Cómo siente el mundo

Los científicos, biomédicos o los neurólogos tenemos miedo de hablar de la mente porque no sabemos por dónde empezar. Para las personas de a pie, las que tenemos que pagar una hipoteca o ir a trabajar, la mente es el conjunto de cosas que percibimos, ya sean pensamientos, emociones o sensaciones corporales, es el espacio que las personas usamos para relacionarnos con los demás y con la vida.

Actualmente la ciencia ve la mente como el resultado de la actividad de las neuronas, como el resultado de un juego cerebral desconocido. Sin embargo, no tenemos pruebas científicas de que la mente esté generada por las neuronas. Sabemos que intervienen, si, pero no tenemos estudios concluyentes que digan que las neuronas son la causa y la mente el efecto. Esto ocurre porque desde neurología seguimos pensando como los científicos de hace 100 años. Empujó una pelota y se mueve. La causa el empujón y el efecto el movimiento de la pelota. Esto no es aplicable a la vida. ¿Por qué? Muy sencillo; porque la vida no es una pelota.

 

 

La mente y el fútbol

Desde hace finales del siglo pasado, las ciencias sociales y la física nos han dado motivos de sobra para ver la mente como un sistema emergente. Continuando con el símil de la pelota, podemos entender la teoría de sistemas emergentes con símil futbolístico. ¿Es posible entender el fútbol prestando atención únicamente a la pelota? ¿Podemos llegar a entender el fuera de juego, la afición o de las reglas del fútbol estudiando únicamente la presión del balón, su composición o sus trayectorias? Probablemente no. Por eso nos resulta tan complicado desde la neurología entender la mente, porque estamos mirando únicamente las neuronas.

El fútbol (la mente) no puede comprenderse mirando únicamente la pelota. ¡No tiene sentido! ¡Es de locos! ¿Cómo vas a entender el fuera de juego teniendo en cuenta únicamente la pelota? Sin los jugadores, sin el terreno de juego, sin la portería, el árbitro, sin el juez de línea no es posible entender el fuera de juego, porque el fuera de juego solo tiene sentido cuando tienes en cuenta a los jugadores, al balón, al campo y al equipo arbitral. Entonces, el fuera de juego es un sistema que emergente de todos estos elementos. Lo mismo ocurre con el fútbol. Es un sistema emergente que incluye a los jugadores, al utillero, a la pelota, al señor que pinta las líneas del terreno de juego, al estadio, a la afición, al presidente y a las reglas del juego.

 

 

Una nueva neurociencia

Aunque muchas personas se sientan solas, estamos rodeados de gente la mayor parte del tiempo; en la calle, en el trabajo, en el super… vivimos en sociedad. Sabemos mucho acerca de cómo funciona el cerebro cuando estamos solos, pero no sabemos nada de lo que ocurre en el cerebro cuando nos relacionamos con otros personas. ¡Y nos pasamos la vida relacionándonos!

 

 

¿Qué ocurre en el cerebro de 10 personas que interactúan entre si? Gracias al avance en el campo de la neuroimagen, hoy por hoy, podemos empezar a hacernos estas preguntas y a buscar respuestas. Es el comienzo de una nueva neurociencia, de una nueva psicología, de una nueva visión de la medicina. Estudiar el organismo desde esta nueva perspectiva nos va a aportar una nueva visión acerca de las enfermedades, una nueva visión acerca del cuerpo humano y, por primera vez, estaremos en disposición real de entender la mente humana. Ahora puedes contribuir a este avance y formar parte de una de las investigaciones más revolucionarias de las últimas décadas de forma anónima y segura.

 

How the world feels: un experimento a nivel mundial

 

 

Solo tendremos posibilidades reales de entender la mente cuando dejemos de mirar hipnotizados a las neuronas y comencemos a incluir todo lo que nos rodea. La mente tiene una parte interna, las células y su comunicación, pero también una parte externa. La mente está en nosotros y entre nosotros, es algo interno y externo al mismo tiempo. Diversos estudios han puesto de manifiesto que cuando dos personas se relacionan, sus cerebros comienzan a funciona de manera diferente a cuando están solos. De hecho, si esas dos personas se hacen tilín, muchos parámetros fisiológicos como la frecuencia cardiaca o respiratoria se sincronizan. ¿Y qué quiere decir esto? Quiere decir que la parte externa de mi mente cambia cuando yo me relaciono contigo y, por lo tanto, mi mente se construye en función de ti.

Siguiendo esta idea, hemos diseñado un experimento (con la colaboración Luis García) para conectar la mente de las personas y hacer una radiografía, un mapa, de lo que el mundo piensa y siente. Bienvenido/a a How the world feels, el estudio que cambiará nuestra forma de ver el mundo y dará mucho que hablar. En 50 segundos te explicamos como formar parte de él. ¡Millones de gracias!

 

 

Vivir intensamente

Vivir intensamente depende de nosotras.

Una amiga me contaba como una vez se encontraba entre unos conocidos que llevaban rato dando vueltas a temas irrelevantes y superficiales y al ver que no había manera de mantener una conversación sincera se levantó y dijo “lo siento pero me estoy muriendo” y se marchó. Fue su manera de expresar que no estaba interesada en malgastar el tiempo en conversaciones y relaciones que no sumasen a un Vivir pleno y consciente, a vivir intensamente.

Recuerdo que cuando me lo contó me pareció un poco exagerado, pero había una gran verdad en sus palabras y su acción: desde que nacemos estamos muriendo y es importante valorar de qué modo queremos vivir.

Vivir intensamente

¿Qué significa Vivir?

La muerte como horizonte nos plantea la cuestión sobre lo que significa vivir. Hay un vivir que tiene que ver con la actividad interna que poseen los seres vivos. Pero hay un Vivir que tiene que ver con el sentido de ser y con la dicha que proporciona el pleno desarrollo de ese ser.

Cuando nos preguntamos por la vida y su sentido cabe preguntarse también ¿qué significa vivir intensamente? Hagamos la prueba. Antes de seguir leyendo piensa a qué te suena si te hablo de vivir intensamente.

Vivir intensamente

En el cine , en los anuncios de televisión, en las redes sociales, en las revistas, en algunos libros y en los medios de comunicación en general, se transmite a menudo la idea de que vivir intensamente es hacer muchas cosas y por supuesto todas ellas de nuestro agrado.

Vivir intensamente

 

Parece que vivir intensamente es sinónimo de hacer actividades que nos suban la adrenalina (parapente, puenting, salto base y deportes de aventura varios), viajar, salir de marcha, comer copiosamente, hacer “locuras”, apuntarse aun bombardeo… Esta es una imagen muy falseada de lo que significa vivir intensamente y por ende la felicidad. Vivir intensamente no tiene nada que ver con hacer, ni con consumir la felicidad que nos venden con productos externos.

Vivir intensamente tiene que ver con vivir de forma auténtica, lo cual implica ser honesto y coherente con uno mismo.

La intensidad de la vida no se mide en cantidad, no tiene que ver con que una vida sea larga o corta, sino que se mide en calidad y la calidad, de nuevo, no se mide en cantidad, si haces más o menos cosas, o si tienes más o menos cosas, sino en profundidad, en veracidad y en la paz que una encuentra en la coherencia con lo que es.

 

¿Estamos viviendo una vida auténtica?

Resulta entonces, que un tema tan tabú como la muerte nos invita mirar si estamos viviendo una vida auténtica. O si, por el contrario, nos limitamos a seguir gustos ajenos, complacer las expectativas de otras personas y dar satisfacción  a pequeños placeres que a largo plazo nos conducen en dirección opuesta a una vida en paz con nosotras mismas. 

 

Distinguir entre lo placentero y un bien mayor

En la Kaṭha Upaniṣad hay un momento en el que el dios de la Muerte elogia al joven protagonista de la historia por su capacidad de saber distinguir entre lo que verdaderamente conduce hacia un bien mayor, a saber, el conocimiento de sí mismo, y lo que no.

Naciketas distingue claramente lo que es más placentero,  pero a fin de cuentas efímero,  de aquello que aunque a corto plazo no siempre resulta lo más placentero le aporta el mayor de los bienes, la inmortalidad eterna. Ese bien mayor consiste en descubrir su esencia, más allá del cuerpo físico, de las posesiones, la familia, los amigos y los roles sociales y esa esencia es la Vida que nunca muere.

Ambos, lo mejor y lo placentero

se presentan al hombre.

Los sabios lo valoran, ven la diferencia

y eligen lo mejor por encima de lo placentero.

Pero el tonto elige lo placentero,

en lugar de lo que es beneficioso” (Ka. Up. 2.2)

Hay que comprender que el mensaje no dice que tengamos que renunciar a los placeres por el hecho de ser placeres, ni que lo mejor no pueda, en un momento dado, ser placentero. A lo que se refiere es a que no siempre lo que es lo mejor es lo que más nos apetece.

Tomemos el ejemplo del medicamento amargo que nos puede curar. No es lo más apetecible tomarlo, pero es lo que nos devolverá la salud.

Vivir intensamente

Saber elegir lo mejor

Para elegir lo mejor es necesario tener una visión amplia, en la que podamos valorar lo que realmente suma a nuestra vida en su totalidad y tener el valor para soltar aquello que, aunque a primera vista puede resultar muy suculento, no nos conduce a lo más auténtico de nosotros mismos.

Si puedes elegir entre una felicidad pasajera y otra que conduce a la plenitud total, ¿con qué te quedas? Yo elijo la segunda opción y enseguida me surge la cuestión ¿qué significa una vida plena? Y ¿qué nivel de compromiso estoy dispuesta a tomar con la vida para ir en esa dirección?

Entiendo que una vida plena es aquella en la que reconociendo nuestros límites y sabiendo distinguir cuáles son, los aceptamos y abrazamos amorosamente. Dejamos de luchar por demostrar algo o llegar a ser algo porque comprendemos que somos y nuestras acciones emergen de la dicha de ser.

Vivir intensamente

Dice el filósofo Francesc Torralba hablando de la muerte como límite del ser humano:

“El que reconociendo el límite no vive consternado por él, ese hombre es feliz.”

 

Elegir cada día el camino hacia el Bien

Cada día tomamos un montón de decisiones y en cada una de nuestras decisiones damos pasos en una u otra dirección. A veces por comodidad, a veces por miedo, otras veces por sentir un pequeño o gran placer, actuamos en sentido contrario a la felicidad. Para poder dirigirnos a lo más auténtico de nosotros que nos ha de permitir vivir una vida intensa tenemos que estar dispuesto a morir cada día un poco, morir a lo que pensarán de nosotros, morir a las idealizaciones acerca de nosotros mismos y del mundo, morir al reduccionismo de las identificaciones, morir a las posesiones, a los juicios y creencias, morir a las comodidades y la pereza, morir como sinónimo de soltar , porque aprender morir es abrirnos a la plenitud de ser.

Y tú, ¿qué es para ti vivir intensamente?, ¿en qué medida tus acciones priorizan el placer a corto plazo por encima de lo que te hace sentir más plena?, ¿cuáles son las limitaciones que no te permiten ser auténtica?, ¿cuáles de ellas estás dispuesta a soltar? Estas son unas poquitas preguntas para invitarte a caminar hacia lo más profundo de ti y Vivir así intensamente. 

La vida ¿es sueño?

Entre la realidad y el sueño

Cada día de nuestras vidas, cada noche cuando dormimos, experimentamos un estado de conciencia en el que proyectamos a través de nuestra mente un universo nuevo. Se trata del universo onírico, el mundo de los sueños. A veces soñamos parajes y situaciones que nos hacen sentir muy a gusto y si el despertador nos encuentra en ese agradable momento es fácil que pensemos “¡ay! Un poquito más. No quiero perderme lo que seguía, ¡estaba tan a gusto!”.

Otras veces ocurre justo lo contrario, nos despertamos de una pesadilla y al abrir los ojos con sobresalto nos decimos “¡uff, menos mal que sólo era un sueño!”, y aún necesitamos beber un poco de agua o hacer unas respiraciones antes de volvernos a dormir. En ocasiones los sueños nos parecen tan reales que al despertar no estamos seguros de si fue sólo un sueño o si ha ocurrido en realidad. Y aquí llega la gran cuestión ¿cuál de las dos realidades es la real?, ¿qué es lo que distingue la vida “real” del sueño?

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Procesando nuestras vivencias

En tanto que los sueños nos ayudan a procesar asuntos inconclusos que han quedado registrados en nuestro subconsciente, forman parte de la vida “real”, es decir, desde un punto de vista global el mundo de los sueños forma parte de la vida “real”. Ahora bien, es el sueño en sí aquello que decimos que no es real. Por ejemplo, sueño que veo a un amigo que hace mucho tiempo que no he visto, hablamos y nos comunicamos unos mensajes. Al despedirnos nos damos un sentido abrazo.

Diríamos que lo real es el hecho de haber soñado y los motivos que tal vez me hayan llevado a soñar esto: justo hace un par de días vi a alguien que me recordó a este amigo y estuve pensando en él. Lo que no es real es el encuentro con este amigo, ya que sólo ha ocurrido en una proyección interna de mi mente. En cualquier caso el elemento más importante que nos marcar la línea que divide la realidad de los sueños es el despertar. Solamente al despertar puedo estar segura de que lo anterior fue un sueño.

La vida es sueño

En la España del s. XVII Calderón de la Barca reflejaba en su obra, La vida es sueño, la idea de la vida como un sueño del cual sólo despertamos en el momento de la muerte. El monólogo más famoso de esta obra dice:

“(…) Sueña el rey que es rey, y vive

con este engaño mandando,

disponiendo y gobernando;

y este aplauso, que recibe

prestado, en el viento escribe

y en cenizas le convierte

la muerte ¡desdicha fuerte!:

¿que hay quien intenta reinar

viendo que ha de despertar

en el sueño de la muerte?

Sueña el rico en su riqueza,

que más cuidados le ofrece;

sueña el pobre que padece

su miseria y su pobreza (…)

¿Qué es la vida?, un frenesí.

¿Qué es la vida? una ilusión,

una sombra, una ficción,

y el mayor bien es pequeño:

que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son.”

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En la tradición hindú el advaita vedanta también plantea la misma cuestión pero con una pequeña y gran variación: ¿y si la vida fuese como un sueño?. Ese “como” marca una gran diferencia. El advaita vedanta no pretende afirmar que la vida que vivimos es en sí misma un sueño completamente irreal, sino que nuestra percepción de la vida es como un sueño del cual podemos despertar. Es decir, podemos despertar a otra forma de percepción de la realidad y con ello descubrir un nuevo mundo.

A diferencia de la idea de que la vida es un sueño del cual despertamos en el momento de la muerte, como exponía Calderón de la Barca, aquí no es necesario morir en el sentido literal de la palabra para poder despertar.  Lo que sí es necesario es morir al ego y a sus formas de percepción e identificación. No se trata de algo mágico, en el sentido de que uno vaya a percibir un mundo de luces y colores, sino de abrirnos a conocer el mundo de otra manera tan distinta que nuestra antigua percepción nos parezca un sueño.

¿Qué ves y cómo lo ves?

¿Has hecho alguna vez algún juego de percepción en el que tienes que descubrir una figura “escondida” en la globalidad de la imagen?

Al principio la imagen general aparece como como si fueran manchas o bien sólo puedes detectar una forma concreta y no ves la alternativa. Tú te esmeras en buscar qué otra percepción se puede tener de la imagen. ¿Te ha ocurrido que no había manera de dar con la solución hasta que alguien te la ha indicado? ¿Y no ocurre entonces que cuando por fin ves la solución ya no puedes dejar de verla? Por mucho que quieras volver a la percepción anterior no puedes dejar de ver la imagen concreta que por fin detectaste e incluso ni te explicas cómo es que te costó tanto verlo.

Pues bien, con la percepción del mundo y de la “realidad” ocurre lo mismo. Una vez descubrimos otra forma de realidad y la integramos, ver el mundo de la forma limitada que lo veíamos antes nos parece un sinsentido, nuestra percepción anterior fue como un sueño.

En otros casos ni si quiera la percepción a través de los sentido cambia, pero sabemos que en realidad las cosas son de otra manera. Seguimos viendo el sol salir por el este y ponerse por el oeste y en cambio, sabemos que el sol ni sale ni se pone y que es la tierra la que al girar a su alrededor dando la sensación de que sale por un lado y se esconde por otro. Veamos el ejemplo con unas figuras:

¿Cuál de los dos te parece más largo?

 

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Pues son iguales. ¡Mira!

 

El conocimiento que todo lo cambia

Nosotros vivimos la vida como en un sueño: a veces gozando de los placeres y momentos agradables, otras veces sintiendo dolor y miedo. Tanto una cosa como la otra dependen de nuestra proyección mental, de nuestra forma de conocernos, conocer el mundo y relacionarnos con él. El CONOCIMIENTO en este sentido LO CAMBIA TODO. Igual que al despertar de un sueño nos damos cuenta de que sólo fue un sueño, al despertar a una nueva forma de comprensión nos damos cuenta de que la vida que estábamos viviendo era lo mismo que un sueño.

 

¿En qué consiste el conocimiento del que hablamos?

Consiste en darnos cuenta de lo pasajero de todo lo que nos rodea así como de nuestro cuerpo, nuestros pensamientos, emociones… Darnos cuenta de que términos como “yo” y “mío” están vacíos, son sólo nombres. Todo aquello con lo que me identifico y a lo que llamo “yo” habitualmente es efímero y cambiante.

Este es mi sueño: nací en el mes de octubre y pesé muy poco. En el lugar donde debiera estar mi paladar había un agujero, así que en el hospital me apartaron varios días de mi madre para poder hacerme un seguimiento médico. Fui una niña inquieta y a la vez dulce y amable. Era servicial, siempre dispuesta a contentar a los demás. Delgadita, pequeña, morena y fuerte….

Podría seguir con el sueño que podría ser completamente distinto y haber soñado que nací en un mes de julio, con gran tamaño y peso y que enseguida mi madre me pudo tener entre sus brazos mientras yo me cogía a su pecho. Podría haber soñado que fui una niña tranquila y parada.

A veces sueño que me ocurre algo maravilloso y me siento contenta y satisfecha, otras veces sueño que estoy triste porque algo me ha dolido, o que me siento enfadada.

Conocer es ante todo CONCIENCIA, DARSE CUENTA, OBSERVAR. ¿Has tenido alguna vez un sueño consciente? Se llama sueños conscientes a aquellos en los que dentro del propio sueño uno se da cuenta de que está soñando y elige cómo vivir su sueño.

El DESPERTAR

¿Y si ocurriese lo mismo con nuestra vida? En el momento en que puedo darme cuenta de que estoy soñando algo dejo de ser esclava de mis sueños.

Del mismo modo, en el momento en que me doy cuenta de que yo no soy todos los juicios, pensamientos y emociones pasajeros que me atribuyo, puedo entonces observar lo que queda, la plenitud del Ser, Eso es lo que soy. No soy lo cambiante y pasajero con lo que siempre me identificaba, esa vida mía era como un sueño.

Darse cuenta de que la vida es como un sueño nos permite vivirla sin apego, observando todo lo que va y viene, todo lo que aparece y desaparece mientras Algo mucho mayor en nosotros es consciente de estar soñando. Entonces podemos movernos con plena libertad en el sueño de nuestra vida, igual que una araña se mueve libremente por la tela que ella misma ha tejido.