La entrega, un camino de no-resistencia

¿Entrega o sacrificio?

Hace poco escuché hablar en algún lugar, de cuyo nombre no es que no quiera acordarme pero no recuerdo, de la diferencia entre el sacrificio y la entrega. En realidad, ni siquiera estoy segura de que estos fueran los términos utilizados, pero si escribo hoy acerca de la entrega como un camino de no-resistencia es porque me di cuenta de cuanto cambia la acción dependiendo de la forma en que la hagamos.

Cuando realizamos una acción por la acción misma, sin ninguna expectativa, disfrutando del proceso de aquello que estamos haciendo, permitiéndonos sentir lo que sentimos, esa acción se convierte en un acto de entrega. Por el contrario, cuando ponemos nuestro empeño en conseguir algo, como el reconocimiento, el agradecimiento, que nos valoren, éxito, dinero, etc. convertimos es misma acción en un sacrificio, algo que nos cuesta un esfuerzo y que vamos a que se vea compensado.

 

¿Quién pagará el sacrificio?

Vivimos en una sociedad donde el esfuerzo es un valor importante y, sin quitar mérito a todo lo que puede enseñarnos en un momento dado, ¿por qué algo que ha costado un esfuerzo tiene más valor que algo que se ha hecho sin esfuerzo?

Os invito a acompañarme en este proceso de valorar hasta qué punto el esfuerzo nos aporta algo y hasta qué punto se convierte en un sacrificio que alguien tendrá que pagar.

Creo que el esfuerzo nos ayuda a veces a valorar las cosas o a valorarnos a nosotros mismos, ya que nos genera la sensación de superación.

Por ejemplo, caminar hasta la cima de un pico elevado, esforzarse para pasar unos exámenes, correr una maratón, hacer a alguien un regalo en el que nos implicamos personalmente, conseguir un puesto de trabajo demostrando nuestras capacidades… Son ejemplos de cosas a las que dedicamos un esfuerzo y que en un momento dado nos pueden hacer sentir bien. Sin embargo, en todos los casos mencionados hay una expectativa, una intención final que nos genera dolor si no se produce el efecto buscado: podría no llegar a la cima y sentirme frustrada, podría suspender los exámenes y sentir que no valgo para lo que estoy estudiando, no terminar la maratón y sentir que he entrenado en vano todo este tiempo, etc. Entonces el esfuerzo parece volverse en nuestra contra y puede que lo cubramos con un esfuerzo aún mayor o bien desistiendo.

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¿Existe la posibilidad de entregarse a la acción sin esfuerzo?

La respuesta es que sí, podemos actuar sin esfuerzo siempre que no pongamos la atención en el fin sino en el proceso. Dicho de otro modo, siempre que nos entreguemos al proceso sin pre-ocuparnos del resultado. El sacrificio o el esfuerzo es fruto de la resistencia, de una mente que se resiste a sentir lo que está sintiendo. Para no sentir lo que estoy sintiendo en el proceso fijo la atención en el resultado, en lo que voy a conseguir a través de todo lo que estoy haciendo. Cuando soltamos las resistencias entonces nos abrimos a vivir lo que estamos haciendo sin esfuerzo. ¿Y cómo podemos soltar las resistencias? Abriéndonos a sentirlas y acompañándonos en lo que estamos sintiendo.

Cocinar sin esfuerzo

Veamos un ejemplo, mi pareja me pide que le haga la comida y de pronto a mi no me apetece ponerme a cocinar, pero también me sabe mal decirle que no y opto por hacer el esfuerzo y ponerme a cocinar. No me voy a parar a analizar si debiera o no acceder a cocinar, baste con notar que posiblemente haya accedido por contentar al otro y con el fin de ser vista por él. El caso es que me pongo a cocinar y ahora tengo dos opciones, hacerlo desde el esfuerzo o hacerlo desde la entrega. Si me resisto a hacer lo que estoy haciendo, entonces conectaré con el sacrificio, cocinaré a regañadientes o bien “con todo mi cariño” pero buscando sólo conseguir que el otro me esté agradecido y me de a cambio un poco de su amor.

Sin embargo, puedo optar por cocinar desde el amor (y no para conseguir amor) y soltar toda resistencia a hacer lo que estoy haciendo. Entonces haré la comida con todo mi cariño, no para el otro sino por el goce mismo de cocinar. Si una vez me he puesto a cocinar sigo sintiendo que no me apetece y esa sensación de resistencia sigue ahí no me quedará más remedio que sentirla, sentirla plenamente, sentir que estoy actuando de forma esforzada y sacrificada. Y puedo parar de cocinar y decir “no, no me apetece hacer la comida” o seguir cocinando mientras siento lo que siento, tal vez rabia por estar haciendo algo que no quería, tal vez frustración por no saber decir “no”… En realidad no importa lo que haga sino si puedo entregarme totalmente a ello.

Acción sin apegos, acción libre

Cuando nos entregamos a lo que estamos haciendo la resistencia y la rabia se disipan, entonces puedo cocinar simplemente disfrutando del proceso de cocinar, sin saber si el plato saldrá rico o no, sin importar si la otra persona lo valorará o no porque ya no hace falta que lo valore, yo misma estoy valorándolo, entregándome a vivir el proceso, sentirlo y realizarlo de la mejor manera que sé, sin esfuerzo, sin sacrificio, simplemente viviendo con presencia lo que estoy haciendo.

 

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Una de las enseñanza más preciadas de la Bhagavad Gītā, texto fundamental del hinduismo, es el yoga de la acción: realizar la acción por la acción misma sin apegarnos al resultado

“Tu interés debe centrarse sólo en la acción, nunca en los resultados. Los frutos de la acción nunca deberían ser el motivo de tu acción y tampoco deberías apegarte a la inacción” (Bh.G. II,47)

Cuando olvido el amor

Incluso cuando se trata de algo que nos gusta pueden aparecer resistencias si ponemos la atención en los resultados. Incluso aquello que tanto nos gustaba se convierte en un sacrificio, porque nuestra energía se centra entonces en algo que no es lo que estamos haciendo en ese momento.

Por ejemplo, inicio un proyecto que me ilusiona y con toda la ilusión comienzo a trabajar en él entregándome por completo. Al poco tiempo comienzan a aparecer resistencias que normalmente tienen que ver con los resultados: ¿saldrá bien?, ¿les gustará a los demás?, ¿qué pensarán de mí?, ¿ganaré suficiente dinero para pagar las facturas?, ¿cómo puedo plantearlo para que el proyecto tenga éxito?, ¿valgo realmente para esto?,etc. Poco a poco la energía ilusionada con la que comencé a trabajar comienza dispersarse y cada vez me cuesta más esfuerzo dedicarme a él. Olvidé el amor que me llevó a entregarme espontáneamente a dicha actividad y claudiqué frente al miedo y la resistencia, dando las riendas a una serie de pensamientos con los que huyo de mi centro. ¿Será que no me atrevo a darlo todo, a entregar todo mi ser en el proyecto? (Donde digo proyecto valga cualquier actividad).

Cuando las resistencias aparecen, a punto de convertir la entrega en sacrificio, no podemos negarlas sin más, ya que por un lado u otro acabarán manifestándose. ¿Qué ocurre si me abro a sentir esas resistencias, sin que eso signifique que me identifique con ellas y me crea todo lo que la mente dice? Al abrirme a sentir las resistencias puedo descubrir el miedo que se esconde tras ellas y observar lo que sucede entonces en mí. Desde ahí puedo entregarme y abandonar la resistencia, hacer simplemente lo que estoy haciendo en este momento, con todo mi ser, con todas mis resistencias entregadas; darme cuenta de que el sacrificio nace del miedo mientras que la entrega nace del amor y para que el miedo deje paso al amor hay que acogerlo amorosamente.

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