¿Psicólogo, psiquiatra, psicoanalista o psicoterapeuta?

Psique es una palabra de origen griego que se puede traducir por alma, además de un concepto muy complejo Pique es un personaje importante en la mitología clásica. Esta palabra que antecede como prefijo a un buen número de profesiones hoy en día se utiliza más bien para referirse a otra entidad inmaterial pero (¿tal vez?) menos metafísica: la mente.

En todos los años que llevo dedicándome a la psicología he encontrado que existe una gran confusión en torno a las diferentes profesiones que se ocupan de la psique. Todas ellas tienen en común presentar un «psi» antecediendo al nombre. Sin embargo difieren en muchas otras cuestiones que voy a intentar clarificar de forma muy sintética.

Haciendo un recorrido histórico podemos considerar que los primeros que se ocuparon de las cuestiones del «alma» fueron los magos, chamanes, sacerdotes y también los filósofos. La psicología es, de hecho, una de las muchas hijas que ha generado la filosofía. Posteriormente, en un momento que suele situarse entre el siglo XVIII y el XIX según declinaba la importancia del mundo mágico y ascendía la estrella de la razón, los médicos comenzaron a ocuparse del alma y ha crear clasificaciones y remedios para sus afecciones. Tomaron así el testigo.

En este estado de cosas nacen los cuatro «psi»: el psiquiatra, el psicólogo, el psicoanalista y el psicoterapeuta.

El psiquiatra es un médico especializado en la salud mental. Esto quiere decir que son aquellas personas que, además de un conocimiento médico general estudian la especialidad de psiquiatría que les avala para trabajar con los trastornos mentales. En España para ser psiquiatra es necesario estudiar la carrera de medicina y realizar posteriormente una residencia en un hospital en la especialidad de psiquiatría. Los psiquiatras son los únicos «psi» autorizados a prescribir psicofármacos.

El psicólogo es un profesional formado en el conocimiento de la mente. Estudia los diferentes procesos mentales, la forma en la que pensamos, sentimos, percibimos, recordamos, etc… La psicología tiene una rama dedicada al conocimiento de las enfermedades mentales -la clínica- que se aproxima a la psiquiatría, pero también comprende otras áreas como la educativa, la social o la industrial. Para ser psicólogo en España es necesario estudiar la carrera de psicología en la universidad. Más adelante lo habitual es la realización de algún tipo de estudio más específico que ayude a delimitar el campo de trabajo según el contexto en el que el psicólogo desee desempeñar su actividad profesional.

El psicoanalista es un psiquiatra o psicólogo que ha seguido una formación específica en psicoanálisis. El psicoanálisis es una corriente de pensamiento y una técnica de intervención que nació en la Viena de principios del siglo XX de mano de Sigmund Freud. Como paradigma para entender al ser humano ha tenido mucha resonancia en el arte, la literatura y la antropología occidental. En lo que respecta a la psicología es una de las teorías más importantes que se han utilizado para intentar explicar la mente, dispone además de un método y tratamiento propio. Además ha tenido una historia compleja pudiendo encontrarse hoy en día muy variadas corrientes dentro del psicoanálisis que, tomando unos presupuestos básicos, miran la psique desde diferentes perspectivas. Dicho esto y a pesar de su relevancia, el psicoanálisis no ha estado nunca exento de controversia y hay que tener presente que pueden encontrarse psicólogos y psiquiatras que sigan otras concepciones de la mente como por ejemplo la humanista o la cognitivo-conductual.

Por último, un psicoterapeuta es un profesional que aplica las herramientas de alguna de estas corrientes (psicoterapia psicoanalítica, cognitivo-conductual, humanista, gestáltica, etc) para el tratamiento de enfermedades mentales, el crecimiento personal o la solución de problemas en sus pacientes/clientes. La psicoterapia en España legalmente no está regulada y por tanto un psicoterapeuta no tiene necesariamente que ser psicólogo o psiquiatra, aunque lo más frecuente es que lo sea.

Aparte de los profesionales del prefijo «psi» nos encontramos en muchas ocasiones con otros que se encuentran en zonas fronterizas y generan muchas dudas.

El neurólogo se ha convertido con el tiempo en una figura de referencia para algunos trastornos en los que se ha demostrado que existe una base neurológica como algunos trastornos relacionados con el envejecimiento y otros de carácter más polémico. Lo que es un hecho es que cada vez ocupan un espacio mayor en la ecuación tomando terreno que antes pertenecía en exclusiva a los psiquiatras.

