Mi primer cartel psicoanalítico

Hace muchos años cuando asistí a uno de los congresos de la Asociación Mundial Psicoanálisis, un grupo de jóvenes me ofrecieron participar en un cartel psicoanalítico. Honestamente, no conocía la metodología ni me interesé mucho en averiguarlo. Había pasado los tres años anteriores en España estudiando Psicoanálisis… ¡en la universidad!

Cuando llegué a Madrid, poco sabía de Lacan y de psicoanálisis en general. En la licenciatura lo habíamos tratado de forma general. Pero algo del inconsciente me llamaba y por recomendación de unos profesores me matriculé en el Máster de Psicoterapia Psicoanalítica. En el máster, leíamos a Freud y también a psicoanalistas que “traducían” a Lacan. Los profesores tenían un método poco tradicional sin duda, pero me explicaron algunos conceptos lacanianos y quedé fascinada.

Luego que regresé a Panamá, me encontré un poco sola en mi interés de seguir estudiando Psicoanálisis, así que lo abandoné. Me dediqué a conocer otra área que era nueva para mí, en mi rol de psicóloga en un colegio. Simultáneamente, empecé a escribir en Psiquentelequia, sobre temas diversos relacionado con psicología, Psicoanálisis, infancia y educación. Fue por este medio que una psicoanalista cartelizante me contactó…

 

Mi primer cartel: el Seminario 1 de Lacan

El cartel se define como un dispositivo de trabajo original, propuesto por Lacan tanto a aquellos que practican el psicoanálisis como a cualquiera que desee estudiarlo. Esta invención de Lacan es una forma de hacer lazo social entre los cartelizantes, fuera de los dogmas de las instituciones.

«Para la ejecución del trabajo [de la Escuela] adoptaremos el principio de una elaboración sostenida en un pequeño grupo. Cada uno de ellos –tenemos un nombre para designar a esos grupos– se compondrá de tres personas al menos, de cinco como mucho, cuatro es la medida justa. Más una, encargada de la selección, de la discusión y del destino que hay que reservar al trabajo de cada cual. Después de un cierto tiempo de funcionamiento, a los elementos de un grupo se les propone que permuten en otro.» – Jacques Lacan

En la creación del cartel cada uno elije un tema o «rasgo» del trabajo. Ya sea la lectura de un seminario, elaboración de un concepto, relación del psicoanálisis con otro campo de estudio, entre otros. Al «rasgo» de cada uno se agrega un tema común que se nombra al cartel. En mi primer cartel el enfoque estaría puesto en el Seminario 1 de Lacan: Los Escritos Técnicos de Freud.

El trabajo efectuado no da lugar a un producto colectivo, sino a uno individual. Se trata para cada uno, en función del momento de su relación al psicoanálisis, de constatar lo que pudo haber sido modificado de su relación con el saber analítico… se construye un saber del sujeto.

 

Mi primer producto

La primera clase del seminario inicia con un comentario que me viene como anillo al dedo:

“El seminario exige colaboración y participación a través de la comunicación efectiva. Se espera que no se use como excusa otras ocupaciones importantes.»

Esto lo leí como un mensaje directo a mí misma, ya que estuve en constante resistencia, por no poder tolerar el “no saber” o no comprender. Pues me hacía falta la presencia de otro colocado en ese lugar, que me ayudara a digerir tantos conceptos.

Lacan expone una pregunta que me he hecho muchas veces: ¿Qué hacemos cuando hacemos Psicoanálisis? Qué mejor lugar para empezar este recorrido que en los escritos técnicos de Freud, que de acuerdo con Lacan, constituyen una etapa del pensamiento de Freud anterior a la elaboración de su teoría estructural en 1920. Aún cuando Freud trabajó en la técnica a lo largo de toda su obra.

 

El momento de la resistencia

Algunos elementos importantes que he podido rescatar son los siguientes:

  1. Para Freud el análisis se trata de la aprehensión de un caso particular. Se trata de la subjetividad del sujeto (valga la redundancia), sus deseos, su relación con su medio, con los otros y con la vida misma. En su planteamiento, se reconoce la relación problemática del sujeto consigo mismo, pues hay un conflicto en relación con el síntoma. Aunque hay una invitación al sujeto a preguntarse por la postura que ha podido asumir el sujeto frente a su síntoma.
  2. La situación analítica es una estructura, y sólo gracias a ella son aislables y separables ciertos fenómenos. Entre ellos el de la transferencia y la resistencia.
  3. En la estructura del análisis hay tres elementos, y no dos como se sugiere en la Psicología del Yo. Toda la experiencia analítica debe organizarse en base a ellos: el analista, el analizante y la palabra.
  4. Lo que cuenta en el análisis es la reconstrucción de los acontecimientos formadores para el sujeto, y no lo que recuerda de ellos, o la llamada reviviscencia afectiva. Tal como lo plantea Lacan: “La reintegración por parte del sujeto de su historia. Esta historia no es el pasado, sino el pasado historizado en el presente”.

 

La resistencia y la transferencia

Una pregunta recurrente en las sesiones del cartel y que aún no me queda clara es: ¿cuál es la relación de la resistencia con la transferencia? De acuerdo con mi lectura del seminario, la resistencia es todo lo que se opone a la continuación del análisis, o que busca interrumpirlo. La misma surge cuando algo del discurso del sujeto se acerca al nódulo reprimido.

La fuerza de la resistencia es inversamente proporcional a la distancia que nos separa de este nódulo. Es decir, que la resistencia es mayor cuando el sujeto se aproxima en su discurso a algo reprimido, que sería lo último, pero que rechaza de plano. Entonces, el sujeto se da cuenta de la presencia del analista. Como comenta Lacan: “Cuando el sujeto se interrumpe es cuando está más cerca de su verdad”.

Según plantea Lacan, es aquí donde surge la transferencia:

“Cuando algo en los elementos del complejo (en su contenido) es susceptible de vincularse con la persona del analista, la transferencia se produce, proporciona la idea siguiente y se manifiesta en forma de resistencia, de una detención de la asociación libre por ejemplo.”

 

Referencias bibliográficas:

  • Lacan, Jaques. El Seminario de Jacques Lacan, Libros 1, Los Escritos Técnicos de Freud. Editorial Paidós, Barcelona, 1981.

 

Fuentes:

 

 

La clínica psicoanalítica hoy

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En nuestra cultura occidental, el fin de cada año trae consigo una serie de reflexiones sobre lo que quedó atrás, y resoluciones para los próximos doce meses. Uno de los principales logros que he cosechado este 2016, ha sido iniciar con mi práctica clínica psicoanalítica privada. ¡Por fin! Para mí un sueño hecho realidad, el principio de un largo camino que me espera en esta rama tan hermosa e interesante de la psicología: la clínica.

Me gustaría culminar el año con algunas reflexiones sobre la clínica psicoanalítica en la actualidad. El enfoque que se mantiene a lo largo del escrito es lo que el psicoanalista Jorge Alemán denomina como una anti-nostalgia. Tomando en consideración la sociedad actual, no hay por parte del Psicoanálisis una añoranza a las figuras del padre y el amo del orden simbólico; ni tampoco un intento por restablecerlos. Lo que tenemos es lo que hay, y la práctica analítica busca indagar de qué se vale para continuar, para promover el surgimiento del sujeto del deseo y el establecimiento del lazo social.

 

Táctica, estrategia y política

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En nuestros días, ¿qué aporta la clínica psicoanalítica? ¿Hacia dónde apuntan su política, estrategia y táctica? Estos son conceptos que el psicoanalista francés Jacques Lacan anuda y que comprenden el quehacer de la práctica clínica en Psicoanálisis. La táctica, en término generales, es un método empleado con el fin de obtener un objetivo. Lacan coloca la interpretación a nivel de la táctica del Psicoanálisis. Ya que la misma depende de la asociación libre del paciente, y del carácter imprevisto de su decir. Para interpretar, hay que estar atento al equívoco en el decir del paciente, de manera que el analista pueda decir algo que tenga efectos en lo real. Del mismo modo que la emergencia del inconsciente en el discurso del paciente tiene un efecto de sorpresa, la interpretación sorprende tanto al analizante como al analista. No existe una interpretación pre-fabricada.

Por su parte, la estrategia es un conjunto de acciones planificadas sistemáticamente en el tiempo que se llevan a cabo para lograr un fin determinado. La posición del analista en la transferencia es su estrategia. El analista colocado en posición de sujeto supuesto saber del sufrimiento inconsciente del analizante, que luego debe caer. Dependerá siempre del lugar que le dé el analizante, pero siempre está presente la exigencia de un encuentro. También se da el supuesto de que el analista sabe sobre el sufrimiento del sujeto.

Finalmente, la política es la autoridad que interviene para regular el modo de dirigir un asunto o conducirse en él. Lacan aquí ubica el deseo del analista, un deseo que afirma debe ser una “x”. Los pacientes acuden a consulta por un malestar que lo hace sufrir, pero en su mayoría no está del todo decidido a mover las aguas, o remover aquello que le produce dolor. Prefiere mantener su status quo, lo cual se manifiesta en las distintas formas de resistencia al tratamiento. Como explica el psicoanalista Bruce Fink en su libro Introducción a la Clínica del Psicoanálisis Lacaniano:

Si hay un deseo que sirve como fuerza impulsora de la terapia, es el deseo del analista, no del paciente… El analista debe mantener su posición de deseo de que el paciente hable, sueñe, fantasee, asocie e interprete… Es un deseo enigmático que no le dice al paciente lo que el analista desea que diga o haga.

 

El impacto del discurso capitalista

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Los efectos del discurso capitalista en la clínica se evidencian en el afán por la clasificación y las curas tipo. Ante un ser humano, el profesional se remite a clasificar los síntomas en un cuadro diagnóstico, para luego prescribir un tratamiento específico para todas las personas que padecen de “lo mismo”. Dichos sujetos, ahora son llamados clientes por algunas corrientes psicológicas, como si la relación psicólogo-paciente fuera una transacción comercial. El individuo toca la puerta del análisis como quien va a un establecimiento comercial con el fin de adquirir un producto, por el que va a pagar.

De modo que exige al analista y su dispositivo lo que el devenir capitalista le ha enseñado: hay un saber científico -en este caso psicológico- cuyo trabajo devengará un producto para gozar. Entonces exige que el analista esté a la altura del mercado: unas pautas sobre cómo mejorar, algo eficaz y rápido… si puede ser online mejor. De manera que llega con una exigencia de saber del especialista, que reemplaza la demanda de amor.

 

El discurso del analista

La respuesta del discurso del analista es colocarse en el lugar de semblante del objeto de goce. Sin embargo el saber no es el que exige el sujeto, sino un saber supuesto que es inconsciente. El analista exige al analizante un trabajo con el fin de hacer caer esas identificaciones de los significantes amo que no representan al sujeto. Según explica B. Fink:

El fin del análisis consiste en separarse del Otro, y permitirle al sujeto andar su camino sin todas las inhibiciones e influencias que provienen de los otros concretos que rodean al sujeto o los valores y juicios del Otro internalizado.

El sujeto no se encuentra divido en el llamado sintomático. Es decir, el problema está en otras personas, en el trabajo, o incluso en sí mismo pero en aspectos superficiales. En fin, no encuentra su lugar, pero definitivamente la raíz no está en su queja manifiesta, sino en lo que se repite fuera de su control. Al estilo del padre del Psicoanálisis, Sigmund Freud en su intervención en el caso de Dora, el analista cuestiona:

¿Qué tiene que ver usted en todo esto?

 

La rectificación subjetiva

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En las entrevistas preliminares, procurar lo que Lacan llama la rectificación subjetiva, que involucra una inversión dialéctica que posibilita la emergencia del sujeto como vacío, como pregunta. El sujeto que consulta debe interrogarse sobre lo que le ocurre, y tener un entendimiento de que está de algún modo implicado en su queja o demanda. Esta rectificación subjetiva es a la vez un efecto de la interpretación, puesto que admite redirección cuando la asociación libre se torna pura palabrería. El síntoma de paciente comunica algo de su problemática, tiene algo que decir pues es un sujeto supuesto saber. Sobre éste actúa la interpretación, como un decir que tiene efectos.

El psicoanalista argentino Jorge Alemán cita a Lacan en la «Tercera en Roma» (1973), donde éste presenta un enigma:

Si el Psicoanálisis tiene éxito y cura a la humanidad de los síntomas, el Psicoanálisis fracasa… Éste va a existir en la medida en que esté del lado del síntoma… Veremos si la ciencia y la técnica curan a la humanidad del Psicoanálisis.

 

El factor sorpresa en la terapia

Dentro del dispositivo psicoanalítico no existe un universal, ni para la verdad ni para la interpretación. Cada sujeto que llega a consulta es respetado en su particularidad, a pesar de la creciente tendencia a la estandarización. La eficacia de la interpretación va de la mano de la sorpresa, que está del lado del analizante y también del analista. Por efectos de la interpretación se produce una falla en la repetición infinita que se ha perpetuado en el analizante. Allí mismo, surge el inconsciente que produce extrañas formaciones como los sueños, los lapsus y demás actos fallidos. Los síntomas también pueden sorprender sobre todo cuando irrumpen en la vida del sujeto. Sin embargo, estos síntomas también tienen un carácter de fijeza en el tiempo. Para el psicoanalista Graciela Brodsky comenta:

La sorpresa proviene de la interpretación: responder como conviene en el momento justo y saber concluir a tiempo.

Por su parte, Freud prefería la sorpresa del analista como lo menciona en “Análisis Profano” (1973):

Obtenemos los mejores resultados terapéuticos en aquellos casos en los que actuamos como si no persiguiésemos fin ninguno determinado, dejándonos sorprender por cada nueva orientación y actuando libremente sin prejuicio alguno.

Actualmente por la falta de tiempo, por la incapacidad de la espera, nadie tiene interés en sorprenderse. Vivimos en una civilización contraria a todo aquello que sea incalculable e imprevisible. El entramado del discurso capitalista no admite rupturas. Actualmente la urgencia se lleva por delante la transferencia. Sin embargo, el sujeto en análisis debe apostar por una relación en la cual no tendrá ninguna garantía. Esto va en contra de la exigencia actual del mercado, según la cual el producto no puede perderse. Siguiendo al psicoanalista Gustavo Dessal:

La transferencia queda saturada de ruido y sentido, carece del silencio para escuchar la ‘otra’ voz.

 

El sujeto supuesto saber

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El psicoanalista francés Jacques-Alain Miller esboza tres formas del sujeto supuesto saber. El primero, es aquel que viene a la consulta, lo que llama el analizante en esperanza. El análisis es un ejercicio de olvido de lo que sabe, y el analizante procura hacer como si no supiera. Esta ignorancia es la condición, que de acuerdo con Miller, se requiere para que el sujeto supuesto saber pueda instalarse en la sesión analítica. El analizante habla de lo primero que se le ocurre aunque parezca tonto o loco. Ésta es la base de la asociación libre que permite el desarrollo de la transferencia.

El segundo supuesto saber entonces es el analista mismo. Por esto, el analizante le confía su sufrimiento, ya que es supuesto saber interpretar. De este modo, como ya se mencionó antes, el analizante accede al régimen del «yo no sé lo que digo”. Esto implica la posición del inconsciente como un descifrable. El sujeto sufre de algo de lo que no tiene idea, por lo que acude a consulta con un profesional que sabe de este sufrimiento. Con respecto al tercer sujeto supuesto saber Miller expresa:

En el interior de lo que digo claramente, otra cosa quiere decirse en la oscuridad, cifrada.

Esto que el inconsciente interpreta, que está cifrado, es la transferencia. Debe realizarse en el análisis un arduo trabajo por parte del analizante para ir descubriendo eso oscuro que le hace sufrir.

Visto lo anterior, Miller ubica el primero como el sujeto supuesta saber en lo imaginario, el segundo en lo simbólico y el tercero en lo real. Juntos forman la estructura de la sesión analítica. Entonces Miller puntualiza lo siguiente:

El sujeto supuesto saber, es el nombre del inconsciente en tanto que transferencial. No hay primero el inconsciente y luego la transferencia. La posición misma del inconsciente, su posición operatoria, se sostienen en la transferencia como transferencia de saber.

 

Comentario final

Hoy esto se ve amenazado por el semblante de saber absoluto de la ciencia, que es numérico y donde se desdibuja el sujeto para inscribir una cifra. Lacan se pregunta si es el amor aquello que puede fundar el lazo social. Pero no el amor narcisista que busca la media naranja que le otorgue una suerte de completud imaginaria. Es el amor que deja patente la imposibilidad implícita en la no-relación entre los sexos. Consiste en amar desde el lugar donde se experimenta esta imposibilidad, y el modo de vivirla, siendo la transferencia uno de sus modos.

Hoy por hoy, mantenerse en el norte del Psicoanálisis es un reto, para mí lo ha sido. He tenido muchas veces la tentación de desviarme, de etiquetar, de buscar la solución más fácil o el camino más corto. He dudado a veces de la eficacia del tratamiento analítico y pensado si es mejor ofrecer una cura light. Es gracias al propio análisis y la supervisión que vuelvo a concentrarme en la teoría y la práctica que elegí. Pues es la que me llama como persona, con la que me identifico, y la herramienta por medio de la cual puedo hacer mi trabajo con los pacientes. En estos tiempos, es aquella que para mí respeta al sujeto en toda su individualidad y complejidad.

Referencias bibliográficas:

  • Alemán, Jorge (2011). El Goce y el Objeto. Trabajo presentado en el Máster de Psicoterapia Psicoanalítica de la Universidad Complutense de Madrid, España.
  • Fink, Bruce (2007). Introducción Clínica al Psicoanálisis Lacaniano. Editorial Gedisa. Barcelona, España.

Fuentes: