Los discursos y el capitalismo

El psicoanalista francés Jacques Lacan establece que sólo existen cuatro modos de hacer lazo social o discursos. Sin embargo, también estudia el funcionamiento del capitalismo de acuerdo con este planteamiento. Sobre todo sus repercusiones en la estructuración del sujeto y sus vínculos.

lazo social

El concepto de discurso es planteado por Lacan en su Seminario XVII “El Reverso del Psicoanálisis”. El discurso se define como:

El orden que instaura una civilización, un orden del goce que fija los límites y las satisfacciones permitidas o no, incluso las sugeridas a los individuos.

 

Posiciones de los discursos

En cuanto a la estructuración de los discursos, cada uno se organiza en torno a cuatro posiciones. Éstas se separan por una barra que distingue lo consciente de lo inconsciente:

posiciones

En el sector consciente se sitúa el agente deseante, motor del discurso que exige a otro un tipo de trabajo determinado. Mientras que en el plano inconsciente, se ubica la verdad del deseo que mueve al sujeto. Esta verdad queda oculta y aislada respecto a los demás elementos. También se localiza el producto del trabajo realizado por el otro, siendo un plus de goce.

 

Relaciones de los discursos

Entre dichas posiciones se establecen relaciones, que en el esquema son designados con flechas:

Relaciones

El agente deseante exige a otro un trabajo, obteniendo un producto inconsciente o plus de goce. La verdad (inconsciente) que moviliza el deseo del agente, también se dirige al otro que trabaja. Esta verdad no está determinada por ninguno de las demás posiciones y por lo tanto queda aislada.

Esto establece una ruptura entre el goce que cada uno torna posible y la verdad inconsciente. Este hiato imprescindible posibilita las relaciones entre seres humanos. Propicia un cuestionamiento, un “tiempo de comprender” lo que ocurre entre el agente deseante y el plus de goce que se produce. Siendo que esta verdad es desconocida, nunca podrá satisfacerse el deseo del cual es fuente. La barrera que divide lo consiente de lo inconsciente equivale a la castración (simbólica), y la imposibilidad de encontrarse con el goce perdido.

 

Elementos de los discursos

Las posiciones mencionadas son ocupadas por cuatro elementos que determinan las propiedades de cada discurso, y que circulan en las posiciones a medida que éstos varían:

  • El significante amo (S1) es un significante sin sentido, que insiste en la repetición puesto que conlleva un goce que no se puede representar.
  • El significante del saber (S2) viene del Otro y es aquel que da sentido al significante amo (S1).
  • El sujeto barrado ($) es el sujeto constituido que lleva su propia falta de satisfacción. Se basa en la imposibilidad de recuperar el objeto perdido y el goce inicial. Conlleva el estar condenado a encontrar satisfacciones parciales, el sujeto del deseo.
  • El objeto a (a) es el objeto de goce que se ha perdido y que causa el deseo. Es equiparable al objeto de la pulsión freudiano: el pecho caído, las heces que se desprenden. Así como la mirada y la voz, objetos agregados por Lacan como aquellos de la pulsión escópica e invocante respectivamente.

 

Discurso del Amo

Discurso del Amo

Se basa en la dialéctica del Amo y el Esclavo de Hegel. Según la cual, dos seres auto-conscientes libran una lucha a muerte antes de que uno esclavice al otro. El amo constituye el agente deseante que reclama a los esclavos un trabajo. Dicho trabajo se relaciona con un saber hacer del cual el amo carece. El producto de dicho trabajo es un plus de satisfacción, u objeto a. Finalmente, la verdad del amo es que está dividido y no es omnipotente como aparenta ser.

El filósofo psicoanalista Slavoj Zizek en “Los Cuatro Discursos de Jacques Lacan”, propone que este discurso representa la monarquía absoluta, ante cuya vacilación pueden desplegarse dos resultados: el discurso de la histérica y el discurso del Universitario.

 

Discurso de la Técnica

Discurso de la Técnica

Lacan propone el discurso de la técnica, como derivación del discurso del amo. Se le llama discurso aunque en realidad no establezca lazo social, pues sólo cuenta con tres elementos. Las posiciones de agente deseante, otro-trabajo y producto se ubican igual que en el discurso del amo. Sin embargo, falta la posición de verdad, lo que crea un circuito continuo.

El amo en este caso es la ciencia -cuyo discurso expondremos más adelante- que provee conocimientos técnicos. Pero también produce gadgets u objetos tecnológicos que repercuten en nuevamente en el amo.

 

Discurso de la Histérica

Discurso de la Histérica

Podría decirse que es el discurso que promueve el surgimiento del Psicoanálisis. Sigmund Freud, en su trabajo con pacientes histéricas, desarrolla el método de la asociación libre para el desciframiento del sentido inconsciente. En este discurso, el agente deseante es un sujeto barrado, que está en falta y vive insatisfecho en la satisfacción de su deseo.

Por otra parte, el otro representado por el significante amo, detenta un supuesto saber sobre el sufrimiento del sujeto. Es precisamente el desciframiento de este saber del inconsciente el trabajo que este sujeto barrado le exige al amo. Sin embargo, siempre queda oculto el goce o la satisfacción en el síntoma de la histeria que se repite a pesar del sufrimiento que ocasiona.

 

Discurso de la Ciencia

Discurso de la Ciencia

El llamado discurso de la ciencia deriva del discurso de la histérica. Tampoco establece vínculo social y cuenta con sólo tres posiciones, faltando únicamente la posición de la verdad. El sujeto de la ciencia está en falta de conocimiento, por lo que exige al amo una producción de saber desenfrenada. El único límite son las leyes de la comunidad científica.

 

Discurso del Universitario

Discurso del Universitario

En este discurso, el nivel superior “S2 –> a” puede representar al conocimiento académico-universitario. En este discurso se pone en marcha un saber que busca normalizar el goce. Es así como surgen los lugares de enclaustramiento del saber: las universidades. El producto es un sujeto que acepta este sometimiento, que se refiere a la normalización de su goce. La estadística constituye un movimiento civilizador del goce propio y singular. La verdad es un amo que se esconde, difícil de localizar y por tanto un poderoso estratega.

Comúnmente, se limita este discurso al ámbito universitario y a la exigencia de trabajo del cuerpo académico hacia los estudiantes. Sin embargo, Zizek alega que no hay una ligazón imperativa. Principalmente, porque se refiere a cualquier movimiento social que busca domar el goce.

 

Discurso del Analista

Discurso del Analista

Este discurso representa el tipo de vínculo que se establece a través del Psicoanálisis. El agente deseante es el psicoanalista, quien se muestra ambiguo ante su paciente. Esto promueve la confrontación del sujeto en terapia con la verdad de su propio deseo inconsciente. El producto obtenido es la caída del significante amo, es decir del significante con el cual el sujeto se ha identificado, que le gobierna y que no lo representan.

El saber en el lugar de la verdad se refiere al analista colocado como sujeto supuesto saber del sufrimiento del otro. Simultáneamente, representa signos de saber obtenido por el analizante acerca de la verdad de su posición subjetiva. Esta verdad emergente en análisis, nunca es producto de la reflexión consciente. Es un saber supuesto y enigmático que se sitúa desde la ignorancia.

 

Reflexión sobre los discursos

Luego de recorrer los discursos, nos preguntamos qué caracteriza los vínculos que éstos permiten. Lacan establece que si bien puede parecer obvio, la relación entre los elementos superiores es “imposible”. Lo que ocurre entre el amo y el esclavo, el saber-universitario y el estudiante, y la histérica y el amo es un puro intercambio, mas no un lazo social.

Siguiendo esta línea, el punto de inserción de los discursos es el goce, es decir el modo de satisfacción. Por tanto, el lazo social se establece entre hablantes que comparten la misma modalidad de goce. El discurso del analista establece una variante, ya que los analistas no comparten su goce. Su labor deriva precisamente una pérdida de éste.

 

Discurso Capitalista

De acuerdo con las fórmulas propuestas por Lacan, el capitalismo no es un discurso en sí mismo pues no establece vínculos sociales. En un principio, los elementos del mismo se ubican en las mismas posiciones que el discurso del amo. Sin embargo, ocurren dos movimientos en los cuales varían los elementos y las relaciones entre los mismos.

Primer movimiento

Capitalismo 1

El primer movimiento se basa en un cambio en la relación de la posición de producto, que en este caso es el objeto de goce a. Para explicar ese proceso, Lacan retoma el concepto de plusvalía de Marx. Según el mismo, en el régimen de propiedad privada de los medios de producción del capitalismo existe una parte del trabajo no se paga.

Es decir, para Marx el trabajo humano genera valor, y una parte de éste no es remunerada. Su idea se basa en que este objeto a (de goce a) producido puede ser restituido al sujeto y se puede contabilizar. Así, el sujeto puede hacerse cargo de su goce, por lo tanto cada sujeto es su propio amo. El producto en lugar de regresar al amo, como en el caso del discurso del amo, se dirige al sujeto.

 

Segundo movimiento

Capitalismo 2

El segundo movimiento, consiste en la inversión del lugar amo (S1) y el sujeto barrado (S). Sin embargo, las relaciones permanecen igual que en el primer movimiento. La diferencia radica en que el amo se esconde como en el discurso del universitario. Al ser menos localizable se vuelve más poderoso, invisible e inatacable. A su vez, se esconde bajo el semblante del sujeto barrado insatisfecho y demandante. El saber estará marcado por la ciencia para producir un plus de gozar atado a las técnicas derivadas del consumo. Estos objetos de consumo a su vez mandan sobre el sujeto, quien se ve explotado por estos productos.

 

Propietario versus proletario
plus de goce

El capitalista es el propietario de los medios de producción, dígase los recursos y el capital. Éste busca maximizar el beneficio propio por acumulación y producción de estos recursos. Entretanto, el proletario sólo posee su cuerpo para vender su trabajo al propietario, obteniendo a cambio un salario. La porción de este trabajo que no es pagada es de la que se apropia este sistema para engrosar su capital.

De esta manera, la plusvalía se constituye como el objeto causa de deseo tanto del propietario como de proletario. Siendo la causa de la economía, no es algo de lo que se pueda apropiar para gozar. Por un lado, el proletario no goza de ella pues le es sustraída, a su vez que es explotado por los productos. Y por otro lado, el propietario tampoco goza de ella. Puesto que se revierte en capital que engrosa el ya existente, sustrayéndose del goce.

 

El objeto a como causa de deseo

Para profundizar en el ya mencionado objeto a es pertinente distinguirlo en sus dos vertientes. Como causa de deseo, es un objeto que originariamente se ha perdido. Se articula con la concepción de la falta, aquella que designa un vacío en el sujeto.

En este sentido, Zizek expone que el capitalismo aborda a los individuos como consumidores. Se constituyen en sujetos deseantes pero no de cualquier cosa, sino “deseantes de desear”. Entonces la producción incesante de este objeto faltante o gadget sustentan la exigencia insaciable. Éstos son mercantiles y basados en el dinero, lo cual anula cualquier otro valor. Inclusive el de aquello que antaño se pensaba producto de la sublimación, como la cultura, el arte, etc.

 

El objeto a como objeto de la pulsión

Por otro lado, lo consideramos como objeto de la pulsión, como Zizek lo explica:

El movimiento de la pulsión no está conducido por la búsqueda ‘imposible’ del objeto perdido, sino por el empuje a representar directamente la propia pérdida.

Dicho esto, mientras que el deseo está basado en la falta constitutiva, la pulsión circula alrededor de un agujero. La pulsión inherente al capitalismo es la “compulsión impersonal” del movimiento circular que le hace auto-reproducirse.

Por último Zizek propone que esta pulsión no pertenece a nadie en particular. Hecho patente en la circulación del dinero como capital que se convierte en un fin en sí mismo. Tal como lo plantea Zizek, en el constante movimiento de renovación:

La circulación del capital no tiene límites.

 

El ciclo capitalista

Ciclo capitalista

La peculiaridad del capitalismo que lo excluye como discurso, es su propiedad de circuito cerrado. No inscribe lazo alguno entre los partenaires humanos, pues establece la relación de cada sujeto con la plusvalía. El acceso a la verdad del goce (o satisfacción) ahora es construido y directo. Surge entonces un ciclo infinito: producir para consumir y consumir para sostener la producción.

Es la paradoja de nuestro tiempo, ya que en la mayoría de los casos, la intimidad en estos vínculos brilla por su ausencia. Parece evidente que hay un incremento de la soledad, los dramas sociales y el sufrimiento psicológico. Estamos solos en relación al otro semejante, y al mismo tiempo estamos constantemente expuesto al gran Otro.

