Lesionados por carencias afectivas

Observo por la ventanilla el movimiento en la estación ferroviaria: pasajeros con su equipaje que van y vienen, subiendo y bajando del vagón. Miro mi rostro reflejado en el cristal. Mi equipaje está repleto de relatos que vienen y se van de mi vida, pasajeros. Nostálgica maleta de bellas y tristes memorias. Cuando suena el aviso de partir, estoy solo, nadie en mi compartimento. No hay pasajero que se haya sentado y se quede… me he acostumbrado a tener asientos libres cerca y me gusta esta tranquilidad; tampoco necesito compañía. Mejor en soledad que un mal compañero de viaje. Aunque en el fondo,  sé que no es del todo cierto…

Porque a veces se deslizan por esa cara acartonada e inerte de la ventana lágrimas amargas;

y me sacude como un relámpago en la noche, la lacerante soledad en el vacío.

Mis anhelos son líquido para el que no existe recipiente.

Carencia emocional

El ser humano es un ser emocional. Nos distingue como especie nuestra poderosa capacidad de vincularnos, y nos influye desde que nacemos hasta el final de nuestras vidas. Establecemos fuertes lazos y deseamos relacionarnos. Uno de los motivos básicos e instintivos de la experiencia humana es la búsqueda y conservación de un fuerte vínculo emocional con otra persona.  Esta motivación básica es lo que llamamos apego.

Existe una tendencia natural a buscar la cercanía física, de compartir estados emocionales, de conectarnos con otro ser humano. Sin embargo, existen personas que –aparentemente– parecen no estar fabricados con este ingrediente.

Hojalata sin corazón

¿Recuerdas al hombre de hojalata en el cuento del Mago de Oz? El fuerte compañero acompaña a Dorothy para recibir un corazón que le otorgue sensibilidad. La metáfora nos sirve para representar a cierto tipo de individuos que no exteriorizan necesidades emocionales, de consuelo, cercanía, comprensión, cariño… ninguna necesidad de amor. Expresan sus creencias acerca de los vínculos con un discurso teñido de pesimismo respecto a relacionarse. Muestran desencanto, una desconfianza de que pudieran existir relaciones auténticamente duraderas. No esperan ni piden de los demás ningún tipo de soporte afectivo, y naturalmente, tampoco lo obtienen.

Evitan la intimidad y cuando se enfadan son capaces de desaparecer de la vida de otras personas. Generalmente son personas independientes, incluso podría decirse que necesitan compulsivamente sentir y mostrarse independientes. No sienten angustia por no estar en relación, convencidos de que no van a conseguir lo que necesitan: ¿para qué implicarse? Y si existe malestar por esto, devalúan la importancia de las relaciones. No creen que eso que llaman “amor” exista: sus propias experiencias de decepción le confirman a modo de profecía, que así es.

Por otro lado, les cuesta expresar y conectar con su mundo emocional: si las emociones son la brújula que nos orientan en las relaciones, no saben interpretar muy bien las indicaciones de la aguja. No tienen una consciencia adecuada de sus necesidades y no son capaces de expresar su experiencia emocional interna. Inhiben su expresión, todo ese mundo les hace sentir descontrol. Si se permiten abrirse y comunicar sus emociones, les invade el miedo a la falta de respuesta, a ser heridos y al rechazo.

La imagen que quiero crear, no es la de un egocéntrico, frío y calculador. Imagina más bien a un niño que en su soledad siente que no hay, ni habrá, nadie a su lado. Un niño que siendo ahora grande, intuye que algo que debió estar no estuvo, ni está, y es vivido con un sentimiento de ausencia, de vacío. Creencias ancladas de forma profunda de que nunca se podrán satisfacer necesidades afectivas de amor. En su propia autoimagen, se ve como un ser que pase lo que pase acabará estando solo, o que ciertos aspectos que en el fondo necesita, nunca se obtendrán; aspectos que no serán escuchados o comprendidos, y por lo tanto no habrá nadie que los proporcione. Las necesidades de apego imprimen deseos que son centrales para el psiquismo, y como cualquier otro deseo al no poder ser realizado, nos deja en un estado de impotencia y desesperanza. Por ello hay que levantar muros, auténticas fortalezas para que el impacto de un posible asedio emocional no arrase con dolor. Dolor psíquico ya conocido pero que ha sido retirado de la realidad mental presente.

En cierta forma, coexisten dos modos de víncularse, pero uno de  ellos está reprimido1: se perciben como autónomos y sin necesidades, pero en su núcleo reside el deseo de contacto emocional y, especialmente de que no le “fallen” emocionalmente. Viven en una paradoja: por un lado la compulsión a la autonomía, que les da seguridad, control y calma, y por otro, una necesidad inconsciente de un vínculo cálido, auténtico, confiable, cuidador, seguro.

Anatomía de las carencias afectivas: su origen

Generalmente, estas personas provienen de contextos familiares cuyas figuras de apego se caracterizan por la ausencia. Esta ausencia pudo ser total debido, por ejemplo, a una situación familiar que implicó una separación larga o permanente con una o ambas figuras de apego, o por un fallecimiento en edades tempranas. Empero, es fundamental comprender que esa ausencia puede ser parcial, es decir, a pesar de la presencia y cuidado por parte de las figuras parentales, es posible que en otro nivel hubiera alguna falta, como por ejemplo en el plano emocional. Una madre puede estar siempre presente y atenta a las necesidades pero ser un desierto afectivo. Pueden darse contextos que le provoquen sentimientos de ser rechazado, no valorado ni merecedor de amor del ser querido debido a que recibe una interacción caracterizada por la frialdad, inaccesibilidad, severidad, etc. A modo de esquema, podríamos diferenciar la carencia emocional en tres tipos de fallas:

– Primero, pudo faltar un cuidado sensible, desde el afecto físico y la demostración de ternura –como las caricias y abrazos, o un habla cariñosa y cercana–, o bien la falta de atención a sus necesidades y deseos. Figuras de apego que fueron frías, poco demostrativas en los gestos de cariño, o que no dieron la atención y tiempo que el niño necesitó, hasta que se adaptó a esa forma de vínculo. Hay madres y padres que por sus propias condiciones psicológicas y situación vital no pueden o no disfrutan plenamente de una conexión emocional y cuidado del hijo, desconexión que es captada por el niño.

– Segundo, la carencia puede estar relacionada con la falta de empatía, de sintonía y conexión con el niño. Esto desemboca en una impresión intima de que no existe nadie que realmente sepa como se sienten por dentro ni que traten de comprenderlo. Hay padres que no consiguen empatizar adecuadamente con sus hijos, esto es, conectar con sus estados emocionales, las necesidades y dificultades, y por lo tanto, no consiguen regular adecuadamente dichos estados, e incluso imponen sus propias necesidades en sus hijos. Estos niños tendrán dificultades en regular sus propios estados emocionales y poder interpretar correctamente el mundo interno propio y de los demás.

– Por último la carencia afectiva puede estar relacionada con no sentirse protegidos, no poder desarrollar una seguridad básica.

La relación emocional cuidador-hijo se convierte en algo afectivamente estéril. El niño se adapta al adulto evitando la cercanía y la conexión emocional, ya que el vínculo inaccesible y frío por parte de la persona que necesita y ama, le resulta dañino.

La privación de las necesidades emocionales puede empezar muy pronto, durante el primer año de vida. Incluso antes de poder hablar y por ello es un aspecto psicológico que puede quedar fuera de la conciencia –sin lenguaje, no es representado mentalmente –.

infancia carencia emocional

¿Por qué se produce esta forma de protección emocional?

Los teóricos del apego2 señalaron que el apego organiza el desarrollo evolutivo de los niños, ya que dentro de la relación cuidador-hijo, le permite organizar su experiencia emocional y controlar sus emociones. Esto depende de la capacidad y sensibilidad del cuidador para sintonizar adecuadamente con las necesidades y demandas del niño. Desde el nacimiento existe un impulso natural a buscar la proximidad del Otro significativo en busca de un refugio y una base segura.

La función esencial de las figuras de apego es la de regular las necesidades fisiológicas y psicológicas básicas, por lo que la meta de la activación del sistema de apego es acceder y asegurar estas respuestas de cuidado y regulación. Según la calidad, la sensibilidad , accesibilidad y la continuidad de las respuestas aportadas por las figuras de apego, les permite desarrollar un sentimiento de seguridad en el apego, o bien pueden necesitar desplegar estrategias para adaptarse y autorregularse.

Las estrategias de apego se van consolidando en forma de organizaciones o estilos, diferenciándose en el tipo de estrategias utilizadas para regular el estrés y los estados internos de inseguridad y vulnerabilidad. Cuando la estrategia primaria de regulación afectiva del sistema de apego –es decir, la búsqueda de proximidad– no logra restaurar el equilibrio emocional por las experiencias negativas con las figuras de apego previas –inaccesibilidad, ambivalencia, intrusividad, rechazo, persecución, etc.– los apegos inseguros ponen en marcha estrategias secundarias. Las estrategias de los apegos inseguros, las cuales son psicológicamente adaptativas en la infancia, son esquemas mentales y sistemas defensivos establecidos en la primera infancia para combatir la desorganización ante la angustia y el dolor psíquico. Por un lado el estilo evitativo, utiliza estrategias para minimizar el impacto emocional de la activación de las necesidades de apego, mientras que los apegos con elevada ansiedad hiperactivan el sistema de apego y la expresión de conductas y afecto negativo para asegurar la presencia de la figura de apego.

Desde la Teoría del apego, el perfil de persona que estamos revisando en el artículo es predominantemente un estilo de apego inseguro Evitativo.

Señales de alarma en la elección y relación de pareja

En mi anterior artículo sobre la elección de pareja, hablaba de los patrones que se repiten debido a las experiencias vividas en las relaciones pasadas. Las relaciones de pareja pueden verse afectadas por la persistencia de esos esquemas internos, dado que las estrategias de los apegos inseguros son psicológicamente adaptativas en la infancia, pero tienden a ser un impedimento para un desarrollo afectivo, social y cognitivo adecuado, apareciendo dificultades en la edad adulta. La relación de pareja, e la relación de apego central en la etapa adulta y está influenciada de modo significativo por la historia relacional de cada uno de los miembros.

¿Qué tipo de experiencias y patrones pueden ocurrir en el contexto de una relación?

El “gatillo” que predominantemente dispara la transferencia del pasado será un vínculo con alguien que hace recapitular la carencia emocional, sea por el motivo que sea –porque existe alguna negligencia emocional como abandono, ausencia, rechazo, etc.–. Desde un esquema predominantemente evitativo/devaluador del apego, se puede decantar por una elección hacia relaciones distantes, con personas “desapegadas”, poco emotivas e implicadas… incluso con individuos que no pueden o no quieren entregarse a otro.

En este punto, puede que hayas reconocido en ti algo que ya conocías. Tal vez lo reconozcas en alguna persona querida. O puede que estés tomando conciencia de algo que jamás habías pensado. En el caso de que sientas identificación con la imagen que expongo en el artículo, si la persona que te provocó una atracción irresistible y magnética en el pasado o actualmente, percibes por su parte cierta frialdad, distancia, falta de compromiso, incomprensión, inaccesibilidad, evitación emocional; si está disponible esporádicamente y en situaciones que necesitas su presencia o apoyo no está; si provoca sentimientos de vulnerabilidad, obsesividad, enfado, celos y no te reconoces con esas emociones; si te fuerza a estar «mudo» cuando intentas expresarte emocionalmente, en el sentido de que no es capaz de escuchar ni comprender tu esencia emocional… ante esta situación sólo se me ocurre una palabra: huye.

Sin embargo, paradójicamente, normalmente puede ser que el protagonista de ese papel distante y frío seas tú.

Es común que muchos sientan una atracción intensa al principio, optimismo y muchas esperanzas, pero que termina desembocando en decepciones. La repetición del esquema puede ocurrir eligiendo personas que saben o sienten que no habrá un futuro en relación, o provocando que las relaciones no funcionen, volviéndose boicoteadores e impulsando a que les abandonen.

Curiosamente las personas con las que podrían formar una relación estable, que muestran cariño y entrega, parece que provocaran que el interés se volatilizara. El historial de relaciones puede ser en este caso amplio y muy inestable. Saben que en esos vínculos la pareja “estará ahí”, pero acaban perdiendo el interés o sintiéndose inundados por las necesidades del amante, que puede resultarles intrusivos, especialmente si llegan a demostrarles su dependencia y por la aparición de ciertas respuestas emocionales –como la rabia, la recriminación, o los celos, debido a que ese modo de vincularse crea inseguridad y despierta sus propios «fantasmas» –.

Aparte de no querer ser inundados emocionalmente porque les perturba, también podrían hallar el vacío que supone un vínculo centrado en atender las demandas del Otro, de no ser reconocidos en sus necesidades y estar excluidos emocionalmente –de nuevo…– .

También puede darse un historial de pocas relaciones, ya que es común una terrible capacidad para decidirse, en el sentido de comprometerse en una relación. Lo perciben como algo intrusivo, como una amenaza que pudiera atrapar su “privacidad y espacio”.  En el fondo, en su inconsciente, la amenaza y el terror real es volver a verse atrapados en una situación en la que vuelvan a estar carentes afectivamente; que les vuelvan a fallar. Existen por lo tanto casos de mayor soledad y evitación de relaciones íntimas, permaneciendo en relaciones muy distantes o evitándolas completamente.

Como puedes ver, son formas distintas de colocarse en una relación pero que desembocan en una situación común de carencia, reproduciendo la maldición. Para detenerla hay que entender las carencias vividas, conectar con ellas en el presente y sentir las necesidades de afecto y empatía de aquél  niño, y revisar su impacto en las relaciones pasadas y presentes. Esta reflexión profunda acompañada de la experiencia emocional, permite aclarar los patrones y anticipar los posibles peligros, pasos fundamentales para avanzar hacia el cambio y el bienestar en nuestras relaciones.

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1 He utilizado esta expresión para el público no familiarizado con conceptos psicoanalíticos. La expresión correcta sería disociado o escindido, en referencia a la exclusión defensiva de cualidades contradictorias e incompatibles en el psiquismo, dejando los aspectos inaceptables o traumáticos fuera de la conciencia.
2 Concretamente me refiero a los estudios de Sroufe y Waters (1977; citado en Marrone, 2009)
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Referencias bibliográficas

  • Marrone, M. (2009) La Teoría del Apego: un enfoque actual. (2º Edición revisada y ampliada). Madrid: Editorial Psimática.
  • Young, J. & Klosko, J. (2001). Reinventa tu vida : cómo superar las actitudes negativas y sentirse bien de nuevo. Barcelona: Paidós.