Dejando que mi voz exprese mis emociones

Te propongo algo. Solo necesitas tener una grabadora a mano, ya sea en tu móvil u otro dispositivo, y la decisión de dedicarte un momento en el que puedas estar en soledad, y en silencio. Cierra los ojos unos minutos, conecta con tu respiración, sencillamente obsérvala sin querer modificarla y siéntete conectado con la parte más profunda de tu ser. Ahora abre los ojos, pon en marcha la grabadora, y haz una descripción de ti mismo, con tu nombre, a lo que te dedicas, y qué esperas de la vida. Lo ideal es que sea una grabación espontánea, sin retoques, con sinceridad y honestidad hacia ti mismo. ¿Qué has sentido al grabarte? ¿A quién sentías que estabas hablando? Ahora, escucha esa grabación, ya sea con ojos abiertos o cerrados. ¿Qué sientes? ¿Qué emociones se desatan en ti? ¿Qué te gusta y no te gusta de tu voz?

 

La voz como nuestra primera herramienta de comunicación

 

¿Cuál es la primera manifestación de un recién nacido cuando llega a este mundo? Seguramente, llorar. Si tomamos conciencia de ello, su primer recurso para mostrar a sus padres que existe y que necesita de ellos para cubrir unas necesidades básicas es el llanto. Es su voz expresando emociones de forma intensa. Los seres humanos estamos programados para dejar que nuestra voz fluya de múltiples formas para comunicar, y para captar a través de ella los estados emocionales propios y del resto de personas. ¿Acaso no somos capaces de intuir el estado anímico de una persona cercana a través de la cualidad de su voz?

 

Llanto de un bebé al nacer

 

Siendo una de las manifestaciones más humanas, la voz es también uno de los recursos que aprendemos a juzgar y reprimir de forma más intensa a lo largo de la vida. Como adultos, tendemos muchas veces a cortar la expresión natural de comunicación de los niños, ya sea porque “los educamos” para que hablen solo en el momento apropiado y establecemos una represión clara, o porque juzgamos aquello que dicen como irrelevante, o bien porque sencillamente los ignoramos, y los niños terminan por apagar su canal natural de expresión.

 

La cuestión es que, con el paso de los años, tendemos a ir perdiendo el enorme potencial expresivo que tiene nuestra voz fuera de lo que supone una conversación rutinaria, y además nos cuesta escucharnos a nosotros mismos y tendemos a rechazar en gran medida el sonido de nuestra voz. ¿Te resulta familiar? Si retomas el ejercicio con el que habíamos comenzado, ¿sientes que te ocurre algo así al escucharte?

 

Las primeras manifestaciones de la voz

 

Si observamos a un bebé desde que nace y lo seguimos los primeros meses, podemos ser testigos del amplio espectro de posibilidades con el que cuenta nuestra voz, y cómo vamos aprendiendo a modularla hasta alcanzar el lenguaje. Verás que un bebé puede llorar de forma intensa y no quedarse afónico: de forma instintiva, sabe “colocar” su voz de modo que no se agote ese recurso que le resulta vital. Pero también podrás escuchar sus balbuceos, sus gemidos, sus giros de entonación tan amplios, sus risas, sus quejas, sus canturreos, sus gritos.

 

Resulta hermoso observar cómo las madres y los padres se comunican con sus bebés empleando una voz cantada, mucho más rica que la que utilizamos habitualmente al hablar, y que ayuda tanto a que los bebés aprendan a ampliar su frecuencia tonal de sonidos, y a reconocer las diferentes entonaciones que conlleva una declaración de amor, un enfado o una pregunta por parte de los padres.

 

 

El gemido como catalizador de emociones

 

Te propongo un nuevo ejercicio. Solo necesitas un instante tranquilo, puedes estar de pie o sentado, cerrar los ojos y respirar de forma profunda. Comienza a expulsar el aire a través de la boca, como si hicieras un pequeño soplido que prolongas hasta que de forma natural se extinga hasta que tomes nuevo aire. Ahora permítete que salga un ligero hilo de voz cuando hagas la espiración, solo al soltar el aire. Y siente, sencillamente déjate estar así unos minutos. Si quieres experimentar aún más sensaciones, deja que ese hilo de voz se haga cada vez más continuo. Puedes imaginar alguna situación que te haya afectado emocionalmente, o incluso un dolor o molestia física, y dejar que la voz exprese esa emoción o dolor. ¿Qué sientes?

 

Con el ejercicio anterior, hemos conectado con el gemido, una de las múltiples formas de expresión de nuestra voz. Tendemos a asociar el gemido como una forma de manifestación en determinadas esferas de la vida, como puede ser la sexual. Y eso nos reprime de emplearlo como recurso para nuestra liberación emocional. Si nos hemos dejado sentir de forma profunda el ejercicio anterior, habremos experimentado seguramente que el gemido producía una vibración suave y profunda en nuestro pecho, y nos facilitaba entrar en un estado natural de relajación. Incluso, puede que se haya reducido la molestia física que sentíamos.

 

Juguemos con nuestra voz

 

Si prolongáramos el ejercicio anterior y comenzáramos a jugar con nuestra voz, a subir hacia los agudos, descender hacia los graves, tomaríamos conciencia de cómo esos “deslizamientos” de voz que llamamos glisandos nos suelen conducir a estados de alegría, nos conectan con nuestra parte más infantil. De una u otra forma, es algo ya vivido y nos conecta con nuestra parte más profunda. Y si nos atreviéramos a dejar que ese contorno de sonidos comenzara a tener una forma de melodía, que pudiera brotar un canto de forma espontánea, con vocales y quizá consonantes, sin filtros ni juicios como “qué mal canto”, “no me sé ninguna canción”, y otras excusas aprendidas que nos coartan nuestra expresión creativa, seguramente descubriríamos que nuestra voz es nuestra aliada para dejar que nuestras emociones afloren más allá de las palabras.

 

El poder liberador del grito

 

Nos queda aún una manifestación de la voz que, generalmente, es la que más reprimimos: el grito. Socialmente no está bien visto, y hemos renunciado a su potencial liberador y sanador. Un grito ofrece la posibilidad de desbloquear toda la tensión muscular acumulada, y facilitar que se abran otros canales de expresión.

 

En las décadas de los sesenta y setenta del siglo XX, se desarrolló una corriente en psicoterapia basada en lo que su impulsor, Arthur Janov, llamó el “grito primal”. En cierto modo, cuando una persona en un proceso de autoconocimiento o terapia se somete a un procedimiento de toma de conciencia de episodios bloqueados de su vida, generalmente de la infancia, llega un momento en que la intensidad emocional es tan alta que se produce un grito desgarrador y penetrante que surge del inmenso dolor acumulado y acallado con los años.

 

Ese grito abre la puerta a sentir de nuevo lo que se vivió, como medio para poder asimilarlo de forma real y salir de los patrones neuróticos de conducta. Si bien se trata de una terapia muy polémica, desde mi punto de vista el grito sí tiene un gran potencial para liberar emociones reprimidas y abre la puerta a sentir de un modo más libre y natural.

 

La voz como recurso para el autoconocimiento y la terapia

 

En cierto modo, puede decirse que si aceptamos nuestra voz y somos capaces de jugar y expresar con ella de modo consciente, estaremos más cerca de aceptarnos a nosotros mismos con el menor juicio posible. Para un actor, el trabajo con su voz es un elemento clave para conocerse a sí mismo, y mejorar su capacidad de transmitir al público. Para un cantante, la voz es un medio de expresión de su ser, que trasciende las palabras que puedan ser transmitidas en las letras de canciones.

 

Poder emplear la voz en forma de gemido, glisando, grito o canto espontáneo ya suponen recursos importantes en el ámbito de las terapias expresivas, como la musicoterapia. En las últimas décadas han ido surgiendo diversos enfoques en este sentido, de modo que en su mayoría se basan en la expresión libre del canto, en el trabajo con canciones ya existentes con un significado especial para la persona, o bien en la composición de nuevas canciones por parte de la persona, de modo que la letra exprese sus sentimientos y constituyan una forma diferente de expresión.

 

Un campo en el que se ha desarrollado especialmente el canto libre es el trabajo con mujeres embarazadas. Además de la expresión emocional, se ha constatado que ciertos ejercicios respiratorios y de voz favorecen la respuesta durante las contracciones del parto y lo facilitan.

 

 

Respecto a la composición de canciones, se ha demostrado muy útil, por ejemplo, con adolescentes y adultos en situaciones de duelo.

 

Adolescente haciendo música

 

Para terminar, y si quieres experimentar en ti mismo tu potencial de expresión del canto espontáneo, puedes dejarte guiar por esta meditación en la que la voz tiene una importancia fundamental:

 

 

Referencias

  • Austin, Diane (2008). The theory and practice of voice psycotherapy. Jessica Kingsley Publishers.
  • Berry, Cicely (2015). La voz y el actor. Alba Editorial.
  • Janov, Arthur (2009). El grito primal. Edhasa.

 

3 thoughts on “Dejando que mi voz exprese mis emociones

  1. Muy bonito, gracias! Me ha gustado especialmente la idea de comenzar aceptando nuestra voz en el camino de aceptarnos a nosotros mismos

    • Gracias a ti por tu comentario. Muchas veces rehuimos de escucharnos a nosotros mismos, pero buscamos que los demás «nos escuchen». Quizá el camino sea comenzar a aceptarnos sintiendo de forma profunda la vibración de nuestra propia voz.

Comments are closed.