Los peligros de la pornografía

El porno es una de las industrias que mueven más dinero en todo el planeta. Hace tres años Business Pundit publicaba en su portal un listado con los negocios más lucrativos a nivel mundial entre los que estaba presente la industria de la pornografía. Es muy difícil saber cuánto dinero genera, sin embargo las cifras estimadas son de 97 billones de dólares. En España se calcula que los ingresos generados por la industria del porno se mueven en torno a los 400 millones de euros.

Para darse cuenta de la magnitud de su difusión he aquí algunas cifras:

  • El 43% del total de usuarios de internet ve material pornográfico.
  • Cada segundo hay 3.000 personas viendo porno.
  • El 10% de los consumidores se declaran adictos. 

El mundo de lo erótico y lo pornográfico ha estado presente siempre en nuestra cultura, pero es desde hace varias décadas con la llegada de los medios de comunicación de masas en un primer momento, y de internet después, cuando la industria del pono se masifica y se convierte en un producto de autoservicio fácil, barato (cuando no gratuito) y cómodo. Por todos estos datos me parece absolutamente necesario parar un segundo a reflexionar sobre algunas cuestiones como:  ¿Qué efectos tiene en nuestra manera de relacionarnos con la sexualidad? ¿Tiene consecuencias en nuestras relaciones de pareja? ¿Existe la adicción al porno? ¿Qué relación tiene el porno con la cultura de la violación? 

La pornografía en la adolescencia

Desde la llegada de internet al grueso de los hogares, la pornografía se ha convertido en uno de los primeros acercamientos que tienen los adolescentes con la sexualidad.  Del mismo modo que ha quedado más que demostrado cómo exponer a los más jovenes a la cultura del «cuerpo perfecto» promocionado por los medios y la publicidad puede tener consecuencias muy negativas en el desarrollo de su autoestima, la exposición a cierto tipo de pornografía también tiene sus inconvenientes.

Con el acceso a internet en todos los hogares, el acercamiento de jóvenes a este tipo de materiales se produce desde unas edades muy tempranas. Cuando un adolescente que jamás ha mantenido relaciones sexuales se expone a la pornografía, está formando de manera inconsciente expectativas de lo que debe ser el sexo en realidad, con las consiguientes frustraciones que acarrea después, tanto para ellos como para ellas. Expectativas generadas por patrones irreales en la mayoría de los casos que muestran conductas sexuales que poco tienen que ver con la realidad.

La pornografía en las relaciones de pareja

Hace tan sólo unos meses se publicaban los resultados del estudio longitudinal llevado a cabo por Samuel L. Perry llamado «Does Viewing Pornography Reduce Marital Quality Over Time? Evidence from Longitudinal Data» en el que ha estudiado durante 8 años la relación entre el consumo de pornografía y las relaciones maritales. Desde 2006 hasta 2014 analizaron datos tomados de la Encuesta Social General que se lleva a cabo en USA, en la cual se recogen las opiniones de los americanos sobre un amplio abanico de temas.

Los resultados muestran que las personas que empezaron a ver porno eran más propensas a divorciarse durante el tiempo de seguimiento del estudio, casi el doble en el caso de los hombres, crecen del 6 al 11%, y casi el triple en el de las mujeres, del 6 al 16%. Los datos también sugieren que cuando las mujeres dejan de ver pornografía sus tasas de divorcio caen del 18% al 6%, algo que no ocurre con los hombres.

El sociólogo Patrick F. Fagan ha estudiado el tema y en 2009 publicó un artículo llamado «The Effects of Pornography on Individuals, Marriage, Family and Community» en los que desarrolla la idea de que cuando un hombre consume habitualmente pornografía puede comenzar a buscar lo mismo en su vida real, con la consiguiente insatisfacción al no encontrarlo. El buscar ese ideal del «sexo ficticio-perfecto» haría que de algún modo el sexo real no sea tan espectacular como se piensa que debería ser.

¿Hasta qué punto somos capaces de abandonar nuestra vida real, en la búsqueda de un ideal sexual perfecto?

Los fans de Big Bang Theory recordarán esta escena, cuando Howard tiene que elegir, entre pasar el rato con una fantasía, o con una mujer real bastante más alejada de su patrón ideal.

Fantasía sexual
Katee Sackhoff: Me gustaría saber por qué estas aquí fantaseando conmigo cuando podrías estar con una mujer real esta noche.     
Howard Wolowitz: Te refieres a Bernadette?
Katee Sackhoff: No, a la princesa Leia. Por supuesto que me refiero a Bernadette.  Es una chica maravillosa y realmente le gustas. 
Howard Wolowitz: Ya lo sé, pero ella no es tú.   
Katee Sackhoff: Yo no soy yo. La verdadera yo está  Beverly Hills saliendo con un hombre alto, rico y guapo… el caso es que tienes una mujer maravillosa en tu vida y la estás ignorando para pasar tus noches en una bañera con una imagen mental y una manopla.  

La adicción a la pornografía

La adicción a la pornografía es un tema del que no se suele hablar, pero que existe. Gary Willson expone sus ideas en esta charla Ted en la que se manejan ideas muy interesantes.

 

 

El porno pone a nuestro alcance una cantidad ingente de «amantes» desechables a golpe de un click, y es debido a esa enorme cantidad de estímulos que cada vez necesitamos más y con mayor intensidad. Cuando la gente pasa mucho tiempo consumiendo pornografía su cerebro cambia. La dopamina es la principal responsable.

dopamina

El deseo sexual dispara la producción de dopamina, pero si esta situación es muy frecuente también hace que nuestro sistema nervioso se desensibilize. Esto se traduce en que necesitamos mucha más dopamina para alcanzar los mismos efectos, lo mismo que ocurre con la mayoría de drogas de abuso. Y este proceso lleva aparejados bastantes problemas más allá de la adicción en sí misma: problemas de eyaculación precoz, impotencia, incapacidad para establecer relaciones reales, etc, han sido encontradas como efectos secundarios de la adicción en multitud de estudios.

La buena noticia es que estos efectos sobre nuestro cerebro son 100% reversibles una vez abandonada la adicción.

La pornografía como reflejo del patriarcado

A principios de año Susan Sarandon dio unas declaraciones en el festival de Cannes que no dejaron indiferente a nadie. La actriz arremetió  contra la indutria pornografica cuando dijo que:

«La mayoría de la pornografía es brutal y no parece placentero desde un punto de vista femenino».

Y es que lamentablemente la pornografía «barata» que consumimos (quitando excepciones) no es más que el reflejo de un sistema en el que el goce femenino ha estado subordinado al placer del hombre, cuando no olvidado completamente. Mujeres que alcanzan el éxtasis más absoluto con prácticas que en la vida real nos dejan más bien indiferentes. Donde los preliminares (¡Ay,  los preliminares!) brillan por su ausencia, y donde la mujer es con mucha frecuencia humillada.

Para luchar contra todo esto y abrir nuevos caminos aparecen figuras como Erika Lust, directora de un porno más relista, pensado para el disfrute de hombres y mujeres, en el que se reflejan unos estereotipos mucho más ajustsdos a lo que sería una relación sexual verdadera, sin renunciar por ello al componente erótico y fantástico de este tipo de películas. Tal y como dice la propia Erika:

“Más de la mitad de mi público es masculino. A ellos también les gusta la atracción, el buen gusto, el respeto. Sin olvidar el hecho de que una película más cuidada no significa, en absoluto, que sea menos sexy o explícita. A excepción de lo ilegal y violento, todo está permitido”.

Conclusiones

Si has llegado hasta aquí puedes estar pensando que este post es toda una declaración en contra de la industria de la pornografía. En parte sí, y en parte no. Creo firmemente en la afirmación de la sexualidad, de lo erótico y de la función que tiene la pornografía en nuestra cultura. Si a día de hoy tuviera en mis manos prohibir este sector tal y como existe en la actualidad mi respuesta sería un tajante NO.

Sin embargo creo en las posibilidades de crear material con un contenido sexual de calidad. En el que la mujer tenga un papel equiparable al del hombre, que no promueva estereotipos machistas ni haga apología de la violación. Un material en el que todos podamos vernos reflejados.

Creo también en una educación sexual de calidad, que vaya más allá de la prevención de embarazos y enfermedades de transmisión sexual, en las que se hable abiertamente del mundo del porno, mostrando sus limitaciones y bondades.