Respuestas del ser humano para adaptarse al estrés crónico (Parte 2)

 

Hace unos meses escribí un artículo en el blog sobre el sufrimiento mental intenso, o lo que conocemos como las enfermedades mentales tanto depresivas, como ansiosas o psicóticas. Hoy quiero mostrar una guía para entender cómo se forman y cuáles son las respuestas más típicas del ser humano a este sufrimiento mental intenso o estrés crónico.

 

estrés crónico


1- La base: personalidad y carácter


Lo primero que debemos entender para comprender las «enfermadas de la mente» es el carácter. Nuestra estructura está formada por tres círculos, uno dentro del otro.

– El más interno es el temperamento, que viene definido por la biología (genes).

– El siguiente es el carácter, que es la estructura psíquica. La estructura con la que el individuo absorbe lo bueno (nutrición) y se defiende de lo malo (defensa).

– El exterior, que contiene los otros dos, es el entorno.

 

El niño se “prepara” desde el útero para enfrentarse al ambiente que le espera al nacer. Si el ambiente al que va a llegar es muy estresante, lo va a saber a través de las hormonas de estrés de la madre. Y probablemente ya en el útero desarrolle una estructura psíquica defensiva (cerrada).

 

CARÁCTER: Es el mediador entre el temperamento y el entorno. La estructura nutriente y la estructura defensiva:

Estructura psíquica defensiva (cerrada) –> Entorno negativo.

Estructura psíquica nutriente (abierta) –> Entorno positivo.

 

Si hay dificultad en la adaptación de la persona al entorno empieza a desarrollar síntomas. Los síntomas psicobiológicos son 4: psicosis, depresión, ansiedad y síntomas somáticos (mal funcionamiento del cerebro).

La personalidad es la integración del temperamento (¿Qué he heredado de mis padres?) y el carácter (¿Qué he aprendido de mis padres?)

2- Estrés bio-psico-social

El estrés bio-psico-social tiene tres niveles:

1- BIO (TEMPERAMENTO): Biología, alteraciones genéticas, etc. Es el estrés biológico.

2- PSICO (CARACTER): A los 3-4 años ya está establecido el carácter (la capacidad de defenderse y de nutrirse). Si es rígido (cerrado), hay estrés psicológico.La estructura de carácter va con nosotros aunque cambiemos de entorno. Si hay estrés psicológico porque nacimos en un entorno hostil, nuestro carácter ya se ha quedado “fijado”, solidificado, y permanecerá aunque cambiamos a un entorno nutriente. La persona seguirá comportándose muy rígidamente aunque ahora esté en un ambiente más nutricio.

 

El problema es que el carácter no cambia. Y si nacimos en un ambiente hostil, al cambiar el adulto a un ambiente más positivo, sigue respondiendo de forma hostil, aunque ya no sea necesario.

En terapia no podemos cambiar el carácter. Lo aceptamos y conocemos para ser más flexibles.

La persona está muy “cómoda” en el ambiente que conoce. Alguien que nació en un ambiente muy hostil “repite” eso en el futuro. Busca repetir el mismo ambiente porque paradójicamente es donde se siente más seguro. Piensa, “mejor malo conocido que bueno por conocer”. Una persona así, si entra en un ambiente amoroso, no sabe cómo desenvolverse. No sabe “sostener” el amor.

Así, el carácter no se modifica. Somos igual que cuando éramos niños. Hemos cambiado muy poco y lo que hemos cambiado ha sido con mucho trabajo.

En los trastornos de personalidad es muy difícil cambiar porque el carácter es muy rígido. Un neurótico tiene más capacidad de flexibilizarse. El neurótico tiene el carácter más “solidificado”, pero tiene más capacidad de autoconocerse y de flexibilizarse. Tiene más capacidad de “romper” con su zona de confort y tomar nuevos registros.

Alguien con un trastorno de personalidad (TP) no sabe de su zona de confort. Es demasiado rígido. Además desarrollan una adición a su propio estrés.

3- SOCIAL (ENTORNO): Cuando vivimos una guerra, secuestro, desastre natural, es estrés social.

3. Sintomatología

La sintomatología es una combinación de los tres tipos de estrés (bio/psico/social). A mayor vulnerabilidad biológica a la depresión, se necesitará menos estrés social para desarrollar sintomatología. Por ejemplo, una depresión.

En todos los síndromes interactúan los tres tipos de estrés.

4- Factores estresantes

A- Estrés físico agudo:

Los animales viven estrés físico agudo. Por ejemplo, cuando una gacela ve que se acerca un depredador.

– Agudo: Es temporal en el tiempo. Llega el estrés y desaparece. Ve al león, anticipa la lesión, y pone a funcionar los mecanismos de huida.

– Hay anticipación: Imagina la muerte y de defiende (psicológico).

 

En esta situación desarrolla una “respuesta”, que se llama “síndorme general de adaptación”.

SÍNDORME GENERAL DE ADAPTACIÓN:

Es la respuesta corporal al peligro. Es una reacción de estrés agudo. La reacción puede ser de huida o de lucha.

La estructura homeostática del ser humano es muy “fina”. En cuanto algo cambia se produce el estrés. Todo aquello que interrumpe la “normal homeostasis” genera una situación de estrés agudo.

En los animales, cuando se da un síndrome general de adaptación muy potente para acabar con el agente estresante (león), no puede durar mucho. Tiene un tiempo limitado. El cuerpo se moviliza para acabar con el agente estresante activándose corporalmente (respiración, músculos, hormonas, etc.), pero no puedo durar mucho tiempo.

Del reposo pasamos a una actividad energética muy fuerte al servicio de la huida o de la lucha. Se desactivan otros sistemas (inmunitario, reproductor, digestivo…) para que toda la energía esté puesta en la activación del cuerpo para la huida o la lucha.

A diferencia del animal, el ser humano no experimenta sólo estrés físico agudo. También experimenta estrés psíquico.

 

B- Estrés psíquico:

El humano representa en su “mapa mental” un peligro (imaginación). Lo “proyecta” en su pantalla mental (recuerdo). Y aunque sea una representación que NO es real (fantaseada o recordada), reacciona ante ellos con la única respuesta que tenemos al estrés, con un SÍNDROME GENERAL DE ADAPTACIÓN.

4. Estrés agudo vs estrés psíquico

ESTRÉS:

FÍSICO: AGUDO. Dura un tiempo. O vives o mueres.

PSÍQUICO: CRÓNICO. Está siempre activo

En el estrés psíquico (crónico) cada vez que lo “imagino” vuelvo a activar el cuerpo (taquicardia, tensión corporal…) y desactivo los sistemas no necesarios (reproductor, digestivo…). La activación se mantiene en el cuerpo.

El estrés crónico no es adaptativo. Es patológico. El cuerpo se lesiona cuando lleva mucho tiempo en estado de estrés crónico. Esto hace que desarrolle mecanismos de adaptación al estrés (conductas y comportamientos).

5. Lesiones y respuestas para adaptarse al estrés crónico


PSICOPATOLOGÍA
–> La reacción al estrés crónico. Hay tres tipos:

– RESPUESTA ANSIOSA: Síndromes defensivos

– RESPUESTA DEPRESIVA: Síndromes de desvitalización

– RESPUESTA PSICÓTICA: Síndromes de vulnerabilidad cognitiva

 

Respuestas al estrés crónico

 

Cuando sufrimos estrés, nos lo podemos imaginar como una banqueta con tres patas. Una pata es el estrés, otra la depresión y otra la psicosis. El peso del estrés crónico sobre la banqueta hace que una de las patas se rompa.

No sabemos por qué una pata es más vulnerable que otra. Ante el estrés crónico, una persona desarrolla un depresión y otra un síndrome de estrés.

6. Síndromes de desvitalización (puros)

DEPRESIONES MAYORES (DEPRESIÓN PURA)

  • Muy profundas, severas.
  • Energía vital muy disminuida.
  • Mucho gasto energético (Estrés crónico) que hace que caiga la energía vital.
  • Pensamiento relantecido.
  • Poca capacidad para asociar ideas.
  • Lenguaje muy lento.
  • Memoria, atención y cognición muy disminuidos.
  • Pensamiento muy negativo.
  • Pensamiento suicida (90% de los suicidios).
  • Pérdida de ganas de vivir.
  • Mucha inhibición física y emocional.
  • Impotencia y desesperanza.
  • “No voy a salir nunca de esto”.
  • Dificultad para moverse. Pocos gestos en la cara.
  • Los órganos no funcionan bien (fallos en todos los sistemas). El cuerpo no funciona bien por la falta de energía.
  • Mayor probabilidad e infartos, etc.
  • Puede no haber tristeza. La persona no siente nada.
  • Angustia de verse incapaz, No pueden levantarse de la cama.
  • Poca emoción, pensamiento y acción.
  • Fuera de juego. Paralizada.
  • No tiene nada que ver con la tristeza severa o el duelo. Hay falta de energía.
  • Abandono profundo. No comer, no beber, etc.
  • No tienen capacidad de “curarse” por sí mismos.
  • No es bueno hacerles “hacer” cosas. Deben parar y descansar (baja laboral, etc.).
  • No tienen energía para “hacer”.
  • Viven en el pasado.


7. Síndromes defensivos (puros)

TRASTORNO DE ANSIEDAD GENERALIZADO (ESTRÉS PURO)

  • Ansiedad no muy alta pero continua a lo largo de todo el día.
  • Psiquico à Sensación de estar siempre en peligro, activado. Está anticipando todo el rato.
  • Vive en el futuro à Anticipación. Control.
  • Defensa, cabreo, susceptibilidad, pela constante con su realidad.
  • Mucha somatización: contracturas, enfermedades, etc.
  • Mal funcionamiento del aparato digestivo, corazón, etc.
  • Genera amenazas.

TRASTORNO DE PÁNICO (ESTRÉS PURO)

  • Surge bruscamente. Muy intenso.
  • La persona se siente amenazada por su propio cuerpo (cree que puede morir).
  • El nivel de activación es tan elevado que siente pánico.
  • Sensación de despersonalización.
  • La cognición se desregula à Sensación extraña de la realidad y de uno mismo.
  • Sensación de volverse loco.
  • La mayor parte de las veces no se sabe el desencadenante. Parece una locura porque la persona no encuentra la causa. “Si no hay causa es que me estoy volviendo loco”.
  • El organismo activa algún tipo de asociación, ya que no sostiene el que no haya sentido a lo que le pasa.
  • Produce muchas conductas de evitación.
  • El pánico es tan grande que por nada del mundo quiere que se vuelva a repetir. Se empieza a evitar todo lo que produce un poco de ansiedad.
  • Puede llegar a ser muy incapacitante. Pueden llegar a no salir de casa por miedo a tener otra crisis. Esto es mucho peor que la propia crisis de pánico, que no tiene ningún efecto secundario para el cuerpo.
  • Fisiológicamente, una crisis es como correr un sprint de 100 metros.
  • Trastorno de pánico à Conductas de evitación à Incapacidad (fobias).
  • Hay tanto miedo a que se repita que la evitación puede ser muy grave.
  • Cuanto más crisis, más miedo a que se repitan, más inseguridad.

TRASTORNO DE ESTRÉS POSTRAUMÁTICO (ESTRÉS PURO)

  • Estrés físico agudo à En este caso sí hay un detonante (violación, guerra, etc.).
  • Estrés psíquico à Se queda el “hecho” muy gravado, y se repite en la cabeza de la persona constantemente.
  • Nivel elevado de activación nerviosa.
  • También genera mecanismos evitativos y fobias.


9. Síndromes de vulnerabilidad cognitiva (puros)

ESQUIZOFRENIA DELIRANTE CRÓNICA (PSICOSIS PURA)

  • Vulnerabilidad cognitiva grave que se mantiene en el tiempo.
  • No se sabe muy bien lo que es. No se sabe qué ocurre en el cerebro.
  • Los brotes producen mucha incapacidad.
  • No se sabe nada de la “pata” psicótica, ya que tiene que ver con cómo construimos la realidad, con cómo pensamos.
  • No se invierte nada en investigación. Son los pacientes peor tratados.
  • La cognición se altera. No hay relación entre lo que se “ve” y cómo se representa lo que se ve en la mente.
  • Cognición deformada de la realidad à
  • Pensamiento delirante.
  • Desregula el funcionamiento de la persona.
  • El delirio es intuitivo.

PSICOSIS DELIRANTE CRÓNICA (PSICOSIS PURA)

  • El cuadro delirante se da de forma permanente.
  • El delirio está incorporado a la personalidad de la persona.
  • Rigidez, orgullo, agresividad, creen en la conspiración por parte de otros.
  • Fallan los recuerdos, las percepciones y las representaciones.
  • El delirio es alucinatorio.

10. Síndromes entre desvitalización y defensivos (depresión-ansiedad)

DISTIMIA (MIXTA)

  • Aparece y se va.
  • Días en los que estoy deprimido y otros no.
  • Mucha ansiedad.
  • Se pasa de un estado a otro.

SOMATIZACIONES (MIXTA)

  • Síntomas somáticos producidos por el estrés o la depresión.
  • Síntomas psicosomáticos.
  • Enfermedades corporales (cáncer, enfermedades autoinmunes, etc.).
  • Toda enfermedad física es una somatización ante el estrés psicológico.

CONDUCTAS ADICTIVAS (MIXTA)

  • Las conductas adictivas es todo lo que hacemos para no “enterarnos” del estrés o la depresión.

TRASTORNOS DE COMPORTAMIENTO COMPENSATORIO (MIXTA)

  • Trastornos alimenticios.
  • Se manifiestan a través de la conducta alimenticia, pero engloban una compleja gama de síntomas entre los que prevalecen la distorsión de la imagen corporal.
  • Personas que sufren ansiedad, perfeccionismo, pensamientos y comportamientos obsesivos y compulsivos.
  • Tienden a tener expectativas no realistas de ellos mismos y de las demás personas.
  • Se sienten incapaces, ineptos, defectuosos, etc.
  • No tienen sentido de identidad. Por eso tratan de tomar control de su vida y muchas veces se enfocan en la apariencia física para obtener ese control.


11. Síndromes entre desvitalización y vulnerabilidad cognitiva (depresión-psicosis)

DEPRESIÓN PSICÓTICA (MIXTA)

  • Es un tipo de depresión donde además se viven ideas delirantes.
  • Puede ser episódica o crónica.


12. Síndromes entre defensivos y vulnerabilidad cognitiva (depresión-psicosis)

TOC

  • Hay tocs más ansiosos y tocs más psicóticos.
  • La persona tiene conciencia de la enfermedad, sabe que le ocurre algo malo. Saben que sus ideas son absurdas pero no pueden parar.
  • Son muy inseguros y crean estos rituales para “controlar” el ambiente.
  • Inseguridad à A que el cuerpo funcione mal, a su sexualidad, etc.
  • Sentimiento agresivo que como no se lo permite sentir, “sale” de forma obsesiva.
  • Son comportamientos de compensación ante la agresividad.
  • Miedo a perder el control, a volverse loco.
  • La mayoría de los pensamientos que tienen son agresivos o sexuales. No se permiten tener estos pensamientos y los compensan de forma obsesiva.
  • Ejemplo à Tengo el pensamiento de querer tirar a mi hijo por la ventana, y hago lo contrario. Peso a ser la “mejor” madre del mundo. Y reprimo al 100% la agresividad. Esa represión activa mucho más el primer pensamiento. Es un círculo vicioso.
  • Agresión reprimida à comportamiento obsesivo.
  • Todo lo obsesivo tiene que ver con la sexualidad y la agresividad. Ya que quieren “controlar” algo que no se puede controlar.

13. Síndrome entre los tres (depresión-ansiedad-psicosis)

BIPOLAR (PSICOSIS MANÍACO-DEPRESIVA)

  • Tienen cambios inusuales del estado de ánimo:
    • Unos días están muy felices y con mucha más energía de lo habitual.
    • Otros están tristes y deprimidos y con mucha menos energía de lo habitual.
  • Dificultad para dormir, concentrarse, trabajar… debido a estos cambios del estado de ánimo.
  • Cambios muy extremos que vienen junto a alteraciones del sueño, del nivel de energía y la capacidad de pensar.
  • Los síntomas son tan fuertes que pueden inhabilitar a la persona para una vida “normal”.
  • Pueden llegar a intentar suicidarse.
  • Pueden tener episodios maníacos, episodios depresivos o episodios mixtos.
  • Episodios maníacos à Felices, aceleradas, nerviosas, muy activas, con problemas para dormir, hablan muy rápido, agitadas, irritables, sensibles, hacen muchas cosas a la vez, toman muchos riesgos.
  • Episodios depresivos à Decaídas, tristes, duermen mucho o muy poco, no pueden disfrutar de nada, se sienten vacías, no se pueden concentrar, se olvidan de muchas cosas, cansadas, sin energía, comen mucho o muy poco, no pueden dormir, piensan en la muerte y en el suicidio.

PSICOSIS TRANSITORIA

  • No tienen estructura psicótica, pero ante un estrés crónico aparece un síntoma psicótico.
  • Alguien “normal” que tras un estrés crónico empieza a sentir que le persiguen, etc.
  • Al parar el estrés, cede la psicosis.
  • Psicosis afectivas à Surgen, pero cuando acaba el estrés y se trata la parte emocional, cede la crisis.

14. Trastorno límite de la personalidad

No es una psicopatología. Está más “abajo”, entre el temperamento y el carácter. No se sabe qué les ocurre a estas personas. Pueden tener todas las sintomatologías:

  • Depresión grave.
  • Estrés crónico.
  • TOC.
  • Adicciones.
  • Suicidio, etc.

Entendiendo el sufrimiento mental intenso. Psicopatología o cuadro clínico de intenso sufrimiento mental (Parte 1)


Hace una semana tuve la suerte de asistir a una clase de Psicopatología del psiquiatra y terapeuta gestalt Nacho Peña. En este primer artículo podréis navegar en el origen del sufrimiento mental intenso

psicopatologia

 

1. Petición de ayuda

Cuando una persona llega al psicoterapeuta (o psiquiatra) con una petición de ayuda, muchas veces el profesional no tiene ni idea de lo que le está ocurriendo. Y lo que es peor, no tiene ni idea de lo ocurre  «dentro» de esa persona, a nivel fisiológico… ¿Qué está causando que haya algo que falle en su cerebro?

Generalmente, esta petición de ayuda está motivada por alguna de estas tres razones:

PETICIÓN DE LA AYUDA CONSCIENTE (POR PARTE DEL PROPIO INDIVIDUO):

1- Elevado nivel de ansiedad (estrés) à Intranquilidad, angustia, preocupación permanente por la vida, descontrol constante, sensación de amenaza, alerta, hiperactivación ansiosa… Todo esto causa mucho desgaste energético, que puede llegar a ser crónico.
Le emoción más presente es el miedo.

2- Desvitalización (depresión) à Pérdida de la energía, de la vitalidad, tristeza profunda, pérdida del placer.
La emoción más presente es la tristeza.

PETICIÓN DE LA AYUDA POR PARTE DE LA FAMILIA:

3- Desconexión de la realidad à Pérdida de contacto con la realidad. No hay conciencia de la enfermedad. Perciben las señales de una manera anómala (me persiguen, etc.).

En los dos primeros casos (estados de exceso de activación y de falta de activación), hacemos muchas cosas para desviarnos de esos estados de sufrimiento. Son distracciones para olvidar esos estados ansioso-depresivos. El individuo sabe que está mal, tienen conciencia de su estado, pero trata de desviar el sufrimiento.

Esto lo hace a través de:

Adicciones: Juego, bebida, drogas, fármacos, sexo, relaciones disfuncionales, conductas de riesgo, tecnología, RR.SS., series de televisión… Son conductas que nos llevan a no pensar ni sentir los conflictos. Maneras de ausentarnos de nuestras situación.

Trastornos de alimentación

Estas conductas para enmascarar los estados ansioso-depresivos pueden ser más disfuncionales que la propia “neurosis”.

 

2. Principio de normalidad

El primer problema con el que nos encontramos en la sociedad actual es que hemos separado la mente del cuerpo. En la antigüedad y en otras culturas (chamanes, indígenas…) no hay esta separación. Se sana a la persona, no a su cuerpo a su mente.

Al separar lo psíquico de lo somático tenemos un problema, porque la persona realmente es un todo. No podemos dejar de lado lo somático en un trastorno mental.

Con Descartes se produjo por primera vez esta separación:

Cuerpo: lo “somático” (Sustancial. Se puede ver. Lo podemos conocer)

Alma: lo “mental” (Insustancial. No lo vemos. Sólo sabemos lo que nos cuenta la persona)

Descartes es la primera persona que se preguntó cómo es posible que uno de los planos pueda afectar al otro. Llegó a la conclusión que en nexo entre los dos planos estaba en la glándula pineal.

 

3. Tres niveles de funcionamiento

Existimos a través de tres niveles de funcionamiento:

1- Funcionamiento somático (cuerpo) à A su vez hay dos subniveles:

– Sensorial: Siente lo que pasa fuera y dentro del cuerpo (órganos de los sentidos)

– Expresivo: Nos relacionamos con el entorno (órganos motores)

2- Funcionamiento cognitivo (mente) à Recuerdos, pensamientos, emociones, conciencia… Es el mundo de lo subjetivo.

3- Funcionamiento emocional (cuerpo + mente) à Oscila entre lo somático y lo cognitivo. Se ha hecho esta división:

– Somático: Afectos

– Cognitivo: Sentimientos

En el plano emocional, fluctuamos constantemente entre lo somático y lo cognitivo.

Proceso emocional del miedo:

1- Puede empezar a nivel cognitivo (percepción de amenaza proveniente te un recuerdo traumático).

2-  Esto obliga a poner en marcha una respuesta defensiva a nivel somático (ansiedad). Tenemos varias respuestas posibles: huida, enfrentamiento y congelación. Muy parecida al mundo animal. Esta respuesta viene dada por la segregación de las hormonas cortisol y adrenalina por parte de la amígdala.

3-  Estas hormonas modifican la actividad corporal. El cuerpo se activa para responder activamente al peligro. Es la AFECTACIÓN de la emoción del miedo. Presión arterial, hiperventilación, latido del corazón más rápido, etc.

4-  Se desconectan todos los órganos y sistemas que no son requeridos: Sistema digestivo, reproductor, etc.

5-  Todo este cambio corporal lo sentimos como el SENTIMIENTO de la emoción del miedo. Esa modificación somática se representa a nivel cognitivo como una sensación global de miedo.

Todas las emociones tienen una representación corporal (afectos) y cognitiva (sentimientos).

El primer desencadénenle siempre es a nivel cognitivo, tenemos que “captar” una amenaza, pero esto puede ocurrir a nivel inconsciente. Es lo que ocurre en los ataques de pánico. No podemos asociar el miedo ni el desencadenante corporal a ningún peligro real.

A los animales no les ocurre eso. Siempre hay una amenaza real. En el hombre, el 99% de las crisis son amenazas cognitivo-fantaseadas. No distinguimos una amenaza real con una amenaza imaginada (o incluso inconsciente).

 

4. Emoción, cuerpo, mente. La pata más vulnerable

Estas son las tres patas del funcionamiento humano. Por diferentes razones una pata puede ser más vulnerable que las otras dos. Y esto puede ocurrir por razones somáticas, del desarrollo fetal, genético, etc.

Si nos imaginamos como una banqueta con estas tres patas, el “peso” existencial de nuestra vida caería sobre esta banqueta. Y en todos los casos, una pata se romería antes que las otras dos. A cada persona se le “rompe” una pata antes. Esa es nuestra pata más vulnerable.

– Pata somática más vulnerable: Trastornos somáticos, enfermedades físicas, cáncer, sistema inmunológico deprimido, etc.

– Pata emocional más vulnerable: Síndromes ansiosos (miedo), síndromes depresivos (tristeza). La ira actúa de forma compensatoria para salir del miedo o la tristeza.

– Pata cognitiva más vulnerable: Existen muchos niveles de psicosis. Desde los lapsus de pérdida de la realidad que todos sufrimos, hasta la esquizofrenia o los trastornos delirantes.

Si sufrimos ansiedad, a una persona le puede causar una infección (1), a otra una depresión (2) e incluso una perdida de la realidad.

La reacción sería la siguiente:

– Emociones muy intensas (ansiedad)

– Pérdida de la realidad (psicosis)

– El cuerpo no responde bien (cáncer)

Pero esto no son más que los síntomas, la punta del iceberg. Los síntomas no nos dicen nada de lo que está pasando dentro de la persona. Son sólo un piloto de alarma, de emergencia. Nos indica que algo “por debajo” no está funcionando bien.

Tenemos que investigar qué ocurre a nivel estructural, por debajo de los síntomas. Y ese nivel estructural es la personalidad de la persona.

 

5. Estructura de personalidad

 

ESTRUCTURA DE PERSONALIDAD: No sabemos casi nada de esta estructura. Esta engloba los tres niveles (corporal, emocional y cognitivo). En terapia podeos aprender algo de nuestra estructura de personalidad, pero muy poco.

La estructura se queda formada a los tres años de vida y es estable en el tiempo. Condiciona nuestro comportamiento. Permanece inalterada durante toda la vida. No podemos alterar esta estructura. En terapia lo que hacemos es poner conciencia sobre ella y flexibilizarla un poco.

La estructura surge para poder relacionarnos con el entorno, para darle una continuidad a nuestra personalidad. Nos ayuda a relacionarnos con los demás y con nosotros mismos. Si cada vez que nos encontramos con una persona se comportase de forma diferente esto sería muy estresante para nosotros. El poder prever cómo nos vamos a comportar nosotros y los demás nos permite relacionarnos.

Esta estructura es lo que conocemos como el autoconcepto. Y cuanto más amplia sea nuestra conciencia sobre él, más libre seremos.

 

6. Existencia: ¿Dónde «nace» la psicopatología?

Venimos a este mundo a “existir”. Y para poder existir, tenemos que hacer dos cosas:

1- Promover la vida (potencial, crecimiento…)

2- Preservar la vida (protección, supervivencia, no “morir”)

Cualquier ser vivo hace esto. Crecer, desarrollarse y preservar la vida. Es una analogía de lo que llamamos en Gestalt el CONTACTO-RETIRADA.

1- Si el entorno es seguro, nutriente: Cognitivo, mental o emocionalmente, entramos en CONTACTO

2- Si el entorno es inseguro, peligroso: Cognitivo, mental o emocionalmente, entramos en RETIRADA

Si el entorno es inseguro, peligroso, la célula se cierra, se protege. Si es nutriente, nos abrimos. Es un equilibro entre promoción y preservación.

A nivel metafórico, los seres humanos relacionamos esto con:

– Entorno nutriente: placer (promueve la vida)

– Entorno inseguro: dolor (miedo por preservar la vida)

Lo que hacemos desde que nacemos es buscar el placer y evitar el dolor. Desde que nacemos hasta que morimos.

¿Y cómo aprendemos qué es lo que nos da placer o nos provoca dolor? En los humanos se aprende a través de la madre, ya que le bebé es totalmente indefenso y dependiente.

El problema es que la madre enseña al bebé lo que es doloroso y placentero desde su propia experiencia. Desde sus interpretaciones, sus miedos, sus introyectos…

Por ejemplo, una madre que sufrió hambre en su infancia, le dará mucha comida al bebé, porque considera que eso es placentero. Pero si el niño se siente saciado, y le dan demasiada comida, llorará. Y la madre no comprenderá lo que le ocurre, empezará a ponerse nerviosa, a sentir ansiedad, y puede reaccionar de una forma agresiva con el niño. Aquí es donde empieza el “lio” en el bebé.

“Mi cuerpo me pide una cosa, pero me madre (la cultura) me está dando otra”. El niño acepta lo que la madre le marca como placentero para evitar el estrés. Y empieza a confundir el placer con el dolor. El niño deja de escuchar a su cuerpo para complacer a su madre. Porque su madre es la supervivencia para él. En este momento empezamos a convertirnos en personas neuróticas.

– Entorno inseguro: Cómo sea el entorno del bebé es algo fundamental en su desarrollo. Si está en un entorno nutriente, seguro, el niño se abrirá y podrá afrontar su sistema de promoción (apertura). Si está en un entorno estresante y agresivo va a hiperdesarrollar su sistema de preservación (cierre). Una situación se estrés continuada en el tiempo lo llevará a una preservación crónica y se mantendrá siempre cerrado.Así desarrollará mecanismos de defensa como la refroflexión y la proyección, que representan a una persona cerrada “en su mundo”. La proyección hace que pongas lo que hay dentro de ti, fuera. De forma que todo lo que ves es una proyección de tu mundo interno. La proyección es cuando diriges la energía que debería ir hacia fura, hacia tu interior.

– Entorno nutriente: Puede pasar también lo contrario, y que el niño no aprenda a cerrarse, a protegerse. Así vive en una excesiva apertura. Está demasiado “fuera” y no hace caso de lo propio. Su problema es que no saben cuidarse a sí mismos.En este caso desarrollar los mecanismos de introyección (todo lo de fuera me lo trago sin masticarlo) y de confluencia (confundo mis propios deseos y necesidades con los de los demás).

 

7. Personalidad y entorno

La personalidad está formada por:

1- Temperamento à Es la estructura biológica. Lo heredamos de nuestros padres. Nacemos así (genética)

2- Carácter à Es nuestro sistema defensivo. La forma en que nosotros nos abrimos (nutrición) o nos cerramos (defensa) al ambiente. Es la estructura de relación con el ambiente.

– Entorno negativo à Genera un carácter rígido, sólido, cerrado, etc.

– Entorno positivo à Genera un carácter abierto, flexible, etc.


CARÁCTER:

En terapia no podemos modificar la estructura biológica, el temperamento. Pero sí podemos modificar el punto de contacto con el entorno, el CARÁCTER. Si somos muy cerrados, aprendemos a abrirnos y a conectar con el entorno. Si somos muy confluyentes e introyectos, aprendemos a a protegernos, a cerrarnos.

En terapia también aprendemos a discriminar entre lo placentero y lo doloroso. Aprendemos a escuchar nuestro cuerpo otra vez, como al nacer. Aprendemos a discriminar entre lo que es bueno y malo para nosotros.

TEMPERAMENTO:

PERIODO INTRAUTERINO: Los trastornos mentales tienen mucho que ver con el segundo y el tercer mes de embarazo. En ese periodo se están formando las neuronas y sus conexiones. Lo que la madre vive durante esos tres primeros meses en términos de estrés puede configurar una estructura temperamental determinada.

Las hormonas del estrés de la madre llegan al feto y el feto considera que el entorno es hostil incluso antes de nacer. De esta forma desarrolla una atrofia en el cerebro que le lleva a ser un niño ansioso, en estado de alerta, hiperactivo, etc. El niño llega al mundo en estado de alerta, con una excesiva protección hacia el entorno. El niño tiene un exceso de estrés y responde al entorno como si este fuese muy hostil.

 

8. Crisis sintomática

Si el entorno es positivo, el niño crecerá de forma sana. Estás personas llegarán al final de su vida sin necesitar un médico o un psicólogo. No experimentarán “síntomas”.

Si al contrario, la persona se relaciona mal con el entorno (porque no se nutre o no se defiende), experimentará síntomas. Si no frenamos lo negativo o cogemos lo positivo el organismo se desregula. Y esto se convierte en una CRISIS SOMÁTICA.

Hay varios niveles de crisis sintomática:

– Síndromes ansiosos (alerta, ansiedad)

– Síndromes psicóticos (perdida de contacto con la realidad)

– Síndromes de desvitalización (perdida de energía vital)

Estos síntomas, a su vez generan:

– Síndromes somáticos (Todos los síntomas están en el cuerpo)

Por ejemplo, una persona que desarrolla una paranoia psicótica está viviendo síntomas psicóticos y a la vez síntomas somáticos (disfunción en áreas neuronales)

La medicación actúa sobre los síntomas somáticos, no “curan” la raíz del problema, porque no sabemos qué lo que está fallando detrás de estas enfermedades. En una depresión aguda con intentos de suicidio, no sabemos qué está pasando a nivel cerebral. La medicación modifica algo de la estructura química del cerebro y el paciente mejora, pero no sabemos qué está pasando. Si le dejamos de dar la medicación volverá a empeorar.

¿QUÉ ES LO QUE OCURRE?

– El cuerpo falla à Falla porque no se adapta bien al ambiente. No se nutre o no se defiende.

– Crisis sintomática:

1- Síntomas somáticos (Más del cuerpo)

2- Síntomas cognitivo/emocionales (Más de la mente)

Todos los síntomas representan una mala adaptación al ambiente. El organismo se desregula y sufre entres psico-bio-social. Psico (carácter) + Bio (temperamento) + Social (entorno).

A este nivel hay una correlación entre el estrés psicosocial, que suele estar de la mano, y el estrés social (del entorno). Dependiendo de tu nivel de vulnerabilidad biológica, necesitarás más o menos estrés social para desarrollar una psicosis.

Si has nacido con una vulnerabilidad biológica alta (genética) necesitarás muy poco estrés para desarrollar una psicosis. Y esto puede pasar en cualquier momento. En cambio, si eres fuerte biológicamente, necesitarás mucho estrés para desarrollar la misma psicosis.

 

 9. Niveles de trabajo

Con la expresión sintomática: Es lo que avisa de la desregularización del organismo.

– Con la estructura de personalidad y lo que ocurre con el entorno: Es donde realmente está el problema.

Si los síntomas son muy intensos, incapacitan a la persona para poder hacer un proceso terapéutico para trabajar con la estructura de personalidad.

Por eso hay veces que el primer paso es la medicación. Alguien muy deprimido sólo quiere morirse, no le puedes hablar de terapia. No tiene capacidad para entender lo que le está pasando. Una vez que está un poco contenido ya podrá trabajar a nivel de la personalidad y el entorno. Y ya será capaz de dar significado a lo que le está ocurriendo.



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Arte y creatividad en la terapia

¿Cómo podemos concebir el arte y la creatividad en la terapia? 

Hace ya un tiempo atrás que se viene discutiendo cuáles son las formas en que podemos entender la figura del terapeuta. Por un lado podemos escuchar aquellos que alaban su capacidad técnica, su sólido conocimiento teórico y lo científico de su metodología de trabajo. Pero por otro lado, los hay que dan especial importancia a su creatividad, sus recursos expresivos y su intuición.

Sin embargo y a pesar de todo, lo ideal es que podamos superar la tan perseverante dicotomía entre terapeuta técnico y terapeuta intuitivo. Ambos extremos forman parte de la misma polaridad y encasillarse en uno de ellos implica mantener un pensamiento lineal y limitador. La oposición entre ambos caracteres es más aparente que real y alienarse supone una caricatura de un terapeuta mecanizado y técnico, o bien de un pseudochamán.

 

Arte y ciencia se unen

 

Podemos extrapolar esta discusión a una dicotomía mucho más antigua: la ciencia y el arte como realidades irreconciliables. Aquellos que tienen una mente discursiva sostienen que el arte carece de cualquier lógica y rigor, como si no fuera también una herramienta que integra el azar, lo irracional y lo espontáneo en su aplicación. Mientras que los que tienen una mentalidad más artística, pasan gran parte de su vida conectados a este tipo de experiencias de exploración.

Si bien es cierto, no podemos negar que la instrucción técnica es necesaria en la formación del terapeuta, pero hay que aprenderla para después olvidarla. Por ejemplo, en las academias de arte el aprendiz conoce las herramientas básicas que le aportarán mayor libertad de expresión, ya que sin ellas estaría más limitado, pero es necesario que más adelante sea capaz de abandonarlas porque si no se limitará en su creación. Podemos encontrar numerosos artistas académicos que no se atrevieron a atravesar sus propios límites y permanecen en terrenos conocidos y seguros.

 

Terapia y arte

Desde la corriente humanista, siempre se ha contemplado la creatividad como una expresión natural del ser humano, donde se da paso a la salud en lugar de sublimar la patología. Entre otras cosas ha venido defendiendo desde sus orígenes, una visión holística del sujeto donde se integra cuerpo-mente, cuerpo-espíritu y mente-espíritu.

En palabras de Rollo May:

«El proceso creativo es un encuentro entre el creador y su entorno: el pintor encuentra el paisaje. La intensidad del encentro, la absorción del creador en el acto creativo y su transformación del entorno y de sí, determina la calidad del proceso creativo, que siempre involucra a la persona entera, en un proceso no irracional, sino mas bien suprarracional, una experiencia mística de unión entre lo individual y el cosmos…»

 

Implicacion del artista

 

La terapia y el arte también comparten el juego. En el caso del arte y el juego, ambos potencian la libertad y la despreocupación, del mismo modo que la terapia grupal de enfoque gestáltico, donde se invita a los sujetos a mostrarse tal cual son, libres y sin tratar de controlarlo todo. Además pone especial énfasis en la espontaneidad, la ampliación de conciencia y la expresividad.

De este modo podemos concebir a la terapia como un espacio de creación en el cual se puede jugar con conciencia plena. Esto sirve como antídoto a los juegos sociales que tenemos en la vida real (juegos convencionales y automáticos que a veces incluso son falsos). Así el juego y el arte en la terapia son expresiones directas de la pulsión de vida.

A pesar de que a la terapia se le considere un lugar artificioso, en ella se puede dar un nivel de verdad (tratando de buscar y vivir la autenticidad en un lugar seguro).

Son muchos los pacientes que no se permiten jugar, siendo incapaces de experimentar el estado de reposo que posibilita la elaboración de cualquier cosa creativa. El mismo hecho de jugar es una terapia en sí misma. Tanto el juego como el arte son estancias intermedias entre el interior de uno mismo y aquello que se encuentra fuera. Es un «como si…´´ que puede revelarse más auténtico que todo aquello que consideramos realidad.

 

Juego y salud

 

Cuando decimos «como si…´´ hacemos alusión al teatro, y la terapia gestalt tiene como una de sus funciones principales permitir que el sujeto pueda recrear su vida y ponerla en escena en un espacio donde se le permita comunicarse sin ser juzgado.

La corriente gestáltica ha sido una de las pioneras en proponer la terapia como un arte haciendo referencia no solo a las técnicas que se emplean, sino también a la actitud del que las aplica. Esta actitud se caracteriza por la libertad interior y la confianza en el impulso.

Claudio Naranjo afirmaba lo siguiente:

«…La psicoterapia con sus reglas, técnicas y rituales, está en contra de la psicoterapia como arte… La enseñanza de la gestalt es que no hay reglas: solo toma de conciencia. Atención y espontaneidad, o mejor aún: percatarse y naturalidad. La naturalidad no es impulsividad, sino… una espontaneidad controlada: hay mucho de eso en el arte Zen…»

Se ha dicho en numerosas ocasiones que el terapeuta gestáltico es un artista y dicha afirmación se ha hecho de forma trivial cuando realmente es algo serio y profundo.

 

Todos somos creadores

Es necesario que seamos capaces de desmitificar el arte y considerar la creatividad como una parte esencial del ser humano. El escritor José Saramago dice:

»Eso de ser un creador no es algo que esté limitado a unas cuantas actividades profesionales muy especiales. Si uno está plantando un árbol, o está haciendo algo con sus manos, usando unas herramientas, todo eso es creación en un sentido amplio. Escribir libros es como hacer sillas. Las sillas tienen que ser solidas y, si quieres, estéticas y hasta hermosas. Pero estás haciendo sillas. No le des más vueltas… Todos tenemos manos muy parecidas, iguales y las usamos. Las manos sirven para escribir La divina comedia o para matar.»

 

Esta es la cuestion…

 

Esta concepción artesanal de la creatividad es muy adecuada también para el oficio de la terapia, puesto que es más cercana a la tradición gremial (el aprendiz que observa hacer al maestro) que a la transmisión académica de información. Realmente la terapia tiene mucho de vocación (lo que te llama a… lo que te atrae…) y una vocación como tal compromete al que la lleva a cabo, tanto en responsabilidad como en la habilidad de responder a lo que le llama.

El pintor Ramón Gaya afirma lo siguiente:

«El arte ha sido visto como la meritoria inclinación de unos cuantos –de esa clase de personas que llamamos artistas- … pero la realidad es otra: la creación artística no es un asunto personal del artista, ni un asunto privado entre el artista creador y el consumidor de su obra, tampoco se trata de algo social, general… sino algo extensamente humano, del hombre común… Sólo él sabe recibir la realidad entera y escuchar esa voz original, antigua, perenne, esencial y obedecer a ella… esa voz suena para todos, y lo que pide (porque viene a pedir, a exigir-nos) lo pide a todos.»

 

El terapeuta como artista

La terapia es como un lienzo en blanco, una obra de arte por realizar, en donde el encuentro se caracteriza por un conjunto de temores, riesgos y posibilidades. Es necesario que tanto el paciente como el terapeuta se desprendan de sus preconceptos para poder alcanzar otros estados de conciencia. Tanto el terapeuta como el pintor o el poeta, crean a partir de un punto cero en donde el vacío proporciona libertad interior. Esto requiere liberarse del:

  1. Autoconcepto: la actitud creativa implica la disolución del autoconcepto, del yo-carácter.

J.A. Valente:

«Reivindico el misticismo o la aniquilación del yo como premisas para la actividad creadora. El poeta debe hacer tranparente el universo y para ello precisa vaciarse de su ego. El escritor debe abrir al lector los horizontes sin interferencias personales.»

Pablo Palazuelo:

«Mi pintura tiene que ver con la vida de los humanos, con la aspiración de ser más de lo que somos, de progresar… pero eso solo ocurre saliéndote de ti, dejando atrás lo que tú eres. No como residuo sino como semilla… es la ambición de ir más allá de todas las formas.»

  1. Conocimiento intelectual: para que el terapeuta pueda partir de un punto cero (o vacío fértil) es necesario que se desprenda de su seguridad intelectual y teórica. Sólo basta quedarse cinco centímetros por encima o por debajo de la obra para que ésta fracase. A lo largo de este camino de renuncia por lo que uno sabe, paradójicamente el conocimiento se torna un «no saber´´, en un «hacer´´. Los terapeutas noveles se pierden en la incomodidad de la conversación interna y constante sobre cómo proceder técnicamente en la terapia, lo cual les impide entrar en contacto real con el paciente. Sus mentes discurren a lo largo de teorías psicodiagnósticas, rompiéndose el contacto con el paciente y creando un vacío estéril y falso que es rellenado por el intelecto. Por tanto, la máxima del Zen es «saber abandonar la mente en pos de los sentidos´´, tratando de rescatar lo emocional.

 

Entrega y receptividad

Tanto la búsqueda del artista como la del terapeuta implican serenidad. Muchos creadores hablan de calma, relajación, receptividad, etc, como condiciones necesarias para que la obra de arte emerja:

Juan Uslé:

«La pintura es un medio lento y especialmente apropiado para indagar en los problemas eternos del hombre, en la soledad, en el amor… la calma que se precisa tanto para hacerla como para disfrutarla es lo que nos da lugar y tiempo para pensar y conocernos.»

Francis Bacon:

«Esas imágenes surgen como caídas del cielo, por pura casualidad, soy más un médium que un pintor… no me considero dotado; sólo soy receptivo…»

Anthony Hopkins:

«Le debo mucho al método Stanislavski, que dice que lo único que nos permite poder representar un personaje es la relajación. Así que, aunque es asombroso, en los momentos más tensos un artista puede permanecer tranquilo…»

En definitiva, el terapeuta como buen artista, debe tratar de buscar su propio estilo siendo uno mismo. Su desarrollo artístico no solo se basa en un compendio de teorías o técnicas brillantes y originales, sino también en su desnudamiento interior, en aras de autorregularse desde un vacío que le permita construir creativamente. Esto lo consigue transitando desde el apoyo externo al autoapoyo, confiando en su propia autenticidad, en la rectitud de la naturaleza y en que el cambio se da verdaderamente cuando uno es lo que es y no cuando trata de ser otra cosa.

 

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Referencia bibliográfica

  • Peñarrubia, Terapia Gestalt: La vía del vacío fértil. Alianza Editorial, Madrid, 2012.

La clínica psicoanalítica hoy

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En nuestra cultura occidental, el fin de cada año trae consigo una serie de reflexiones sobre lo que quedó atrás, y resoluciones para los próximos doce meses. Uno de los principales logros que he cosechado este 2016, ha sido iniciar con mi práctica clínica psicoanalítica privada. ¡Por fin! Para mí un sueño hecho realidad, el principio de un largo camino que me espera en esta rama tan hermosa e interesante de la psicología: la clínica.

Me gustaría culminar el año con algunas reflexiones sobre la clínica psicoanalítica en la actualidad. El enfoque que se mantiene a lo largo del escrito es lo que el psicoanalista Jorge Alemán denomina como una anti-nostalgia. Tomando en consideración la sociedad actual, no hay por parte del Psicoanálisis una añoranza a las figuras del padre y el amo del orden simbólico; ni tampoco un intento por restablecerlos. Lo que tenemos es lo que hay, y la práctica analítica busca indagar de qué se vale para continuar, para promover el surgimiento del sujeto del deseo y el establecimiento del lazo social.

 

Táctica, estrategia y política

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En nuestros días, ¿qué aporta la clínica psicoanalítica? ¿Hacia dónde apuntan su política, estrategia y táctica? Estos son conceptos que el psicoanalista francés Jacques Lacan anuda y que comprenden el quehacer de la práctica clínica en Psicoanálisis. La táctica, en término generales, es un método empleado con el fin de obtener un objetivo. Lacan coloca la interpretación a nivel de la táctica del Psicoanálisis. Ya que la misma depende de la asociación libre del paciente, y del carácter imprevisto de su decir. Para interpretar, hay que estar atento al equívoco en el decir del paciente, de manera que el analista pueda decir algo que tenga efectos en lo real. Del mismo modo que la emergencia del inconsciente en el discurso del paciente tiene un efecto de sorpresa, la interpretación sorprende tanto al analizante como al analista. No existe una interpretación pre-fabricada.

Por su parte, la estrategia es un conjunto de acciones planificadas sistemáticamente en el tiempo que se llevan a cabo para lograr un fin determinado. La posición del analista en la transferencia es su estrategia. El analista colocado en posición de sujeto supuesto saber del sufrimiento inconsciente del analizante, que luego debe caer. Dependerá siempre del lugar que le dé el analizante, pero siempre está presente la exigencia de un encuentro. También se da el supuesto de que el analista sabe sobre el sufrimiento del sujeto.

Finalmente, la política es la autoridad que interviene para regular el modo de dirigir un asunto o conducirse en él. Lacan aquí ubica el deseo del analista, un deseo que afirma debe ser una “x”. Los pacientes acuden a consulta por un malestar que lo hace sufrir, pero en su mayoría no está del todo decidido a mover las aguas, o remover aquello que le produce dolor. Prefiere mantener su status quo, lo cual se manifiesta en las distintas formas de resistencia al tratamiento. Como explica el psicoanalista Bruce Fink en su libro Introducción a la Clínica del Psicoanálisis Lacaniano:

Si hay un deseo que sirve como fuerza impulsora de la terapia, es el deseo del analista, no del paciente… El analista debe mantener su posición de deseo de que el paciente hable, sueñe, fantasee, asocie e interprete… Es un deseo enigmático que no le dice al paciente lo que el analista desea que diga o haga.

 

El impacto del discurso capitalista

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Los efectos del discurso capitalista en la clínica se evidencian en el afán por la clasificación y las curas tipo. Ante un ser humano, el profesional se remite a clasificar los síntomas en un cuadro diagnóstico, para luego prescribir un tratamiento específico para todas las personas que padecen de “lo mismo”. Dichos sujetos, ahora son llamados clientes por algunas corrientes psicológicas, como si la relación psicólogo-paciente fuera una transacción comercial. El individuo toca la puerta del análisis como quien va a un establecimiento comercial con el fin de adquirir un producto, por el que va a pagar.

De modo que exige al analista y su dispositivo lo que el devenir capitalista le ha enseñado: hay un saber científico -en este caso psicológico- cuyo trabajo devengará un producto para gozar. Entonces exige que el analista esté a la altura del mercado: unas pautas sobre cómo mejorar, algo eficaz y rápido… si puede ser online mejor. De manera que llega con una exigencia de saber del especialista, que reemplaza la demanda de amor.

 

El discurso del analista

La respuesta del discurso del analista es colocarse en el lugar de semblante del objeto de goce. Sin embargo el saber no es el que exige el sujeto, sino un saber supuesto que es inconsciente. El analista exige al analizante un trabajo con el fin de hacer caer esas identificaciones de los significantes amo que no representan al sujeto. Según explica B. Fink:

El fin del análisis consiste en separarse del Otro, y permitirle al sujeto andar su camino sin todas las inhibiciones e influencias que provienen de los otros concretos que rodean al sujeto o los valores y juicios del Otro internalizado.

El sujeto no se encuentra divido en el llamado sintomático. Es decir, el problema está en otras personas, en el trabajo, o incluso en sí mismo pero en aspectos superficiales. En fin, no encuentra su lugar, pero definitivamente la raíz no está en su queja manifiesta, sino en lo que se repite fuera de su control. Al estilo del padre del Psicoanálisis, Sigmund Freud en su intervención en el caso de Dora, el analista cuestiona:

¿Qué tiene que ver usted en todo esto?

 

La rectificación subjetiva

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En las entrevistas preliminares, procurar lo que Lacan llama la rectificación subjetiva, que involucra una inversión dialéctica que posibilita la emergencia del sujeto como vacío, como pregunta. El sujeto que consulta debe interrogarse sobre lo que le ocurre, y tener un entendimiento de que está de algún modo implicado en su queja o demanda. Esta rectificación subjetiva es a la vez un efecto de la interpretación, puesto que admite redirección cuando la asociación libre se torna pura palabrería. El síntoma de paciente comunica algo de su problemática, tiene algo que decir pues es un sujeto supuesto saber. Sobre éste actúa la interpretación, como un decir que tiene efectos.

El psicoanalista argentino Jorge Alemán cita a Lacan en la «Tercera en Roma» (1973), donde éste presenta un enigma:

Si el Psicoanálisis tiene éxito y cura a la humanidad de los síntomas, el Psicoanálisis fracasa… Éste va a existir en la medida en que esté del lado del síntoma… Veremos si la ciencia y la técnica curan a la humanidad del Psicoanálisis.

 

El factor sorpresa en la terapia

Dentro del dispositivo psicoanalítico no existe un universal, ni para la verdad ni para la interpretación. Cada sujeto que llega a consulta es respetado en su particularidad, a pesar de la creciente tendencia a la estandarización. La eficacia de la interpretación va de la mano de la sorpresa, que está del lado del analizante y también del analista. Por efectos de la interpretación se produce una falla en la repetición infinita que se ha perpetuado en el analizante. Allí mismo, surge el inconsciente que produce extrañas formaciones como los sueños, los lapsus y demás actos fallidos. Los síntomas también pueden sorprender sobre todo cuando irrumpen en la vida del sujeto. Sin embargo, estos síntomas también tienen un carácter de fijeza en el tiempo. Para el psicoanalista Graciela Brodsky comenta:

La sorpresa proviene de la interpretación: responder como conviene en el momento justo y saber concluir a tiempo.

Por su parte, Freud prefería la sorpresa del analista como lo menciona en “Análisis Profano” (1973):

Obtenemos los mejores resultados terapéuticos en aquellos casos en los que actuamos como si no persiguiésemos fin ninguno determinado, dejándonos sorprender por cada nueva orientación y actuando libremente sin prejuicio alguno.

Actualmente por la falta de tiempo, por la incapacidad de la espera, nadie tiene interés en sorprenderse. Vivimos en una civilización contraria a todo aquello que sea incalculable e imprevisible. El entramado del discurso capitalista no admite rupturas. Actualmente la urgencia se lleva por delante la transferencia. Sin embargo, el sujeto en análisis debe apostar por una relación en la cual no tendrá ninguna garantía. Esto va en contra de la exigencia actual del mercado, según la cual el producto no puede perderse. Siguiendo al psicoanalista Gustavo Dessal:

La transferencia queda saturada de ruido y sentido, carece del silencio para escuchar la ‘otra’ voz.

 

El sujeto supuesto saber

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El psicoanalista francés Jacques-Alain Miller esboza tres formas del sujeto supuesto saber. El primero, es aquel que viene a la consulta, lo que llama el analizante en esperanza. El análisis es un ejercicio de olvido de lo que sabe, y el analizante procura hacer como si no supiera. Esta ignorancia es la condición, que de acuerdo con Miller, se requiere para que el sujeto supuesto saber pueda instalarse en la sesión analítica. El analizante habla de lo primero que se le ocurre aunque parezca tonto o loco. Ésta es la base de la asociación libre que permite el desarrollo de la transferencia.

El segundo supuesto saber entonces es el analista mismo. Por esto, el analizante le confía su sufrimiento, ya que es supuesto saber interpretar. De este modo, como ya se mencionó antes, el analizante accede al régimen del «yo no sé lo que digo”. Esto implica la posición del inconsciente como un descifrable. El sujeto sufre de algo de lo que no tiene idea, por lo que acude a consulta con un profesional que sabe de este sufrimiento. Con respecto al tercer sujeto supuesto saber Miller expresa:

En el interior de lo que digo claramente, otra cosa quiere decirse en la oscuridad, cifrada.

Esto que el inconsciente interpreta, que está cifrado, es la transferencia. Debe realizarse en el análisis un arduo trabajo por parte del analizante para ir descubriendo eso oscuro que le hace sufrir.

Visto lo anterior, Miller ubica el primero como el sujeto supuesta saber en lo imaginario, el segundo en lo simbólico y el tercero en lo real. Juntos forman la estructura de la sesión analítica. Entonces Miller puntualiza lo siguiente:

El sujeto supuesto saber, es el nombre del inconsciente en tanto que transferencial. No hay primero el inconsciente y luego la transferencia. La posición misma del inconsciente, su posición operatoria, se sostienen en la transferencia como transferencia de saber.

 

Comentario final

Hoy esto se ve amenazado por el semblante de saber absoluto de la ciencia, que es numérico y donde se desdibuja el sujeto para inscribir una cifra. Lacan se pregunta si es el amor aquello que puede fundar el lazo social. Pero no el amor narcisista que busca la media naranja que le otorgue una suerte de completud imaginaria. Es el amor que deja patente la imposibilidad implícita en la no-relación entre los sexos. Consiste en amar desde el lugar donde se experimenta esta imposibilidad, y el modo de vivirla, siendo la transferencia uno de sus modos.

Hoy por hoy, mantenerse en el norte del Psicoanálisis es un reto, para mí lo ha sido. He tenido muchas veces la tentación de desviarme, de etiquetar, de buscar la solución más fácil o el camino más corto. He dudado a veces de la eficacia del tratamiento analítico y pensado si es mejor ofrecer una cura light. Es gracias al propio análisis y la supervisión que vuelvo a concentrarme en la teoría y la práctica que elegí. Pues es la que me llama como persona, con la que me identifico, y la herramienta por medio de la cual puedo hacer mi trabajo con los pacientes. En estos tiempos, es aquella que para mí respeta al sujeto en toda su individualidad y complejidad.

Referencias bibliográficas:

  • Alemán, Jorge (2011). El Goce y el Objeto. Trabajo presentado en el Máster de Psicoterapia Psicoanalítica de la Universidad Complutense de Madrid, España.
  • Fink, Bruce (2007). Introducción Clínica al Psicoanálisis Lacaniano. Editorial Gedisa. Barcelona, España.

Fuentes:

¿Podemos aprender a acompañar?

 

Te propongo hacer una parada en el camino, en este caso en la lectura que estás realizando. Pero antes, cierra los ojos, intenta recordar una situación en la que sientas que te has ofrecido a ayudar o acompañar, ya sea a nivel personal o profesional, y permítete sentir las reacciones que se producen en tu cuerpo, qué emociones afloran, sin hacer juicios, solo observando.

 

Mi camino “ayudando

 

Llevo más de 20 años “acompañando” de forma profesional, de una u otra forma, ya sea desde lo sanitario, desde lo educativo, desde lo terapéutico. Si realmente miro aún más hacia atrás, tomo conciencia de que llevo “acompañando” desde que tengo uso de razón, ha sido una respuesta que ha surgido de forma aparentemente natural en mí, que creo que he ido perfeccionando, pero que no me ha supuesto un esfuerzo. Ahora bien, en los últimos años, fruto de un profundo proceso de autoconocimiento y balance vital, han ido aflorando en mi interior muchas dudas acerca de qué es lo que realmente hago y, sobre todo, por qué lo hago, cuando ofrezco la posibilidad de acompañar a otras personas. En este proceso, me he replanteado qué significa la palabra “ayuda”, en un sentido profundo, y ciertamente personal.

Creo que los seres humanos tenemos una capacidad instintiva e intuitiva para captar una situación de desventaja en el otro, y mostramos una tendencia a responder, ofreciéndonos para mejorar la situación ajena. Quizá jueguen un papel aquí las neuronas espejo en este mecanismo de empatía, y faciliten la comprensión del dolor ajeno. Considero que, ante circunstancias imprevistas que surgen en la vida y que favorecen situaciones de desventaja, aflora esa respuesta instintiva que, en cierta forma, nos ha permitido subsistir como especie. Las dudas me invaden cuando me planteo qué nos mueve realmente a los seres humanos a dedicarnos “profesionalmente” a “ayudar, o que esa ayuda a los otros, también en un plano personal, sea una característica relevante de nuestro modo de situarnos en la vida.

 

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En mi propio camino de reflexión, he ido tomando conciencia de que mi predisposición a “estar ahí” y ofrecerme, más allá de un acto altruista, podía estar reflejando una visión de carencia, de ver la necesidad en los demás, ante la cual ofrezco mis conocimientos y mi “saber estar y acompañar”. Tendemos a proyectar fuera, en los otros, aquello que no vemos en nosotros. Forma parte de nuestra sombra. Y darme cuenta de que quizá proyectaba en los otros mi propia carencia o necesidad, y desde ahí me situaba en cierto modo en la soberbia del que “sabe acompañar”, supuso una enorme crisis que realmente me permitió seguir descubriendo el motor de mis acciones. Tomar conciencia de mi “inconsciencia”, de mi “ceguera”, me permitió ver que, más allá del altruismo, buscaba en mi vida escenarios donde pudiera seguir desempeñando ese papel cada vez más profesionalizado de “ayudador”, descubriendo finalmente que era la forma que había aprendido durante mi infancia para ser visto, reconocido. Sí, aquí nos encontramos con “el sanador herido”.

Y así me di cuenta de que un acompañamiento no puede ser sano, genuino, cuando el que lo hace se mueve desde su propia necesidad o carencia, sea consciente o no, y no desde el “sencillamente estar y ser”, y desde ahí, compartir, viendo al otro de igual a igual, y reconociendo su propio potencial. Y también reconociendo en uno mismo la propia vulnerabilidad, que es un rasgo genuinamente humano. Si acompaño, lo hago sabiendo que yo también me estoy transformando y que solo establezco intercambio con el otro, no doy sin recibir, y ambos crecemos en esa interacción que nos refleja mutuamente.

 

https://www.youtube.com/watch?v=AiZt7Gc0oMo

 

¿Cómo podemos aprender a acompañar?

 

Creo que esta pregunta ha estado latente en mí durante años, al reconocer mi habilidad para conectar con los demás y mi incapacidad para transmitir “cómo se hace”. En este momento, creo que he llegado a un punto de claridad, aunque sea mínima. Y es que solo podemos acompañar conscientemente cuando hemos hecho y continuamos haciendo de por vida un continuo proceso de autoconocimiento y conciencia que nos mantenga siempre replantéandonos por qué nos manifestamos del modo en que lo hacemos, y qué experiencias vitales han condicionado, de una u otra forma, nuestro modo de estar en el mundo para así acogerlas sin juicio, de forma abierta. En cierto modo, es el reto de desnudarnos a cada paso, de mostrarnos vulnerables y, a la vez, abiertos a compartir entre seres humanos, cada uno con sus cualidades y capacidades.

En los últimos tiempos he ido conociendo formas de enseñar este proceso de acompañar, cada una con sus rasgos distintivos. Destaco, por su importancia en nuestro país, y por haber sido pioneros en el ámbito de la salud, al Centro de Humanización de la Salud, de los Religiosos Camilos, con José Carlos Bermejo como director, que ha establecido un sistema de formación de profesionales en el que se conjugan aspectos técnicos con la humanización y la consideración de la espiritualidad, más allá del hecho religioso. Su modelo basado en el counselling ha proporcionado herramientas y recursos prácticos para que los profesionales de la salud puedan introducirlos en sus entornos de trabajo.

 

 

Acompañar al final de la vida como paradigma para acompañar en la vida

 

En el ámbito de la salud, el desarrollo de los cuidados paliativos y la creciente consideración de acompañar a las personas en su etapa final, más allá de que no se pueda ofrecer una curación, ha sido una auténtica revolución. Es por ello que los profesionales que trabajan en este ámbito han impulsado en gran medida formas de acercamiento a la persona que sufre, en la que integran aspectos biomédicos, psicosociales y espirituales, y de ahí han surgido modelos de formación en diferentes países que buscan facilitar el desarrollo de habilidades que permitan contar con profesionales más humanizados. En este sentido, me gustaría compartir una charla que dio recientemente uno de los mayores especialistas de nuestro país en este ámbito, Enric Benito. Y recomiendo la monografía “Espiritualidad en clínica”, editada en 2014 por la Sociedad Española de Cuidados Paliativos, y que se puede descargar de forma gratuita (http://www.secpal.com//Documentos/Blog/Monografia%20secpal.pdf).

 

 

Daniel Siegel y su propuesta desde la neurociencia

 

Daniel Siegel es una de las figuras que más ha aportado científicamente a la psicoterapia en los últimos años, partiendo de enfoques que rompían con la visión tradicional, e introduciendo los descubrimientos neurocientíficos y los principios del mindfulness o atención plena, tanto en el ámbito de la psicoterapia como en el educativo. Recientemente publicó un libro en el que establece un modelo de desarrollo de habilidades para profesionales de la relación de ayuda, que implica un proceso estructurado de autoconocimiento necesario para poder acompañar desde la conciencia plena.

Siegel se basa en su teoría de la neurobiología interpersonal, y plantea el desarrollo de habilidades de la mente en el profesional que le permitirá adquirir una cualidad “mindful”. Es difícil encontrar una traducción en español de este término, pero me llama la atención una de las definiciones que aporta Siegel, en la que significa estar libre de prejuicios y evitar una pérdida prematura de posibilidades. Es decir, poder situarnos ante el otro con una mente lo suficientemente distante de nuestros propios juicios como para acoger y aceptar al otro en todo su ser. Para ello, es preciso cultivar, entre otras habilidades:

  • la presencia, como una forma de estar en el aquí y el ahora, más allá de nuestra propia historia, abiertos a conectar con lo que sucede, con lo que es.
  • la sintonía, la resonancia y la confianza con y en el otro.
  • la verdad, como forma de percepción de lo que acontece, más allá de nuestra propia narración. Para ello, es preciso ser muy consciente de que esa narración existe, y qué la ha condicionado, para poder acogerla y aceptarla sin juicio.
  • habilidades mentales para estabilizar la lente de nuestra mente con el fin de observar nuestro mundo interior.
  • la integración de lo vivido y del presente, como medio para lograr un equilibrio y alejarse del caos o la rigidez.

 

Siegel propone actividades concretas a lo largo de los quince capítulos donde aborda cada una de estas habilidades y otras que considera importantes para lograr acompañar de una forma abierta y sana.

 

Tras esta reflexión compartida, y desde la serenidad y la honestidad con uno mismo, ¿desde dónde surge tu impulso de ayudar?

 

Referencias bibliográficas

  • Bermejo, José Carlos (2014). Humanizar la asistencia sanitaria. Desclée de Brouwer.
  • Siegel, Daniel (2012). Mindfulness y psicoterapia. Paidós Ibérica.