Redes sociales en tiempos líquidos

¿Podrían las redes sociales ser perjudiciales? Vivimos en una época vertiginosamente acelerada. Grandes alteraciones socioeconómicas y políticas, bruscos cambios de actitudes, costumbres, creencias. La consciencia y comprensión de lo que ocurre a nuestro alrededor y dentro de nosotros, se paraliza. Todo lo que ofrecía solidez en la vida como seres humanos, se ha vuelto fugaz y vaporoso como el humo. Los pilares que nos sostenían se evaporan continuamente.

redes sociales modernidad líquida

 

En cada época surgen mentes brillantes, lúcidos observadores y agudos críticos de la realidad histórica en la que viven. El sociólogo polaco Zygmunt Bauman, fallecido la semana pasada, deja un valioso legado ayudando a dar sentido al malestar que producen las sociedades contemporáneas. Poner en palabras los espectros de las angustias que nos perturban y corroen.

Los vínculos entre seres humanos se han debilitado progresivamente desde el comienzo de la era postmoderna hasta hoy. En el año 1999, Bauman da a luz el concepto de “modernidad líquida1 , expresión que define un modelo de sociedad que implica el ocaso de la colectividad. Se impone un individualismo que corroe y desintegra conceptos como la ciudadanía o la comunidad. Es el fin de la era del “compromiso mutuo”.

Globalización, masificación, precariedad, catástrofes, excesiva información, creciente desconfianza hacia las instituciones… Nos provoca inseguridad e incertidumbre y nos empuja a un giro egocéntrico que nos enfrenta los unos contra los otros. Vivimos en una sociedad cada vez menos “social”, sin elementos a los que pertenecer, sin filiación ni ideologías, que nos fragmenta y aisla como átomos. Los “enlaces covalentes” pierden fuerza para mantenernos unidos. La soledad y el vacío son ahora el mayor veneno de nuestra especie.

La trampa de las redes sociales

La revolución tecnológica de finales del siglo pasado ha irrumpido en nuestras vidas. La virtualidad es la realidad de las nuevas generaciones. En esta época, la cohesión de nuestras relaciones, nuestros vínculos, son más débiles y son enmascarados por redes sociales. Redes amplias, pero superficiales, líquidas.

Bauman justifica el éxito de redes sociales como Facebook, Instagram o Twitter afirmando que los depredadores económicos huelen el miedo y crean falsos salvavidas a los que aferrarmos. Consumibles virtuales que son un señuelo al que nos acercamos para compensar la necesidad de comunidad e identidad, alimentando superficial e ilusoriamente nuestro anhelo de colectividad. Flotar y no hundirnos en el vacío. Como afirma en su última entrevista para el diario El País:

«Dan servicios muy placenteros, pero son una trampa.»

La identidad que otorga pertenecer a un grupo se diluye, por lo que creamos sustitutos dentro de las redes sociales. Añadimos y cancelamos amigos, controlamos las interacciones, sin riesgos para nuestra imagen, sin involucrarnos, sin necesidad de habilidades sociales.  Vínculos postizos. Eso sí, nos sentimos un poco mejor porque la soledad es un fantasma que nos hiela en nuestras habitaciones.

Los deseos «licuados»: una perspectiva psicoanalítica contemporánea

Deseos y necesidades centrales para la estabilidad psicológica, están amenazadas por la liquidez relacional y el aislamiento. El malestar difuso y la sensación de vacío de muchas personas, (algunas de las cuales acuden a terapias sin saber qué les ocurre, sin razones «objetivas» para estar mal) tiene relación con el impacto de la insatisfacción de motivaciones psicológicas básicas.

Nuestras decisiones se ven influidas por  procesos inconscientes. Procesos motivacionales que nos impulsan a atender demandas internas asociadas, por ejemplo, a nuestra propia conservación y cuidado, la búsqueda de placer y bienestar, o a reducir el displacer. Uno de estos motivos básicos e instintivos de la experiencia humana, es la búsqueda y conservación de fuertes vínculos emocionales con otras personas (el apego; tal vez lo llames «amor»). Otra motivación básica es el deseo de reconocimiento y de valoración dentro de dichos vínculos significativos, obteniendo una imagen de sí mismo como alguien digno de recibir atención, de ser querido.  Un sentido de la identidad y valía transmitido por los demás. Nuestra autoafirmación sólo es posible a través del Otro.

Estamos programados para buscar la aceptación del Otro, y evitar su rechazo. Estos sistemas motivacionales permitieron la supervivencia de nuestra especie, asegurando la cohesión grupal y su cuidado. Esto explica la búsqueda de afiliación y el sentido de pertenencia, la vivencia de «estar con», de formar parte de lo mismo.

Autores psicoanalíticos como Winnicott o Kohut, consideraron una motivación central la necesidad de crear y conservar un sentido del Self (sentido de nuestro Yo, de nuestra esencia, nuestra identidad) estable y cohesionado. El flujo de experiencias estables y emociones repetidas dentro de las relaciones del ser humano desde que nace, conservan la continuidad y la familiaridad de su mundo interno e interpersonal. Las relaciones nos permiten sentirnos seguros, y nos sostienen psicológica y emocionalmente.

Mis Selfies por tus Likes

Las redes sociales son un mal sucedáneo de lo que aportan las relaciones reales. Un mal sustituto que engancha, como una potente droga. Y no es una metáfora. El placer y bienestar que generan las interacciones positivas están directamente relacionadas con motivaciones y necesidades interpersonales, y por lo tanto, con circuitos y centros cerebrales de recompensa y evitación2. Los mismos que se activan satisfaciendo necesidades fisiológicas como la ingesta o el sexo, o consumiendo sustancias estimulantes. En esta línea, un interesante estudio realizado por la Universidad de California-L.A., evidencia a través de neuroimagen cómo los centros del placer y la recompensa de cerebros de adolescentes, se activan al ver sus propias fotografías con muchos likes e interacciones positivas3.

Existe una parte de nosotros que desde la infancia busca, en esencia, construir una imagen de sí mismo digna de ser amada, aceptada, validada, reconocida, admirada, y la vida social virtual se convierte en una extensión del campo social real. Por eso la necesidad de aparentar, de manipular la percepción de los demás a través de proyectar una imagen ideal de uno mismo y su vida. Crear una identidad, un falso Self, frágil y adulterado, pero al menos uno que saque del desamparo y la carencia. De ahí el exacerbado narcisismo y la dependencia hacia las redes sociales.

redes_sociales_narcisismo

El impacto psicológico negativo

Fotografías milimétricamente calculadas, aparentando espontaneidad, con un bonito filtro Instagram, acompañadas de una cautivadora frase. Una ilusión distorsionadamente ideal, intentando rellenar el vacío. Y no se puede dejar de alimentar fácilmente los perfiles virtuales, uno dejaría de existir en cierto modo, aunque todo consiste en aparentar y no en «ser»: por eso la angustia del vacío no desaparece, porque la liquidez nunca se rellena de algo «sólido».

Los demás son utilizados como objetos, espectadores del despliegue narcisista que ofrecen atención o admiración, pero no son reconocidos ni valorados como quienes realmente son. Consumo líquido de relaciones. Por otra parte, la estabilidad emocional se ve amenazada por las respuestas de los demás usuarios. Si no hay la interacción virtual que uno espera (número de veces compartido, de comentarios, de «me gusta», etc…), pasa a equivaler psicológicamente a un rechazo real. El número y el tipo de interacciones se convierten en una estimación proporcional de la valía y la autoestima. De forma irreal y simbólica, sí, pero cuyo impacto emocional es real.

Pasar tiempo pasando imágenes y perfiles en Facebook o Instagram, desencadena una sensación de exclusión y soledad, y también envidia 4 . Son un espejo artificial de lo que supuestamente carecemos, de lo inadecuados que somos, y esto nos hace sentir avergonzados, tristes. Espejos que muestran las actividades que no hacemos, las metas profesionales que no alcanzamos, los momentos fantásticos en los que no estamos  presentes,  los lugares que no estamos visitando,  las parejas ideales que no tenemos, las familias perfectas que carecemos; de los defectos que nos sobran y virtudes que nos faltanLa vida que no tenemos, la imagen que no somos. Un real sentimiento de frustración, de inferioridad y malestar provocado por muros virtuales de plástico.

A Social Life de Kerith Lemon

Referencias bibliográficas

1 Bauman, Z. (2000). Modernidad líquida. México, D.F.: FCE – Fondo de Cultura Económica.

2 Fareri, D. & Delgado, M. (2014). Social Rewards and Social Networks in the Human Brain. The Neuroscientist, 20(4), 387-402. http://dx.doi.org/10.1177/1073858414521869

3 Sherman, L., Payton, A., Hernandez, L., Greenfield, P., & Dapretto, M. (2016). The Power of the Like in Adolescence. Psychological Science, 27(7), 1027-1035. http://dx.doi.org/10.1177/0956797616645673

4 Appel, H., Crusius, J., & Gerlach, A. (2015). Social Comparison, Envy, and Depression on Facebook: A Study Looking at the Effects of High Comparison Standards on Depressed Individuals. Journal Of Social And Clinical Psychology, 34(4), 277-289. http://dx.doi.org/10.1521/jscp.2015.34.4.277

¿Sabes qué es el apego?

apego.1
De apegar.
1. m. Afición o inclinación hacia alguien o algo.

El término apego en castellano alude a la preferencia hacia “algo” externo, al hecho de encariñarse independientemente de que sea alguien que acabamos de conocer, un familiar, una mascota, o esos objetos con los que llenamos los cajones y que nos resistimos a tirar por lo que nos recuerdan. Sin embargo, cuando se habla de Apego en el campo de la Psicología o la Psicoterapia, hablamos de algo más profundo, de una importancia esencial en nuestra existencia como seres humanos.

Al hablar de nuestro mundo afectivo, me impulsa a ir más allá de términos y teorías, y tratar de evocar vivencias. Tal vez hayas leído antes acerca del apego, de su papel en la primera infancia, de su influencia en el desarrollo, de sus patrones y estilos; o tal vez sencillamente nunca hayas oído hablar de él. Sin embargo, es algo que conoces de cerca: forma parte de ti desde que naciste.

apego expresado en ternura

Te propongo algo.

Piensa en una persona que ha sido muy valiosa en tu vida, pero que por ese motivo que tú sabes, no está presente actualmente; cierra los ojos. Probablemente observes en el cuerpo alguna sensación, con mayor o menor grado de intensidad, la mayoría la sentimos por dentro, a unos centímetros arriba del ombligo, o en el lado izquierdo del pecho, en la garganta… El apego se expresa en el cuerpo, en las emociones, y también en nuestra mente, en forma de recuerdos o deseos. Quizás te confunde porque usas distintos nombres. Palabras como amor, cuidado, ternura, cariño, o bien necesidad, dependencia, nostalgia, incluso odio, rabia, dolor… y en cierta forma, el apego puede tener un poco de todo eso. El júbilo ante un reencuentro esperado; la sensación de calidez al estar en compañía y sintonía con alguien que valoramos; el enfado o la desesperación cuando nos sentimos abandonados por personas queridas; la melancolía y la huella en nuestros pensamientos cuando echamos de menos. También todo esto tiene relación con el apego.

Muchos lo descubren cuando se interrumpe, nos invade entonces una angustia conocida por prácticamente todo ser humano, un intenso malestar psicológico y físico, que a veces perdura durante meses, años… En algunos momentos, es literalmente como una adicción, cuya sustancia adictiva proviene de una relación. El apego nos influye profundamente a todos, y se produce y actúa aunque no nos demos cuenta, inconscientemente, no es algo que necesite un consentimiento mutuo, no es como agregar a alguien que acabamos de conocer a nuestra agenda del móvil.

Si hay una característica que nos distingue como especie es nuestra impresionante capacidad de crear lazos afectivos. Una potente capacidad de vinculación fue decisiva a lo largo de la evolución de nuestros antepasados, asegurando la supervivencia a través de la cohesión del grupo y su defensa, y especialmente, facilitando el cuidado y protección de las crías (nuestro cerebro es nuestra mejor “arma” evolutiva, pero a cambio pagamos el precio de la maduración más lenta del reino animal).

Cuando hablamos de Apego, nos referimos a un conjunto de elementos psicológicos, biológicos y emocionales, que a grandes rasgos nos otorgan la capacidad de vincularnos y que influyen en la formación, evolución y pérdida de dichos lazos emocionales. No se puede definir el amor como concepto sin ser subjetivo, pero en cierta forma se podría afirmar que se refiere a nuestra capacidad de amar y de poder ser amados.

Para John Bowlby (1907-1990), el padre de esta teoría, el apego íntimo es el centro de nuestra vida, de la cuna a la tumba. La Teoría del Apego, en palabras de su creador,

«es una forma de conceptualizar la tendencia de los seres humanos a crear fuertes lazos afectivos con determinadas personas en particular, y un intento de explicar la amplia variedad de formas de dolor emocional y trastornos de personalidad tales como la ansiedad, la ira, la depresión o el alejamiento emocional.»(Bowlby, 1977)

Aclarando la polisemia del apego

El término inglés Attachment utilizado en la teoría de Bowlby, se traduce al castellano por Apego. Veamos a continuación ciertos conceptos básicos de la teoría en los que aparece el término, y que ayudarán a su comprensión:

  • Relación de apego: vínculo afectivo que se establece con una figura significativa (o figura de apego); se infiere por la tendencia estable a lo largo del tiempo de buscar su proximidad y contacto. En la primera infancia resulta de vital importancia la relación con la madre, con un papel destacado por una cuestión biológica (gestación, cuidado temprano, lactancia,… pero progresivamente otras figuras, como el padre, ganan relevancia); asimismo, el bebé tiende a preferir instintivamente los estímulos por los que reconoce a la madre (olor, tono de voz, formas de la cara, etc.). La función fundamental de las figuras de apego es la de regular las necesidades fisiológicas, psicobiológicas y afectivas básicas.

Los intercambios en estas primeras relaciones se convierten en un eje básico sobre el que se desarrolla el cerebro y sobre el que emerge el psiquismo: nuestra personalidad, nuestra autoimagen, nuestra sexualidad,  nuestra forma de relacionarnos, nuestra expectativas sobre los demás, nuestra capacidad de calmar emociones propias y captar las de los otros… Las relaciones con las figuras de apego son también un punto de inflexión para nuestras mayores dificultades, la aparición de problemas psicológicos y emocionales.

A lo largo de la vida se vancapas de relaciones de apego añadiendo nuevas relaciones de apego, que nos siguen influyendo en distintas formas y grados de importancia, y sobre los que nos apoyamos para poder sentirnos protegidos, cuidados, apoyados: de alguna forma, cubiertos. Algo así como las distintas capas de una cebolla como en la imagen, donde nosotros somos el pedúnculo floral (el centro) y las capas internas son las relaciones más cercanas (madre-padre y a medida que nos alejamos al exterior hermanos-abuelos-profesores-amigos, etc.). Cuando las personas de las capas más internas no están disponibles, nos desplazamos a las demás, aunque el protagonismo de las interiores es mayor, podemos formar fuertes vínculos con otras personas.

La relación íntima de pareja se suele convertir en la capa más interna en la etapa adulta.

Cuando la relación de apego se siente como una base segura, puesto que sabemos que la figura de apego estará disponible aunque haya una separación y que será capaz de reconfortarnos y calmar nuestras necesidades, se despliegan otros sistemas de comportamientos, que permiten por ejemplo, la exploración del ambiente, la interacción social, el juego, y en definitiva la continuidad del desarrollo del infante. La seguridad sentida es un estado emocional que también aparece en etapas posteriores, y está vinculada al apego seguro.

  • Conducta de apego: patrones de conducta instintivos, con una base neurobiológica, activados y modulados en la interacción con las figuras de apego a lo largo del tiempo (es decir, la genética no asegura que se establezca la capacidad de vincularse). Estos patrones impulsan al niño a la búsqueda de proximidad y protección de sus figuras de apego, según las necesidades del momento. El deseo de contacto con la figura de apego no es constante, sino que depende de la aparición de factores internos (miedo, sensaciones corporales displacenteras, hambre, daño físico, etc.) y externos (ausencia de la madre, estímulos aversivos o asustadores, etc.). La meta de la conducta de apego es acceder y asegurar la presencia y la regulación de cualquier necesidad.
  • La separación de dichas figuras pone en marcha una reacción afectiva observable, que sigue un patrón constante y universal. Este patrón presenta tres fases que aparecen a medida que la separación se prolonga en el tiempo. El niño separado de su figura significativa manifiesta, en el primer momento, irritabilidad, protesta, enfado; si la separación continúa, aparece desesperanza, apatía, tristeza, se vuelve ensimismado; y, finalmente, si la separación es lo suficientemente larga, se produce desapego. Estas  fases se mantienen a lo largo de la vida, aunque se expresan de forma diferente según las experiencias individuales, y se activan  ante amenazas de pérdida o por la pérdida real; tienen una relación directa con las fases de duelo.

Según la calidad, la sensibilidad y la continuidad de las respuestas aportadas por las figuras de apego, los niños pueden necesitar desplegar estrategias para adaptarse a las diferentes respuestas afectivas y buscar un equilibrio que reduzca la tensión creada por las necesidades (seguridad, refugio, calmar miedo, etc.).  Los diferentes patrones o estilos de apego estudiados en niños por el pionero equipo de Mary Ainsworth y sus colaboradores (que llamaron seguro, inseguro-evitatativo y inseguro-resistente) a partir del trabajo de John Bowlby, son básicamente estrategias de adaptación ante la separación o pérdida de las figuras de apego. Estas estrategias pueden verse como un continuo que abarcan desde un polo de comportamientos que minimizan las expresiones de la conducta de apego (evitativo), hasta otro polo de amplificación de las conductas de apego y la demanda de atención (ansioso-resistente).  Si ninguna de las estrategias resulta satisfactoria o las condiciones externas son tan desbordantes para el niño que no puede soportarlas, podría elaborar respuestas de desorganización, gravemente perjudiciales para su desarrollo.

El apego en nuestra mente

La idea central de Bowlby es que los patrones o estilos de apego ante las separaciones, sean éstas breves, prolongadas o definitivas, y en cualquier momento del ciclo vital, provienen de esquemas internos y defensas psicológicas establecidas en la primera infancia para combatir la angustia y el dolor psíquico. Por lo tanto, el apego no es sólo unos patrones de conducta, como aclara más específicamente una de las principales investigadoras de la teoría,

«El apego se manifiesta a través de patrones de conducta específicos, pero los patrones en sí mismos no constituyen el apego. El apego es interno… Este algo internalizado que llamamos apego tiene aspectos de sentimientos, de memorias, de deseos, de expectativas, y de intenciones, todos los cuales… sirven como una especie de filtro para la percepción e interpretación de la experiencia interpersonal, como un molde que configura la naturaleza de una respuesta externamente observable”. (Mary Ainsworth, 1967)

El apego y el vínculo de un bebé cogiendo la manoDentro de las relaciones de apego se crean determinados esquemas internos, que funcionan a modo de «plantillas» emocionales y que influyen en la manera que nos relacionamos, como nos vemos a nosotros mismos y  a los demás durante el resto de las etapas vitales. Por último, a pesar de la importancia de los primeros vínculos, dichos esquemas son maleables. Si han sido problemáticos, las relaciones posteriores ofrecen una nueva oportunidad, de sanar, de (potencialmente) amar, sentir y poder pensar liberados de los lastres: oportunidad solamente posible dentro de un vínculo de apego seguro.

Fuentes:

  1. Real Academia Española. (2014). Diccionario de la lengua española (23 ed.). Consultado en http://www.rae.es