Por qué no encuentras las llaves del coche

El sonido de las olas del mar se mezcla con las notas de un ukelele. Estás en una playa paradisiaca a punto de pedir una piña colada y, de repente, caes en la cuenta de que es septiembre (ya no estás de vacaciones) y no has oído el despertador. Das un salto de la cama, te vistes con lo primero que pillas, vas al baño a lavarte rápidamente la cara (los dientes tendrán que esperar) y comienzas a buscar por todos lados las llaves del coche. ¿Os suena? A las llaves del coche parece no interesarles lo más mínimo que lleguemos tarde. Después de abrir la puerta del congelador y registrar las siete mochilas que utilicé la semana pasada, las llaves aparecen en el bolsillo del un pantalón.

«La memoria utiliza constantemente el olvido para recordar. De este artículo, mañana habrás olvidado el 80% y dentro de dos días más del 95%».

De entre todas las hazañas que hace un cerebro para recordar, existe una que me apasiona. Se trata de un mecanismo que le permite seleccionar de una ristra de recuerdos, aquel que contiene la información más reciente. Sin este mecanismo nuestra vida sería un desastre. Imagina que, cuando le pedimos a nuestros sesos que nos diga dónde pusimos las llaves del coche, nos ofrece una batería de recuerdos con todos los lugares donde hemos dejado las llaves del coche a lo largo de toda nuestra vida. ¡Sería imposible encontrarlas!

Para empezar, la memoria utiliza el olvido constantemente para recordar. De este artículo, mañana habrás olvidado el 80% y dentro de dos días más del 95%. Ahora bien, de los recuerdos que conservamos en la memoria… ¿Cómo sabe el cerebro qué recuerdo contiene la posición actual de las llaves? La explicación que más tilín nos hace a los neurocientíficos está relacionada con la neurogénesis; el nacimiento de nuevas neuronas.

«En el hipocampo de una persona adulta nacen setecientas neuronas cada día».

En el hipocampo de una persona adulta nacen setecientas neuronas cada día [1]. ¿Y qué es eso de hipocampo? ¿Un insulto? No. Es una estructura neuronal con forma de caballito de mar que está relacionada con la memoria, y son estas setecientas neuronas alevines que nacen dentro del hipocampo las que nos permiten separar y diferenciar los recuerdos similares entre si [2]. A ellas debemos hacerles la fiesta cada vez que encontramos la llaves a la primera.

 

Tres trucos para recordar dónde has puesto las llaves

Seguramente algún lector o lectora ya conoce mi obsesión por acercar la ciencia a la vida cotidiana de las personas de una forma práctica, así que voy a compartir tres trucos para aumentar la probabilidad de recordarlas malditas llaves del coche.

Lo primero que podemos hacer es prestar atención. ¡Bravo! ¡Un aplauso para David! Vale. Hasta un concursante de Gran Hermano VIP sabe que la atención es el pegamento que nos permite fijar los recuerdos, si, pero… ¿A que no todo el mundo sabe cómo mejorar la atención? Es simple. Si quieres recordar dónde has puesto las llaves, sácalas del pantalón nada más llegas a casa y ponlas en un lugar. Donde más rabia te de. No importa si quieres esconderlas dentro de la cisterna del váter para intentar sabotear este truco. Lo recordarás igualmente. Solo debes imaginar que un meteorito impacta en ese el lugar. Imagina vívidamente y con detalle como hace saltar el mueble y las llaves del coche por los aires. Sobre todo deja volar tu imaginación (intenta evitar no hacer ruidos extraños o tu pareja pedirá una orden de alejamiento). Este ejercicio absurdo es uno de los trucos que utilizan los campeones mundiales de memoria.

 

 

Otra opción, para el que consiga vencer la pereza, es hacer ejercicio. Resulta que el ejercicio promueve el nacimiento de nuevas neuronas en el hipocampo y, de rebote, nos ayuda a diferenciar recuerdos similares entre sí (en neurociencia nos gusta llamar a este proceso patrón de separación) [3].

Para aquellos tecnoadictos a los que no les termine de llenar ninguna de las propuestas anteriores, siempre pueden instalar la app de turno para encontrar las llaves del coche sin mover una sola neurona. Una conocida marca de coches hace años que ha puesto a disposición de sus clientes una aplicación capaz de sincronizar el teléfono móvil con el llavero del automóvil y localizarlo en un abrir y cerrar de ojos.

 

Si instalo un app para encontrar las llaves… ¿Me hará más tonto?

 

Cada vez existen más personas reticentes a usar la tecnología porque piensan que nos idiotiza, y que el mundo terminará repleto por seres humanos con la capacidad intelectual de Victoria Beckam y la elocuencia de Mariano Rajoy. Instalar una aplicación en el teléfono móvil para encontrar las llaves del coche, cambia la manera de adaptarnos a la situación lo cual modifica nuestra estructura neuronal, es cierto, pero no tiene porqué convertirnos en ignorantes. De hecho, hasta puede resultar beneficioso, porque nos permite dedicar el tiempo que invertimos en buscar las llaves a aprender algo nuevo. La clave no es gestionar mejor el tiempo sino habitarlo mejor.

Referencias

[1] Spalding, K. L. et al. (2013) Dynamics of Hippocampal Neurogenesis in Adult Humans. Cell, Volume 153, Issue 6, Pg. 1219-1227.

[2] Aimone, J. B. et al. (2011). Resolving new memories: a critical look at the dentate gyrus, adult neurogenesis, and pattern separation. Neuron, 70(4), 589–596. http://doi.org/10.1016/j.neuron.2011.05.010

[3] So, J. H. en al. (2017). Intense Exercise Promotes Adult Hippocampal Neurogenesis But Not Spatial Discrimination. Frontiers in Cellular Neuroscience, 11, 13. http://doi.org/10.3389/fncel.2017.00013

El perdón nos sienta tan bien …

 

Estamos ya cerca del cambio de estación, a punto de comenzar el otoño. Una época del año con mayor inestabilidad en el clima, y con mayor propensión a que se desarrollen tormentas y cambios de tiempo repentinos. Y hablando de tormentas, me adentro en aquellas que suceden dentro de nosotros, y van dejando nubarrones que a veces dificultan conectar con la luz intensa del sol para seguir viendo el camino. Y así, lanzo una pregunta: ¿Crees que cargas dentro de ti con algún enfado crónico por algún motivo? ¿Sientes algún resentimiento por algo que te hicieron o por lo que sentiste molestia o dolor? Hoy nos adentraremos en el fascinante (y a la vez, desprestigiado) mundo del perdón.

 

¿Qué se entiende por perdón?

Hablaba en la introducción del desprestigio que tiene este concepto. Dado el peso que ha tenido la religión católica en nuestra cultura y educación, muchas personas tienden a asociar el perdón con una visión religiosa, que les genera rechazo. Además, también existe gran confusión respecto a lo que implica perdonar: se asocia con olvidar lo que nos hizo el ofensor, con la reconciliación con este, en cierto modo con limpiar su cuenta de deudas (hacer borrón y cuenta nueva) para así dar vía libre a que siga actuando, etc. Sin embargo, lo que los estudiosos del tema van comprobando es que no tiene nada que ver con olvidar ni con llegar a un acuerdo con quien ofende; al contrario, se trata de un proceso interior de cambio de mirada, y de liberación emocional.

 

 

La psicóloga María Prieto ha realizado en los últimos años un estudio en profundidad sobre lo que significa el perdón como proceso psicológico. A pesar de tratarse de un concepto que no ha tenido muy buena prensa entre los profesionales de este ámbito, la llegada de la Psicología Positiva supuso una mayor apertura a estudiarlo, y superar su enfoque tradicionalmente asociado a aspectos morales y religiosos. Prieto habla de que cuando entre dos personas, una resulta dañada por una agresión o acción de la otra, surge una experiencia subjetiva de “no perdón”. Esta autora cita a Williamson y Gonzalves para señalar tres niveles en los que se manifiesta este no-perdón:

  • A nivel emocional: aparecen sentimientos de rabia, dolor, tristeza, confusión y traición.
  • A nivel cognitivo: afloran pensamientos negativos hacia el ofensor, a veces de venganza, otras relativos al motivo tras la ofensa o a la posible culpa de la víctima.
  • A nivel conductual: en general, se refieren al alejamiento o distanciamiento de la víctima respecto al ofensor, y en ocasiones, a la exteriorización de la rabia o dolor sentidos.

 

Cuando se habla del perdón, se hace referencia al proceso que permite mitigar o superar esta experiencia negativa de haberse sentido ofendido.

 

¿Cómo suele ser el proceso de perdón?

Lawler-Row, citado por Prieto, habla del perdón desde distintas perspectivas:

  • En cuanto al tipo de respuesta o manifestación: se puede experimentar el perdón a través de un cambio de pensamiento (ya sea específico sobre el ofensor, o general, sobre la forma de actuar del ser humano), emocional (soltar las emociones desagradables) o de conducta (facilitar una reconciliación). Cada persona y en cada momento decide si abordar todas estas dimensiones o solo alguna de ellas.
  • En cuanto a la dirección del cambio: se habla de dimensión negativa del perdón cuando se decide reducir la respuesta desagradable asociada al no-perdón, o bien de dimensión positiva, cuando el sujeto opta por potenciar emociones, pensamientos o conductas claramente tendentes a mejorar su bienestar.
  • En cuanto a su orientación: este aspecto es sumamente importante, pues el perdón puede ser interpersonal (dirigido hacia otra persona, es la visión que habitualmente se tiene al abordar esta cuestión), o puede ser intrapersonal, es decir, el perdón hacia uno mismo.

 

Teniendo en cuenta todos estos aspectos, queda claro que el perdón es un concepto multidimensional, complejo, que además, ya desde un punto de vista experiencial, no es puntual, sino que es un proceso que evoluciona en el tiempo, y que supone un cambio profundo en la persona.

 

¿Qué efectos tiene el perdón sobre la salud?

Aunque pueda parecer sorprendente, se han realizado estudios de neuroimagen para conocer los cambios cerebrales que supone el proceso de perdonar. Se ha podido demostrar que el perdón activa determinadas zonas cerebrales (precuña, corteza prefrontal dorsolateral y región parietal inferior derecha) asociadas con el hecho de pensar acerca de los pensamientos de los otros (es decir, meternos en su piel, lo que se engloba bajo la teoría de la mente), con la empatía y con la regulación emocional a través de la toma de conciencia de nuestras sensaciones. Es decir, parece ser perdonar implica comprender la perspectiva del ofensor, abrirnos a empatizar con él y dejarnos sentir todas las emociones que afloran para acogerlas y darles sentido.

En los últimos años, han aparecido diversos estudios en revistas médicas que respaldan el papel de la rabia, el resentimiento, la ira, en el desarrollo de ciertas enfermedades crónicas, y cómo el nivel de perdón influye claramente en una mejor evolución. Esto es especialmente importante en cuadros de dolor crónico, como puede ser la fibromialgia.

 

¿Se puede trabajar el perdón?

Se han realizado diversas propuestas para trabajar el perdón de forma sistemática. Una de las más difundidas, y con mayor evidencia científica, es el programa REACH del psicólogo estadounidense Everett Worthington. Este se adentró en el estudio del perdón tras el asesinato de su madre, y el posterior suicidio de su hermano, y a partir de su propia vivencia personal, realizó una exploración del perdón a los otros, y de aquel dirigido a uno mismo.

Su programa REACH tiene un formato eminentemente para trabajo grupal, en seis sesiones. Se ha demostrado que mejora el abordaje de la experiencia negativa de no-perdón, y ayuda a mejorar la visión positiva de la vida, con refuerzo de la sensación de esperanza. El desarrollo de las sesiones va guiado por un facilitador que aplica dinámicas que permiten adentrarse en aspectos de pensamiento acerca de la ofensa y el ofensor, en las emociones sentidas, y en el desarrollo de habilidades de empatía.

Ya desde otros enfoques, me encantó esta demostración de proceso de razonamiento del perdón empleando EFT o técnica de liberación emocional. Creo que ejemplifica muy bien el hecho de permitirse sentir todo, y la transición desde el resentimiento más cerrado a la apertura a la posibilidad de perdonar:

 

https://www.youtube.com/watch?v=dcQy9-5FO4o

 

El significado del perdón en mi vida

El tema del perdón ha tenido un gran peso en mi vida durante los últimos años. Todo el profundo trabajo personal que he realizado y en el que sigo profundizando me ha permitido experimentar, de forma reveladora, el significado de perdonar. Quizá la persona hacia la que acumulaba mayor cantidad de resentimiento (pero que apenas me reconocía a mí mismo sentirlo) era mi madre. Mi fidelidad no me permitía expresar abiertamente un gran sentimiento de dolor y frustración por lo que pude vivir en los primeros años de mi vida debido a su inestabilidad emocional. Su proceso de envejecimiento no fue fácil para mí, ni para mis hermanos, y llegamos a un punto importante de desgaste hace unos cuatro años, justo dos antes de que ella falleciera.

Durante la mayor parte de mi vida, había trabajado los pensamientos negativos que surgían ante determinadas situaciones de interacción con ella, y en cierto modo justificaba que ella hacía lo que podía. Y era cierto. Pero al tomar esta perspectiva, realmente me estaba ignorando a mí mismo, me estaba invisibilizando y negando todas las emociones desagradables sentidas desde niño respecto a ella. ¿Cómo pude dar el salto para ampliar mi visión?

Al acabar mi formación en musicoterapia, me di cuenta de que apenas había trabajado el potencial de la percusión, y decidí inscribirme en clases de percusión africana. El hecho de sentir la vibración de todo mi cuerpo en estas clases grupales, ya fuera golpeando el djembé con mis manos, o el dum-dum con las baquetas, permitir los movimientos que me nacían espontáneamente, dejar que mis brazos se separaran del cuerpo para sentir mayor libertad, todo ello fue creando en mí una sensación de ocupar un espacio en el mundo, un sentimiento de conexión con la tierra, una forma de liberar una energía muchos años contenida, un empoderamiento que no surgía de la mente, sino del propio cuerpo. Cuando en este terreno de autoconocimiento, sucede un ingreso hospitalario de mi madre, y se desatan conductas por su parte que actúan de gatillo en mi interior en ebullición, comienza un proceso de rebeldía interna y externa, que se alarga durante casi un año, y que me permite comenzar a cortar el cordón umbilical con ella, poder sentir el enfado y la rabia acumulada y expresarla abiertamente, y como suelo decir, dejar salir el “vapor de la olla” para poder ver con más claridad qué se está cocinando “ahí adentro”.

En ese periodo de tiempo, somaticé el enfado a través de una ciática que duró varios meses, y fue cuando surgió en mí ese interés en acompañar a madres con bebés (estaba proyectando mis juicios sobre ella, y queriendo proteger a los peques, intentando salvarme a mí mismo). La vida es sabia, y no dejó que terminara de fluir esa iniciativa en aquel momento (pero sí posteriormente), pues no surgía totalmente desde el amor, sino desde el resentimiento. Pero en este proceso, cada vez fui sintiendo menos presión interior, comencé a sentir mayor comprensión y compasión, y me abrí a ser acompañado por un profesional que trabajaba desde el enfoque de la Escuela del Perdón, de Jorge Lomar. Se trataba de Pedro Alonso da Silva. Con Pedro, fui aprendiendo a cambiar el enfoque cognitivo, a entender que perdonar no implicaba más que “sentir” lo que afloraba en mí (sentir más allá de las palabras, permitirme enfocarme en las sensaciones corporales, en esa energía interior que se movía) y a la vez, “soltar” mi interpretación de lo sucedido, es decir, trascender la visión de mi ego, por decirlo de alguna forma, y abrirme a un “no saber”, a no querer dar una explicación racional, sino más bien a comprender que todo sucede en la vida por algo, aunque no lo sepa ni lo entienda.

 

 

Trabajar esos dos enfoques ha supuesto una auténtica revolución y liberación en mi vida. Tras cinco meses acompañado por Pedro, hicimos un cierre, y a los pocos días, mi madre empeoró de su salud repentinamente, y falleció un mes después. Fue un mes muy duro, pero a la vez muy hermoso. Porque ya no la miraba desde el resentimiento. Pude liberarme y sentir un amor profundo por ella, sin dejar de verme a mí. Ese fue mi mayor aprendizaje, poder situarme en la piel de todos y cada uno, y abrirme a sentir, sin más. Pronto hará dos años de su partida, y puedo decir que cada día la siento con más paz dentro de mí, con más compasión, más comprensión, más amor, sin negar lo vivido, sin justificaciones, sencillamente acogiendo lo sucedido y soltando las interpretaciones. Si estoy aquí, compartiendo esta experiencia que vivo desde la paz, es por todo lo que la vida me permitió aprender, aunque no lograra comprenderlo en su momento. Y ahí surge también un profundo sentimiento de gratitud.

 

A modo de conclusión

Hace unos meses, tuve el privilegio de acompañar a Carolina Guzmán, una enfermera alumna del Máster de Cuidados Paliativos en el que participé el curso pasado, en la tutorización de su trabajo fin de máster, que abordaba el perdón como necesidad espiritual al final de la vida. Tras una revisión rigurosa del tema y de cómo los profesionales podemos acompañar este proceso, en su emotiva exposición finalizó entregándonos a todos los asistentes una frase que pronunció Nelson Mandela al salir de prisión, y que creo que resume perfectamente lo que significa el perdón en nuestras vidas: “Al salir por la puerta hacia mi libertad supe que, si no dejaba atrás toda la ira, el odio y el resentimiento, seguiría siendo un prisionero”.

 

Referencias bibliográficas

  • Guzmán Trillo, C. (2018). El perdón como necesidad del paciente al final de la vida. Trabajo Fin de Máster en Cuidados Paliativos. Escuela Universitaria de Enfermería y Fisioterapia San Juan de Dios. Universidad Pontificia Comillas.
  • Lee, Y.R., Enright, R.D. (2014). A Forgiveness intervention for women with fibromyalgia who were abused in childhood: a pilot study. Spiritual Clinical Practice, 1, 3, 203-217.
  • Prieto-Ursúa, M. (2017). Perdón y salud. Introducción a la psicología del perdón. Universidad Pontificia Comillas.
  • Ricciardi, E., y colaboradores. (2013). How the brain heals emotional wounds: the functional neuroanatomy of forgiveness. Frontiers in Human Neuroscience, 7, 839.
  • Svalina, S.S., Webb, J.R. (2012). Forgiveness and health among people in outpatient physical therapy. Disability and Rehabilitation, 34, 5, 383-392.
  • Worthington, E. http://www.evworthington-forgiveness.com/

 

Dimensión espiritual y cuidados de salud: hacia una atención integral del ser

 

Fue hace ya unos cuantos años cuando, tutorizando a enfermeros que estaban formándose en cuidados paliativos, estos me planteaban su interés acerca de cómo investigar sobre el abordaje de las necesidades espirituales de las personas que se encuentran al final de la vida. En aquel momento, desconocía toda la reflexión e investigación realizada por profesionales de la salud, especialmente de enfermería, para poder acompañar a la persona cercana a la muerte de una forma holística, teniendo en cuenta también los aspectos espirituales y religiosos. Me reconocía a mí mismo con cierto rechazo a entrar en el tema, por mi prejuicio sobre la relación con aspectos religiosos, pero lejos de ello, mi interés en profundizar me abrió una gran puerta para seguir descubriendo el sentido de mi propia existencia.

 

¿Qué es la inteligencia espiritual?

Desde hace algunas décadas, la espiritualidad ha sido objeto de estudio desde nuevas perspectivas filosóficas y también científicas, alejadas de las tradiciones religiosas, e incluso se ha llegado a acuñar el término de inteligencia espiritual, como una más de las inteligencias que forman parte del ser humano, siguiendo la teoría de inteligencias múltiples de Howard Gardner. ¿Y qué es esa inteligencia espiritual?

En el abordaje del tema que hace Francesc Torralba en su libro Inteligencia espiritual, hace alusión a diferentes definiciones. Cita a Gardner, que define esta inteligencia como la capacidad para situarse a sí mismo con respecto al cosmos, como la capacidad de situarse a sí mismo con respecto a los rasgos existenciales de la condición humana como el significado de la vida, el significado de la muerte y el destino final del mundo físico y psicológico en profundas experiencias como el amor a otra persona o la inmersión en un trabajo de arte. También citados por Torralba, Zohar y Marshall consideran que este tipo de inteligencia otorga la capacidad de afrontar y trascender el sufrimiento y el dolor, y de crear valores y encontrar el significado y el sentido de nuestros actos. Es decir, la inteligencia espiritual nos permite alcanzar una visión integral e integradora de nuestra experiencia como humanos, dentro del mundo y en relación con todo.

 

 

Descubrir estas reflexiones me permitió darme cuenta de que en mí existía esa búsqueda de significado, esa habilidad para intentar integrar lo vivido y buscar una trascendencia en ello. Podría decirse que la espiritualidad que cada ser humano puede desarrollar a partir de esta inteligencia se plasma en experiencias profundas, íntimas, intensas, a veces duras, que le acercan a esa visión integradora de su existencia. El camino recorrido por cada ser es único e intransferible. Si tuviera que emplear un verbo desde mi propia vivencia espiritual, diría que “siento”, un “siento” que es muy físico, muy corporal, que me conecta con lo emocional y a la vez con lo que va más allá de mí, con lo trascendente. Y se abre una gran ventana de comprensión que no es racional, no surge del pensamiento o la creencia, es una vivencia de todo el ser.

 

Espiritualidad y religión, ¿son lo mismo?

Dicho esto, ¿dónde se queda la religión? Históricamente se ha intentado generalizar ciertas visiones de ese camino espiritual para adaptarlas cultural y socialmente, e incluso institucionalizarlas. Y ese proceso ha dado lugar a las religiones. Si tuviera que emplear un verbo para definir cómo se sitúa un individuo ante la religión, es “creo”. Y creer es un acto muy racional. No surge de la experiencia interior, sino de la imposición o asunción de lo exterior. Toda religión ha surgido de experiencias espirituales, pero no todos los creyentes se han permitido recorrer ese camino interior para descubrir su espiritualidad única e incomparable. Con todo ello, no hago crítica de las religiones en sí, sino de cómo los humanos las hemos utilizado con otros fines. Y si una tradición religiosa concreta nos sirve como modelo o guía para adentrarnos en nuestras profundidades, bienvenida sea.

 

¿Y qué tiene que ver la espiritualidad con los cuidados de salud?

Cuando nos vamos adentrando en lo que significa la espiritualidad para el ser humano, vamos tomando conciencia de que esta capacidad se desarrolla especialmente cuando nos toca vivir situaciones de dolor y sufrimiento. Afrontar la enfermedad no es reto fácil, y se ha demostrado que cuando contamos con una visión más integradora, más alejada de la rigidez mental que confieren nuestras creencias individuales, abrimos la puerta a una comprensión que va a facilitar enormemente su afrontamiento y, en muchos casos, su mejor evolución clínica.

Abrirnos a la experiencia espiritual nos pone delante de liberarnos de la rigidez de nuestro ego, de una visión particular y sesgada, nos abre a conectar desde el corazón con los demás y con todo, incluso con nuestro yo más profundo e íntimo. Y ahí surgen vivencias de comprensión, de perdón, de reconciliación, de gratitud, a pesar de la dureza de lo que se está viviendo.

Y este camino parece ser bidireccional. Algunas investigaciones van relacionando ciertas actitudes, como el resentimiento o la ira que impide abrirse al perdón, como factores que influyen en la aparición o mantenimiento de ciertas condiciones patológicas, como el dolor crónico. Al final no son los hechos, sino la interpretación que hacemos de ellos, cómo nos contamos lo vivido, lo que nos puede liberar o, al contrario, encerrar en una ratonera de la que nos vemos, en muchas ocasiones, incapaces de escapar.

 

 

Dicho esto, ¿deberían los profesionales de la salud saber acompañar estas necesidades espirituales? La respuesta es claramente . Pues acoger sin juicio todo lo que necesita compartir y expresar una persona con enfermedad va a contribuir a un mejor afrontamiento y, posiblemente, a una mejor evolución. Esa acogida abarcaría desde el respeto a creencias religiosas o culturales que tiene gran peso en la vida de la persona y que muchas veces no son totalmente compatibles con ciertas prácticas sanitarias, a la tan crucial escucha atenta y empática del profesional. Es esta última la que puede remover las propias convicciones de este profesional, tocar su corazón, y la que lleva a considerar que acompañar a otros implica un profundo autoconocimiento para no interferir y sí facilitar nuestra presencia plena. Es aquí donde se enmarcan los cada vez más numerosos programas de formación de profesionales para aprender a acompañar en situaciones de enfermedad, sufrimiento y cercanía a la muerte.

 

Acompañando al final de la vida

Y es precisamente en el ámbito de los cuidados paliativos donde esta formación está definiendo el patrón a emplear en otras especialidades y ámbitos. En 2014, la Sociedad Española de Cuidados Paliativos editó una guía sobre Espiritualidad en Clínica, que es un trabajo exhaustivo, profundo y cercano sobre cómo aproximarnos como sanitarios al mundo de la espiritualidad para hacer posible el acompañamiento de las personas en estas necesidades.

Uno de sus autores, Enric Benito, es un referente en este sentido en España, y escucharlo permite comprender con mayor conciencia y profundidad de lo que estamos hablando.

 

 

El parto como experiencia trascendente

Como venía expresando anteriormente, la enfermedad, el sufrimiento y la cercanía a la muerte suponen momentos clave para ahondar en nuestro camino espiritual, y en el que los profesionales sanitarios pueden ser aliados durante el acompañamiento. Pero cuánta fue mi sorpresa durante mi formación en salud mental perinatal el año pasado, que el momento del parto es descrito por muchas mujeres como una experiencia muy profunda, trascendente. Si nos paramos a reflexionar sobre ello, tiene todo el sentido, la Naturaleza ha querido conferir a este gran momento un significado muy importante, más allá de lo racional, a la mujer que se abre a la maternidad.

Sin embargo, la medicalización que ha experimentado durante el último siglo la atención al embarazo y al nacimiento ha implicado que se haya asentado la visión tradicional del parto como algo doloroso, en el que la mujer no tiene control sobre su cuerpo ni capacidad de decidir, y todo ello ha llevado a que una gran parte de los partos dejen un estrés postraumático en las madres, que afecta a todas las esferas de su vida, y por supuesto, a la relación con su bebé. Vivimos en una sociedad en la que los profesionales sanitarios han potenciado y siguen permitiendo que nos movamos desde el miedo en nuestras decisiones, en que renunciemos a la conexión con nuestro propio cuerpo y a nuestro potencial fisiológico y sanador para afrontar momentos tan trascendentales como puede ser la llegada de un nuevo ser. Y es ahí donde creo que nuestra función debe ser de acompañamiento y contención más que nunca, de reforzar la confianza de la propia mujer en su propio cuerpo y capacidad para afrontar esta situación y así facilitar que, en vez de que un nuevo nacimiento sea una experiencia traumática, se convierta en una experiencia espiritual.

 

 

Referencias bibliográficas

  • Benito, E.; Barbero, J.; Dones, M. (editores) Espiritualidad en Clínica. Una propuesta de evaluación y acompañamiento espiritual en Cuidados Paliativos. Sociedad Española de Cuidados Paliativos, 2014. Descargable en: http://www.secpal.com/%5CDocumentos%5CBlog%5CMonografia%20secpal.pdf.
  • Olza, I. Parir. El poder del parto. Ediciones B, 2017.
  • Prieto, M. Perdón y salud. Universidad Pontificia Comillas, 2017.
  • Torralba, F. Inteligencia espiritual. Plataforma Editorial, 2010.

 

El nacimiento de youHealth

Si escarbamos en los informes de la Organización Mundial de la Salud con el fin de dar con el origen de las enfermedades que más muertes causan en occidente, nos damos cuenta de que desconocemos la gran mayoría. No sabemos los motivos reales que hacen que el corazón deje de funcionar correctamente, por qué unas personas sufren ICTUS y otras no, lo mismo ocurre con enfermedades de las vías respiratorias como el EPOC, la diabetes, el cáncer o la hipertensión. Este fue el punto de partida de la investigación.

 

Virus

En primer lugar, se me ocurrió analizar el impacto de los virus en este top ten. Encontré casos de infecciones respiratorias y diarreas donde miles de personas habían estado expuestas a la misma cepa de un virus. Los informes señalaban que personas de edad avanzada, al contar con un sistema de defensas más precario, estaban más expuestos a los virus, pero nadie encontraba una explicación lógica y convincente de por qué personas de mediana edad sin antecedentes médicos relevantes expulsaban a estos peculiares visitantes y otras no. Nadie atendía a este grupo de personas a pesar de que las infecciones representan el 33% de las muertes en occidente.

Genes

Impulsado por la falta de respuestas, analicé otros aspectos tradicionalmente importantes como son los hábitos y descubrí que había personas que hacían ejercicio todas las semanas, presentaban un consumo moderado de alcohol, llevaban una dieta equilibrada, y aún así iban a la consulta del médico y morían de cardiopatías. Empecé a descubrir por mi mismo que los hábitos influyen en la salud, pero no la determinan.

El siguiente paso lógico era ponerse delante de los genes, lo que resultó apasionante y rompió todos mis esquemas. Según Science (una de las revistas científicas más influyentes) sólo podemos asegurar que el 5% de las enfermedades cardiovasculares y el 10-30% de los principales tipos de cáncer tienen causa genética. Con cada artículo que leía y en cada aspecto que profundizaba, me daba cuenta de que los genes no eran algo rígido como me habían enseñado en la universidad sino algo moldeable. Además, esto tenía mucho sentido. Al fin y al cabo, si los genes fueran algo rígido no existiría la evolución. Gracias a ellos nos adaptamos al mundo.

El principal mecanismo que hace plástica a la genética es la epigenética. Si los genes son las letras del libro del genoma humano, los signos de puntuación representan la epigenética y cambian la forma en la que se expresa un gen. Esto es muy importante porque un acento o una interrogación puede cambiar por completo el contexto. Todos sabemos que una mama no es lo mismo que una mamá.

Desde un punto de vista práctico, la epigenética representa al conjunto de decisiones que tomamos en las situaciones de vida, es decir, la forma en la vivimos las cosas que ocurren en ella y no tanto la situación en sí misma. Los últimos estudios científicos ponen de manifiesto que el 50% de la felicidad depende de la genética y el otro 50% de cómo nosotros vivamos las situaciones de vida. La agresividad es en un 66% epigenética y la capacidad de aprendizaje depende en un 90% de las decisiones que tomamos a lo largo de la vida.

Aunque hay situaciones en las que la genética gana completamente la partida al ambiente como es el caso de la fibrosis quística o el síndrome de Down, con cada nuevo estudio, el modo en el que vivimos las cosas que ocurren en nuestra vida gana terreno a la genética. Esto no estaba en el guion de ningún genetista, ni del propio Bill Clinton cuando anunció el proyecto Genoma Humano en el 2002 y señaló “una revolución en el diagnóstico, prevención y tratamiento de la mayoría, si no es que de todas, las enfermedades humanas”. Tenía mucha razón. Lo que nadie podía imaginar es que el elemento revolucionario sería la epigenética.

Emociones o mindfulness

Continué la investigación tomándome el tiempo necesario. No quería dejar ningún aspecto en el tintero. Revisé nuevas tendencias y estudios que hablaban de mindfulness o del impacto de las emociones en la salud, y me quedé fascinado con la cantidad de experimentos bien planteados que había al respecto. Aún pesar de todo, de nuevo, encontré personas felices o que practicaban diferentes tipos de meditación que habían fallecido de cáncer o ICTUS, lo que me llevaba de nuevo a la misma conclusión: influye pero no determina.

Después de todo el camino, el cual me mantuvo entretenido a tiempo completo durante dos años, llegué a la conclusión de que con todos los experimentos que había realizado y revisado, solo podía decir que los genes, los hábitos, la meditación o las emociones influyen pero no determinan nuestra salud. Aquí surgió al gran pregunta: ¿por qué enfermamos? Cada uno de los aspectos que había revisado intervienen en mayor o menor medida en la enfermedad, pero ninguno resulto ser un elemento decisivo. Por aquel entonces, todavía ignoraba por completo que estaba a punto de dar un giro a este panorama desalentador.

 

El caso Roseto

Todos los hallazgos que fui encontrando a lo largo de mi investigación se resumen muy bien en el caso Roseto. Roseto continúa siendo una pequeña colonia de emigrantes italianos que se asentó en el estado de Pensilvania en Estados Unidos a finales del siglo pasado, y quedó perfectamente documentado por la ciencia. A pesar de que un equipo completo de médicos y estudiantes de la Facultad de Medicina de la Oklahoma University dirigido por el doctor Steward Wolf estudiaron el caso a fondo (desde 1955 a 1964), no pudieron encontrar argumentos en hábitos, genes, prácticas orientales o emociones, que justificaran porqué la tasa de infartos de corazón de Roseto era un 675% menor que en otras poblaciones que tan solo se encontraban a 3 minutos en coche y presentaban la misma media de mortalidad del país. Comían las mismas grasas, hacían el mismo ejercicio, se peleaban con la misma frecuencia, sentían rabia, fumaban, bebían, respiraban el mismo aire y tenían los mismos trabajos que el resto de la sociedad americana.

 

En 1965 la pequeña sociedad de Roseto se americanizó y la salud de sus habitantes dio un giro inesperado: la tasa de infartos de miocardio se duplicó y fue aumentando en años posteriores hasta alcanzar la media del país. La dieta no cambió sustancialmente, tampoco dejaron de hacer hacer ejercicio ni el consumo de alcohol no se disparó.  Los habitantes de aquellas personas parecían haber cambiado de la noche a la mañana, volviendo a sus organismos más vulnerables.

Roseto no ha sido un caso aislado. Este tipo de experiencias que han podido ser estudiadas por la ciencia moderna han generado desconcierto en muchos profesionales del mundo de la salud, y ofrece una nueva visión para la medicina.

 

El médico interno

Llegó un punto de la investigación en el que resultaba demasiado evidente. Todas las personas tenemos dentro un médico interno con 3.600 millones de años de experiencia que ha resultado victorioso en épicas batallas frente a titánicas epidemias, un médico que ha curado heridas profundas y ayudado al organismo en situaciones extremas. El médico interno mantiene por su propia iniciativa la temperatura corporal a 37º, controla la reproducción celular (para que no haya un crecimiento descontrolado y evitar que nos diagnostiquen un cáncer) y conserva las cantidades de hierro, calcio, glucosa o minerales adecuadas para la vida. ¿Por qué este médico con tanta experiencia un día se le olvida regular nuestra tensión y cuando vamos al médico nos dice que tenemos la tensión por las nubes (hipertensión)?

 

 

Fue entonces cuando me di cuenta de que la enfermedad era mucho más probable cuando este médico interno con millones de años de experiencia se desconecta por algún motivo, y comencé a investigar cuales eran los motivos que hacen que nuestro médico interno se tome unas vacaciones.

 

Desconexión del médico interno: la biología de la supervivencia

Nuestro organismo tiene dos modos de funcionamiento. El primero se da cuando damos un plácido paseo por la orilla del mar, con la cálida brisa del aire en el rostro. En ese contexto, nuestro médico interno se encarga de regenerar nuestra piel, del crecimiento, de nuestro sistema de defensa, y del resto de procesos necesarios para mantenernos sanos, mientras el el corazón trabaja con calma. El organismo se rige por una biología del bienestar.

Sin embargo, cuando vivimos una situación de peligro, nuestra biología cambia por completo y el organismo activa una biología de supervivencia que tiene como principal objetivo alcanzar el éxito en esa situación estrenaste que estamos viviendo. Entre otras cosas, estos mecanismos de supervivencia dejan en un segundo plano a nuestro experimentado médico interno y hace que la probabilidad de enfermar aumente exponencialmente. De algún modo, los organismos de los habitantes de Roseto habían pasado de una biología del bienestar a una biología de la supervivencia, lo que disparó el número de defunciones.

 

De teoría a experiencia

 

El origen de la enfermedad era muy probable que estuviera íntimamente relacionado con la desconexión del médico interno, así que emprendí una aventura que me llevó a sumergirme en gran cantidad de artículos científicos con el fin de recopilar todas las características y herramientas de las que un organismo dispone de manera natural para mejorar la conexión con su médico interno. Empecé a descubrir que poner en práctica estas estrategias pasaba, en mi caso personal, por transformar mi vida. No era suficiente con cambiar aspectos como el ejercicio o la respiración. Cambiar es algo que tiene que ver con los hábitos, con la mente y con la fuerza de voluntad y yo había descubierto que los hábitos influyen pero no son determinantes. Con todo, me di cuenta que era necesario una revolución, una transformación más profunda que tenía lugar lejos de la mente, en el corazón.

Una vez fui aislando las claves del organismo y las principales herramientas, el siguiente paso era compartirlo con el mundo. Leído en un libro, esta investigación tenía el aspecto de una teoría más, capaz de organizar cursos y llenar el intelecto de sus participantes con explicaciones detalladas acerca del organismo o el cerebro. Mirando esto de cerca, me di cuenta de que yo no quería eso. Lo que quería era que las personas pudieran practicarla y vivirla, por lo que me propuse convertir esta investigación en una experiencia y comencé a traducir al lenguaje de las personas de a pie, convirtiendo conceptos complejos en simples pensamientos y emociones.

 

El nacimiento de youHealth

Todo este camino he ido acompañado de personas muy importantes. Una de ellas es Luis Callegari, un profesional de la salud que ha pasado más de 30 años en un consultorio de Madrid, y otra es Michele Lettersten, quien con sus preguntas curiosas ha terminado inspirando esta investigación.

Hace unos años, hablando tranquilamente con Luis a la orilla de un lago en la preselva amazónica peruana, caí en la cuenta de que todas las personas llevamos en el bolsillo un procesador tremendamente potente y programable: el teléfono móvil. Nuestras conversaciones siempre han sido atrevidas, incluso están acostumbradas a rozar la locura, así que me pareció lo más natural del mundo preguntarle: ¿Y si convertimos el teléfono móvil en un entrenador personal que utilice como escenario el día a día de las personas para mejorar su salud? Así nació youHealth.

Diseñé un   para que el organismo pudiera integrar estas herramientas en su ambiente cotidiano que es donde deben de funcionar y dar el cayo. El proceso se basa en aprender primero cómo funcionan estas herramientas, para ponerlas en práctica manteniendo un ambiente que incita a la confianza, la honestidad y la creatividad (CHC).

Una idea rondaba una y otra vez en mi cabeza. La vida de cada persona es diferente, su organismo es único, y estaba convencido de que mis experiencias personales transformadas en consejos generalistas no hacían justicia a la realidad. Entonces diseñé un algoritmo matemático que tuviera en cuenta tanto información subjetiva, las cosas que sentimos y pensamos en el día a día, como objetivas, mediciones por medio de un reloj inteligente de aspectos fisiológicos (ritmo cardiaco, respiratorio, emocional…). El objetivo era poder ofrecer a cada persona una estrategia personalizada que le permitirá convertirse en un elemento activo de su salud. Al hacerlo, la persona llega a la consulta y se remanga junto con el médico para ponerse manos a la obra con su salud, en lugar de pedirle al doctor que le cure.

 

 

A principios de mayo del 2017 youHealth fue presentado al mundo. En esta primera versión hemos desarrollado un entrenamiento que permite a las personas aprender e integrar herramientas y características naturales del organismo para mejorar la conexión con su médico interno, y hemos integrado en la aplicación una serie de mediciones subjetivas que nos permiten hacer propuestas personalizadas a cada individuo.

 

Vivir con la premisa CHC

El proyecto de youHealth ha ilusionado a mucha gente, lo que ha hecho posible concluir la primera parte del proyecto, pero aún queda mucho por hacer. Hemos desarrollado la aplicación solo para dispositivos Apple y hemos obviado las significativas medidas subjetivas, y no por gusto, sino por una cuestión meramente económica.

Paralelamente, toda la estructura institucional de youHealth se ha llevado a cabo con los mismos valores que promueven la aplicación: confianza, honestidad y creatividad (CHC). Es por eso, que la estrategia de difusión y comercialización sigue unas reglas poco usuales. Por ejemplo, youHealth es de descarga gratuita. Entras en AppStore, buscas la aplicación, la instalas en tu teléfono móvil o tablet y realizas el proceso sin coste, sin publicidad y sin interrupciones de ningún tipo. Al llegar al día 30, una vez que has terminado, tienes la posibilidad de colaborar con nuestra investigación. Para aquellos que se animan a hacerlo, hemos reservado el algoritmo personalizado que hemos llamado Autorreceta y preparado alguna sorpresa más.

 

 

Obviamente, esta forma de ver el mundo da un poco de vértigo porque estás dando, dando y dando todo, y solo si a la gente le toca el corazón, entonces recibes. Si no, no recibes nada. La premisa de CHC ha cautivado a todas las personas que forman parte del proyecto incluyendo a inversores (el tiempo dirá si también a las personas). Desde un punto de vista empresarial, muchas personas pueden pensar que la estrategia de youHealth está destinada al fracaso, porque invertimos todo lo que tenemos en investigar y desarrollar, y otros aspectos como el marketing quedan en un segundo plano. Bajo mi humilde punto de vista, hacer una campaña de marketing de miles y miles de euros cuando quedan tantas cosas por hacer e investigar en el mundo es opuesto a la confianza y, a veces, a la honestidad.

Aunque suene repetitivo, me gustaría hacer hincapié en que no prometemos nada, no cobramos por darte nada, simplemente ofrecemos una experiencia gratuita y, si resuenas, entonces colaboras para que podamos continuar investigando acerca de esta nueva visión de ver la salud. Ahora bien, si no puedes colaborar económicamente, no te preocupes. Por el simple hecho de utilizar youHealth ya estás colaborando. Los datos que recoge la aplicación son usados de forma anónima para realizar experimentos científicos que nos permiten conocer mejor al ser humano. Conseguir trasladar el laboratorio a la vida diaria de las personas ha sido todo un reto, además de un sueño personal cumplido.

Sea cual sea el futuro de youHealth nunca será un fracaso, sino una muestra de que la confianza, la honestidad y la creatividad pueden llegar a todos los rincones del planeta.

 

Arte y creatividad en la terapia

¿Cómo podemos concebir el arte y la creatividad en la terapia? 

Hace ya un tiempo atrás que se viene discutiendo cuáles son las formas en que podemos entender la figura del terapeuta. Por un lado podemos escuchar aquellos que alaban su capacidad técnica, su sólido conocimiento teórico y lo científico de su metodología de trabajo. Pero por otro lado, los hay que dan especial importancia a su creatividad, sus recursos expresivos y su intuición.

Sin embargo y a pesar de todo, lo ideal es que podamos superar la tan perseverante dicotomía entre terapeuta técnico y terapeuta intuitivo. Ambos extremos forman parte de la misma polaridad y encasillarse en uno de ellos implica mantener un pensamiento lineal y limitador. La oposición entre ambos caracteres es más aparente que real y alienarse supone una caricatura de un terapeuta mecanizado y técnico, o bien de un pseudochamán.

 

Arte y ciencia se unen

 

Podemos extrapolar esta discusión a una dicotomía mucho más antigua: la ciencia y el arte como realidades irreconciliables. Aquellos que tienen una mente discursiva sostienen que el arte carece de cualquier lógica y rigor, como si no fuera también una herramienta que integra el azar, lo irracional y lo espontáneo en su aplicación. Mientras que los que tienen una mentalidad más artística, pasan gran parte de su vida conectados a este tipo de experiencias de exploración.

Si bien es cierto, no podemos negar que la instrucción técnica es necesaria en la formación del terapeuta, pero hay que aprenderla para después olvidarla. Por ejemplo, en las academias de arte el aprendiz conoce las herramientas básicas que le aportarán mayor libertad de expresión, ya que sin ellas estaría más limitado, pero es necesario que más adelante sea capaz de abandonarlas porque si no se limitará en su creación. Podemos encontrar numerosos artistas académicos que no se atrevieron a atravesar sus propios límites y permanecen en terrenos conocidos y seguros.

 

Terapia y arte

Desde la corriente humanista, siempre se ha contemplado la creatividad como una expresión natural del ser humano, donde se da paso a la salud en lugar de sublimar la patología. Entre otras cosas ha venido defendiendo desde sus orígenes, una visión holística del sujeto donde se integra cuerpo-mente, cuerpo-espíritu y mente-espíritu.

En palabras de Rollo May:

«El proceso creativo es un encuentro entre el creador y su entorno: el pintor encuentra el paisaje. La intensidad del encentro, la absorción del creador en el acto creativo y su transformación del entorno y de sí, determina la calidad del proceso creativo, que siempre involucra a la persona entera, en un proceso no irracional, sino mas bien suprarracional, una experiencia mística de unión entre lo individual y el cosmos…»

 

Implicacion del artista

 

La terapia y el arte también comparten el juego. En el caso del arte y el juego, ambos potencian la libertad y la despreocupación, del mismo modo que la terapia grupal de enfoque gestáltico, donde se invita a los sujetos a mostrarse tal cual son, libres y sin tratar de controlarlo todo. Además pone especial énfasis en la espontaneidad, la ampliación de conciencia y la expresividad.

De este modo podemos concebir a la terapia como un espacio de creación en el cual se puede jugar con conciencia plena. Esto sirve como antídoto a los juegos sociales que tenemos en la vida real (juegos convencionales y automáticos que a veces incluso son falsos). Así el juego y el arte en la terapia son expresiones directas de la pulsión de vida.

A pesar de que a la terapia se le considere un lugar artificioso, en ella se puede dar un nivel de verdad (tratando de buscar y vivir la autenticidad en un lugar seguro).

Son muchos los pacientes que no se permiten jugar, siendo incapaces de experimentar el estado de reposo que posibilita la elaboración de cualquier cosa creativa. El mismo hecho de jugar es una terapia en sí misma. Tanto el juego como el arte son estancias intermedias entre el interior de uno mismo y aquello que se encuentra fuera. Es un «como si…´´ que puede revelarse más auténtico que todo aquello que consideramos realidad.

 

Juego y salud

 

Cuando decimos «como si…´´ hacemos alusión al teatro, y la terapia gestalt tiene como una de sus funciones principales permitir que el sujeto pueda recrear su vida y ponerla en escena en un espacio donde se le permita comunicarse sin ser juzgado.

La corriente gestáltica ha sido una de las pioneras en proponer la terapia como un arte haciendo referencia no solo a las técnicas que se emplean, sino también a la actitud del que las aplica. Esta actitud se caracteriza por la libertad interior y la confianza en el impulso.

Claudio Naranjo afirmaba lo siguiente:

«…La psicoterapia con sus reglas, técnicas y rituales, está en contra de la psicoterapia como arte… La enseñanza de la gestalt es que no hay reglas: solo toma de conciencia. Atención y espontaneidad, o mejor aún: percatarse y naturalidad. La naturalidad no es impulsividad, sino… una espontaneidad controlada: hay mucho de eso en el arte Zen…»

Se ha dicho en numerosas ocasiones que el terapeuta gestáltico es un artista y dicha afirmación se ha hecho de forma trivial cuando realmente es algo serio y profundo.

 

Todos somos creadores

Es necesario que seamos capaces de desmitificar el arte y considerar la creatividad como una parte esencial del ser humano. El escritor José Saramago dice:

»Eso de ser un creador no es algo que esté limitado a unas cuantas actividades profesionales muy especiales. Si uno está plantando un árbol, o está haciendo algo con sus manos, usando unas herramientas, todo eso es creación en un sentido amplio. Escribir libros es como hacer sillas. Las sillas tienen que ser solidas y, si quieres, estéticas y hasta hermosas. Pero estás haciendo sillas. No le des más vueltas… Todos tenemos manos muy parecidas, iguales y las usamos. Las manos sirven para escribir La divina comedia o para matar.»

 

Esta es la cuestion…

 

Esta concepción artesanal de la creatividad es muy adecuada también para el oficio de la terapia, puesto que es más cercana a la tradición gremial (el aprendiz que observa hacer al maestro) que a la transmisión académica de información. Realmente la terapia tiene mucho de vocación (lo que te llama a… lo que te atrae…) y una vocación como tal compromete al que la lleva a cabo, tanto en responsabilidad como en la habilidad de responder a lo que le llama.

El pintor Ramón Gaya afirma lo siguiente:

«El arte ha sido visto como la meritoria inclinación de unos cuantos –de esa clase de personas que llamamos artistas- … pero la realidad es otra: la creación artística no es un asunto personal del artista, ni un asunto privado entre el artista creador y el consumidor de su obra, tampoco se trata de algo social, general… sino algo extensamente humano, del hombre común… Sólo él sabe recibir la realidad entera y escuchar esa voz original, antigua, perenne, esencial y obedecer a ella… esa voz suena para todos, y lo que pide (porque viene a pedir, a exigir-nos) lo pide a todos.»

 

El terapeuta como artista

La terapia es como un lienzo en blanco, una obra de arte por realizar, en donde el encuentro se caracteriza por un conjunto de temores, riesgos y posibilidades. Es necesario que tanto el paciente como el terapeuta se desprendan de sus preconceptos para poder alcanzar otros estados de conciencia. Tanto el terapeuta como el pintor o el poeta, crean a partir de un punto cero en donde el vacío proporciona libertad interior. Esto requiere liberarse del:

  1. Autoconcepto: la actitud creativa implica la disolución del autoconcepto, del yo-carácter.

J.A. Valente:

«Reivindico el misticismo o la aniquilación del yo como premisas para la actividad creadora. El poeta debe hacer tranparente el universo y para ello precisa vaciarse de su ego. El escritor debe abrir al lector los horizontes sin interferencias personales.»

Pablo Palazuelo:

«Mi pintura tiene que ver con la vida de los humanos, con la aspiración de ser más de lo que somos, de progresar… pero eso solo ocurre saliéndote de ti, dejando atrás lo que tú eres. No como residuo sino como semilla… es la ambición de ir más allá de todas las formas.»

  1. Conocimiento intelectual: para que el terapeuta pueda partir de un punto cero (o vacío fértil) es necesario que se desprenda de su seguridad intelectual y teórica. Sólo basta quedarse cinco centímetros por encima o por debajo de la obra para que ésta fracase. A lo largo de este camino de renuncia por lo que uno sabe, paradójicamente el conocimiento se torna un «no saber´´, en un «hacer´´. Los terapeutas noveles se pierden en la incomodidad de la conversación interna y constante sobre cómo proceder técnicamente en la terapia, lo cual les impide entrar en contacto real con el paciente. Sus mentes discurren a lo largo de teorías psicodiagnósticas, rompiéndose el contacto con el paciente y creando un vacío estéril y falso que es rellenado por el intelecto. Por tanto, la máxima del Zen es «saber abandonar la mente en pos de los sentidos´´, tratando de rescatar lo emocional.

 

Entrega y receptividad

Tanto la búsqueda del artista como la del terapeuta implican serenidad. Muchos creadores hablan de calma, relajación, receptividad, etc, como condiciones necesarias para que la obra de arte emerja:

Juan Uslé:

«La pintura es un medio lento y especialmente apropiado para indagar en los problemas eternos del hombre, en la soledad, en el amor… la calma que se precisa tanto para hacerla como para disfrutarla es lo que nos da lugar y tiempo para pensar y conocernos.»

Francis Bacon:

«Esas imágenes surgen como caídas del cielo, por pura casualidad, soy más un médium que un pintor… no me considero dotado; sólo soy receptivo…»

Anthony Hopkins:

«Le debo mucho al método Stanislavski, que dice que lo único que nos permite poder representar un personaje es la relajación. Así que, aunque es asombroso, en los momentos más tensos un artista puede permanecer tranquilo…»

En definitiva, el terapeuta como buen artista, debe tratar de buscar su propio estilo siendo uno mismo. Su desarrollo artístico no solo se basa en un compendio de teorías o técnicas brillantes y originales, sino también en su desnudamiento interior, en aras de autorregularse desde un vacío que le permita construir creativamente. Esto lo consigue transitando desde el apoyo externo al autoapoyo, confiando en su propia autenticidad, en la rectitud de la naturaleza y en que el cambio se da verdaderamente cuando uno es lo que es y no cuando trata de ser otra cosa.

 

Quizá te pueda interesar: El cerebro y la Gestalt

Referencia bibliográfica

  • Peñarrubia, Terapia Gestalt: La vía del vacío fértil. Alianza Editorial, Madrid, 2012.