Relaciones consentidas: sexo con sentido

Estoy tumbada en tu cama. Ha sido una quedada agradable entre amigos, aunque por momentos, un poco tensa. El vino ha ayudado a relajarme y a sentirme más cómoda y distendida. No es la primera cita ni la segunda, pero aún hay algo que me inquieta cuando nos quedamos los dos a solas.

No sé bien lo que es, pero a la mente me viene el cuento de Barba Azul: «no pases, no cruces la puerta. No te fíes». Algo en el estómago se cierra y se congela, pero no le hago caso y no capto las señales. Siempre es igual: no escuchamos la voz sabia del cuerpo. ¡Siempre quiere aguarnos la fiesta!¡Dejadme divertirme, -les susurro a mis tripas-no seais desconfiadas!

Comenzamos a besarnos, a morder la piel y a dejar caer la ropa. Poco a poco caen también los minutos y las palabras. Pasamos de caricias lentas a velocidad desmesurada. Poco recuerdo de los entremeses. Mucho del primer plato: frío. Muy frío.

Y de repente me estremezco. Recuerdo a mi ex, estoy en duelo. Le echo de menos y ya no quiero tenerte dentro. No fue a propósito, su imagen viene y me desconecto. Te pido que pares por favor, que me angustio, que no puedo… ni quiero… seguir en ese momento.

Pero mi NO se hizo mudo. No lo escuchas. Me dices: «tranquila, cálmate» y sigues moviéndote como si realmente no me escucharas. Lo intento de nuevo, te vuelvo la cara y manoteo  tu cuerpo para apartarlo. Más te empujo, más me aprietas.

Me desenergetizo, me vuelvo laxa, inmóvil y me echo a llorar. No sé si de impotencia, de vergüenza o de miedo. Pero ahí estoy: desnuda y frágil debajo de ti. Y tú como si nada. 

Paras sin terminar el orgasmo. Te me quitas de encima como quien se sacude una lapa. Me dices que te he desconcentrado y que soy una egoísta. Que parezco una cría y que no quieres saber de mí ya nada. Yo sigo llorando, tratando de explicarte, mientras mi cuerpo está temblando y no entiende lo que pasa. Me miras con desprecio y me dices que me vaya de tu casa.

Salgo. Son las 4 de la mañana.

Violaciones que no ocurren en la calle

Una mujer es violada cada ocho horas en España. Son datos oficiales del Ministerio del Interior que indica que en 2015 se computaron, al menos, 1.127 forzamientos.

¿Cuántos de todos ellos ocurrieron tras un primer consentimiento y una negativa posterior? ¿Cuántos de ellos son silenciados por un concepto de violencia sexual obsoleto y patriarcal?

Las conversaciones en los medios de comunicación giran en torno al sexo, aunque recordemos que la violación no es una relación sexual es una imposición de poder, que aumenta el estado de excitación sexual a través de forzar a un otro.

Por mucho que la vox populis opine que si al inicio de la interacción hubo consentimiento entonces no hay forzamiento, lo cierto es que el consentimiento es algo PROCESUAL, no algo fijo e inamovible. ¿O acaso si yo doy consentimiento para que mi hijo vaya a una excursión el viernes por la tarde y el viernes por la mañana decido que es mejor que no vaya por las condiciones del tiempo, está obligado a ir igualmente?

Lo que ambos consienten en primera instancia es una relación sexual placentera, divertida y cuidadosa. En el momento en que ese escenario cambia y la persona se siente forzada e incómoda, el consentimiento anterior queda absolutamente invalidado.

La sentencia del caso de La Manada ha abierto nuevamente la brecha del debate acerca de lo que en la Ley se entiende por violación, dejando ver cómo el inconsciente colectivo dominante sigue teniendo una imagen en la cabeza del «típico violador callejaro».

Así lo expresa claramente Samuel Mir, autor y director del film «Para» que muestra lo que ocurre cuando quien te viola es la persona con la que tienes una cita.

 

Parece que sólo podemos llamarlo así cuando desnudan a una mujer en la calle, la fuerzan sexualmente y la dejan tirada en una esquina. Pero hay muchas más formas y puede hacerlo tu pareja, tu amante, tu amigo o tu ligue de una noche”-señala.

Samuel Miró, quien ideó la trama a raíz de una experiencia personal similar, recuerda cómo él se sintió forzado en un determinado momento a continuar el coito cuando quería parar mientras estaba teniendo sexo casual con una chica.

«Yo, que peso cien kilos, pude zafarme y le pedí que se fuera. Pero pensé que, si la situación hubiera sido al revés, la mujer no hubiera podido pararme a mí. Un hombre hubiera seguido”.

Y es que algunos maltratos sexuales son más fáciles de identificar que otros. Cuando un desconocido trata de forzar a una mujer a mantener relaciones sexuales con él, generalmente la mujer identifica el maltrato. Sin embargo, cuando el maltrato proviene de una persona conocida, este es más difícil de identificar, includo para la víctima, que tiende a sentirse culpable y avergonzada.

El papel del porno como educador sexual

En la actulidad, con el acceso a Internet -tan fácil como quien compra chicles-, los y las adolescentes ya no tienen que descifrar el porno codificado del Plus ni ver a escondidas las revistas de Interview del vecino.

Nuestro entorno hipersexualizado, utiliza la sexualidad como medio de venta y como medio de humor. Todos creemos saber mucho de sexo, pues estamos expuestos a situaciones sexualizadas constantemente y, sin embargo, muy pocas veces se trata la sexualidad como vía para trabajar las habilidades sociales, el respeto, el cuidado, la confianza o la seguridad en uno mismo.

 

violencia sexual en la publicidad

El porno y la publicidad, -entre otros-, ha hecho mucho daño tanto a  hombres como a mujeres. Traslada un modelo de relación desigualitario en el que la mujer cumple una función de objeto sexual pasivo y receptivo disponible para el hombre siempre y se perpetúan los estereotipos de género llevados al extremo: el hombre es el que tiene el deseo sexual permanentemente y la mujer quien responde a ese deseo masculino.

Dicho contenido distorsiona lo que es la sexualidad y enquista estereotipos de género y prácticas sexuales no consentidas e insactifactorias para ambos.

En el disfrute mutuo está el placer

En esa búsqueda de lo positivo del sexo, basándose en el consentimiento placentero, y no en la parte negativa ni en el miedo. Erika Lust, pionera del cine porno feminista, lanzó junto a Pablo Dobner, su marido, el proyecto The Porn Conversation, una serie de recursos para ayudar a los padres a dar un paso más en la temida charla de sexo con sus hijos y hablar abiertamente de porno con ellos.

La web contiene herramientas en inglés, alemán, español e italiano divididas en función de la edad: menores de 11 años, de entre 11 y 15 y mayores de 15. A través de los recursos que ofrecen, los padres pueden tratar cuestiones tanto de desmitificación del porno como las relacionadas con el género y el cuidado mutuo.

  «El sexo siempre es mejor cuando lo haces con alguien en quien confías y que te trata con respeto” destaca Erika Lust.

Es contra el «mal sexo»: sexo insatisfactorio, mecánico, deshuamanizado y falocéntrico, –que limita nuestras zonas erógenas a los genitales, nos reduce a simples recipientes de fluidos y sirve únicamente de descarga tensional- donde hay que poner el foco en la educación sexual.

Todos merecemos reveindicar una buena sexualidad, disfrutable para ellos y para ellas. Y sobre todo deseada y satisfactoria, no sólo consentida.

Hay que dejar que el sexo fluya, que surja, que se transfome a cada minuto cuerpo a cuerpo. Que nazca, crezca y muera en cada acto, con total libertad. La sexualidad es comunicación y se trata de que por fin, tanto los hombres como las mujeres podamos comunicarnos en relaciones sexuales consentidas y con-sentido, por el mero hecho de quererlas y merecerlas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hombres, el arma entre las piernas

¿Andamos los hombres con el arma entre las piernas?, ¿Somos todos los hombres potenciales abusadores o violadores?, ¿Poseemos una naturaleza sexual agresiva, monstruosa?

La lacra social de la violencia machista y la desigualdad entre mujeres y hombres ocupa un lugar cada vez más relevante entre las preocupaciones sociales, al menos si nos atenemos a lo que se está diciendo en los medios de comunicación, lo que circula por las redes y lo que se está discutiendo en esa entelequia que denominamos la opinión pública. Nos equivocaríamos si creyésemos que por estar estos temas actualmente en el candelero se aproximan cambios o transformaciones en lo sustancial, más bien deberíamos desconfiar de la velocidad con la que unas noticias reemplazan a otras y con la falta de matices y reflexión que caracterizan a muchas de las “campañas de concientización” o a los mecanismos que se ponen en marcha con los linchamientos mediáticos.

Me consta que es muy complicado mantener el equilibrio entre el análisis de la actualidad, la intervención inmediata en los asuntos y la reflexión un poco más profunda, pero aspiro a que el exceso de dramáticas novedades no sepulte lo importante: la conciencia de qué tareas tenemos pendientes. En primer lugar, los hombres con nosotros mismos, en segundo lugar, con respecto a nuestras formas de relacionarnos con los demás y en particular con las mujeres.

Todo pasa con excesiva rapidez y mientras estamos digiriendo el impacto que produce saber que una chica ha sido violada por cinco energúmenos, aparecen nuevas revelaciones de actrices de Hollywood que se vieron sometidas a los apetitos sexuales desbocados de un productor de cine. Sin pausa, seguimos registrando incontables actos de violencia, algunos enormes, atroces. Una mujer mayor es asesinada por su marido después de cuarenta y cinco años de casados, una más joven recibe una paliza brutal por parte de su ex pareja, la policía descubre en un prostíbulo a varias decenas de mujeres que malviven como esclavas sexuales, una adolescente padece el acoso de las miradas masculinas en la calle o en el trabajo por llevar una determinada prenda de ropa. En todos los casos, se repite un mismo patrón: el género del victimario es siempre masculino y el género de la víctima es siempre femenino.

Surgen preguntas, hay necesidad de establecer responsabilidades, queremos castigar a los culpables. ¿Cómo lo hacemos?

La culpa de la violencia es de todos los hombres

En los muros de Facebook o a través de cadenas de whatsapp, he visto como se viene alimentando de manera pueril, y a partir de simplificaciones, la idea de que todos los hombres  -por el simple hecho de ser hombres- somos potenciales violadores, abusadores, acosadores o asesinos de mujeres. En otro mensaje, que circuló bastante por la web, se instaba a que todos los hombres manifestáramos nuestra vergüenza de ser hombres a raíz de la violación que un grupo había cometido durante las fiestas en Pamplona de los Sanfermines.

Una buena amiga, a propósito de la campaña que se lanzó en apoyo de la víctima de dicha violación, #yotecreo, se preguntaba, hace unas semanas en un post: “¿por qué los hombres no espabilan y viralizan un #losiento, un #somosunosmierdas?…¿Por qué no os da la gana daros cuenta de que prácticamente cada pequeño detalle de vuestra cultura, de vuestra cotidianidad, está impregnado de basura patriarcal?…¿Por qué no os sentís interpelados, no digamos ya responsables? ¿Por qué tenemos que educaros y hacer pedagogía constante cuando tenemos cosas mucho mejores que hacer? ¿Por qué somos nosotras las exageradas, las agresivas, las radicales, las que odiamos a los hombres? ¿Cómo tenéis la cara de no odiaros vosotros también?”

Ante un planteamiento semejante, yo sólo puedo responder por mí y no en representación del resto de los hombres.

Yo estoy aquí, sé más o menos bien quien soy, qué pienso del patriarcado y de la explotación capitalista, qué hago y qué no, cómo trato a mi hija, a mi mujer, a mi madre, a mis amigas, a mis vecinas, a las mujeres con las que me relaciono o con las que me cruzo por la vida. ¿Creo yo que la sociedad le debe una explicación a las mujeres que han sido víctimas de la violencia machista? Sí, lo creo. ¿Tiene este país alguna deuda histórica a causa de la ingente cantidad de malos tratos que las mujeres han recibido y reciben? Sí, lo tiene. Pero, ¿me siento culpable o responsable como hombre de las violencias que se ejercen contra las mujeres? No, en absoluto.

Tengo responsabilidad como ciudadano, tengo deberes cívicos, compromisos políticos, luchas invisibles por vivir colectivamente de manera más decente, sin embargo no siento una responsabilidad moral por las circunstancias – como la desigualdad entre mujeres y hombres o la erradicación de los abusos machistas de poder- que intento mejorar en el día a día.

No soy parte de ningún ente colectivo que se llame Hombres Patriarcales y Opresores o Machos como los de antes. Y es por eso que no quiero que me pongan en el mismo saco con otros hombres -retrógrados, cavernícolas, violentos- simplemente porque comparta con ellos el tener un pene y dos testículos.

Si bien como colectivo a los hombres nos vendría muy bien derrumbar un modelo masculino coital, falocéntrico y eyaculatorio, eso no significa que nuestra sexualidad sea sinónimo de agresividad, salvajismo o monstruosidad.

El arma, obviamente, no está entre nuestras piernas como así tampoco la violencia anida en nuestro ADN. Se trata más bien de una cultura en la que nos hemos desarrollado a partir del fomento de la banalidad, la ausencia de búsqueda del sentido y el empobrecimiento del erotismo.

Vivimos en un medio en el que todo parece orquestado para que no nos detengamos en nada ni nos comprometamos con nadie. Aturdidos con tanto ruido mediático y arrastrados por la corriente comunicacional instantánea, no estamos pudiendo comunicarnos bien ni encontrarnos en un frente común con las mujeres. Necesitamos, sin dudas, de ellas para el desarrollo de nuestras potencialidades.

Convendría no perder de vista que también los hombres pueden llegar a desarrollar una sexualidad madura, enriquecida, amorosa y todo ello sin renunciar a ser hombres o sentirse avergonzados de serlo.

La pulsión en el Psicoanálisis

Para comprender la pulsión en el Psicoanálisis es imperativo aclarar que la sexualidad. En la teoría Psicoanalítica, ésta incluye pero no se limita a la genitalidad. Más bien se refiere a la serie de excitaciones y actividades que producen un placer irreductible a la satisfacción de las necesidades fisiológicas.

Es pertinente hacer la distinción entre necesidad y deseo. La necesidad es la exigencia de un órgano cuya satisfacción se cumple realmente con un objeto concreto y no en la fantasía. Por ejemplo, la sensación fisiológica del hambre que se sacia con el alimento. Luego el deseo, es una expresión de la pulsión sexual que nace de una zona erógena del cuerpo. El mismo se satisface sólo parcialmente con un fantasma cuyo objeto es el cuerpo de otro igualmente deseante. El deseo en Psicoanálisis siempre es sexual, y tiene como condición la prohibición del incesto, y la falta asumida con la castración.

 

La pulsión

A lo largo de su obra, Freud sostiene dos planteamientos con respecto a las pulsiones. Estas teorías pulsionales son complementarias y una no descarta la vigencia de la anterior. En su artículo “Pulsiones y Destinos Pulsionales” (1915), Freud define la pulsión como:

Un concepto fronterizo entre lo psíquico y lo somático, como un representante psíquico de los estímulos procedentes del interior del cuerpo, que arriban al alma, y como una magnitud de la exigencia de trabajo impuesta a lo anímico a consecuencia de su conexión con lo somático.

Esto implica que lo somático imprime una exigencia de trabajo en el aparato psíquico.

pulsión

 

Componentes de la pulsión

Ya anteriormente, en sus “Tres Ensayos sobre una Teoría Sexual” (1905) define los componentes de la pulsión como:

  • Fuente (quelle), es el órgano en el que se produce la excitación sexual y donde brota la pulsión. Se denomina zona erógena, siendo orificios del cuerpo básicos para la supervivencia y donde se apoya la sexualidad. En diferentes momentos del desarrollo psicosexual, cada una de estas zonas tendrá una prevalencia sobre las demás. La pulsión satisfecha será entonces parcial. Sólo con el paso del tiempo se agruparán en organizaciones libidinales.
  • Fuerza (drang), es el factor cuantitativo (económico) de la pulsión. Supone la insistencia y el empuje como una exigencia de trabajo.
  • Meta (ziel), que siempre es la satisfacción, es decir, la supresión del estado de estimulación de la zona erógena. Las pulsiones pueden ser inhibidas o desviadas en su fin. En el primer caso, se hace un alto en la satisfacción. Por ejemplo, el cariño hacia los amigos. En el segundo caso, se da el mecanismo de la sublimación. Mediante el cual la pulsión es canalizada para actividades socialmente valoradas.
  • Objeto (objekt), es aquello en lo cual o por medio de lo cual la pulsión puede alcanzar la satisfacción parcial. Freud plantea que el objeto “es lo más variable de la pulsión”. De modo que no está enlazado a ella originariamente. No obstante, no todas las cosas son susceptibles de ser un objeto para un determinado individuo. Sino sólo aquellas condicionadas por su propia historia.

 

Primera Teoría Pulsional

pulsión de vida

La primera teoría pulsional fue expuesta en 1910 en su artículo “La Perturbación Psicógena de la Visión”. La misma consiste en la oposición entre las pulsiones de auto-conservación y sexuales. Las pulsiones de auto-conservación, tienen como fin la conservación del individuo y el yo. Mientras que las pulsiones sexuales, están puestas al servicio de la sexualidad y la consecución del placer sexual. Podría decirse que existe en el psiquismo una oposición entre necesidad y deseo, o como Freud bien lo dijo, entre hambre y amor.

Las pulsiones en cuanto tal, son pulsiones sexuales, pues están orientadas a la consecución de un placer. Éste no siempre está ligado a la satisfacción de la necesidad orgánica, que concierne a las pulsiones de auto-conservación. De acuerdo con Freud en este período de su obra, la vida psíquica está regida por el Principio del Placer. Según el cual, el aparato psíquico tiende a buscar el placer y evitar el displacer. Entiéndase este último como un estado de tensión que puede manar del interior del propio cuerpo o surgir por estímulos externos.

Si bien las pulsiones sexuales se apuntalan en aquellas de auto-conservación. Se diferencian de ellas pues hay un plus de placer, un resto que queda una vez satisfecha la necesidad. El chupeteo ejemplifica este fenómeno, pues el lactante succiona incluso después de haber satisfecho su necesidad de comer. Dicho esto, no hay un objeto predeterminado biológicamente para la satisfacción de las pulsiones.

 

Las pulsiones parciales

desarrollo de pulsión

Las pulsiones (sexuales) se satisfacen localmente en una determinada zona erógena, por lo cual se consideran pulsiones parciales. Este placer de órgano, va ligado a representaciones fantasmáticas, que expresan no las necesidades vitales sino los deseos inconscientes. Como se ha expuesto, Freud consideraba que las pulsiones se apuntalan o apoyan en las funciones vitales, es decir, en las pulsiones yoicas (de auto-conservación). Luego secundariamente se tornan independientes.

Freud propone que el desarrollo de la libido sigue una serie de fases, cada una marcada por una nueva organización de la sexualidad. En cada una de estas etapa, se da la primacía de una zona erógena, y un modo particular de relación con el objeto. De forma muy general, as fases del desarrollo psicosexual según Freud son:

  • La fase oral comprende el primer año de vida, y tiene como zona erógena la boca. De modo que, apoyada en las necesidades de nutrición, el bebé encuentra un plus de satisfacción en la succión, lo que constituye la pulsión oral.
  • Seguida está la fase anal, ocurre entre los dos y cuatro años, coincidiendo con el proceso de control de esfínteres. La zona erógena predominante es anal, y se vincula con el placer del par de retención y evacuación de las heces.
  • Finalmente, la fase fálica entre el quinto y sexto año de vida, se caracteriza por la unificación de las pulsiones en la primacía de los órganos genitales.

En ese momento, ni el niño ni la niña han descubierto la diferencia anatómica de los sexos, por lo que para ambos los seres humanos poseen el falo o están castrados. Esta etapa concluye con el Complejo de Edipo, concepto que hemos explorado en un artículo El Complejo de Edipo y las Estructuras Psíquicas.

 

Introducción del Narcisismo

narcisismo y pulsión

El término narcisismo fue acuñado por Freud por primera vez para referirse a la elección homosexual de objeto. Poco después, en el caso Schreber lo considera como una fase de la evolución sexual entre el autoerotismo y la elección de objeto. No obstante, el concepto es desarrollado por Freud en su obra Introducción del Narcisismo en 1914.

Todo el desarrollo de esta metáfora del funcionamiento psíquico se basa en el mito de Narciso:

Éste era un joven de gran hermosura, quien suscitaba el amor de incontables doncellas y ninfas, Un día, Narciso se acerca a una fuente de agua clara para beber. Pero queda fascinado ante la belleza de su propio rostro reflejado. Trató de acercarse pero se hundió y muere.

Ya Paul Nacke en 1899 define al narcisismo como la descripción clínica de un individuo que da a su propio cuerpo un trato parecido al que daría al cuerpo de un objeto sexual. Freud agrega que rasgos aislados de dicha conducta aparecen en muchas personas aquejadas de otras perturbaciones. Lo que le lleva a proponer que una parte de la libido, definida como narcisista se sitúa en el desarrollo sexual regular del ser humano.

El aporte a las teorías de las pulsiones, consiste en el giro cualitativo en la oposición entre pulsión yoica y pulsión sexual. El yo también es susceptible de convertirse en un objeto de la pulsión, también se encuentra sexualizado. De esta manera, la libido yoica es aquella que inviste al yo, mientras la libido objetal inviste los objetos. Mientras más gasta una, más se empobrece la otra. Un ejemplo de la libido volcada al propio yo son las fantasías del fin del mundo del paranoico. Mientras que el paradigma de la libido invistiendo el objeto es el enamoramiento.

 

Segunda Teoría Pulsional

El estudio de la libido narcisista es el preámbulo para el desarrollo de la segunda teoría pulsional. La cual fue propuesta por Freud en 1920 en su obra Más Allá del Principio del Placer. El nuevo dualismo pulsional se basa en el par de la pulsión de vida por un lado, y la pulsión de muerte por el otro. Este nuevo planteamiento surge del estudio clínico de la compulsión a la repetición. Este es un fenómeno que forma parte de muchos cuadros neuróticos y que contradice el principio del placer.

En el desarrollo, se producen escisiones del yo, cuando ciertas pulsiones parciales se vuelven incompatibles en su meta. Las mismas quedan relegadas al inconsciente por acción del mecanismo de la represión. De esta manera no pueden encontrar la satisfacción. En este caso, donde la satisfacción es indirecta, no contradice el principio del placer. El displacer causado por el malestar neurótico es sólo para el yo.

 

Más allá del Principio del Placer

pulsión de muerte

Freud expone la pulsión de muerte en dos situaciones de la vida anímica. La primera de ellas es la neurosis traumática, en la cual una tensión irrumpe en el psiquismo con una intensidad tan fuerte que desborda su capacidad de defensa. Por ejemplo: accidentes, guerras o cualquier tipo de situación traumática. Después de la Primera Guerra Mundial eran muchas las personas afectadas. Se observaba que en la vigilia el tema se tocaba con naturalidad, o simplemente no se trataba. Mientras que muchos de estos sujetos tenían sueños recurrentes que reconducían a la circunstancia traumática. En estos casos, los sueños no cumplen la función de realización de deseos inconscientes, pues despiertan el terror de la situación temida.

Sumado a esto, Freud observa el juego infantil de uno de sus nietos de año y medio de edad. El Fort-Da consiste en lanzar un objeto pequeño a un rincón de la habitación, o debajo de la cama. Al mismo tiempo, el niño producía un sonido, cuyo significado era fort o fuera. En otras ocasiones, repetía el juego con un carretel de madera, que tenía una cuerda con la que lo lanzaba y lo hacía volver emitiendo la palabra da o aquí. Después de observarlo durante un tiempo, Freud concluyó que el pequeño repetía un escenario que no es agradable para él: la partida de la madre. Empero, ahora el niño tomaba papel activo, en una vivencia donde fue pasivo. Aunque sea revivir una experiencia dolorosa, va conectada a la ganancia de un placer de otra índole.

 

 

Pulsión de Vida vs Pulsión de Muerte

La pulsión de vida entonces incluye tanto las pulsiones sexuales como las yoicas de la primera teoría pulsional. Es cualquier tendencia libidinal hacia la ligadura del aspecto económico del quantum de afecto a una representación psíquica. Por medio de este mecanismo, se dirige a la conservación de la vida, y a generar una mayor ligadura de la energía libidinal con las representaciones.

En «Más Allá del Principio del Placer» (1920), Freud comenta sobre la pulsión de muerte:

La pulsión de muerte en cambio “trabaja muda dentro del ser vivo en la obra de su disolución”.

Si no está de algún modo ligada a la pulsión de vida se nos escapa. Su propensión es contraria a la pulsión de vida, pues es lo más pulsional, y menos ligado a representaciones del psiquismo humano. De hecho, busca romper la conexión entre la pulsión de vida y la representación, volviendo a la pura cantidad. De acuerdo con el planteamiento freudiano, estas pulsiones se encuentran en condición de mezcla o desmezcla. , y nunca pueden distinguirse independientes una de otra.

 

Referencias bibliográficas:

  • FREUD, Sigmund (1905). Obras Completas. Tres Ensayos sobre una Teoria Sexual. Amorrortu Editores. Buenos Aires, Argentina.
    • Introducción del Narcisismo (1914)
    • Pulsiones y Destinos Pulsionales (1915)
    • Más Allá del Principio del Placer (1920)

La sexualidad infantil

A finales del siglo XIX, Sigmund Freud desarrolla al Psicoanálisis como un método para explorar los procesos mentales inconscientes. También como una técnica para tratar las enfermedades mentales. Uno de sus constructos fundamentales es la relevancia de la sexualidad en la constitución del sujeto. En la época victoriana hablar de la sexualidad infantil era casi un pecado. En su obra Tres Ensayos de Teoría Sexual (1905), Freud expone cómo en ese momento la opinión popular asumía la creencia de que lo sexual falta en la infancia. Incluso en la actualidad hay sectores que consideran que la sexualidad sólo se activa en la pubertad, como por arte de magia.

A partir de los trabajos de Freud, se acepta que la sexualidad está presente desde la infancia y se desarrolla hasta la edad adulta. Definitivamente, los (as) niños (as) no experimentan las pulsiones sexuales del modo en que lo hacen los adultos. Es importante conocer las bases de este desarrollo para la comprensión del ser humano y su psiquismo. Aún cuando hoy este tema sigue siendo tabú, muchos de los conceptos freudianos se han insertado en el discurso social. También, han contribuido al surgimiento de otras teorías que han sido fundamentales para comprender este proceso.

sexualidad infantil

En los últimos días en mi país se ha desatado una lucha campal entre dos bandos que apoyan o rechazan un proyecto de ley. El mismo propone la educación sexual en los colegios, entre otras iniciativas vinculadas a la llamada salud sexual y reproductiva. Uno de los aspectos que crea más polémica es “hablar de sexo” con niños en edad escolar primaria. Se han expuesto argumentos válidos a favor y en contra. Igualmente se han divulgado muchos mitos sobre lo que es la sexualidad y cómo se manifiesta en la niñez. Ensayaremos esclarecer algunos conceptos básicos.

 

¿Qué es la sexualidad?

Es muy importante resaltar que en la teoría psicoanalítica, la sexualidad se distingue de la genitalidad. Tomemos como referencia la definición propuesta por Laplanche y Pontalis en su Diccionario de Psicoanálisis:

En la experiencia y en la teoría psicoanalíticas, la palabra sexualidad no designa solamente las actividades y el placer dependientes del funcionamiento del aparato genital, sino toda una serie de excitaciones y de actividades, existentes desde la infancia, que producen un placer que no puede reducirse a la satisfacción de una necesidad fisiológica fundamental (respiración, hambre, función excretora, etc.) y que se encuentran también a titulo de componentes en la forma llamada normal del amor sexual.

La sexualidad se constituye desde la infancia como la búsqueda de un placer que se apuntala en las necesidades fisiológicas pero que las sobrepasa. Freud lo ejemplifica con el chupeteo, y expone los trabajos del pediatra húngaro S. Linder. Cuando un bebé nace, su reflejo de succión existe para que pueda satisfacer la necesidad biológica de alimentarse. Además, se establece un vínculo estrecho con la madre mediante el amamantamiento, el acto de ser alimento. Es un momento idílico entre ambos, en el cuál ella lo mira y acaricia: la primera experiencia de satisfacción.

En un mundo ideal, madre y bebé permanecerían en esta situación siempre. Sin embargo, hay componentes de la realidad que los separan por momentos. Posteriormente, el niño chupetea aún cuando no tiene hambre, buscando una experiencia similar a esa vivencia anterior. Aquellos que hayan tenido bebés o los hayan observado, habrán notado que en muchas ocasiones chupetean mientras duermen. Más adelante, algunos cuidadores primarios captan este fenómeno y le ofrecen al niño un chupete, si es que no ha encontrado su dedo pulgar primero. Esto es una manifestación de la sexualidad en el infante: la búsqueda del placer en su boca aún cuando no tenga hambre.

sexualidad infantil

 

Las zonas erógenas

Durante distintas etapas de la infancia, existen zonas del cuerpo privilegiadas en la búsqueda de ese placer que queda luego de satisfacer las necesidades fisiológicas. Freud las denominó zonas erógenas, pues son fuentes de una tensión que debe calmarse, y a la vez son el objeto o el lugar en el cual se satisface. Como mencionamos el ejemplo de la boca de donde surge el empuje a succionar, y que se colma en sí misma en el chupeteo. En este sentido, la sexualidad en el infante es auto-erótica, pues se satisface en su propio cuerpo.

Como ya mencionamos, el niño no concibe la sexualidad como lo hace un adulto. Tiene sensaciones placenteras en su cuerpo, sobre todo en áreas que por su anatomía están de cierto modo predestinadas. Es en la adolescencia donde despiertan los deseos sexuales propiamente, que van dirigidos hacia un otro. Más adelante, en la vida adulta la sexualidad estará al servicio de la reproducción, y la satisfacción de las pulsiones parciales  formarán parte del acto sexual. Esto se da porque persisten en el sujeto esas formas de satisfacción de su infancia.

 

El desarrollo de la sexualidad

En su obra, Freud propuso una serie de fases (hipotéticas) del desarrollo de la organización sexual. Denominó pregenitales a las organizaciones de la vida sexual en que las zonas genitales todavía no han alcanzado su papel predominante. En su obra explica que:

Normalmente, estas fases de la organización sexual se recorren sin tropiezos, delatadas apenas por algunos indicios. Sólo en casos singulares calificables como patológicos son particularmente activadas y se vuelven notables incluso a una observación grosera.

  • Fase oral: En el primer año de vida la alimentación es la función principal en el desarrollo del infante. Durante el mismo, el placer del bebé está ligado a la cavidad bucal y los labios, que hacen contacto con el pecho de la madre. Como presentamos anteriormente, el chupeteo ejemplifica lo que ocurre en este momento del desarrollo. Consiste en el resto de placer que queda más allá de la nutrición. Se puede observar cómo los bebés se vinculan con su entorno a través de la boca, buscando introducir en ella cualquier objeto que encuentren. El destete constituye un momento crucial en el cual se le despoja al bebé de esta experiencia.

sexualidad infantil

  • Fase anal: Segunda fase del desarrollo sexual que puede ubicarse aproximadamente entre los dos y los tres años. Se caracteriza por la prioridad de la zona erógena anal. Los niños están descubriendo que pueden tener cierto control sobre sus esfínteres. La madre o los cuidadores primarios esperan que el niño tenga conciencia de esta nueva habilidad, al avisar cuando quieren ir al baño. Posteriormente, se espera de ellos que puedan controlar la salida de las heces cada vez más. Es decir, postergar el momento de evacuar hasta que lleguen al baño. Este nuevo poder adquirido de controlar sus heces produce placer. Las heces en sí mismas, son un regalo (simbólico) a los cuidadores primarios quienes promueven su independencia en este aspecto.

control de esfínteres

  • Fase fálica: Fase que se caracteriza por la primacía del interés en los órganos genitales. Los niños en edad pre-escolar sienten curiosidad por descubrir su propio cuerpo. En ocasiones los niños pueden tocar o exhibir sus genitales, sin tener la connotación de un adulto. Además, se preguntan sobre cuestiones propias de la sexualidad como la diferencia entre los niños y las niñas, el origen de la vida, la relación de pareja entre sus padres, etc. Durante esta etapa culmina el Complejo de Edipo (que expondremos en una publicación posterior) y surgen las identificaciones de los niños por las características de los géneros masculino y femenino. Esto se puede observar en juegos de roles y el interés por diversas actividades que socialmente corresponden a un género u otro. Al finalizar esta fase, tienen más conciencia sobre el concepto de privacidad.

fase falica

  • Período de latencia: Período comprendido durante la edad escolar, antes del comienzo de la pubertad, y que representa una etapa de pausa en la evolución de la sexualidad. Según la teoría psicoanalítica, el período de latencia tiene su origen en la declinación del complejo de Edipo. Surgen las identificaciones con los padres y el desarrollo de las sublimaciones. Es por esto que en este periodo los niños se enfocan en llevar a cabo actividades relacionadas con el aprendizaje, ya sea académico o de otras áreas como el deporte y las artes. Generalmente no demuestran mucho interés en las actividades del sexo opuesto, salvo ciertas excepciones.

periodo de latencia

  • Fase genital: Inicia en la pubertad y está determinada por la organización de las pulsiones parciales bajo la primacía de las zonas genitales. Se pasa del autoerotismo del que hablamos en la infancia, hacia el interés sexual por un objeto u otro.

 

Las teorías sexuales infantiles

Los niños son curiosos por naturaleza, desde su nacimiento exploran su entorno y a sí mismos. Estos cuestionamientos varían cualitativamente en los diferentes momentos de su desarrollo. Como ya vimos, los niños pequeños se preguntan sobre aspectos relacionados con la sexualidad. Transmiten dichas cuestiones a sus padres o cuidadores primarios y también crean teorías que los ayudan a interpretarla. Freud propone las siguientes:

  • El enigma de la esfinge: Con respecto a la diferencia de los sexos, surge la primera teoría sexual infantil. Es el supuesto de que todos los seres humanos tienen el mismo órgano genital: el masculino. Posteriormente, ante la presencia de la realidad, se dan cuenta de que no es así. Esto ocurre cuando los niños pequeños comparan sus propios genitales con los de sus padres o algún (a) hermanito (a). De acuerdo con Freud, esta teoría sexual infantil se basa en la creencia de que todas las personas tienen pene, y que a las niñas no les ha crecido todavía.
  • Teorías del nacimiento: Surgen ante la llegada de un (a) hermanito (a), o cualquier embarazo de alguien cercano. La pregunta predominante es: ¿de dónde vienen los niños? Ya que durante el embarazo el vientre de la madre crece, los niños pequeños generalmente tienen la teoría de que el bebé llegó allí por algún proceso asociado con la alimentación. Los padres y cuidadores en distintas culturas buscan responder con fábulas como la cigüeña o similares.
  • Concepción sádica del acto sexual: Sólo en los casos en los que el niño presencia el acto sexual en una edad temprano, lo interpreta como una especie de maltrato o sometimiento. Esto puede ocurrir en situaciones en las que los padres sostienen que el infante no se entera de lo que sucede por no comprender aún lo sexual. Precisamente por no tener esa comprensión y su inmadurez en el desarrollo de la sexualidad, el niño se lo vive como un acto agresivo.

embarazo

Freud apunta que estas teorías sexuales infantiles son un reflejo de la propia constitución sexual del niño. Dan cuenta de una gran comprensión, acorde con su edad, sobre los procesos sexuales. Sin embargo, luego de la primera infancia el niño renuncia a este interés de saber sobre lo sexual, y dirige sus esfuerzos a otros menesteres.

 

El rol de los padres: amor y límites

Esta temática es bastante compleja para los padres. En la actualidad se considera que es apropiado hablar con los hijos acerca de la sexualidad. La cuestión incómoda es determinar las palabras adecuadas y el momento indicado. Sobre todo, porque en nuestro mundo globalizado y tecnológico, la información está al alcance de un click. ¡Padres y madres, tranquilos! La «educación» en el aspecto sexual va más allá de las charlas sobre sexo, aunque no las excluye. A través de los cuidados y la crianza ya están contribuyendo en el desarrollo de las sexualidad de los pequeños. Vamos a abordar dos manifestaciones de este transcurso, para lo cual retomaremos el planteamiento de Freud sobre la meta de la pulsión sexual en los niños:

La meta sexual de la pulsión infantil consiste en suscitar y producir la satisfacción mediante la estimulación apropiada de la zona erógena que, de un modo u otro, se ha escogido.

Sin embargo, vivir en sociedad nos exige a todos renunciar a la satisfacción de ciertas pulsiones. O por lo menos postergar esta satisfacción a un momento más adecuado. Los padres, como representantes de esta sociedad en el hogar, transmiten estas normas a sus hijos. Los niños desde muy temprano se encuentran con estos límites que son impuestos con todo el amor que sus padres pueden ofrecerles. Consisten en la renuncia que deben hacer los infantes a esta satisfacción de la que se han servido por un tiempo.

Ejemplo de estas renuncias son: el destete, el control de los esfínteres, la prohibición de tocar o mostrar sus genitales en público. Las madres, sin saber que esto se relaciona con el desarrollo de la sexualidad, se preguntan: ¿cuándo es el momento propicio? No hay un manual que defina esto con precisión. En la conexión con sus hijos encontrarán la respuesta. Hay un saber en la madre y en la propia fisiología del niño, sobre los momentos más o menos favorables para que se den estos hitos del desarrollo. Su logro promueve la independencia de los niños en el cuidado de su propio cuerpo. Además, apoya un desarrollo sexual y psicológico adecuado, aunque en el momento estos aspectos no parecen estar vinculados.

 

Hablar de sexualidad con los hijos

Otro aspecto que crea incertidumbre en los padres es la curiosidad de los niños sobre estos temas. Y ahora, ¿cómo responder ante las preguntas de mi hijo (a)? Los padres y madres no quieren “meter la pata”. Les aterroriza plantar ideas sobre sexualidad en sus hijos que luego pueden crear más problemas. Sumado a esto, es incómodo hablar de sexo hasta con personas adultas. Pues otra vez, ¡calma! No existe una única respuesta para el bombardeo de preguntas que reciben los padres. Primero hay que mantener la tranquilidad e indagar de dónde surgen esas preguntas. Los padres pueden continuar esta conversación preguntándole a su hijo (a) qué piensan sobre eso. La respuesta que los padres den a sus hijos deben ser honestas y sencillas. No es necesario explicar más de lo que ellos han preguntado.

Padres - Hijos

Desde una edad temprana, los padres pueden inculcar en sus hijos el carácter del cuerpo como algo que se debe cuidar. Además de aspectos de salud en general, esto se refiere también a la comprensión paulatina de que los genitales son órganos privados, que no deben ser exhibidos por los niños. También, en los posible velar porque los pequeños no presencien actos sexuales que como ya hemos visto son interpretados como agresivos.

Más adelante en la pubertad y en la adolescencia, los padres pueden ser más explícitos con respecto a los procesos propios de la sexualidad. Cada familia encontrará la manera de abordar este tema de una forma satisfactoria para todos. La sexualidad es un aspecto fundamental en la constitución de la psique del sujeto. No podemos suponer que en todos los casos este transcurso de dará de forma regular o de acuerdo con lo esperado. Lo fundamental es el amor y los límites que serán el marco para el crecimiento de todo (a) niño (a).

 

Referencias bibliográficas:

  • Freud, Sigmund (1905). Obras Completas (Tomo VII), Tres Ensayos de Teoría Sexual. Amorrortu Editores.
  • Gómez Sánchez, Carlos. Freud y su Obra: Génesis y Constitución de la Teoría Psicoanalítica. Editorial Biblioteca Nueva. Edición 2002.
  • Laplanche, Jean y Jean-Bertrand Pontalis. Diccionario de Psicoanálisis. Paidos. Edición 2007.