El discurso capitalista se ha coronado como el (pseudo) discurso por excelencia. Lleva al sujeto a confundir sus objetos, con los gadgets (objetos de consumo), que actúan como termómetro de su estado de bienestar. Este modus operandi actual cuenta con contingencias en el funcionamiento del sujeto y las relaciones que este establece.

 

Bibliografía:

  • LACAN, Jacques (1992). El Seminario XVII: El Reverso del Psicoanálisis. Editorial Paidós. Buenos Aires Argentina.
  • MARUGÁN, Jorge (2011). Los Discursos de Lacan. Trabajo presentado en el Máster de Psicoterapia Psicoanalítica de la Universidad Complutense de Madrid, España.
  • SOLER, Colette (2011). Incidencias Políticas del Psicoanálisis. Ediciones S&P. Barcelona, España.

Enlaces:

  • MARUGÁN, Jorge (s.f.). Los Cuatro o Cinco Discursos y la Crisis del Lazo Social. Psicoanálisis en el Sur (Nº7). Extraído el 14 de Diciembre de 2011 desde http://www.psicoanalisisenelsur.org/num7_articulo4.htm
  • ZIZEK, Slavoj (2006). Jacques Lacan’s Four Discourses. Lacan dot com. Extraído el 30 de Septiembre de 2011 desde http://www.lacan.com/essays/?page_id=303

Algunas notas sobre el amor

La ciudad de Kioto fascina pues en ella convergen la majestuosidad y la simpleza. Kiyomizu-dera es quizás uno de esos sitios que se mantienen en pie para transmitir toda esa espiritualidad que agoniza entre tantos turistas. Dentro de este complejo de templos budistas, se encuentra el santuario Jishu, dedicado a Okuninushino-Mikoto, un dios del amor y los «buenos matrimonios». Como es de esperar, consiste en uno de los destinos predilectos de parejas, y de mujeres jóvenes en busca del amor.

Piedras del Amor

El mismo posee dos «piedras del amor», situadas a 6 metros una de la otra, distancia que los visitantes deben vencer con los ojos vendados. El éxito en esta tarea, es un presagio de que el peregrino encontrará el amor. Es posible ser guiado por alguien, lo cual predice que la persona necesitará de un intermediario para convenir con su enamorado.

La sabiduría oriental nos muestra simplemente cómo el ser humano se moviliza en el ámbito del amor: con los ojos vendados. Hay quienes no temen y aceptan la incertidumbre, transitando este trayecto confiados en que llegarán a la otra piedra sin mayores dificultades y por sí mismos. Otros, desconfían y se sienten perdidos. Con suerte han tenido la guía de otro, quien porta ese saber sobre el amor del que ellos carecen. Este apoyo varía desde lo espiritual hasta los expertos en la materia que abundan hoy en día, terapeutas y autores de libros de auto-ayuda. Nos referimos al amor de pareja.

 

El amor es…

Una definición única del amor es imposible. Ya filósofos, psicólogos y pensadores en general se han esforzado por completar esta difícil tarea. Desde el Psicoanálisis, también se estudia el amor y sus vicisitudes, pues en la consulta terapéutica todas, o la gran mayoría, de las historias terminan hablando de amor. Sigmund Freud lo investiga a lo largo de toda su obra, analizando sus mecanismos desde diferentes ángulos. Como mencionamos en el post anterior sobre la Realidad virtual: un nuevo malestar, se evidencia el amor como una posibilidad para sobrellevar las dificultades de la vida.

El concepto de narcisismo también desempeña un papel destacado. Este se refiere a la operación psíquica de tomar al propio cuerpo como objeto de satisfacción y también como objeto de amor. Podría entenderse como el amor por uno mismo. Respeto de esto, Freud afirma que:

«El que ama se hace humilde. Aquellos que aman, por decirlo de alguna manera, renuncian a una parte de su narcisismo.»

Ser humilde no es sinónimo de humillarse. Más bien, implica ceder en ocasiones a los propios deseos, en pro del ser amado y/o de la relación. También se hace humilde ante la duda que entraña el encuentro con un otro distinto a uno mismo. Otro que también transita el camino del amor a ciegas frente a su propio inconsciente.

Posteriormente, Jacques Lacan propone una fórmula que intenta abarcar gran parte de la esencia del amor en el sujeto, cuando dice:

 «Amar es dar lo que no se tiene a quien no es.»

Esta concepción implica que un sujeto reconozca que no está completo, sino en falta. Esto en Psicoanálisis, se refiere a un sujeto dividido, pues gran parte de sus contenidos psíquicos son inconscientes, es decir, desconocidos incluso para él mismo. No se refiere a la falta de tener, una objeto o un atributo, ni involucra una connotación negativa del ser humano. Por el contrario, esta falta en ser se refiere a la noción de que no somos perfectos ni completos, y es precisamente esto lo que nos impulsa a desear. El deseo es uno de los factores que actúan como motor para el establecimiento de relaciones con otros; es lo que motiva al ser humano a relacionarse y moverse en el mundo. Como explica Jacques-Alain Miller:

… no es dar lo que se posee, bienes, regalos, es dar algo que no se posee, es reconocer su falta y darla al otro, reconocer que se necesita al otro.

El amor, según Lacan, se da dos dimensiones: en el plano imaginario, está el enamoramiento. Ese momento inicial que consiste en el flechazo, donde el otro es un producto de nuestra idealización, y posee todas las cualidades que siempre soñamos. En el plano real, se ubica el amor que no busca reciprocidad, y que no engaña, pues la persona conoce los defectos del otro y aún así le ama. Como bien lo dice Slavoj Zizek:

«Amar significa que uno acepta a la otra persona con todos sus fracasos, estupideces, puntos feos, y a pesar de eso, ve perfección en la imperfección misma.»

 

El amor en tiempos líquidos

Los hombres y mujeres de este siglo, no soportan el peso que conlleva mantener una relación sólida y duradera. Salvo algunas excepciones, sienten miedo, por creer que la misma se convertirá en una carga y atentará contra sus mayores tesoros: su libertad e individualidad. Por otro lado, presentan la incertidumbre ante la posibilidad de ser ellos mismos un desecho, en una sociedad donde predomina lo novedoso. El sujeto entonces se reinventa compulsivamente, no por el deseo genuino de mejorar o hacer algo que le produzca satisfacciones, sino por el mandato a ser innovador, por el simple hecho de no quedarse atrás.

La tendencia actual hacia el ideal de completud y omnipotencia, alimenta la fantasía de que estando empoderados tendremos todo, también en el amor. Con la ayuda de las redes sociales esto se magnifica, iniciando un ciclo de envidia por el éxito aparente del otro, y una obsesión por mostrarse cada vez más perfecto. Nada más lejos de la realidad. Como explica Miller, aquellos que creen estar completos solos o quieren estarlo, no saben amar. Pueden despertar el amor en otros, más no han experimentado por sí mismos los riesgos y las delicias del amor.

amor liquido

En su libro Amor Líquido, Zygmunt Bauman plantea que el individuo escoge las conexiones en contraste con las relaciones. Éstas ocurren dentro de una red, en la cual las acciones de conectarse y desconectarse son simultáneas. Las encuentros son de fácil acceso y salida, ya que pueden cortarse en cuanto empiezan a ser insoportables. Uno siempre puede oprimir la techa de “delete”. Se puede pasar a la próxima conexión al mejor estilo de la serie de MTV “Next”. Si el candidato no cumple con los requisitos mínimos, tenemos la opción y el derecho de pasar al siguiente. Las estructuras que salvaguardaban el compromiso en la pareja flaquean, o se vuelven simples contratos que pueden disolverse con tan sólo una firma. Los matrimonios se convierten en un negocio dirigido por los “wedding planners”, y  los divorcios están a la orden del día.

 

El (des) encuentro entre los sexos

En las últimas décadas, el movimiento feminista ha impulsado una campaña agresiva en pro de la reivindicación de la mujer en relación con el hombre, promoviendo la igualdad de derechos y oportunidades. Si bien la biología y la genética aportan elementos fundamentales en la constitución de lo que es ser hombre y mujer, los estereotipos socioculturales sobre la feminidad y masculinidad están en un proceso importante de transformación. Los hombres, son invitados a feminizarse, al permitirse experimentar sus emociones y expresarlas abiertamente. Mientras que las mujeres, cuentan con el derecho y la responsabilidad de igualarse al hombre, mostrando actitudes más agresivas y hasta viriles. Esta mutación social y psíquica, busca encontrar un balance entre los sexos, y conlleva muchas satisfacciones para ambos. También impacta el modo en que se desarrollan las relaciones.

Algo que sigue vigente es el desencuentro entre los sexos. Incluso en la cultura popular se tiene la noción de que el hombre y la mujer son de planetas distintos, los primeros de Martes y ellas de Venus. En el plano inconsciente, esto implica que mujer y hombre gozan de modos distintos. Lacan lo expone en su fórmula:

«No hay relación sexual.»

amor princesa y sapo

Zizek lo ejemplifica en su análisis de un anuncio de cerveza. Primero, está el cuento de hadas de la princesa y el sapo. Es conocido que ella lo besa y éste se transmuta en su príncipe soñado. Pero el cuento no termina allí, pues el joven la mira con ojos de deseo y también la besa, ante lo cual ella se convierte en una botella de cerveza, que el príncipe empuña triunfante entre sus manos.

Del lado de la mujer, sucede que a través del amor una rana puede convertirse en el objeto de su amor; del lado del hombre, en cambio, la mujer quedará reducida a un objeto parcial, el objeto de deseo. La relación entre los sexos es asimétrica, en la cual cada uno porta su propia fantasía. Como se plantea en esta metáfora, la mujer fantasea con la rana que gracias a su amor se transforma en Príncipe Encantador. Mientras que el hombre en principio reduce a la mujer a un objeto, el cual desea obtener, pero una que lo logra esto se vuelve deseo de otra cosa.

 

Avatares del amor contemporáneo

Cada caso en el amor es particular, y no es posible agotar todos los ejemplos en un sólo post. Curiosamente, la queja de muchas mujeres hoy es que “no hay más hombres, y si los hay no son para mí.” En estos casos, ponen al Hombre en el lugar de lo que les falta. Entonces, cuando aparece uno, les brillan los ojos ya que es una oportunidad única. Se aferran a él como si fuera un salvavidas en pleno naufragio. No se trata aquí de una experiencia de amor, sino de un estrago. El hombre por su parte, comprueba que es necesitado, mas no amado y literalmente huye. Una vez más se comprueba la teoría de que no hay más hombres, la tragedia femenina por excelencia. Pero si una mujer puede mover al hombre de ese lugar, notará extrañada como él deja de escapar.

Por su parte, los hombres también se movilizan cuando aman. Sobre todo en los casos en los cuales no están seguros de su virilidad, se dejan intimidad por la posibilidad de verse algo ridículos. Una de las respuesta es huir, como vimos anteriormente. Pueden presentar también, como dice Miller, retornos de su orgullo y mostrarse agresivos o indiferentes frente a su objeto de amor. Por ello, también puede desear a mujeres que no aman, para reencontrar algo de la posición masculina de la que se han despojado frente a aquella a la que sí aman. Es lo que Freud llamó la escisión del amor y del deseo en el hombre, mediante la cual tiene dos mujeres, la santa y la prostituta. Cada vez más, constatamos este fenómenos también en las mujeres.

amor

En fin, no existe un guión anticipado entre un hombre y una mujer. Como es el caso del espermatozoide que está destinado a encontrarse con el óvulo. Hoy compartimos la ilusión de que el amar es una destreza o un arte, que se puede aprender con la experiencia. La ciencia nos empuja a creer que el amor se puede medir estadísticamente, y que ciertas variables son indicadores del éxito o el fracaso en esta tarea. La conquista del amor se ha constituido en un logro más de nuestra lista, y la presión por conseguirlo nos lleva precisamente a aquello que va en su contra: la posesión, el poder, la fusión y el desencanto. Los amantes constatarán que esta sabiduría sobre el amor siempre nos llega a posteriori. Como bien dice Bauman:

“El amor no encuentra su sentido en el ansia de cosas ya hechas, completas y terminadas, sino en el impulso a participar en la construcción de esas cosas.”

 

Referencias bibliográficas:

  • Bauman, Zygmunt. Amor Líquido, Fondo de Cultura Económica. México D.F. Edición 2007.
  • Freud, Sigmund (1912). Obras Completas. Sobre la más Generalizada Degradación de la Vida Amorosa (Contribuciones a la Psicología del Amor). Amorrortu Editores. Buenos Aires, Argentina.

Fuentes:

Un nuevo malestar: la realidad virtual

«Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época.»
Jacques Lacan, Escritos 1 (1953)

El presente siglo se caracteriza por el desarrollo vertiginoso de una serie de fenómenos y procesos económicos, sociales, científicos y tecnológicos que permiten al ser humano vencer antiguas restricciones, primordialmente en el tiempo y el espacio. Surge y se impone la idea generalizada del mundo como una aldea global, habitada por los auto-denominados “ciudadanos del mundo”, donde los límites, tanto físicos como psíquicos, están en peligro de extinción. En el marco de estos avatares, surgen las redes sociales como una alternativa al establecimiento y mantenimiento de vínculos en un escenario virtual. Éstas han tenido un auge de dimensiones oceánicas, convirtiéndose en una parte fundamental de la vida de muchos individuos de la última década. Incluso ya pude afirmarse que toda una generación está creciendo en la época de las redes: Facebook, Twitter, Instagram, Snapchat, por mencionar algunas. ¿Cómo se articula en ellas el sujeto y su malestar?

realidad virtual

El malestar en la cultura

En su obra “El Malestar en la Cultura” (1930), Freud propone que

«… los seres humanos emprenden en común el intento de crearse un seguro de vida y una protección contra el sufrimiento por medio de una transformación delirante de la realidad efectiva.»

No es necesario más que el sentido común para darse cuenta que la vida está llena de dolores, desengaños, desilusiones y tareas indisolubles. Freud esboza que existen calmantes para soportarla, como las poderosas distracciones que brindan la ciencia, las satisfacciones del arte en sus diferentes formas o la embriaguez producto de las drogas. Todas estas son soluciones externas de las cuales el sujeto se apropia.

Sin embargo, el individuo también cuenta con diversas defensas psíquicas contra este sufrimiento. Primero, puede intervenir –o por lo menos intentarlo- sobre las pulsiones, mediante prácticas como aquellas provenientes de la sabiduría oriental o el yoga, que por una relación especial con el propio cuerpo resultan en una reducción de las posibilidades de goce. El segundo propuesto, es la sublimación, que da a la pulsión una salida que produce placer a través de la realización de un trabajo psíquico o intelectual. Estas actividades son socialmente reconocidas, como sucede con las diferentes prácticas artísticas, profesionales, hobbies, etc. La tercera defensa consiste en recrear y satisfacer en la fantasía aquellos deseos inalcanzables en la realidad, o aquellas situaciones insoportables. Una cuarta, no considerada una defensa, es el amor, pues al dirigirse a un objeto se obtiene la dicha anhelada a través del vínculo de sentimiento con ellos. Y por último, disfrutar de las formas y los gestos humanos mediante el goce de la belleza. Todo esto como consecuencia de lo irrealizable de la felicidad absoluta, ya que sólo es posible acercarse a ella en determinados momentos de la vida.

La realidad virtual

realidad virtual

En la sociedad actual estas soluciones psicológicas se ven facilitadas o entorpecidas por el giro tecnológico, científico y económico que promete al hombre obtener esta satisfacción plena que siempre le ha sido negada. Además, ofrece objetos susceptibles de crear y mantener la ilusión de esta promesa de felicidad plena. La realidad virtual, es por excelencia, la propuesta delirante de las ciencias informáticas, y que la sociedad ha acogido como natural y propia. Se basa en el empleo de computadoras y otros dispositivos para producir una apariencia de realidad que permita al usuario tener la sensación de estar presente en ella. La virtualidad radica en la generación de entornos de interacción que superan la necesidad de compartir el tiempo y el espacio. El uso más frecuente se vale de la conexión a Internet, a través de la cual es posible navegar e interactuar en tiempo real con distintas personas en espacios que sólo cobran existencia dentro de esta plataforma. El sujeto se desplaza en el ciberespacio, en el cual no es sólo un espectador, sino que surge en él la sensación de inmersión.

Para el Psicoanálisis, la realidad facticia no es percibida en su estado natural, pues está condicionada por la búsqueda del objeto del deseo, es decir, un objeto perdido que el sujeto buscará eternamente reencontrar. De acuerdo con Freud, en la pérdida de la realidad en los sujetos de estructura psíquica neurótica, se sustituye un escenario indeseado por las fantasías. Con la salvedad de que éstos dos dominios se mantienen separados y diferenciados por la acción del principio de realidad. Un individuo neurótico puede fantasear con aquello que desea, manteniendo la consciencia de que todo aquello no es parte de la realidad compartida con el resto de las personas, son contenidos de su mente. Siguiendo esta línea, un sujeto neurótico se aproxima a las redes sociales y es capaz de discernir que las mismas están plagadas de elementos que no concuerdan con la realidad.

El sujeto en las redes

realidad virtual

En los sujetos de estructura psíquica psicótica, la relación del sujeto con el entorno es distinta. Durante los meses que realicé la práctica profesional en un Centro para Rehabilitación Psicosocial en Madrid, observé el modo en que algunos usuarios se aproximaban a la tecnología, según su propio funcionamiento psíquico. Pedro era usuario del centro desde hacía unos años, dada su estructura psicótica había recibido atención en el circuito de Salud Mental. En ese momento, tomaba medicamentos, acudía a tutorías con psicólogos del centro, y participaba en diversos grupos de apoyo. Una de estas actividades grupales eran las clases de informática, donde les enseñaban entre otras cosas el uso del Internet y de las redes sociales. Luego de estas reuniones, Pedro se notaba angustiado, pues el hecho de establecer una cuenta en Facebook se asociaba con ideas paranoides. Comentaba haber creado su cuenta con un nombre ficticio, por temor a que sus amigos del colegio supieran que “es un loco”. Había hecho simultáneamente una cuenta con su verdadero nombre sin añadir fotografías. Estas ideas tenían una raíz en su estructura, pues es cualitativamente similar al modo en que se acomoda su psiquismo. La realidad puede llegar a confundirse con la virtualidad, y ya no están tan claros sus límites.

Partimos de la base de que las redes sociales son un medio a través del cual el sujeto encontraría una vía de exposición de lo que ya se presenta en su estructura psíquica: neurosis, perversión o psicosis. Lo interesante de esto es que el ser humano de las redes, cada vez más se conduce como un psicótico en su relación con las mismas, confundiendo lo que ocurre en ellas con aspectos que obviamente no concuerdan con lo real. Lo que debía ser una solución se ha transformado en otra manifestación del malestar que aqueja al sujeto del Siglo XXI. Una de las tantas salidas que propuso el sistema para brindar la sensación de obtener esa satisfacción absoluta e inmediata de las necesidades y deseos, paradójicamente se vuelve contra el sujeto y lo angustia, como vimos en el caso de Pedro. Reconocemos que las redes tienen beneficios innumerables, mas no podemos negar el precio a pagar por ellas, y contamos con numerosos casos que lo ejemplifican, lo escuchamos en la consulta terapéutica a diario. Existen otros fenómenos que también dan cuenta del andar del ser humano actual, como lo son la compulsión por lo nuevo, el culto a la imagen, la vuelta de lo privado a lo público, la mirada omnipresente, de los cuales trataremos en publicaciones posteriores.

En el vídeo que veremos a continuación se ejemplifica las situaciones que puede atravesar un sujeto hoy en día, y cómo lo manifiesta en el Facebook:

Finalmente, en una entrevista realizada en 2008 al filósofo esloveno Slavoj Zizek, en la presentación de su libro “The Puppet and the Dwarf”, éste apunta que hay cierto acuerdo sobre determinadas cosas que ocurren en la actualidad. Para esbozar este asunto propone una paradoja, con respecto a la apariencia de hedonismo predominante. La solución que propone el sistema es que se puede tener todo, bajo condición que se encuentre carenciado de su sustancia. Por ejemplo, tomemos más café pero descafeinado, comamos dulces con edulcorantes (sin azúcar), el sexo con protección, y así una larga lista. Lo virtual y las redes sociales ilustran este fenómeno, puesto que representan una realidad que no es más que ficción. Además, está plagada de conexiones donde escasean los vínculos como tal, tan frágiles que pueden desconectarse con sólo un click. En fin, todo un nuevo mundo por descubrir, un nuevo malestar.


Referencias bibliográficas:

Fuentes: