La pulsión en el Psicoanálisis

Para comprender la pulsión en el Psicoanálisis es imperativo aclarar que la sexualidad. En la teoría Psicoanalítica, ésta incluye pero no se limita a la genitalidad. Más bien se refiere a la serie de excitaciones y actividades que producen un placer irreductible a la satisfacción de las necesidades fisiológicas.

Es pertinente hacer la distinción entre necesidad y deseo. La necesidad es la exigencia de un órgano cuya satisfacción se cumple realmente con un objeto concreto y no en la fantasía. Por ejemplo, la sensación fisiológica del hambre que se sacia con el alimento. Luego el deseo, es una expresión de la pulsión sexual que nace de una zona erógena del cuerpo. El mismo se satisface sólo parcialmente con un fantasma cuyo objeto es el cuerpo de otro igualmente deseante. El deseo en Psicoanálisis siempre es sexual, y tiene como condición la prohibición del incesto, y la falta asumida con la castración.

 

La pulsión

A lo largo de su obra, Freud sostiene dos planteamientos con respecto a las pulsiones. Estas teorías pulsionales son complementarias y una no descarta la vigencia de la anterior. En su artículo “Pulsiones y Destinos Pulsionales” (1915), Freud define la pulsión como:

Un concepto fronterizo entre lo psíquico y lo somático, como un representante psíquico de los estímulos procedentes del interior del cuerpo, que arriban al alma, y como una magnitud de la exigencia de trabajo impuesta a lo anímico a consecuencia de su conexión con lo somático.

Esto implica que lo somático imprime una exigencia de trabajo en el aparato psíquico.

pulsión

 

Componentes de la pulsión

Ya anteriormente, en sus “Tres Ensayos sobre una Teoría Sexual” (1905) define los componentes de la pulsión como:

  • Fuente (quelle), es el órgano en el que se produce la excitación sexual y donde brota la pulsión. Se denomina zona erógena, siendo orificios del cuerpo básicos para la supervivencia y donde se apoya la sexualidad. En diferentes momentos del desarrollo psicosexual, cada una de estas zonas tendrá una prevalencia sobre las demás. La pulsión satisfecha será entonces parcial. Sólo con el paso del tiempo se agruparán en organizaciones libidinales.
  • Fuerza (drang), es el factor cuantitativo (económico) de la pulsión. Supone la insistencia y el empuje como una exigencia de trabajo.
  • Meta (ziel), que siempre es la satisfacción, es decir, la supresión del estado de estimulación de la zona erógena. Las pulsiones pueden ser inhibidas o desviadas en su fin. En el primer caso, se hace un alto en la satisfacción. Por ejemplo, el cariño hacia los amigos. En el segundo caso, se da el mecanismo de la sublimación. Mediante el cual la pulsión es canalizada para actividades socialmente valoradas.
  • Objeto (objekt), es aquello en lo cual o por medio de lo cual la pulsión puede alcanzar la satisfacción parcial. Freud plantea que el objeto “es lo más variable de la pulsión”. De modo que no está enlazado a ella originariamente. No obstante, no todas las cosas son susceptibles de ser un objeto para un determinado individuo. Sino sólo aquellas condicionadas por su propia historia.

 

Primera Teoría Pulsional

pulsión de vida

La primera teoría pulsional fue expuesta en 1910 en su artículo “La Perturbación Psicógena de la Visión”. La misma consiste en la oposición entre las pulsiones de auto-conservación y sexuales. Las pulsiones de auto-conservación, tienen como fin la conservación del individuo y el yo. Mientras que las pulsiones sexuales, están puestas al servicio de la sexualidad y la consecución del placer sexual. Podría decirse que existe en el psiquismo una oposición entre necesidad y deseo, o como Freud bien lo dijo, entre hambre y amor.

Las pulsiones en cuanto tal, son pulsiones sexuales, pues están orientadas a la consecución de un placer. Éste no siempre está ligado a la satisfacción de la necesidad orgánica, que concierne a las pulsiones de auto-conservación. De acuerdo con Freud en este período de su obra, la vida psíquica está regida por el Principio del Placer. Según el cual, el aparato psíquico tiende a buscar el placer y evitar el displacer. Entiéndase este último como un estado de tensión que puede manar del interior del propio cuerpo o surgir por estímulos externos.

Si bien las pulsiones sexuales se apuntalan en aquellas de auto-conservación. Se diferencian de ellas pues hay un plus de placer, un resto que queda una vez satisfecha la necesidad. El chupeteo ejemplifica este fenómeno, pues el lactante succiona incluso después de haber satisfecho su necesidad de comer. Dicho esto, no hay un objeto predeterminado biológicamente para la satisfacción de las pulsiones.

 

Las pulsiones parciales

desarrollo de pulsión

Las pulsiones (sexuales) se satisfacen localmente en una determinada zona erógena, por lo cual se consideran pulsiones parciales. Este placer de órgano, va ligado a representaciones fantasmáticas, que expresan no las necesidades vitales sino los deseos inconscientes. Como se ha expuesto, Freud consideraba que las pulsiones se apuntalan o apoyan en las funciones vitales, es decir, en las pulsiones yoicas (de auto-conservación). Luego secundariamente se tornan independientes.

Freud propone que el desarrollo de la libido sigue una serie de fases, cada una marcada por una nueva organización de la sexualidad. En cada una de estas etapa, se da la primacía de una zona erógena, y un modo particular de relación con el objeto. De forma muy general, as fases del desarrollo psicosexual según Freud son:

  • La fase oral comprende el primer año de vida, y tiene como zona erógena la boca. De modo que, apoyada en las necesidades de nutrición, el bebé encuentra un plus de satisfacción en la succión, lo que constituye la pulsión oral.
  • Seguida está la fase anal, ocurre entre los dos y cuatro años, coincidiendo con el proceso de control de esfínteres. La zona erógena predominante es anal, y se vincula con el placer del par de retención y evacuación de las heces.
  • Finalmente, la fase fálica entre el quinto y sexto año de vida, se caracteriza por la unificación de las pulsiones en la primacía de los órganos genitales.

En ese momento, ni el niño ni la niña han descubierto la diferencia anatómica de los sexos, por lo que para ambos los seres humanos poseen el falo o están castrados. Esta etapa concluye con el Complejo de Edipo, concepto que hemos explorado en un artículo El Complejo de Edipo y las Estructuras Psíquicas.

 

Introducción del Narcisismo

narcisismo y pulsión

El término narcisismo fue acuñado por Freud por primera vez para referirse a la elección homosexual de objeto. Poco después, en el caso Schreber lo considera como una fase de la evolución sexual entre el autoerotismo y la elección de objeto. No obstante, el concepto es desarrollado por Freud en su obra Introducción del Narcisismo en 1914.

Todo el desarrollo de esta metáfora del funcionamiento psíquico se basa en el mito de Narciso:

Éste era un joven de gran hermosura, quien suscitaba el amor de incontables doncellas y ninfas, Un día, Narciso se acerca a una fuente de agua clara para beber. Pero queda fascinado ante la belleza de su propio rostro reflejado. Trató de acercarse pero se hundió y muere.

Ya Paul Nacke en 1899 define al narcisismo como la descripción clínica de un individuo que da a su propio cuerpo un trato parecido al que daría al cuerpo de un objeto sexual. Freud agrega que rasgos aislados de dicha conducta aparecen en muchas personas aquejadas de otras perturbaciones. Lo que le lleva a proponer que una parte de la libido, definida como narcisista se sitúa en el desarrollo sexual regular del ser humano.

El aporte a las teorías de las pulsiones, consiste en el giro cualitativo en la oposición entre pulsión yoica y pulsión sexual. El yo también es susceptible de convertirse en un objeto de la pulsión, también se encuentra sexualizado. De esta manera, la libido yoica es aquella que inviste al yo, mientras la libido objetal inviste los objetos. Mientras más gasta una, más se empobrece la otra. Un ejemplo de la libido volcada al propio yo son las fantasías del fin del mundo del paranoico. Mientras que el paradigma de la libido invistiendo el objeto es el enamoramiento.

 

Segunda Teoría Pulsional

El estudio de la libido narcisista es el preámbulo para el desarrollo de la segunda teoría pulsional. La cual fue propuesta por Freud en 1920 en su obra Más Allá del Principio del Placer. El nuevo dualismo pulsional se basa en el par de la pulsión de vida por un lado, y la pulsión de muerte por el otro. Este nuevo planteamiento surge del estudio clínico de la compulsión a la repetición. Este es un fenómeno que forma parte de muchos cuadros neuróticos y que contradice el principio del placer.

En el desarrollo, se producen escisiones del yo, cuando ciertas pulsiones parciales se vuelven incompatibles en su meta. Las mismas quedan relegadas al inconsciente por acción del mecanismo de la represión. De esta manera no pueden encontrar la satisfacción. En este caso, donde la satisfacción es indirecta, no contradice el principio del placer. El displacer causado por el malestar neurótico es sólo para el yo.

 

Más allá del Principio del Placer

pulsión de muerte

Freud expone la pulsión de muerte en dos situaciones de la vida anímica. La primera de ellas es la neurosis traumática, en la cual una tensión irrumpe en el psiquismo con una intensidad tan fuerte que desborda su capacidad de defensa. Por ejemplo: accidentes, guerras o cualquier tipo de situación traumática. Después de la Primera Guerra Mundial eran muchas las personas afectadas. Se observaba que en la vigilia el tema se tocaba con naturalidad, o simplemente no se trataba. Mientras que muchos de estos sujetos tenían sueños recurrentes que reconducían a la circunstancia traumática. En estos casos, los sueños no cumplen la función de realización de deseos inconscientes, pues despiertan el terror de la situación temida.

Sumado a esto, Freud observa el juego infantil de uno de sus nietos de año y medio de edad. El Fort-Da consiste en lanzar un objeto pequeño a un rincón de la habitación, o debajo de la cama. Al mismo tiempo, el niño producía un sonido, cuyo significado era fort o fuera. En otras ocasiones, repetía el juego con un carretel de madera, que tenía una cuerda con la que lo lanzaba y lo hacía volver emitiendo la palabra da o aquí. Después de observarlo durante un tiempo, Freud concluyó que el pequeño repetía un escenario que no es agradable para él: la partida de la madre. Empero, ahora el niño tomaba papel activo, en una vivencia donde fue pasivo. Aunque sea revivir una experiencia dolorosa, va conectada a la ganancia de un placer de otra índole.

 

 

Pulsión de Vida vs Pulsión de Muerte

La pulsión de vida entonces incluye tanto las pulsiones sexuales como las yoicas de la primera teoría pulsional. Es cualquier tendencia libidinal hacia la ligadura del aspecto económico del quantum de afecto a una representación psíquica. Por medio de este mecanismo, se dirige a la conservación de la vida, y a generar una mayor ligadura de la energía libidinal con las representaciones.

En «Más Allá del Principio del Placer» (1920), Freud comenta sobre la pulsión de muerte:

La pulsión de muerte en cambio “trabaja muda dentro del ser vivo en la obra de su disolución”.

Si no está de algún modo ligada a la pulsión de vida se nos escapa. Su propensión es contraria a la pulsión de vida, pues es lo más pulsional, y menos ligado a representaciones del psiquismo humano. De hecho, busca romper la conexión entre la pulsión de vida y la representación, volviendo a la pura cantidad. De acuerdo con el planteamiento freudiano, estas pulsiones se encuentran en condición de mezcla o desmezcla. , y nunca pueden distinguirse independientes una de otra.

 

Referencias bibliográficas:

  • FREUD, Sigmund (1905). Obras Completas. Tres Ensayos sobre una Teoria Sexual. Amorrortu Editores. Buenos Aires, Argentina.
    • Introducción del Narcisismo (1914)
    • Pulsiones y Destinos Pulsionales (1915)
    • Más Allá del Principio del Placer (1920)

Los discursos y el capitalismo

El psicoanalista francés Jacques Lacan establece que sólo existen cuatro modos de hacer lazo social o discursos. Sin embargo, también estudia el funcionamiento del capitalismo de acuerdo con este planteamiento. Sobre todo sus repercusiones en la estructuración del sujeto y sus vínculos.

lazo social

El concepto de discurso es planteado por Lacan en su Seminario XVII “El Reverso del Psicoanálisis”. El discurso se define como:

El orden que instaura una civilización, un orden del goce que fija los límites y las satisfacciones permitidas o no, incluso las sugeridas a los individuos.

 

Posiciones de los discursos

En cuanto a la estructuración de los discursos, cada uno se organiza en torno a cuatro posiciones. Éstas se separan por una barra que distingue lo consciente de lo inconsciente:

posiciones

En el sector consciente se sitúa el agente deseante, motor del discurso que exige a otro un tipo de trabajo determinado. Mientras que en el plano inconsciente, se ubica la verdad del deseo que mueve al sujeto. Esta verdad queda oculta y aislada respecto a los demás elementos. También se localiza el producto del trabajo realizado por el otro, siendo un plus de goce.

 

Relaciones de los discursos

Entre dichas posiciones se establecen relaciones, que en el esquema son designados con flechas:

Relaciones

El agente deseante exige a otro un trabajo, obteniendo un producto inconsciente o plus de goce. La verdad (inconsciente) que moviliza el deseo del agente, también se dirige al otro que trabaja. Esta verdad no está determinada por ninguno de las demás posiciones y por lo tanto queda aislada.

Esto establece una ruptura entre el goce que cada uno torna posible y la verdad inconsciente. Este hiato imprescindible posibilita las relaciones entre seres humanos. Propicia un cuestionamiento, un “tiempo de comprender” lo que ocurre entre el agente deseante y el plus de goce que se produce. Siendo que esta verdad es desconocida, nunca podrá satisfacerse el deseo del cual es fuente. La barrera que divide lo consiente de lo inconsciente equivale a la castración (simbólica), y la imposibilidad de encontrarse con el goce perdido.

 

Elementos de los discursos

Las posiciones mencionadas son ocupadas por cuatro elementos que determinan las propiedades de cada discurso, y que circulan en las posiciones a medida que éstos varían:

  • El significante amo (S1) es un significante sin sentido, que insiste en la repetición puesto que conlleva un goce que no se puede representar.
  • El significante del saber (S2) viene del Otro y es aquel que da sentido al significante amo (S1).
  • El sujeto barrado ($) es el sujeto constituido que lleva su propia falta de satisfacción. Se basa en la imposibilidad de recuperar el objeto perdido y el goce inicial. Conlleva el estar condenado a encontrar satisfacciones parciales, el sujeto del deseo.
  • El objeto a (a) es el objeto de goce que se ha perdido y que causa el deseo. Es equiparable al objeto de la pulsión freudiano: el pecho caído, las heces que se desprenden. Así como la mirada y la voz, objetos agregados por Lacan como aquellos de la pulsión escópica e invocante respectivamente.

 

Discurso del Amo

Discurso del Amo

Se basa en la dialéctica del Amo y el Esclavo de Hegel. Según la cual, dos seres auto-conscientes libran una lucha a muerte antes de que uno esclavice al otro. El amo constituye el agente deseante que reclama a los esclavos un trabajo. Dicho trabajo se relaciona con un saber hacer del cual el amo carece. El producto de dicho trabajo es un plus de satisfacción, u objeto a. Finalmente, la verdad del amo es que está dividido y no es omnipotente como aparenta ser.

El filósofo psicoanalista Slavoj Zizek en “Los Cuatro Discursos de Jacques Lacan”, propone que este discurso representa la monarquía absoluta, ante cuya vacilación pueden desplegarse dos resultados: el discurso de la histérica y el discurso del Universitario.

 

Discurso de la Técnica

Discurso de la Técnica

Lacan propone el discurso de la técnica, como derivación del discurso del amo. Se le llama discurso aunque en realidad no establezca lazo social, pues sólo cuenta con tres elementos. Las posiciones de agente deseante, otro-trabajo y producto se ubican igual que en el discurso del amo. Sin embargo, falta la posición de verdad, lo que crea un circuito continuo.

El amo en este caso es la ciencia -cuyo discurso expondremos más adelante- que provee conocimientos técnicos. Pero también produce gadgets u objetos tecnológicos que repercuten en nuevamente en el amo.

 

Discurso de la Histérica

Discurso de la Histérica

Podría decirse que es el discurso que promueve el surgimiento del Psicoanálisis. Sigmund Freud, en su trabajo con pacientes histéricas, desarrolla el método de la asociación libre para el desciframiento del sentido inconsciente. En este discurso, el agente deseante es un sujeto barrado, que está en falta y vive insatisfecho en la satisfacción de su deseo.

Por otra parte, el otro representado por el significante amo, detenta un supuesto saber sobre el sufrimiento del sujeto. Es precisamente el desciframiento de este saber del inconsciente el trabajo que este sujeto barrado le exige al amo. Sin embargo, siempre queda oculto el goce o la satisfacción en el síntoma de la histeria que se repite a pesar del sufrimiento que ocasiona.

 

Discurso de la Ciencia

Discurso de la Ciencia

El llamado discurso de la ciencia deriva del discurso de la histérica. Tampoco establece vínculo social y cuenta con sólo tres posiciones, faltando únicamente la posición de la verdad. El sujeto de la ciencia está en falta de conocimiento, por lo que exige al amo una producción de saber desenfrenada. El único límite son las leyes de la comunidad científica.

 

Discurso del Universitario

Discurso del Universitario

En este discurso, el nivel superior “S2 –> a” puede representar al conocimiento académico-universitario. En este discurso se pone en marcha un saber que busca normalizar el goce. Es así como surgen los lugares de enclaustramiento del saber: las universidades. El producto es un sujeto que acepta este sometimiento, que se refiere a la normalización de su goce. La estadística constituye un movimiento civilizador del goce propio y singular. La verdad es un amo que se esconde, difícil de localizar y por tanto un poderoso estratega.

Comúnmente, se limita este discurso al ámbito universitario y a la exigencia de trabajo del cuerpo académico hacia los estudiantes. Sin embargo, Zizek alega que no hay una ligazón imperativa. Principalmente, porque se refiere a cualquier movimiento social que busca domar el goce.

 

Discurso del Analista

Discurso del Analista

Este discurso representa el tipo de vínculo que se establece a través del Psicoanálisis. El agente deseante es el psicoanalista, quien se muestra ambiguo ante su paciente. Esto promueve la confrontación del sujeto en terapia con la verdad de su propio deseo inconsciente. El producto obtenido es la caída del significante amo, es decir del significante con el cual el sujeto se ha identificado, que le gobierna y que no lo representan.

El saber en el lugar de la verdad se refiere al analista colocado como sujeto supuesto saber del sufrimiento del otro. Simultáneamente, representa signos de saber obtenido por el analizante acerca de la verdad de su posición subjetiva. Esta verdad emergente en análisis, nunca es producto de la reflexión consciente. Es un saber supuesto y enigmático que se sitúa desde la ignorancia.

 

Reflexión sobre los discursos

Luego de recorrer los discursos, nos preguntamos qué caracteriza los vínculos que éstos permiten. Lacan establece que si bien puede parecer obvio, la relación entre los elementos superiores es “imposible”. Lo que ocurre entre el amo y el esclavo, el saber-universitario y el estudiante, y la histérica y el amo es un puro intercambio, mas no un lazo social.

Siguiendo esta línea, el punto de inserción de los discursos es el goce, es decir el modo de satisfacción. Por tanto, el lazo social se establece entre hablantes que comparten la misma modalidad de goce. El discurso del analista establece una variante, ya que los analistas no comparten su goce. Su labor deriva precisamente una pérdida de éste.

 

Discurso Capitalista

De acuerdo con las fórmulas propuestas por Lacan, el capitalismo no es un discurso en sí mismo pues no establece vínculos sociales. En un principio, los elementos del mismo se ubican en las mismas posiciones que el discurso del amo. Sin embargo, ocurren dos movimientos en los cuales varían los elementos y las relaciones entre los mismos.

Primer movimiento

Capitalismo 1

El primer movimiento se basa en un cambio en la relación de la posición de producto, que en este caso es el objeto de goce a. Para explicar ese proceso, Lacan retoma el concepto de plusvalía de Marx. Según el mismo, en el régimen de propiedad privada de los medios de producción del capitalismo existe una parte del trabajo no se paga.

Es decir, para Marx el trabajo humano genera valor, y una parte de éste no es remunerada. Su idea se basa en que este objeto a (de goce a) producido puede ser restituido al sujeto y se puede contabilizar. Así, el sujeto puede hacerse cargo de su goce, por lo tanto cada sujeto es su propio amo. El producto en lugar de regresar al amo, como en el caso del discurso del amo, se dirige al sujeto.

 

Segundo movimiento

Capitalismo 2

El segundo movimiento, consiste en la inversión del lugar amo (S1) y el sujeto barrado (S). Sin embargo, las relaciones permanecen igual que en el primer movimiento. La diferencia radica en que el amo se esconde como en el discurso del universitario. Al ser menos localizable se vuelve más poderoso, invisible e inatacable. A su vez, se esconde bajo el semblante del sujeto barrado insatisfecho y demandante. El saber estará marcado por la ciencia para producir un plus de gozar atado a las técnicas derivadas del consumo. Estos objetos de consumo a su vez mandan sobre el sujeto, quien se ve explotado por estos productos.

 

Propietario versus proletario
plus de goce

El capitalista es el propietario de los medios de producción, dígase los recursos y el capital. Éste busca maximizar el beneficio propio por acumulación y producción de estos recursos. Entretanto, el proletario sólo posee su cuerpo para vender su trabajo al propietario, obteniendo a cambio un salario. La porción de este trabajo que no es pagada es de la que se apropia este sistema para engrosar su capital.

De esta manera, la plusvalía se constituye como el objeto causa de deseo tanto del propietario como de proletario. Siendo la causa de la economía, no es algo de lo que se pueda apropiar para gozar. Por un lado, el proletario no goza de ella pues le es sustraída, a su vez que es explotado por los productos. Y por otro lado, el propietario tampoco goza de ella. Puesto que se revierte en capital que engrosa el ya existente, sustrayéndose del goce.

 

El objeto a como causa de deseo

Para profundizar en el ya mencionado objeto a es pertinente distinguirlo en sus dos vertientes. Como causa de deseo, es un objeto que originariamente se ha perdido. Se articula con la concepción de la falta, aquella que designa un vacío en el sujeto.

En este sentido, Zizek expone que el capitalismo aborda a los individuos como consumidores. Se constituyen en sujetos deseantes pero no de cualquier cosa, sino “deseantes de desear”. Entonces la producción incesante de este objeto faltante o gadget sustentan la exigencia insaciable. Éstos son mercantiles y basados en el dinero, lo cual anula cualquier otro valor. Inclusive el de aquello que antaño se pensaba producto de la sublimación, como la cultura, el arte, etc.

 

El objeto a como objeto de la pulsión

Por otro lado, lo consideramos como objeto de la pulsión, como Zizek lo explica:

El movimiento de la pulsión no está conducido por la búsqueda ‘imposible’ del objeto perdido, sino por el empuje a representar directamente la propia pérdida.

Dicho esto, mientras que el deseo está basado en la falta constitutiva, la pulsión circula alrededor de un agujero. La pulsión inherente al capitalismo es la “compulsión impersonal” del movimiento circular que le hace auto-reproducirse.

Por último Zizek propone que esta pulsión no pertenece a nadie en particular. Hecho patente en la circulación del dinero como capital que se convierte en un fin en sí mismo. Tal como lo plantea Zizek, en el constante movimiento de renovación:

La circulación del capital no tiene límites.

 

El ciclo capitalista

Ciclo capitalista

La peculiaridad del capitalismo que lo excluye como discurso, es su propiedad de circuito cerrado. No inscribe lazo alguno entre los partenaires humanos, pues establece la relación de cada sujeto con la plusvalía. El acceso a la verdad del goce (o satisfacción) ahora es construido y directo. Surge entonces un ciclo infinito: producir para consumir y consumir para sostener la producción.

Es la paradoja de nuestro tiempo, ya que en la mayoría de los casos, la intimidad en estos vínculos brilla por su ausencia. Parece evidente que hay un incremento de la soledad, los dramas sociales y el sufrimiento psicológico. Estamos solos en relación al otro semejante, y al mismo tiempo estamos constantemente expuesto al gran Otro.

El discurso capitalista se ha coronado como el (pseudo) discurso por excelencia. Lleva al sujeto a confundir sus objetos, con los gadgets (objetos de consumo), que actúan como termómetro de su estado de bienestar. Este modus operandi actual cuenta con contingencias en el funcionamiento del sujeto y las relaciones que este establece.

 

Bibliografía:

  • LACAN, Jacques (1992). El Seminario XVII: El Reverso del Psicoanálisis. Editorial Paidós. Buenos Aires Argentina.
  • MARUGÁN, Jorge (2011). Los Discursos de Lacan. Trabajo presentado en el Máster de Psicoterapia Psicoanalítica de la Universidad Complutense de Madrid, España.
  • SOLER, Colette (2011). Incidencias Políticas del Psicoanálisis. Ediciones S&P. Barcelona, España.

Enlaces:

  • MARUGÁN, Jorge (s.f.). Los Cuatro o Cinco Discursos y la Crisis del Lazo Social. Psicoanálisis en el Sur (Nº7). Extraído el 14 de Diciembre de 2011 desde http://www.psicoanalisisenelsur.org/num7_articulo4.htm
  • ZIZEK, Slavoj (2006). Jacques Lacan’s Four Discourses. Lacan dot com. Extraído el 30 de Septiembre de 2011 desde http://www.lacan.com/essays/?page_id=303