, entre ellos debe haber espacio para la discusión y la diferencia de ideas, y los mismos hijos conseguirán la autoregulación, de manera que así aprenden a conocerse a si mismos y a conocer a los demás en situaciones conflictivas. Si se observa que es necesaria la intervención de un adulto, se debe seguir la máxima: sé un mediador no un juez. No reprimas el conflicto, ayúdalos a saber como resolverlo.
  • Pasa del conflicto a la reconciliación, ayúdalos a ver que a pesar de estar molestos, el amor no se altera, y que siempre va a existir un espacio para reencontrarse y para conversar.
  • Siempre reconocer y reforzar las características únicas y positivas de cada uno de los hijos.   Cada uno tiene un talento individual, ayúdalo a reconocerlo y a potenciarlo, y ayúdalo a integrarlo para el crecimiento de la familia.
  • Dedica tiempo para todos, pero también busca actividades que compartir con cada uno de manera individual, de manera que obtengan una atención especial, pero sin sentir que amenazan o son amenazados por el espacio del otro.
  • Fomenta la Comunicación y la colaboración entre ellos, ayúdalos a sentir que es una decisión que toman de manera voluntaria, y no una obligación.
  • Fomenta espacios de esparcimiento y de juego entre ellos, sin importar la diferencia de edad, hay espacios de juego que deben ser compartidos solo y exclusivamente entre ellos.
  • Fomenta la expresión emocional y el cariño por el otro. En esto es clave tu ejemplo.
  • Fomenta el respeto por la ira del otro, ayuda a propiciar un espacio cuando los hermanos se desbordan emocionalmente. Evalúa que juego de poderes se establecen con tus hijos, observa como se ejerce y realiza una intervención mediadora, evitar que se hagan daño entre sí.
  • Cada uno se debe sentir valorado como individuo, y que sus diferencias sean una atributo positivo y no negativo ante la familia.
  • Involucra a los niños en las tareas cotiadianas del hogar de forma equitativa y adaptados a su edad. Asígnale responsabilidades a cada uno y supervisa que se cumplan de manera equitativa.
  • No delegues responsabilidades que te competen solo a tí como padre o madre.
  • Promover expresiones en los adultos cercanos en la familia de los positivo que es tener un hermano: Va a ser divertido tener un hermanito, vas a poder jugar con el», en vez de comentarios como » vas a tener que compartir tus juguetes, ahora tienes que dar el ejemplo porque eres el mayor, tu vas a cuidar de tu hermanito.    

 

En vez de observar las conductas de celos o rivalidades entre tus hijos como conductas amenazantes o desadaptativas, es una buena oportunidad para ti como padre de enseñarles una afectividad asertiva y una manera de vincularse e manera sana con el otro.

 

Los hermanos son el regalo mas bonito que la vida puede dar, la familia es un vínculo infinito, y la relación entre hermanos puede llegar a ser el vínculo tan fuerte, que acompañará a la persona por el resto de su vida. Nuestros  hermanos son nuestros iguales más cercanos, no solo porque se comparten padres, o porque se compartes herencias familiares, sino porque son los primeros compañeros de experiencias en la vida, son nuestros cómplices, nuestros primeros amigos. Aquellos encargados de cuidar y proteger  el uno del otro. entre los hermanos se establece un vínculo a veces mucho más fuerte que hacia los padres, lo  que hace que sea una experiencia única para nuestra  vida.

 

 

  • «Eres mi hermana no porque nacimos de lo mismos padres sino porque nuestro corazón siempre está unido en todo momento.» (Anónimo)

373880_10150476996278713_714258216_n

Parentalización: cuando un NIÑO se convierte en PADRE

A menudo podemos observar en diferentes épocas o lugares del mundo que, a los niños se le exige ser adultos en miniatura. No es nuevo ver a los niños realizando tareas o actividades que corresponde solo y exclusivamente al mundo adulto. Puede verse reflejado en diferentes contextos tanto sociales, escolares como también en contextos familiares, donde se espera que los niños se ajusten y respondan de acuerdo a lo esperado para su adulto significativo. De esto no escapa la parentalidad.

familia

La familia puede dividirse en diferentes sub-sistemas, cada uno con roles “definidos”. En el enfoque sistémico, Salvador Minuchin con su Escuela Estructural, dan cuenta de la existencia de sub sistemas, entre los que destacan:

El sistema conyugal el cual se refiere a la relación de pareja, el sistema parental el cual hace mención a los padres – hijos, y tenemos el sub sistema fraternal que define a los hermanos. Igualmente tenemos a la familia extensa (tíos, abuelos, primos). Todos y cada uno se relacionan entre sí, definiendo una dinámica familiar que va a determinar la ejecución de roles, jerarquías, normas y límites.

Pero que pasa cuando en una familia, los roles no se definen adecuadamente y las jerarquías se diluyen? generalmente esto produce un movimiento en muchos casos desestabilizador, que provocará que los límites se traspasen entre los participantes, provocando  confusión de la identidad dentro de la familia.

Es muy importante brindarle a nuestros hijos experiencias que generen responsabilidad, sentido de pertenencia, cuidado personal y que moldeen hábitos que le faciliten su participación futura en la sociedad. Lo ideal es que las responsabilidades de estos niños este siempre orientado a su etapa de desarrollo (edad) y habilidades personales, que el niño vaya creciendo conociendo como es el mundo, pero sin olvidar que siguen siendo niños.

Parentalización: cuando un padre delega, siempre…

Hay muchos casos donde los padres deben mantenerse ausentes o distantes tanto física como emocionalmente de sus hijos, ya sea por razones laborales y sociales, o por otros movimientos como separaciones, enfermedades de larga data, muertes, en familia muy numerosas (4 hijos o mas), igualmente cuando un padre empieza a ubicar a un hijo como un sostén emocional, como un referente en momentos difíciles, otorgándole el lugar de “confidente”, suele traer como consecuencia en los hijos sobre ajustes compensatorios a las faltas de los que deberían generar los espacios de cuidado, afecto y protección: sus padres. Los hijos (generalmente el hijo mayor) entonces, empieza a sumir responsabilidades y tareas propias del sub – sistema parental. A esto anteriormente descrito se le define como Parentalización.

 Parentalización

La parentalización se define como la asignación del rol parental a uno o más hijos de un sistema familiar. Los hijos hacen de padres de sus hermanos, o incluso de un padre mismo. Este hijo parentalizado se encarga de su propio cuidado personal, del cuidado de su hermanos, del cuidado del hogar, y hasta de cumplir con roles sociales. Tenemos entonces a este hermano mayor (como un ejemplo) que se cocina a él y a sus hermanos, hace sus tareas y ayuda a la de sus hermanos, arregla la casa, hace las compras, y en algunos casos hasta va a la reunión de padres en la escuela, ya que el adulto al cual corresponde estas tareas se encuentra «ausente”.

En algunos casos estas conductas son reforzadas y observadas con orgullo por parte del resto del sistema familiar, suele verse como un espacio de “madurez precoz”, y como se vuelven funcionales ante este rol, se le siguen asignando nuevas tareas que van a ir perpetuando la confusión de la identidad y de los roles y límites dentro de la familia. La pregunta es: ¿Que pasa dentro de estos niños/jóvenes que viven estas experiencias?, ¿que pasa cuando esta situación se vuelve parte de la dinámica estructural de la familia?

 

Parentalización: la experiencia de ser hijo y padre a la vez

Principalmente estos niños o jóvenes dejan de vivir su etapa de desarrollo, dejan de vivir su infancia para poder adaptarse a una etapa más compleja, se convierten precisamente en adultos en miniatura, por lo que pueden evidenciar dificultad para desarrollar relaciones con sus pares adecuadas y sanas. Esto hace que salten una etapa que debe ser hermosa y nutritiva, dejan de ser niños, y empiezan a cumplir funciones de un adulto. Es un carga muy pesada que inevitablemente traerá consecuencias para su vida inmediata y adulta.

Esto igualmente trae consecuencias en el sistema fraternal. El hijo parentalizado ya tiene un poder que lo ubica en el sistema paternal, lo cual hace que se desconecte del sistema fraternal, suelen evidenciarse dificultades en las relaciones entre hermanos, aflorando rivalidades o celos entre ellos, marcando conflictos que pueden ir perpetuándose en el tiempo y generando así la alteración definitiva del sub – sistema fraternal. Los hijos parentalizados “juegan a ser padres”, utilizando intuitivamente los recursos observados o naturales necesarios para abordar diferentes situaciones. En algunos casos estas posturas son acatadas por los hermanos como un proceso natural, aceptando y cumpliendo con la función de “hijo”, normalizando así la parentalización de su hermano, quienes en algunos casos pueden utilizar estrategias de regulación y disciplinas inadecuados.

 Parentalización

La parentalización también puede traer como consecuencia la dificultad futura en desarrollar diferenciación con la familia de origen. Ese sentimiento de sentirse responsable eternamente de la salud y la estabilidad emocional de toda la familia, en especial de estos padres que le otorgaron este “poder”. Sienten la obligación de mantener el cuidado a este padre o madre. Esto puede generar conflictos al momento de decidir hacer vida en pareja, ya que se puede vivir con “culpa” la experiencia de separarse física y emocionalmente de este padre o madre. Por lo cual se altera o se vive con dificultad una ciclo natural de la vida y de la evolución como persona.

Igualmente una parentalizacion puede traer como consecuencia la dificultad de desarrollar una autoestima sana, la constante obligación de satisfacer los deseos y cuidado de los demás, dificultara la exploración de las necesidades y potencialidades propias, por lo que enlentece el proceso de auto conocimiento. Cuando adultos suelen ser expertos en cuidar a los demás, lo que puede orientar decisiones de profesiones u oficios futuros.

Este video aporta un espacio de reflexión sobre la paternidad y sus efectos en la vida adulta de un hijo. REDES-APRENDIENDO A SER PADRES

Parentalización 

Sin embargo, es importante destacar que los padres en muchas oportunidades no se dan cuentan que están generando espacios de parentalización que pueden afectar a sus hijos. Estos padres a su vez, fueron hijos, y podrían estar respondiendo a pautas observadas durante su infancia (ver artículo Conectando con nuestras herencias familiares (transgeneracionalidad)). Para estos padre pueden estar normalizadas muchas situaciones que en su infancia estuvieron presentes y que en este momento están siendo utilizados como recursos de crianza. Es de importancia generar espacios que generen la visualización de estas dinámicas que pueden repercutir en la salud mental de la familia, de manera de provocar cambios favorables para el desarrollo de los hijos.

 

Las palabras claves en este sentido son: perdonar, reconocer, aprender, reparar y crecer

Perdona

Podemos darnos cuentas que vivimos en carne propia un proceso de parentalización durante nuestra infancia. Sin querer, nuestros padres no pudieron sanar sus propias historias y repitieron pautas con nosotros. En su momento tus padres te entregaron lo que ellos pensaban que era lo mejor para ti. Como se describe en el articulo Conectando con nuestras herencias familiares (transgeneracionalidad), fue un regalo que ellos te hicieron a ti, seguramente con amor, pero que quizás en algún momento olvidaron ver el daño que podías causar en ti alguna de sus decisiones como padres. Una noticia: no tienes porque repetir la historia. Puedes marcar diferencias entre tu historia y la de tus hijos.

Parentalización

Reconoce

Darte cuenta que quizás estas repitiendo tus historias familiares te da la oportunidad de generar cambios y giros positivos en el ejercicio de tu paternidad.

Aprende

Aprende que tu eres responsable de tu propia vida, y de que tus hijos tienen Derecho a vivir la suya propia.

Repara

Si sientes que tus experiencias infantiles aun generan dolor, busca un espacio terapéutico para sanarlas. Busca apoyo y espacios de crecimiento para ti. Por fortuna la estigmatización de la consulta psicológica ha ido en decrecimiento, aumentando así  la demanda de psicoterapia. No tengas miedo al dolor, al contrario, la psicoterapia sera un espacio protegido para enfrentar ese dolor y para salarlo.

Crece

Es una oportunidad única para hacer mas nutritiva para ti tu parentalidad, y por consecuencia para tus hijos. No te pierdas la oportunidad de ser padre, no dejes que tu hijo pierda la oportunidad de ser hijo y niño. Finalmente evalúa si estas utilizando pautas de crianza que ayuden a tus hijos a abrir sus alas y a volar por sus propias fuerzas o por el contrario le estas brindando espacios para mantener sus alas cerradas.

 

Dejar ir también es una forma de crecimiento.

Solo hay dos días en el año en los que no se puede hacer nada. Uno se llama ayer y el otro se llama mañana. Hoy es el día correcto para amar, creer, hacer y vivir.

 

Fuente: