Prana y Pranayama – Conociendo y controlando la energía

Para hablar de Prana debemos de remontarnos a los orígenes de la creación, tal vez un poco antes.

En el principio no había nada, ni siquiera la creación. Lo que existía era una conciencia no manifestada que permanecía inmóvil, en perfecto equilibrio y armonía, conteniendo en sí misma todos elementos necesarios para la creación, el universo en su totalidad comprimido en forma de potencial. Una conciencia que en las escrituras se conoce como Para Brahman.

De esta quietud surge un movimiento, el primer impulso creativo, el deseo. Ekoham bahusyam: ”soy uno, déjame ser muchos”. De este deseo se crea la primera vibración spandan, y de ella surge la energía primordial mahaprana.

Desde el origen de la creación el universo se ha ido expandiendo, en un baile cósmico entre conciencia y energía, creando diferentes niveles de  existencia.

Todo el universo se compone de dos fuerzas: Conciencia y energía. Donde quiera que miremos, en la naturaleza, en el cuerpo, en la mente, esta polaridad puede verse como luz y oscuridad, positivo y negativo, masculino y femenino… Cuando esta polaridad se manifiesta en el microcosmos humano, toma la forma de chita shakti (conciencia) y prana shakti (energía)

Es este prana shakti el que forma el cuerpo pránico:

Los yoguis sostienen que envolviendo al cuerpo físico existe un cuerpo energético conocido como pranamaya kosha. Este es el cuerpo etérico a través del cual la energía se mueve por canales establecidos llamados nadis. Existen más de 72000 pasajes de energía diferentes de los cuales 3 son fundamentales. Estos son Ida, Pingala y Shushumna. Cuando Ida y Pingala están en equilibrio, Sushumna se activa y la energía comienza a fluir a través de él. Los dos mantras que forman la palabra HA THA corresponden con cada uno de estos nadis: Ha con Pingala (Sol) y Tha con Ida (Luna)

Pranayama

“La vida es el periodo entre una respiración y la siguiente, aquel que respira correctamente adquiere control sobre todo su ser” Hatha Yoga Pradipika

Pranayama es una técnica para controlar y dirigir la energía. A través de la respiración tomamos control sobre el prana.

La vida y la respiración están estrechamente conectadas, podemos pasar días sin agua o alimentos pero ¿Cuánto tiempo podemos aguantar sin llenar de aire nuestros pulmones? Sin respiración no hay vida.

Teniendo en cuenta la importancia de la respiración, deberíamos de pararnos a observar la calidad de la misma. ¿Estamos respirando correctamente?

Una respiración rápida y superficial está asociada con tensión, miedo, preocupación…condiciones que tienden a llevarnos hacia problemas de salud, infelicidad y por supuesto hacia una vida mas corta.

Una persona que está razonablemente relajada inhala y exhala aproximadamente medio litro de aire en cada respiración. Si expande el abdomen y el pecho todo lo que puede, este volumen puede ascender hasta los dos litros.

Cuando esta respiración profunda se hace de forma lenta, conseguimos que la mayor cantidad de oxigeno se transfiera a la sangre, llenando de vida cada una de las células del cuerpo. Una persona que respira profunda y lentamente se mantiene en un estado relajado, en calma y feliz.

“Cuando el prana fluctúa la mente fluctúa, cuando el prana se estabiliza la mente quede en calma”

Cuando el flujo de prana está en armonía, los pensamientos se reducen al mínimo y somos capaces de controlar la mente. Imagina que la mente es un cristal con vistas a la realidad. Si el cristal está sucio veremos la realidad “manchada” o incluso tan solo una parte de esta. Mediante las técnicas de pranayama conseguimos limpiar esta ventana y de este modo podemos ver las cosas como realmente son.

El proceso consta de inhalación (pooraka), exhalación (rechaka) y retención (kumbaka). Normalmente la exhalación es igual o el doble a la inhalación.

De acuerdo con los textos yoguicos, kumbaka es la esencia del pranayama. Cuando la respiración cesa, prana y apana se unen dirigiéndose la energía resultante hacia arriba a través de Sushumna nadi. Cuando esta energía alcanza Ajna chakra las fluctuaciones de la mente cesan por completo y alcanzamos Shamadi.

A medida que vamos redirigiendo la energía al canal central mediante la práctica de pranayamas vamos activando diferentes zonas del cerebro que permanecían inactivas, despertando de este modo a nuevas realidades existenciales.

“Aquel que conquista la esencia del pranayama es capaz de controlar su cuerpo, su mente y cualquier poder en el universo”

 

 

ZEN: Insistiendo en la respiración

TEISHÔ 3 – TEISHÔ 2 – TEISHÔ 1

La respiración es el fundamento de la vida, anuncia el infinito devenir: la emergencia, la desaparición, y reaparición de nuestra forma a través de la hondura del Ser. Por eso, el ejercicio de la respiración puede, si se comprende y realiza bien bien, sustituir a la oración más profunda, siendo el órgano mediante el que podemos experimentar la trascendencia, el cuerpo que se es, en palabras de Dürckheim.

El ejercicio de la respiración, nos proporciona la posibilidad de ponernos en contacto con la tierra, simbolizada por el bajo vientre, el hara -el auténtico centro-, desde cuya plataforma podemos elevarnos transformados mediante ese continuo fluir de las formas que evolucionan hasta que ese cuerpo se halla en condiciones de manifestar el Ser. Para ello, el primer paso es la apertura, abriéndose más y más hasta sentirse Uno con la Vida. Esa apertura al centro vital del Hara, en la expiración, es la condición previa para que el ser humano se haga transparente, pues sólo quien ha conocido la importancia del hara es capaz de practicarlo responsablemente.

respiración meditación

Mediante el continuo ir y venir de su incansable fuelle, la respiración anuncia por sí misma algo que le es sustancial a la meditación: la acción transformadora que nos hace transparentes al Absoluto. Si somos conscientes de su fluir y del incesante movimiento de vaivén producido en las fases de espiración y inspiración, podremos percatarnos de esa disponibilidad o abandono confiado que la naturaleza persigue, y exige, para que pueda emerger el regalo de la permeabilidad al Ser que nos envuelve. Abandonarse a la trascendencia de “abajo”, para remontar a la de “arriba”.

Esto significa que en el proceso respiratorio se dé, en principio, un abandono sin resistencia; un dejarse llevar, hasta el fondo, a las mismas fuentes de la vida, para que, en un segundo momento, podamos permitir que la inspiración nos traiga el don de una nueva forma. El vaivén de la respiración es un proceso de apertura receptiva a la trasformación. La secuencia respiratoria, interiorizada en la meditación, des-vela la constante demanda del Ser, que, instante a instante, segundo a segundo, interpela nuestra conciencia para que ésta se abra hasta hacerse una con él.

Comenzamos respirando para, llegado un momento, poder constatar con toda nitidez que no respiramos, sino que más bien somos respirados en un soplo indescriptible, e impresionante, que no sólo nos roza, sino que barre por completo nuestras dudas sobre la certeza de esa presencia omniabarcante. Así, la respiración, vivida desde la meditación, culmina en sentirnos respirados por el aliento de una presencia que viene de otro lugar. Por eso la respiración consta de una primera etapa: el “descenso” o abandono en la confianza básica del Ser, que supone un morir a lo viejo; y un segundo momento, que es el devenir de una nueva forma abierta a la Unidad con el Ser.

Y, llegado ese momento ya no existe diferencia entre quien respira y la respiración, sino que más bien uno mismo se transforma en respiración. Entonces no existe centro ni periferia, no hay arriba ni abajo; porque la trascendencia, hecha respiración, ha reventado todos los límites posibles.

La razón de ser de nuestro cuerpo no es otra que la de ser testimonio del Ser, que aspira a realizar su forma en el ser humano. Por eso, en la sentada za-zen es preciso ver dos aspectos:

La posibilidad que se presenta de ABRIRME al Ser, que me interpela resonando en mi interior según la forma que me ha sido dada.

Consolidar ese estado de presencia fuera del ámbito del zendo, en la propia vida cotidiana, transparentándolo en la existencia.

 

En consecuencia, el ejercicio de la sentada persigue el surgimiento y afinamiento constante de la forma que le es propia a nuestro cuerpo hecho respiración, para que por medio de él se perciba con certeza la voz del Ser que nos envuelve. No se trata, pues, de un voluntarismo obsesivo, o de una tenacidad egocéntrica impulsada por el afán de logro, sino, llana y sencillamente, se trata de prestar una cuidadosa atención a esa experiencia radical que nos transciende, y que, interpelándonos a cada instante, aspira a expresarse, a tomar cuerpo, echando sus raíces en la vida cotidiana.

La experiencia nos señala que conforme tratamos de elevarnos, igualmente debemos anclarnos en la tierra, porque el camino de la transformación espiritual no es tal sino en la misma medida en que abarca la transformación del propio cuerpo.

 

En resumen:  

Al vaivén acompasado de la respiración, el cuerpo y la mente van soltando, de modo imperceptible, el lastre de sus límites, mientras las iniciales fronteras se ensanchan más y más al ritmo de los latidos del corazón de fuego del Ser que las expande. Hasta quedar derretidas en su luz.

El ejercicio del Za-Zen se inicia en la respiración y, llegado un instante, el Gran Silencio acaba “respirando” al propio meditador, para luego ambos fundirse en el aliento de la Vida. Surge entonces una inusitada Fuerza que puede con la muerte. Y así desaparece el miedo. Y así se tornan ilusorias las fronteras. Y así todo se convierte en Uno, y uno en Todo. Entonces, todo se vuelve transparente en la amorosa danza de la Unidad que nos habita. Y esa vivencia transforma la mente y cuerpo . Y todo lo que es, se presenta muy claro, enormemente claro…..

En el Za-zen no existe objeto, no se persigue nada; ni siquiera la iluminación, porque el propio Zazen es la iluminación.

 

Fuente:

Fragmento del libro: LA RADICALIDAD DEL ZEN (En 24 teishôs)

Aspectos básicos del Za Zen: La postura correcta

TEISHÔ 1

En las diversas tradiciones Zen, se da una capital importancia al hecho de sentarse en una forma prescrita. Es importante saber que la postura indicada para la “sentada” posee una raigambre milenaria, siendo por tanto un uso cuya saludable repercusión física, mental y espiritual ha sido sobradamente contrastada a lo largo de los siglos, teniendo sus raíces en las enseñanzas transmitidas a lo largo de muchas generaciones. Esta observación, sin embargo, no es determinante para que, de modo mimético, debamos seguir esas prescripciones sin previamente afirmar lo que sigue: el viento del Ser sopla donde quiere, es ”salvaje”; el Ser Esencial, se expresa libremente en cada persona, sin verse por tanto obligado a manifestarse siguiendo pautas, rituales o posturas determinadas, por muy legítimas que ellas sean. Así, lo que queremos decir es que las prescripciones posturales que a continuación siguen, quieren ser solamente lo que son: una pauta, que cada persona, dentro de su libertad, juzgará como lo que es: una sabia referencia que en virtud de las características personales, se tendrá que adaptar a cada caso.

 

meditacion za zen

 

Aspectos básicos

Comenzaremos diciendo que es fundamental que la columna vertebral permanezca erguida y alineada en su propia verticalidad. La cabeza deberá recogerse hacia atrás, como quien repliega la barbilla, igual que si un hilo tirara desde la nuca hacia arriba, haciéndolo de tal forma que la punta de la nariz y el ombligo formen una línea perpendicular, mientras las orejas se sitúan en línea también perpendicular con respecto a los hombro. También suele emplearse la imagen de una persona que está dentro un ascensor repleto de gente, y cuya cabeza, para evitar colisionar con la de una mujer de ampuloso peinado, debe replegarse sobre sí misma, encogiendo la barbilla hacia su propio pecho.

Al sentarse, será importante que las nalgas se sitúen en la mitad delantera del cojín, cuyo efecto es el del adelantamiento de la pelvis, para que de ese modo el Hara quede liberado y las piernas, inclinarse en ángulo obtuso con la columna, faciliten esa liberación.

Adoptada ya la postura correcta, el Hara, centro vital del ser humano, será el punto donde converja el conjunto de las fuerzas corporales, allí a tres o cuatro centímetros bajo el ombligo, en la profundidad del vientre.

Si bien en un primer momento esta postura puede percibirse como incómoda, tal percepción está relacionada con nuestros hábitos y condicionantes occidentales, pues lo cierto es que el modo de sentarse del Za-Zen, posando las nalgas sobre los talones, siempre ha sido considerado como una postura natural por todos los practicantes, independientemente de su procedencia.

La postura de Za-Zen llamada postura loto, consiste en cruzar las piernas, colocando el pie izquierdo sobre el muslo derecho y el pie derecho sobre el muslo izquierdo. Las rodillas, inclinadas hacia abajo por el efecto de sentarse sobre el cojín, se apoyarán firmemente sobre el suelo. Nalgas y rodillas configurarán triángulo de apoyo en el que el centro principal de gravedad donde se asienta todo el cuerpo es el Hara.

En caso de que la postura loto resultara especialmente incómoda, es aconsejable no forzar el allí a tres o cuatro centímetros bajo el ombligo cuerpo y adoptar la postura llamada de medio loto, que consiste en que el pie izquierdo repose sobre el muslo derecho, mientras que este se sitúa bajo la pierna izquierda. También se contempla la tercera alternativa, la llamada postura birmana adecuados, los principios masculino y femenino, el samsara y el nirvana, el talante de la no dualidad, en la que el pie izquierdo repose junto a la pierna derecha, pudiéndose dar la colocación inversa, es decir: el pie derecho junto a la pierna izquierda. Sogyal Rimpoché, aclara que las piernas cruzadas expresan la unidad de la vida y la muerte, el bien y el mal, la sabiduría y los medios

Finalmente, la postura meditativa incluye otras dos posibilidades más. La utilización del banquito de meditación y la de una silla. En cuanto a la segunda, cabe señalar que es fundamental mantener la espalda recta y alejada del respaldo de tal forma que las piernas, relajadas, se orienten mediante una inclinación hacia abajo, de tal modo que las nalgas queden más elevadas que las rodillas. Lo cierto es que en Oriente se suele representar al futuro Buda, Maitreia, plácidamente sentado en una silla. Sea lo que fuere, conviene recordar que el Ser es salvaje, no conoce de culturas, es independiente de toda religión, y, se manifiesta en cualquier postura, sea en la postura del cojín, en la del banco, en la de la silla, en los movimientos eróticos, Y, si hiciera falta, hasta en el mismísimo W.C., que todo lugar es potencialmente sagrado, y en todo lugar puede asentarse el templo de Buda. Pero el Za-Zen es nuestra referencia.

En cuanto a las manos, la mano izquierda se colocará sobre la mano derecha, y, ambas de ese modo superpuestas, se posicionarán junto al vientre, hacia arriba. Los dedos pulgares, uno frente a otro deberán tocarse mutuamente, de tal modo que ambos formen una articulación horizontal, es decir, configurarán una posición que ni forme un valle (hacia abajo), ni una montaña (hacia lo alto). Un indicador de los extremos de tensión o laxitud corporal y anímica en que se halla el meditante es de qué manera, si apretados o laxos, se halla precisamente la posición de los pulgares entre sí.

Para que todo ello fluya del modo indicado, la mirada, con los párpados entreabiertos, se situará fijándola sobre un punto exterior situado al frente, alrededor de 90 centímetros desde las nalgas. Ello evita distracciones y fomenta la concentración, aunque es preciso añadir que la atención surgirá sin perder de vista la vivencia interior, la sensación de ser.

Es sumamente importante insisir que estos criterios tienen un carácter indicativo, y es preciso recibirlos como referencias orientadoras, sin más, y muy lejos de cualquier tipo de rigideces normativas, como las provenientes casi siempre de ámbitos religiosos sean occidentales u orientales. El Zen no es una religión. El Zen es un Camino. El Zen esencialmente es liberación, y por tanto nada, absolutamente nada, tiene que ver la tensión, y menos la obsesión. La meditación, tiene menos que ver con la ascética y con la moral que con la libertad, patrimonio de los seres despiertos.

 

meditación za zen

 

El flujo de la respiracón

El ser humano adopta una postura erguida, por tanto su tronco camina en vertical. Ello influye en su expresión, en su conducta.

El punto más importante, donde reside la mayor fuerza, y, al mismo tiempo, la zona más sensible de cara a mantener la postura justa es el Hara, llamado también tandem, o koshi, un punto situado justamente en la parte inferior del tronco, a unos pocos centímetros bajo el ombligo, en la profundidad del vientre. Debe ser objeto de nuestra atención que esa zona se convierta en lo que es, en la base firme sobre la que debe descansar la parte superior del cuerpo, y ello de tal modo, que si resultara que la parte superior fuera más pesada y la inferior ligera, se podría simbólicamente entender que la vida se hallaría oprimida por algo objetivo, y las instancias superiores arrastradas por las inferiores. Mientras que si la parte inferior se muestra sólida, y la superior ligera, ello representaría un estado en el que la vida del cuerpo trasluce el carácter de sujeto que abarca aquello que es objetivo. Pero, insistimos, esta observación no deja de ser una apreciación simbólica.

La postura correcta del cuerpo humano se alcanza insuflando en el abdomen (Hara) la fuerza (genki) de todo el cuerpo, lo que implica el tensar de algún modo los músculos abdominales. Si esta operación se lleva a cabo correctamente, en la profundidad del vientre aparecerá un punto de concentración como núcleo de tensión (kikai tandem). La habilidad de ejercitarse en el hara liberando todas las fuerzas dispersas a lo largo y a lo ancho del cuerpo, para seguidamente concentrarlas todas en el bajo vientre, es un arte que has estado y está presente en la inmensa mayoría de las artes orientales. El hecho de que el Hara sea fuente de vigorosa energía, se halla unido a la forma natural de espirar el aire. Cuando aspiramos, surge la fuerza del vientre, manteniendo intacta su postura. Es entonces cuando el aire aspirado penetra sin obstáculos llenando la parte superior del vientre, siendo al final de la respiración cuando el Hara se plenificará espontáneamente de energía para, seguidamente, poder espirar el aire de modo fluido y natural, sin que en momento alguno debamos contener el proceso respiratorio.

Una vez equilibrado y armonizado el cuerpo en el vaivén del proceso respiratorio, la zona del estómago aparecerá cóncava en el momento de la espiración, mientras que el abdomen, sin forzarlo, sobresaldrá levemente. El abdomen, aparentemente inalterado desde afuera, se percibirá desde adentro como algo endurecido; una sensación que, aunque levemente, subraya el tránsito entre la vacuidad y la plenitud.

En ese proceso de vaivén respiratorio, la aspiración se lleva a cabo en menos tiempo que la espiración, lo que ayuda al progresivo fortalecimiento del Hara. Esa espiración, sin embargo, no supone una economía de aire con respecto a la aspiración, sino que adquiere una solidez más voluminosa en la medida en que se acerca a su final. En este sentido Sato Tsuji emplea la imagen de la forma de porra, (Dürckheim, más suave, habla de forma de pera) queriendo enfatizar ese final en el que con la barbilla algo sacada, se abre ampliamente la base del Hara (Hara- no- soku)y espira el aire con fuerza y completamente. Esa espiración tiene que ser más gruesa cuanto más se acerque a su final, como si tuviese la forma de una porra. Si no se tiene fuerza en la base del Hara, la espiración será como un leve suspiro, pero si espiramos el aire desde la base del abdomen, lo haremos con fuerza y como un torrente. 

La llamada postura correcta es la que permite al cuerpo colocarse en la verticalidad idónea mediante la que se facilita la transparencia del Ser, ajena al lastre del ego y sus ilusiones dualistas, que es el causante de que la fuerza se contraiga en diferentes puntos. Es así como puede emerger la vacuidad del yo.

En la postura correcta, queremos insistir en ello, el centro de gravedad se sitúa en el Hara, que se torna duro y firme, siendo allí donde, de modo fluido y natural, se congrega la fuerza abdominal. Semejante fuerza, deja asimismo fluir la tensión justa donde se trasluce la plenitud de toda la energía corporal, que resalta sobre todo en el momento de la espiración. Cabe añadir que la postura en la que es el pecho el que se tensa, provoca el alzamiento muscular con la consiguiente debilitación del abdomen, desplazándose el centro de gravedad a la zona superior, lo que provoca un des-equilibrio.

La importancia de los hombros es esencial a la hora de que surja la postura correcta. Dürckheim señala que es preciso soltarse en los hombros para alcanzar esa postura y alcanzar la verdadera forma. Soltarse en los hombros para así apoyarse en el centro vital, transparentando de ese modo el auténtico vacío del cielo (parte superior), y la plenitud de la tierra (parte central inferior).

En el Za-Zen, tenemos la ocasión de evidenciar la postura “justa” del ser humano, la verdadera forma que nos es propia, nuestra imagen primordial, nuestro arquetipo esencial, que nos pone en contacto con la Unidad. El trabajo sobre nuestra forma postural no es otro que el ser transparente a nuestro Ser esencial; transmitirlo y proyectarlo es la única tarea, que puede dar sentido a nuestra estancia en la tierra. Allá, en el fondo de nuestro núcleo más íntimo; desprovista tu alma, como si de una cebolla se tratara, de las conchas que la cubren; allá en el fondo, donde la desnudez del yo, convertida en el más sólido de los vacíos, evidencia una esencia que clama por despertar, por expresarse, y hasta por chillar. Allá en el fondo. Allá, desprovisto y desnudo, allá está ESO, en forma de clamor. Sólo quien habla desde el fondo puede calar en el Tú; sólo quien, libre de ficciones literarias, habla o escribe desde su núcleo, puede alcanzar el núcleo del otro. Porque sólo la transparencia suscita transparencia. Sólo la mirada limpia engendra otra mirada limpia.

La verdadera forma es una arte. La forma que se es en el cuerpo que se es. En el Za-Zen, devenimos artistas de la vida. Porque el mismo Za-Zen es un arte. A él me refería yo en un cuarteto:

Quizá el arte consista en la destreza
del que forja su vida en el Vacío
y encara con la Nada el desafío
de esculpir en el Ser su fortaleza…

Fuentes:

Fragmento del libro: LA RADICALIDAD DEL ZEN (En 24 teishôs)