El terapeuta es una figura que genera mucha confusión. En realidad suele ir acompañado de un apellido (gestáltico, integrativo, tántrico y un larguísimo etc). En este caso podemos encontrar todo tipo de profesiones con objetivos, ética y formación radicalmente diferente en cada caso. En realidad la clave para saber con qué tipo de profesional nos encontramos suele estar en el «apellido».

Un caso particular que utiliza un nombre con apellido similar es el terapeuta ocupacional. Se diferencia de los demás en que cuenta con formación universitaria específica. Suelen ser profesionales orientados principalmente a las personas con discapacidad.

El coach ha sido la última incorporación a la plantilla. Inicialmente con una orientación claramente empresarial el concepto se ha extendido hasta límites insospechados. Como en el caso de los terapeutas agrupa bajo su paraguas a una miriada de profesionales de diferente experiencia, formación y capacidad.

Por supuesto si tienes dudas al respecto de un profesional siempre puedes preguntarle a él o pedir información sobre su formación, colegiación, etc. Y recuerda, aunque esté todo en regla, no siempre damos con la persona adecuada a la primera. A veces hay que seguir buscando, de eso se trata el camino.

La clínica psicoanalítica hoy

clínica psicoanalítica
En nuestra cultura occidental, el fin de cada año trae consigo una serie de reflexiones sobre lo que quedó atrás, y resoluciones para los próximos doce meses. Uno de los principales logros que he cosechado este 2016, ha sido iniciar con mi práctica clínica psicoanalítica privada. ¡Por fin! Para mí un sueño hecho realidad, el principio de un largo camino que me espera en esta rama tan hermosa e interesante de la psicología: la clínica.

Me gustaría culminar el año con algunas reflexiones sobre la clínica psicoanalítica en la actualidad. El enfoque que se mantiene a lo largo del escrito es lo que el psicoanalista Jorge Alemán denomina como una anti-nostalgia. Tomando en consideración la sociedad actual, no hay por parte del Psicoanálisis una añoranza a las figuras del padre y el amo del orden simbólico; ni tampoco un intento por restablecerlos. Lo que tenemos es lo que hay, y la práctica analítica busca indagar de qué se vale para continuar, para promover el surgimiento del sujeto del deseo y el establecimiento del lazo social.

 

Táctica, estrategia y política

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En nuestros días, ¿qué aporta la clínica psicoanalítica? ¿Hacia dónde apuntan su política, estrategia y táctica? Estos son conceptos que el psicoanalista francés Jacques Lacan anuda y que comprenden el quehacer de la práctica clínica en Psicoanálisis. La táctica, en término generales, es un método empleado con el fin de obtener un objetivo. Lacan coloca la interpretación a nivel de la táctica del Psicoanálisis. Ya que la misma depende de la asociación libre del paciente, y del carácter imprevisto de su decir. Para interpretar, hay que estar atento al equívoco en el decir del paciente, de manera que el analista pueda decir algo que tenga efectos en lo real. Del mismo modo que la emergencia del inconsciente en el discurso del paciente tiene un efecto de sorpresa, la interpretación sorprende tanto al analizante como al analista. No existe una interpretación pre-fabricada.

Por su parte, la estrategia es un conjunto de acciones planificadas sistemáticamente en el tiempo que se llevan a cabo para lograr un fin determinado. La posición del analista en la transferencia es su estrategia. El analista colocado en posición de sujeto supuesto saber del sufrimiento inconsciente del analizante, que luego debe caer. Dependerá siempre del lugar que le dé el analizante, pero siempre está presente la exigencia de un encuentro. También se da el supuesto de que el analista sabe sobre el sufrimiento del sujeto.

Finalmente, la política es la autoridad que interviene para regular el modo de dirigir un asunto o conducirse en él. Lacan aquí ubica el deseo del analista, un deseo que afirma debe ser una “x”. Los pacientes acuden a consulta por un malestar que lo hace sufrir, pero en su mayoría no está del todo decidido a mover las aguas, o remover aquello que le produce dolor. Prefiere mantener su status quo, lo cual se manifiesta en las distintas formas de resistencia al tratamiento. Como explica el psicoanalista Bruce Fink en su libro Introducción a la Clínica del Psicoanálisis Lacaniano:

Si hay un deseo que sirve como fuerza impulsora de la terapia, es el deseo del analista, no del paciente… El analista debe mantener su posición de deseo de que el paciente hable, sueñe, fantasee, asocie e interprete… Es un deseo enigmático que no le dice al paciente lo que el analista desea que diga o haga.

 

El impacto del discurso capitalista

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Los efectos del discurso capitalista en la clínica se evidencian en el afán por la clasificación y las curas tipo. Ante un ser humano, el profesional se remite a clasificar los síntomas en un cuadro diagnóstico, para luego prescribir un tratamiento específico para todas las personas que padecen de “lo mismo”. Dichos sujetos, ahora son llamados clientes por algunas corrientes psicológicas, como si la relación psicólogo-paciente fuera una transacción comercial. El individuo toca la puerta del análisis como quien va a un establecimiento comercial con el fin de adquirir un producto, por el que va a pagar.

De modo que exige al analista y su dispositivo lo que el devenir capitalista le ha enseñado: hay un saber científico -en este caso psicológico- cuyo trabajo devengará un producto para gozar. Entonces exige que el analista esté a la altura del mercado: unas pautas sobre cómo mejorar, algo eficaz y rápido… si puede ser online mejor. De manera que llega con una exigencia de saber del especialista, que reemplaza la demanda de amor.

 

El discurso del analista

La respuesta del discurso del analista es colocarse en el lugar de semblante del objeto de goce. Sin embargo el saber no es el que exige el sujeto, sino un saber supuesto que es inconsciente. El analista exige al analizante un trabajo con el fin de hacer caer esas identificaciones de los significantes amo que no representan al sujeto. Según explica B. Fink:

El fin del análisis consiste en separarse del Otro, y permitirle al sujeto andar su camino sin todas las inhibiciones e influencias que provienen de los otros concretos que rodean al sujeto o los valores y juicios del Otro internalizado.

El sujeto no se encuentra divido en el llamado sintomático. Es decir, el problema está en otras personas, en el trabajo, o incluso en sí mismo pero en aspectos superficiales. En fin, no encuentra su lugar, pero definitivamente la raíz no está en su queja manifiesta, sino en lo que se repite fuera de su control. Al estilo del padre del Psicoanálisis, Sigmund Freud en su intervención en el caso de Dora, el analista cuestiona:

¿Qué tiene que ver usted en todo esto?

 

La rectificación subjetiva

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En las entrevistas preliminares, procurar lo que Lacan llama la rectificación subjetiva, que involucra una inversión dialéctica que posibilita la emergencia del sujeto como vacío, como pregunta. El sujeto que consulta debe interrogarse sobre lo que le ocurre, y tener un entendimiento de que está de algún modo implicado en su queja o demanda. Esta rectificación subjetiva es a la vez un efecto de la interpretación, puesto que admite redirección cuando la asociación libre se torna pura palabrería. El síntoma de paciente comunica algo de su problemática, tiene algo que decir pues es un sujeto supuesto saber. Sobre éste actúa la interpretación, como un decir que tiene efectos.

El psicoanalista argentino Jorge Alemán cita a Lacan en la «Tercera en Roma» (1973), donde éste presenta un enigma:

Si el Psicoanálisis tiene éxito y cura a la humanidad de los síntomas, el Psicoanálisis fracasa… Éste va a existir en la medida en que esté del lado del síntoma… Veremos si la ciencia y la técnica curan a la humanidad del Psicoanálisis.

 

El factor sorpresa en la terapia

Dentro del dispositivo psicoanalítico no existe un universal, ni para la verdad ni para la interpretación. Cada sujeto que llega a consulta es respetado en su particularidad, a pesar de la creciente tendencia a la estandarización. La eficacia de la interpretación va de la mano de la sorpresa, que está del lado del analizante y también del analista. Por efectos de la interpretación se produce una falla en la repetición infinita que se ha perpetuado en el analizante. Allí mismo, surge el inconsciente que produce extrañas formaciones como los sueños, los lapsus y demás actos fallidos. Los síntomas también pueden sorprender sobre todo cuando irrumpen en la vida del sujeto. Sin embargo, estos síntomas también tienen un carácter de fijeza en el tiempo. Para el psicoanalista Graciela Brodsky comenta:

La sorpresa proviene de la interpretación: responder como conviene en el momento justo y saber concluir a tiempo.

Por su parte, Freud prefería la sorpresa del analista como lo menciona en “Análisis Profano” (1973):

Obtenemos los mejores resultados terapéuticos en aquellos casos en los que actuamos como si no persiguiésemos fin ninguno determinado, dejándonos sorprender por cada nueva orientación y actuando libremente sin prejuicio alguno.

Actualmente por la falta de tiempo, por la incapacidad de la espera, nadie tiene interés en sorprenderse. Vivimos en una civilización contraria a todo aquello que sea incalculable e imprevisible. El entramado del discurso capitalista no admite rupturas. Actualmente la urgencia se lleva por delante la transferencia. Sin embargo, el sujeto en análisis debe apostar por una relación en la cual no tendrá ninguna garantía. Esto va en contra de la exigencia actual del mercado, según la cual el producto no puede perderse. Siguiendo al psicoanalista Gustavo Dessal:

La transferencia queda saturada de ruido y sentido, carece del silencio para escuchar la ‘otra’ voz.

 

El sujeto supuesto saber

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El psicoanalista francés Jacques-Alain Miller esboza tres formas del sujeto supuesto saber. El primero, es aquel que viene a la consulta, lo que llama el analizante en esperanza. El análisis es un ejercicio de olvido de lo que sabe, y el analizante procura hacer como si no supiera. Esta ignorancia es la condición, que de acuerdo con Miller, se requiere para que el sujeto supuesto saber pueda instalarse en la sesión analítica. El analizante habla de lo primero que se le ocurre aunque parezca tonto o loco. Ésta es la base de la asociación libre que permite el desarrollo de la transferencia.

El segundo supuesto saber entonces es el analista mismo. Por esto, el analizante le confía su sufrimiento, ya que es supuesto saber interpretar. De este modo, como ya se mencionó antes, el analizante accede al régimen del «yo no sé lo que digo”. Esto implica la posición del inconsciente como un descifrable. El sujeto sufre de algo de lo que no tiene idea, por lo que acude a consulta con un profesional que sabe de este sufrimiento. Con respecto al tercer sujeto supuesto saber Miller expresa:

En el interior de lo que digo claramente, otra cosa quiere decirse en la oscuridad, cifrada.

Esto que el inconsciente interpreta, que está cifrado, es la transferencia. Debe realizarse en el análisis un arduo trabajo por parte del analizante para ir descubriendo eso oscuro que le hace sufrir.

Visto lo anterior, Miller ubica el primero como el sujeto supuesta saber en lo imaginario, el segundo en lo simbólico y el tercero en lo real. Juntos forman la estructura de la sesión analítica. Entonces Miller puntualiza lo siguiente:

El sujeto supuesto saber, es el nombre del inconsciente en tanto que transferencial. No hay primero el inconsciente y luego la transferencia. La posición misma del inconsciente, su posición operatoria, se sostienen en la transferencia como transferencia de saber.

 

Comentario final

Hoy esto se ve amenazado por el semblante de saber absoluto de la ciencia, que es numérico y donde se desdibuja el sujeto para inscribir una cifra. Lacan se pregunta si es el amor aquello que puede fundar el lazo social. Pero no el amor narcisista que busca la media naranja que le otorgue una suerte de completud imaginaria. Es el amor que deja patente la imposibilidad implícita en la no-relación entre los sexos. Consiste en amar desde el lugar donde se experimenta esta imposibilidad, y el modo de vivirla, siendo la transferencia uno de sus modos.

Hoy por hoy, mantenerse en el norte del Psicoanálisis es un reto, para mí lo ha sido. He tenido muchas veces la tentación de desviarme, de etiquetar, de buscar la solución más fácil o el camino más corto. He dudado a veces de la eficacia del tratamiento analítico y pensado si es mejor ofrecer una cura light. Es gracias al propio análisis y la supervisión que vuelvo a concentrarme en la teoría y la práctica que elegí. Pues es la que me llama como persona, con la que me identifico, y la herramienta por medio de la cual puedo hacer mi trabajo con los pacientes. En estos tiempos, es aquella que para mí respeta al sujeto en toda su individualidad y complejidad.

Referencias bibliográficas:

  • Alemán, Jorge (2011). El Goce y el Objeto. Trabajo presentado en el Máster de Psicoterapia Psicoanalítica de la Universidad Complutense de Madrid, España.
  • Fink, Bruce (2007). Introducción Clínica al Psicoanálisis Lacaniano. Editorial Gedisa. Barcelona, España.

Fuentes:

El sujeto en la depresión

Históricamente, términos propios de la psiquiatría, la psicología y el psicoanálisis se han convertido en parte de la jerga común. En algunas ocasiones toman un sentido peyorativo, por lo que es necesario buscar eufemismos. En otros casos como en la depresión, los vocablos se normalizan y se confunden con aspectos de la vida cotidiana. “Estoy deprimido” es una frase que usamos indistintamente para describir estados de tristeza, pero no son sinónimos. Entonces, ¿qué es la depresión y cómo se manifiesta hoy en día?

Depresion

 

Una depresión para todos

En la actualidad, el trastorno depresivo es una de las afecciones con más incidencia. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es la principal causa de discapacidad y afecta a 350 millones de personas en el mundo. Este aumento se asocia con diversos factores, entre ellos los avances en la ciencia y el sistema capitalista.

La depresión como diagnóstico atañe a la psiquiatría y la psicología, disciplinas que toman como referencia los manuales de clasificación de las enfermedades mentales. En ellos se enumeran los síntomas observables que deben cumplirse a modo de checklist. El DSM-V (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, Quinta Edición) presenta los Trastornos Depresivos como aquellos que se caracterizan por la presencia de tristeza, vacío, o afecto irritable, acompañado por cambios somáticos y cognitivos que afectan significativamente la capacidad de funcionar del individuo.

De acuerdo con este enfoque universalista de la depresión, el sujeto queda reducido a una serie de signos que tienen en común el estado de ánimo decaído. Los diferentes trastornos que conforman esta categoría en el manual se distinguen únicamente en la duración y timing de los síntomas. Incluso, se han metido en la misma bolsa otras condiciones como el nuevo Trastorno Dismórfico Premenstrual, ¡aunque usted no lo crea! Al seguir esta línea corremos el riesgo de perder de vista al sujeto, su historia particular y su sufrimiento.

 

El mandato a gozar

consumismo

La cultura se fundamenta en la renuncia que cada sujeto hace de sus propias pulsiones, lo que Freud llama “ceder al deseo”. Sin embargo, en nuestra época del consumo, se nos presenta el fenómeno opuesto: un empuje a satisfacer nuestras pulsiones sin control alguno. Podemos tener todo lo que queremos sin demora. La psicoanalista Graciela Sobral plantea en su artículo La Depresión Actual, que hay una decadencia de los simbólico: la palabra, los ideales, la ley y la autoridad. Entonces, estos ideales nos vienen en forma de una exigencia insaciable, y medible en términos de éxito y fracaso. Desde esta perspectiva, la depresión puede pensarse como el reverso de este mandato que no se puede satisfacer. El sujeto se deprime pues no está a la altura de las expectativas de la sociedad.

Para el Psicoanálisis, lo que mueve al sujeto está ubicado en el orden del deseo. Jacques Lacan plantea la depresión como una “cobardía moral”. Sabemos que el sujeto con depresión no es en absoluto un cobarde, Lacan utiliza esta frase para ejemplificar que dicho sujeto no puede sostener su deseo, ni conducir su propia vida como quiere. En la depresión hay un impasse en aquello que causa el deseo en un sujeto. Siguiendo con los planteamientos de Sobral:

“Cuando se desea se encuentra un camino para realizar el deseo que no pasa por la exigencia, en el deseo se trata de un trabajo del propio sujeto que encuentra cierta satisfacción en su realización… que no se parece a la satisfacción directa del objeto del consumo.”

El capitalismo nos impone la ilusión de que los objetos pueden colmar nuestra falta, y de que son completamente accesibles en el mercado. Entonces el superyó actual nos exige consumir infinitamente, trabajar para consumir es su ciclo. El sujeto deprimido es aquel que renuncia por completo a esta carrera, y entonces ya no quiere nada. Esto se manifiesta en una pérdida de interés en toda actividad que antes le producía placer.

 

La industria farmacéutica

Otro factor importante es el avance de la psicofarmacología, como disciplina científica y sector empresarial. El uso de antidepresivos ha aumentado de forma significativamente en las últimas tres décadas. Actualmente, son utilizados para tratar otras afecciones como dificultades para dormir, ansiedad, etc. Esto implica que el estado anímico del sujeto y su sufrimiento dependen enteramente de la cantidad de una sustancia u otra a nivel neurológico.

prozacLa prescripción de este tipo de productos es necesario en algunos casos. Sobre todo en aquellos en los cuales está en riesgo la vida de la persona. Más adelante veremos cómo esta prescripción debe estar acompañada de una terapia que apunte también al sujeto, más allá de la cantidad de serotonina y otras sustancias en el cerebro. El problema surge cuando el antidepresivo se presenta como la panacea, o como la única respuesta para un sujeto deprimido. Entonces, el remedio es peor que la enfermedad. El uso de estas sustancias va en la línea de no querer saber sobre el sufrimiento particular de cada individuo. No hace falta hablar nada pues tomándose una píldora resolvemos el problema.

 

¿Qué hacer frente al sujeto deprimido?

Es importante agregar algunos comentarios sobre las respuestas comunes frente a un sujeto que se muestra deprimido. Principalmente porque Internet está colmado de notas del tipo: “5 cosas para superar la depresión”. En la sociedad que valora la apariencia de felicidad absoluta, tendemos a pensar que una persona en estado depresivo puede cambiar si mejora su actitud. Entonces optamos por animar al sujeto y aconsejarle a ver la vida con una luz más positiva. Esto es contraproducente, pues es más del mismo mandato del Otro a gozar, al que el sujeto deprimido ha renunciado rotundamente.

El desgano presente en la depresión es un enigma para quienes le rodean. Entonces, puede que veamos lo que le ocurre desde nuestra propia perspectiva sin mirar la particularidad de su padecimiento o queja. También podemos sentir culpa o responsabilizarnos por la situación. Esto conlleva a la noción de que podemos hacer algo, ayudarle directamente. Lo cierto es que todos tenemos nuestros límites, y ciertos problemas hay que ponerlos en manos de un profesional idóneo.

depresiva

 

Lo particular de uno

Para el Psicoanálisis, la depresión no se concibe como una entidad clínica sino que se ubica dentro de la estructura psíquica del sujeto: neurosis, perversión o psicosis. El psicoanalista debe interrogarse más allá de lo que el sujeto señala en primera instancia. Lacan también propone la “verificación del afecto” en el análisis, pues los afectos sobre algo siempre se refieren a otra cosa.

La elaboración de Sigmund Freud sobre la depresión distingue tres estados clínicamente distintos. Primero está el sentimiento normal de tristeza, que tiene su modelo en el proceso de duelo. El trabajo del duelo se refiere a la operación psíquica que realiza un sujeto ante la pérdida de un objeto de amor o un ideal. El objeto perdido se conserva en lo psíquico, y el sujeto paulatinamente se separa de él para dirigir su vida a otras cosas.

Además, la depresión puede encontrarse como un síntoma en la neurosis o como una queja del sujeto neurótico. Éste puede perder su brillo o valor frente a su otro significativo, cuando: (1) falla su estrategia para ser el objeto del deseo del otro, en el caso de la histeria; o (2) no puede satisfacer las demandas que cree que le hace el otro, en la obsesión. En ambos casos, el sujeto se desprecia a sí mismo y atraviesa por un momento depresivo. Hay en las neurosis otras posibilidades que varían en cada sujeto.

Por último, la depresión en la psicosis se presenta como melancolía, y está regulada por el régimen del narcisismo. En este caso, se dirige al yo del sujeto todos los reproches y el desprecio que corresponden a un objeto perdido con el cual mantenía una relación conflictiva. Otro caso de depresión en la psicosis puede presentarse en el curso de la esquizofrenia.

Como ya mencionamos, hay casos en los que es útil la medicación. Pero es fundamental algún tipo de acercamiento que haga referencia al sujeto. La propuesta del Psicoanálisis apunta a la producción de un estado nuevo, en el cual el individuo pueda enfrentar el dolor de una forma más digna. Culminamos con el planteamiento de Graciela Sobral que resume el trabajo terapéutico de la depresión:

“Cuando el sujeto puede pasar de la queja inicial a la interrogación en relación a lo que queda de su lado, en cuanto a lo que le toca vivir y a la conexión que eso tiene con su propia historia, la vivencia subjetiva cambia. El afecto depresivo comienza a diluirse y en su lugar aparecen otras cosas, más verdaderas: preguntas, dudas, tristeza, rabia, una interrogación sobre la vida y el malestar que es, en definitiva, lo único que permite una rectificación subjetiva, un cambio”.

 

 

Referencias bibliográficas:

  • Freud, Sigmund (1915). Obras Completas. Duelo y Melancolía. Amorrortu Editores. Buenos Aires, Argentina.
  • Laplanche, Jean y Jean-Bertrand Pontalis. Diccionario de Psicoanálisis. Paidos. Buenos Aires, Argentina. Edición 2007.

Fuentes: