Traficando con las emociones

¿Qué es una emoción?

Las emociones son energías que necesitas expresarse. Y eso es lo que debemos hacer con ellas. Sentirlas, y expresaras siempre que sea posible. Hay veces que podremos expresarlas de forma saludable, y otras veces, por ejemplo, si nos encontramos en un lugar donde no sea fácil, podemos «posponer» su expresión, y esperar a estar en un lugar más seguro.

Cuando se reprimen de forma crónica, se imprimen en el inconsciente y pueden hacernos mucho daño.

 

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Otro elemento importante a tener en cuenta es que además de ser «humanos», y por lo tanto, ser seres inteligentes, también somos animales. Somos mamíferos. Somos «bichos». Y esto es algo que olvidamos con mucha frecuencia. En tanto que animales, no podemos elegir las emociones que sentimos.

No podemos decidir qué nos conviene sentir y que es mejor no sentir. Simplemente sentimos, y no tenemos ningún control sobre ello. Una vez se presenta una sensación o una emoción en nuestro cuerpo, sólo nos queda expresarlo de la mejor manera posible.

Y aquí viene el problema. Cuando éramos niños, pudo ocurrir cualquiera de estas dos cosas. O nos permitieron expresar ciertas emociones, o nos lo prohibieron. Y a menos que hayamos hecho un profundo trabajo personal, repetiremos ese patrón. Si se nos permitió expresar la rabia, ahora podremos expresar esta emoción. Si se nos prohibió expresarla, ahora la reprimiremos.

 

Santa flexibilidad

Cuanto más «derecho» se nos dio de niños, como individuo o como familia, para acceder a las diferentes emociones, más habremos desarrollado la capacidad de adaptación, flexibilidad y evolución. Ya que habremos podido integrar la libertad de «sentir» y expresar, y no habremos tenido que reprimir nada.

Haciendo uso de esta libertad, habremos aprendido a sentir esa emoción. A reconocerla y a acogerla como una realidad y un recurso útil. Una vez reconocida y acogida, sólo queda encontrar el canal más aceptable para expresarla de forma constructiva para la persona y para el entorno.

 

Terrible represión

Cuanto más grande sea el número de emociones prohibidas, más privados nos encontraremos de la cantidad de información que se esconde tras la emoción. Y por ende, más probable será el bloqueo de dicha emoción.

Como hemos dicho, una emoción es energía constructiva para el individuo. Es un recurso muy útil. Del mismo modo, emoción reprimida, es energía constructiva bloqueada. Un rechazo firme y repetitivo de una emoción sólo consigue aumentar la intensidad del eventual bloqueo.

La emoción reprimida se puede comparar al agua de un río que se encuentra con una barrara. De alguna forma, el agua consigue seguir su curso, ella misma buscará la manera. Y eso mismo nos ocurre a nosotros, ese río de emociones que llevamos dentro de nosotros sigue su camino a nuestras espaldas (en nuestro inconsciente), y tomará formas insospechadas que podrán sorprendernos y cogernos desprevenidos.

Si aprendemos a observamos, así podríamos explicar muchos comportamientos impacientes o accesos de rabia inexplicables.

 

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«Te lo prohibo»

Estas «prohibiciones» pueden producirse en toda la familia, en un individuo o en varios. De esta forma, es frecuente que en una familia haya una única persona a la que se le permite la expresión de una emoción que queda prohibida para todos los demás. Esta persona se convertirá en la válvula de escape para todos los miembros del grupo. Y llevará sobre sus espaldas el peso del bloqueo emotivo de toda su familia.

De esta forma, toda prohibición de tipo emocional se convierte en una obstáculo que debe salvarse y cada cual, aún sin buscarlo, encontrará un canal de expresión diferente, que a menudo es paradójicamente el opuesto. Así buscamos espontáneamente las respuestas posibles que nos ofrece el código aceptado de nuestra familia, revisando aquellos que sí se nos está permitido expresar.

 

Tráfico de emociones

Eric Verne denomina este proceso «tráfico de emociones». Él estudio que era posible predecir el canal más probable que una expresión prohibida puede escoger para expresarse.

Algunas de estas expresiones, según Jean Monbourquette:

 

– La prohibición de la tristeza, de la pena o del sufrimiento se transforma generalmente en falso consuelo hacia los demás, en agresividad, en hiperactividad y en somatización.

– La prohibición de la ira se convierte en tristeza y sentimiento de culpabilidad que puede hacerse permanente.

– La prohibición de la culpabilidad suele convertirse en una tendencia a acusar compulsivamente a los demás.

– La prohibición de la alegría y la risa provoca culpabilidad y autocastigo repetitivo.

– La prohibición de la debilidad y la depresión crea aires de grandeza y complejo de superioridad.

– La prohibición de la fuerza engendra la tendencia a mostrarse débil y dependiente, a sentirse triste y a somatizar los problemas.

 

Este tipo de respuestas que aparecen en presencia de las necesidades emocionales, es menos satisfactorio para la persona que la expresión libre de la emoción reprimida. Además, esta forma de proceder conduce a la reproducción constante de la fórmula de reemplazo.

Por otra parte, la repetición constante de un tipo de emoción incomprensible en una persona, nos permite deducir la presencia de esa serie de emociones reprimidas.

A nivel familiar, la adopción de una característica excesivamente mostrada por toda una familia significará que ambos padres comparten esa emoción «prohibida». Es el ejemplo de una familia que siempre parece feliz, y a los que nunca hemos visto enojados o tristes. O que siempre están quejándose o malhumorados.

Si esto no ocurre, y los padres son divergentes en relación a la expresión de una misma emoción, los hijos bascularán de una forma de expresión a otra según el contexto, y generalmente de forma inconsciente.

 

Oponerse al tráfico de emociones

Para oponerse al tráfico de emociones, los adultos debemos permitirnos los medios para defender nuestros derechos y expresar cada una de nuestras emociones.

En lo que respecta a los niños, la transmisión del derecho a vivir sus emociones se transmite a través de los adultos que tienen responsabilidad sobre ellos. El niño, una vez adulto, tiene que inventariar de algún modo lo que ha vivido y aprendido de los responsables de su educación.

Es su responsabilidad efectuar los cambios necesarios para su evolución, que tendrá un efecto directo sobre sus propios hijos. Un adulto que ha aprendido a expresar libremente sus emociones será un padre que le transmita esa misma libertada a sus hijos.

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Fuentes:

  • Psicogenealogía. Daris y Lise Langlois. Ediciones Obelisco. 2 edición del 2014.

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Elección de pareja: ¿somos libres de la herencia familiar en la repetición de patrones dolorosos?

Desde mi humilde experiencia, y gracias al trabajo personal que he estado haciendo en los últimos años, puedo ver de forma cristalina que las elecciones de pareja que he hecho nunca han sido aleatorias. Podemos decir que el azar o el destino están implicados en las personas con las que nos hemos cruzado durante los años, pero la verdad es que los fenómenos de atracción y de apego tiene una explicación mucho menos romántica. Algo que ya pudimos ver con el artículo de nuestro compañero Hugo.

 

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La triste realidad es que no somos tan libres como pensamos, y que las elecciones que hacemos vienen determinadas por la herencia psicológica que llevamos con nosotros, ya que esperamos encontrar a alguien que sea compatible con lo que cada miembro de la pareja ha heredado durante generaciones.

Si nos fijamos bien en cualquier pareja de nuestro entorno, veremos que hay características que se parecen, y otras que se complementan. Pensemos por ejemplo en una pareja en la que ambas personas tienen un gran sentido de la responsabilidad, tienen un carácter fuerte y mucha determinación. En estos valores, que ambos han heredado de sus sistemas de origen, se reconocen.

Por otro lado, ella es divertida y se ríe continuamente. Mientras que él es una persona seria. En este caso dichas características no encuentran una homóloga en la pareja. Sino que se complementan. Y son los rasgos que generarán atracción entre las dos personas.

 

Lo que nos atrae de la pareja

Según la psicología sistémica y la psicogenealogía, lo primero que nos interesa de una pareja, al conocerla, es encontrar esa mínima base de características parecidas para podernos entender con el otro. En el ejemplo anterior sería el sentido de la responsabilidad, el carácter fuerte y la determinación.

Estos puntos en común funcionan como facilitadores de la relación, pero realmente no tienen mucho que enseñarnos porque ya los llevamos en nuestra propia herencia. Garantizan la compatibilidad a un nivel básico, pero no aportan nada nuevo. Son importantes para la colaboración de la pareja, pero no resultan atrayentes.

Lo que nos atraer verdaderamente de la otra persona son esas características que no tenemos nosotros. Lo que carecemos pero nos gustaría tener. Es la búsqueda de lo que nos complementa, porque nos falta. En el ejemplo anterior, él se va atraído por la alegría de ella, porque él no la tiene. Al igual que ella se ve atraída por la seriedad y la compasión de él, ya que se ve incapaz de asumir situaciones que requieran dichas actitudes.

Así, la pareja aspira a ser un todo completo. Como si cada uno de sus miembros hubiese firmado un poder, cada uno de ellos puede vivir lo que se le ha prohibido vivir en su familia de origen a través del otro. Este complementariedad crea una admiración profunda entre ellos, una atracción que conduce a la pasión.

La pareja se construye sobre el compromiso de que cada uno suplirá las carencias del otro para ser una pareja completa y feliz. Aunque no es oro todo lo que reluce. Con el tiempo, lo que al principio resultaba atrayente se convierte en un fastidio, porque obliga a cada miembro de la pareja a encasillarse en una especialización de la que no puede huir. Y porque generará una relación de dependencia. Con los años, este «fastidio» se puede hacer que la pareja vegete, muera o madure.

 

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Espejos que  no queremos mirar

Aunque esto es lo más común, en ocasiones puede ocurrir lo contrario. Si en tu sistema de origen la prohibición de expresar una emoción o un comportamiento fue muy fuerte, sólo con verla en otra persona nos generará mucho rechazo. Y bajo ningún concepto querremos vivirla a través del otro. En vez de admiración, sentiremos envidia consciente o inconsciente hacia la característica que la otra persona puede expresar y que nosotros no podemos desarrollar.

Entonces, la atracción se convierte en repulsión o atracción conflictiva. Esta atracción nos moviliza a un combate hacia la persona que posee la «atracción prohibida» en nuestro código. Fenómeno que tiene el nombre de polarización.

Esta polarización es la que explica las antipatías entre las personas. La gente que nos cae peor son las que más pueden enseñarnos sobre nosotros mismos. Lo que sentimos hacia alguien que nos resulta antipático puede enseñarnos lo que tenemos reprimido en el fondo de nuestro corazón, ya que no nos damos permiso para sentirlo.

Los fenómenos de procuración (poder que una persona da a otra para que ejecute algo en su nombre) y de polarización son posibles gracias a la proyección que hacemos en la otra persona de aquellas partes menos desarrolladas de nosotros mismos. La proyección es inevitable ya que nos permite exteriorizar las tensiones que estos déficits nos crean.

 

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Elección de pareja

Las prohibiciones, derechos y prohibiciones que hemos interiorizado de nuestra familia de origen, así como las carencias que hemos vivido en nuestra vida producto del entorno, explican cierto número de criterios que tenemos en cuenta a la hora de escoger una pareja.

Toda esta herencia jugará un papel fundamental en nuestra elecciones. Por ejemplo, una mujer que tuvo un padre que vibraba con la libertad, la locura y la originalidad, no elegirá esas características en su pareja, porque pudieron ser las razones de haber vivido muchas carencias económicas durante la infancia. Así, preferirá valores como la estabilidad y la seguridad material.

Estas características, que serán muy valoradas por dicha mujer, no serán las que despierten su pasión. Además, ella deberá buscar otras vías para poder expresar la libertad, la locura y la originalidad que ha heredado y forman parte de ella.

De la misma manera él, que creció en un entorno acomodado, no buscará esas características en su mujer. Ya que él necesita el complemento que le permita vivir esa locura y originalidad que tuvo prohibido en su infancia.

 

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Desarrollo del potencial

El potencial de crecimiento de cada uno de los miembros de la pareja es una fuerza con la que hemos nacido y que nos es propia. Esa fuerza, bien canalizada, nos lleva a la autorealización. Aunque a algunas trayectorias vitales son más propias que otras para ese desarrollo, en cuanto que contienen los estímulos y recursos necesarios para que crezca. Además, estos recursos deben combinarse con las capacidades y la motivación de la persona para que se de una eclosión completa.

La herencia con la que hemos de vivir una vez que abandonamos nuestra familia de origen tiene todos los componentes innatos y adquiridos de este potencial. Donde las capacidades y la motivación del individuo no se han podido desarrollar, se creará, como en el caso de las emociones, un canal de derivación que compense las carencias. Esa pérdida de parte del potencial no explotada quedará en suspenso y la forma en que se exprese influirá en las relaciones de pareja.

La parte de renuncia y l aparte de realización del potencial marcarán la trayectoria persona, de pareja y familiar.

 

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El éxito

Cuando nos unimos a otra persona desarrollamos, consciente o inconscientemente un proyecto común en relación al éxito. Por muy evidente que nos parezca que todo el mundo quiera llegar a tener éxito, conseguirlo o no depende de muchos más elementos que el simple hecho de desearlo o de tener una voluntad consciente para ello.

Crecemos en base a un «código legal» que rige la vida familiar, registrando muchos datos contradictorios, contenidos en ese código, relativos al tema del éxito.

Según Vincent de Gaulejac: «Los padres quieren que sus hijo tenga éxito y consiga un estatus más prestigioso que ellos; pero al mismo tiempo, no desean que sea demasiado diferente a ellos mismos, que no se convierta en un ser extraño y que no sienta la necesidad de renegar de sus orígenes. Quieren que sea otro siendo el mismo, con lo que implantan una contradicción entre lo idéntico y lo diferente en la construcción de la identidad del hijo».

Por ejemplo, una pareja puede tener diferentes conceptos del éxito. Ella, pudo vivir en una familia en la que se le inculcó que tener éxito es sospechoso, y más aún cuando uno se hace rico. Por consiguiente, los ricos corren el riesgo de ser rechazados por el mero hecho de serlo. Por su parte, él pudo aprender que el éxito sólo se consigue a través de una feroz competición en la que se excluyen los afectos. Por consiguiente, por mucho que esta pareja desee tener éxito, difícilmente lo tendrán nunca…

El potencial conyugal sólo podrá fraguarse un camino si se llega a un compromiso entre los deseos de cada uno, las condiciones para alcanzar los objetivos y las prohibiciones. Y teniendo en cuanta que los dos últimos elementos los hemos aprendido de forma inconsciente en el seno familiar, tendremos que hacer un trabajo profundo para sacarlos a la luz, en primer lugar, y decidir si en nuestra vida tienen algún sentido.

 

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Fuentes:

  • Psicogenealogía. Daris y Lise Langlois. Ediciones Obelisco. 2 edición del 2014.

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Conectando con nuestras herencias familiares (transgeneracionalidad)

Cuando se habla de transgeneracionalidad o de “transmisión de generación en generación”, muchas veces nos llegan a la mente las tradiciones y la cultura que rodea a un individuo, aquello que naturalmente se replica y se continua como perpetuación de la identidad cultural. Sin embargo, cuando en psicología, y especialmente en la corriente sistémica hablamos de transgeneracionalidad, se agudiza un poco más en el término y nos enfocamos en temas muchos más profundos y en ocasiones sensibles, que, en algún momento de la historia familiar, pudieron haber quedado “ocultos”, “olvidados” o en muchas ocasiones “cerrados”, temas que aunque no se hablen, están presentes y juegan un papel importante en las dinámicas familiares establecidas o por establecerse.

Transgeneracionalidad, definiendo el concepto

Es importante diferenciar la transmisión intergeneracional, de la transmisión transgeneracional. La primera de ellas se refiere a pautas y experiencias directas entre padres e hijos, y la segunda de ellas, confirma la “herencia psicológTransgeneracionalidadica”, aquello que marca el mundo simbólico y relacional de una generación y afecta directamente a tres o más generaciones. Por lo cual este tema favorece el reconocimiento de los antepasados, e igualmente invita a un proceso donde se puede aliviar y descargar el sufrimiento y el dolor transmitido.

Un tema estudiado ya por Freud y Jung, sin embargo partir de los años 70, aparecen autores que se interesan de este fenómeno generando estudios de importancia y vigencia contemporánea. Entre ellos están Abraham y Torok, Faimberg, Kaës,  Baranes, Green, Bowen, Framo, Boszormenyi – Nagy, Jodorowsky, Barudi, entre otros.

La mayoría de los autores refuerzan la idea de que aunque la cultura y la época de desarrollo del individuo influyen en su patrón conductual, es la familia y las experiencias vividas en ella, quien determinará la organización psicológica y representacional de un individuo. La familia puede ser el espacio donde se pueden proveer experiencias constructivas tales como el amor, la confianza, la identidad y pertenencia, tradiciones, vínculos seguros, patrones relacionales sanos; sin embargo pueden presentarse igualmente experiencias contrarias y destructivas para un individuo, tales como maltrato, abuso sexual, abandono, humillaciones, entre otros.

Abraham y Torök  explican que:

Estas experiencias se representan en  palabras que no pudieron ser dichas y en algunas ocasiones se pueden convertir en escenas que no pudieron ser rememoradas, las lágrimas que no pudieron ser vertidas son conservadas en secreto. La necesidad del secreto no proviene de la vergüenza del sujeto, sino de la vergüenza del objeto de amor, (el padre o madre, o antepasado), que hizo vivir la experiencia como secreta y vergonzosa.

Lo que Rand define como Cripta, que se representa “cuando una experiencia difícil por ser dolorosa o vergonzosa no se procesa, se convierte en trauma, el cual queda congelado. Y esta va a matizar no solo una parte sino todo el psiquismo de una persona. Esto quiere decir que la persona va a organizar su vida en torno a la cripta (pensamientos, sentimientos, conductas). (Cp Tapia y Velez. Revista de Psicología, 8(16), 45-52 (2011)).

Transgeneracionalidad

Se puede observar  con frecuencia en la atención de familias, como la historia vivida en la infancia de los padres y abuelos, se repite muchas veces en sus patrones de crianza. Estos mitos, hitos o legados fungen como una especie de estructura, que a través de las experiencias propias se van cubriendo con otros matices, pero que sin embargo se rigen a través de sus “vigas estructurales”. Como por ejemplo experiencias de maltrato de padre/abuelos en su infancia,  usualmente son replicados por éstos de manera casi automática. Lo que también se representa en experiencias devastadoras, tales como el abuso sexual o el abandono. Afortunadamente, no en todos los casos estas negligencias se replican, más bien se hacen conscientes y  son sanadas, entran en juego otras capacidades personales que hacen que una persona decida no continuar con esos legados familiares vividos.  Abriendo espacios que facilitan la descarga del dolor que sus antepasados aquejaron.

Razón por la cual el telescopaje juega un papel fundamental; fue descrito ya por Faimberg, quien lo explicaría a grandes rasgos como la aparición o representación del sufrimiento familiar a través un síntoma como medio de “denuncia”, un síntoma sin causa aparente y que movilizará a todo el sistema familiar. Este síntoma es un medio de “sacrificio” que funciona como catalizador y comunicador del sufrimiento y de la carga transgeneracional.

Aunque la “herencia psicológica” es un regalo de nuestros antepasados, es cada individuo quien decide aceptar, transformar o denegar de ella. Sería como, al hacerlo consciente, lograr poner el sello personal en lo que la vivencia se refiere. Como ya explicaba Rozenbaun

“El niño nace ya con una historia genética, vincular y emocional, hereda la carga de recomponer a la familia a partir de alianzas y los linajes de los que ha nacido, por tanto hay una historia que lo pre – existe de la cual puede: ser heredero transmisor con nuevos desarrollos, o, ser prisionero de ella.”

Aquello que no se habla, aquello que se niega o se oculta, toma mayor fuerza y se vuelve más grande, hasta que en algún momento ya no pueda ocultarse más, y empiece a manifestarse de diversas maneras, ya sea a través del cuerpo, con manifestaciones somáticas, a través de nuestras relaciones adultas insatisfactorias, a través de sueños o experiencias oníricas,  entre muchas otras formas de representarse. Con el objetivo de hacer consciente su presencia para que se procese y de esta manera se logre bajar el efecto patológico y paralizador. Esto puede suceder sin aviso alguno en las generaciones siguientes a aquellas que vivenciaron “el trauma”.

Es muy importante observar y reconocer esas herencias,  se puede observar en experiencias constructivas en diversos ámbitos, tanto personales como sociales, o por el contrario expresado a través de “trancas” o “síntomas”, como se explica anteriormente.  Ambos matices dan la oportunidad de sacar a la luz aquello que nos compone, le da voz a aquello que está dentro del linaje  psicológico, para así “abrir la cripta” y reorganizar o reconstruir aquello que aqueja y no nos permite avanzar, logrando desatar esos nudos del pasado, descargando el peso y el dolor de las experiencias que le corresponde a generaciones anteriores.

Psicogenealogía. El poder del árbol genealógico

Una vez que vamos identificando y reconociendo esta herencia, es importante siempre hacerlo de manera segura en un espacio protegido, que permita no solo confrontar, reconocer y encarar el “fantasma, la cripta, la trampa” entre otros términos utilizados, sino que también ofrezca la oportunidad de abordarlo,  fomentando la sanación de heridas y la reconciliación con aquello que promueva el crecimiento y la conciencia. Desde la visión de la Psicogenealogía, liderado por Jodorowsky, se propone el estudio de nuestros antepasados a través del árbol genealógico, lo que permite tomar conciencia, para  que un individuo se convierta en el “sanador de su familia”. Es decidir dar un paso adelante a través del estudio de nuestro propio árbol  lo que podrá ayudar a  romper con la circularidad de la repetición o transmisión de la herencia psicológica, y finalmente el trauma perderá valor patógeno.  Esto es importante hacerlo en compañía de personas capacitadas para recibir esa carga dolorosa y transformarla en un espacio de construcción y de contacto pleno con la conciencia. Para esto es ideal realizar un proceso de psicoterapia personal.

Transgeneracionalidad

Al tener frente a ti tu árbol genealógico, determina momentos o características importantes tales como: episodios dolorosos, secretos, legados, repeticiones, personalidades, reconocer a quien me parezco, o a quien siempre me han dicho que me parezco, ¿se repiten algunos nombres, profesiones, patologías médicas? ¿Algunos de mis familiares presenta o presentó un síntoma aislado? ¿Existe repetición de estilos de crianza? ¿Quién es diferente a todos los demás? ¿Que hace que me sienta parte de esta familia?, Cuando pienso en la familia de mi padre/madre, ¿qué imagen se me viene a la mente? ¿Cómo es la relación de pareja de mis padres/abuelos? ¿Creo que he descubierto un secreto familiar? ¿Qué tipo de ideología religiosa/política/moral rige a mi familia? ¿Yo la sigo?. Fechas importantes tales como aniversarios, muertes, accidentes, bodas, ¿existen acontecimientos actuales importantes cercanos a estas fechas descritas? ¿Me avergüenzo/enorgullezco de alguna característica de mi familia?, esta serie de preguntas permitirá abrir un espacio de conocimiento, de manera de observar cómo estas dinámicas se han replicado en otras áreas de tu vida, como esto que pertenece al pasado te afecta directa o indirectamente en tu vida presente.

Esta herencia psicológica es siempre un tesoro, y contactar con él permite saber con qué sigues viajando hoy en día, no solo para poder enfrentar temas de dolor, sino también para reconocer aquellos legados que te ayudan a continuar y a avanzar. Un árbol sano, como decía Jodorowsky, permite la transformación, la mutación y el avance, un árbol enfermo buscara que siempre crezcan ramas sobre heridas, perpetuando así el dolor. Conocer e investigar la historia de tus padres, de tus abuelos, de tus bisabuelos te permitirá comprender y entender características presentes en ellos, te ayudara a conectarte con espacios antes no explorados que podrán ser asociados a aspectos actuales de tu vida que quizás hasta ahora no te hacían sentido, o que de otra manera creaban ruido en ti, y de alguna forma se manifestaba.

De manera tal que la invitación es siempre a reconocer  nuestros antepasados, quienes promovieron  tenerte hoy en día en este plano presente. Construyeron para ti un legado, te lo entregan como tesoro de bienvenida en este mundo.  Ahora tú en este plano, tienes la oportunidad de agradecer por este regalo único, y de continuar con tu camino. Si en algún momento decides encarar estos “asuntos no resueltos del pasado”, te darás cuenta que esto te otorgará el poder de avanzar y llegar a la conciencia que permita que tu promuevas la continuación de un árbol sano y nutritivo, marcando una diferencia que también generará un legado, pero donde tus descendientes tendrán la oportunidad de abrirse nuevos espacios y de expandir la conciencia y promover planos más sanos y enriquecedores.

https://www.youtube.com/watch?time_continue=2&v=xaibXFC-KhI

De manera que tu sello personal ayude a sanar el pasado, a sanarte en el presente, y a mirar el futuro. Es una oportunidad que te brinda el presente, para re-significar, dar un sentido más constructivo de lo que causó dolor. Se presenta en el ahora, ya que es el momento que estás preparado para poder confrontar lo que te aqueja, no era antes ni después, es el ahora el momento preciso. Y así poder aligerar la valija con la viajas hoy, y decidir dejar contigo aquello que te facilitará el camino del crecimiento y el autoconocimiento.

Termino con un pensamiento tibetano:

Camina, pero sin compulsión; indaga, pero sin ansiedad; sigue la senda, pero sin urgencia de resultados. El camino ya es la meta”.

Referencias bibliográficas sobre transgeneracionalidad: