Traficando con las emociones

¿Qué es una emoción?

Las emociones son energías que necesitas expresarse. Y eso es lo que debemos hacer con ellas. Sentirlas, y expresaras siempre que sea posible. Hay veces que podremos expresarlas de forma saludable, y otras veces, por ejemplo, si nos encontramos en un lugar donde no sea fácil, podemos «posponer» su expresión, y esperar a estar en un lugar más seguro.

Cuando se reprimen de forma crónica, se imprimen en el inconsciente y pueden hacernos mucho daño.

 

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Otro elemento importante a tener en cuenta es que además de ser «humanos», y por lo tanto, ser seres inteligentes, también somos animales. Somos mamíferos. Somos «bichos». Y esto es algo que olvidamos con mucha frecuencia. En tanto que animales, no podemos elegir las emociones que sentimos.

No podemos decidir qué nos conviene sentir y que es mejor no sentir. Simplemente sentimos, y no tenemos ningún control sobre ello. Una vez se presenta una sensación o una emoción en nuestro cuerpo, sólo nos queda expresarlo de la mejor manera posible.

Y aquí viene el problema. Cuando éramos niños, pudo ocurrir cualquiera de estas dos cosas. O nos permitieron expresar ciertas emociones, o nos lo prohibieron. Y a menos que hayamos hecho un profundo trabajo personal, repetiremos ese patrón. Si se nos permitió expresar la rabia, ahora podremos expresar esta emoción. Si se nos prohibió expresarla, ahora la reprimiremos.

 

Santa flexibilidad

Cuanto más «derecho» se nos dio de niños, como individuo o como familia, para acceder a las diferentes emociones, más habremos desarrollado la capacidad de adaptación, flexibilidad y evolución. Ya que habremos podido integrar la libertad de «sentir» y expresar, y no habremos tenido que reprimir nada.

Haciendo uso de esta libertad, habremos aprendido a sentir esa emoción. A reconocerla y a acogerla como una realidad y un recurso útil. Una vez reconocida y acogida, sólo queda encontrar el canal más aceptable para expresarla de forma constructiva para la persona y para el entorno.

 

Terrible represión

Cuanto más grande sea el número de emociones prohibidas, más privados nos encontraremos de la cantidad de información que se esconde tras la emoción. Y por ende, más probable será el bloqueo de dicha emoción.

Como hemos dicho, una emoción es energía constructiva para el individuo. Es un recurso muy útil. Del mismo modo, emoción reprimida, es energía constructiva bloqueada. Un rechazo firme y repetitivo de una emoción sólo consigue aumentar la intensidad del eventual bloqueo.

La emoción reprimida se puede comparar al agua de un río que se encuentra con una barrara. De alguna forma, el agua consigue seguir su curso, ella misma buscará la manera. Y eso mismo nos ocurre a nosotros, ese río de emociones que llevamos dentro de nosotros sigue su camino a nuestras espaldas (en nuestro inconsciente), y tomará formas insospechadas que podrán sorprendernos y cogernos desprevenidos.

Si aprendemos a observamos, así podríamos explicar muchos comportamientos impacientes o accesos de rabia inexplicables.

 

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«Te lo prohibo»

Estas «prohibiciones» pueden producirse en toda la familia, en un individuo o en varios. De esta forma, es frecuente que en una familia haya una única persona a la que se le permite la expresión de una emoción que queda prohibida para todos los demás. Esta persona se convertirá en la válvula de escape para todos los miembros del grupo. Y llevará sobre sus espaldas el peso del bloqueo emotivo de toda su familia.

De esta forma, toda prohibición de tipo emocional se convierte en una obstáculo que debe salvarse y cada cual, aún sin buscarlo, encontrará un canal de expresión diferente, que a menudo es paradójicamente el opuesto. Así buscamos espontáneamente las respuestas posibles que nos ofrece el código aceptado de nuestra familia, revisando aquellos que sí se nos está permitido expresar.

 

Tráfico de emociones

Eric Verne denomina este proceso «tráfico de emociones». Él estudio que era posible predecir el canal más probable que una expresión prohibida puede escoger para expresarse.

Algunas de estas expresiones, según Jean Monbourquette:

 

– La prohibición de la tristeza, de la pena o del sufrimiento se transforma generalmente en falso consuelo hacia los demás, en agresividad, en hiperactividad y en somatización.

– La prohibición de la ira se convierte en tristeza y sentimiento de culpabilidad que puede hacerse permanente.

– La prohibición de la culpabilidad suele convertirse en una tendencia a acusar compulsivamente a los demás.

– La prohibición de la alegría y la risa provoca culpabilidad y autocastigo repetitivo.

– La prohibición de la debilidad y la depresión crea aires de grandeza y complejo de superioridad.

– La prohibición de la fuerza engendra la tendencia a mostrarse débil y dependiente, a sentirse triste y a somatizar los problemas.

 

Este tipo de respuestas que aparecen en presencia de las necesidades emocionales, es menos satisfactorio para la persona que la expresión libre de la emoción reprimida. Además, esta forma de proceder conduce a la reproducción constante de la fórmula de reemplazo.

Por otra parte, la repetición constante de un tipo de emoción incomprensible en una persona, nos permite deducir la presencia de esa serie de emociones reprimidas.

A nivel familiar, la adopción de una característica excesivamente mostrada por toda una familia significará que ambos padres comparten esa emoción «prohibida». Es el ejemplo de una familia que siempre parece feliz, y a los que nunca hemos visto enojados o tristes. O que siempre están quejándose o malhumorados.

Si esto no ocurre, y los padres son divergentes en relación a la expresión de una misma emoción, los hijos bascularán de una forma de expresión a otra según el contexto, y generalmente de forma inconsciente.

 

Oponerse al tráfico de emociones

Para oponerse al tráfico de emociones, los adultos debemos permitirnos los medios para defender nuestros derechos y expresar cada una de nuestras emociones.

En lo que respecta a los niños, la transmisión del derecho a vivir sus emociones se transmite a través de los adultos que tienen responsabilidad sobre ellos. El niño, una vez adulto, tiene que inventariar de algún modo lo que ha vivido y aprendido de los responsables de su educación.

Es su responsabilidad efectuar los cambios necesarios para su evolución, que tendrá un efecto directo sobre sus propios hijos. Un adulto que ha aprendido a expresar libremente sus emociones será un padre que le transmita esa misma libertada a sus hijos.

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Fuentes:

  • Psicogenealogía. Daris y Lise Langlois. Ediciones Obelisco. 2 edición del 2014.

Fotos:

 

Cuentos de hadas ¿es necesario matar al lobo?

Desde que existe la palabra, el ser humano ha utilizado las historias, primero trasmitidas oralmente, después a través de la letra impresa, para transmitir su cultura generación tras generación. A través de fábulas, cuentos de hadas y demás formatos, se han enseñado a niños y adultos cuáles son los valores sobre los que se levanta cada sociedad en un momento determinado.

Hasta hace poco se creía que los primeros cuentos de hadas se remontaban al antiguo Egipto, hace ya 1.300 años, aunque recientemente Sara Graça da Silva, y Jamshid Tehrani publicaron un estudio lingüístico cuyos resultados parecen indicar que los cuentos de hadas se remontan a la Edad del Bronce, hace más de 4.000 años.  El formato de estas narraciones se ha visto repetido en culturas de todo el globo: Grecia, Egipto, tribus de Norteamérica, China, etc. Incluso se ha comprobado que hay historias comunes que se repiten en culturas separadas por kilómetros de distancia. Es el caso por ejemplo de la historia recogida por la tradición europea como “The Smith and the Devil”, (la historia relata cómo el protagonista, en este caso Smith, vende su alma a un ser maligno,  el diablo). Los orígenes de esta historia parecen confluir hace milenios.

 

Cuentos: Smith and the Devil

 

Un aspecto de los cuentos de hadas realmente interesante es como han ido recogiendo, o más bien, cómo han ido eliminando aquellos aspectos de la personalidad y de la experiencia personal que han sido demonizados en cada momento histórico. Podemos analizar por ejemplo cómo estas historias reflejaban algunos de los instintos más “primarios” de ser humano, y cómo a través de estas historias se trataba de enseñar el camino a seguir, mostrando las terribles consecuencias de satisfacer nuestros impulsos.

Los cuentos de hadas y el peligro del sexo

Cuentos de hadas: Caperucita RojaPor ejemplo tenemos a la archifamosa Caperucita Roja. Perrault fue el primeo en recopilar la historia y transcribirla,  para pasar después a manos de los hermanos Grimm, encargados de elaborar la historia que “más o menos” ha llegado hasta nuestros días. 115 años separan ambas versiones, y las diferencias se hacen notar. Si observamos la versión de Perrault resulta una historia mucho más sexualizada que la de versiones posteriores, y es que en el sigo XVII las fábulas y los cuentos de hadas no se restringían a la infancia, eran un instrumento que socializaba a niños y adultos.

 

Viéndola entrar, el lobo le dijo, mientras se escondía en la cama bajo la frazada:

-Deja la torta y el tarrito de mantequilla en la repisa y ven a acostarte conmigo.

Caperucita Roja se desviste y se mete a la cama y quedó muy asombrada al ver la forma de su abuela en camisa de dormir.

 

La fábula del cuento de Perrault dice así:

 

Aquí vemos que la adolescencia,
en especial las señoritas,
bien hechas, amables y bonitas
no deben a cualquiera oír con complacencia,
y no resulta causa de extrañeza
ver que muchas del lobo son la presa.
Y digo el lobo, pues bajo su envoltura
no todos son de igual calaña:
Los hay con no poca maña,
silenciosos, sin odio ni amargura,
que en secreto, pacientes, con dulzura 
van a la siga de las damiselas 
hasta las casas y en las callejuelas;
 
más, bien sabemos que los zalameros 

entre todos los lobos ¡ay! son los más fieros

La moraleja del cuento ha cambiado radicalmente. Donde al principio se trataba de advertir de los peligros que corrían las señoritas si se dejaban llevar por sus instintos más bajos, intentando despertar un Cuentos de hadas: Caperucita Rojasentimiento de aprensión o incluso miedo por el despertar de su sexualidad (la caperuza es roja como símbolo de la menstruación, y el despertar sexual), hemos pasado a una advertencia para niños y niñas, que no deben irse con extraños por el riesgo que entraña para su integridad física.

Otra historia llevada al cine hace pocos años es la de la chica de la melena más famosa del mundo entero: Rapunzel. En la versión que conocemos, la chica es secuestrada por la bruja Gothel en la torre, donde aguarda hasta que su príncipe va a salvarla.  Dicha versión del cuento se la debemos a los hermanos Grimm, que tomaron una historia popular del folclore alemán y la transformaron.

Al principio, la historia es más o menos igual: Rapunzel aguarda en la torre secuestrada por la malvada Gothel hasta que llega el príncipe. En el cuento nos explican cómo el príncipe escala la torre de manera frecuente (jamás se le ocurre liberar a la muchacha del cautiverio), y no para charlar precisamente, ya que queda embarazada. Cuando la bruja se entera la destierra de la torre y la manda a vivir al mundo salvaje, donde da a luz a unos gemelos de los que debe hacerse cargo.

Otra vez nos topamos de bruces con una moraleja en la que se advierte a las jóvenes del peligro que corren si se dejan seducir por jóvenes y apuestos príncipes.

Los cuentos de hadas y la negación de la violencia

Si el trasfondo sexual ha desaparecido de estas historias, ahora vemos como le toca el turno a aquellos elementos que nos hablan de la ira y la violencia, aspectos de la naturaleza humana que son vistos con desagrado, y se intentan apartar de nuestra experiencia.

Recuerdo una vez hace 5 años cuando era profesora en una escuela infantil, en la que celebramos una fiesta temática de Caperucita Roja. La mayoría de los niños y niñas se disfrazaron de Caperucita Roja o de Leñador, algún que otro niño de lobo peludo. Uno de los niños apareció sin disfrazar.  La madre aclaró, con cierto desagrado, que no se sentía a gusto con la idea de que su hijo se disfrazara de una figura tan violenta como el cazador,  que llevaba pistola y mataba al lobo.

Pero, ¿qué ocurre si los cuentos de hadas tienen otra función, más allá que la de entretener o moralizar? Como dice Bruno Bettleheim:

“La creencia común de los padres es que el niño debe ser apartado de lo que más le preocupa: sus ansiedades desconocidas y sin forma, y sus caóticas, airadas e incluso violentas fantasías. Muchos padres están convencidos de que los niños deberían presenciar tan sólo la realidad consciente o las imágenes agradables y que colman sus deseos, es decir, deberían conocer únicamente el lado bueno de las cosas. Pero este mundo de una sola cara nutre a la mente de modo unilateral, pues la vida real no siempre es agradable”

El Patito Feo representa el estereotipo del niño marginado por ser diferente, ¿acaso los sucesos de acoso escolar no están a la orden del día? Hemos visto morir a la madre de Bambi, a Mufasa, al padre de Blancanieves, acercando el concepto de la muerte y del duelo a la infancia…  Y así un montón de ejemplos de cuentos “crueles” que podrían servir como ejemplo de catarsis para los más pequeños.

Lobo vegetarianoY sin embargo existe una tendencia a edulcorar los cuentos que hemos heredado del folclore. Por ejemplo, en el cuento de Caperucita Roja tanto la abuela como Caperucita  mueren por haberse dejado engañar. Se pasó después a salvar a ambas, hasta que llegamos a las últimas versiones donde por no morir, no muere ni el lobo.
El colmo de lo absurdo lo viví, cuando tuve entre mis manos una versión de Los Tres Cerditos en la que el lobo se deja convencer por los tres hermanos y se pasa a una dieta vegetariana. ¿Por qué tantos esfuerzos por negar la naturaleza agresiva del lobo?

 

¿Por qué tanto esfuerzo por negar nuestra propia naturaleza agresiva?

 

Los personajes de cuento como ejemplo 

No estoy diciendo que sea necesario ni bueno, relatar historias en las que se haga apología de la violencia sin sentido. Lo que defiendo es un uso de las historias que reflejen la compleja y verdadera naturaleza humana; naturaleza en la que conviven instintos de amor, de ira, de compasión, de tristeza, de muerte y de vida.

Lo vemos por ejemplo en el que a mi parecer es uno de los mejores personajes que ha creado Disney en los últimos tiempos: Mérida.

Mérida es de las pocas princesas Disney que abraza una personalidad completa, en la que vemos reflejados valores dulces, como el amor o la ternura, pero que al mismo tiempo abraza sin tapujos su parte más violenta, a través del arco y la búsqueda de independencia. Mérida se enfada cuando se tiene que enfadar, ¿y es que acaso nosotros mismos no nos enfadamos nunca?

 

Princesa disney: Mérida

 

No reniega de su personalidad, como tampoco debería hacerlo el lobo.

El lobo come cerditos porque es un lobo.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado… 

Fuentes: