La perfección: Un negocio muy rentable

“Es solo un retoquito en la nariz. Un pequeño aumento de pecho. Un tratamiento con ácido hialurónico. Unos hilos de oro. Un poco de grasa del culo que me van a poner en la cara. Una cámara para respirar oxígeno puro. Es la nueva dieta de moda, solo como ciruelas. Me van a poner un balón en el estómago. Voy a quitarme costillas…” Suma y sigue. Bienvenidos al negocio de la perfección.

Corpore sano in corpore sano

Barbie perfección

La afición a la cirugía plástica en nuestras sociedades crece hasta niveles insospechados, pareja a la obsesión por la comida “sana” y el ejercicio constante.

Una nueva industria con miles de millones de euros facturados cada año. En algunos países es una auténtica epidemia. Está claro que podemos alterar nuestro aspecto físico gracias a los avances de la ciencia, pero ¿Alguien se ha parado a pensar si debemos hacerlo? ¿Cual es el coste psicológico de todo esto? ¿En qué momento deja de ser algo normal para convertirse en una patología?

Los dioses griegos se alimentaban de néctar y ambrosía para ser inmortales y siempre jóvenes. Este arquetipo ha calado en la sociedad. Ahora en vez de néctar se toman batidos de proteínas y en el lugar de la ambrosía un buen zumo détox. “Somos lo que comemos” proclaman los gurús de la alimentación y la vida sana. ¿Somos proteínas? ¿O détox? ¿Tal vez somos un plato de lentejas?

“Ser o no ser” se planteaba Hamlet. Hemos resuelto la cuestión: Somos lo que comemos. La historia de la filosofía se tambalea.

Estos reduccionismos, planteados aquí en tono de guasa, son para mucha gente verdades como puños; dogmas que supuestamente muestran la vía hacia ese concepto tan puñeteramente esquivo: La felicidad, que está ligado, por supuesto, a la idea de perfección.

Por supuesto es necesaria una dieta sana, pero ¿Somos lo que comemos?

Vampiros en Instagram: Perfección en las redes.

Vampiro instagram perfección

Los vampiros, inmortales y eternamente jóvenes, solo se alimentaban de sangre –su zumo détox particular-. Con la llegada de Crepúsculo, True blood, las muñecas Monster High, etc… Los vampiros se han convertido en uno de los arquetipos más importantes del comienzo de este siglo. Moral dudosa, eterna juventud y belleza, inmortalidad y la dosis justa de drama romántico. ¿Qué más podemos pedir? El vampirismo, considerado anteriormente como una maldición, de pronto es algo maravilloso con lo que sueñan los adolescentes, la nueva perfección.

En Instagram vemos muchos vampiros y unos cuantos dioses griegos. Publican su día a día vendiendo sin reparo su intimidad. Los fans desean saber. ¿Qué puedo hacer para ser como él/ella? Legiones de seguidores que ambicionan poseer cuerpos, rostros y vidas como las de sus ídolos. ¿Cuántos K’s me dará el zumo détox?

Un nuevo de mundo regido por dioses de barro. Becerros de oro ante los que rezamos. Y mientras tanto el espejo; el peor enemigo. Inmisericorde, devuelve la imagen de la que deseas huir. ¿Para cuándo un espejo con filtros? Sería un bombazo. Tal vez ya existe.

El futuro: Perfección genética y tecnológica.

ayesha ella perfección

Dismorfia corporal, anorexia, vigorexia, bulimia… No son cosa del futuro. Son problemas muy reales, producto de múltiples factores psicológicos y sociales, pero que florecen en este marco centrado en la imagen.

En las novelas de Ryder Haggard que contaban la historia de “Ella”, Ayesha, la sacerdotisa de Isis, había logrado la inmortalidad a través de una llama sagrada. En el futuro próximo no hará falta el elemento sobrenatural. Ni la maldición de los vampiros, ni la llama de “Ella”, ni el néctar y la ambrosía. Ni siquiera el zumo detox.

Como hablé en mi artículo La humanidad: Entre el mono y el cíborg, el camino que estamos tomando es precisamente el de convertirnos en criaturas conformadas por elementos biológicos genéticamente modificados y alterados por el poder de la tecnología. Este es uno de los objetivos del transhumanismo. ¿Lo veremos? Tal vez. ¿Es un paso deseable para la humanidad? El debate está ahí.

Mientras tanto debemos vivir y, por ahora, La grasa, las arrugas y la muerte forman parte de la vida.

La búsqueda de la piedra filosofal.

Cada día surge una  nueva dieta, un nuevo sistema de ejercicios, un nuevo gurú que promete ayudarte a encontrar la perfección. Algunas personas, insatisfechas, cansadas de los marcos tradicionales de búsqueda del sentido, se lanzan en los brazos de estas corrientes, sufriendo decepción tras decepción. El negocio requiere nuevos adeptos. La ley del dinero es incontestable.

Todos vivimos en la búsqueda y somos susceptibles de caer tentados por los cantos de sirena de una industria tan poderosa como ésta. Sin embargo, si queremos crecer y buscar sin caer en soluciones mágicas, tenemos que aceptar nuestra limitación – lo que Freud llamaba “la castración”-. No hay, al menos en este plano, una perfección, una completa felicidad que alcanzar. Abandonar la omnipotencia infantil es un trabajo muy complicado, máxime en una sociedad que te bombardea con la idea de que “Tú puedes ser lo que quieras ser” y que promociona productos peligrosos y culpabilizantes como  el bestseller “el deseo”.

A veces no podemos ser lo que queremos. A veces – muchas veces- lo que deseas, aunque lo desees de verdad, no te llega. Esta es la dura realidad. Libre de metafísica y New Age. Lo cual no quiere decir que haya que abandonar la lucha o la búsqueda. Como decía Cavafi en su poema “Ítaca”, el viaje es el camino. Ítaca es solo la excusa.

 

Enrique Schiaffino

 

El poema de Constantino Cavafi: «Ítaca», lo podéis leer aquí .

La imagen de Barbie es propiedad de Valerie Everett.