¿El Poder nos transforma?

Independientemente de que hablemos de poder político, económico o empresarial, lo que sucede normalmente con las personas que consiguen un alto cargo y lo desempeñan durante un periodo de tiempo prolongado es que sufren un cambio tanto en su forma de pensar como de actuar.

 

Abuso de poder

 

«El poder corrompe; el poder absoluto corrompe absolutamente todo´´ Dalberg-Acton (1834-1902)

 

Todos estamos al tanto de la cantidad de noticias sobre corrupción política en nuestro país. Parece que ni uno solo se puede librar de dichos escándalos. Y nos resulta cada vez más evidente que todos están relacionados con el abuso de poder.

No solo encontramos desfalcos en la política, pues si miramos a otras entidades como la FIFA, la banca o el Tribunal Constitucional, están cargados de nepotismo y ausencia de control por parte de las autoridades. Y esto solo refleja una cosa: las personas cuando poseen un cargo poderoso, amplían su rango de actuación debido a su cambio de estatus y a sus sentimientos de omnipotencia.

 

Habitamos mundos distintos

La diferencia entre tener  poder o no, hace la diferencia en el estilo de vida. Aquellas personas que poseen poder, viven en un mundo completamente diferente al resto de la sociedad.

Normalmente las personas poderosas se muestran con más libertad de actuación, más influyentes y esperando conseguir recompensas constantemente. Mientras que las personas menos ricas o «sin poder´´ tienden a centrarse en las necesidades de los demás, a comportarse más cohibidos y a ser más sensibles al castigo.

De este modo, las personas poderosas se ajustan menos a las normas sociales, lo cual nos hace cuestionarnos si en su caso realmente poseen mayor margen de maniobra en beneficio propio.

 

 «… el hecho de que los gobernantes actúen de manera pérfida y sin escrúpulos, forma parte de un ejercicio del poder exitoso. Es más seguro ser temido que ser amado.´´ Nicolás Maquiavelo (1469-1527, El Príncipe)

 

Cuando hablamos de maquiavelismo en psicología, hacemos referencia a un rasgo de la personalidad que se caracteriza por el interés exacerbado en la apariencia propia y en la influencia en los demás, buscando el beneficio propio a través de los otros. Además, las personas que se caracterizan por este rasgo marcado, suelen presentar altos grados de narcisismo y psicopatía, lo cual da lugar a la denominada «triada oscura de la personalidad´´.

 

Donald Trump

 

Estos conceptos toman forma en la sociedad en la que vivimos cuando observamos a los altos dirigentes tratando de conseguir sus propios objetivos a pesar de los límites éticos y legales.  Siendo su principal interés el codiciar los bienes materiales y tratar de ejercer dominación sobre la sociedad.

 

Quizá te pueda interesar: http://www.20minutos.es/noticia/2986072/0/donald-trump-responde-videoclip-snoop-dogg-dispara/

 

Rasgos prosociales

A pesar de todo esto, la realidad refleja que se suele mostrar cierta actitud de rechazo y desconfianza hacia aquellas personas que demuestran querer conseguir ascender a costa de cualquier precio. Es más, las personas de élite que presentan una actitud maquiavélica, suelen recibir un mayor numero de criticas negativas por parte del resto, siendo consideradas menos capaces de ocupar cargos de responsabilidad.

 

Escalamiento

 

Sin embargo, en contraposición a esto, las personas que se muestran comprometidas con el grupo, con las normas sociales, con alta extraversión y bajo neuroticismo, tienden a ganar influencia en los demás y a ascender en la jerarquía. Se tratan de rasgos prosociales que facilitan la comunicación y la mediación en el conflicto.

Desde diferentes datos aportados por numerosos estudios psicosociales, se derivan conclusiones como que las personas que alcanzan determinado poder en la sociedad, suelen sobrestimar sus propias capacidades y actuar más libremente. Su manera de pensar se torna estereotipada, no tienen tan presente el punto de vista de los demás y le pierden miedo a los riesgos al sentirse más respaldados.

Aquí encontramos el complejo supuesto de la «paradoja del poder´´ bajo el cual subyace la hipótesis de que las capacidades que hacen que una persona logre cierto prestigio, se pierden cuando transcurre un tiempo prolongado en dicho puesto.

Esto implica que la ganancia de autoridad influya en nuestro pensamiento y conducta. Por ejemplo, las personas poderosas pasan de atender a los pequeños detalles a tener una visión más abstracta del mundo. De esta manera, políticos, directores de bancos o de grandes empresas se preocupan por deshacerse de un paquete de acciones, cerrar una filial o arreglar un parque, y no de cómo se encuentra el inversor financiero de su empresa o qué necesidades tienen los albañiles que levantan el suelo de las calles.

 

Distancia psicológica

 

Todo ello responde al modo en el que conceptualizan la realidad, es decir, la distancia psicológica que establecen entre ellos y los objetos, las personas y los acontecimientos. Esto esta determinado no solo por los vínculos personales que se tengan con una entidad concreta, sino también por la distancia espacio-temporal, siendo lo cercano percibido de forma más detallada, mientras que lo lejano se entiende de manera más abstracta.

Ninguna de las dos maneras es mejor o peor, puesto que depende de la situación y de los rasgos de personalidad. Lo que se trata de dar a entender es la sustitución de un tipo de pensamiento por otro de forma constante. Es decir, el pensamiento de personas de altos estatus suele ser bastante más abstracto a la media. Así, el gran escándalo de las preferentes pudo ser, ya que los afectados eran personas completamente ajenas a los responsables.

Por tanto, el  pensamiento de altos directivos presenta menor implicación personal con el detalle. El poderoso es poco altruista y se preocupa más por su propio bienestar que por el de los demás. Contempla a sus subordinados como un grupo abstracto, prestando poco interés por sus necesidades y opiniones.

 

Doble moral

Otro de los rasgos que encontramos en este tipo de personas es la doble moral. Por lo general el poder también transforma los juicios y esto claramente lo percibimos en las normas que se aplican a sí mismos los directores y altos cargos de la sociedad y las que le aplican a sus subordinados.

Nada que ver tiene la libertad que uno se toma cuando sabe que tiene poder frente a aquellos que saben que están bajo el cargo de un superior.

 

Subordinados

 

Un claro ejemplo de esto es el famoso experimento que todos conocemos de la Prisión de Stanford que llevó a cabo el psicólogo Philip Zimbardo en el año 1971. En él se puso a prueba el ejercicio del poder en prisión con un grupo de voluntarios a los que dividió por azar en presos y carceleros. El resultado fue cuanto menos escandaloso aunque muy esperado. El juego de roles desembocó en un maltrato reiterado y evidente, lo cual obligó a detener el experimento.

 

 

Quizá te pueda interesar: Tres experimentos (que no creerás) heredados de la II Guerra Mundial

 

La sensación de poder y control hacen que la persona se muestre más activa y emprenda acciones en las que jamás se podría haber imaginado. Es una sensación que va acompañada de un sentimiento de fuerza que antes no se creía poseer. De este modo, incluso surgen aptitudes del sujeto que permanecían ocultas.

Sin embargo, aquellas personas que son más proclives a atender a las necesidades de sus subordinados y a establecer reparticiones equitativas en el ejercicio social, suelen implicarse personalmente mucho más en situaciones de poder. Por lo que las personas que se muestran altruistas con los demás, pueden llegar a comportarse del mismo modo a pesar de alcanzar puestos de poder importantes.

Pero una cosa hay que tener clara y es que este comportamiento prosocial depende de varios factores: primeramente los rasgos de personalidad y la opinión que se tenga sobre uno mismo, además de la cultura tanto individual como política y de empresa. Por lo que podemos decir que el poder corrompe, pero también puede darse el caso de no tener por qué, sobre todo si los rasgos de la personalidad son claros y sólidos, los objetivos están bien definidos y son alcanzables y la influencia externa no es demasiado perniciosa.