Buscando la conciencia (el “yo”) dentro de nuestra mente

Últimamente hay una idea que ronda en mi cabeza. Aunque bueno, más que una, son varias… Y todas van a dar al mismo lugar. Los que andamos en este camino del descubrimiento de uno mismo, antes o después llegamos a preguntarnos ¿quién soy yo? Pregunta a la que difícilmente hallaremos respuesta. Otra pregunta que llegará antes o después es: ¿Dónde está ese yo? ¿Está en la mente, en el cerebro, en el corazón?, ¿Quién gobierna este barco? O como diría William Ernest Henley… ¿quién es el capitán de mi alma?

 

Fuera de la noche que me cubre,
Negra como el abismo de polo a polo,
Agradezco a cualquier dios que pudiera existir
Por mi alma inconquistable.

En las feroces garras de la circunstancia
Ni he gemido ni he gritado.
Bajo los golpes del azar
Mi cabeza sangra, pero no se inclina.

Más allá de este lugar de ira y lágrimas
Es inminente el Horror de la sombra,
Y sin embargo la amenaza de los años
Me encuentra y me encontrará sin miedo.

No importa cuán estrecha sea la puerta,
Cuán cargada de castigos la sentencia.
Soy el amo de mi destino:
Soy el capitán de mi alma.

 

 

Lo que nos dice la ciencia de nuestro yo

Los últimos avances científicos apuntan a que no hay ningún Jefe de Estado en el cerebro. No hay un yo como nosotros creemos. Sino que más bien hay una gran cantidad de módulos que se turnan para ejercer una influencia dominante en nuestro pensamiento y nuestro comportamiento. Curioso que esta idea encaja bastante con muchas doctrinas orientales que afirman que no hay un “yo” que domina nuestra conducta, que no hay un “yo”, estático, siempre el mismo, que capitanea nuestra alma.

Con esto ya empezamos mal. Porque a nadie le gusta tener que asumir que quien creía ser no existe. Que no existe esa identidad tan arraigada que toma las mejores decisiones para nosotros. Y más adelante veremos por qué es así. Así que a partir de ahora, cuando se acerque a la nevera a darle un tiento a la onza de chocolate, pregúntese qué módulo está al mando en este momento…

Pero vayamos por partes, primero hagámonos a la idea de que no hay un núcleo sólido que actua de manera coherente a través del tiempo y que mantiene las cosas bajo control.

El yo en la mente

 

¿Cómo funcionan los módulos?

Para Rita Casmedy, pionera en psicología evolutiva y una de las investigadores del modelo modular de la mente, es así: Los módulos actúan coordinando pensamientos y percepciones para un fin específico en un determinado momento.

Si en un momento dado nos sentimos celosos y actuamos como personas celosas, es porque el módulo que coordina estos pensamientos y percepciones ha tomado el control.

Y según ella, la meditación puede tener un papel determinante en este proceso. Ya que puede hacer que los módulos que toman el control por defecto, dejen de hacerlo. Podemos llegar a tener un cierto control sobre estos módulos.

 

¿Cómo nos ayuda la meditación?

Como en muchas otras tareas, a lo que nos ayuda la meditación (o el Mindfulness) es a tomar conciencia. Nos permite hacernos cargo del estado en el que estamos en cada momento. No hay un tipo específico de coordinación que dirija la orquesta de los módulos.

No hay un módulo que tenga más “poder” y que decida en qué momento entra uno y sale otro. Simplemente están en continua “lucha” por el poder. Y va tomando más peso el módulo que más haya sustentado el poder en una determinada situación. Volvamos al ejemplo anterior e imaginémonos ante el frigorífico con la tableta de chocolate en la mano ¿qué módulo ganará?.

Hay dos opciones. Puede ganar el módulo de la gratificación momentánea, o puede ganar el módulo de la salud a largo plazo. ¿Quién ganará? Es simple, el que haya ganado más veces en el pasado.

Y esto es terrible. O a mí me lo parece. Entiendo que la teoría de la evolución tiene sus razones para que esto sea así, pero no nos deja en un buen lugar…

 

meditando

 

Red en modo automático

Otro concepto importante a tener en cuenta es el modo automático. Y es lo que ocurre en nuestra mente, por defecto, cuando no se está ocupando en nada en particular. Cuando la mente no ha sido absorbida por cualquier otra tarea. Una especie de mente errante.

Investigaciones recientes han demostrado que este modo “por defecto” está menos activado durante la meditación. Y los que han hecho meditación sabrán lo difícil que es muchas veces “calmar” nuestra mente cuando no está haciendo ninguna otra cosa.

Nos sentamos a meditar, intentamos concentrarnos en la respiración, en la postura, en las sensaciones en el cuerpo… Y antes o después comienzan a avasallarnos los pensamientos. “Espero no haber ofendido ayer a mi jefe cuando le dije esto”, “me pregunto si el chico tan atractivo del tercero querrá salir a comer conmigo”, “no sé qué voy a hacer esta noche para cenar”… Y mil historias más.

Como dice Rita Casmedy, en un estado así, la red en modo automático está funcionando… Y hay un montón de módulos intentando llamar la atención. Metafóricamente, claro, ya que no son conscientes. Pero de alguna forma están compitiendo por nuestra atención.

 

Los módulos en acción

Douglas Kenrick, otro investigador de este modelo modular de la mente, que ha escrito varios libros sobre el tema, afirma que existen unos seis módulos diferentes. Así que cuando estamos intentando meditar y nos aborda el pensamiento “espero no haber ofendido ayer a mi jefe cuando le dije esto”… El módulo Afiliación es el que ha tomado el control. Es el que ha conseguido captar nuestra atención en este preciso segundo. Este es el módulo encargado de mantener las amistades, en definitiva, el encargado de mantener nuestro estrato social.

Y cuando estoy pensando en cenar con el vecino atractivo del tercero, está funcionando el módulo de la Atracción. Ya sabes, el encargado de que podamos dejar nuestros genes en la próxima generación 😉

Y aunque pueda parecer que los módulo se activan según la información del ambiente, no es así. Podría parecer que ante la persona atractiva se activa automáticamente el módulo de la Atracción, pero las investigaciones sugieren que funcionan al revés.

No es la información en el entorno inmediato lo que activa un módulo. Y esto es lo más llamativo de este modelo. A menos a mi entender. Cuando leí esto por primera vez casi entro en un colapso total. Y no es para menos. Veamos…

Supuestamente, todos los módulos están continuamente rumiando información, sin parar un segundo. Podemos imaginar una parte de nuestro cerebro con seis módulos enviando pensamientos continuamente a nuestra conciencia. ¡Estresante cuanto menos!

Esta información está continuamente activa hasta que una en particular llega a nuestra conciencia. Y las restantes cinco ahí siguen, lo que pasa es que no llegamos a ser conscientes de ellas.

 

modulos yo

 

La meditación

¿Cómo aquietamos esta red? La ciencia sugiere que son dos los tipos de meditación que nos pueden ayudar. Una es la meditación consciente y la otra es la meditación mediante la concentración.

La concentración es especialmente eficaz para calmar la red en modo automático. Porque estar centrada en algo, es una forma de cortocircuitar ese modo automático. Por eso la meditación consciente a menudo comienza con la concentración.

Además de este cortocircuito, hay otra conexión entre la meditación y los módulos. Que tiene más relación con la meditación consciente. Este tipo de meditación nos enseña a ver las cosas tal cual son, dentro de nuestra mente y en el mundo exterior. Nos ayuda a ver las cosas de otra forma, más objetivamente, con menos apego. No solo en la meditación, sino en la vida cotidiana.

Una de las consecuencias de la práctica de la meditación es ver nuestros sentimientos con menos apego. Y conseguir que nuestros sentimientos no tengan tanto poder. Nos ayuda a que las emociones tengan menos poder para arrastrar a la mente en una dirección en particular.

 

Los gatillos de los módulos: las emociones

Los expertos en el modelo de los módulos han demostrado recientemente que las emociones y los sentimientos son los “gatillos” de los módulos. Realizaron un experimento en el que condicionaban a la gente unos determinados sentimientos para ver qué módulos se activaban después. Tras ver una película de terror se activaba el módulo de Auto-Protección, y tras ver una película romántica se activaban módulos muy diferentes que hacen que la gente se comporte de forma muy diferente.

Así que siempre hay sentimientos asociados a determinados módulos. Por ejemplo, empiezas a sentirte mal porque a lo mejor ofendiste a tu jefe. Es un sentimiento negativo que llama tu atención. Y la única forma de que ese sentimiento y ese pensamiento se vayan es “solucionando el problema”. Así que decides mandarle un correo electrónico para cerciorarte de que todo está bien. El módulo ya ha hecho su trabajo y ahora somos vulnerables a cualquier otro módulo. En el caso de la cena con el vecino atractivo igual, ese sentimiento agradable es lo que le da poder al módulo sobre ti.

¿Pero este modo de funcionar es bueno para nosotros? ¿Es un forma útil de llamar nuestra atención? Que los sentimientos y las emociones nos “gobiernen”¿a dónde nos lleva?

Un sentimiento dado será lo que marque qué módulo gana y qué módulo pierde. La atención plena nos puede hacer más conscientes de nuestros sentimientos y pensamientos, de forma que podemos llegar a ver qué sentimiento nos está controlando en un momento dado. Porque además, ni siquiera nos podemos fiar de la “veracidad” de los sentimientos. Como vimos en otro post, nuestra mente nos puede hacer creer que una cuerda es una serpiente, y desencadenar todos los efectos del miedo en nuestro cuerpo.

 

Emociones

 

¿Qué pasa cuando odiamos?

Un ejemplo para entenderlo bien es el odio. Un psicólogo evolutivo nos diría que el odio es necesario ya que define a nuestros enemigos. Si odiamos a alguien es nuestro enemigo. Y esto es importante para la selección natural, saber quiénes son nuestros amigos y quienes son nuestros enemigos.

Los científicos del comportamiento han descubierto una característica interesante que define cómo nos fijamos en nuestros amigos y en nuestros enemigos. Y es la Ley de la Atribución. Si nuestro amigo hace algo bueno se lo atribuimos a su esencia interior y si hace algo malo lo atribuimos a una causa externa. Ya sabes, “era la presión del grupo”, “no había dormido bien”, “en realidad no era él mismo”, etc… Lo mismo ocurre con nuestro propio comportamiento. Si apruebo un examen es porque soy una gran estudiante. Si lo suspendo, los profesores me tienen manía. La historia de siempre…

Con nuestros enemigos es lo contrario. Si hacen algo bueno, habrá alguna causa externa para explicarlo. Y si hacen algo malo, será su esencia natural. Básicamente, ellos son malos aunque hagan algo bueno.

Esta característica fue diseñada por la selección natural. Cuando hablamos de nuestros enemigos está en nuestro interés hacerlo de forma poco favorable. Queremos socavar su estatus, ya que son las personas que potencialmente pueden hacernos daño. Y cuanto más poderosos sean, más daño pueden hacernos. En definitiva, nuestro enemigos son las personas que hacen cosas malas por naturaleza y cosas buenas por otras razones.

Una de estas razones la podemos ver cuando una nación va a entrar en guerra con otra nación. ¿Qué se suele hacer con el líder del país que va a ser atacado? Se le presenta como el mismísimo diablo. Sea real o no. En la guerra de Irak de 2003, por ejemplo, se comparaba a Saddam Hussein con Hitler. Y si lo quieres es sembrar el odio en la mente de alguien, esta es una buena manera. Una vez que has conseguido “instalar” este marco en la mente de la gente, si esta persona hace algo bueno, se le atribuirá a causas externas. Y cuando hace algo malo, será una prueba más de lo mala que es esa persona.

El odio es una emoción muy fuerte, se siente de forma muy dramática. Cada vez que piensas en tu enemigo vuelves a sentir la rabia. El módulo te está atrapando otra vez. Además, es muy fácil que de forma externa, mediante los medios de comunicación, por ejemplo, se forje en ti un “gatillo” que de forma automática le dará el control a uno de los módulos, incluso cuando lo que te están contando no sea una realidad.

 

¿Podemos controlar los módulos?

En realidad no es una tarea fácil. Pero la única forma es tomando más control y más conciencia sobre nuestros pensamientos y emociones.

La meditación consciente y la atención plena, en el contexto de esta visión modular de la mente, nos pueden ayudar a entender qué módulo está actuando en nosotros. Y cómo ese módulo está cambiando la forma en que percibimos la realidad. Y lo puede hacer incluso con emociones muy sutiles.

Queremos saber cuándo la serpiente es una serpiente, y cuando es una simple cuerda, ¿no? Yo por lo menos si quiero saberlo.

El problema es que los sentimientos que activan los módulos pueden ser muy sutiles. No siempre estarán asociados a una serpiente que nos puede matar, o a un terrorista que puede invadir nuestro país. Y cuando entramos en este nivel de sutileza, sólo la auténtica presencia, la atención plena, puede ayudarnos.

 

La visión budista

El budismo nos habla de la doctrina del “no yo”, lo que podría encajar perfectamente con esta visión modular de la mente, donde no hay un “director de orquesta” que esté al mando.

Aunque hay muchas interpretaciones de esta doctrina del “no yo”, la que más podría encajar con esta visión es la que dice que no hay ninguna parte de nuestra mente que tenga que ser parte de nuestra alma. No hay ninguna sensación que tengamos que poseer, no hay ningún pensamiento que tengamos que poseer. Podemos elegir qué cosas dejar de lado.

Para traducirlo en términos modulares se podría decir que no hay ningún módulo que tengamos que poseer. O no hay ningún módulo que tengamos que ser. Porque como hemos visto, los módulos están luchando todo el tiempo por ser nuestro self.

 

Fuentes:

El mago no puede morir. (El mago eres tú)

Las personas simpre hemos tenido la necesidad de explicar todo lo que ocurre en nuestro entorno. Si bien es cierto que hoy en día recurrimos a métodos ciéntificos para hallar estas explicaciones, hace miles de años nuestros antepasados encontraron otra forma de explicar lo que veían.  Desde las sociedades más antiguas de las que tenemos registro, mujeres y hombres de todas las tribus y culturas alrededor del mundo han venerado la existencia de algo invisible que nos rodea y a lo que sólo unos pocos afortunados tienen acceso, lo que se ha llamado comúnmente como magia. La magia se define como:

«Conjunto de conocimientos y prácticas con los que se pretende conseguir cosas extraordinarias con ayuda de seres o fuerzas sobrenaturales.»

Como señalaba al principio, la magia ha existido desde que el hombre es hombre. Parece que siempre hemos tenido el impulso de ponerle nombre a las cosas, de dotar de cierto orden el mundo en el que vivimos, y de este modo surge la «magia natural«, aquella que intentaba explicar los fenómenos naturales  dotándoles de una explicación fantástica para sortear lo que entonces se tomaba como inexplicable.  Y en las tribus surge entonces una de las figuras más importantes para el grupo: el chamán.

El mago

El mago era aquella persona de la tribu que a través de rituales mágicos proveía a los miembros del grupo de una ilusión de poder controlar el medio, algo necesario cuando debían enfrentarse a situaciones de gran peligro. Bajo la promesa de cambiar el clima, la salud, o los conflictos con otras tribus, los demás miembros del grupo se dejaban guiar.

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Chamán, mago navajo

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Chamán significa «médico» (en turco «el que sabe») y es una figura que ha existido (y sigue haciéndolo)  en todas las culturas del mundo, en diversas formas:

  • En América del Sur el pueblo mapuche tenían a su machi, quien preparaba brebajes para combatir enfermedades, favorecía la cosecha, expulsaba demonios… Los Aymara por otro lado tenían a los yatiris en la amazonía peruana contaban con la ayuda de los  yachaqFamosa es la figura del nahualbrujo que podía transformarse en animal.
  • En América del Norte, los navajos llamaban hatali  a sus curanderos.
  • En África la figura del chamán tenía importantes cualidades jurídicas, siendo una figura de gran prestigio en la comunidad.
  • En las cordilleras del Hymalaya la figura del chamán ha perdurado hasta nuestros días, a medio camino entre la medicina y el mundo de los espíritus.
  • En la tradición celta tenemos a los druidas, de los que hemos heredado muchas tradiciones  que perduran hoy en día.
  • En China la tradición chamánica recibe el nombre de Wuismo, cuyas raíces se remontan al 1.600 a.c. Y así muchos más.

Con el asentamiento del monoteísmo, las figuras que defendían esta magia natural comienzan a ser marginadas en Europa y Oriente Medio. Alrededor del año 400, la Iglesia Católica consigue el poder en Grecia y Roma y se apropia de las festividades paganas. De ese modo, aunque no lo sepamos seguimos celebrando el solsticio de invierno, en el que acontece el triunfo del «Dios Sol», el 25 de diciembre. Es el motivo por el que el 1 de noviembre aún sin saberlo celebras el Samhein, una antigua fiesta pagana en la que  los druidas celebraban el fin del verano, y en el que el dios de los muertos permitía a los difuntos volver a la vida momentáneamente para comunicarse con sus familiares.  Una vez destruidos los templos y apropiadas las celebraciones, se dio una caza de brujas que fue el último paso al desprestigio de la magia en el mundo entero.

La figura del mago queda entonces desprestigiada (y amenazada) y comienza a apagarse.

Y sin embargo, ¿ha muerto la magia?

El mago en el inconsciente colectivo

Cuando Jung desarrolló su idea del inconsciente colectivo, nos habló de ese océano común y universal en el que estamos todos inmersos, y describió las estructuras que lo sustentan: los arquetipos.  De los muchos arquetipos de los que nos habló Jung, hay uno que se presta muy interesante: el mago.

En palabras de Jung:

«El mago es sinónimo del viejo sabio, que se remonta en línea directa a la figura del hechicero de la sociedad primitiva. Es, como el Ánima, un demonio inmortal, que ilumina con la luz del sentido las caóticas oscuridades de la vida pura y simple. Es el iluminador, el preceptor y maestro, un psicopompo (conductor de almas), a cuya personificación no pudo escapar ni siquiera el «destructor de las tablas», Nietzsche, puesto que declaró portador y proclamador de su propia iluminación y éxtasis «dionisíacos» a su encarnación en Zaratustra, ese espíritu superior de una era casi homérica.»

 

Una de las características más importantes que describen el arquetipo del mago es su poder para cambiar la realidad. Hace siglos los chamanes eran capaces de transformar las sequías en agua, la enfermedad en salud, y sobre todo, citando al propio  Jung: «el arquetipo compensa ese estado de carencia espiritual con contenidos que rellenan el espacio vacío.« Cuando estábamos perdidos y necesitamos la luz, el adivino, el mago o el chamán hacían uso de su sabiduría para rellenar ese hueco.

¿Y acaso no estamos hoy en día experimentando ese profundo vacio? ¿Acaso no experimentamos una falta de «sentido de vivir«? Si tenemos en cuenta de que la OMS asegura que en el 2020 la depresión será la segunda causa de incapacidad a nivel mundial, creo que la respuesta es más que afirmativa.

 

El mago en la actualidad

mago tarot

Si en la antigüedad eran los chamanes quienes exorcizaban al hombre liberándolo de sus demonios, ¿quién asume esa función hoy en día? Si aceptamos la idea de que gran parte de nuestro malestar proviene de las represiones que ejercitamos contra nosotros mismos, la curación de estos problemas proviene de la aceptación de aquellos aspectos a los cuales nos duele hacer frente. Pero este proceso puede llegar a ser altamente doloroso, y en muchas ocasiones nos vemos incapaces de curarnos a nosotros mismos.

Esta incapacidad nos empuja a buscar la ayuda de un curador externo, que  hoy en día puede adoptar la forma de psicólogos, terapeutas, guias religiosos o maestros, que nos ayuden a despertar a nuestro curandero interno.

Porque el arquetipo del mago puede despertarse y expresarse en cualquiera de nosotros. Hace unas semanas, una persona muy cercana participó en un taller y literalmente definió a la persona que impartió el curso como «es un chamán» «lo que ha hecho es magia«. Si te paras a pensar un poco estoy seguro que puedes traer a tu mente el recuerdo de alguna persona que con su sola presencia es capaz de transformar el ambiente de una habitación emanando paz y tranquilidad. Personas que sin hacer aparentemente nada, simplemente siendo ellas mismas cambian la realidad que les envuelve y nos hacen sentir bien sólo con estar en su presencia.

 

Cuando somos capaces de poner orden en nuestro mundo interno somos más capaces de poner orden en nuestro mundo exterior. En este sentido, si bien es cierto que en un primer momento puede hacerse necesario contar con la ayuda de un mago que nos guie, después todos podemos ser nuestros propios chamanes.

¿Cómo despierta el mago?

La magia nace siempre de un acto doloroso. Como indica José María Poveda, los antiguos chamanes nacían a partir de:

  • Enfermedades: «El contacto con el dolor y la muerte constituye un modo poderoso de exposición al conocimiento o a la necesidad de saber acerca de situaciones críticas. El chamán ha sido definido también como «el curador herido», en el sentido de que las cicatrices son señales de su transformación en el camino del conocimiento para sanar. El psicoanalista que pasa su propio psicoanálisis antes de empezar a trabajar representa otra manifestación de esta manera de aprender.«
  • Los modelos cercanos: «La transmisión familiar será otra de las formas elementales de adquisición de conocimientos. El lugar donde habitualmente trabajan los chamanes es de ordinario el lugar donde viven y donde está su familia o su grupo. Es un sistema tradicional para transmitir experiencia, sobre todo en tareas que incluyen especialización artesanal«. 
  • Llamadas místicas

 

Si nos paramos a analizar la vida de personas que han adoptado el rol arquetípico de mago, nos encontramos con muchos ejemplos de individuos que han encontrado su luz, su camino, después de haber atravesado un camino lleno de dificultades y dolor.

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dolor

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Tenemos por ejemplo a  Milton Erickson. Uno de los psicoterapeutas más eficaces de la época y  famoso por ser pionero en cambiar las técnicas de hipnotismo aplicadas a la psicoterapia.  Tuvo un expediente  médico muy problemático, que comenzó a los 17 años cuando sufrió su primer ataque de polio, que se repetiría otra vez a la edad de 50 años. Era disléxico, daltónico y padecía una sordera que le impedía discriminar variaciones entre tonos. Todo el sufrimiento que experimentó a partir de la enfermedad le sirvió para desarrollar estrategias para afrontar el dolor que después utilizó para ayudar a la gente, convirtiéndose en su guía.

O tenemos el propio ejemplo de Jung, quien no es hasta después de superar una crisis en la mitad de su vida, cuando hizo sus principales publicaciones.

Tenemos a Aaron  Beck, padre de la psicología cognitiva, quien tuvo una infancia difícil, teñida por la depresión de su madre debido al fallecimiento de su hermana, y a una enfermedad que le obligó a afrontar sus miedos y problemas desarrollando las técnicas a partir de las cuales  desarrollaría después su teoría.

En la saga de literatura fantástica, Nacidos de la Bruma, Brandon Sanderson nos habla de los alománticos, personas que desarrollan grandes poderes después de haber atravesado un episodio de intenso dolor físico o mental. En el Señor de los Anillos Gandalf no desarrolla todo tu poder hasta que atraviesa los infiernos peleando con el Balrog. Nos topamos de bruces con el mito del Ave Fénix, sólo tras la muerte puede haber vida.

Como dijo José Luis Sampedro:

«Porque es tocando fondo, aunque sea en la amargura y la degradación, donde uno llega a saber quién es, y donde empieza a pisar firme».

Así podemos entender el sufrimiento desde una nueva dimensión. Más allá del dolor y las limitaciones,  una oportunidad para que se produzca el despertar del mago, ya que sólo a través de la curación del Self, el mago puede ayudara los demás.

 

Referencias:

  • Carl Gustav Jung. Arquetipos  inconsciente colectivo. Paidós, 2009.
  • Poveda, José María: Chamanismo: el arte natural de curar, Planeta, España, 2002.