Rupturas con elegancia: si te vas a ir cierra la puerta, por favor

Las rupturas son un acto de responsabilidad que pretenden ser el remedio o la salida a un estado de tensión, desequilibrio o estancamiento de lo que fluía y ya no fluye. Por desgracia, muchas veces olvidamos la parte que se refiere a «responsabilidad» y sólo nos quedamos en el acto, en el «quitárnoslo de encima».

Llegamos, tocamos y nos vamos. Como si del crimen perfecto se tratase: «no dejamos ni huella».

La ruptura de cualquier tipo de relación ( amistad, laboral, pareja, etc.) se expresa finalmente mediante una acción física, pero es un proceso tanto intrapsíquico como interrelacional que va desde:  un malestar e inquietud individual y/o de la relación, pasando por la necesidad de cambio, el desacople de la relación, la crisis manifiesta y no resuelta, la quiebra, el post síndrome de abstinencia y la transformación vínculo.

Sin embargo, será la madurez emocional de los miembros implicados, la capacidad de autocrítica, el apego desarrollado y lo integrado de anteriores duelos, lo que se reflejará en cómo nos posicionemos y vivamos la ruptura.

A otra cosa mariposa

Decidir de forma responsable y madura alejarte de una relación en la que antes estabas de manera más o menos presente, no es baladí, es una decisión cuanto menos incómoda y cuanto más dolorosa, que demuestra un compromiso y un respeto con uno mismo y con la persona con la que estábamos relacionándonos. Por ello dedicarle un tiempo a darle el valor que merece minimizará los efectos en ambos.

«No le dije nada. Simplemente desaparecí poco a poco. Yo creo que tuvo que darse cuenta, porque antes nos escribíamos prácticamente a diario y de repente dejé de contestar… pero sólo hemos estado 5 meses juntos  y no teníamos nada, yo lo dejé bien claro desde el inicio».

Una cosa es no tener una etiqueta que «certifique» que se es pareja y no forzar las cosas y otra esconder nuestra incapacidad de afrontar maduramente una decisión legítima como la de cortar lo que había, con una racionalización defensiva del tipo «no éramos nada»

El trabajo con las gestalts inconclusas son uno de los motivos por los que más se acercan a mi consulta en los últimos años. Es en el propio espacio de la terapia donde acompañamos al paciente a concluir e integrar esos vínculos que bien no cerraron o bien lo hicieron de una manera traumática por el hecho de no haber sido conscientes de la importancia que tenía a nivel intrapsíquico e interpersonal. Muchas veces estas rupturas conectan con los episodios de despedidas no resueltas en la propia infancia, reforzando aún más los bloqueos y aumentando los mecanismos de defensa.

Quizá para una de las partes pueda ser más doloroso que para la otra, pero ambos han estado danzando en esa unión durante ese tiempo. Recordemos que si uno no es capaz de asumir sus propias motivaciones y sentimientos reales con honestidad, y en su lugar tiene miedo de expresarse por salir herido o dejar herido al otro, no encontrará un espacio donde poder sanar las heridas relacionadas con el apego y el rechazo. Las dos heridas, según la filosofía zen, más relacionadas con el sufrimiento.

 

Algo similar pasa en esas díadas de amistad simbióticas y que de la noche a la manaña, una de las dos partes hace un «abracadabra» y desaparece como el humo, sin poder asumir la otra parte que esa etapa -por el motivo que sea- ya no continua igual, está caduca y que es mejor tomar distancia y evolucionar por separado.

Actualmente, tal y como acertadamente exponía el sociólogo Zygmunt Bauman  en «El amor en tiempos líquidos» las relaciones entre las personas se hacen y deshacen con una facilidad que a veces resulta abrumadora. Los lazos afectivos parecen haber adquirido un cierto carácter industrial. Las relaciones se valoran por su utilidad (¿me encajas? ¿me sirves? ¿me convienes? ¿me complementas?) y se desechan cuando no son rentables.

Recuerdo mientras escribo el bello paisaje de El Principito que enmarca un poco la reflexión que trato de trasladar a este escrito:

Principito: – ¿Qué significa «domesticar» ?

Zorro – Es algo demasiado olvidado – dijo el zorro. – Significa «crear lazos…»

Principito: – ¿Crear lazos?

Zorro: – Claro. Todavía no eres para mí más que un niño parecido a otros cien mil niños. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo. Yo seré para ti único en el mundo…

Principito: – Comienzo a entender . Hay una flor… creo que me ha domesticado…

/…/

Zorro: – Es el tiempo que has perdido en tu rosa lo que hace a tu rosa tan importante. Los hombres han olvidado esta verdad. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa…

Principito: – Soy responsable de mi rosa… – repitió el principito a fin de recordarlo.

 

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¿Significa esto entonces que tengo que estar «atado» al otro por el simple hecho de que compartimos un lazo en su momento? Aunque técnicamente así sería por la Ley del entrelazamiento cuántico, a nivel práctico y saludable: absolutamente no.

Sólo se trata de ser responsable con lo que ambos construyeron y ritualizar en la medida de lo posible el cierre del mismo. Ya haya sido una relación de pareja, de amantes, de amistad (o incluso laboral).

 

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Si el tipo de relación lo merece y ha habido respeto y madurez aún siendo poco el tiempo el transcurrido juntos, el darle al uno la oportunidad de escuchar las motivaciones, las reflexiones y los sentimientos que están debajo de la decisión y a su vez oír del otro lo que siente respecto a esa determinación, -con la que puede estar de acuerdo o no- es darle un sentido a lo (mucho o poco) que significó ese tiempo y espacio interno compartido.

Emancipación emocional y diferenciación del self en las rupturas:

En este marco también parece importante tener en cuenta el concepto acuñado por Bowen en su estudio sobre los sistemas familaires, cuando hace referencia a la diferenciación del self. Ya vimos en este otro artículo»  Pareja equilibrada: juntos pero no revueltos cómo estar sanamente diferenciado supone encontrar el equilibrio entre las dos fuerzas vitales básicas: la individualidad y la conexión con otros. Esto implica poder estar emocionalmente próximo a los demás sin que ello suponga fusiones o pérdidas de identidad.

Bowen señala en este sentido, que a nivel intrapsíquico diferenciarse consiste en :

«tener la capacidad de tomar conciencia y distinguir los pensamientos de las emociones, viviendo éstas con la intensidad que conlleven y pensando a su vez con claridad antes de actuar.»

Así, una persona con alta diferenciación del self asume la responsabilidad de sí misma y de sus acciones, al mismo tiempo que es capaz de escuchar y apreciar los puntos de vista del otro sin que ello conlleve reactividad o sumisión. Es capaz de sostener sus propias emociones y pensamientos sin echarlos fuera, reprimirlos o negarlos.

Por el contrario, un nivel bajo diferenciación del self implicaría perder la capacidad de pensar con claridad, actuando o bien de forma reactiva movido por la intensidad emocional y la ansiedad culpando al otro o así mismo; y o bien adoptando una actitud excesivamente racionalizadora, distante y fría. Evitando el contacto y la comprensión tanto de las emociones propias como ajenas.

Veamos un ejemplo de los efectos de una ruptura de los miembros con un nivel bajo de diferenciación del self en la letra de esta canción de Gotye (el vídeo contiene la letra completa en español).

«pero no tenías que cortar todos los lazos conmigo, hacer como que nunca ha pasado y que no fuimos nada. Y ni siquiera necesito tu amor, pero me tratas como a un extraño, y eso resulta tan duro. Supongo que ya no lo necesito, sólo eres alguien a quien yo solía conocer»

En este caso la ruptura se produce a través de una emancipación física pero sin diferenciación real, puesto que él en este caso, se queda enganchado y fusionado en la historia, desbordado por el recuerdo emocional de la relación romántica. Y ella por el contrario, desconecta de todo contacto personal significativo, optando por el cut-off emocional, que en palabras de Bowen se manifiesta en:

«una negación abrupta del apego, un pseudo-control de las emociones y un fingimiento de elevada autonomía. «

Por doloroso que pueda ser, tener una conversación para terminar una relación de manera madura puede enseñarnos mucho acerca de uno mismo y sentar las bases para las siguientes relaciones.

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Cerrando el círculo: aprendizaje de la impermanencia en las rupturas.

Si la ruptura es un acto de responsabilidad para con el otro, también lo es para con uno mismo.  La necesidad de cuestionar el vínculo y aceptar la reorganización de la imagen de uno mismo de un modo autocrítico y positivo es importante para evolucionar y cerrar sin fisuras.

Cuando la reconciliación no es posible y la decisión es inamovible, una ruptura asumida con responsabilidad puede ayudarnos a:

  • Aceptar los sentimientos de culpa, vergüenza, decepción, tristeza, abstinencia, liberación o miedo como parte de la honestidad que necesitamos para transitar  la siguiente etapa de nuestra vida.
  • Abrazar con humilidad y gratitud aquello que hemos aprendido a través del espejo del otro ya que las relaciones nos muestran más de nosotros mismos que del otro. Sobre todo, las repeticiones nos están señalando algún punto ciego, una asignatura de vida que no hemos aprobado (como en el colegio) y por ello la volvemos a repetir.En palabras de Carl Gustav Jung: “Lo que no es reconocido se convierte en destino”.
  • Soltar sin temor lo que no nos pertenece más para estar abiertos a recibir  lo que tenga que llegar que de seguro, volverá a enseñarnos a amar-nos más y mejor.

 

Referencias bibliográficas:

Bowen, M. De la familia al individuo. La diferenciación del sí mismo en el sistema familiar. Barcelona. Paidós

Zygmunt, B. Amor líquido: acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. S.L. Fondos de cultura económica de España.

Fuentes:

Antoine de Saint-Exuperi El Principito, Salamandara Publicaciones y ediciones Salamandra.

Moreno, A. Manual de terapia sistémica. Principios y herramientas de intervención. Bilbao. Desclee de Brouwer

 

 

 

¿Somos todos responsables de la crianza de un niño?

Que son las Competencias Parentales.

 

Como en artículos anteriores, el centro de las líneas que van a leer a continuación son: los niños y jóvenes. Y ¿porque se intenta enfatizar en la infancia?, ya que está demostrado que niños felices y protegidos se convertirán en adultos, que protegerán a otros y que por consecuencia, aportaran de manera positiva en su comunidad.

 

El término competencias parentales es un término relativamente moderno, se desarrolla en el ámbito de la crianza y sobre todo se resalta la capacidad que tiene ambas figuras parentales (padre y madre) como figuras que impactan directamente en el crecimiento del niño, y por resultado enfatiza la responsabilidad que tienen éstos en el desarrollo saludable del niño. Y este término no solo se enfoca en los padres, debido a los cambios observados en los estilos de familia, este término se extiende a toda aquella persona que participa activamente en la crianza de un niño. En caso de que existiese la incapacidad física o psicológica de un padre o madre para ejercer plenamente su parentalidad, aparecen actores claves que pueden reemplazarles, como los abuelos, padrinos, tíos, entre otros. Estas figuras también pueden fungir como protectores y como responsables de los cuidados y de la crianza de este niño, niña o joven.

 

Entonces, ¿Qué son las competencias parentales?

 

Es un concepto que se basa en el buen trato en la crianza, por lo que su foco fundamental son los vínculos que se establecen entre madre – hijo, padre – hijo, cuidador – hijo. Es decir es un término que se concentra en las relaciones vinculares.

 

Barudy (2005, 2010), hace mención a dos maneras de parentalidad:

 

  • La parentalidad biológica, directamente relacionada a la capacidad biológica de poder ser madre o padre, la procreación o la capacidad de dar vida.
  • La parentalidad social, (y en donde centra la mayoría de sus investigaciones) relacionada directamente con la capacidad de proteger, educar y socializar a los niños.

 

Por lo cual las competencias parentales, son aquellas habilidades de responsabilidad y compromiso, orientadas al cuidado, a la protección y a la orientación para responder de manera oportuna a las necesidades de los niños, niñas y jóvenes, según la etapa de desarrollo y contextos socioculturales.

 

Barudy, hace mención especial a que las competencias parentales, y el ejercicio de las mismas están relacionadas directamente a las historias propias de vida de cada padre o madre, quienes adquieren estilos de crianza y establecen relaciones vinculares según ellos mismos lo haya vivido durante su infancia. Es decir así como ellos vieron como les protegían (o no), como les Educaban (o no), y como les socializaban (o no) sus padres, ellos tomaran esos recursos para poder ejercer su propia parentalidad.  Por lo cual las competencias parentales están directamente relacionadas a la parentalidad social, razón por la cual el término se amplía a la persona que se determina como cuidadora principal los niños, niñas o jovenes (madres, padres, abuelos (as), tíos (as), padrinos (madrinas), entre otros). (Barudy y Dantagnan, 2006)

 

Barudy, quien se desarrolló como profesional de programas de la red de protección a la infancia, desarrolló un manual de evaluación de competencias parentales, a través de las experiencias de daño emocional y psicológico, sufrido por niños, niñas y jóvenes que había sido víctimas de malos tratos y negligencias graves durante su desarrollo.  Por lo que enfatizaba en que la detección y la protección de los niños, niñas y jóvenes maltratados de manera oportuna,  el apoyo terapéutico para la reparación de sus carencias y lesiones emocionales es una forma efectiva de prevenir lo que se conoce como la transmisión transgeneracional de los malos tratos (Barudy J. 1998). Este investigador y profesional observó a lo largo de su práctica clínica que las historias de vida de los padres estaban directamente relacionadas a la manera como estos ejercían su parentalidad. De allí, se puede hablar sobre la repetición de patrones transgeneracionales. Para profundizar en esto recomiendo leer el artículo Conectando con nuestras herencias familiares (transgeneracionalidad)

 

Evaluación de las competencias parentales

 

 

Aunque suene raro, y desconocido para muchos de nuestros lectores, existe un manual que nos permite evaluar las competencias parentales en una persona que ejerce el rol de cuidador en un niño. Generalmente se realiza en ámbitos más legales y posterior a una denuncia o la participación de un programa de intervención familiar, es decir, posterior al daño ocasionado a un niño, niña o joven.

 

En nuestra práctica clínica, lamentablemente vemos como día a día, muchos niños y jóvenes crecen en ambientes y contextos negligentes, abandonantes y mal tratante. En este sentido, al evaluarse el daño emocional y psicólogo que esto produce va directamente relacionado a evaluar a aquellos adultos que son los responsables por su bienestar. Por lo cual Los Psicólogos, Psiquiatras, Asistentes o Trabajadores Sociales, y aquellos trabajadores de programas sociales nos vemos en la dura tarea de detener las vulneraciones sufridas a estos niños, alejando toda fuente de dolor y daño y promoviendo adultos más sanos y responsables.

 

La base principal de la crianza es el apego que se desarrolla entre el niño y sus padres o cuidadores. Sin embargo cuando estos padres han tenido una historia de trastornos en el apego con sus figuras principales de apego los cuales fueron sus padres o cuidadores en la infancia esto producirá dificultades en el ejercicio de su parentalidad. Aunque no es algo determinante, sino, y como refieren los autores, estas lesiones afectivas pueden ser reparadas a través de vinculaciones de apego adulto, principalmente a través de relaciones reparadoras en su vida adulta, para esto es muy provechoso la psicoterapia, para sanar esas heridas infantiles y promover un nuevo paradigma en el ejercicio de su parentalidad. Es decir, de potenciar al máximo la Resiliencia propia de este ser humano, que vivió una historia de dolor y de desprotección emocional.

 

 

Las competencias parentales tanto para el padre, para la madre o para el cuidador designado, son habilidades dirigidas principalmente “al buen trato”, es decir, es la capacidad que tiene la persona que cuida y que está encargado de la protección de un niño, de soltar, quizás sus historias infantiles de mal trato de desprotección, para poder establecerse en un nuevo paradigma, el del “buen trato, de la crianza basada en el respeto”. Esto no solo tendrá un impacto en el niño (a), sino también en su cuidador. Un niño feliz y protegido, será un adulto que hará feliz y protegerá, por lo cual tiene un impacto no solo en la persona sino en la comunidad en la que se desenvuelve.

 

Es importante que el padre, madre, o la persona encargada del cuidado del niño tenga en cuenta distintas funciones en el ejercicio de la crianza, Barudy y Dantagnan, 2010:

 

  • Necesidades nutritivas, de afecto, de cuidados y de estimulación: esta característica se basa principalmente en facilitar un espacio SEGURO de crecimiento para el niños, en donde no solo las necesidades básicas se cubran, como son la alimentación y el abrigo, sino donde se estimule y se promueva una exploración del mundo a través del acompañamiento respetuoso u estable, lo cual permita hacer desarrollar al niño un apego seguro.

 

  • Necesidades socializadoras: el desarrollo de la identidad del niño se basa en los modelos ofrecidos por sus padres o cuidadores, la manera como estos gestionan sus emociones, como éstos se relacionan con personas externas al grupo familiar, como se desarrollan las jerarquías dentro del grupo familiar, el sistema de normas y valores, son los recursos que el niño irá asimilando para un futuro ejercicio de su sociabilidad.

 

  • Necesidades de protección: Basados en el respeto, es la capacidad del padre de poder establecerse como una figura que evite las lesiones y los daños tanto emocionales y psicológicos que puedan ser causados por experiencias traumatizantes.  Igualmente enfocados en la capacidad de desarrollar en los niños, niñas y jóvenes según su edad y etapa normativa la capacidad de protegerse a sí mismo en caso de no encontrarse con sus padres, desarrollar capacidad e toma de decisiones, de gestión de emociones y de enfrentar situaciones adversas.

 

  • Desarrollo o potenciación de la Resiliencia: Es decir, que el niño desarrollo habilidades y potencie sus recursos personales, que en caso de sufrir alguna experiencia traumática o lesionadora, esta no detenga su desarrollo. Que el niño desarrolle recursos que le permitan salir fortalecido de las adversidades.

 

De ésta manera que,  según Barudy y Dantagnan (2010) , las competencias Parentales puede ser evaluadas en dos componentes fundamentales:

 

  • Las capacidades parentales: relacionado a los recursos emotivos, cognitivos y conductuales que los padres o cuidadores disponen y que les facilita vincularse de manera adecuada y oportuna con sus hijos. Es decir que respondan efectivamente a las necesidades de los niños, niñas y jóvenes a fin de crear un vínculo fuerte entre ellos que permita el desarrollo de un apego seguro. Igualmente que les permita desarrollar Empatía, es decir, que los padres o las personas encargadas del desarrollo sano del niño puedan identificarse y entender o sintonizar con las emociones y necesidades del niño, niña o joven.

 

  • Las habilidades parentales: son aquellos recursos relacionados a la función socializadora y educadora, donde el principal componente es el estilo de crianza que utilice este padre, generalmente tomado de modelos familiares heredados. En consecuencia, su estilo para ejercer la norma y la verticalidad en la crianza, está igualmente relacionado al vínculo, más sin embargo aquí entra en juego los modelos sociales y familiares de crianza, y la capacidad de participación en redes sociales y externas a lo que se refiere al grupo familiar, como estos se relacionan y participan en su comunidad y como aprovechan los recursos de la misma.

 

La clave: Un niño que haya recibido una crianza  Bien Tratante será un Adulto Sano

 

 

Quienes trabajamos en programas de intervención familiar, nos damos cuenta que la intervención oportuna y la reparación de aquellas lesiones emocionales y psicológicas, permitirá a este niño, niña o joven volver a confiar en el mundo adulto, y por consecuencia, ayudarle a romper con ciclos familiares, que le permitan un futuro  con mejor pronóstico.

 

Siempre hay que asegurar que se puede potenciar a estos padres que han sido disminuidos en sus competencias parentales. Aquellos padres con historias de malos tratos y negligencias en su infancia, tengan la oportunidad de sanar esas heridas que se ven reflejados en sus patrones de crianza, a través de un proceso terapéutico que le permita re vincularse de manera más sana con su hijo, reparando así el daño causado por la repetición de las heridas familiares.

 

Sin embargo en algunos casos, estos padres ya cuentan con una condición incapacitante, ya sea de tipo psicológico o físico, y es aquí donde la red familiar es de suma importancia. Aparecen entonces, aquellos abuelos, tíos, o familiares resilientes, que son capaces de asumir el rol de la parentalidad social y ejercer la función de crianza de mejor manera, de manera que se garantice el desarrollo sano e integral de este niño, niñas o joven.

 

En algunas ocasiones más graves, donde el niño, niña o joven no cuenta con redes familiares sanas y protectoras, y el riegos social es muy alto, donde las vulneraciones y negligencias no pueden detenerse, entra en acción la activación de redes  de protección a fin de salvaguardar a este niño, niña o joven, a través de procesos de adopción o en consecuencia la institucionalización de este niño, niña o joven. De manera de detener inmediatamente la vulneración y garantizar así la protección del niño, niña o joven.

 

Somos todos responsables de una infancia saludable

 

 

 

No solo los padres son los responsables, la familia, la comunidad y cada uno de los ciudadanos somos responsables de fomentar una infancia saludable y protegida.

 

Si en alguna ocasión somos testigos de alguna vulneración grave de Derechos, nuestro deber como ciudadanos es: DENUNCIAR, así sea de manera anónima. Y mucho más cuando se trata de niños, niñas o jóvenes. Si eres testigo de malos tratos, negligencias, abusos, abandonos, trabajo infantil, entre otros, DENUNCIA! El no hacerlo te convierte en cómplice!

 

Todos los países que Firmaron la Declaración en la Convección de los Derechos del Niño, son responsables de brindar una sociedad basada en el Interés Superior del Niño, y debe desarrollar una serie de estrategias que garanticen el desarrollo sano de los niños, niñas y jóvenes. Desde todos los ámbitos. Somos nosotros, los ciudadanos, los responsables de obligar a los Estados a cumplir sus funciones, así que somos actores activos.

 

Existe un sistema de protección que tiene recursos y herramientas para detener alguna vulneración y promover una infancia protegida: Úsalos. La denuncia facilitará la activación de estas redes. Estos programas de protección subsidiados por el Estado tienen la obligación de garantizar la protección de ese niño, niña y joven el cual esta siendo objeto de abuso o de vulneración. Los profesionales de estos programas deben hacer un rápido diagnóstico a fin de establecer su intervención para restituir los Derechos, y así promover una vida familiar mas saludable. Ten la firme creencia que la no detención de las vulneraciones o abusos en la infancia generaran huellas irreparables en estos niñas, niños o jóvenes, produciendo así una edad adulta llena de dolor y de enfermedades psicosociales, en la mayoría de los casos.

 

Todos somos responsables de aportar a nuestra comunidad relaciones basadas en el respeto, en el buen trato hacia el otro, de manera que promovamos una convivencia pacífica, promoviendo así la cultura de la paz.

 

 

http://https://www.youtube.com/watch?v=YQa-4R_q9jk

 

También recomiendo leer los siguiente artículos: 

 

Padre – Hijos – Abuelos: el trío La La La:

http://psiquentelequia.com/padres-hijos-abuelos/

 

Es la hora de Papá:

Es la hora de Papá

 

 

Bibliografía recomendada para la profundización del tema:

 

  • Barudy, J.; Dantagnana, M. (2005), Los buenos tratos a la infancia. Parentalidad, apego y resilencia. Gedisa. Barcelona.
  • Barudy, J.; Dantagnana, M. (2010), Los desafíos invisibles de ser madre o padre. Manual de evaluación de las competencias y la resiliencia parental. Gedisa. Barcelona.
  • «LOS BUENOS TRATOS Y LA RESILIENCIA INFANTIL EN LA PREVENCIÓN DE LOS TRASTORNOS DEL COMPORTAMIENTO”http://infanciacapital.montevideo.gub.uy/materiales/BARUDY_Competencias_parentales.pdf

 

Aprendiendo a ser padres: La autonomía y la responsabilidad

Este es el primero de una serie de artículos para orientar a padres, hermanos, educadores y cualquiera interesado en el conocimiento acerca de los distintos ámbitos que ocupan la vida de los jóvenes y adolescentes. Pero si tuviera que definir un “Target” (Un objetivo) diría que se trata de una serie de artículos para orientar a los padres en el complejo mundo que es su hijo.

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¿Qué es importante saber sobre la autonomía y la responsabilidad?

Primero, definamos: Autónomo es aquel que no depende de otros para cumplir una función; Y responsable es aquél que es consciente de sus obligaciones. El papel de los padres en el desarrollo de la autonomía y responsabilidad en el hijo es innegable, ya que son el modelo a seguir, correctores y guías (Sobre todo en las primeras fases del desarrollo). Como la edad a la que los niños adquieres autonomía es flexible y sus márgenes son amplios, no todos los niños aprenden a leer, o a controlar sus esfínteres a la misma edad. Es importante tener en mente que cada niño tiene unas características propias que le diferencian de los demás.

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Grados de responsabilidad:

  • De 0 a 2 años: Grado muy bajo de autonomía y depende de vosotros. A partir del tercer mes comienza a mostrar conductas intencionales (reconoce, mira). Al cuarto o quinto mes, manipula objetos activamente. Al final del primer año de vida empieza a andar, por lo que puede ir ampliando su mundo y empieza a comunicarse señalando de forma activa e incluso pronunciando sus primeras palabras.
  • De 2 a 7 años: La adquisición más importante es el lenguaje, que le permite relacionarse con sus iguales. Juega con otros niños y hace “ensayos” de la vida real que le sirven de entrenamiento. A partir de los tres años asume costumbre básicas (comida, higiene, el sueño, control de esfínteres, ect.) Por eso, es muy importante que vosotros le demandéis cierta disciplina. El control de esfínteres se afianza, aunque de noche puede haber dificultades, para los 5 años debe tenerlo prácticamente logrado. Es aconsejable tener una rutina par air a dormir para que lo haga él solo y cuando se le indique. Con los juegos, reclama cada vez menos vuestra atención. También podeis pedirle que coopere en las tareas de casa: Poner la mesa, ordenar la ropa y/o su cuarto.
  • De 7 a 12 años: Los amigos empiezan a ganar más peso para el niño. Aumenta su capacidad de cooperación. Atiende a los razonamientos del otro, por lo que es la etapa en la que se fija el respeto mutuo. Comienzan los juegos de reglas, donde “ensaya” nociones básicas para la vida, siendo capaz de reflexionar antes de actuar.
  • Adolescencia: La entrada en la adolescencia supone un momento de grande cambiso y de malestar para el niño y para vosotros. Surgen la necesidad de identidad y búsqueda de independencia. El adolescente pone a prueba los modelos conocidos y las figuras de autoridad para ver si aguantan. Consolida su esquema de valores y se afianza en su grupo de iguales.

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Modelos educativos «Inadecuados»:

  • Punitivo: Cuando los métodos para conseguir que las normas se cumplan son la agresividad y la intimidación, el niño puede sentir miedo e inseguridad, o por el contrario, agresividad desmedida y frustración. Es importante que enseñéis que la agresividad no es el modo de conseguir las cosas (Como podíamos ver en el artículo anterior sobre agresividad) y también que sus opiniones tienen valor y merecen ser escuchadas. Sin escucha, no podrá darse la comunicación.
  • Sobre-Protector: Cuando se anticipan a las dificultades del niño, impidiendo que se equivoque. El niño cree que siempre habrá alguien para resolver sus problemas y que la responsabilidad de su bienestar está en otra persona, esto genera dependencia de ellos. Surge en el niño miedo hacia lo nuevo y lo desconocido. Enseñad a afrontar las dificultades y a aceptar que en ocasiones se equivocará, sin que esto le hunda. Acompañadle en el aprendizaje de sus propios errores, pero no los viváis por él.
  • Permisivo: La creencia de que el niño tiene el derecho a expresar sus deseos de cualquier modo y que es su función la de facilitar que se cumplan siempre. El niño piensa que lo único importante son sus necesidades y conseguir sus deseos al momento. Enseñad que sus deseos no se anteponen a cualquier cosa (Ni los de los demás) ni se consiguen sin ningún tipo de esfuerzo o porque é “Lo quiere”. Enseñarles a conseguir las cosas es algo que requiere tiempo.

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Modelo educativo adecuado:

Primero Acompañad al niño en sus dificultades y ayudadle a superar su frustración pero no evitándoselas. Enseñadle que la agresividad no es respetuosa ni tolerante con los demás y que vosotros valoráis su opinión. Todos sus comportamientos tienen consecuencias, positivas y negativas. No os mostréis, pues, permisivos con sus comportamientos inadecuados. Mostradles, de modo claro y estable, cuales son los límites a su conducta. No dudéis en aprobar y alabar su comportamiento adecuado. Debéis enseñar al niño que sus logros y sus capacidades son algo que le pertenecen, y que él mismo puede superarse.

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¿Qué es hacer a vuestro hijo responsable?

Preparadle para afrontar el mundo adulto. Los juegos de reglas que él conoce ahora se extienden también a las relaciones sociales de su vida. Potenciad su autoestima y la confianza. Enseñareis al niño a saber cuándo está haciendo bien las cosas y cuándo no. Preparadle para que tome sus propias decisiones sin miedo. Dadle la oportunidad de sentirse válido. Permitidle disfrutar de su individualidad responsable y respetuosa. Y pedid que el resto de personas se muestren con él igualmente responsables y respetuosos.

Capacitadle para decir No a las cosas que no quiere (Drogas, violencia, sexo, valores…) de una manera asertiva, sin dañar a los demás ni sentirse mal por ello. Ser críticos con las cosas que le suceden y con las opiniones de los demás. Enseñadle a desarrollar su autonomía económica, sentimental, afectiva, ect. Enseñadle a controlar su propia conducta impulsiva y animadle a que siga avanzando en sus éxitos.

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¿Cómo poner límites a una conducta no responsable?

Haced ver que su conducta trae consecuencias. Si el niño pega a su hermano, es inadmisible y debe tener unas consecuencias que supongan algún coste para él. Si besa y escucha a su hermano, hacedle ver que eso os gusta y lo aprobáis. Reforzadle, ya que vuestra aprobación es muy importante para él, aunque no os lo diga. Se siente valioso cuando le decís que os gusta cómo recoge su ropa después del baño. Hacedlo, aunque sea su obligación, ya que así aprenderá a disfrutar también con las cosas que debe hacer. Dejadle claro qué cosas no se pueden hacer en casa. Sólo de esta forma él sabrá, exactamente, cuándo se ha saltado los límites. Explicadle también qué ocurrirá si él se salta ese límite. Enseñadle que su conducta se puede reparar. Pedidle que os ayude a limpiar y recoger los espaguetis del suelo, si los ha tirado, pero no le digáis que es un “Inútil”.

Mostraos constantes en vuestras respuestas, es algo que el niño necesita. Si siempre respondéis igual le estáis enseñando a ser consecuente y responsable con su propio comportamiento. De otra forma, si los límites son cambiables, crece en el niño la incertidumbre, el miedo y la inconsecuencia de su conducta. Confiad en él, en sus capacidades y en sus criterios para hacer las cosas. Aceptad que el niño puede tener dificultades o problemas en el cumplimiento de las normas. Su desobediencia no debéis entenderla siempre como un gesto de maldad o desconsideración hacia vosotros. Cuando se salta una norma, preguntadle cuáles han sido sus motivos para incumplirla. Sed razonables pero firmes en vuestras normas. Cuando vuestro hijo se enfada con vosotros no es a vosotros a quienes rechaza, sino a la norma. Al principio, el niño intentará alargar la hora de volver a casa; mostradle que estáis dispuestos a flexibilizar y ceder un poco, pero nunca iréis más allá de lo que vosotros consideréis razonable.

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No rechacéis valores personales de vuestro hijo, sino comportamientos concretos. Si tu hijo hace algo mal, no es que sea un “inútil”, un “vago”, o un “egoísta”, sino que ha hecho algo que no está bien. No le digáis que es un “vago”, decidle que no os gusta cunado no estudia. Cambiad el modo de decirle las cosas. Decidle: “Espero que hagas tu cama porque sé que eres capaz de hacerlo”. De esta forma dais al niño control sobre su conducta, demostráis que confiáis en él y que le pedís un comportamiento adulto. Enseñadle a ponerse en el lugar del otro. Así mostrareis a vuestro hijo cuáles son las consecuencias de sus conductas sobre los demás. No utilicéis esto como chantaje afectivo. Si llega tarde a comer eso implica que la comida se queda fría o que hay que empezar a comer sin él y eso no os gusta. No le digáis que es un “egoísta” y “que no valora vuestros esfuerzos con él”.

No os coloquéis en el ideal de perfección. Es normal que haya pequeñas discusiones en casa, o momentos de desacuerdo con vuestros hijos. Haced que el hogar le proporcione sentimientos de seguridad para poder salir al mundo sin agresividad o vulnerado los derechos de los demás. No repitáis mensajes, porque estos perderán su valor. Es mejor decir las cosas pocas veces, de una forma firme y cuando realmente os está escuchando, que repetirlas muchas veces sin conseguir nada.

Conclusión:

La autonomía y la responsabilidad son cualidades que se adquieren en el proceso de aprendizaje y no son características que vuestro hijo posea en el momento de nacer. La convención sobre los derechos del niño recoge en uno de sus artículos la obligación de “(…) preparar al niño para asumir una vida responsable en una sociedad libre (…)”. Cuando el niño cumpla 18 años la sociedad le pedirá que sea responsable. Que tenga esas competencias dependerá del camino que habréis recorrido con él.

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