Volver a empezar

Pedro J. Ramírez y Ágatha Ruíz de la Prada hace un tiempo rompieron su relación de pareja. La crónica rosa española se sorprendió. ¿Cómo es posible este divorcio tres meses después de tomar la extraña decisión de casarse?

Después  de haber atravesado más dificultades de las que una pareja normal suele enfrentar y cuando ya parecía que lo que se aproximaba era la tranquila vejez y los nietos correteando, la crédula y sorprendida Ágatha se encuentra soltera (y enfadada) otra vez.

En los divorcios el elemento económico parece fundamental. No es barato divorciarse ni mantener más de un núcleo familiar. Así vemos, una vez más, la determinante relación entre la estabilidad matrimonial y la bonanza económica. La pobreza une muchas veces por necesidad. No hay más que ver el precio del alquiler en Madrid. Cada vez menos personas pueden ser solteras empedernidas.

volver a empezar

En el caso de Ágatha y Pedro J. la cuestión económica, evidentemente, no es un problema. Simplemente se ve que él se ha enamorado (de una mujer más joven, eso sí). Estas cosas suceden y a todas las edades. El amor no es un privilegio exclusivo de la adolescencia, aunque fructifique con mucha pasión en esa época. Esta es una lección importante. Muchas personas consideran que con la edad el corazón (y los genitales) se secan, pero nada más lejos de la realidad. El amor puede existir más allá de los 65, en ocasiones generando graves tensiones en parejas preexistentes de larga duración. Es una buena reivindicación plantear estas cosas pues en ocasiones la soberbia de la juventud reinante ignora la vida emocional de sus mayores.

Con bastante frecuencia en este tipo de rupturas maduras participa una tercera persona, en ocasiones (muchas) bastante más joven. ¿Es el espejismo de la juventud que atrapa al marido o la esposa? ¿La posibilidad de vivir una segunda oportunidad?

El que se va -enamorado- lo tiene más sencillo. Tendrá que construir una vida nueva y reestructurar su agenda de amistades, tal vez en ocasiones lidiar con la culpa y los reproches del abandonado y otros miembros de la familia que pudieran aliarse con él.

El gran peso, sin embargo, queda para el que es abandonado. Cuando el amor troca en odio la ira anima al corazón durante un tiempo y existe el riesgo ¿o la suerte? De acabar como en “El club de las primeras esposas”. Pero tarde o temprano el odio acaba y queda la soledad.

Ese es el momento de volver a empezar. Después de un divorcio maduro las amistades y los miembros de la familia pueden sostener durante un tiempo el ánimo y es muy importante apoyarse en el círculo social cercano para reconstruir la vida.

Las horas muertas y la abundancia de tiempo para uno mismo puede ser un problema pero también una oportunidad. Es la ocasión de encontrar nuevas aficiones y oportunidades de crecimiento personal, el cultivo de aquello para lo que nunca se tuvo tiempo.

¿Y una nueva pareja? A veces, por venganza o por desquite, se busca con celeridad un nuevo acompañante. No suele ser una idea muy acertada. Es necesario tomarse un tiempo para el duelo y cerrar la herida en la autoestima y en el apego. El otro riesgo los constituye el miedo. Algunas personas se incapacitan para volver a amar ante la traición sufrida. Temen que les suceda lo mismo y la paranoia no permite que ninguna potencial pareja pase de un par de citas.

Por todo esto es muy importante elaborar el duelo. Y si después del duelo el amor termina por aparecer, hay que decir «bienvenido sea» y asumiendo el riesgo volver a empezar.

¿Ha muerto el amor?

¿Hay alguien para ti? ¿Alguien en un lugar del mundo que te espere? ¿Será el destino? ¿La media naranja? ¿Manzana? ¿Pera? ¿Será la divina providencia? ¿San Antonio? ¿La mano de Fátima que te compraste en el Bazar de Estambul? ¿O la claridad de las señales que le estás enviando al cosmos?

moulin rouge amor

Nosotros, seres solitarios, añoramos la época en la que unidos a nuestra madre, nadando felices, ignorantes del mundo, sentíamos que eramos completos. Tras el trauma del nacimiento salimos al mundo y chocamos con nuestras limitaciones, el universo es un lugar hostil para una pequeña criatura como nosotros. Quedamos, entonces, deseando siempre hallar aquello que nos haga ser de nuevo completos, algunos creen que lo pueden encontrar en los caminos del espíritu, otros en las cloacas del dinero. Con todo, la mayoría de las personas nacidas en países occidentales y en este siglo busca colmar esa falta por la vía del amor. Es, en verdad, una buena vía esta del amor, pero está llena de indicaciones falsas, infructuosos atajos y caminos cortados.

Así muchos de nosotros consumidos por las fantasías manufacturadas de Disney esperamos cantando como Blancanieves “Algún día mi príncipe/princesa vendrá”

https://www.youtube.com/watch?v=jia9enHovls

Pero no viene, aparecen pastores, camareras, lecheros, pescaderas, hasta algún abogado pero príncipes y princesas ninguno. Así quedamos siempre con la puñetera duda que insistentemente cuestiona: “¿Y si no viene?” “¿Y si no me encuentra?”. Y latente, por debajo, la mayor incertidumbre, un terror que sugiere que Disney mentía y que el amor ha muerto, un terror que, abandonada la adolescencia (mental, que no biológica), se convierte en certeza.

Y entonces caemos en la desesperación, la muerte del romanticismo deja paso a un erial, un desierto en el que nada es bueno, nos volvemos hipercríticos, el carácter se agria y nos reímos con dolor y desprecio de todo aquello en lo que una vez creímos.

Y sin embargo, a pesar de la pésima educación emocional que hemos recibido, de las manipulaciones románticas y del peligro constante de caer en el cinismo, la vida nos lleva la contraria. Todos conocemos, antes o después, a personas en la vida real que encuentran el amor. No es un amor como el de Blancanieves pero nos vale, nos da esperanzas. “Si él/ella lo encontró, tal vez yo también pueda”. Y él/ella no es un dibujo animado, es una persona que también va al baño (la esperanza aumenta).

titanic amor

Pero, si hablamos del amor real, baños aparte, tenemos que introducir muchos elementos que Disney no consideró en la ecuación, empezando por el sufrimiento. Dice Freud:

“Nunca estaremos menos protegidos contra el sufrimiento que cuando amamos y nunca seremos más irremediablemente infelices que cuando hayamos perdido a la persona amada o su amor”

Enuncia el sabio una cosa que saben los que amaron y es que se sufre sin amor y se sufre con amor, la soledad es una compañera antipática cuando se queda en casa demasiado tiempo pero el amor siempre implica un riesgo, el riesgo de perder aquello que amamos, por eso cuanto más amamos más podemos sufrir, igual que cuanto más jugamos en el casino más fichas podemos perder.

El dolor de la pérdida puede ser terrible y las personas que han pasado por él pueden desarrollar una defensa instintiva ante la posibilidad de volver a ser víctimas de ese dolor que les impida implicarse emocionalmente con una nueva pareja. Los fantasmas de las parejas anteriores son incómodos compañeros de viaje, conviene exorcizarlos, ponernos en buenos términos con ellos y, mientras esto no sea posible, colocarlos en su alta torre y hacerles pocas visitas.

Brokeback mountain amor

Queda claro que amando se goza y se sufre y que a través del amor en ocasiones podemos sentir que somos más completos, pero queda todavía la pregunta del millón. ¿Por qué éste y no aquel? ¿Por qué aquella y no ésta? ¿En qué se basa nuestra elección? Una de las más importantes de nuestra vida y parece una completa arbitrariedad.

La buena noticia es que no es siempre así. Efectivamente, hay un elemento maravilloso, arbitrario y no medible pero también hay otros que derivan de la propia biografía de cada uno, los vínculos tempranos, los roles desarrollados, las proyecciones de los familiares, etc… Todos estos elementos inciden directamente en la elección de pareja.

Por eso es tan importante reflexionar cuando llevas cuatro parejas seguidas en las que se cumple el mismo patrón ¿Qué estás intentando arreglar a través de esa relación en la que cambian las caras pero el problema siempre es el mismo? ¿Por qué te transformas en esa otra persona que te desagrada cada vez que empiezas una relación? ¿Por qué hay una persona que vuelve a tu vida una y otra vez a pesar de que no deseas estar con ella?

Son demasiadas las cosas que se ponen en juego en el encuentro entre dos personas, si conocemos el mecanismo por el que se rige nuestra elección, tendremos la llave para una relación más sana, más limpia de interferencias inconscientes y de conflictos ajenos. Una relación que no será ideal, será real.

Y entonces nos daremos cuenta de que el amor no ha muerto, solo había que atreverse a sentirlo.